LAS GENUINAS EPÍSTOLAS DE LOS PADRES APOSTÓLICOS,
SAN CLEMENTE, SAN IGNACIO, SAN POLICARPO, SAN BERNABÉ;
EL PASTOR DE HERMAS, Y LOS MARTIRIOS DE SAN IGNACIO Y SAN POLICARPO,
ESCRITO POR QUIENES PRESENCIARON SUS SUFRIMIENTOS. SIENDO, JUNTO CON LAS SAGRADAS ESCRITURAS DEL NUEVO TESTAMENTO, UNA COLECCIÓN COMPLETA DE LA MÁS PRIMITIVA ANTIGÜEDAD DURANTE APROXIMADAMENTE CIENTO CINCUENTA AÑOS DESPUÉS DE CRISTO.
TRANSLATED BY WILLIAM, LORD ARCHBISHOP OF CANTERBURY.
TRADUCIDO POR GUILLERMO, SEÑOR ARZOBISPO DE CANTERBURY.
CON DISCURSOS PRELIMINARES RELACIONADOS CON LOS DIVERSOS TRATADOS AQUÍ PRESENTADOS, DEL MISMO AUTOR.
ORGANIZADO POR W. ADAMS.
A LO QUE SE AÑADE NOTAS BIOGRÁFICAS DE LAS VIDAS DE SAN CLEMENTE, SAN POLICARPO, SAN IGNACIO Y SAN BERNABÉ,
ABREVIADO DE”LAS VIDAS DE LOS PADRES PRIMITIVOS” DE CAVE,
DE UNA EDICIÓN TARDÍA DE LONDRES
HARTFORD
1834
LAS GENUINAS EPÍSTOLAS DE LOS PADRES APOSTÓLICOS*ADAMS* *i-x-
PREFACIO
Habiendo, en la segunda edición de los Padres Apostólicos, mejorado tanto la traducción que publiqué antes de ellos, que la convierte casi en una obra nueva, será necesario que dé cuenta de los cambios que se han hecho en ella y de las ventajas que he tenido en su realización.
Las Epístolas de San Clemente fueron redactadas con tanta precisión a partir del manuscrito alejandrino por el erudito Sr. Patrick Young que, al no tener otra copia a la que recurrir, no cabe esperar alteraciones considerables en la presente edición. Sin embargo, incluso en estas, no solo he revisado cuidadosamente mi traducción, comparándola con el original griego y corrigiendo lo que consideré menos exacto, sino que, con la ayuda de una nueva y más precisa comparación de la copia del Sr. Young con el venerable manuscrito del que fue tomada, he corregido algunos pasajes del texto que hasta entonces habían pasado desapercibidos para los editores de estas Epístolas. Para ello, conté con la amable ayuda del erudito y piadoso Dr. Grabe, a cuya pronta ayuda estos Padres Apostólicos deben gran parte de esa exactitud, con la que, presumo. Aparecerán en esta edición de ellos.
Habiendo sido publicadas recientemente en Oxford las Epístolas de San Ignacio por nuestro Reverendo Dr. Smith, no solo con mayor corrección textual que nunca antes, sino también con la ventaja de sus propias observaciones y las del Obispo Pearson sobre los pasajes difíciles, es innegable que debí haber mejorado mucho mi traducción de dichas Epístolas gracias a la erudita labor de dos eminentes maestros de la antigüedad, quienes se esforzaron tanto no solo por restaurar esas venerables piezas a su pureza primitiva, sino también por hacerlas claras e inteligibles para los más humildes. Una de esas Epístolas nunca había sido publicada en su griego original, a partir de un buen manuscrito, cuando publiqué mi primera edición. Esta, junto con el martirio de ese bendito Santo, ha sido impresa desde entonces por Monsieur Ruinard en París, y posteriormente por el Dr. Grabe en Oxford. He comparado mi traducción de ambos con su copia; y no solo la he corregido donde discrepaba, sino que he anotado en el margen las principales variaciones de esta última edición con respecto a las que habían sido publicadas anteriormente por el arzobispo Usher e Isaac Vossius.
De la epístola y el martirio de San Policarpo, y de la epístola de San Bernabé, poco puedo decir más que he revisado su traducción con todo el cuidado posible, haciéndolas mucho más correctas (especialmente la epístola de Bernabé) que antes. Pero en cuanto a los libros de Hermas, puedo afirmar sin vanidad que no solo son más exactos en la traducción que antes, sino que los mismos libros se encontrarán con mayor pureza en esta edición que en cualquier otra que se haya publicado hasta ahora. La antigua versión latina ha sido cotejada en su totalidad con un antiguo manuscrito de la misma en la Biblioteca de Lambeth; y a partir de ahí, modificada en más lugares de los que cabría imaginar. Y esa misma versión ha sido mejorada aún más a partir de una multitud de nuevos fragmentos del griego original, nunca antes observados. y en su mayor parte extraída de la magnífica edición tardía de las obras de San Atanasio; aunque esa obra no es suya, sino del joven patriarca Atanasio de la misma iglesia, que vivió alrededor del siglo VII. — [Véase Tom. ii. pág. 251. Doctrin. ad Antioch Ducem.] Ambas ventajas las debo también a la misma persona erudita (Dr. Grabe) que mencioné antes, quien no solo recopiló deliberadamente una para mí, sino que me comunicó con prontitud los extractos que había hecho para su propio uso de la otra.
Habiendo dicho tanto sobre las diversas piezas aquí expuestas y su traducción, no aburriré al lector con una larga descripción de mis discursos introductorios, en los que he añadido algunas cosas y corregido otras. Espero que, tal como está ahora, sea de utilidad para quienes no tengan mejores oportunidades de familiarizarse con estos asuntos, y que los convenza de la justa consideración que se debe a los tratados que les siguen, por esta doble razón: que fueron (en su mayor parte) escritos con verdad por aquellos cuyos nombres llevan; y que esos escritores vivieron tan cerca de los tiempos apostólicos que no cabe duda de que realmente nos representan la doctrina, el gobierno y la disciplina de la Iglesia tal como la recibieron de los Apóstoles; los Apóstoles de Cristo y de ese bendito Espíritu que los dirigió tanto en lo que enseñaron como en lo que ordenaron.
INTRODUCCIÓN.
1.Si hubiera diseñado la siguiente colección para beneficio o para la lectura del mundo erudito, habría considerado necesario decir muy poco a modo de introducción: los editores de los diversos tratados aquí reunidos, habiendo observado ya tanto sobre cada uno de ellos que creo que sería difícil de descubrir, de hecho estoy seguro de que sería muy innecesario molestar al lector con más. 2. Pero como sería ridículo pretender haber diseñado una traducción para quienes pueden, con mucho más provecho y satisfacción, acceder a los originales; así pues, al dirigirme ahora especialmente a quienes carecen de esa capacidad, supongo que no estaría de más, antes de guiarlos a los discursos mismos, para darles una idea de los autores de las diversas obras que he recopilado aquí; y de los tratados mismos; y de esa colección que ahora se hace por primera vez de ellos en nuestra propia lengua. Aunque en cuanto al primero de ellos, diré menos, debido al excelente relato que ya ha dado de la mayoría de ellos nuestro piadoso y erudito Dr. Cave: cuyas vidas de los Apóstoles y Padres Primitivos, junto con su otro admirable discurso sobre el cristianismo primitivo, desearía de corazón que estuvieran en manos de la parte más juiciosa de nuestros lectores ingleses.
3. Tampoco puede ser que una descripción como la que ahora propongo dar de las siguientes piezas sea del todo inútil incluso para los propios eruditos; quienes, careciendo de la oportunidad de recopilar los diversos autores necesarios para tal búsqueda, o del tiempo para examinarlos, no dudarían en ver esto fielmente reunido en una visión breve y general, cuya búsqueda habría requerido algo de tiempo y esfuerzo, ya que se encontraba difundida en una multitud de escritores, de los cuales de otro modo la habrían recopilado.
NOTA. — Aunque el estilo de los Discursos concernientes a las siguientes Epístolas es algo peculiar al de la época en que fueron escritas, aun así se consideró apropiado no variar el lenguaje excepto donde las correcciones en la gramática fueran indispensables.
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