LAS DIEZ TEOFANIAS
O, LAS APARICIONES DE NUESTRO SEÑOR A LOS HOMBRES ANTES DE SU NACIMIENTO EN BELÉN.
«VUESTRO PADRE ABRAHAM SE REGOCIJÓ AL VER MI DÍA; Y LO VIO, Y SE ALEGRÓ. ENTONCES LOS JUDÍOS LE DIJERON: AÚN NO TIENES CINCUENTA AÑOS, ¿Y HAS VISTO A ABRAHAM? JESÚS LES DIJO: DE CIERTO, DE CIERTO OS DIGO: ANTES QUE ABRAHAM EXISTIERA, YO SOY.» —JUAN 8:56-58.
WILLIAM M. BAKER, AUTOR DE “EL NUEVO TIMOTEO”, “SU MAJESTAD YO MISMO”, ETC.
NUEVA YORK
1883
LAS 10 APARICIONES DE CRISTO ANTES DE BELEN *BAKER*i-iii
INTRODUCCIÓN
El siguiente himno, de devoto y tierno entusiasmo por el Señor Jesús, traducido del latín, se puede encontrar en numerosas colecciones de versos sagrados:
HIMNO DEL CRUZADO
ESCRITO EN EL SIGLO XII
«¡Hermosísimo Señor Jesús, Gobernante de la Naturaleza! ¡Jesús, de Dios y de María el Hijo! A ti te amaré, A ti te honraré— ¡A ti, mi deleite, mi gloria y mi corona! «Hermosos son los prados, más hermosos los bosques, vestidos con el florido manto de la primavera: Jesús es más hermoso, Jesús es más puro, haciendo cantar a mi espíritu afligido. «Hermosa es la luz de la luna, más hermosa la luz del sol que todas las estrellas de la hueste celestial: Jesús brilla más, Jesús brilla más puro que todos los ángeles de los que el cielo puede enorgullecerse!»
Este himno, conocido como el Himno de los Cruzados, fue escrito en el siglo XII y cantado por los ejércitos que buscaban recuperar Tierra Santa de manos de los sarracenos.
Existe también una leyenda que cuenta que fue compuesto por un cruzado y que se encontró, tanto la letra como la música, en su casco mientras yacía muerto en el campo de batalla.
Me gusta creer que la leyenda es cierta; y al oírlo cantarse suavemente, mi imaginación me transporta a Oriente, donde los entusiastas de ese singular movimiento histórico se abren paso pacientemente a través de mares y desiertos hacia la tumba profanada de su Señor.
Este valeroso caballero ha cerrado su castillo, se ha despedido de su dama amada, se ha cosido la cruz al pecho y ha partido con solo su fiel espada, lanza y cota de malla. Bajo el sol abrasador y durante los largos asedios, su cuerpo y su corazón desfallecen.
Pero una figura nunca se desvanece de su vista. Siempre está presente ante él, y es la fortaleza de su corazón y la inspiración de su espíritu decaído. Es la imagen del «Señor Jesús más hermoso», el «deleite, la gloria y la corona» de su alma; el verdadero Capitán de la hueste, el típico Cruzado, tras quien todos los corazones leales deben cargar la cruz; quien no debería ser retenido en ningún sepulcro, por mucho que Él lo santificara.
Todo el desierto estaba lleno de la dulce y suave música de esa visión celestial y canto celestial.
Las salvajes olas del Levante lo cantaban, mientras su nave surcaba los mares siguiendo la ruta de Pablo. Sonaba por encima del grito de los capitanes, el rugido de las multitudes y el estruendo de las municiones de guerra. Y poco a poco, se convirtió en un canto y una melodía que resonaba en sus oídos todo el día y en sus sueños por la noche. Era la música que marcaba el ritmo de su vida.
Y un día, a la fresca sombra de alguna roca o bajo los brillantes cielos de alguna noche oriental, la plasmó en un fragmento de pergamino, y la guardó en su casco.
Al día siguiente, los «feroces asediadores» se abalanzaron sobre el débil y valiente ejército, y una cimitarra sarracena apagó, cegadora y oscuramente, el sueño terrenal y la nota fragmentaria de aquella cabeza cansada, y el casco vacío rodó hasta oxidarse en la llanura.
Pero no, no estaba vacío, pues poco después algún vagabundo del desierto, tropezando con él, descubrió el trozo de pergamino y la canción garabateada con sus compases, y llevó el himno del cruzado a Inglaterra, Francia o Bureundy, para dar testimonio a sus ancestros de la fe del soldado moribundo, y quizás para animar a otros corazones valientes y piadosos a buscar Tierra Santa. Con este pensamiento, me dispongo a escribir este volumen.
Es el legado y la última palabra para el mundo de un corazón tan valiente y consagrado como el que jamás haya vestido armadura de caballero o seguido la santa cruz. Fue un cruzado, no de palabra, sino de espíritu. La bella imagen del Señor Jesús fue su inspiración, y le dio más consuelo cuanto más cansados se sentían sus pies con el paso de la vida.
Llenó su mente de una dulzura de melodía y una grandeza de pensamiento que sintió la necesidad de transmitir a los demás.
Por eso, este libro, que aparece después de su partida, es, por así decirlo, una muestra de su propia esencia: la esperanza de salvación. Menciono esto porque, de otro modo, no se comprenderá el verdadero significado del libro.
Se diferencia de todo lo demás que escribió el Dr. Baker, ya que no fue una mera obra literaria. En ella imprimió toda la fuerza de su vívida imaginación y su estilo vigoroso; era inevitable que así fuera en todo lo que escribía. Pero era, ante todo, un libro conmovedor, y solo puede apreciarse de forma justa y completa cuando el crítico o el lector lo abordan como tal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario