miércoles, 4 de abril de 2018
INICIO-Efraín Rios Montt SIERVO O DICTADOR?
Efraín Rios Montt
SIERVO O DICTADOR?
Joseph Anfuso David Sczepanski
Conocí al Presidente Ríos Montt apenas cinco días después del incruento golpe de estado dado por los oficiales jóvenes del Ejército de Guatemala que lo elevó al poder.
En un país conocido por su corrupción, opresión y violencia había ahora alegría y esperanza. Un régimen corrupto había sido depuesto y un hombre cristiano renacido, había sido nominado como Presidente de la Junta de Gobierno.
Pero, ¿quién era este nuevo líder? Encontré que era un hombre humilde, sencillo; de impecable integridad personal y con una profunda fe en Jesús. Sabía en mi corazón que Ríos ofrecía a su pueblo —e igualmente a todos los pueblos de la América Latina— una verdadera alternativa entre la opresión de oligarquías corruptas y la tiranía del totalitarismo comunista.
Sabía igualmente que sólo Dios podría sostener a su endeble gobierno, pues los recursos financieros de Guatemala habían sido agotados. La guerrilla comunista asediaba desde las montañas. El gobierno de los Estados Unidos rehusaba toda ayuda aduciendo violaciones a los derechos humanos por parte del régimen anterior. La prensa mundial frecuentemente de orientación izquierdizante estaba presentando a Ríos Montt como a un bufón piadoso.
El único recurso era la oración. Urgentemente solicitamos a millares y millares de evangélicos en todos los Estados Unidos que oraran, pidiendo a Dios concederle seguridad física y Su Bendición sobre el nuevo gobierno.
Poco a poco el milagro empezó a realizarse. El país comenzó a estabilizarse. Los procesos democráticos empezaron a tomar forma. Pero muy especialmente la tan persuasiva y perpétua "mordida" y la corrupción fueron eliminadas junto con el miedo del pueblo a los escuadrones de la muerte.
Luego vino la mañana del 8 de Agosto de 1983. Ríos Montt fue depuesto por un grupo de militares Superiores inquietos por su manera franca de expresar su fe religiosa y motivados por el deseo de recobrar el poder. El breve "experimento" de Ríos Montt había terminado.
XI
Pero las interrogantes persistieron: ¿Quién era este General cristiano, cuyo estilo emocional y creencias religiosas habían acaparado, aunque fuera momentáneamente, la atención mundial? ¿Había él verdaderamente representado una esperanza para la gente de Guatemala y de la América Central?
La historia de Efraín Ríos Montt —General, político, candidato, embajador, director de escuela, líder nacional y cristiano fervoroso—— constituye una lectura fascinante.
Pat Robertson
Club 700 y CBN Network
SIERVO O DICTADOR?
Joseph Anfuso David Sczepanski
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PROLOGOConocí al Presidente Ríos Montt apenas cinco días después del incruento golpe de estado dado por los oficiales jóvenes del Ejército de Guatemala que lo elevó al poder.
En un país conocido por su corrupción, opresión y violencia había ahora alegría y esperanza. Un régimen corrupto había sido depuesto y un hombre cristiano renacido, había sido nominado como Presidente de la Junta de Gobierno.
Pero, ¿quién era este nuevo líder? Encontré que era un hombre humilde, sencillo; de impecable integridad personal y con una profunda fe en Jesús. Sabía en mi corazón que Ríos ofrecía a su pueblo —e igualmente a todos los pueblos de la América Latina— una verdadera alternativa entre la opresión de oligarquías corruptas y la tiranía del totalitarismo comunista.
Sabía igualmente que sólo Dios podría sostener a su endeble gobierno, pues los recursos financieros de Guatemala habían sido agotados. La guerrilla comunista asediaba desde las montañas. El gobierno de los Estados Unidos rehusaba toda ayuda aduciendo violaciones a los derechos humanos por parte del régimen anterior. La prensa mundial frecuentemente de orientación izquierdizante estaba presentando a Ríos Montt como a un bufón piadoso.
El único recurso era la oración. Urgentemente solicitamos a millares y millares de evangélicos en todos los Estados Unidos que oraran, pidiendo a Dios concederle seguridad física y Su Bendición sobre el nuevo gobierno.
Poco a poco el milagro empezó a realizarse. El país comenzó a estabilizarse. Los procesos democráticos empezaron a tomar forma. Pero muy especialmente la tan persuasiva y perpétua "mordida" y la corrupción fueron eliminadas junto con el miedo del pueblo a los escuadrones de la muerte.
Luego vino la mañana del 8 de Agosto de 1983. Ríos Montt fue depuesto por un grupo de militares Superiores inquietos por su manera franca de expresar su fe religiosa y motivados por el deseo de recobrar el poder. El breve "experimento" de Ríos Montt había terminado.
XI
Pero las interrogantes persistieron: ¿Quién era este General cristiano, cuyo estilo emocional y creencias religiosas habían acaparado, aunque fuera momentáneamente, la atención mundial? ¿Había él verdaderamente representado una esperanza para la gente de Guatemala y de la América Central?
La historia de Efraín Ríos Montt —General, político, candidato, embajador, director de escuela, líder nacional y cristiano fervoroso—— constituye una lectura fascinante.
Pat Robertson
Club 700 y CBN Network
INTRODUCCION
Conocimos
a Efraín Ríos Montt cuando él, su esposa María Teresa y su hija Zury
visitaron Eureka, California, en 1979. Su apariencia era la de un hombre
no muy alto, bien vestido, con cabello y ojos negros, bigote un poco
canoso y de modales corteses y gentiles. Al principio nos pareció reservado y callado, cosa normal para quien habla poco inglés, pero cuando se paró frente a la congregación de nuestra Iglesia se transformó una personalidad expresiva y animada. Saltaba a la vista que estaba acostumbrado a hablar frente al público.El hecho de ser un General del Ejército de Guatemala era algo muy interesante, aunque en ese entonces no sabíamos qué implicaba eso en Guatemala. Tal vez lo que más nos impresionó fue saber que había sido candidato a la presidencia de su país en 1974 y que, según los informes de ese entonces, las elecciones le habían sido robadas. Sin embargo, el hecho más grato para nosotros fue saber que teníamos en él a un hermano en Cristo, de quien amigos mutuos de Guatemala se expresaban positivamente, como un hombre dedicado a servir al Señor.
Tres años después, en la tarde del 23 de marzo de 1983, el teléfono de nuestra iglesia en Eureka sonó y oímos la voz de la secretaria de la iglesia en Guatemala, Mary Jo, que nos decía "Díganle a todos que oren por Efraín, Francisco y Tom. Hubo una especie de golpe de Estado esta mañana y algunos militares se comunicaron con Efraín y le pidieron que hablara con ellos. Se fue con Francisco y Tom y desde entonces no sabemos nada. Podría ser algo serio".
El 24 de Marzo muchos quedamos sorprendidos al ver en las noticias de la noche la figura de Efraín Ríos Montt frente al Palacio Nacional de Guatemala, vestido con traje militar de campaña, dirigiéndose a los corresponsales extranjeros como el portavoz de la Junta Militar que había depuesto al gobierno derechista del General Romeo Lucas García.
Estábamos estupefactos preguntándonos: "¿Qué estaba haciendo Ríos Montt ahí?" ¿No había renunciado a la política? ¿Habría organizado él mismo el golpe?"
Nosotros no éramos los únicos que nos hacíamos esas preguntas. Puesto que los sucesos de Centro América eran de interés mundial, el golpe fue noticia importante. Los periodistas de todo el mundo especulaban sobre Ríos Montt: ¿Quién era él? ¿Cómo había llegado al poder? ¿Qué pensaba hacer? ¿Qué habría respecto a su franca postura religiosa? Y ¿podría él, como algunos decían, ofrecer una verdadera esperanza para lograr una "nueva Guatemala"?
Conforme transcurrieron los dieciséis meses del extraño y controvertido gobierno de Ríos Montt, muchas de estas preguntas parecieron cada vez más difíciles de responder.
Algunos dijeron que fue un genocida, arquitecto de una brutal campaña antiguerrilla que dejó a miles de inocentes muertos. Otros, que era un hombre bueno —tal vez actuando sólo como un caudillo sin poder manipulado por fuerzas muy poderosas. Pero había otros que creyeron que Ríos Montt y su administración fueron una oportunidad única, ahora perdida, de lograr un cambio profundo y perdurable en Guatemala.
La historia que aquí relatamos sobre este hombre y su país es el resultado de varios viajes a Guatemala, docenas de entrevistas y meses de investigación. Ofrece algunas respuestas a esas preguntas cruciales sobre Ríos Montt. Ofrece también un breve vistazo, dentro del explosivo territorio que es la América Central y dentro de la vida de un hombre, cuyo paso por la presidencia de Guatemala sucedió en uno de los momentos más difíciles de la historia
de ese país.
Joseph Anfuso David Sezepanski
CAPITULO I
¿ Un Dictador Cristiano?
Viniendo de El Salvador, la carretera Panamericana llega a un punto en donde desemboca en el valle de la ciudad de Guatemala. Blancas torres de apartamentos, edificios de oficinas y residencias privadas refulgen contra el marco verde de la vegetación de Guatemala, "el país de la eterna primavera". La Capital aparece rodeada de profundos barrancos bordeados de árboles. Una cadena de volcanes vigilan silenciosamente a distancia, mientras una leve neblina descansa sobre la ciudad tranquila.
Es difícil imaginar a este país fabuloso y verde, con sus derruidas iglesias coloniales, sus volcanes humeantes y sus ancestrales ruinas Mayas como un sitio de violencia, terror y corrupción. Sin embargo, en los últimos años, los asesinatos, el terrorismo, los secuestros y el caos político han sido parte integrante de la vida de Guatemala.
"La situación de Guatemala está empeorando", escribió un corresponsal de Le Monde de París, en la edición de Marzo de 1982 del World Press Review. "En las últimas veinticuatro horas, cuando menos treinta y seis personas han sido asesinadas, víctimas de la violencia política. La explosión de un automóvil con bombas caza-bobos ocasionó siete muertos en un pueblo del interior. En la ciudad de Guatemala los grupos de extrema derecha colgaron a dos personas acusándolas de "ladrones". Una gran parte del país, incluyendo la Capital, quedó sin electricidad a causa de la actividad terrorista. . . La muerte impera en todas partes y las cifras lo corroboran: 30,000 muertes políticas desde 1954, 3,000 sólo en 1980; de 50 a 60 diariamente en las últimas semanas".
Sin embargo, en el contexto de la región centroamericana, herida por los movimientos revolucionarios, la situación de Guatemala en esa primavera de 1982 no era nada extraño. En Nicaragua una revolución sangrienta había derrocado al régimen de Anastasio Somoza y la presencia inmediata de Cuba y la Unión Soviética en Managua, a seguidas de la victoria Sandinista, obligó a los otros dirigentes de Centro América a tomar acciones más severas en contra de los insurgentes izquierdistas. En El Salvador, la opresión derechista y el terrorismo izquierdista ya habían llegado al punto de una devasta-
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dora guerra civil. Y en Guatemala se informaba que la guerrilla operaba sobre el 60 o/o del pais. El 22 de Marzo la revista Business Week publicó un artículo advirtiendo que "la batalla Centro América podría estarse librando en Guatemala".
La lucha contra los insurgentes izquierdistas era sólo uno de los problemas que afrontaban los líderes guatemaltecos. Estaba también el déficit monetario, de proporciones gigantescas, agravado por la fuga de capitales y la acelerada inflación mundial. El turismo, una de las principales fuentes de la economía guatemalteca, prácticamente se había extinguido, y las exportaciones agrícolas, vitales para el país, se habían reducido debido a la baja de sus precios. Y para empeorar el cuadro, la corrupción gubernamental y la violencia política iban en ascenso.
En 1982 la mordida y el soborno se habían hecho prácticas corrientes en el mundo de los negocios de Guatemala y, tristemente, sus máximos promotores se situaban en las altas esferas del gobierno. El sistema judicial de Guatemala yacía en ruinas, impartiéndose justicia sólo a aquellos que podían pagar por ella o que querían matar por ella. Cada semana, docenas de cadáveres, víctimas de torturas y del asesinato político, aparecían a lo largo de los caminos por todo el país. Los escuadrones de la muerte, sancionados por el gobierno con nombres como Ojo por Ojo y La Mano Blanca, recorrían las ciudades buscando venganza en contra de sus oponentes políticos. Los terroristas izquierdistas volaban puentes, bancos, gasolineras y negocios particulares con una regularidad que infundía miedo. Los secuestros, especialmente de hombres de negocios y de políticos importantes, se multiplicaban. Guatemala estaba al borde del desastre.
Nuestra historia principia en el año de 1933, en la ciudad de Huehuetenango, en la República de Guatemala.
CAPITULO II
El Pequeño Soldadito
¡Un, dos, mar. Un, dos, mar. Alto!" La mano del pequeño Efraín empujó el portón de hierro que se entreabrió suavemente y con todo cuidado, para no golpear su rifle de madera que cargaba firmemente sobre su hombro, se deslizó por la abertura.
Siguió marchando hacia dentro y el eco desu voz resonaba entre las flores del patio desu casa: " ¡Un, dos, mar. Un, dos, mar. Alto!"
Había llegado frente a la puerta de entrada.
"Efraín", llamó la voz de su mamá "¿dónde has estado? Entra y prepárate para cenar".
"Sí mamá", dijo obedientemente, cerrandola puerta tras de sí y marchando hacia la pila para lavarse las manos.
En la cocina hervían ollas de arroz y frijoles negros, que dejaban escapar su delicioso aroma. También se sentía el sabroso olor de las tortillas de maíz cocinándose en el comal. Al otro lado de la habitación estaba Zylda, su hermana de un año mayor, poniendo la mesa para comer. Más allá, de otro cuarto, llegaban las voces de sus otros hermanos.
"¿Estabas otra vez jugando a los soldados?", le preguntó la anciana de pelo blanco que estaba junto a la pila cuando llegó a lavarse. Era su abuelita, la de la dulce sonrisa, que secándose las manos en el delantal, cariñosamente le sobó la cabeza.
"¿Está mi papá en casa?", preguntó el pequeño Efraín.
"No, pero vendrá pronto", le contestó su mamá desde el otro cuarto. "Probablemente esté cerrando la tienda".
Afuera se ponía el sol, derramando su suave luz dorada sobre Huehuetenango. Era la hora que la familia se reunía para cenar. Efraín Ríos Montt tenía sólo 7 años.
Había nacido en Huehuetenango en 1926; fue el tercero de doce hijos y soñó con ser militar desde el día en que vió a los soldados desfilar en su ciudad natal. "Un día seré soldado", -se dijo a sí mismo- "tendré un uniforme, un rifle y mi familia se sentirá orgullosa de mí".
El dominio de los militares en Guatemala se remonta hasta el año de 1524, cuando el conquistador español, don Pedro de Alvarado, llegó de México. En nombre de España y de la Iglesia —pero especialmente por el oro y la fama— Alvarado conquistó y gobernó a Centro América hasta su muerte en 1540. Los mayas, que poblaban el Istmo desde México hasta Pamá, no poseían armas que se pudiesen equiarar con las espadas de los conquistadores. los que se resistían, les daban muerte, sus poblados incendiados y los sobrevivientes eslavos del Imperio. Sentenciados a una seridumbre perpetua y a una categoría civil de tercera clase, aquella raza, que fuera tan digna orgullosa, se convirtió en sirvienta de una colonia del Nuevo Mundo.
Gradualmente, a lo largo de los tres siglos siguientes, el reino de Guatemala, que abarcaba a toda la región de la América Central, fue aflojando sus ataduras de España, hasta que en 1821 declaró su Independencia. Inmediaimente se hicieron esfuerzos por mantener unida a toda la región formando la Federación de las Provincias Unidas de Centro América, que se estableció en 1823, pero que solamente duró 15 años. Poco antes de su disolución, don Juan Barrundia, el Primer Jefe de Estado de la Provincia de Guatemala, fue depuesto por medio de un golpe militar. Esto sentó un triste precedente en el panorama político de la América Central, que ha venido repitiendo desde entonces.
Después del colapso de la Unión de Centro América, Guatemala fue gobernada por una serie de dictadores de mano de hierro. En 1898, el Dr. Manuel Estrada Cabrera, un astuto abogado de Quetzaltenango, ascendió al poder y gobernó durante 22 años. En todo ese tiempo siempre fue declarado triunfante en las elecciones, sin importar el resultado verdadero de las mismas, declarándose como fiesta nacional la fecha de su toma de posesión. La corrupcióny la violencia política prevalecieron hasta 1920, cuando miembros de la oposición pertenecientes al Partido Unionista lo declararon demente y el Congreso lo separó de su cargo.
El sucesor de Estrada Cabrera gobernó solamente un año y fue depuesto por una revuelta; luego siguieron diez años tumultuosos, en los que Guatemala tuvo seis presidentes. Final-mente en 1931, ascendió al poder como Presidente el General Jorge Ubico, dictador de mano férrea que gobernó a Guatemala durante catorce años.
Así andaban las cosas cuando nació Efraín Ríos Montt. Su joven imaginación, desconocedora de la inestable historia política de su país, fue cautivada por los soldados uniformados en Huehuetenango. "Sí, seré soldado", se juró a sí mismo. Su decisión estaba hecha.
A la muerte de su hermano mayor, Efraín se convirtió en la cabeza de sus hermanos y pronto estableció entre ellos un régimen de autoridad. Una vez, después que su hermano Antonio le había pegado al hermanito menor, Efraín agarró a Antonio y le aplicó de su propia medicina. Furioso, Antonio tomó la guitarra de Efraín y le arrancó dos cuerdas, sosteniéndolas desafiantes sobre su cabeza.
"Antonio", le dijo Efraín con voz calmada pero autoritaria, "dámelas". Antonio obedeció inmediatamente.
Mucha de la firmeza de carácter de Efraín se debía probablemente a su madre, una mujer estricta y disciplinada, que nunca vaciló en corregir a sus hijos con fuertes reprimendas o nalgadas. Por otro lado, su padre era un hombre suave e inclinado a la compasión, que generalmente los compensaba de lo estricto de su mamá.
Efraín y sus hermanos jugaban un día a la orilla del río, cuando de repente empezó a llover torrencialmente. Empapados, corrieron a su casa. "Hoy nos pegan", dijo uno de los hermanos menores cuando se acercaban al portón.
"Vengan", dijo Efraín, "saltemos por la pared de atrás y nadie nos verá. Mamá no tiene que saberlo". Pero ella lo supo, y cada quien recibió su dosis de nalgadas y se les mandó a la cama.
Esa noche, cuando su mamá no los veía, su papá fué a consolarlos a la cama, los besó y les regaló a cada uno un centavo para dulces.
Todos los hermanos Ríos Montt supieron siempre que mamá era la ley y papá la ternura.
Además de la disciplina de su mamá y la dulzura de su papá, hubo otra persona que influyó mucho en la vida del joven Efraín y ella fue su abuelita, doña Juana Castillo de Ríos. Ella era evangélica o protestante. Es más, su hermano había fundado la Iglesia de la Misión Centroamericana en Huehuetenango, llegando a ser en la época de la niñez de Efraín el más grande y creciente grupo protestante en Guatemala.
. La mamá de Efraín, sin embargo, era católico-romana, la religión del 90 o/o de los guatemaltecos en 1930. Los católicos de entonces veían a los pequeños grupos de evangélicos con desdén, mientras que los evangélicos a su vez, con frecuencia, mostraban abiertamente su anti-catolicismo.
Pero en la casa de los Ríos Montt cada quien había aprendido a respetar las creencias religiosas del otro y a vivir en paz. La abuelita era el único miembro de la familia que podría haber sido descrita como fanática de su religión.
Conforme doña Juana entraba en años empezó a sufrir de una parálisis, que le produjo grandes llagas en uno de sus pies, que exigían curaciones diarias. Para el joven Efraín el sufrimiento de su abuelita le resultaba muy doloroso y su tratamiento aún más. Sin embargo, observó que doña Juana siempre estaba sonriente y positiva respecto a su vida, lo cual le produjo una profunda e imperecedera impresión.
Llegó el momento en que doña Juana ya no pudo caminar sola y entonces le pedía a Efraín que la llevara a la Iglesia, regalándole un centavo después de cada servicio. También le daba medio centavo cada vez que le leía la Biblia. Efraín empezó a gustar de los servicios religiosos y de las lecturas bíblicas, al punto que ya no quiso recibir los centavos de la abuelita. De todos sus hermanos, él fué el más interesado en el amor que doña Juana sentía por Jesús.
Una vez le preguntó "Abuelita, ¿qué significa ese evangelio del que usted habla?".
Doña Juana lo observó por un momento, luego lo atrajo hacia ella y con cariño le dijo: "Significa amor. Debido a que Dios me ama y me perdona, yo quiero amarle a El y servirle a El. Y también quiero servirte a tí".
"Pero, ¿qué le va a pasar cuándo se muera?", le preguntó Efraín, dándose cuenta cuan débil estaba y lo mucho que la echaría de menos.
¿ Un Dictador Cristiano?
Viniendo de El Salvador, la carretera Panamericana llega a un punto en donde desemboca en el valle de la ciudad de Guatemala. Blancas torres de apartamentos, edificios de oficinas y residencias privadas refulgen contra el marco verde de la vegetación de Guatemala, "el país de la eterna primavera". La Capital aparece rodeada de profundos barrancos bordeados de árboles. Una cadena de volcanes vigilan silenciosamente a distancia, mientras una leve neblina descansa sobre la ciudad tranquila.
Es difícil imaginar a este país fabuloso y verde, con sus derruidas iglesias coloniales, sus volcanes humeantes y sus ancestrales ruinas Mayas como un sitio de violencia, terror y corrupción. Sin embargo, en los últimos años, los asesinatos, el terrorismo, los secuestros y el caos político han sido parte integrante de la vida de Guatemala.
"La situación de Guatemala está empeorando", escribió un corresponsal de Le Monde de París, en la edición de Marzo de 1982 del World Press Review. "En las últimas veinticuatro horas, cuando menos treinta y seis personas han sido asesinadas, víctimas de la violencia política. La explosión de un automóvil con bombas caza-bobos ocasionó siete muertos en un pueblo del interior. En la ciudad de Guatemala los grupos de extrema derecha colgaron a dos personas acusándolas de "ladrones". Una gran parte del país, incluyendo la Capital, quedó sin electricidad a causa de la actividad terrorista. . . La muerte impera en todas partes y las cifras lo corroboran: 30,000 muertes políticas desde 1954, 3,000 sólo en 1980; de 50 a 60 diariamente en las últimas semanas".
Sin embargo, en el contexto de la región centroamericana, herida por los movimientos revolucionarios, la situación de Guatemala en esa primavera de 1982 no era nada extraño. En Nicaragua una revolución sangrienta había derrocado al régimen de Anastasio Somoza y la presencia inmediata de Cuba y la Unión Soviética en Managua, a seguidas de la victoria Sandinista, obligó a los otros dirigentes de Centro América a tomar acciones más severas en contra de los insurgentes izquierdistas. En El Salvador, la opresión derechista y el terrorismo izquierdista ya habían llegado al punto de una devasta-
19
dora guerra civil. Y en Guatemala se informaba que la guerrilla operaba sobre el 60 o/o del pais. El 22 de Marzo la revista Business Week publicó un artículo advirtiendo que "la batalla Centro América podría estarse librando en Guatemala".
La lucha contra los insurgentes izquierdistas era sólo uno de los problemas que afrontaban los líderes guatemaltecos. Estaba también el déficit monetario, de proporciones gigantescas, agravado por la fuga de capitales y la acelerada inflación mundial. El turismo, una de las principales fuentes de la economía guatemalteca, prácticamente se había extinguido, y las exportaciones agrícolas, vitales para el país, se habían reducido debido a la baja de sus precios. Y para empeorar el cuadro, la corrupción gubernamental y la violencia política iban en ascenso.
En 1982 la mordida y el soborno se habían hecho prácticas corrientes en el mundo de los negocios de Guatemala y, tristemente, sus máximos promotores se situaban en las altas esferas del gobierno. El sistema judicial de Guatemala yacía en ruinas, impartiéndose justicia sólo a aquellos que podían pagar por ella o que querían matar por ella. Cada semana, docenas de cadáveres, víctimas de torturas y del asesinato político, aparecían a lo largo de los caminos por todo el país. Los escuadrones de la muerte, sancionados por el gobierno con nombres como Ojo por Ojo y La Mano Blanca, recorrían las ciudades buscando venganza en contra de sus oponentes políticos. Los terroristas izquierdistas volaban puentes, bancos, gasolineras y negocios particulares con una regularidad que infundía miedo. Los secuestros, especialmente de hombres de negocios y de políticos importantes, se multiplicaban. Guatemala estaba al borde del desastre.
Y llegó entonces la mañana del 23 de Marzo de 1982. Un grupo de Oficiales jóvenes del Ejército amargados por una corrupción en el gobierno que llegaba hasta las más altas esferas,
rodearon el Palacio Nacional en la ciudad de Guatemala conminando al
Presidente, General Romeo Lucas García, a dimitir del cargo.
Al filo del medio día Lucas se había ido y Efraín Ríos Montt, un General en disponibilidad, que gozaba de reputación de honradez, fue llamado por los Oficiales golpistas para hacerse cargo de la presidencia. En ese momento los Oficiales quizás ignoraban que el General Ríos Montt era un "cristiano renacido" profundamente comprometido con su fe.
No siendo parte del golpe, Ríos Montt asombró al mundo y a los jóvenes Oficiales ese mismo día cuando mencionó a Dios en su primer discurso. "Estoy confiando en Dios mi Señor y Rey, para que El me guíe, porque sólo El dá y sólo El quita la autoridad", declaró en la conferencia de prensa la misma noche del golpe.
Aunque algunos dudaron del "fundamentalismo ferviente" de Ríos Montt, todos estuvieron de acuerdo en que las primeras semanas de su gobierno fueron diferentes por la tranquilidad general que se extendió por toda Guatemala y por la tan necesitada eliminación de los abusos gubernamentales. El Embajador de los Estados Unidos, Frederic Chapín, declaró
21
a los pocos días del golpe: "El gobierno de Guatemala ha salido de la obscuridad a la luz. Y estamos a años luz de distancia de lo que era antes".
Al filo del medio día Lucas se había ido y Efraín Ríos Montt, un General en disponibilidad, que gozaba de reputación de honradez, fue llamado por los Oficiales golpistas para hacerse cargo de la presidencia. En ese momento los Oficiales quizás ignoraban que el General Ríos Montt era un "cristiano renacido" profundamente comprometido con su fe.
No siendo parte del golpe, Ríos Montt asombró al mundo y a los jóvenes Oficiales ese mismo día cuando mencionó a Dios en su primer discurso. "Estoy confiando en Dios mi Señor y Rey, para que El me guíe, porque sólo El dá y sólo El quita la autoridad", declaró en la conferencia de prensa la misma noche del golpe.
Aunque algunos dudaron del "fundamentalismo ferviente" de Ríos Montt, todos estuvieron de acuerdo en que las primeras semanas de su gobierno fueron diferentes por la tranquilidad general que se extendió por toda Guatemala y por la tan necesitada eliminación de los abusos gubernamentales. El Embajador de los Estados Unidos, Frederic Chapín, declaró
21
a los pocos días del golpe: "El gobierno de Guatemala ha salido de la obscuridad a la luz. Y estamos a años luz de distancia de lo que era antes".
EIogiado por la rápida
remoción de los funcionarios públicos implicados en la anterior
corrupción y en los escuadrones de la muerte, Ríos Montt parecía
destinado a guiar a Guatemala por un sendero enteramente nuevo. Se
sentía comprometido, declaró, de construir "la nueva Guatemala". La opinión pública respondió con entusiasmo.
La revista Time, en su edición del 19 de Abril, afirmó que "en Guatemala, el grupo de Oficiales jóvenes que depusieron el mes pasado al gobierno represivo del General Fernando Romeo Lucas García han producido un cambio dramático de ambiente. Ríos Montt parece dispuesto a cambiar a su país de la noche a la mañana".
Otro artículo en el diario Washington Post añadía lo siguiente: "Ríos Montt desafía el concepto corrupto y autoritario del General guatemalteco. Se ha lanzado a una limpieza del gobierno que tiene todas las trazas de una cruzada espiritual contra los abusos de poder y la corrupción, que desde hace tantos años tipificaban al oficialismo guatemalteco".
Por su parte, la publicación Christian Science Monitor ratificaba esos conceptos escribiendo que: . . ."Ríos Montt ha logrado, cuando menos temporalmente, el apoyo de la mayor parte de su país; en la ciudad capital, en los departamentos y en todas las áreas rurales se oye muy poca crítica en contra de este General cristiano".
Un político guatemalteco, entrevistado 22
por el Washington Post, declaró "El no es el Mago de Oz y sus maneras de explicar las cosas son algo raras, pero hasta ahora es difícil culparlo por lo que está tratando de hacer. Está tratando de limpiar el gobierno y nuestra deteriorada imagen ante el mundo: No podemos estar en contra de eso".
La revista Time también expresó un sentir similar: "Nadie está diciendo que Ríos Montt ya esté resolviendo los problemas endémicos de Guatemala como la miseria, el hambre y la guerra civil; pero ha hecho una labor excelente al ganarse la confianza del pueblo y haber restablecido el orden en la ciudad. Tiene la oposición de algunos políticos... pero hay muchos guatemaltecos que se preguntan si no sería mejor darle a este General Cristiano una oportunidad para que demuestre lo que puede hacer".
En los siguientes tres meses, de Abril a Junio, la opinión pública de Guatemala le continuaba siendo favorable. En la capital la violencia política prácticamente había desaparecido y la corrupción a niveles de gobierno se había cortado. Para Mayo, la deteriodada imagen de Guatemala parecía que estaba cambiando.
De pronto, a principios de Julio, las noticias sobre Guatemala en la prensa mundial empezaron a cambiar negativamente. De repente, Ríos Montt se convirtió en el blanco de graves y serias acusaciones.
Un artículo del Washington Post, del mes de Julio, decía lo siguiente: "Cuatro meses después de ascender al poder por medio de un golpe de Estado militar que hizo surgir la esperanza de reformas democráticas, el presidente de Guate-
23nala, Eftaín Ríos Montt se quiere perpetuar en el poder. Sus primeros discursos, salpicados con pintorescas y máximas de sus creencias protestantes fudamentalistas, dieron lugar a que se creyera que no se le tomaría en serio como lider. .. En lugar dé ello, Ríos Montt ha orquestado su propio golpe de Estado en el Palacoo, declarandose a sí mismo Presidente y forzanndo a los otros dos militares con quienes había llegado al poder a que se retiraran". Más adelante este mismo artículo atacaba a Ríos Montt, por haber impuesto el estado de sitio en Guatemala y "restricciones sobre las libertades personales y políticas, tan duras como bajo cualquier dictadura de América Latina".
Aun más inquietantes eran los informes sobre la brutalidad del Ejército en las áreas rurales. Este mismo diario esroboço que "en las remotas áreas del norte del país, en el Quiché y huehuetenango, vecinos entrevistados han declarado que el Ejército ataca los pueblos matando a las mujeres, niños y hombres desarmados sospechosos de colaborar con la guerrilla; estos ataques son frecuentes y no han tenido ningún cambio desde que Ríos Montt tomó el poder".
E'n el mes de Agosto un informe especial de /Amnistía Internacional, la poderosa organización que vela por los derechos humanos, acusó al Ejército de Guatemala de matar a más de 2,000 personas en el período comprendido (le] 23 de Marzo a finales de julio, en una forma nada diferente a la de los gobiernos anteriores".
En Octubre de 1982 los informes sobre la brutalidad del Ejército de Guatemala aparecían 24 25
por todas partes. El diarío.New York Times, citando a Amnistía Internacional y basándose en entrevistas hechas a refugiados guatemaltecos en México, decía en un editorial: "Los subversivos más peligrosos en la Guatemala de Ríos Montt son los que usan el uniforme militar".
Aun Visión Mundial, la respetada agencia Cristiana de servicio, publicó un artículo en su revista mensual acusando a Ríos Montt de tener en su historia un pasado "intrincadamente involucrado en el ordenamiento de masacres de campesinos". ¿Cómo podría un Cristiano, empezaron a preguntarse algunos observadores, haber orquestado tan brutal reino de terror?
Muchos otros, sin embargo, salían a la defensa de Ríos Montt. Numerosos líderes cristianos de gran respeto, que visitaron Guatemala en los meses siguientes al golpe, hablaron públicamente en apoyo de él y de su gobierno.
Luis Palau, el renombrado evangelista latinoamericano, dijo en Guatemala, después de una cruzada evangelista a mediados de Octubre: "Encontramos que una bien concertada campaña de desinformación contra el gobierno de Guatemala está siendo financiada en los Estados Unidos por grupos que apoyan la insurgencia comunista en Guatemala. Esta es una campaña en la que se ignoran las masacres y la violación de los derechos humanos por parte de la guerrilla".
El editor de Christianity Today, señor V. Gilbert Beers, escribió así de Ríos Montt: "El no se parece mucho a sus retratos. Había visto muchos retratos de él antes de ir a Guatemala y todos lo mostraban como a un hombre fuerte y duro, carnuflageado con un uniforme del ejército. Me sorprendió mucho encontrarme con una persona cálida, agradable y sonriente, qm, asistía a su iglesia los domingos por la mañana entrando y saliendo casi desapercibido".
Aún el Presidente Reagan, después de una gira relámpago a la América Latina, a principios de Diciembre, dijo a los periodistas que Guatemala estaba teniendo un resurgimiento y que Rios Montt era un hombre "de gran integridad personal.
Luego, el 16 de enero de 1983, diez meses después del golpe de Estado que había llevado :i Ríos Montt al poder, uno de los principales periódicos de los Estados Unidos, The San Francisco Chronicle, corroboró este mismo sentimiento en uno de sus editoriales al decir lo siguiente: "Tenemos que concluir reconociendo que en verdad un cambio real y para bien ha estado sucediendo en Guatemala. Este presidente guatemalteco, un cristiano nacido de nuevo, está ganando estimación en los niveles de toma de decisiones en los Estados Unidos por sus esfuerzos y progresos hacia la restauración de los derechos humanos en su país".
Sin embargo, cuando se cumplió el primer aniversario del golpe, el 23 de Marzo de 1983, otros observadores extranjeros de los sucesos en Guatemala no pudieron llegar a conclusiones definitivas. Algunos denunciaban a Ríos Montt como a un dictador brutal y derechista, responsable de asesinar a miles de personas inocentes. Otros lo elogiaban como a un hombre de gran compasión e integridad, cuyo gobierno había sacado a Guatemala de la obscu 26 27
ridad hacia la luz.
¿Quién estaba diciendo la verdad? ¿Qué clase de hombre era este que simultáneamente atraía admiración y amor y acusación y denuncia?
De repente, el 8 de Agosto de 1983, estas preguntas perdieron importancia. Esa mañana un grupo de Generales y Coroneles —aduciendo que "el Presidente estaba siendo manipulado por un grupo de fanáticos religiosos"— depuso a Ríos Montt con un golpe de estado que abruptamente terminó con su controvertida y enigmática manera de gobernar.
Para muchos, en ese momento, Ríos Montt dejó de ser una figura y pasó a ser sólo una mención transitoria en la turbulenta y trágica historia política de la América Latina. Un sacerdote católico, en su euforia por la caída de Ríos Montt, llegó incluso a decir que él había sido "un accidente en la historia de Guatemala".
Pero si la historia que sigue es cierta, la vida de Efraín Ríos Montt, incluyendo su desconcertante y discutida presidencia, podrán no ser sólo una "mención transitoria" o un "accidente". Al investigar tras los titulares sensacionalistas y las noticias conflictivas generalmente cargadas de ideología, encontramos la historia poco común de un hombre que sinceramente creyó que Dios le había dado la autoridad y el poder para dirigir a su país y que cuando esa autoridad y poder le fueron quitados también lo aceptó como un hecho de Dios.
Al revisar su vida, sus luchas durante su carrera militar, su súbita ascención al poder, la tormenta de controversias en torno a su breve término presidencial y su inesperado derrocamiento, encontramos que hay mucho más respecto a Rios Montt que lo que la prensa o cualquiera de sus críticos estuvieron anuentes a reconocerle. En verdad una imagen dramática y diferente surge en contraste con la que la prensa creó dentro de las mentes de mucha gente.
¿Cual es entonces la verdad respecto a RiosMontt? ¿Quién es este hombre? ¿Quién le dió la seguridad de creer que Dios le dió y le quitó el poder para gobernar a Guatemala? ¿Y cuál es la verdad respecto a su breve pero controvetiido mandato?
Estas son algunas de las preguntas que surgende la búsqueda de la
verdad respecto a Efraín Rios Montt. Para tratar de responderlas
debempos buscarlas en él, como persona, y en las fuerzas que lo
forjaron.La revista Time, en su edición del 19 de Abril, afirmó que "en Guatemala, el grupo de Oficiales jóvenes que depusieron el mes pasado al gobierno represivo del General Fernando Romeo Lucas García han producido un cambio dramático de ambiente. Ríos Montt parece dispuesto a cambiar a su país de la noche a la mañana".
Otro artículo en el diario Washington Post añadía lo siguiente: "Ríos Montt desafía el concepto corrupto y autoritario del General guatemalteco. Se ha lanzado a una limpieza del gobierno que tiene todas las trazas de una cruzada espiritual contra los abusos de poder y la corrupción, que desde hace tantos años tipificaban al oficialismo guatemalteco".
Por su parte, la publicación Christian Science Monitor ratificaba esos conceptos escribiendo que: . . ."Ríos Montt ha logrado, cuando menos temporalmente, el apoyo de la mayor parte de su país; en la ciudad capital, en los departamentos y en todas las áreas rurales se oye muy poca crítica en contra de este General cristiano".
Un político guatemalteco, entrevistado 22
por el Washington Post, declaró "El no es el Mago de Oz y sus maneras de explicar las cosas son algo raras, pero hasta ahora es difícil culparlo por lo que está tratando de hacer. Está tratando de limpiar el gobierno y nuestra deteriorada imagen ante el mundo: No podemos estar en contra de eso".
La revista Time también expresó un sentir similar: "Nadie está diciendo que Ríos Montt ya esté resolviendo los problemas endémicos de Guatemala como la miseria, el hambre y la guerra civil; pero ha hecho una labor excelente al ganarse la confianza del pueblo y haber restablecido el orden en la ciudad. Tiene la oposición de algunos políticos... pero hay muchos guatemaltecos que se preguntan si no sería mejor darle a este General Cristiano una oportunidad para que demuestre lo que puede hacer".
En los siguientes tres meses, de Abril a Junio, la opinión pública de Guatemala le continuaba siendo favorable. En la capital la violencia política prácticamente había desaparecido y la corrupción a niveles de gobierno se había cortado. Para Mayo, la deteriodada imagen de Guatemala parecía que estaba cambiando.
De pronto, a principios de Julio, las noticias sobre Guatemala en la prensa mundial empezaron a cambiar negativamente. De repente, Ríos Montt se convirtió en el blanco de graves y serias acusaciones.
Un artículo del Washington Post, del mes de Julio, decía lo siguiente: "Cuatro meses después de ascender al poder por medio de un golpe de Estado militar que hizo surgir la esperanza de reformas democráticas, el presidente de Guate-
23nala, Eftaín Ríos Montt se quiere perpetuar en el poder. Sus primeros discursos, salpicados con pintorescas y máximas de sus creencias protestantes fudamentalistas, dieron lugar a que se creyera que no se le tomaría en serio como lider. .. En lugar dé ello, Ríos Montt ha orquestado su propio golpe de Estado en el Palacoo, declarandose a sí mismo Presidente y forzanndo a los otros dos militares con quienes había llegado al poder a que se retiraran". Más adelante este mismo artículo atacaba a Ríos Montt, por haber impuesto el estado de sitio en Guatemala y "restricciones sobre las libertades personales y políticas, tan duras como bajo cualquier dictadura de América Latina".
Aun más inquietantes eran los informes sobre la brutalidad del Ejército en las áreas rurales. Este mismo diario esroboço que "en las remotas áreas del norte del país, en el Quiché y huehuetenango, vecinos entrevistados han declarado que el Ejército ataca los pueblos matando a las mujeres, niños y hombres desarmados sospechosos de colaborar con la guerrilla; estos ataques son frecuentes y no han tenido ningún cambio desde que Ríos Montt tomó el poder".
E'n el mes de Agosto un informe especial de /Amnistía Internacional, la poderosa organización que vela por los derechos humanos, acusó al Ejército de Guatemala de matar a más de 2,000 personas en el período comprendido (le] 23 de Marzo a finales de julio, en una forma nada diferente a la de los gobiernos anteriores".
En Octubre de 1982 los informes sobre la brutalidad del Ejército de Guatemala aparecían 24 25
por todas partes. El diarío.New York Times, citando a Amnistía Internacional y basándose en entrevistas hechas a refugiados guatemaltecos en México, decía en un editorial: "Los subversivos más peligrosos en la Guatemala de Ríos Montt son los que usan el uniforme militar".
Aun Visión Mundial, la respetada agencia Cristiana de servicio, publicó un artículo en su revista mensual acusando a Ríos Montt de tener en su historia un pasado "intrincadamente involucrado en el ordenamiento de masacres de campesinos". ¿Cómo podría un Cristiano, empezaron a preguntarse algunos observadores, haber orquestado tan brutal reino de terror?
Muchos otros, sin embargo, salían a la defensa de Ríos Montt. Numerosos líderes cristianos de gran respeto, que visitaron Guatemala en los meses siguientes al golpe, hablaron públicamente en apoyo de él y de su gobierno.
Luis Palau, el renombrado evangelista latinoamericano, dijo en Guatemala, después de una cruzada evangelista a mediados de Octubre: "Encontramos que una bien concertada campaña de desinformación contra el gobierno de Guatemala está siendo financiada en los Estados Unidos por grupos que apoyan la insurgencia comunista en Guatemala. Esta es una campaña en la que se ignoran las masacres y la violación de los derechos humanos por parte de la guerrilla".
El editor de Christianity Today, señor V. Gilbert Beers, escribió así de Ríos Montt: "El no se parece mucho a sus retratos. Había visto muchos retratos de él antes de ir a Guatemala y todos lo mostraban como a un hombre fuerte y duro, carnuflageado con un uniforme del ejército. Me sorprendió mucho encontrarme con una persona cálida, agradable y sonriente, qm, asistía a su iglesia los domingos por la mañana entrando y saliendo casi desapercibido".
Aún el Presidente Reagan, después de una gira relámpago a la América Latina, a principios de Diciembre, dijo a los periodistas que Guatemala estaba teniendo un resurgimiento y que Rios Montt era un hombre "de gran integridad personal.
Luego, el 16 de enero de 1983, diez meses después del golpe de Estado que había llevado :i Ríos Montt al poder, uno de los principales periódicos de los Estados Unidos, The San Francisco Chronicle, corroboró este mismo sentimiento en uno de sus editoriales al decir lo siguiente: "Tenemos que concluir reconociendo que en verdad un cambio real y para bien ha estado sucediendo en Guatemala. Este presidente guatemalteco, un cristiano nacido de nuevo, está ganando estimación en los niveles de toma de decisiones en los Estados Unidos por sus esfuerzos y progresos hacia la restauración de los derechos humanos en su país".
Sin embargo, cuando se cumplió el primer aniversario del golpe, el 23 de Marzo de 1983, otros observadores extranjeros de los sucesos en Guatemala no pudieron llegar a conclusiones definitivas. Algunos denunciaban a Ríos Montt como a un dictador brutal y derechista, responsable de asesinar a miles de personas inocentes. Otros lo elogiaban como a un hombre de gran compasión e integridad, cuyo gobierno había sacado a Guatemala de la obscu 26 27
ridad hacia la luz.
¿Quién estaba diciendo la verdad? ¿Qué clase de hombre era este que simultáneamente atraía admiración y amor y acusación y denuncia?
De repente, el 8 de Agosto de 1983, estas preguntas perdieron importancia. Esa mañana un grupo de Generales y Coroneles —aduciendo que "el Presidente estaba siendo manipulado por un grupo de fanáticos religiosos"— depuso a Ríos Montt con un golpe de estado que abruptamente terminó con su controvertida y enigmática manera de gobernar.
Para muchos, en ese momento, Ríos Montt dejó de ser una figura y pasó a ser sólo una mención transitoria en la turbulenta y trágica historia política de la América Latina. Un sacerdote católico, en su euforia por la caída de Ríos Montt, llegó incluso a decir que él había sido "un accidente en la historia de Guatemala".
Pero si la historia que sigue es cierta, la vida de Efraín Ríos Montt, incluyendo su desconcertante y discutida presidencia, podrán no ser sólo una "mención transitoria" o un "accidente". Al investigar tras los titulares sensacionalistas y las noticias conflictivas generalmente cargadas de ideología, encontramos la historia poco común de un hombre que sinceramente creyó que Dios le había dado la autoridad y el poder para dirigir a su país y que cuando esa autoridad y poder le fueron quitados también lo aceptó como un hecho de Dios.
Al revisar su vida, sus luchas durante su carrera militar, su súbita ascención al poder, la tormenta de controversias en torno a su breve término presidencial y su inesperado derrocamiento, encontramos que hay mucho más respecto a Rios Montt que lo que la prensa o cualquiera de sus críticos estuvieron anuentes a reconocerle. En verdad una imagen dramática y diferente surge en contraste con la que la prensa creó dentro de las mentes de mucha gente.
¿Cual es entonces la verdad respecto a RiosMontt? ¿Quién es este hombre? ¿Quién le dió la seguridad de creer que Dios le dió y le quitó el poder para gobernar a Guatemala? ¿Y cuál es la verdad respecto a su breve pero controvetiido mandato?
Nuestra historia principia en el año de 1933, en la ciudad de Huehuetenango, en la República de Guatemala.
CAPITULO II
El Pequeño Soldadito
¡Un, dos, mar. Un, dos, mar. Alto!" La mano del pequeño Efraín empujó el portón de hierro que se entreabrió suavemente y con todo cuidado, para no golpear su rifle de madera que cargaba firmemente sobre su hombro, se deslizó por la abertura.
Siguió marchando hacia dentro y el eco desu voz resonaba entre las flores del patio desu casa: " ¡Un, dos, mar. Un, dos, mar. Alto!"
Había llegado frente a la puerta de entrada.
"Efraín", llamó la voz de su mamá "¿dónde has estado? Entra y prepárate para cenar".
"Sí mamá", dijo obedientemente, cerrandola puerta tras de sí y marchando hacia la pila para lavarse las manos.
En la cocina hervían ollas de arroz y frijoles negros, que dejaban escapar su delicioso aroma. También se sentía el sabroso olor de las tortillas de maíz cocinándose en el comal. Al otro lado de la habitación estaba Zylda, su hermana de un año mayor, poniendo la mesa para comer. Más allá, de otro cuarto, llegaban las voces de sus otros hermanos.
"¿Estabas otra vez jugando a los soldados?", le preguntó la anciana de pelo blanco que estaba junto a la pila cuando llegó a lavarse. Era su abuelita, la de la dulce sonrisa, que secándose las manos en el delantal, cariñosamente le sobó la cabeza.
"¿Está mi papá en casa?", preguntó el pequeño Efraín.
"No, pero vendrá pronto", le contestó su mamá desde el otro cuarto. "Probablemente esté cerrando la tienda".
Afuera se ponía el sol, derramando su suave luz dorada sobre Huehuetenango. Era la hora que la familia se reunía para cenar. Efraín Ríos Montt tenía sólo 7 años.
Había nacido en Huehuetenango en 1926; fue el tercero de doce hijos y soñó con ser militar desde el día en que vió a los soldados desfilar en su ciudad natal. "Un día seré soldado", -se dijo a sí mismo- "tendré un uniforme, un rifle y mi familia se sentirá orgullosa de mí".
El dominio de los militares en Guatemala se remonta hasta el año de 1524, cuando el conquistador español, don Pedro de Alvarado, llegó de México. En nombre de España y de la Iglesia —pero especialmente por el oro y la fama— Alvarado conquistó y gobernó a Centro América hasta su muerte en 1540. Los mayas, que poblaban el Istmo desde México hasta Pamá, no poseían armas que se pudiesen equiarar con las espadas de los conquistadores. los que se resistían, les daban muerte, sus poblados incendiados y los sobrevivientes eslavos del Imperio. Sentenciados a una seridumbre perpetua y a una categoría civil de tercera clase, aquella raza, que fuera tan digna orgullosa, se convirtió en sirvienta de una colonia del Nuevo Mundo.
Gradualmente, a lo largo de los tres siglos siguientes, el reino de Guatemala, que abarcaba a toda la región de la América Central, fue aflojando sus ataduras de España, hasta que en 1821 declaró su Independencia. Inmediaimente se hicieron esfuerzos por mantener unida a toda la región formando la Federación de las Provincias Unidas de Centro América, que se estableció en 1823, pero que solamente duró 15 años. Poco antes de su disolución, don Juan Barrundia, el Primer Jefe de Estado de la Provincia de Guatemala, fue depuesto por medio de un golpe militar. Esto sentó un triste precedente en el panorama político de la América Central, que ha venido repitiendo desde entonces.
Después del colapso de la Unión de Centro América, Guatemala fue gobernada por una serie de dictadores de mano de hierro. En 1898, el Dr. Manuel Estrada Cabrera, un astuto abogado de Quetzaltenango, ascendió al poder y gobernó durante 22 años. En todo ese tiempo siempre fue declarado triunfante en las elecciones, sin importar el resultado verdadero de las mismas, declarándose como fiesta nacional la fecha de su toma de posesión. La corrupcióny la violencia política prevalecieron hasta 1920, cuando miembros de la oposición pertenecientes al Partido Unionista lo declararon demente y el Congreso lo separó de su cargo.
El sucesor de Estrada Cabrera gobernó solamente un año y fue depuesto por una revuelta; luego siguieron diez años tumultuosos, en los que Guatemala tuvo seis presidentes. Final-mente en 1931, ascendió al poder como Presidente el General Jorge Ubico, dictador de mano férrea que gobernó a Guatemala durante catorce años.
Así andaban las cosas cuando nació Efraín Ríos Montt. Su joven imaginación, desconocedora de la inestable historia política de su país, fue cautivada por los soldados uniformados en Huehuetenango. "Sí, seré soldado", se juró a sí mismo. Su decisión estaba hecha.
A la muerte de su hermano mayor, Efraín se convirtió en la cabeza de sus hermanos y pronto estableció entre ellos un régimen de autoridad. Una vez, después que su hermano Antonio le había pegado al hermanito menor, Efraín agarró a Antonio y le aplicó de su propia medicina. Furioso, Antonio tomó la guitarra de Efraín y le arrancó dos cuerdas, sosteniéndolas desafiantes sobre su cabeza.
"Antonio", le dijo Efraín con voz calmada pero autoritaria, "dámelas". Antonio obedeció inmediatamente.
Mucha de la firmeza de carácter de Efraín se debía probablemente a su madre, una mujer estricta y disciplinada, que nunca vaciló en corregir a sus hijos con fuertes reprimendas o nalgadas. Por otro lado, su padre era un hombre suave e inclinado a la compasión, que generalmente los compensaba de lo estricto de su mamá.
Efraín y sus hermanos jugaban un día a la orilla del río, cuando de repente empezó a llover torrencialmente. Empapados, corrieron a su casa. "Hoy nos pegan", dijo uno de los hermanos menores cuando se acercaban al portón.
"Vengan", dijo Efraín, "saltemos por la pared de atrás y nadie nos verá. Mamá no tiene que saberlo". Pero ella lo supo, y cada quien recibió su dosis de nalgadas y se les mandó a la cama.
Esa noche, cuando su mamá no los veía, su papá fué a consolarlos a la cama, los besó y les regaló a cada uno un centavo para dulces.
Todos los hermanos Ríos Montt supieron siempre que mamá era la ley y papá la ternura.
Además de la disciplina de su mamá y la dulzura de su papá, hubo otra persona que influyó mucho en la vida del joven Efraín y ella fue su abuelita, doña Juana Castillo de Ríos. Ella era evangélica o protestante. Es más, su hermano había fundado la Iglesia de la Misión Centroamericana en Huehuetenango, llegando a ser en la época de la niñez de Efraín el más grande y creciente grupo protestante en Guatemala.
. La mamá de Efraín, sin embargo, era católico-romana, la religión del 90 o/o de los guatemaltecos en 1930. Los católicos de entonces veían a los pequeños grupos de evangélicos con desdén, mientras que los evangélicos a su vez, con frecuencia, mostraban abiertamente su anti-catolicismo.
Pero en la casa de los Ríos Montt cada quien había aprendido a respetar las creencias religiosas del otro y a vivir en paz. La abuelita era el único miembro de la familia que podría haber sido descrita como fanática de su religión.
Conforme doña Juana entraba en años empezó a sufrir de una parálisis, que le produjo grandes llagas en uno de sus pies, que exigían curaciones diarias. Para el joven Efraín el sufrimiento de su abuelita le resultaba muy doloroso y su tratamiento aún más. Sin embargo, observó que doña Juana siempre estaba sonriente y positiva respecto a su vida, lo cual le produjo una profunda e imperecedera impresión.
Llegó el momento en que doña Juana ya no pudo caminar sola y entonces le pedía a Efraín que la llevara a la Iglesia, regalándole un centavo después de cada servicio. También le daba medio centavo cada vez que le leía la Biblia. Efraín empezó a gustar de los servicios religiosos y de las lecturas bíblicas, al punto que ya no quiso recibir los centavos de la abuelita. De todos sus hermanos, él fué el más interesado en el amor que doña Juana sentía por Jesús.
Una vez le preguntó "Abuelita, ¿qué significa ese evangelio del que usted habla?".
Doña Juana lo observó por un momento, luego lo atrajo hacia ella y con cariño le dijo: "Significa amor. Debido a que Dios me ama y me perdona, yo quiero amarle a El y servirle a El. Y también quiero servirte a tí".
"Pero, ¿qué le va a pasar cuándo se muera?", le preguntó Efraín, dándose cuenta cuan débil estaba y lo mucho que la echaría de menos.
"¡Ah,
yo me iré al cielo y oraré por tí". Abrazándolo, empezó a cantar en voz
baja: "Del abismo El me sacó, librándome del mal..." Esta era una
canción familiar para Efraín; su abuelita la cantaba siempre a todos sus
nietos cunado se sentaban a su alrededor en la sala familiar
Efraín la quería mucho. Y se sintió atraído hacia ese Dios que ella parecía conocer tan bien.
Un día, uno de los tíos de Efraín los llevó a él y a sus hermanos a una reunión evangélica de un grupo que había llegado a Huehuetenango. Como siempre, Efraín gozaba con los cantos de alabanza. Muchas de estas mismas canciones las había oído a su abuelita y las otras en la Iglesia.
Durante la prédica estuvo muy atento y al final, cuando el Pastor invitó a venir al frente a todos aquellos que deseasen entregar públicamente su vida a Jesús, entre el pequeño grupo que pasó iba el joven Efraín.
Esa noche, al regresar a su casa, lleno de júbilo les anunció orgullosamente "Acabo de recibir a Jesús como mi Señor y Salvador".
"¿Qué ha hecho este Efraín?", le preguntó su intrigada mamá a Antonio, que también había ido a la reunión.
Antonio se encogió de hombros y le dijo "Aceptó a Jesús".
La noticia de la decisión de Efraín no provocó mucho interés en la familia, pero su abuelita, por supuesto, estaba feliz. En cuanto a Efraín, para quien las palabras "católico" y "protestante" no significaban nada, simplemente se sentía feliz de poder llamar a Jesús "mi Señor y Salvador", así como lo hacía su abuelita.
Doña Juana empeoró y ya no pudo ir más a la Iglesia. Efraín tampoco. Finalmente doña Juana murió. No obstante el conocimiento de la presencia de Dios en su vida permaneció con Efraín para siempre.
Cuando tenía trece años de edad, todos los hermanos fueron a pasar vacaciones a su finca en San Rafael Petzal. Generalmente las vacaciones caían en la temporada más calurosa y las familias que podían las pasaban en sus fincas. Los Ríos Montt se iban a la finca de su familia.
A cada quien se le asignaban tareas y a Efraín le tocaba manejar la molienda. En la finca se cultivaba caña de azúcar, la que se depositaba en un gran molino movido por bueyes, que la iba triturando hasta convertirla en azúcar morena. Una yunta de bueyes lentamente daba vueltas alrededor, moviendo la gran rueda que, a su vez, movía el molino.
Un día, deseando acelerar a los bueyes, Efraín tomó un palo y empezó a azuzar a los animales con él. Un buey, acostumbrado a la velocidad más lenta, reaccionó violentamente y le lanzó una fuerte patada. En el preciso instante en que el casco tocaría su cara, Efraín sintió una mano en su hombro que lo apartó, cayendo al suelo. Con el corazón latiéndole fuertemente, se levantó y buscó a quien le había salvado, pero no había nadie. Instintivamente supo que era Dios y le dijo "Gracias Dios mío, gracias por salvarme la vida".
Cuando regresaron a Huehuetenango, supieron la mala noticia que la tienda de su papá, "La Comodidad", estaba en quiebra y que su papá tendría ahora que trabajar como dependiente a las órdenes de los nuevos dueños. Este cambio trajo nuevas presiones sobre la familia Ríos Montt. Aumentó la necesidad de Efraín de tomar alguna decisión crucial respecto a su futuro, pues pronto terminaría el sexto año de la escuela primaria, el más altogrado que le era accesible en Huehuetenango y, por lo tanto, tendría que trabajar o continuar estudiando en otra parte.
Sin embargo, en la mente de Efraín había otra decisión tomada desde hacía mucho tiempo: él quería ser militar, y sus planes incluían entrar a la Escuela Politécnica de la ciudad de Guatemala. En ese entonces, la Politécnica ofrecía cursos de equiparación para los estudiantes de nivel primario que deseaban seguir la carrera militar y Efraín podría participar en el programa del año siguiente. Pensó, pues, dejar Huehuetenango, inscribirse en la Politécnica e iniciar su carrera militar.
Poco tiempo antes de trasladarse a la ciudad de Guatemala, la familia fue informada que Mario, uno de los hermanos más jóvenes, había sido aceptado para estudiar en un seminario Católico Romano, pero que había que cumplir con un requisito previo importante: que sus papás se casasen por la Iglesia Católica, pues nunca lo habían hecho. La noticia de que uno de sus miembros sería sacerdote emocionó a toda la familia y pronto se celebró el matrimonio católico de los papás. Desde ese momento en adelante, toda la familia Ríos Montt, incluyendo a Efraín, se convirtieron en devotos y fieles miembros de la Iglesia Católica.
Llegó al fin el día en que Efraín tuvo que irse a la capital de Guatemala. El largo viaje desde Huehuetenango hasta la ciudad lo hizo en autobús y pronto se presentó a sus exámenes en la Escuela Politécnica. La Escuela quedaba en el centro de la ciudad y su apariencia era la de un castillo medieval, con altos torreones grises en cada esquina y a los lados de la entrada principal. Cuando Efraín cruzó la puerta de hierro y entró al patio de la Politécnica casi no podía contener su emoción.
Como siempre había sido un estudiante bueno y disciplinado, estaba seguro de aprobar los exámenes. Todo fue bien con las pruebas escritas. Luego entró a los exámenes físicos incluyendo un examen de la vista, mientras leía cartelones distantes con letras pequeñas; soñaba con que pronto estaría vistiendo su uniforme militar.
Pero los resultados no fueron los por él esperados. Un médico, gentilmente, le informó que tenía astigmatismo y que no podría ser aceptado en la Politécnica.
Anonadado, desalentado y conteniendo las lágrimas, el joven Efraín cruzó la puerta de salida de la Escuela. ¡Había querido tanto ser militar, estudiar en la Politécnica y llegar a ser oficial! ¡Pero ahora sus sueños se desvanecían!
A pesar de todo, tal como sucedería muchas otras veces a lo largo de la vida de Efraín Ríos Montt, él decidió transformar su fracaso en éxito, y unas pocas semanas después se decidió a entrar al Ejército de Guatemala como simple soldado raso. Así se probaría el a sí mismo.
Al terminar el curso básico de entrenamiento, el soldado Ríos Montt fue asignado al Fuerte de Matamoros, en la ciudad de Guatemala, donde pronto ascendió al grado de Sargento Primero de Infantería. El cuartel no era la Escuela Politécnica, pero cuando menos vestía el uniforme militar y se sentía muy orgulloso de ello.
Efraín la quería mucho. Y se sintió atraído hacia ese Dios que ella parecía conocer tan bien.
Un día, uno de los tíos de Efraín los llevó a él y a sus hermanos a una reunión evangélica de un grupo que había llegado a Huehuetenango. Como siempre, Efraín gozaba con los cantos de alabanza. Muchas de estas mismas canciones las había oído a su abuelita y las otras en la Iglesia.
Durante la prédica estuvo muy atento y al final, cuando el Pastor invitó a venir al frente a todos aquellos que deseasen entregar públicamente su vida a Jesús, entre el pequeño grupo que pasó iba el joven Efraín.
Esa noche, al regresar a su casa, lleno de júbilo les anunció orgullosamente "Acabo de recibir a Jesús como mi Señor y Salvador".
"¿Qué ha hecho este Efraín?", le preguntó su intrigada mamá a Antonio, que también había ido a la reunión.
Antonio se encogió de hombros y le dijo "Aceptó a Jesús".
La noticia de la decisión de Efraín no provocó mucho interés en la familia, pero su abuelita, por supuesto, estaba feliz. En cuanto a Efraín, para quien las palabras "católico" y "protestante" no significaban nada, simplemente se sentía feliz de poder llamar a Jesús "mi Señor y Salvador", así como lo hacía su abuelita.
Doña Juana empeoró y ya no pudo ir más a la Iglesia. Efraín tampoco. Finalmente doña Juana murió. No obstante el conocimiento de la presencia de Dios en su vida permaneció con Efraín para siempre.
Cuando tenía trece años de edad, todos los hermanos fueron a pasar vacaciones a su finca en San Rafael Petzal. Generalmente las vacaciones caían en la temporada más calurosa y las familias que podían las pasaban en sus fincas. Los Ríos Montt se iban a la finca de su familia.
A cada quien se le asignaban tareas y a Efraín le tocaba manejar la molienda. En la finca se cultivaba caña de azúcar, la que se depositaba en un gran molino movido por bueyes, que la iba triturando hasta convertirla en azúcar morena. Una yunta de bueyes lentamente daba vueltas alrededor, moviendo la gran rueda que, a su vez, movía el molino.
Un día, deseando acelerar a los bueyes, Efraín tomó un palo y empezó a azuzar a los animales con él. Un buey, acostumbrado a la velocidad más lenta, reaccionó violentamente y le lanzó una fuerte patada. En el preciso instante en que el casco tocaría su cara, Efraín sintió una mano en su hombro que lo apartó, cayendo al suelo. Con el corazón latiéndole fuertemente, se levantó y buscó a quien le había salvado, pero no había nadie. Instintivamente supo que era Dios y le dijo "Gracias Dios mío, gracias por salvarme la vida".
Cuando regresaron a Huehuetenango, supieron la mala noticia que la tienda de su papá, "La Comodidad", estaba en quiebra y que su papá tendría ahora que trabajar como dependiente a las órdenes de los nuevos dueños. Este cambio trajo nuevas presiones sobre la familia Ríos Montt. Aumentó la necesidad de Efraín de tomar alguna decisión crucial respecto a su futuro, pues pronto terminaría el sexto año de la escuela primaria, el más altogrado que le era accesible en Huehuetenango y, por lo tanto, tendría que trabajar o continuar estudiando en otra parte.
Sin embargo, en la mente de Efraín había otra decisión tomada desde hacía mucho tiempo: él quería ser militar, y sus planes incluían entrar a la Escuela Politécnica de la ciudad de Guatemala. En ese entonces, la Politécnica ofrecía cursos de equiparación para los estudiantes de nivel primario que deseaban seguir la carrera militar y Efraín podría participar en el programa del año siguiente. Pensó, pues, dejar Huehuetenango, inscribirse en la Politécnica e iniciar su carrera militar.
Poco tiempo antes de trasladarse a la ciudad de Guatemala, la familia fue informada que Mario, uno de los hermanos más jóvenes, había sido aceptado para estudiar en un seminario Católico Romano, pero que había que cumplir con un requisito previo importante: que sus papás se casasen por la Iglesia Católica, pues nunca lo habían hecho. La noticia de que uno de sus miembros sería sacerdote emocionó a toda la familia y pronto se celebró el matrimonio católico de los papás. Desde ese momento en adelante, toda la familia Ríos Montt, incluyendo a Efraín, se convirtieron en devotos y fieles miembros de la Iglesia Católica.
Llegó al fin el día en que Efraín tuvo que irse a la capital de Guatemala. El largo viaje desde Huehuetenango hasta la ciudad lo hizo en autobús y pronto se presentó a sus exámenes en la Escuela Politécnica. La Escuela quedaba en el centro de la ciudad y su apariencia era la de un castillo medieval, con altos torreones grises en cada esquina y a los lados de la entrada principal. Cuando Efraín cruzó la puerta de hierro y entró al patio de la Politécnica casi no podía contener su emoción.
Como siempre había sido un estudiante bueno y disciplinado, estaba seguro de aprobar los exámenes. Todo fue bien con las pruebas escritas. Luego entró a los exámenes físicos incluyendo un examen de la vista, mientras leía cartelones distantes con letras pequeñas; soñaba con que pronto estaría vistiendo su uniforme militar.
Pero los resultados no fueron los por él esperados. Un médico, gentilmente, le informó que tenía astigmatismo y que no podría ser aceptado en la Politécnica.
Anonadado, desalentado y conteniendo las lágrimas, el joven Efraín cruzó la puerta de salida de la Escuela. ¡Había querido tanto ser militar, estudiar en la Politécnica y llegar a ser oficial! ¡Pero ahora sus sueños se desvanecían!
A pesar de todo, tal como sucedería muchas otras veces a lo largo de la vida de Efraín Ríos Montt, él decidió transformar su fracaso en éxito, y unas pocas semanas después se decidió a entrar al Ejército de Guatemala como simple soldado raso. Así se probaría el a sí mismo.
Al terminar el curso básico de entrenamiento, el soldado Ríos Montt fue asignado al Fuerte de Matamoros, en la ciudad de Guatemala, donde pronto ascendió al grado de Sargento Primero de Infantería. El cuartel no era la Escuela Politécnica, pero cuando menos vestía el uniforme militar y se sentía muy orgulloso de ello.
CAPITULO III
Su Carrera Militar
"Sargento Ríos", dijo el comandante, "acabo de recibir una carga sobre usted. Parece que alguien lo quiere sacar del Ejército".
El sargento Primero de Infantería, Efraín Ríos Montt, se puso nervioso al oír esto.
"Su hermana Zylda está preocupada por usted", dijo el comandante sonriendo y enseñándole un sobre que tenía en la mano. "Acaba de escribirme".
"Sé que a ella nunca le gustó la idea que yo fuera militar, "dijo Efraín, con un suspiro de alivio.
Hacía apenas unos días que el Ejército de Guatemala había participado en una lucha
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sangrienta conocida como la Revolución de Octubre de 1944. Preocupada por las noticias, Zylda había escrito al comandante de Efraín solicitándole que le dieran de baja, pero la decisión estaba hecha y el se quedó.
Sin embargo, la Revolución de 1944 demostró que esta decisión conllevaba riesgos. Los sucesos que motivaron la contienda realmente tipificaban el torbellino político y militar que vivía Guatemala entonces.
Después de los turbulentos años de la década de 1920, el General Jorge Ubico llegó al poder convirtiéndose en un dictador que gobernó durante catorce años, desde 1931. Una enmienda constitucional, inspirada por el propio Ubico, había permitido prolongar legalmente su período hasta 1949, pero el creciente descontento por su régimen de mano de hierro lo obligó a renunciar en Junio de 1944.
El sucesor de Ubico fue el General Federico Ponce Vaides quien, a pesar de la oposición demostrada por la forma dictatorial de gobierno de su antecesor, hizo muy poco por permitir una apertura democrática. Obstinadamente rehusó convocar a elecciones y para demostrar su poder ordenó al Ejército disolver el Congreso de la República.
Hasta entonces la fuerza militar había sido en Guatemala el "modus operandi" tanto para ganar como para mantener el poder político y, para mantenerse acorde a esta tradición se fraguó el 19 de octubre de 1944 un golpe para derrocar a Ponce Vaides. En la madrugada del 20 de Octubre de 1944, dos militares en servicio activo, el Mayor Francisco Javier Arana y el Capitan Jacobo Arbenz Guzmán, dirigieron sus soldados en la revuelta, unidos a estudiantes y obreros. Cuando el fuego cesó, cientos de soldados habían muerto.
Victoriosos, los tres líderes de la Revolución, que fueron los dos militares anteriormente mencionados y el civil Jorge Torriello Garrido, formaron una junta de Gobierno o Triunvirato y convocaron a elecciones. Después de muchos años Guatemala vivió una campaña electoral libre, de la que salió electo Presidente de la República, con el 85 o/o del voto popular, el doctor Juan José Arévalo Bermejo, un maestro y filósofo que acababa de regresar a su patria después de años de exilio en la Argentina, y quien tomó posesión el 15 de marzo de 1945
"Sargento Ríos", dijo el comandante, "acabo de recibir una carga sobre usted. Parece que alguien lo quiere sacar del Ejército".
El sargento Primero de Infantería, Efraín Ríos Montt, se puso nervioso al oír esto.
"Su hermana Zylda está preocupada por usted", dijo el comandante sonriendo y enseñándole un sobre que tenía en la mano. "Acaba de escribirme".
"Sé que a ella nunca le gustó la idea que yo fuera militar, "dijo Efraín, con un suspiro de alivio.
Hacía apenas unos días que el Ejército de Guatemala había participado en una lucha
38
sangrienta conocida como la Revolución de Octubre de 1944. Preocupada por las noticias, Zylda había escrito al comandante de Efraín solicitándole que le dieran de baja, pero la decisión estaba hecha y el se quedó.
Sin embargo, la Revolución de 1944 demostró que esta decisión conllevaba riesgos. Los sucesos que motivaron la contienda realmente tipificaban el torbellino político y militar que vivía Guatemala entonces.
Después de los turbulentos años de la década de 1920, el General Jorge Ubico llegó al poder convirtiéndose en un dictador que gobernó durante catorce años, desde 1931. Una enmienda constitucional, inspirada por el propio Ubico, había permitido prolongar legalmente su período hasta 1949, pero el creciente descontento por su régimen de mano de hierro lo obligó a renunciar en Junio de 1944.
El sucesor de Ubico fue el General Federico Ponce Vaides quien, a pesar de la oposición demostrada por la forma dictatorial de gobierno de su antecesor, hizo muy poco por permitir una apertura democrática. Obstinadamente rehusó convocar a elecciones y para demostrar su poder ordenó al Ejército disolver el Congreso de la República.
Hasta entonces la fuerza militar había sido en Guatemala el "modus operandi" tanto para ganar como para mantener el poder político y, para mantenerse acorde a esta tradición se fraguó el 19 de octubre de 1944 un golpe para derrocar a Ponce Vaides. En la madrugada del 20 de Octubre de 1944, dos militares en servicio activo, el Mayor Francisco Javier Arana y el Capitan Jacobo Arbenz Guzmán, dirigieron sus soldados en la revuelta, unidos a estudiantes y obreros. Cuando el fuego cesó, cientos de soldados habían muerto.
Victoriosos, los tres líderes de la Revolución, que fueron los dos militares anteriormente mencionados y el civil Jorge Torriello Garrido, formaron una junta de Gobierno o Triunvirato y convocaron a elecciones. Después de muchos años Guatemala vivió una campaña electoral libre, de la que salió electo Presidente de la República, con el 85 o/o del voto popular, el doctor Juan José Arévalo Bermejo, un maestro y filósofo que acababa de regresar a su patria después de años de exilio en la Argentina, y quien tomó posesión el 15 de marzo de 1945
Para Ríos Montt, la Revolución de 1944
creó nuevas oportunidades. Después de la elección de Arévalo, salieron
al exilio muchos militares, especiamente Generales, dejando un vacío que inspiró a Ríos Montt a reiterar su meta de niño: " ¡Yo llegaré a General!"
En 1945 Ríos Montt fue ascendido a Sargento Mayor y transferido a la Guardia de Honor, una base Militar estratégica en la Ciudad de Guatemala. Al poco tiempo de su llegada, el Comandante de la base le informó que por sus servicios distinguidos se le otorgaba una beca de adiestramiento especial en la base militar de Estados Unidos, en la Zona del Canal de Panamá.
"¿Es este entrenamiento para ascender a Oficial?" preguntó.
"No, es para estudiar técnicas de artillería", le respondió su Comandante.
Decepcionado, declinó la beca, y en su lugar decidió volver a probar si podía entrar a la Escuela Politécnica. A las pocas semanas se encontró pasando otra vez aquellos mismos exámenes de admisión, sólo que ahora con más años y experiencia.
Previamente se había cuidado de aprender de memoria los cuadros con letritas que usaban para los exámenes de la vista y, aunque todavía sufría de astigmatismo, pasó el exámen fácilmente. El 6 de Abril de 1946 Efraín Ríos Montt entró a la escuela Politécnica en calidad de Caballero Cadete, con el número 963
Después de tres años en el Ejército viviendo la vida de soldado, el estricto programa de la Politécnica no le resultaba extraño. Se levantaban a las 4 a.m., corrían durante una hora; a las 5 a.m. se bañaban, estudiaban de 5:30 a.m. hasta la hora del desayuno; luego a clases hasta el medio día y, después de almuerzo, seguían cuatro horas de duro entrenamiento, que incluían prácticas de tiro, equitación y gimnasia. Después de la cena, otro período de estudio hasta las nueve de la noche, en que se iban a la cama. Este duro programa lo cumplían estrictamente Ríos Montt y sus 127 compañeros durante los siete días de la semana. La disciplina y dedicación excepcionales de Ríos Montt pronto dieron su fruto, pues fue ascendido primero a Cabo y después a Sargento de Caballeros Cadetes, con promisorias perspectivas para el futuro. El sabíaque sólo los mejores estudiantes de la Politécnica podían llegar al rango de General y por ello se decidió a ser de los mejores.
Para finales de su tercer año en la Escuela Politécnica, con base a su conducta, aplicación,disciplina y aprovechamiento, Ríos Montt fue seleccionado como Sargento Encargado de la Compañía de Caballeros Cadetes, el más alto rango a que podía aspirar un alumno. Su carrera militar iba por el camino indicado.
Debido a que todos sus esfuerzos los tenía puestos en avanzar en su carrera, la vida social le era casi un asunto sin importancia, aunque algunas veces se divertía en sus esporádicas salidas. En una de estas ocasiones, al final de su primer año y con ocasión de asistir al baile de gala por la graduación de una promoción de la Escuela, se encontró con una simpática jovencita de apenas 17 años, de nombre María Teresa Sosa Avila a quien, aunque ella no lo recordaba, él había conocido cuatro años antes.
Cuando María Teresa tenía 13 años, llegó un día a su casa un jóven soldado con una encomienda. "Traigo unas cartas para su mamá",le dijo cuando ella abrió la puerta. Resulta que el hermano de María Teresa, que era Teniente en el Ejército, había mandado a Efraín, en ese tiempo soldado bajo sus órdenes, a dejar esas cartas a su madre.
Después que se hubo ido, y sin imaginar nunca lo que ella sería en su vida, María Teresa le dijo a su mamá: "Ese muchacho chapudito no es indígena, es ladino".
Puesto que la mayoría de los soldados eran indígenas, para María Teresa fue una sorpresa encontrarse con un soldado ladino a su puerta.
Y ahora, este mismo soldado, sólo que vistiendo el elegante uniforme de Cadete, la observabadesde el otro lado de la pista de baile. Un compañero quería conocerla y Efraín se ofreció a presentarlos. Acercándose a María Teresa, le pidió que bailaran y luego la presentó a su amigo; sin embargo, pronto estaban nuevamente bailando juntos. El le recordó la primera vez que se habían visto y María Teresa se sonrió y le contó lo que ella le había dicho a su mamá; ambos rieron alegremente de sus recuerdos. Durante los tres años siguientes se vieron con bastante frecuencia.
En 1945 Ríos Montt fue ascendido a Sargento Mayor y transferido a la Guardia de Honor, una base Militar estratégica en la Ciudad de Guatemala. Al poco tiempo de su llegada, el Comandante de la base le informó que por sus servicios distinguidos se le otorgaba una beca de adiestramiento especial en la base militar de Estados Unidos, en la Zona del Canal de Panamá.
"¿Es este entrenamiento para ascender a Oficial?" preguntó.
"No, es para estudiar técnicas de artillería", le respondió su Comandante.
Decepcionado, declinó la beca, y en su lugar decidió volver a probar si podía entrar a la Escuela Politécnica. A las pocas semanas se encontró pasando otra vez aquellos mismos exámenes de admisión, sólo que ahora con más años y experiencia.
Previamente se había cuidado de aprender de memoria los cuadros con letritas que usaban para los exámenes de la vista y, aunque todavía sufría de astigmatismo, pasó el exámen fácilmente. El 6 de Abril de 1946 Efraín Ríos Montt entró a la escuela Politécnica en calidad de Caballero Cadete, con el número 963
Después de tres años en el Ejército viviendo la vida de soldado, el estricto programa de la Politécnica no le resultaba extraño. Se levantaban a las 4 a.m., corrían durante una hora; a las 5 a.m. se bañaban, estudiaban de 5:30 a.m. hasta la hora del desayuno; luego a clases hasta el medio día y, después de almuerzo, seguían cuatro horas de duro entrenamiento, que incluían prácticas de tiro, equitación y gimnasia. Después de la cena, otro período de estudio hasta las nueve de la noche, en que se iban a la cama. Este duro programa lo cumplían estrictamente Ríos Montt y sus 127 compañeros durante los siete días de la semana. La disciplina y dedicación excepcionales de Ríos Montt pronto dieron su fruto, pues fue ascendido primero a Cabo y después a Sargento de Caballeros Cadetes, con promisorias perspectivas para el futuro. El sabíaque sólo los mejores estudiantes de la Politécnica podían llegar al rango de General y por ello se decidió a ser de los mejores.
Para finales de su tercer año en la Escuela Politécnica, con base a su conducta, aplicación,disciplina y aprovechamiento, Ríos Montt fue seleccionado como Sargento Encargado de la Compañía de Caballeros Cadetes, el más alto rango a que podía aspirar un alumno. Su carrera militar iba por el camino indicado.
Debido a que todos sus esfuerzos los tenía puestos en avanzar en su carrera, la vida social le era casi un asunto sin importancia, aunque algunas veces se divertía en sus esporádicas salidas. En una de estas ocasiones, al final de su primer año y con ocasión de asistir al baile de gala por la graduación de una promoción de la Escuela, se encontró con una simpática jovencita de apenas 17 años, de nombre María Teresa Sosa Avila a quien, aunque ella no lo recordaba, él había conocido cuatro años antes.
Cuando María Teresa tenía 13 años, llegó un día a su casa un jóven soldado con una encomienda. "Traigo unas cartas para su mamá",le dijo cuando ella abrió la puerta. Resulta que el hermano de María Teresa, que era Teniente en el Ejército, había mandado a Efraín, en ese tiempo soldado bajo sus órdenes, a dejar esas cartas a su madre.
Después que se hubo ido, y sin imaginar nunca lo que ella sería en su vida, María Teresa le dijo a su mamá: "Ese muchacho chapudito no es indígena, es ladino".
Puesto que la mayoría de los soldados eran indígenas, para María Teresa fue una sorpresa encontrarse con un soldado ladino a su puerta.
Y ahora, este mismo soldado, sólo que vistiendo el elegante uniforme de Cadete, la observabadesde el otro lado de la pista de baile. Un compañero quería conocerla y Efraín se ofreció a presentarlos. Acercándose a María Teresa, le pidió que bailaran y luego la presentó a su amigo; sin embargo, pronto estaban nuevamente bailando juntos. El le recordó la primera vez que se habían visto y María Teresa se sonrió y le contó lo que ella le había dicho a su mamá; ambos rieron alegremente de sus recuerdos. Durante los tres años siguientes se vieron con bastante frecuencia.
osé Efraín Ríos Montt-Imagen de libro Efraín Rios Montt SIERVO O DICTADOR?
Desde el principio sus relaciones fueron muy formales. A donde quiera que fuesen, siempre llevaban acompañante, generalmente uno de los hermanos de María Teresa y durante todos sus años de noviazgo nunca salieron solos.
En las temporadas que estuvieron separados, que fueron frecuentes, se escribían largas y cariñosas cartas; sin embargo, cada una de las cartas de Efraín tenía que ser leída primero por la mamá de María Teresa e igualmente cada una de las cartas de María Teresa pasaba por la censura previa de su mamá. Una vez en que una de sus cartas terminaba con un apasionado "Sólo tuya", su mamá le dijo inmediatamente "No, eso tienes que quitarlo"
En las temporadas que estuvieron separados, que fueron frecuentes, se escribían largas y cariñosas cartas; sin embargo, cada una de las cartas de Efraín tenía que ser leída primero por la mamá de María Teresa e igualmente cada una de las cartas de María Teresa pasaba por la censura previa de su mamá. Una vez en que una de sus cartas terminaba con un apasionado "Sólo tuya", su mamá le dijo inmediatamente "No, eso tienes que quitarlo"
.Mientras
tanto, el clima político de Guatemala se iba poniendo nuevamente tenso.
En los años siguientes a la Revolución de 1944 y a la elección de
Arévalo, se llevaron a cabo muchas de las reformas prometidas; pero las críticas al Presidente Arévalo empezaban a intensificarse, pues su filosofía, denominada "Socialismo Espiritual", no gozaba de todo el apoyo de la opinión pública guatemalteca,
que estaba bastante dividida. Bajo Ubico no había habido libertad de
asociación y ahora existían muchísimos grupos que, mientras más trataba
Arévalo de unificar, más se dividían.
Para los que apoyaban la Revolución de 1944, las reformas de Arévalo se les antojaban muy lentas e inadecuadas.Por otro lado, los terratenientes resentían sus políticas reformistas.
Y los conservadores de la vieja línea, alarmados por el posible
surgimiento del comunismo en Guatemala, suspiraban por que apareciera
otro Ubico.
En vista del poco apoyo de que gozaba Arévalo, el Mayor Francisco Javier Arana, uno de los triunviros de la Revolución de 1944, se alineó con los conservadores lanzándose como candidato para la presidencia. El 18 de Julio de 1949 Arana fue asesinado en una emboscada. Arévalo y el Mayor Jacobo Arbenz fueron señalados como los responsables.
Cuando la noticia de la muerte de Arana llegó a los jóvenes oficiales de la Guardia de Honor, leales a él, éstos, se levantaron en una revuelta espontánea, abriendo fuego contra la base militar de "La Aurora", cuyo personal estaba a favor de Arévalo. Pronto la Politécnica abandonó sus instalaciones y se trasladó a la Base Militar. Un pedido de ayuda llegó de parte de la Aurora y le tocó a Efraín Ríos Montt, como Sargento encargado de la Compañía de Cadetes, conducir a sus compañeros a la defensa de los alrededores de la base. El cañoneo resonaba cuando llegaron.
Inmediatamente Efraín trató de hablar con el Comandante en Jefe, pero éste no apareció. "Tal vez estén en conferencia" pensó. Momentáneamente, tuvo que hacerse cargo de la situación.
Afortunadamente, este mal organizado motín cesó y Ríos Montt y sus compañeros reanudaron sus estudios normales en la Politécnica. Su aplomo y liderazgo durante el sitio de la Aurora hicieron que sus compañeros le respetasen aún más. Sus dones de líder empezaban a ser reconocidos.
Pero esta no era la única razón por la cual le respetaban sus compañeros. Como encargado de la Compañía de Cadetes, aprovechaba toda oportunidad posible para que sus actos fuesen ejemplares.
Una mañana, cuando los Cadetes entraron al comedor a desayunar, vieron con sorpresa que había un litro de leche en cada puesto. Generalmente a los Cadetes les servían leche sólo una vez por semana y se alegraron al saber que ahora sería diario.
44 ¡Hurra! tenemos más leche!" gritaban contentos algunos Cadetes más tarde en el dormitorio.
Cuando Efraín los oyó, les llamó la atención. "Es cierto, tenemos más leche", les dijo. "Es un privilegio, pero ustedes saben que cada privilegio conlleva también una mayor responsabilidad. Puesto que ustedes van a tener ahora más leche cada día, tendrán también que trabajar y estudiar más duro. Tendrán que rendir más que antes".
El trataba a sus hombres como sus padres lo habían tratado a él. Se ganaba su lealtad y obediencia preocupándose por su bienestar con verdadero interés y compasión, con la misma forma de cariño que había aprendido de su padre.
Para los que apoyaban la Revolución de 1944, las reformas de Arévalo se les antojaban muy lentas e inadecuadas.
En vista del poco apoyo de que gozaba Arévalo, el Mayor Francisco Javier Arana, uno de los triunviros de la Revolución de 1944, se alineó con los conservadores lanzándose como candidato para la presidencia. El 18 de Julio de 1949 Arana fue asesinado en una emboscada. Arévalo y el Mayor Jacobo Arbenz fueron señalados como los responsables.
Cuando la noticia de la muerte de Arana llegó a los jóvenes oficiales de la Guardia de Honor, leales a él, éstos, se levantaron en una revuelta espontánea, abriendo fuego contra la base militar de "La Aurora", cuyo personal estaba a favor de Arévalo. Pronto la Politécnica abandonó sus instalaciones y se trasladó a la Base Militar. Un pedido de ayuda llegó de parte de la Aurora y le tocó a Efraín Ríos Montt, como Sargento encargado de la Compañía de Cadetes, conducir a sus compañeros a la defensa de los alrededores de la base. El cañoneo resonaba cuando llegaron.
Inmediatamente Efraín trató de hablar con el Comandante en Jefe, pero éste no apareció. "Tal vez estén en conferencia" pensó. Momentáneamente, tuvo que hacerse cargo de la situación.
Afortunadamente, este mal organizado motín cesó y Ríos Montt y sus compañeros reanudaron sus estudios normales en la Politécnica. Su aplomo y liderazgo durante el sitio de la Aurora hicieron que sus compañeros le respetasen aún más. Sus dones de líder empezaban a ser reconocidos.
Pero esta no era la única razón por la cual le respetaban sus compañeros. Como encargado de la Compañía de Cadetes, aprovechaba toda oportunidad posible para que sus actos fuesen ejemplares.
Una mañana, cuando los Cadetes entraron al comedor a desayunar, vieron con sorpresa que había un litro de leche en cada puesto. Generalmente a los Cadetes les servían leche sólo una vez por semana y se alegraron al saber que ahora sería diario.
44 ¡Hurra! tenemos más leche!" gritaban contentos algunos Cadetes más tarde en el dormitorio.
Cuando Efraín los oyó, les llamó la atención. "Es cierto, tenemos más leche", les dijo. "Es un privilegio, pero ustedes saben que cada privilegio conlleva también una mayor responsabilidad. Puesto que ustedes van a tener ahora más leche cada día, tendrán también que trabajar y estudiar más duro. Tendrán que rendir más que antes".
El trataba a sus hombres como sus padres lo habían tratado a él. Se ganaba su lealtad y obediencia preocupándose por su bienestar con verdadero interés y compasión, con la misma forma de cariño que había aprendido de su padre.
46 Y para disciplinarlos les aplicaba la manera estricta, pero justa, de su madre. Esta mezcla de cualidades sería la típica en Ríos Montt a lo largo de su vida, especialmente en las posiciones prominentes que llegaría a alcanzar.
En 1960, casi a los diez años de haberse graduado, regresó a la Escuela Politécnica, pero esta vez en calidad de Instructor. Para entonces había alcanzado el grado de Capitán y su estilo de dirigir y enseñar estaba más desarrollado.
Durante los diez años anteriores había aprendido bastante respecto al "verdadero mundo". Después de su graduación en la Politécnica, se quedó en ella un breve tiempo como Instructor y luego pasó a ocupar otras posiciones administrativas en el Estado Mayor del Ejército, en el Ministerio de la Defensa y el Departamento de Finanzas del Ejército. Desde su oficina en el Palacio Nacional de Guatemala, observó cuidadosamente cómo se manejaba la cosa pública de su país.
Durante este período ocurrieron cambios significativos en Guatemala. En 1950, el año de su graduación, la crítica contra el Presidente Arévalo había llegado a su máximo. El hecho de rehusar Arévalo a que se investigara la muerte del Coronel Arana, acaecida en 1949 le originó mucha animadversión, al extremo de pedírsele la renuncia.
En Noviembre de ese año, un descontento Coronel de nombre Carlos Castillo Armas, que más tarde ascendería al poder por medio de un golpe de Estado, trató de tomar una base aérea por asalto, la cual le era fiel a Arévalo.
Arévalo terminó su período en 1951 cuando
47
Jacobo Arbenz Guzmán, uno de los líderes de la Revolución de 1944, ganó las elecciones presidenciales y ascendió al poder en el mes de Marzo, iniciando un período de seis años de un nuevo Gobierno revolucionario.
Si las ideas reformistas de Arévalo habían disgustado a los conservadores derechistas guatemaltecos, el gobierno de Arbenz los enfureció. Su ley de reforma agraria, su padronazgo del movimiento sindicalista y sus diatribas antinorteamericanistas, sacaron de quicio a las derechas, que lo acusaron de permitir la intromisión del comunismo en Guatemala. Para algunos analistas de la política el Presidente Arbenz era una persona reformista, progresista y de criterio amplio, cuyos oponentes provenían únicamente de la extrema derecha y de los intereses comerciales de los Estados Unidos en Guatemala. Sin embargo, las acciones de su gobierno reflejaron una definida tendencia hacia los objetivos comunistas.
Por ejemplo, después de la muerte de José Stalin en 1953, el Congreso de la República de Guatemala tributó honras póstumas al dictador soviético. Durante la guerra de Corea, se solidarizó con Corea del Norte. En 1953, durante la Décima Conferencia Interamericana celebrada en Caracas, Venezuela, Guatemala fue el único país que votó en contra de la resolución que condenaba el avance del comunismo internacional en el Hemisferio Occidental. En el año de 1954, el partido comunista de Guatemala había obtenido reconocimiento oficial y empezó a organizar células de funcionamiento a todos los niveles del gobierno.
Sin embargo hubo un hecho de Arbenz que obtuvo reconocimiento mundial: su régimen logró eliminar a los conservadores autoritarios que durante más de 25 años habían detentado el poder. En Junio de 1954, Arbenz fue derrocado por el Coronel Carlos Castillo Armas, que llegó desde el exilio dirigiendo lo que algunos describieron como un golpe patrocinado por la CIA. Más tarde, confirmado como Presidente, Castillo Armas giró un regreso nuevamente a la derecha y estableció nuevas reformas conservadoras.
Tristemente, y al igual que tantos otros de sus antecesores, el gobierno de Castillo Armas también terminó violentamente. El 27 de Julio de 1957 fué asesinado por uno de los guardias de la Casa Presidencial (que respondía a todo un plan organizado), que después se suicidó.
Las siguientes elecciones las ganó un viejo aliado de Ubico, el General Miguel Ydígoras Fuentes, que resurgió como cabeza de una coalición de derechas en contra del candidato oficial. El resultó el primer candidato de la oposición que en la historia de Guatemala llegara a ganar unas elecciones.
En Marzo de 1958 Ydígoras Fuentes tomó poseción y con él se inició otro tormentoso período presidencial. Primero le aflojó las riendas a los sindicatos e impuso el Impuesto sobre la Renta, lo que lo enemistó con las derechas. Después se alineó con los anticomunis-as, apoyó la política exterior de los Estados Unidos y rompió relaciones diplomáticas con Cuba, enfureciendo con esto a las izquierdas.
Pero todavía hubo más; fue bajo Ydígoras que una nueva dimensión de la inmoral "mordida" y corrupción entró al gobierno de Guatemala, una semilla que quedó sembrada y ha continuado creciendo desde entonces.
Durante todo este turbulento período, a Efraín Ríos Montt le afectaba poco el caos político de su país. Aunque bien familiarizado con las ideas políticas, además de ser un ávido lector y cuidadoso observador de los sucesos, para él su principal preocupación era la carrera militar. Más que otra cosa, él quería llegar a ser General, Jefe respetado de un Ejército disciplinado. Para él, todos los políticos eran politiqueros, cómplices y explotadores comprometidos sólo con sus intereses personales, responsables de la corrupción en el gobierno y el Ejército.
Dentro de este concepto, Ríos Montt procuraba mantenerse fuera de ese sucio mundo de los politiqueros. Cada puesto que ocupaba, especialmente aquellos en donde tenía a soldados o Cadetes bajo sus órdenes, lo veía como una oportunidad especial para instruirlos con las cualidades y principios que siempre había tratado de mantener en su propia vida: honor, disciplina y un alto sentido de la moral. Creía firmemente que estos eran los valores que le daban a un hombre razón de sentirse orgulloso de sí mismo y del Ejército al que servía.
A los que estaban bajo sus órdenes los exhortaba diciéndoles: "Sin que importe qué están haciendo los demás, uno debe siempre hacer lo que hace con todo su corazón. Si no pueden hacer las cosas bien con todo su corazón, mejor no las hagan".
Ríos Montt hacía más que sólo predicar sus ideales Con frecuencia educaba con el ejemplo 50
51
como en el caso siguiente: siendo Instructor en la Escuela Politécnica observó cómo unos Oficiales dirigían a un grupo de jóvenes Cadetes en un ensayo de sus famosos desfiles. Marchaban como sin ganas, con descuido y aun los Oficiales parecían desempeñarse con desgano. Efraín decidió intervenir.
"Rompan filas, que toda la Compañía rompa filas; y pueden retirarse al dormitorio", ordenó fríamente.
Siendo temprano en la tarde, los Cadetes se alejaron confundidos, pues ninguno se explicaba por qué el Mayor Ríos Montt les había mandado a romper filas y ninguno tampoco se atrevía a preguntarle. Simplemente obedecieron, se fueron al dormitorio, y a los pocos minutos estaban durmiendo.
Entonces entró el Mayor Ríos Montt y con voz . fuerte les ordenó "Quiero que se levanten, se vistan y que estén en el campo en diez minutos. Van a repetir el entrenamiento, sólo que ahora", les gritó, "van ustedes a marchar bien"
Efraín quería que estas dos lecciones se fijasen enla mente de los Cadetes: que si las cosas no se hacían bien, había que repetirlas hasta hacerlas bien; y que aunque el profesor diera un mal ejemplo al alumno, éste debía de tratar de hacer las cosas bien. Esa vez la marcha resultó perfecta.
Así era el estilo de liderazgo de Ríos Montt y así era su mensaje. Y cuando no podía enseñar por medio de ejemplos prácticos, simplemente les hablaba.
En una oportunidad, en la base militar Mariscal Zavala, se dirigió a una Compañía de reclutas bajo sus órdenes y les dijo: "Quiero darles un consejo que me dió mi madre; cuando supo que me venía al Ejército me advirtió: 'Hijo, no dejes hijos regados por ahí. No riegues tu sangre indiscriminadamente'. Ahora, a ustedes soldados, quiero decirles que todavía son jóvenes y tienen mucho que aprender en la vida y que deben de recordar siempre que la disciplina principia en nuestro propio cuerpo. Deben darse cuenta que su cuerpo es un templo. No lo contaminen con prostitutas".
Pero lo que le daba verdadero valor a sus pláticas moralizantes era su propio ejemplo. Para sus compañeros y para aquellos bajo sus órdenes Ríos Montt fue siempre un hombre que practicó lo que predicó. En una oportunidad, siendo Mayor asistió a un Curso de Entrenamiento Especial en Fort Bragg, Carolina del Norte, EE.UU. Un fin de semana que tenían libre le dijo su compañero de Guatemala: "Efraín, te invito, vamos a buscar a algunas gringas guapas, sus esposos están en Viet Nam y te apuesto que se sienten muy solas".
Efraín se quedó observandolo pensativamente y después le preguntó"¿Y cómo crees tú que se sentirán nuestras esposas allá en Guatemala este fin de semana?"
El compañero no volvió a insistir.
Pero la castidad no era el único principio que Ríos Montt defendía. También era leal a la fe Cristiana, aunque no siempre abiertamente. Siendo Director de la Escuela Politécnica, llegó de visita Luis Palau, el famoso predicador, y le pidió permiso para distribuir ejemplares del Nuevo Testamento.52
"No es necesario", le dijo Ríos Montt, "ya tenemos Nuevos Testamentos aquí. A cada Cadete se le exige tener uno". Palau, que había esperado oposición, quedó gratamente sorprendido.
Cuando Ríos Montt fue Comandante del fuerte "Mariscal Zavala" exigió a cada Oficial tener dos libros básicos: Ordenes Generales para Oficiales y el Código de Honor del Ejército y una edición de bolsillo del Nuevo Testamento. Siempre que tenía que llamarle la atención a un oficial Ríos Montt le preguntaba: "Tenemos dos Códigos aquí por los que regimos nuestra conducta. ¿Cuál de los dos ha violado usted?".
Frecuentemente, tanto en la Escuela como en las diferentes bases militares en donde sirvió, Ríos Montt hablaba de Dios a sus hombres. Muchas veces les decía "Aun el mejor de los padres fuede fallarle al hijo, aún la mejor de las madres también puede fallarnos. Nuestras esposas podrían fallarnos. Nuestros hijos podrían fallarnos. Pero hay alguien que nunca podrá fallarnos: Dios. Por lo tanto, Cristo debe ser el Ancla de la vida de todo hombre y con toda su fuerza deben ustedes acogerse a esa Ancla porque El nunca les fallará o los abandonará".
Es más, Ríos Montt era tan firme en sus convicciones que frecuentemente instaba a sus hombres no sólo a seguir su ejemplo sino también a ponerlo a prueba. Durante un incidente sucedido en el "Mariscal Zavala" contó a su tropa de un Especialista arrestado por llevarse a su casa cosas de la Base. "El se llevó de la cocinados sacos de harina. Eso es robo, por lo tanto, ordené su arresto y ahora está en la cárcel, pues no tenía ningún derecho de llevarse las cosas de allí: Ahora quiero decirles que si ustedes alguna vez me ven a mí llevándome algo de aquí que no es mío, yo los autorizo para que me arresten y me pongan en la cárcel".
El 30 de Julio de 1972, después de 29 años de servicio en el Ejército, Efraín Ríos Montt alcanzó el honor que había ambicionado desde que era niño: ascendió al grado de General de Brigada del Ejército de Guatemala.
Su carrera en ascenso no se quedó sólo ahí. Antes de un año fue nombrado por el Presidente como Jefe del Estado Mayor del Ejército, el puesto de más alta jerarquía en el Ejército, después del de Ministro de la Defensa.
Desde esta posición, con mayor autoridad e influencia, Ríos Montt creyó que podría conducir al Ejército de Guatemala a nuevos niveles de disciplina, moralidad y profesionalismo. Pero lo que no sabía era que muchos otros dentro de la jerarquía militar y política de Guatemala no compartían esos ideales. Tampoco sospechaba la fiera oposición que su posición de líder despertaría, causándole gran decepción.
En 1960, casi a los diez años de haberse graduado, regresó a la Escuela Politécnica, pero esta vez en calidad de Instructor. Para entonces había alcanzado el grado de Capitán y su estilo de dirigir y enseñar estaba más desarrollado.
Durante los diez años anteriores había aprendido bastante respecto al "verdadero mundo". Después de su graduación en la Politécnica, se quedó en ella un breve tiempo como Instructor y luego pasó a ocupar otras posiciones administrativas en el Estado Mayor del Ejército, en el Ministerio de la Defensa y el Departamento de Finanzas del Ejército. Desde su oficina en el Palacio Nacional de Guatemala, observó cuidadosamente cómo se manejaba la cosa pública de su país.
Durante este período ocurrieron cambios significativos en Guatemala. En 1950, el año de su graduación, la crítica contra el Presidente Arévalo había llegado a su máximo. El hecho de rehusar Arévalo a que se investigara la muerte del Coronel Arana, acaecida en 1949 le originó mucha animadversión, al extremo de pedírsele la renuncia.
En Noviembre de ese año, un descontento Coronel de nombre Carlos Castillo Armas, que más tarde ascendería al poder por medio de un golpe de Estado, trató de tomar una base aérea por asalto, la cual le era fiel a Arévalo.
Arévalo terminó su período en 1951 cuando
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Jacobo Arbenz Guzmán, uno de los líderes de la Revolución de 1944, ganó las elecciones presidenciales y ascendió al poder en el mes de Marzo, iniciando un período de seis años de un nuevo Gobierno revolucionario.
Si las ideas reformistas de Arévalo habían disgustado a los conservadores derechistas guatemaltecos, el gobierno de Arbenz los enfureció. Su ley de reforma agraria, su padronazgo del movimiento sindicalista y sus diatribas antinorteamericanistas, sacaron de quicio a las derechas, que lo acusaron de permitir la intromisión del comunismo en Guatemala. Para algunos analistas de la política el Presidente Arbenz era una persona reformista, progresista y de criterio amplio, cuyos oponentes provenían únicamente de la extrema derecha y de los intereses comerciales de los Estados Unidos en Guatemala. Sin embargo, las acciones de su gobierno reflejaron una definida tendencia hacia los objetivos comunistas.
Por ejemplo, después de la muerte de José Stalin en 1953, el Congreso de la República de Guatemala tributó honras póstumas al dictador soviético. Durante la guerra de Corea, se solidarizó con Corea del Norte. En 1953, durante la Décima Conferencia Interamericana celebrada en Caracas, Venezuela, Guatemala fue el único país que votó en contra de la resolución que condenaba el avance del comunismo internacional en el Hemisferio Occidental. En el año de 1954, el partido comunista de Guatemala había obtenido reconocimiento oficial y empezó a organizar células de funcionamiento a todos los niveles del gobierno.
Sin embargo hubo un hecho de Arbenz que obtuvo reconocimiento mundial: su régimen logró eliminar a los conservadores autoritarios que durante más de 25 años habían detentado el poder. En Junio de 1954, Arbenz fue derrocado por el Coronel Carlos Castillo Armas, que llegó desde el exilio dirigiendo lo que algunos describieron como un golpe patrocinado por la CIA. Más tarde, confirmado como Presidente, Castillo Armas giró un regreso nuevamente a la derecha y estableció nuevas reformas conservadoras.
Tristemente, y al igual que tantos otros de sus antecesores, el gobierno de Castillo Armas también terminó violentamente. El 27 de Julio de 1957 fué asesinado por uno de los guardias de la Casa Presidencial (que respondía a todo un plan organizado), que después se suicidó.
Las siguientes elecciones las ganó un viejo aliado de Ubico, el General Miguel Ydígoras Fuentes, que resurgió como cabeza de una coalición de derechas en contra del candidato oficial. El resultó el primer candidato de la oposición que en la historia de Guatemala llegara a ganar unas elecciones.
En Marzo de 1958 Ydígoras Fuentes tomó poseción y con él se inició otro tormentoso período presidencial. Primero le aflojó las riendas a los sindicatos e impuso el Impuesto sobre la Renta, lo que lo enemistó con las derechas. Después se alineó con los anticomunis-as, apoyó la política exterior de los Estados Unidos y rompió relaciones diplomáticas con Cuba, enfureciendo con esto a las izquierdas.
Pero todavía hubo más; fue bajo Ydígoras que una nueva dimensión de la inmoral "mordida" y corrupción entró al gobierno de Guatemala, una semilla que quedó sembrada y ha continuado creciendo desde entonces.
Durante todo este turbulento período, a Efraín Ríos Montt le afectaba poco el caos político de su país. Aunque bien familiarizado con las ideas políticas, además de ser un ávido lector y cuidadoso observador de los sucesos, para él su principal preocupación era la carrera militar. Más que otra cosa, él quería llegar a ser General, Jefe respetado de un Ejército disciplinado. Para él, todos los políticos eran politiqueros, cómplices y explotadores comprometidos sólo con sus intereses personales, responsables de la corrupción en el gobierno y el Ejército.
Dentro de este concepto, Ríos Montt procuraba mantenerse fuera de ese sucio mundo de los politiqueros. Cada puesto que ocupaba, especialmente aquellos en donde tenía a soldados o Cadetes bajo sus órdenes, lo veía como una oportunidad especial para instruirlos con las cualidades y principios que siempre había tratado de mantener en su propia vida: honor, disciplina y un alto sentido de la moral. Creía firmemente que estos eran los valores que le daban a un hombre razón de sentirse orgulloso de sí mismo y del Ejército al que servía.
A los que estaban bajo sus órdenes los exhortaba diciéndoles: "Sin que importe qué están haciendo los demás, uno debe siempre hacer lo que hace con todo su corazón. Si no pueden hacer las cosas bien con todo su corazón, mejor no las hagan".
Ríos Montt hacía más que sólo predicar sus ideales Con frecuencia educaba con el ejemplo 50
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como en el caso siguiente: siendo Instructor en la Escuela Politécnica observó cómo unos Oficiales dirigían a un grupo de jóvenes Cadetes en un ensayo de sus famosos desfiles. Marchaban como sin ganas, con descuido y aun los Oficiales parecían desempeñarse con desgano. Efraín decidió intervenir.
"Rompan filas, que toda la Compañía rompa filas; y pueden retirarse al dormitorio", ordenó fríamente.
Siendo temprano en la tarde, los Cadetes se alejaron confundidos, pues ninguno se explicaba por qué el Mayor Ríos Montt les había mandado a romper filas y ninguno tampoco se atrevía a preguntarle. Simplemente obedecieron, se fueron al dormitorio, y a los pocos minutos estaban durmiendo.
Entonces entró el Mayor Ríos Montt y con voz . fuerte les ordenó "Quiero que se levanten, se vistan y que estén en el campo en diez minutos. Van a repetir el entrenamiento, sólo que ahora", les gritó, "van ustedes a marchar bien"
Efraín quería que estas dos lecciones se fijasen enla mente de los Cadetes: que si las cosas no se hacían bien, había que repetirlas hasta hacerlas bien; y que aunque el profesor diera un mal ejemplo al alumno, éste debía de tratar de hacer las cosas bien. Esa vez la marcha resultó perfecta.
Así era el estilo de liderazgo de Ríos Montt y así era su mensaje. Y cuando no podía enseñar por medio de ejemplos prácticos, simplemente les hablaba.
En una oportunidad, en la base militar Mariscal Zavala, se dirigió a una Compañía de reclutas bajo sus órdenes y les dijo: "Quiero darles un consejo que me dió mi madre; cuando supo que me venía al Ejército me advirtió: 'Hijo, no dejes hijos regados por ahí. No riegues tu sangre indiscriminadamente'. Ahora, a ustedes soldados, quiero decirles que todavía son jóvenes y tienen mucho que aprender en la vida y que deben de recordar siempre que la disciplina principia en nuestro propio cuerpo. Deben darse cuenta que su cuerpo es un templo. No lo contaminen con prostitutas".
Pero lo que le daba verdadero valor a sus pláticas moralizantes era su propio ejemplo. Para sus compañeros y para aquellos bajo sus órdenes Ríos Montt fue siempre un hombre que practicó lo que predicó. En una oportunidad, siendo Mayor asistió a un Curso de Entrenamiento Especial en Fort Bragg, Carolina del Norte, EE.UU. Un fin de semana que tenían libre le dijo su compañero de Guatemala: "Efraín, te invito, vamos a buscar a algunas gringas guapas, sus esposos están en Viet Nam y te apuesto que se sienten muy solas".
Efraín se quedó observandolo pensativamente y después le preguntó"¿Y cómo crees tú que se sentirán nuestras esposas allá en Guatemala este fin de semana?"
El compañero no volvió a insistir.
Pero la castidad no era el único principio que Ríos Montt defendía. También era leal a la fe Cristiana, aunque no siempre abiertamente. Siendo Director de la Escuela Politécnica, llegó de visita Luis Palau, el famoso predicador, y le pidió permiso para distribuir ejemplares del Nuevo Testamento.52
"No es necesario", le dijo Ríos Montt, "ya tenemos Nuevos Testamentos aquí. A cada Cadete se le exige tener uno". Palau, que había esperado oposición, quedó gratamente sorprendido.
Cuando Ríos Montt fue Comandante del fuerte "Mariscal Zavala" exigió a cada Oficial tener dos libros básicos: Ordenes Generales para Oficiales y el Código de Honor del Ejército y una edición de bolsillo del Nuevo Testamento. Siempre que tenía que llamarle la atención a un oficial Ríos Montt le preguntaba: "Tenemos dos Códigos aquí por los que regimos nuestra conducta. ¿Cuál de los dos ha violado usted?".
Frecuentemente, tanto en la Escuela como en las diferentes bases militares en donde sirvió, Ríos Montt hablaba de Dios a sus hombres. Muchas veces les decía "Aun el mejor de los padres fuede fallarle al hijo, aún la mejor de las madres también puede fallarnos. Nuestras esposas podrían fallarnos. Nuestros hijos podrían fallarnos. Pero hay alguien que nunca podrá fallarnos: Dios. Por lo tanto, Cristo debe ser el Ancla de la vida de todo hombre y con toda su fuerza deben ustedes acogerse a esa Ancla porque El nunca les fallará o los abandonará".
Es más, Ríos Montt era tan firme en sus convicciones que frecuentemente instaba a sus hombres no sólo a seguir su ejemplo sino también a ponerlo a prueba. Durante un incidente sucedido en el "Mariscal Zavala" contó a su tropa de un Especialista arrestado por llevarse a su casa cosas de la Base. "El se llevó de la cocinados sacos de harina. Eso es robo, por lo tanto, ordené su arresto y ahora está en la cárcel, pues no tenía ningún derecho de llevarse las cosas de allí: Ahora quiero decirles que si ustedes alguna vez me ven a mí llevándome algo de aquí que no es mío, yo los autorizo para que me arresten y me pongan en la cárcel".
El 30 de Julio de 1972, después de 29 años de servicio en el Ejército, Efraín Ríos Montt alcanzó el honor que había ambicionado desde que era niño: ascendió al grado de General de Brigada del Ejército de Guatemala.
Su carrera en ascenso no se quedó sólo ahí. Antes de un año fue nombrado por el Presidente como Jefe del Estado Mayor del Ejército, el puesto de más alta jerarquía en el Ejército, después del de Ministro de la Defensa.
Desde esta posición, con mayor autoridad e influencia, Ríos Montt creyó que podría conducir al Ejército de Guatemala a nuevos niveles de disciplina, moralidad y profesionalismo. Pero lo que no sabía era que muchos otros dentro de la jerarquía militar y política de Guatemala no compartían esos ideales. Tampoco sospechaba la fiera oposición que su posición de líder despertaría, causándole gran decepción.
CAPITULO XII
Dios Dio, Dios Quitó
En el día del primer aniversario del golpe de Estado que lo había llevado al poder, Ríos Montt levantó el Estado de Sitio que había decretado meses antes.
La autoridad gubernamental casi absoluta que le permitió el Estado de Sitio demostró ser muy efectiva para combatir a la insurgencia guerrillera y poner orden en la nación. El terrorismo de la izquierda y la derecha había desaparecido en la Capital, la lucha en el altiplano había cesado, el apoyo extranjero para los insurgentes había sido trasladado, al menos momentáneamente, a otros países en la América Latina.
En muchas áreas rurales la campaña de "fusiles y frijoles" se había convertido en ambiciosos programas de trabajo y desarrollo, ampliandose a "techos, tortillas y trabajo". Cientos de escuelas y centros de salud que habían tenido que cerrar debido a la situación de conflicto, se abrieron nuevamente. Y más de cuarenta mil indígenas, desplazados y dejados a la deriva por la lucha fratricida, fueron alojados en áreas especiales en donde se les proporcionó vivienda, alimentación, cuidados médicos y trabajo.
En el frente político, Ríos Montt continuaba preparando los detalles del nuevo proceso electoral. Debido al Estado de Sitio se había prohibido toda actividad política, creándose así un receso que se consideraba necesario para reformar el viejo sistema político y dar lugar a uno nuevo. Anteriormente, un partido político necesitaba tener cincuenta mil afiliados para ser inscrito como tal, proeza que sólo los partidos bien organizados y con suficientes recursos económicos podían lograr. Pero ahora los requisitos serían únicamente cuatro mil. Por supuesto que esto representaba una amenaza para los partidos hasta entonces dominantes. Al respecto declaró:
"El problema en Guatemala es que hemos tenido un pequeño grupo de gente que se había dado cuenta que la política es un buen negocio. Los guatemaltecos somos siete millones doscientos mil, sin embargo hemos legislado sólo para doscientos mil. Más de siete millones de personas han sido explotadas para el beneficio de unos pocos".
Bajo este nuevo sistema, Ríos Montt esperaba que aún los partidos que se autoproclamaban socialistas participarían en el proceso político. En una declaración a la prensa, emitida en Febrero de 1983, dijo lo siguiente:
"Creo que siguiendo el patrón existente en muchos países, los Marxistas en Guatemala son sólo una pequeña minoría de la población. Su exclusión del proceso político les ha convertido en un mito, en figuras de héroes, impidiéndose con ello obtener una estimación exacta de su fuerza, o más exactamente, de su debilidad".
Aunque Ríos Montt repetidamente había declarado que el suyo era un gobierno transitorio y que no "ambicionaba el poder ni prolongarse en la presidencia", los pasos eran lentos en la preparación de las elecciones. Quería garantizar, declaró unas elecciones honestas, algo que su propia experiencia le confirmaba que no era fácil.
Sin embargo, para muchos políticos la apertura política caminaba muy lentamente. Les parecía como si Ríos Montt estuviese intencionalmente retrasándola. Pero él insistía que estaba retrasándola sólo para garantizar que todo el sistema electoral —desde el empadronamiento del votante hasta el recuento de los votos— fuese renovado. De otra manera, sentía, las mismas manos sucias regresarían a manejar el timón de Guatemala, o más exactamente, sus arcas nacionales.
En Mayo de 1983, en una de sus acostumbradas pláticas de domingo por la tarde, informó al pueblo que Guatemala aún no estaba lista para nuevas elecciones. Las listas anteriores de votantes todavía no habían sido revisadas y los partidos políticos aún necesitaban más tiempo para completar sus cuatro mil afiliados mínimos. Si se deseaba hacer un cambio verdadero, ésto no podría suceder de la noche a la mañana.
Había muchos guatemaltecos a quienes el retraso no parecía molestarles.- Los habitantes de una aldea indígena, aparentemente satisfechos con las reformas presidenciales, le mandaron a decir que lamentaban que hubiera levantado las restricciones políticas tan pronto.
Sin embargo, en la ciudad de Guatemala el descontento aumentaba día a día, tanto por parte de los políticos como de los militares y aún de las iglesias. A pesar del freno a la corrupción gubernamental, de los nuevos y grandes esfuerzos por ayudar a los "siete millones de guatemaltecos olvidados", y de la disminución de la guerrilla, Ríos Montt afrontaba una inconformidad cada vez mayor, proveniente de los niveles más altos del país.
Un informe en la revista Times del 23 de Mayo de 1983, terminaba con esta advertencia:
"El último anuncio hecho por Ríos Montt retrasando los planes eleccionarios, es casi seguro que provocará un aumento del descontento político". Y verdaderamente lo causó!
Tal vez el retrasar las elecciones fue lo que dió el mayor ímpetu a los complotistas que derrocaron a Ríos Montt. Tal vez también fue la tensión creada por el compromiso de "No robo, No miento, No abuso". La reforma impositiva que propuso, que afectaba especialmente a los comerciantes y a los ricos de Guatemala. Pudo también, como algunos dijeron, haber sido su definida postura de Cristiano, situación que disgustó mucho a ciertos líderes religiosos, tradicionalmente acostumbrados a tener mayor acceso dentro de la jerarquía política del país.
Algunos dijeron que la política económica de Ríos Montt no sólo no era popular sino que estaba fuera de la realidad. Posiblemente, pues siendo él un militar de carrera no tenía por qué ser un economista profesional. Tampoco era un político. El dirigente de un partido que le conocía de antes sugirió que lo que necesitaba era más "astucia" para manejar las diversas facciones políticas que merodeaban a su alrededor en el Palacio.
Cualesquiera que hayan sido las razones, lo cierto es que para el mes de Junio de 1983 el Presidente Ríos Montt afrontaba la ruptura de su gobierno. Hubo varios intentos de golpe pero todos mal urdidos y sin mucho apoyo. Consecuentemente, cuando en la noche del 28 de Junio se transmitió la grabación de una entrevista concedida por el Coronel Luis Gordillo Martínez, ex miembro de la Junta y por Leonel Sisniega Otero, otro dirigente del partido político Movimiento de Liberación Nacional (MLN), criticando acerbamente a Ríos Montt y haciendo amenazas de un inminente golpe de Estado, a él no le sorprendió. Sin embargo, decretó un Estado de Alerta. Sabía que había problemas; lo que no sabía era cuán serios.
Dos días después fué confrontado por un grupo de jefes militares de alto rango, algunos aparentemente en colaboración con Gordillo Martínez y Sisniega Otero, y otros que le eran fieles, sólo aprovechando la oportunidad para desahogar molestias de diversa índole. Le presentaron cinco peticiones: el establecimiento inmediato de un Tribunal Electoral y fijar fecha de elecciones; la remoción de seis de los Capitanes jóvenes integrantes del cuerpo de Asesores Presidenciales; la remoción de los dos secretarios privados de Ríos Montt (Francisco BianChi y Alvaro Contreras, ambos de "Verbo"); la cancelación del propuesto impuesto del Valor Agregado (IVA); y la remoción de los militares que ocupaban puestos de jefatura en las dependencias de servicio social. Esta gama de peticiones representaba el sentir de varias facciones que se habían coaligado en una sola voz.
Dios Dio, Dios Quitó
En el día del primer aniversario del golpe de Estado que lo había llevado al poder, Ríos Montt levantó el Estado de Sitio que había decretado meses antes.
La autoridad gubernamental casi absoluta que le permitió el Estado de Sitio demostró ser muy efectiva para combatir a la insurgencia guerrillera y poner orden en la nación. El terrorismo de la izquierda y la derecha había desaparecido en la Capital, la lucha en el altiplano había cesado, el apoyo extranjero para los insurgentes había sido trasladado, al menos momentáneamente, a otros países en la América Latina.
En muchas áreas rurales la campaña de "fusiles y frijoles" se había convertido en ambiciosos programas de trabajo y desarrollo, ampliandose a "techos, tortillas y trabajo". Cientos de escuelas y centros de salud que habían tenido que cerrar debido a la situación de conflicto, se abrieron nuevamente. Y más de cuarenta mil indígenas, desplazados y dejados a la deriva por la lucha fratricida, fueron alojados en áreas especiales en donde se les proporcionó vivienda, alimentación, cuidados médicos y trabajo.
En el frente político, Ríos Montt continuaba preparando los detalles del nuevo proceso electoral. Debido al Estado de Sitio se había prohibido toda actividad política, creándose así un receso que se consideraba necesario para reformar el viejo sistema político y dar lugar a uno nuevo. Anteriormente, un partido político necesitaba tener cincuenta mil afiliados para ser inscrito como tal, proeza que sólo los partidos bien organizados y con suficientes recursos económicos podían lograr. Pero ahora los requisitos serían únicamente cuatro mil. Por supuesto que esto representaba una amenaza para los partidos hasta entonces dominantes. Al respecto declaró:
"El problema en Guatemala es que hemos tenido un pequeño grupo de gente que se había dado cuenta que la política es un buen negocio. Los guatemaltecos somos siete millones doscientos mil, sin embargo hemos legislado sólo para doscientos mil. Más de siete millones de personas han sido explotadas para el beneficio de unos pocos".
Bajo este nuevo sistema, Ríos Montt esperaba que aún los partidos que se autoproclamaban socialistas participarían en el proceso político. En una declaración a la prensa, emitida en Febrero de 1983, dijo lo siguiente:
"Creo que siguiendo el patrón existente en muchos países, los Marxistas en Guatemala son sólo una pequeña minoría de la población. Su exclusión del proceso político les ha convertido en un mito, en figuras de héroes, impidiéndose con ello obtener una estimación exacta de su fuerza, o más exactamente, de su debilidad".
Aunque Ríos Montt repetidamente había declarado que el suyo era un gobierno transitorio y que no "ambicionaba el poder ni prolongarse en la presidencia", los pasos eran lentos en la preparación de las elecciones. Quería garantizar, declaró unas elecciones honestas, algo que su propia experiencia le confirmaba que no era fácil.
Sin embargo, para muchos políticos la apertura política caminaba muy lentamente. Les parecía como si Ríos Montt estuviese intencionalmente retrasándola. Pero él insistía que estaba retrasándola sólo para garantizar que todo el sistema electoral —desde el empadronamiento del votante hasta el recuento de los votos— fuese renovado. De otra manera, sentía, las mismas manos sucias regresarían a manejar el timón de Guatemala, o más exactamente, sus arcas nacionales.
En Mayo de 1983, en una de sus acostumbradas pláticas de domingo por la tarde, informó al pueblo que Guatemala aún no estaba lista para nuevas elecciones. Las listas anteriores de votantes todavía no habían sido revisadas y los partidos políticos aún necesitaban más tiempo para completar sus cuatro mil afiliados mínimos. Si se deseaba hacer un cambio verdadero, ésto no podría suceder de la noche a la mañana.
Había muchos guatemaltecos a quienes el retraso no parecía molestarles.- Los habitantes de una aldea indígena, aparentemente satisfechos con las reformas presidenciales, le mandaron a decir que lamentaban que hubiera levantado las restricciones políticas tan pronto.
Sin embargo, en la ciudad de Guatemala el descontento aumentaba día a día, tanto por parte de los políticos como de los militares y aún de las iglesias. A pesar del freno a la corrupción gubernamental, de los nuevos y grandes esfuerzos por ayudar a los "siete millones de guatemaltecos olvidados", y de la disminución de la guerrilla, Ríos Montt afrontaba una inconformidad cada vez mayor, proveniente de los niveles más altos del país.
Un informe en la revista Times del 23 de Mayo de 1983, terminaba con esta advertencia:
"El último anuncio hecho por Ríos Montt retrasando los planes eleccionarios, es casi seguro que provocará un aumento del descontento político". Y verdaderamente lo causó!
Tal vez el retrasar las elecciones fue lo que dió el mayor ímpetu a los complotistas que derrocaron a Ríos Montt. Tal vez también fue la tensión creada por el compromiso de "No robo, No miento, No abuso". La reforma impositiva que propuso, que afectaba especialmente a los comerciantes y a los ricos de Guatemala. Pudo también, como algunos dijeron, haber sido su definida postura de Cristiano, situación que disgustó mucho a ciertos líderes religiosos, tradicionalmente acostumbrados a tener mayor acceso dentro de la jerarquía política del país.
Algunos dijeron que la política económica de Ríos Montt no sólo no era popular sino que estaba fuera de la realidad. Posiblemente, pues siendo él un militar de carrera no tenía por qué ser un economista profesional. Tampoco era un político. El dirigente de un partido que le conocía de antes sugirió que lo que necesitaba era más "astucia" para manejar las diversas facciones políticas que merodeaban a su alrededor en el Palacio.
Cualesquiera que hayan sido las razones, lo cierto es que para el mes de Junio de 1983 el Presidente Ríos Montt afrontaba la ruptura de su gobierno. Hubo varios intentos de golpe pero todos mal urdidos y sin mucho apoyo. Consecuentemente, cuando en la noche del 28 de Junio se transmitió la grabación de una entrevista concedida por el Coronel Luis Gordillo Martínez, ex miembro de la Junta y por Leonel Sisniega Otero, otro dirigente del partido político Movimiento de Liberación Nacional (MLN), criticando acerbamente a Ríos Montt y haciendo amenazas de un inminente golpe de Estado, a él no le sorprendió. Sin embargo, decretó un Estado de Alerta. Sabía que había problemas; lo que no sabía era cuán serios.
Dos días después fué confrontado por un grupo de jefes militares de alto rango, algunos aparentemente en colaboración con Gordillo Martínez y Sisniega Otero, y otros que le eran fieles, sólo aprovechando la oportunidad para desahogar molestias de diversa índole. Le presentaron cinco peticiones: el establecimiento inmediato de un Tribunal Electoral y fijar fecha de elecciones; la remoción de seis de los Capitanes jóvenes integrantes del cuerpo de Asesores Presidenciales; la remoción de los dos secretarios privados de Ríos Montt (Francisco BianChi y Alvaro Contreras, ambos de "Verbo"); la cancelación del propuesto impuesto del Valor Agregado (IVA); y la remoción de los militares que ocupaban puestos de jefatura en las dependencias de servicio social. Esta gama de peticiones representaba el sentir de varias facciones que se habían coaligado en una sola voz.
"¿Quieren que renuncie?", les preguntó. El concenso fue que no, aunque indudablemente a algunos sí les hubiera gustado.
Coordinadamente con esta confrontación, hubo movimiento de tropas de cinco Bases Militares fuera de la ciudad. Informando del peligro inminente, Ríos Montt llamó por radio a cada uno de los Comandantes y les pidió que sopesaran las consecuencias de su acción. Su ruego dió resultado por el momento y se retiraron.
Respecto a las peticiones, les dijo que las consideraría en su valor individual, no porque creyese que "tenían" que cumplirse. La nueva reforma tributaria se promulgaría como estaba programada; los planes para la elección de la Asamblea Constituyente para redactar la nueva Constitución de la República, que permitiría
retornar a un sistema de Derecho y elecciones limpias, también continuaría en la forma fijada, aunque convocaría públicamente y de inmediato fijando las fechas correspondientes.
Respecto a los otros puntos fue un poco más conciliatorio. Los seis Capitanes jóvenes que formaban parte de su Cuerpo de Asesores fueron removidos y designados a otros puestos. Además, cincuenta Oficiales Militares que fungían como directores de diversas dependencias de gobierno, fueron sustituidos por civiles. Sin embargo, en cuanto a sus dos secretarios personales, fue muy claro: "Si ellos se van", les dijo, "yo también me voy".
Para algunos, estas decisiones presidenciales fueron gratas; pero para muchos otros, nó. De cualquier manera, todo parecía indicar que momentáneamente la coalición que había exigido los cambios estaba disuelta.
Pero la crisis no había pasado. Un informe de la Agencia Prensa Asociada, del 30 de Junio, ofreció la siguiente evaluación hecha por un analista político occidental, que pidió mantener su nombre en reserva:
"Por el momento, Ríos Montt parece que tiene todo firmemente bajo control. Sin embargo, casi no hay persona a la que no haya ofendido en una forma u otra. Y este resentimiento se ha venido formando desde hace rato".
Pronto fue evidente que las concesiones otorgadas ante las demandas de finales de Junio no eran suficientes, al menos para el Alto Mando Militar. En la mañana del 8 de Agosto de 1983, una escena muy similar a la que acompañó su llegada al poder hacía sólo dieciseis meses, se desarrolló a la sombra del Palacio Nacional. Aviones y helicópteros sobrevolaban los edificios de gobierno. Las principales vías de acceso fueron cerradas por tropas y vehículos armados, tomando posiciones alrededor de la Casa Presidencial. A diferencia de otros intentos de golpes anteriores, éste estaba bien organizado y respaldado por la mayoría del Alto Mando Militar.
Después de una breve escaramuza entre las tropas leales al Presidente y los soldados de la oposición, en la que murieron cinco personas y hubo varios heridos, Ríos Montt entregó el poder. El General Oscar Humberto Mejía Víctores, Ministro de la Defensa, representando a los organizadores del golpe, se hizo cargo del gobierno y esa misma tarde fue juramentado como el nuevo Jefe de Estado de Guatemala. Efraín Ríos Montt, pacíficamente, abandonó la Casa Presidencial y se dirigió a su residencia particular en la ciudad.
La radio, controlada por el ejército en el día del golpe, dió la siguiente razón para el mismo:
"Que un grupo de fanáticos religiosos se estaba aprovechando de la posición de Ríos Montt".
Pero el corresponsal de la CBS, Bob Simons, reflejó estas otras posibilidades como razones durante su programa por televisión de esa noche:
—"Fue la excentricidad de Rios Montt lo que provocó enojo entre los Coroneles del Ejército de Guatemala y los dirigentes industriales del país. En un país Católico él era un Evangélico, pastor de la Iglesia "Verbo". . . . Cuando llegó al poder en marzo del año pasado, dirigió una cruzada espiritual no sólo contra los insurgentes izquierdistas sino contra los abusos de poder y corrupción de los derechistas. Limpió la Capital de los escuadrones de la muerte del ala derecha. En gran parte, limpió también el país de la guerrilla izquierdista. . . . Los Capitanes jóvenes lo apoyaban. Pero la vieja guardia y la oligarquía estaban molestos por su populismo, por sus pláticas sobre una reforma agraria, por su indicación de que los ricos deberían pagar los impuestos correctos
Enojó a la extrema derecha al no acceder en adelantar las elecciones, que ellos creían que podrían ganar ......
Puede que haya sido la "excentricidad" de Ríos Montt lo que provocó su caída. Como Cristiano nacido de nuevo (él siempre evitó que se le designara "evangélico", por la connotación anti-Católica que algunas veces le daban) fue algo raro y anómalo entre los políticos de América Latina. ¿Hubo antes otro Presidente en América Latina que fuera Cristiano nacido de nuevo? ¿Alguien que admitiera tan públicamente su Fe en Jesucristo?.
Desde el día en que ascendió al poder y anunció públicamente su Fe en "Dios, mi Señor y 184
mi Rey", había demostrado a Guatemala y al mundo entero su intención de vivir —de la mejor manera posible— conforme al Cristianismo bíblico que había guiado su vida, explicándolo abiertamente. Muchos evangélicos guatemaltecos, aunque con cautela, lo apoyaron. Incluso hubo muchos Católicos que, aunque al principio habían visto con desagrado la idea de un presidente no Católico, respetaron su valor al hablar abiertamente de rectitud y moralidad desde una plataforma que difícilmente se podría identificar con los principios Cristianos.
Por supuesto que hubo otros que abiertamente rechazaron su actitud moralizante y se burlaron de él llamándole "Ayatollha" y "Dios Montt". Tal vez sus discursos un poco indeterminados, pero francos, y sus pláticas por televisión golpearon muy fuertemente a la sociedad guatemalteca. Pero, según sus propias palabras, estaba tratando de hacer lo que ningún otro Presidente en la historia de Guatemala había hecho: que su país buscara el Rostro de Dios y que regresara de lo que llamó "el borde de un gran precipicio".
Al dirigirse a sus compañeros en el gobierno, trató de ser igualmente fuerte. Hizo grandes esfuerzos por encontrar la forma cómo investigar y enjuiciar a aquellos que violaban la ley o se oponían a sus reformas, pues sabía que su poder era limitado. Pero para hablarles no tenía limitaciones, así que les dijo desde la televisión: "Dejen a sus amantes. Cumplan con sus obligaciones. No mientan, no abusen, no roben".
¿Quién antes había hablado de manera tan
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franca y abierta a los miembros de su propio gobierno?
También instó a los empleados públicos, desde los Ministros hasta los oficinistas, para que cumpliesen con los altos principios morales contenidos en la campaña "No Robo, No Miento, No Abuso". Se daba cuenta que muchos no mantendrían su palabra, por ello creyó que el hacerlos jurar en público les infundiría bastante fuerza moral para luchar contra las proliferantes fuentes de corrupción.
Al confrontar las crisis buscaba orientación en la Biblia, aplicando directamente sus enseñanzas, como en el caso de la Embajada de Brasil.
Con frecuencia, al sentirse abrumado por las incesantes presiones de su cargo, por las luchas internas de los grupos y facciones de gobierno y del Ejército, se retiraba a un cuartito separado en donde oraba y.leía la Biblia con sus consejeros y amigos Alvaro Contreras y Francisco Bianchi. En dos ocasiones, junto con otros, miembros de la Iglesia, fueron a la finca presidencial para hacer retiro de ayuno y oración, buscando orientación y refrescamiento espiritual.
Como Presidente, renunció a ciertos abusos de poder de los que sus antecesores habían gozado públicamente. Al llegar al poder había declarado lo siguiente: "El que preside en una nación debe ser un servidor de esa nación".
Tal vez, como algunos han argumentado, como político no fue astuto y sagaz para poder navegar en las traicioneras aguas de la política Latinoamericana. Tal vez su falta de experien-cia en los aspectos económicos lo maniató en un momento en que su país se debatía financieramente. Tal vez fue demasiado franco al hablar de su Fe.
Después de su salida, el Pastor Carlos Ramírez dijo lo siguiente: "Una cosa es cierta, Efraín trató con todo su corazón de ser un fiel servidor de su nación y de Dios. Y en muchas cosas tuvo éxito". Esta declaración es difícil de negar.
Cuando se llegó el momento en que Ríos Montt tuvo que dejar el poder, pronunció las mismas palabras que proféticamente había dicho al tomar posesión dieciséis meses antes: "Dios es el único que da y que quita la autoridad". Si fue Dios, como él creía, quien le había dado la presidencia de Guatemala, entonces era también Dios quien permitió que se la quitaran.
-Habrá muchas especulaciones sobre porqué Rios Montt fue colocado tan súbitamente a la cabeza del gobierno de Guatemala para un período de año y medio tan intenso y controversia) y luego, de la misma manera súbita e inesperada, fue retirado. Algunas razones parecerán obvias; otras permanecerán en el misterio. Para muchos que continuarán observando cómo se desenvuelven los acontecimientos en Centro América, la presidencia de Ríos Montt pronto habrá sido relegada a la historia. Pero para aquellos que cuidadosamente sopesan los propósitos de Dios en la vida humana y en el curso de las naciones, la vida de Ríos Montt ofrece un mensaje que puede ser visto, al menos parcialmente, en dos incidentes breves —típicos de su personalidad—sucedidos inmediatamente después del golpe del 8 de Agosto.
Cuando el golpe había terminado y se estaba preparando para dejar la Casa Presidencial, hizo una llamada a la Iglesia "Verbo", en donde sabía que estarían preocupados por él.
"Me quedé tanto como pude", le dijo a su amigo, el anciano James Jankowiak, que le contestó el teléfono. "Pero cuando ví que iba a haber derramamiento de sangre, supe que lo que tenía que hacer era dejar el poder". Ahora estoy limpiando mi escritorio, pero dentro de pocos días regresaré a mi trabajo en la Iglesia".
Era como si supiera que su tiempo en el gobierno había terminado. Ahora podía volver a sus quehaceres en "Verbo" y dejar que Dios le dirigiera desde ahí. En su corazón sentía el deseo de continuar sirviendo a Jesús, como siempre lo había hecho: antes, como administrador de la escuela, luego como Presidente y en seguida como El lo dispusiera.
En tiempos pasados se había sentido frustrado en su intento por llegar al poder. Como soldado había ascendido hasta el puesto de Jefe del Estado Mayor del Ejército, sólo para ser trasladado a Washington. Como político, había sido elegido para Presidente de Guatemala y luego exiliado a Madrid. Ambas experiencias le habían dejado amargura y sed de venganza. Pero ahora, habiendo sufrido tal vez su "derrota" más espectacular, salió de su puesto de Presidente con paz y confianza extraordinarias.
Su sentido de autovaloración, su propósito de ser y su satisfacción personal ya no dependían más de su propia capacidad o logros. En vez de ello, ahora dependían de lo que ALGUIEN había hecho por él dos mil años antes.
Coordinadamente con esta confrontación, hubo movimiento de tropas de cinco Bases Militares fuera de la ciudad. Informando del peligro inminente, Ríos Montt llamó por radio a cada uno de los Comandantes y les pidió que sopesaran las consecuencias de su acción. Su ruego dió resultado por el momento y se retiraron.
Respecto a las peticiones, les dijo que las consideraría en su valor individual, no porque creyese que "tenían" que cumplirse. La nueva reforma tributaria se promulgaría como estaba programada; los planes para la elección de la Asamblea Constituyente para redactar la nueva Constitución de la República, que permitiría
retornar a un sistema de Derecho y elecciones limpias, también continuaría en la forma fijada, aunque convocaría públicamente y de inmediato fijando las fechas correspondientes.
Respecto a los otros puntos fue un poco más conciliatorio. Los seis Capitanes jóvenes que formaban parte de su Cuerpo de Asesores fueron removidos y designados a otros puestos. Además, cincuenta Oficiales Militares que fungían como directores de diversas dependencias de gobierno, fueron sustituidos por civiles. Sin embargo, en cuanto a sus dos secretarios personales, fue muy claro: "Si ellos se van", les dijo, "yo también me voy".
Para algunos, estas decisiones presidenciales fueron gratas; pero para muchos otros, nó. De cualquier manera, todo parecía indicar que momentáneamente la coalición que había exigido los cambios estaba disuelta.
Pero la crisis no había pasado. Un informe de la Agencia Prensa Asociada, del 30 de Junio, ofreció la siguiente evaluación hecha por un analista político occidental, que pidió mantener su nombre en reserva:
"Por el momento, Ríos Montt parece que tiene todo firmemente bajo control. Sin embargo, casi no hay persona a la que no haya ofendido en una forma u otra. Y este resentimiento se ha venido formando desde hace rato".
Pronto fue evidente que las concesiones otorgadas ante las demandas de finales de Junio no eran suficientes, al menos para el Alto Mando Militar. En la mañana del 8 de Agosto de 1983, una escena muy similar a la que acompañó su llegada al poder hacía sólo dieciseis meses, se desarrolló a la sombra del Palacio Nacional. Aviones y helicópteros sobrevolaban los edificios de gobierno. Las principales vías de acceso fueron cerradas por tropas y vehículos armados, tomando posiciones alrededor de la Casa Presidencial. A diferencia de otros intentos de golpes anteriores, éste estaba bien organizado y respaldado por la mayoría del Alto Mando Militar.
Después de una breve escaramuza entre las tropas leales al Presidente y los soldados de la oposición, en la que murieron cinco personas y hubo varios heridos, Ríos Montt entregó el poder. El General Oscar Humberto Mejía Víctores, Ministro de la Defensa, representando a los organizadores del golpe, se hizo cargo del gobierno y esa misma tarde fue juramentado como el nuevo Jefe de Estado de Guatemala. Efraín Ríos Montt, pacíficamente, abandonó la Casa Presidencial y se dirigió a su residencia particular en la ciudad.
La radio, controlada por el ejército en el día del golpe, dió la siguiente razón para el mismo:
"Que un grupo de fanáticos religiosos se estaba aprovechando de la posición de Ríos Montt".
Pero el corresponsal de la CBS, Bob Simons, reflejó estas otras posibilidades como razones durante su programa por televisión de esa noche:
—"Fue la excentricidad de Rios Montt lo que provocó enojo entre los Coroneles del Ejército de Guatemala y los dirigentes industriales del país. En un país Católico él era un Evangélico, pastor de la Iglesia "Verbo". . . . Cuando llegó al poder en marzo del año pasado, dirigió una cruzada espiritual no sólo contra los insurgentes izquierdistas sino contra los abusos de poder y corrupción de los derechistas. Limpió la Capital de los escuadrones de la muerte del ala derecha. En gran parte, limpió también el país de la guerrilla izquierdista. . . . Los Capitanes jóvenes lo apoyaban. Pero la vieja guardia y la oligarquía estaban molestos por su populismo, por sus pláticas sobre una reforma agraria, por su indicación de que los ricos deberían pagar los impuestos correctos
Enojó a la extrema derecha al no acceder en adelantar las elecciones, que ellos creían que podrían ganar ......
Puede que haya sido la "excentricidad" de Ríos Montt lo que provocó su caída. Como Cristiano nacido de nuevo (él siempre evitó que se le designara "evangélico", por la connotación anti-Católica que algunas veces le daban) fue algo raro y anómalo entre los políticos de América Latina. ¿Hubo antes otro Presidente en América Latina que fuera Cristiano nacido de nuevo? ¿Alguien que admitiera tan públicamente su Fe en Jesucristo?.
Desde el día en que ascendió al poder y anunció públicamente su Fe en "Dios, mi Señor y 184
mi Rey", había demostrado a Guatemala y al mundo entero su intención de vivir —de la mejor manera posible— conforme al Cristianismo bíblico que había guiado su vida, explicándolo abiertamente. Muchos evangélicos guatemaltecos, aunque con cautela, lo apoyaron. Incluso hubo muchos Católicos que, aunque al principio habían visto con desagrado la idea de un presidente no Católico, respetaron su valor al hablar abiertamente de rectitud y moralidad desde una plataforma que difícilmente se podría identificar con los principios Cristianos.
Por supuesto que hubo otros que abiertamente rechazaron su actitud moralizante y se burlaron de él llamándole "Ayatollha" y "Dios Montt". Tal vez sus discursos un poco indeterminados, pero francos, y sus pláticas por televisión golpearon muy fuertemente a la sociedad guatemalteca. Pero, según sus propias palabras, estaba tratando de hacer lo que ningún otro Presidente en la historia de Guatemala había hecho: que su país buscara el Rostro de Dios y que regresara de lo que llamó "el borde de un gran precipicio".
Al dirigirse a sus compañeros en el gobierno, trató de ser igualmente fuerte. Hizo grandes esfuerzos por encontrar la forma cómo investigar y enjuiciar a aquellos que violaban la ley o se oponían a sus reformas, pues sabía que su poder era limitado. Pero para hablarles no tenía limitaciones, así que les dijo desde la televisión: "Dejen a sus amantes. Cumplan con sus obligaciones. No mientan, no abusen, no roben".
¿Quién antes había hablado de manera tan
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franca y abierta a los miembros de su propio gobierno?
También instó a los empleados públicos, desde los Ministros hasta los oficinistas, para que cumpliesen con los altos principios morales contenidos en la campaña "No Robo, No Miento, No Abuso". Se daba cuenta que muchos no mantendrían su palabra, por ello creyó que el hacerlos jurar en público les infundiría bastante fuerza moral para luchar contra las proliferantes fuentes de corrupción.
Al confrontar las crisis buscaba orientación en la Biblia, aplicando directamente sus enseñanzas, como en el caso de la Embajada de Brasil.
Con frecuencia, al sentirse abrumado por las incesantes presiones de su cargo, por las luchas internas de los grupos y facciones de gobierno y del Ejército, se retiraba a un cuartito separado en donde oraba y.leía la Biblia con sus consejeros y amigos Alvaro Contreras y Francisco Bianchi. En dos ocasiones, junto con otros, miembros de la Iglesia, fueron a la finca presidencial para hacer retiro de ayuno y oración, buscando orientación y refrescamiento espiritual.
Como Presidente, renunció a ciertos abusos de poder de los que sus antecesores habían gozado públicamente. Al llegar al poder había declarado lo siguiente: "El que preside en una nación debe ser un servidor de esa nación".
Tal vez, como algunos han argumentado, como político no fue astuto y sagaz para poder navegar en las traicioneras aguas de la política Latinoamericana. Tal vez su falta de experien-cia en los aspectos económicos lo maniató en un momento en que su país se debatía financieramente. Tal vez fue demasiado franco al hablar de su Fe.
Después de su salida, el Pastor Carlos Ramírez dijo lo siguiente: "Una cosa es cierta, Efraín trató con todo su corazón de ser un fiel servidor de su nación y de Dios. Y en muchas cosas tuvo éxito". Esta declaración es difícil de negar.
Cuando se llegó el momento en que Ríos Montt tuvo que dejar el poder, pronunció las mismas palabras que proféticamente había dicho al tomar posesión dieciséis meses antes: "Dios es el único que da y que quita la autoridad". Si fue Dios, como él creía, quien le había dado la presidencia de Guatemala, entonces era también Dios quien permitió que se la quitaran.
-Habrá muchas especulaciones sobre porqué Rios Montt fue colocado tan súbitamente a la cabeza del gobierno de Guatemala para un período de año y medio tan intenso y controversia) y luego, de la misma manera súbita e inesperada, fue retirado. Algunas razones parecerán obvias; otras permanecerán en el misterio. Para muchos que continuarán observando cómo se desenvuelven los acontecimientos en Centro América, la presidencia de Ríos Montt pronto habrá sido relegada a la historia. Pero para aquellos que cuidadosamente sopesan los propósitos de Dios en la vida humana y en el curso de las naciones, la vida de Ríos Montt ofrece un mensaje que puede ser visto, al menos parcialmente, en dos incidentes breves —típicos de su personalidad—sucedidos inmediatamente después del golpe del 8 de Agosto.
Cuando el golpe había terminado y se estaba preparando para dejar la Casa Presidencial, hizo una llamada a la Iglesia "Verbo", en donde sabía que estarían preocupados por él.
"Me quedé tanto como pude", le dijo a su amigo, el anciano James Jankowiak, que le contestó el teléfono. "Pero cuando ví que iba a haber derramamiento de sangre, supe que lo que tenía que hacer era dejar el poder". Ahora estoy limpiando mi escritorio, pero dentro de pocos días regresaré a mi trabajo en la Iglesia".
Era como si supiera que su tiempo en el gobierno había terminado. Ahora podía volver a sus quehaceres en "Verbo" y dejar que Dios le dirigiera desde ahí. En su corazón sentía el deseo de continuar sirviendo a Jesús, como siempre lo había hecho: antes, como administrador de la escuela, luego como Presidente y en seguida como El lo dispusiera.
En tiempos pasados se había sentido frustrado en su intento por llegar al poder. Como soldado había ascendido hasta el puesto de Jefe del Estado Mayor del Ejército, sólo para ser trasladado a Washington. Como político, había sido elegido para Presidente de Guatemala y luego exiliado a Madrid. Ambas experiencias le habían dejado amargura y sed de venganza. Pero ahora, habiendo sufrido tal vez su "derrota" más espectacular, salió de su puesto de Presidente con paz y confianza extraordinarias.
Su sentido de autovaloración, su propósito de ser y su satisfacción personal ya no dependían más de su propia capacidad o logros. En vez de ello, ahora dependían de lo que ALGUIEN había hecho por él dos mil años antes.
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Dos semanas después del golpe del 8 de Agosto, Efraín Ríos Montt, Alvaro Contreras Valladares y Francisco Bianchi regresaron a la Iglesia "Verbo". Durante el servicio de la mañana de ese día domingo, el Pastor Carlos Ramírez les pidió que pasaran al frente de la congregación, en donde habían servido fielmente antes de entrar al gobierno. Al referirse a Efraín dijo que "regresaba un héroe de la Fe". Sonriendo, Ríos Montt dijo con paz en sus palabras: "Los héroes generalmente regresan cubiertos de medallas y condecoraciones. Yo sólo quiero estar cubierto con la Sangre de Cristo".
Dos semanas después del golpe del 8 de Agosto, Efraín Ríos Montt, Alvaro Contreras Valladares y Francisco Bianchi regresaron a la Iglesia "Verbo". Durante el servicio de la mañana de ese día domingo, el Pastor Carlos Ramírez les pidió que pasaran al frente de la congregación, en donde habían servido fielmente antes de entrar al gobierno. Al referirse a Efraín dijo que "regresaba un héroe de la Fe". Sonriendo, Ríos Montt dijo con paz en sus palabras: "Los héroes generalmente regresan cubiertos de medallas y condecoraciones. Yo sólo quiero estar cubierto con la Sangre de Cristo".
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