jueves, 9 de agosto de 2018

ARCH 18 NOV 2020

 

lunes, 17 de julio de 2017

UN MANZANO PARA ISAAC

UN MANZANO PARA ISAAC
POR JON VARA
HAN PASADO tres años desde que Vicky y yo salimos del hospital estrechando unas cuantas fotos, la pulsera de identificación que le pusieron a nuestro hijo alrededor del tobillo, y un par de libritos sobre cómo superar la aflicción. Nuestra vida ha vuelto a la•normalidad, en términos generales, pero ha habido algunos cambios inesperados. Uno de ellos es la confusión que me embarga cuando me preguntan cuántos hijos tengo. En rigor, sin duda tengo uno, pero el corazón humano no entiende de tales precisiones.
"Dos varones", respondo, y espero que el tema se dé por concluido. Si me veo en la necesidad de decir más al respecto, explico que uno de los chicos murió; momento que me resulta vergonzoso, pues me hace sentir como si estuviera pidiendo conmiseración. Sin embargo, no mencionar a Isaac en absoluto, como si nunca hubiera existido, es algo que no puedo hacer.
Un nacimiento suscita alegría, porque encierra la promesa de un largo futuro: de crecimiento y cambio, de infecciones en los oídos, de regalos de cumpleaños y de lecturas en voz alta. Antes de mi experiencia con Isaac, habría pensado que el futuro de un niño necesariamente muere con él. Pero no es así. Una especie de sombra llena el hueco; como el miembro que siente seguir teniendo la persona a la que le han amputado un brazo o una pierna. Sin proponérmelo, he llevado la cuenta del tiempo que ha trascurrido desde el nacimiento de Isaac y he tenido una imagen mental del aspecto que podría haber presentado mi hijo en las distintas etapas de su vida.
ENTERRAMOS sus cenizas en un extremo del jardín' y, sobre ellas, sembramos un joven manzano. Lo cuidamos solícitamente: le quitamos los pulgones que atacan los renuevos, lo regamos en épocas de sequía y desherbamos el terreno sobre el que se asienta. Cuando llega el momento de podar sus ramas, a fines de invierno, las truncamos con el mismo cariño con que le cortaríamos las uñas a Un niño recién nacido.
Al final, todo este trabajo habrá merecido la pena. El árbol de Isaac empezará a fructificar muy pronto, y llegará a su plenitud cuando mi hijo hubiera entrado en la adolescencia. Con suerte, vivirá cien años.

viernes, 11 de agosto de 2017

DEMONIOS A CABALLO - ALAIN STANKÉ

 UN NIÑO EN EL INFIERNO
ALAIN STANKÉ

Demonios a caballo
UN DíA, mientras mi amigo Lazarius y yo jugamos en un parque oímos gritos y el correr de unos caballos. Varias bestias aparecen al final de la calle; son pequeñas, negras, musculosas, con crines largas y oscuras. Los jinetes vociferan al tope de sus pulmones y blanden las espadas por encima de sus cabezas.
Lazarius me lleva detrás de un árbol. Temblamos de miedo. La caballería entra al parque en una espesa nube de polvo. Puedo apreciar a los jinetes. Son pequeños, de tez oscura y ojos rasgados como los de los chinos. Tienen la cara redonda y los- pómulos salientes, y la mayoría llevan gorros, de piel.
Un tipo se nos une detrás del árbol.
¡Son-mongoles! —balbucea aterrorizado—. Bestias! ¡Salvajes!
Detrás de las monturas distingo unas piernas de hombre; luego unas de mujer. De pronto los caballos se mueven a un lado y nos dejan ver.
El hombre agita los brazos como para asustar a los animales y a sus jinetes. La mujer mira en derredor con pánico. Todo termina en un santiamén. El yace en el suelo, pisoteado por los cascos de los cuadrúpedos; ella, de rodillas, tiembla y solloza. La luz se refleja en los sables de -los mongoles y, luego la mujer queda teñida en sangre, yerta un momento; luego su cuerpo se sacude y retuerce.
Mi corazón late fuertemente. Lazarius jadea y el sudor le corre por la cara. "Quiero ir a casa, quiero ir a casa", solloza.
Por fin los mongoles se alejan al galope y nosotros nos aventuramos a salir y al llegar a la casa de mi amigo nos. separamos sin decir palabra.
Mi madre está en el portón con dos soldados. Su sonrisa me trasmite tanta ternura y tranquilidad que no resisto las lágrimas. Con mil incoherencias- le relato la escena del parque. Ella la traduce al ruso para los soldados.
—¡Mongoles locos! —dicen a coro y hacen girar sus dedos sobre la sien.
Pregunto a mi madre:
—¿Los mongoles están de parte de los rusos o son sus enemigos?
—Son soldados rusos,. mal que les pese a estos señores.
Vivimos en estado de terror. El blanco principal de los mongoles son las mujeres. Las matan a golpes de culata o a puñaladas. Al solo ruido de unos cascos Lazarius y yo corremos a escondernos.
Selecciones del Reader´s Digest
Julio 1980
 

domingo, 23 de julio de 2017

BELLEZA NATURALES ...DE GUATEMALA -2

 BELLEZA NATURALES ...DE  GUATEMALA 
JOSE MARIA  GARCIA 
  1891
  ¿En qué pensaron los Españoles, pregunta entonces el via- 
jero, los españoles QUE construyeron Cartagena, Santiago de Cu- 
ba, la Habana y tantas otras  soberbias ciudades fortificadas? 
Este punto en otro tienípo, se llamó Santo Tomás de Castila y 
no ha quedado vestigio alguno de su dominio en este para paraje."
 Aquí nos encargamos de la contestación:Los conquistadores 
habían penetrado al país por la frontera de Méjico: encontraron 
una región deliciosa por su clima y sus pintorescos sitios y como 
aquel que acaba de encontrar un tesoro, trataron de ocultar á 
los ojos del mundo su nueva conquista. La naturaleza se había  
encargado de cerrar la República y de ponerla al abrigo de las 
empresas de los filibusteros: una espesa selva virgen, al pie de 
una alta cordilla, puertos cerrados, ríon con barra, que ne- 
cesidad tenían de obstruir la entrada del puerto como lo hicie 
ron en Cartagena y de construir en la entrada de un estrecho 
canal, fortificaciones como las de Boca Chica o  de Santíago de 
Cuba? Guatemala era para los españoles de aquellos tiempos 
una especie de quinta de receo, de buen retiro, donde debían ví 
vir durante largos años familias de conquistadores  y emplea- 
dos favoritos de la Corte de España, allí debia vivir mucho 
tiempo al pie de los majestuosos volcanes, todo un mundo de 
frailes, monjas de todas las órdenes; ahí se construyó una capi- 
tal al gusto de aquellos tiempos,cuajada d eiglesias y monasterios
donde se pasaba la vida, entre galanteos y sermones. Du- 
rante muchos años, las pocas mercaderías, todas ellas españolas que 
se consumían en la antigua capital, se introducían  por Omoa ó 
por el río Motagua. cuya barra dejaba pasar pequeñas embarca- 
ciones. 
Los españoles. no dejaban entrar mercaderías de otros países 
y tampoco permitían que se cultivaran la viña y el olivo. Ocul- 
taban de tal modo su tesoro, que durante mucho tiempo, los 
geografo8 carecieron absolulamente de datos rara definir en sus 
obras, la posición, la división territorial, la población y las cos- 
tumbres de C«ntro- América. Aún en el día ha quedado un 
resto de ignorancia respecto de esos puntos. El comrcio designa 
todavía el balsamo de Guatmala bajo el nombre de bálsamo del 
Perú. 

martes, 28 de marzo de 2017

MI PADRE Y EL TEJEDOR BEODO- CLARENCE BUDINGTON KELLAND



Mi padre  y el tejedor beodo
¿Extraña educación? Algo digno de meditarse en estos días de “producción pedagógica en serie”
 Por Clarence Budington Kelland

Cuando mi padre tenía seis años lo pusieron a trabajar en una fábrica  de tejidos de lana, situada cerca de Mánchester, en Inglaterra. Le pagaban, creo, dos chelines por semana. Su jornada de trabajo empezaba a las seis de la tarde y concluía a las seis de la mañana.
No era esto lo que nuestros modernos educadores verían favorablemente como trompillón adecuado para zabullirse en el pozo de la cultura.
Sin embargo, esta historia quizá lleve alguna esperanza a quienes no pueden aprovechar los beneficios de “producción pedagógica en serie” de donde emergen hoy los que parecen ser admirados universalmente como hombres cultos.
La tarea de mi padre era manejar una carda mecánica en un inmenso y oscuro salón con velas. Para él, chico retraído y tímido, las horas de la noche eran terriblemente largas…o mejor dicho, lo hubieran sido a no haber estado la educación a la mano, en la carda mecánica vecina a la suya.
La educación tenía la peregrina forma de un tejedor arruinado, ebrio consuetudinario tan venido a menos en la profesión que ya no era capaz de desempeñar sino  ocupaciones apropiadas  a las capacidades de un muchacho de seis años. Debió de ser, dentro de su esfera, un hombre notable, había visto grandes dramas y conocido grandes actores, y como estaba dotado de una memoria prodigiosa, podía recordar dramas íntegros_ no sólo el  argumento sino el diálogo mismo con perfecta exactitud. Y así, noche tras noche, para aligerar sus horas de trabajo y divertir al desamparado chico, recitaba en voz alta los dramas de Shakespeare y de otros autores.
Igualmente el viejo bebedor le leía a mi padre libros que conservaba grabados en la admirable plancha de su memoria. Al parecer había leído muchas cosas de mérito: las novelas de Dickens, la historia de Grecia, la historia de Inglaterra, Las Mil y Una Noches, y naturalmente, Robinson Crusoe. Noche por noche semana tras semana recitaba cuanto sabía.
Como no tenía otra cosa en que ocupar su imaginación, mi padre absorbía y recordaba todo aquello. Antes de saber leer sabía de memoria algo de lo mejor  de la literatura inglesa.
Con el andar del tiempo, la familia de mi padre, compuesta toda de tejedores se trasladó a América, donde mi padre asistió por primera vez a una escuela y recibió la única  enseñanza formal de su vida…durante seis meses.
Pero aunque ayuno de todo conocimiento de la gramática, mi padre había sido contaminado por la palabra escrita. No era muy buena su pronunciación, ni sabía ortografía, pero dominaba el arte de la lectura, el que llegó a ser y sigue siendo_ después del baseball_ la pasión de su vida. Además, a la lectura agregó la cualidad de pensar. Porque no se puede frecuentar el trato de las ideas impresas sin que se originen los conceptos propios.
Después  que se caso con mi madre y hubo establecido su hogar, comenzó no solo a leer libros sino a comprarlos. Cuando yo era niño teníamos ya la biblioteca más grande del pueblo; en ella se encontraban todos los libros con que el viejo  tejedor había familiarizado a mi padre. En la noche, cuando volvía de la tienda donde estaba empleado, bajaba la lámpara colgante y nos leía a mi madre y a mí. Todas las noches. No teníamos ningún otro entretenimiento.
No he conocido a nadie que haya leído  más libros que el autor de mis días, y probablemente ninguno habrá leído en voz alta a su hijo. Antes de  ir a la escuela yo había oído leer todos los grandes libros ingleses; de un modo u otro aprendí a leer solo, y como a mi padre me acometió el embrujo de la palabra escrita. La educación, que, pasada por el tamiz de mi padre, recibí de un obrero beodo, me ha sido más valiosa que  cuanto aprendí en cualquier otra parte. Ella modeló mi vida, determinó mi profesión y fue la base del modesto éxito que he alcanzado.
Al traer a la memoria tales cosas en estos curiosos días de curiosas ideas, pienso en la enseñanza, lo mismo la de producción en serie que la de otra clase. Y en lo que el individuo puede hacer por sí mismo si tiene interés y aplica  su inteligencia al empeño. Y en cuánto más vale la educación individual que la que se recibe de acuerdo a determinada pauta. Y entonces siento una honda gratitud por mi padre y por el tejedor beodo.

sábado, 3 de febrero de 2018

PRESIDENTE DE GUATEMALA - 2020-2024-¿SERÁ A.G?

PRESIDENTE DE GUATEMALA ¿SERÁ A.G?
Guatemala, Lucha y gime deseperadamente por sacudirse el yugo oprobioso de la corrupción.
Muchos candidatos se presentarán aspirando al puesto de Presidente de la República. La mayoría de ellos bajo la desconfianza del pueblo que tiene sobre ellos una percepción de que solo buscan llegar a ser multimillonarios a costa del hambre de los guatemaltecos. ¿Habrá entre los futuros  aspirantes a candidatos a la presidencia alguién que sea integro de mente, palabra y corazón? ¿Alguién que aspire a sanar las heridas profundas de las cuales sufre lapatria Guatemala?
 Mientras llega ese momento, me pregunto, al igual que hace 3 años.
El Presidende Guatemala en el año 2020. ¿SERÁ A.G?

lunes, 9 de octubre de 2017

MAR 1850-SEP 1850 VILLA HUEHUETENANGO



676
GREGORIO DE JESUS ALVARADO VALIENTE
18 MARZO 1850
HIJO DE PAULINO ALVARADO Y DE POTENCIANA VALIENTE
PADRINO: MANUEL DE BARRIOS

GABRIEL GUTIERRES PALACIOS
18 MARZO 1850
HIJO DE PEDRO GUTIERRES Y DE EULOJIA PALACIOS
PADRINO: MANUEL HERRERA

ROMAN HERRERA MARTIN
24 FEBRERO 1850
HIJO DE FRANCISCO HERRERA Y DE EMILIANA MARTIN
PADRINO: LUPARIO CASTILLO

EUJENIA JOSEFA CASTILLO
20 MARZO 1850
HIJA DE SEBERINA MORALES
PADRINO: MANUEL CASTILLO

BENITA DE PAULA RECINOS PERES
20 MARZO 1850
HIJA DE  CAN--- RECINOS Y DE MARIA PERES
MADRINA: MARGARITA MORALES

CASTOLO MORALES SAMAYOA
26 MARZO 1850
HIJO DE TIBURCIO MORALES Y DE JULIA SAMAYOA
PADRINO: ALVINO MORALES

CELESTINA DE JESUS VILLATORO VILLATORO
6 ABRIL 1850
HIJA DE GUILLERMO VILLATORO Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA. JUANA  AGUSTINA CARRILLO

DIONICIO DE JESUS VILLATORO
8 ABRIL 1850
HIJO DE FLORENCIA VILLATORO
MADRINA: JOSEFA PALACIOS

JOSE ANGEL DE JESUS CARRILLO HERRERA
10 ABRIL 1850
HIJO DE JOSE CARRILLO Y DE TEODORA HERRERA
MADRINA: MARGARITA HERRERA

JULIO DE JESUS CIFUENTES
11 ABRIL 1850
HIJO DE YRINEA CIFUENTES
MADRINA: DOÑABALTASARA PORRES- ESPAÑOLA

ENGRACIA GERTRUDIS DE JESUS  CASTILLO
17 ABRIL 1850
HIJA DE ONORATA CASTILLO
MADRINA. SOLEDAD CARDONA

TORIBIO DE JESUS MONSON
16 ABRIL 1850
HIJO DE PETRONILA MONSON
MADRINA. JUANA DE BARRIOS

PERFECTO DE LA SOLEDAD HERRERA
18 ABRIL 1850
HIJO DE MARIANA HERRERA
PADRINO: CIRIACO HERRERA

MARIA CRESENCIA VELASQUES
18 ABRIL 1850
HIJA DE EBARISTA VELASQUES
MADRINA: YNOSENTA HERRERA

YNES DE JESUS LOPES DELGADO
20 ABRIL 1850
HIJO DE MARIANO LOPES Y DE SOTERA DELGADO
MADRINA: BONIFASIA ABILA

ANSELMA JOSEFA LOPES
21 ABRIL 1850
HIJA DE MICAELA LOPES
MADRINA: JUANA JOSEFA HERRERA

ALEJANDRA DE JESUS LOPES
25 ABRIL 1850
HIJA DE MERCEDES LOPES
PADRINO: VICENTE AREVALO

PETRONA DE JESUS HERRERA PALACIOS
29 ABRIL 1850
HIJA DE FRANCISCO HERRERA Y DE JOSEFA PALACIOS
MADRINA: MANUELA PALACIOS

FELIPE MERIDA MORALES
1 MAYO 1850
HIJO DE GERONIMO MERIDA Y DE MARIA DEL CARMEN MORALES
MADRINA: MARIA SDERAPIA PALACIOS

“REMITIDA A SUMPANGO. FEBRERO 5 DE 1879”
JOSE DE LA CRUZ ALVARADO HERRERA
3 MAYO 1850
HIJO DE ANASTACIO ALVARADO Y DE MARIA HERRERA
PADRINO: EUJENIO GUILLEN

MANUEL DE LA CRUZ RIBERA
3 MAYO 1850
HIJA DE MICAELA RIBERA
MADRINA: DOÑA LUISA PORTUGAL

HESTANISLAO JOSE SAMAYOA MARTIN
7 MAYO 1850
HIJO DE LUCIANO SAMAYOA Y DE JULIANA MARTIN
MADRINA: PAULINA MARTIN

PIOQUINTA DE JESUS LOPES LOPES
5 MAYO 1850
HIJA DE FAUSTINO LOPES Y DE FELIPA LOPES
PADRINO: JUAN ANTONIO LOPES

MIGUEL DE JESUS MONSON HERRERA
8 MAYO 1850
HIJO DE ANTONIO MONSON Y DE CORONADA HERRERA
PADRINO: MEREJILDO RIYOS (RIOS)

681
MANUEL GREGORIO MENDES
9 MAYO 1850
HIJ DE JOSEFA MENDES
MADRINA: SOCORRO RECINOS

JOSEFA ESTANISLAO LOPES ALVARADO
7 MAYO 1850
HIJO DE MARCOS LOPES Y DE JUANA ALVARADO
MADRINA: DOMINGA ALVARADO

“REMITIDA A MALACATAN”
YSIDRO DE LA SOLEDAD LOPES VILLATORO
15 MAYO 1850
HIJO DE ESUTAQUIO LOPES Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA: MANUELA HERRERA

YSIDRO FRANCISCO RIYOS (RIOS) PORRES
15 MAYO 1850
HIJO DE DON JOSE MARIA RIYOS
Y DE DOÑA BALTASARA PORRES- ESPAÑOLA

MARIA DEL SOCORRRO VILLATORO
22 MAYO 1850
HIJA DE SEBERINA VILLATORO
MADRINA: MANUELA RIYOS

JOSE YNDALECIO MORALES
21 MAYO 1850
HIJA DE JOSEFA MORALES
PADRINO: FULLJENCIO RIBAS

JUSTA DE JESUS LOPES
27 MAYO 1850
HIJA  DE JUANA LOPES
MADRINA: JOSEFA ALVARADO

FRANCISCO RODRIGUES LOPES
3 JUNIO 1850
HIJO DE FLORENCIO RODRIGUES Y DE MARIA LOPES
MADRINA: AGUSTINA CARDONA

NORVERTA DE LA SOLEDAD ALVARADO
6 JUNIO 1850
HIJA DE LORENSA ALVARADO
MADRINA: FELIPA HERRERA

NORVERTA DE LA  SOLEDAD CASTILLO
6 JUNIO 1850
HIJA DE CRESENCIA CASTILLO
PADRINO: PEDRO CASTILLO

MAXIMO DE JESUS SOSA CHAVES
_CHAVES PRIMERA VEZ CON  V_
HIJO DE NESTOR SOSA Y DE TERESA CHAVES
MADRINA: JUANA JOSEFA RECINOS

MARGARITO ANTONIO MORALES RECINOS
10 JUNIO 1850
HIJO DE MAXIMO MORALES  Y DE LEANDRA RECINOS
PADRINO: MACARIO HERRERA

BERNABE ANTONIO LOPES
11 JUNIO 1850
HIJO DE ELEUTERIA LOPES
MADRINA: FRANCISCA PALACIOS

BERNABE RUBIO HERNANDES
11 JUNIO 1850
HIJO DE DIONICIO RUBIO Y DE DIONICIA HERNANDES
MADRINA: MANUELA LOPES

JOSE FRANCISCO ARGUETA CASTILLO
16 JUNIO 1850
HIJO DE ___ARGUETA Y DE RITA CASTILLO
MADRINA: SOTERA CASTILLO

JUAN FRANCISCO ZAMAYOA MORALES
15 JUNIO 1850
HIJO DE TOMAS AQUINO SAMAYOA Y DE PETRONA MORALES
MADRINA: FRANCISCA PALACIOS

686
MARIO JOSE VILLATORO CASTILLO
18 JUNIO 1850
HIJO DE JOSE LEON VILLATORO  MARIA JOSEFA CASTILLO
MADRINA: MARIA VILLATORO

JOSEFA LUISA MONZON
21 JUNIO 1850
HIJA DE EMIDIA DE JESUS MONZON
PADRINO: DOROTEO AVILA

JOSE LUIS SAMAYOA VILLATORO
21 JUNIO 1850
HIJO DE GABRIEL SAMAYOA ALFARO  Y DE PETRONA VILLATORO
MANUEL JOSE CASTILLO RUBIO
17 JUNIO 1836
HIJO DE SEBERINO CASTILLO Y DE DIONICIA RUBIO
ANCESTROS DE MARTA, EMERITA, ARCADIO Y REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS, JUMAJ, ZONA 6, HUEHUETENANGO y de Samuelsonciudadepaz
MADRINA: YSABEL CASTILLO

PADRINO: TEODORO HERRERA

RAFAEL JOSE FEDERICO PORTAL HIDALGO-ESPAÑOL
17 MARZO 1850
HIJO DE DON FRANCISCO PORTAL- ESPAÑOL
Y DE DOÑA JESUS HIDALGO
MADRINA. DOÑA FRANCISCA CASTAÑEDA

LEONA DE JESUS VILLATORO GUTIERRES
29 JUNIO 1850
HIJA DE FRANCISCO VILLATORO Y DE ELIGIA GUTIERRES
MADRINA. MANUELA PALACIOS

FRANCISCA LADISLAO HERRERA GARCIA
27 JUNIO 1850
HIJA DE CLEMENTE HERRERA Y DE MARIA GARCIA
PADRINO: EDUBIGES CANO

687
JOSE ANGEL LOPEZ
1 JULIO 1850
HIJO DE EUSEBIA LOPEZ
MADRINA: “LA SRITA. DOÑA ESTER MOLINA”

GREGORIO DE JESUS GUTIERRES PALACIOS
4 JULIO 1850
HIJO DE BERNARDINO GUTIERRES Y DE CERAPIA PALACIOS
MADRINA: TOMASA PALACIOS

POLICARPIA ALVARADO CARDONA
8 JULIO 1850
HIJO DE TRANQUILINO ALVARADO Y DE PETRONA CARDONA
MADRINA: MARIA RAMONA VILLATORO

JOSE CIRILO VILLATORO HERRERA
7 JULIO 1850
HIJO DE D. VILLATORO Y DE FELIPA HERRERA
MADRINA: JUANA DE LEON

JOSE FEDERICO SIFUENTES
8 JULIO 1850
HIJO DE CLEMENTA SIFUENTES
MADRINA: FRANCISCA PALACIOS

688
“VISTA PARA SU MATRIMONIO 1890”
FELICITAS JOSEFA DEL CASTILLO ARGUETA
11 JULIO 1850
HIJA DE PEDRO MARTIN DEL CASTILLO Y DE  PETRONA ARGUETA
MADRINA: RAFAELA DEL CASTILLO

VENTURA DE JESUS RIVAS LOPEZ
14 JULIO 1850
HIJ_  DE JUAN ANTONIO RIVAS Y DE PETRONA LOPEZ
MADRINA: SANDIEGO CARDONA

MARIA DEL CARMEN CARDONA SOSA
16 JULIO 1850
HIJA  DE VIVIANO CARDONA Y DE CESARIA SOSA
MADRINA: YSABEL LOPEZ

MARIA DEL CARMEN CARDONA CHAVES
21 JULIO 1850
HIJA DE  YLARIO CARDONA  Y DE  MATIAS CHAVES
MADRINA: TIBURCIA RIBERA

POLINARIO  FRANCISCO PALACIOS LOPEZ
23 JULIO 1850
HIJO DE YSIDORO PALACIOS  Y DE  MARIA LOPEZ
MADRINA: MARIA ANDREA RIBERA

ANA MARIA SAMAYOA MORALES
25 JULIO 1850
HIJA DE MANUEL SAMAYOA Y DE FERMINA MORALES
MADRINA: MARCELA SAMBRANO

MANUEL MARIA  LOPEZ CASTILLO
29  JULIO 1850
HIJO DE JOSE MARIA LOPEZ Y DE ROBERTA CASTILLO
PADRINO: MARIO SAMAYOA

“REMITIDA A SOLOMA  PARA SU MATRIMONIO JULIO DE 74”
GERONIMO EMILIANO LOPEZ ARGUETA
30 JULIO 1850
HIJO DE JUAN BAUTISTA LOPEZ Y DE MARIA DE LOS ANGELES ARGUETA
MADRINA. GUADALUPE  LOPEZ

YGNACIA DE LA SOLEDAD CASTILLO
1 AGOSTO 1950
HIJA DE JUANA CASTILLO
MADRINA. CLARA  HERRERA

DOMINGO SAMAYOA
4 AGOSTO 1850
HIJO DE CATARINA SAMAYOA
PADRINO: SANTIAGO CASTILLO

JUSTA CIRIACA SOSA
9 AGOSTO 1850
HIJA DE JUANA SOSA
MADRINA: TERESA RIOS

CIRIACA DE JESUS CARDONA
8 AGOSTO 1850
HIJA DE MANUELA CARDONA
PADRINO: HENRIQUE ALVARADO

MARIA DE LOS ANGELES ORDOÑEZ CASTILLO
15 AGOSTO 1850
HIJA DE LEON ORDOÑEZ Y DE RAMONA CASTILLO
MADRINA: ANTONIA CHAVES

HONORATA DE JESUS PALACIOS
20 AGOSTO 1850
HIJA DE CAYETANA PALACIOS
PADRINO: LEON GUTIERRES

691
JUAN BAUTISTA CARDONA RIBAS
28  AGOSTO 1850
HIJO DE TIBURCIO CARDONA Y DE  GERMANA RIBAS
MADRINA: FRANCISCA RIBAS

AGUSTIN LOPEZ SAMAYOA
28 AGOSTO 1850
HIJO DE ANCELMO LOPEZ Y DE FELIPA SAMAYOA
PADRINO: JUAN DIONICIO GUTIERRES

ROSA DE LA TRINIDAD MAZARIEGOS DE LEON
30 AGOSTO 1850
HIJA DE SIMON MAZARIEGOS Y DE YLARIA DE LEON
MADRINA.MANUELA MAZARIEGOS

AGUSTIN DE JESUS LOPEZ GARCIA
28 AGOSTO 1850
HIJO DE MIGUEL LOPES Y DE  CATALINA GARCIA
MADRINA. EUGENIA MERIDA

MARIA MERCEDES CARDONA SANCHES
22 SEPTIEMBRE 1850Ç
HIJA DE MANUEL CARDONA Y DE FELICIANA SANCHES
MADRINA: MARGARITA CASTILLO

DAMIAN GUTIERRES VILLATORO
27 SEPTIEMBRE 1850
HIJ DE MARIANO GUJTIERRES Y DE YDUBIGES VILLATORO
MADRINA: ANACLETA JUARES

SIMONA DE JESUS LOPEZ GUTIERRES
28 SEPTIEMBRE 1850
HIAJ DE  SIMON LOPEZ Y DE ROMUALDA GUTIERRES
MADRINA: ANTONIA CASTILLO

693
“VISTA Y DESPACHADA A CHIANTLA”
ANGELA CANO HERRERA
2 OCTUBRE 1850
HIJA DE FAUSTINO CANO Y DE MARGARITA HERRERA
PADRINO: JUAN MORALES

MARIA DEL ROSARIO CASTILLO
5 OCTUBRE 1850
HIJA DE YGNACIA CASTILLO
MADRINA: GREGORIA CASTILLO

BRIGIDO HERRERA CASTILLO
8 OCTUBRE 1850
HIJO DE LORENZO HERRERA Y DE  DOLORES CASTILLO
MADRINA. FLORENCIA ALVARADO

BRIGIDO GALINDO
8 OCTUBRE 1850
HIJO DE ENCARNACION GALINDO
MADRINO: MARIANO ORDOÑES

RAFAEL MARIA HERRERA
20 OCTUBRE 1850
HIJO DE FRANCISCA HERRERA
MADRINA: APOLINARIA MOLINA

MANUEL DE LOS SANTOS HERRERA ARGUETA
31 0CTUBRE 1850
HIJO DE SANTOS HERRERA Y DE PETRONA ARGUETA
MADRINA: MARIA TRINIDAD HERRERA

MARIA CORONADA RECINOS
8 SEPTIEMBRE 1850
HIJA DE PETRONA RECINOS
MADRINA: MARIA SERAPIA PALACIOS

TEODORA DE JESUS SAMAYOA MORALES
9 SEPTIEMBRE 1850
HIJA DE DOMINGO SAMAYOA Y DE LAUREANA MORALES
-ANCESTROS DE MARTA, EMERITA, ARCADIO Y REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS, JUMAJ, ZONA 6, HUEHUETENANGO-
MADRINA: PAULINA SAMAYOA

viernes, 13 de octubre de 2017

ABRIL 1857-JUNIO 1857 VILLA HUEHUETENANGO

SALVADOR RIOS VELASQUEZ
12 ABRIL 1857
HIJO DE DAVID RIOS Y DE ANDREA VELASQUEZ
PADRINO. JOSE RIOS CASADA CON TIODORA HERRERA

ANSELMO LOPEZ CASTILLO
20 ABRIL 1857
HIJO DE YRINEO LOPEZ Y DE CIRILA CASTILLO
PADRINO: DOMINGO DE LEON CASADO CON MARIA CASTILLO

39
SOTERA HIDALGO MAURICIO
23 ABRIL 1857
HIJA DE PANTALEON HIDALGO Y DE MARIANA MAURICIO
MADRINA: PETRONA ARGUETA CASADA CON PEDRO CASTILLO

MARIA INEZ BARRETO MAURICIO
21 ABRIL 1857
HIJA DE VICTORIANO BARRETO Y DE ENCARNACION MAUJRICIO
MADRINA. MANUELA SAMAYOA _SOLTERA

SOTERA SOSA
22 ABRIL 1857
HIJA DE MANUELA SOSA
MADRINA: FAUSTINA DIAZ

PETRONA FRANCISCA PALACIOS  HERRERA
29 ABRIL 1857
HIJA DE CAYETANO PALACIOS  Y PIA JOSEFA HERRERA
PADRINO: DON FRANCISCO VALDES DEL LLANO_ESPAÑOL_
CASADO CON DOÑA SUSANA MONT

MARIA DE LA CRUZ CASTILLO HERRERA
3 MAYO 1857
HIJA DE GUADALUPE CASTILLO  Y DE EUSEBIA HERRERA
MADRINA: LORENZA ALVARADO

GREGORIO MORALES GUTIERREZ
9 MAYO 1857
HIJO DE LEANDRO MORALES Y DE JOSEFA GUTIERREZ
PADRINO: JOSE VILLATORO

ATANACIA LOPEZ MORALES
2 MAYO 1857
HIJA DE MARCELINO LOPEZ Y DE BRUNA MORALES
MADRINA: SERAPIA PALACIOS CON BERNARDINA GUTIERREZ

JUAN NEPOMUCENO ESCOBAR
16 MAYO 1857
HIJA DE NASTACIA ESCOBAR
MADRINA: MAXIMA VILLATORO CASADA CON PIO PALACIOS

42
JUAN FRANCISCO MENDEZ ARGUETA
9 MARZO 1857
HIJO DE REGINO MENDEZ Y DE LUCIANA ARGUETA
MADRINA: PETRONA ARGUETA CASADA CON DON PEDRO MARTIR CASTILLO

BERNARDINO VILLATORO
20 MAYO 1857
HIJO DE JOSE VILLATORO Y DE FELIPA HERRERA
MADRINA. ATANASIA ALVARADO CASADA CON JOSE MENDEZ

43
SUSANA SOSA CARDONA 

MELESIO SOSA MONZON
24 MAYO 1857
HIJO DE MARCELO SOSA Y DE JACINTA MONZON
MADRINA. JUANA CARDONA CASADA CON AMBROCIO MONZON

GREGORIO RAFAEL HERRERA RIVERA
25 MAYO 1857
HIJO DE LAUREANO HERRERA Y DE DESIDERIA RIVERA
MADRINA: RAFAELA AVILA_ VIUDA

“ LADINA DE COMITAN”
MERCEDES ANCHEYTA AGUILAR
1 JUNIO 1857
HIJO DE MARCOS ANCHEYTA Y DE YNES AGUILAR
PADRINO: MARIANO SOTO -SOLTERO

45
PRESBITE DE SOLOMA DON COSME HANBACH ..LOPEZ RODRIGUEZ

“REGISTRADA PARA JACALTENANGO”
MARIA TRINIDAD SAMAYOA
7 JUNIO 1857
HIJA DE PAULA SAMAYOA
MADRINA: LUCRECIA MARTIN CASADA CON VICENTE PALACIOS

47
JOSE  MARIA SOSA

VICTOR CASTILLO LOPEZ
15 JUNIO 1857
HIJO DE MANUEL CASTILLO  Y DE YGNACIA LOPEZ
MADRINA: YRINEA LOPEZ CASADA CON JULIO CASTILLO

48
JOSE FRANCISCO DE PAULA VALDES MONT
15  JUNIO 1857
HIJO DE DON FRANCISCO VALDES DEL LLANO
 -DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ESPAÑA
Y DE DOÑA MARIA ANTONIA SUSANA MONT OCAÑA
PADRINO: EL SEÑOR DON JUAQUIN MONT_ DE CATALUÑA, ESPAÑA
HUEHUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO

48
RIVAS VILLATORO

JUAN VILLATORO
26 JUNIO 1857
HIJA DE PATRICIA VILLATORO
MADRINA. CRESENCIA CASTILLO_ SOLTERA
CIRILO  VILLATORO VILLATORO
11 JULIO 1857
HIJO DE GUILLERMO VILLATORO Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA. URSULA  DIAZ - SOLTERA
50
PROCOPIO FRANCO
MANUEL MARIA HERRERA SAMBRANO
18
HIJO DE JOSE HERRERA
51
BERNAVELA ARGUETA  PALACIOS
18
HIJA DE VALENTIN ARGUETA Y DE FAUSTINA PALACIOS
PADRINO; JOSE MARIA CASTILLO
BENTURA RECINOS 18
HIJ
ADRIN
JOSE MARIA MAURICIO 18
52
MARIA DE LOS ANGELES CASTILLO  MENDEZ
SALVADORA HERRERA RIVAS 18
PANTALEON RIVERA  PALACIOS
53
MANUEL DE JESUS PALACIOS  VELASQUEZ
MADRINA: CONCEPCION RIOS-SOLTERA
CIRIACA RUBIO
HIJA DE DIONIDCIO RUBIO Y DE DIONICIA RUBIO
MARIA DE LOS ANGELES CASTILLO
54
PAULA DE JESUS HERRERA
MADRINA: SAN DIEGO SAMAYOA
JUAN FRANCISCO VILLATORO
BERNARDA PALACIOS RECINOS
55
GERONIMA EMILIANA LOPEZ RIVERA
TEREZA FRANCISCA RIOS
AGUSTIN CIFUENTES
56
RAMONA CASTILLO RECINOS
JUAN SOSA CHAVES
MARIA CORONADO ARGUETA
27 SEPTIEMBRE 1857
HIJA DE JOSE CORONADO Y DE  DOLORES ARGUETA

57
MARIA JOSEFA L.OPEZ
ESTEBAN LOPEZ JUAREZ
MARIA NATIVIDAD RIOS
58
MARIA JOSEFA HERRERA  MERIDA
59
MANUEL DE LA CRUZ RECINOS GRANADOS
60
MARIA VASQUEZ TARACENA
MADRINA TIBURCIA RIVERA CASADA CON MARIANO CALDERON
MARIA DEL ROSARIO MONZON
RIVAS CASTILLO
61
ROSA LOPEZ
62
MARIA DEL PILAR HERRERA DIAZ
12  OCTUBRE 1857
HIJA DE  JUAN HERRERA Y DE MARIA DIAZ
PADRINO.JUAN ALVA CASADO CON JUANA LOPEZ
FLORENTINA MONZON
PEDRO CASTILLO AGUIRRE

miércoles, 25 de octubre de 2017

144-151 VILLA DE HUEHUETENANGO

 VILLA DE HUEHUETENANGO
 144
145
CASTILLO AGUIRRE
146
JOSE MARIANO LOPEZ  H DE  PETRONILA LOPEZ ¿Castillo?

 147

JOSEFA CHAPETAS HIJA DE BARBARA CHAPETAS MADRI ENCARNACION GALINDO

DIAZ

SATURNINO VELAQUEZ CASTILLO HIJA DE  BRIGIDO VELASQ Y DE  ANTONIA CASTILLO  PADRI MARIANO CASTI

ALFARO

 148
7 DICIEMBRE 1859
NICOLAS LOPEZ MORALES DE ELEUTERIO LOPEZ  VELASQUEZ Y DE FLORENTINA MORALES RIVERA, ANCESTROS DE REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS
 JOSE MARIA LOPEZ AGUSTIN DE EUSEBIO LOPEZ Y DE AGUSTINA AGUSTIN MAD MARIA ARGUETA
LECOADIO LOPEZ MAD GABRIELA ALVAREZ
HERRERAN PALACIOS
VALERIANO CASTILLO MONZON  DE MARTIN CASTILLO Y DE SEFERINA MONZON PADRI CALLETANO PALACIOS
RECINOS SAMBRANO
149
ADELAIDA DE JESUS  GIRON CIFUENTES 
TOMASA GUTIER
LOPEZ FUNES 
DE OLALLO PALACI
AÑO DE 1880
LOPEZ ARGUETA
 150

Maria manuela  CAST RODRIG

RUBIO HERRER

ANGELA YNES  (DE) AGUAYO OSORIO PAD EL SR CURA BACHILLER  DON ROMAN SOLANO

MERCEDES TRINIDAD  AGUAYO  OSORIO  PADRI DON CECILIO  GAITAN

JOSE YNES ALVARAD
151
REYES RODAS HIJO DE A REYES Y DE TIBURCIA RODAS ¿DE SIJA?
HABIENDO LLEGADO A ESTA VILLA DE HUEHUETENANGO EN DIEZ Y OCHO DE ENERO EL YLMO. SEÑOR DOCTOR  DON FRANCISCO DE PAULA GARCIA PELAEZ...
 LOPEZ HERRERA
HERRERA CASTILLO
152
 

domingo, 19 de noviembre de 2017

EL MARTIR DEL GOLGOTA- ENRIQUE PEREZ ESCRICH

EL MÁRTIR,GOLGOTA 
POR ENRIQUE PEREZ ESCRICH 
MADRID- 
L. LOPEZ Y A. GULLON , EDITORES, 
1866 
TRADICIONES DE ORIENTE 
SU AUTOR 
ENRIQUE PEREZ ESCRICH. 
SEGUNDA EDICION. 
TOMO I. 
MADRID. 
GULLON y LOPEZ. EDITCRES. 
Administración. Cármen 13. 
1866. 
Propiedad de los editores 
MADRID.— Imprenta del Norte, á cargo de C. Moro, barrio de Arguelles. 

NOS DON JOSÉ DE LORENZO Y ARAGONÉS, 
PRESBÍTERO, DOCTOR EN SAGRADOS CÁNONES, CONSEJERO REAL DE INS- 
TRUCCION PÚBLICA, DIRECTOR DEL REAL MONTE DE PIEDAD, VICARIO JUEZ 
ECLESIÁSTICO ORDINARIO DE ESTA M. H. V. Y SU PARTIDO, ETC. 
Por la presente, y por lo que á Nos toca, concedemos licencia para 
que pueda imprimirse y publicarse el manuscrito del poema que con el 
título de El Mártir del Gólgota pretende dar á luz D. Enrique Pérez 
Escrich; mediante que de nuestra orden ha sido examinado y no con- 
tiene, según la censura, cosa alguna contraria al dogma católico y sana 
moral. 
Dr. Lorenzo. 
Por mandado de S. S. 
Ldo. Juan Lorenzo González. 
Madrid, 2 de Junio de 1863. 

AL SEÑOR 
D. RICARDO SAN MIGUEL Y BUSTAMANTE. 
DEDICATORIA. 
Querido Ricardo: La iconología nos representa la amistad bajo la poé- 
tica forma de una mujer joven y hermosa coronada con mirto y flores de 
granado. Sobre su tersa frente , blanca como las nieves del Sabino, se leen 
estas palabras: invierno y verano; y en la franja de su finísima túnica estas 
otras : la vida y la muerte. 
Esta diosa tiene el costado abierto por donde enseña el corazón , y 
sus piés un perro de hermosas lanas duerme tranquilamente. 
Desde tiempos muy remotos, los hombres rindieron culto á la diosa que 
con tan poéticos atributos nos presenta la ciencia del conocimiento de las 
imágenes. Cuando sus cariñosos lazos unen á dos séres , les trasmiten algo 
de su inmortal esencia. Por eso la amistad que es verdadera , ni envejece 
con los años ni se enfria con la nieve de las canas. 
Dejemos, pues , amigo mió , que ruede el tiempo sobre nosotros: enve- 
jézcase en buen hora nuestro cuerpo siguiendo la ley inalterable de la na- 
turaleza; pero conservemos joven y lozana, franca y desinteresada, la 
amistad que hace años nos profesamos. 
Si mis sueños de poeta no me engañan, El Mártir del Gólgota será 
siempre mi obra favorita , tal vez está destinada á vivir mas que su autor; 
por eso pongo su nombre de V. en su segunda página. 
Esta dedicatoria es un lazo que debe unir aun después de la muerte los 
nombres de Ricardo San Miguel y su amigo de corazón 
Enrique Perez Escrich
 Madrid, 10 de Junio de 1863. 

INTRODUCCION 
Doce años de paz inalterable, desconocida desde la muerte 
de Numa Fompilio, disfrutaba el mundo, cuando Dios, lan- 
zando sus compasivos ojos hácia la tierra, decretó bajar á 
ella en forma de hombre y derramar su sangre por el delito 
ajeno. 
Su venida debia anunciarse con grandes y asombrosos 
acontecimientos: así sucedió. 
Los impíos idólatras del Olimpo de Homero, los sensua- 
les adoradores de Venus la prostituta y. Mercurio el ladrón, 
los corrompidos cortesanos del Capitolio, languidecían en 
brazos de la pereza y el amor. 
Aquella paz inalterable les llenaba de admiración,, y un 
dia subieron al templo á consultar el oráculo de Apolo 
cuánto tiempo duraría. 
El oráculo les respondió estas palabras : Hasta que para 
una Virgen. 
Creyendo que por el orden natural, era imposible que 
esto sucediera, pusieron esta inscripción sobre la altiva 
puerta: Templo de la paz eterna. 
Mientras tanto la sibila de Cuma, la inspirada poetisa,, 
vaticinaba en la ciudad impía de los Sibaritas la venida de- 
Jesucristo. 
Octavio Augusto reunió su consejo, y la profetisa fué in- 
terrogada. 
El César quería saber si nacería otro hombre mayor 
que él. 
El emperador esperaba una respuesta, cuando un círculo 
de oro apareció alrededor del sol. 
En el centro, rodeada de vivos rayos, se hallaba una 
Virgen llevando, un hermoso Niño en los brazos. 
La Sibila entonces, extendiendo su mano hácia el bri- 
llante foco del cielo, exclamó con voz profética: 
— Ese Niño es mayor que tú, adórale. 
De repente oyóse una voz misteriosa que decia: Esta es la 
ara santa del cielo (1). 
Esto-sucedia en Roma cuando en Oriente, en la moderna 
Babilonia, en la populosa Seleucia, apareció una estrella 
que, arrancando de sus palacios á los reyes magos, les con- 
(1) Sobre el Capitolio, en Roma, donde se alzaba en tiempo de la venida 
de Jesucristo el palacio de Octavio Augusto, se halla hoy el convento de 
Santa María del Ara-Coeli, de donde proviene la tradición, que hemos nar- 
rado según San Antonio, arzobispo de Florencia. 
dujo con su resplandor á la puerta de un establo de Belén. 
La profecía de Balaan se cumplía. La estrella de Jacob 
acababa de nacer en los cielos. 
Del Oriente llegaban unos idólatras á depositar á los pies 
do una cuna la primera piedra del cristianismo. 
La voz del ángel despertó á los pastores en sus chozas, y 
éstos y los magnates se hallaron al lado de un lecho á cuyo 
pié iba á morir el mundo pagano. 
Un Niño hermoso como el sueño del justo, rubio como 
las espigas de Egipto, se agitaba sonriendo dulcemente sobre 
un montón de paja: hijo de una Virgen, nacía en un pesebre 
y estaba destinado á redimir el mundo. 
Este recien nacido era el Mesías anunciado por los pro- 
fetas. 
Los dioses terribles del paganismo Molok, Tifón, Ahri- 
rnan, doblaron su ceñuda frente ante Jesús, el Dios hombre, 
el Dios de la pobreza y la mansedumbre , que vestido con la 
túnica del mendigo, buscaba la choza del humilde para vivir 
con él y enseñarle estas consoladoras palabras: Bienaventu- 
rados los que lloran, porque ellos serán consolados. 
 El hombre entonces empezó á sentir en su seno el gér
men de una nueva vida, y cuando el cansancio le hacia caer 
bañado en sudor sobre el arado, elevaba los ojos llenos de 
dulces lágrimas al cielo, y le pedia á Dios fuerzas para es- 
perar el dia de la recompensa. 
El esclavo, sacudiendo la cadena, lanzó una mirada en 
torno suyo y permaneció con el oido atento , hasta que poco 
á poco fué animándose su fisonomía, y una sonrisa melan- 
cólica apareció en su labios. 
La esperanza habia brotado en su corazón, la cadena 
caía rota á sus plantas; porque estas palabras pronunciadas- 
por Dios habían llegado á sus oídos: Todos somos hermanos. 
Los desgraciados entonces se agruparon en derredor de 
Jesucristo, pastor de almas, que cruzaba la tierra bus- 
cando al afligido para enjugar sus lágrimas y derramar en 
su angustiado corazón la rica semilla de la fé cristiana. 
.Allí donde gemia una criatura, allí estaba Jesús para 
consolarla. 
Allí donde se lamentaba un enfermo, allí estaba el Naza- 
reno para devolverle la salud. 
Sus palabras fueron el copioso manantial de la caridad y 
del consuelo donde la humanidad aplicó su sedienta boca, y 
mitigando la abrasadora sed que devoraba su pecho, exclamó 
con entusiasmo: Creo en Tí, Dios mió, porque entre los in- 
numerables beneficios que ta venida nos trajo, guardaremos 
uno en nuestro corazón eternamente ; porque él es el esco- 
jido entre los escojidos, es el pan del alma cristiana, la di- 
vina antorcha que nos enseña el camino de la gloria: tu 
santa doctrina, los Evangelios. 
Jesús apareció como el ángel del bien sobre la tierra, en 
Samaría, en Canaán, en Bethanía, en Galilea, en Jeru- 
salen. 
Se vió rodeado de un pueblo, que sediento de amor, der- 
ramaba flores ante sus plantas, y llamándole su Dios, su 
Rey, le pedia con las lágrimas en los ojos que le enseñara su 
nueva doctrina. 
Su fama, sus hechos, sus milagros, corrieron de boca en 
boca por todos los ámbitos del mundo , hasta que un dia es- 
tas palabras, todos somos iguales, llegaron á oídos de los pon- 
tífices y pretores de Jerusalen. 
Los tiranos se estremecieron en sus palacios, y girando 
en torno sus sangrientos ojos, buscaron al hijo del pueblo 
que se atrevia á llamarse el Dios de la humanidad , Rey de 
los Fariseos, cuyas palabras empezaban á trastornar el orden 
de las cosas. 
Le hallaron por fin, le interrogaron, y al oir la santa 
verdad de su doctrina, retiráronse avergonzados tartamu- 
deando con torpe lengua estas palabras: Con este hombre la 
ciencia es impotente... ¿Será el Mesías? 
Desde entonces, en sus sueños, en sus báquicas orgías, 
hasta en el borde de la humeante copa vieron escritas estas 
palabras: El que es mas grande de vosotros será vuestro criado. 
Calcularon sus fuerzas y la inmensidad del peligro que 
les amenazaba, y rugiendo como el huésped de los bosques 
de Africa , mientras con la una mano se apretaban el cora- 
zón, devorado por la conciencia, con la otra firmaban la 
muerte del Redentor. 
Su rabiosa impotencia, su ciego orgullo, elevó un cadalso 
á Dios. 
La tragedia divina tuvo su desenlace. 
Cristo subió al Calvario, lanzó el último suspiro en bra- 
zos del sagrado leño , descendió desde allí al sepulcro , y al 
tercer dia se elevó al cielo en apoteosis.  
Sus lágrimas cayeron sobre el corazón de la humanidad 
como gotas de rocío; sus palabras fueron la fuente del con- 
suelo; su sangre la preciosa semilla de la religión cristiana; 
la cruz el sagrado signo de la redención, la llave del paraíso. 
Las profecías se habían cumplido. 
Los apóstoles de la fé , los propagadores de la nueva ley, 
se estendieron sobre la tierra, y buscando el martirio co- 
menzaron á sembrar la palabra humanidad , desconocida 
hasta entonces. 
El Cristianismo creció qomo una bola de nieve. 
Los circos de Roma, los tormentos de la India, no pudie- 
ron aplastar su hermosa cabeza. 
Nerón, Cómmodo, Diocleciano, Magencio, esos verdu- 
gos de la humanidad, sacrificaron mas de un millón de cris- 
tianos; pero el Cristianismo renació como el ave fénix de 
sus cenizas. 
Por todas partes brotaban nuevos retoños de la fé que 
extendian su joven y poderosa sávia en el corazón de la hu- 
manidad. 
Las aguas del bautismo cayeron como el rocío celeste 
sobre los hijos de los idólatras. 
Las mujeres, con la sagrada institución del matrimonio 
cristiano, tuvieron una posición social, una familia; y como 
si todos estos beneficios no proclamaran la divinidad del Ga- 
lileo, la impía Jerusalen, la ingrata ciudad de los fariseos, 
cayó convertida en escombros ante los romanos de Vespa- 
siano y Tito, sepultando entre sus ruinas un millón de habi- 
tantes que la celebración de la Pascua habia reunido en la 
ciudad sacerdotal. 
La profecía del Mártir del Gólgota se habia cumplido. 
El cristianismo, salvando á la sociedad de una ruina 
cierta, abrigó en su cariñoso seno los restos de la civilización 
y del arte. 
El plan de nuestro libro abarca todos esos grandes acon- 
tecimientos que presenció el pueblo de Israel. 
Antes de dar principio, hemos procurado estudiar las 
Sagradas Escrituras, las costumbres hebreas y las poéticas 
tradiciones de Oriente. 
Sin faltar al dogma, muchas veces hemos adoptado el es- 
tilo poético, tan necesario á un libro de esta índole. 
♦ La fé y la religiosa admiración que nos inspira el que 
lanzó su último suspiro en el monte de la Calavera, nos ha 
empujado á componer una obra que nos asombraba al con- 
cebirla, y que hoy, viéndola terminada, la damos á luz con 
respeto y veneración. 
Juzgúela, pues, todo aquel que nos honre leyendo nues- 
tro libro, y lejos de creerle una obra importante, téngalo 
solo como un grano de arena que colocamos en la inmensa 
pirámide del Cristianismo , elevada por las santas palabras 
del Mártir del Gólgota. 

martes, 30 de mayo de 2017

ANDRES CUESTA- ANTONIO GORRIONERO- SIGLO XVI

LOS PROTESTANTES
 Y LA ESPIRITUALIDAD EVANGELICA 
EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI
MANUEL DE LEON DE LA VEGAS
ESPAÑA 

 
Andrés Cuesta. 
Por igual motivo, este obispo de León que asistió al Concilio, había dado 
dictamen favorable al catecismo de Carranza. Con sutilezas de servicio de Dios y 
del Rey fue interrogado por el Consejo de la Inquisición el 14 de octubre de 
1559. Cuesta volvería a emitir dictamen sobre el catecismo y otras obras de 
Carranza y desde Villalón escribiría al inquisidor general con el nuevo dictamen 
que para sorpresa de muchos, seguía siendo favorable al Catecismo, 
demostrando tener "un alma fuerte y vigorosa" dirá Llórente. Lo cierto es que 
el juicio se paralizó y no consta que en 1574 se intentara la retractación de 
Cuesta pues viendo el camino que llevaba el proceso de Carranza, resolvieron 
sobreseer todas las causas a los obispos. Llórente se complace en ver la firmeza 
de Cuesta. 

Antonio Gorrionero

Obispo de Almería, también había dado dictamen favorable al Catecismo 
de Carranza por lo que se le formó proceso en Valladolid, aunque no se le 
prohibió acudir al Concilio en su tercera reunión de 1560. 

FRANCISCO MELCHOR CANO
 Natural de la villa de Tarancón, Cuenca, Cano había estado en el Concillo 
en su segunda edición de 1552. Religioso dominico como Carranza, fue 
nombrado por el inquisidor general Fernando Valdés como censor cuando fue 
delatado el Catecismo a la Inquisición. El obispo Cano censuró muchas de las 
proposiciones que sonaban a luteranas y otras que provenían de las causas 
abiertas a luteranos presos. Parece ser que Cano no guardó el secreto 
inquisitorial, pues llegó a oídos de Carranza cuando estaba en Flandes y se 
escribieron por enero de 1559. También el luterano fray Domingo de Rojas, 
religioso dominico como ellos, preso en las cárceles secretas, además de otros 
luteranos de entonces, declararían que Cano asentía a muchas de sus 
proposiciones luteranas. Se agrandaría la sospecha de luterano al ver que 
ciertas proposiciones dichas en conversaciones particulares sobre su obra “De 
locis theologícis" señalaban de herejía al obispo Cano. Moriría en Toledo en 
1560 y su proceso quedaría en suspenso pues en este tiempo había escrito al 
Inquisidor Valdés con el propósito de dedicarle la obra, la cual Valdés publicaría 
en 1562 en Salamanca. 
Pese a todo lo expuesto de su luteranismo, Cano pasara a la historia 
como el delator de Carranza pues fray Luis de la Cruz, del que daremos noticias 
de su luteranismo, dirá que fueron las "calumnias del maestro Cano, émulo del 
arzobispo y capital enemigo de todo lo bueno, hombre de ingenio vasto, pero 
revoltoso". Así mismo de Cano hablaran mal fray Juan Manuel, fray Domingo 
Cuevas y fray Domingo Calvete, al haber oído a fray Domingo Calvete, rector del 
colegio de San Gregorio de Valladolld, que Carranza "estaba Inocente y tan mal 
prendido como Jesucristo y que matar al maestro Cano sería tanto servicio a 
Dios como decir Misa. 

domingo, 9 de abril de 2017

LA IMAGINACION CURA O ENFERMA- Recetas Médicas

 Hojas de las Libretas de los Médicos
LA IMAGINACION CURA O ENFERMA
The Reader's Digest
Años de los 40s
 
The Reader's Digest invitó a los médicos, por medio de las revistas del ramo, a que le enviasen relatos de casos que ilustraran cómo habían aprovechado, en el ejercicio del arte de curar, los recursos de la imaginación y su conocimiento de los hombres. La primera selección de los centenares de relatos recibidos, se publicó en el número de agosto de esta Revista.

ENTRE los clientes del finado doctor Mau-rice Rubel había una dama muy bella pero muy consentida, que padecía de rebeldes jaquecas, las que le causaban profunda postración. A cada ataque del mal, se refugiaba en su aposento, y su esposo se dedicaba allí a cuidarla con la mayor solicitud. Por más pruebas y exámenes que se hicieron, no se logró descubrir la causa de las jaquecas. A falta de otra explicación, el doctor Rubel sospechó que la causa verdadera consistía en el capricho de la esposa de monopolizar el tiempo y la atención del marido. En tal supuesto, ordenó un mes de completo reposo, e hizo llamar, para que cuidase de la señora, a la más linda de sus enfermeras.
Como los sistemas nerviosos más delicados son los que mejor responden al régimen de quietud para restablecerse, la enfermera no debía asistir a la paciente sino por breves momentos, y nada más. El esposo quedó igualmente proscrito del aposento de la enferma. Para que las veladas se le hiciesen menos largas al esposo, el facultativo insinuó que se distrajese jugando a las cartas con la enfermera. Hasta el cuarto de la enferma llegó algún indicio del agrado con que el esposo se dedicaba a las partidas de juego. El efecto sobre su salud fué mágico, la mejoría instantánea. Se declaró del todo curada, dijo que no necesitaba ya de enfermera. Pero el médico fué inflexible: el tratamiento debía durar un mes. Al concluirse el plazo, la enferma se levantó radiante- segura de que no volvería a necesitar enfermera. Rochester, Minesota.

viernes, 26 de mayo de 2017

EL QUIJOTE-CERVANTES SAAVEDRA - SOCONUSCO

HISTORIA DE LA AMERICA CENTRAL
POR AGUSTIN GOMEZ CARRRILLO
1895

Individuo de la Facultad de Derecho de Guatemala y de 
la de El Salvador de las Academias Españolas de la Lengua
 y de la Historia, de la Matritense' 
de Jurisprudencia y Legislación, de las Sociedades 
Económicas de 
Barcelona y Madrid, de la Asociación Internacional de Derecho 
Penal establecida en Alemania y condecorado por el Go- 
bierno francés con las Palmas Académicas de la clase

 
Miguel 
de Cervantes Saavedra, mortificado por la falta de medios 
para, sostenerse, pidió en 1590,en humilde memorial, el 
gobierno del partido de Soconuzco del reino de Guatema- 
la; solicitud que no fué atendida por el monarca, quien 
contestó: busque por acá en que se le haga merced: de sarcas- 
mo han calificado algunos ese real auto; pero según el bió- 
grafo Díaz de Benjumea, fué verdadera providencia y 
previdencia; y así es en efecto, ya que si Cervantes hu- 
biese venido por acá, á ocuparse en funciones de la admi- 
nistración pública, es de creer que no existiría el monu- 
mento grandioso que aquel ingenio admirable supo alzar 
para gloria eterna de las letras castellanas: vegetando en 
ese pedazo del americano suelo, en el que se produce el rico 
cacao que desde entonces se cultivaba allí, probablemente 
no habría sentido los impulsos que lo arrastraron á escri- 
bir el Quijote, y presea de tanto valer no luciría en la co- 
rona literaria del ilustre pueblo español. 

lunes, 8 de mayo de 2017

HEREJIAS Y SUPERSTICIONES EN LA NUEVA ESPAÑA - JULIO JIMENEZ RUEDA

HEREJIAS Y SUPERSTICIONES EN LA NUEVA ESPAÑA 
JULIO JIMENEZ RUEDA
 UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO 
MONOGRAFIAS HISTORICAS 
 IMPRENTA UNIVERSITARIA 
MEXICO, 1946 
 
De Llerena y Sevilla llegaban a México las primeras semillas de 
"ilusión" y "alumbramiento" que habían de florecer en México y en 
Puebla en las postrimerías del siglo XVI y, para rematar, un grupo 
de ingleses se diseminaba por todo el territorio de la Nueva España, 
haciendo labor de proselitismo religioso y político entre todos los que 
tenían relación con ellos. Exaltaban a la Reina Isabel y practicaban el 
ritual anglicano, mientras los judíos conversos y judaizantes, venidos 
desde los primeros tiempos de la colonización, viajaban por los caminos, 
se establecían en las ciudades, pretendían fundar colonias, celebraban 
ayunos, negaban la venida del Mesías, improvisaban sinagogas y prac- 
ticaban todos los ritos de su ley. Si se piensa que la casi totalidad de 
ellos eran de origen portugués y enemigos del régimen español, es decir, 
no solamente fautores de herejía, sino reos de lesa majestad por combatir 
al Rey y conspirar contra el régimen de los Austrias, pretendiendo la 
Independencia del Portugal, incorporado a la sazón a la Corona de Es- 
paña, se comprenderá el empeño de Felipe II de establecer el Santo 
Oficio y encomendar su fundación a una persona de su entera y absoluta 
confianza, como lo era don Pedro Moya de Contreras, Inquisidor pri- 
mero y después Arzobispo, Visitador de la Audiencia, Virrey de la 
Nueva España, Presidente del Consejo y Patriarca de las Indias. 
Cada uno de los capítulos que constituyen esta obra, daría materia 
para un volumen. El autor se ha propuesto abrir simplemente una bre- 
cha, que más tarde se encargarán de ampliar los eruditos en la materia. 
El material es abundante. Los papeles de nuestros archivos se hallan 
en espera del estudioso que saque de ellos provecho necesario. Sola- 
mente en el capítulo de supersticiones y hechicerías podría obtenerse 
 una cosecha singular. Como primer intento de sistematización, claro está 
que el libro presente deficiencias, omisiones e, indudablemente, errores. 
Ya se irán subsanando en ediciones subsecuentes o en la obra de otros 
investigadores que, con mayor erudición y paciencia más acendrada 
emprendan la tarea de ahondar en nuestro pasado en este tan interesante 
campo de la historia de las ideas y del sentimiento religioso. 
___________________________________ 
Empezaba la reforma de la iglesia desde dentro ; vienen a la Nueva 
España muchos de estos clérigos que han de ser procesados por el San- 
to Oficio como "solicitantes", es decir, que se aprovechan del confesonario 
para satisfacer bajos instintos. Vienen individuos que tienen tratos con 
la justicia, huyendo de las cárceles. El lenguaje que usan es libre, la 
blasfemia es corriente escucharla en boca de hombres y mujeres. El 
blasfemo, es un hereje en potencia. Ya en sus dichos hay un principio 
de heterodoxia y, por ello, los castiga el Santo Oficio. He aquí unos 
datos importantes: En el año de 1527 se procesa por blasfemos a Ber- 
32 
naldos Luna, Juan de Cuevas, Juan Bello, Hernando García Sarmiento, 
Francisco González, Diego Núñez, Gil González Benavides, Juan Mar- 
tin Berenjil, Diego Francisco, Rodrigo Rangel, "blasfemo horroroso" 
— ¿cuáles serán las terribles blasfemias de este caballero? — , 
Francisco 
Núñez, Lucas Gallego, Alonso Orellana, Alonso de Espinosa, Cristóbal 
Díaz, Gregorio de Monjaraz, Alonso de Carrión, Juan Rodríguez de 
Villafuerte. Del año de 1528 al 1571, en el que se establece definitiva- 
mente el Santo Oficio, se incoaron 138 procesos por blasfemia, de 
ellos se siguieron 18 en Oaxaca; 9 en Guatemala; 11 en Guadalajara; 
6 en Michoacán ; 1 en Pachuca ; 7 en Mérida ; 1 respectivamente en 
Toluca, Puebla, Campeche y Sombrerete ; 2 en León de Nicaragua. 
Los blasfemos pertenecían a todas las clases sociales : abogados, 
escri- 
banos, criados, esclavos. Eran hombres y mujeres. Llegaron a pronun- 
ciarse palabras malsonantes en el pulpito, y por ello se le siguió
 proceso 
al doctor Barbosa, provisor del Arzobispado de México, acusado por 
el deán Alonso Chico de Molina, y en Yucatán se denunció por lo 
mismo al cura de la Villa de Tabasco, Andrés de Porras. 
No vamos a reproducir aquí las blasfemias que se oían por esas 
calles de Dios : No ofenderán a nadie las que hemos seleccionado de una 
tan abundante cosecha. Juan de la Serna fué procesado en 1564 por 
decir: "Adán no pecó por la manzana, sino por la lujuria"; en 1568, 
Pedro Diez de Carvaxal por expresarse en estos términos : "Voto a 
Dios que no he de sembrar por no diezmar"; en 1563, Alonso Gómez 
por decir : "paró su caballo como un serafín" ; en el mismo año, Juan 
Angel por manifestar, haciendo poco honor a su apellido, "pese a Dios 
de la crisma que recibí", y en 1564 hubo de verse ante los inquisidores 
Francisco Tijera, por haber compuesto el siguiente pareado : 
Pues Dios no me quiere ayudar: 
el diablo me ha de llevar. 1 
Además de la blasfemia se castigaba el proferir malas palabras, 
deshonestas o simplemente demasiado sonoras. Todavía no hemos po- 
dido los mexicanos abandonar este vicio de la expresión bronca y des- 
considerada. Don Pedro Moya de Contreras, al establecer definitiva- 
mente el tribunal, se mostraba optimista en carta dirigida al cardenal 
1 Los judíos en la Nueva España. Publicaciones del Á. G. de la N., tomo 
XX, 1932. 
33 
Espinosa, inquisidor general, pues le decía: "Las libertades de lengua 
parece que ya cesan, porque se vive y se habla con recato, siendo unos 
de otros censores y denunciadores con celo muy cristiano con no haber 
precedido castigo." Tan sólo se había promulgado el pregón y se ha- 
bía procedido al juramento de fe y, sin embargo, en el primer auto de 
fe, que se efectuó el domingo 28 de febrero de 1574, fueron penitencia- 
dos por haber proferido palabras mal sonantes: Juan de Valderrama, 
de Guatemala, y Hernando Moreno de Navarrete, natural de Baeza, 
en España. 
A veces, en la conversación se expresaban ideas que sí tenían un 
franco carácter herético. Por ejemplo, en 1551 el doctor Pedro de la 
Torre, natural de Logroño y vecino de Veracruz, se mostraba panteísta 
con Lorenzo Valla al decir "que Dios y la naturaleza son una misma 
cosa", sima en la que no cayeron nunca los místicos españoles contem- 
poráneos, como tampoco cayeron en el "quietismo", a diferencia de los 
otros países. 

jueves, 15 de junio de 2017

“CUACHES Y LADINOS” JACOBA Y SILVERIO SOSA-1851-HUEHUETENANGO-Guatemala



 VILLA DE GUEGUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO

“CUACHES Y LADINOS”
JACOBA Y SILVERIO SOSA
31 DICIEMBRE 1851
HIJOS DE BENTIA SOSA
PADRINOS: JACINTO SOSA Y MARIA ALVARADO
(F)  Cura L. J. CAMBRONERO

viernes, 14 de julio de 2017

AGUSTIN PLEETEIS -1862- Huehuetenango

AGUSTIN PLEETEIS
9 MARZO 1862
HIJO DE DOMINGO PLEETEIS Y DE NICOLASA GOMEZ
VILLA DE HUEHUETENANGO
GUATEMALA
PLEETEIS es un apellido de Europa Oriental

jueves, 13 de abril de 2017

UN MINUTO QUE CAMBIO UNA VIDA



No se por qué en este mundo no hay más gente
que procure comprender más y odiar menos»

UN MINUTO QUE CAMBIO UNA VIDA

( Condensado de «Foremen:Leaders or Drivers?» )
Por Sherman Rogers



TENGO un hijo— un muchachote pelirro­jo—que se llama Ferruccio. Muchos me han preguntado por qué le puse nombre extranjero.



Hace 43 años me encontraba trabajando en un campamento maderero. Cortábamos y podába­mos los troncos en verano y después de las neva­das de otoño los arrastrábamos en trineos hasta el río que distaba como seis kilómetros y medio. Tenía el camino tres cuestas muy pendientes. Yo enarenaba la cuesta número uno. Un belico­so italiano llamado Ferruccio estaba encargado de la cuesta número dos que era la más peligrosa. Ferruccio se pasaba la vida renegando. Ape­nas hablaba inglés pero sabía maldecir, y malde­cía en todas las lenguas conocidas. Como nunca había oído a nadie dirigirle una palabra amistosa era natural que nunca diese una respuesta ama­ble.
Cierta mañana el superintendente del cam­pamento me dijo que se iba a la ciudad y que en su ausencia me dejaba encargado de los obreros que hacían el trasporte. Como en aquel entonces contaba solamente 20 años me sentí muy enva­necido. Tenía, sin embargo, algunas dudas y pregunté que haría si los hombres se negaban a obedecerme.
—¡Despídelos! —respondió con vi­veza el superintendente.
—Bueno—repuse—Vaya usted buscando otra cuadrilla de trasportadores porque cuando regrese ya los de ésta se habrán marchado.
Poco después de irse el superinten­dente se me presentó el viejo escocés que era dueño del campamento.
Escucha, muchacho—me dijo—Ahora eres el capataz y yo no voy a restarte autoridad. Pero sé que tienes intención de despedir a Ferruccio.
Es usted adivino.
—Pues yo lo sentiría mucho. Llevo 40 años en este negocio y Ferruccio es el obrero más seguro que he tenido. Sé que es un ogro y que detesta a cuantos lo rodean, pero también es el primero en llegar al trabajo y nunca se va hasta después que todos los de­más se han marchado. Además desde que empezó a trabajar aquí, hace ocho años, no ha ocurrido un solo accidente en esa cuesta. Antes de venir él todos los años se mataban hombres o caba­llos. Pero tú eres el capataz y a tu juicio lo dejo.__
Tan pronto lo perdí de vista me dis­puse a decir a Ferruccio algo que siem­pre había tenido ganas de decirle. Cuando llegué a la cuesta número dos me quedé observándolo varios minu­tos antes de comprender lo que el hombre estaba haciendo.
Enarenar caminos es trabajo muy especial. Cuando el trineo se acerca el enarenados camina delante y va poniendo en los surcos helados justa­mente la cantidad precisa de arena pa­ra que el pesado trineo se deslice len­tamente. Pero no era eso lo que Fe­rruccio estaba haciendo en aquel mo­mento.
La temperatura era de cerca de 18 grados bajo cero. Ferruccio estaba se­cando una paletada de arena en una pequeña hoguera. No llevaba ropas de abrigo sino un simple overol. En vez de mitones de lana tenía guantes de tela. Se estaba helando pero en vez de calentarse el desabrigado cuerpo secaba la arena al fuego para asegurar mejor el paso del próximo trineo; era una precaución extraordinaria que no figuraba entre las reglas del oficio.
Me llegué a él y le dije:
—Buenos días, Ferruccio. ¿Sabes que hoy el amo soy yo?_
Se limitó a responder con un gruñido.
— Bueno... —continué--¿ Sabes que estaba decidido a despedirte ?
Ferruccio emitió otro gruñido para indicar que quedaba enterado.
Pero—agregué—nadie te despi­dará a ti.
Ferruccio levantó los ojos de la pala y se quedó mirándome de hito en hito.
Entonces le repetí al pie de la letra lo que me había dicho el viejo escocés.
Ferruccio dejó caer la palada de arena. Las lágrimas le rodaban por las mejillas.
— ¿Por qué no me dijo él eso hace ocho años ?—preguntó.
Me retiré en seguida y no volví a verlo durante el resto del día. Por la noche cuando los de los trineos fueron a lavarse, uno de ellos exclamó entusiasmado:
¿Vieron cómo trabajó hoy el italiano? Ha echado arena suficiente para enarenar una docena de cuestas; vola­ba de un lado a otro como si tuviera alas. ¡Y se ha pasado el día repartiendo sonrisas!
Ya oscurecía cuando oí que me lla­maban.
— ¡Eh, patrón!
Era Ferruccio. Quería invitarme  a cenar con él.
¿Sabes cocinar?—le pregunté.
No, yo no sé cocinar; María es la que sabe.
¡No me digas que eres casado!
Seguro que sí—y agregó con cierta timidez:— tenemos cuatro mu­chachos... ¡los cuatro muchachos más lindos del mundo!
Caminamos aprisa porque el ter­mómetro seguía alrededor de 18 bajo cero. Por fin llegamos a un claro pe­queño donde se alzaba una casa de trozas.
Ferruccio se llevó los dedos a la bo­ca, dio un agudo silbido e inmediata­mente se abrió la puerta de par en par. Salió una mujer tan ancha como alta y tras ella asomaron cuatro pequeñue­los. Ferruccio corrió dando jubilosos gritos al encuentro del grupo y los confundió a todos en estrecho abrazo.
¡El hombre a quien yo había tenido siempre por áspero e intratable era en realidad marido y padre amoroso! Pensé que tal vez todos los juicios que me había formado sobre otros extran­jeros eran igualmente erróneos.
— ¡Venga, patrón! —gritó Ferruccio —La sopa está esperando.
Mientras comíamos, Ferruccio y María sostuvieron viva conversación en italiano. Súbitamente ella se puso en pie de un salto, se acercó a mí y me dio un beso.
— ¡Caramba, Ferruccio!—exclamé — ¿Qué es esto?
Y Ferruccio explicó:
Acabo de contar a María que usted es el primer capataz que me ha dicho « trabajas muy bien, Ferruccio, » y ella se ha puesto como unas Pascuas.
Podría escribir largo y tendido so­bre aquella noche. Pero sólo diré que vi a una mujer arrodillarse junto al lecho de sus hijitos para rezar pidiendo al cielo que les diera salud y los hicie­ra buenos ciudadanos. Pidió también a Dios que permitiera a los demás ni­ños entender a sus hijos y no darles nombres despectivos.
Luego me contó que sus dos hijos mayores volvían siempre afligidos de la escuela porque los compañeros se burlaban de ellos a causa de sus ropas pobres y de su hablar incorrecto. Comprendí entonces cuánto  tienen que sufrir los hijos de padres extran­jeros debido a las crueles mofas de otros niños.
 Un par de días después fui a la es­cuela, hice que enviasen a su casa a los dos italianillos y rogué a sus com­pañeros y compañeras que les dieran oportunidad de sentirse sus iguales. Poco después dejé el campamento no sin haber sabido antes que ya las bur­las se habían acabado y que los chi­quillos empezaban a conocer días más felices.
DOCE años más tarde bajaba yo a pie por un deslizadero de trozas en la accidentada Península Olímpica del estado de Washington buscando el campamento de un amigo. Súbita­mente vi a un hombre en lo alto de la cuesta. Estaba allí tieso como un pos­te, arrogante, bien vestido. Le grité pidiéndole que me indicase el camino del campamento. Se quedó merándome, volví a gritarle y empezó a correr a mi encuentro. Entonces lo reconocí.
¡Ferruccio!—grité— ¿Qué de­monios haces en estas tierras?
Riendo alegremente me contestó:
Ahora soy aquí la gran persona.__
Ferruccio había llegado a ser supe­rintendente de construcción de lanzaderos en una de las más grandes compañías. dedicadas al negocio de trozas en el Oeste. Me habló de su fa­milia. Todos gozaban de excelente sa­lud y el hijo mayor estaba estudiando en la universidad. Luego me dijo:
 A no ser por aquel minuto en que usted me habló yo hubiera mata­do a alguien algún día... Ese minuto cambió por completo mi vida. Y esa hora que pasó usted en la escuela cam­bió también la vida de mis chicos.
Y después de una breve pausa, agregó:
No sé por qué en este mundo no hay más gente que procure compren­der más y odiar menos.
Y yo le contesté:
Eso mismo vengo pensando yo hace I2 años.:__

viernes, 10 de noviembre de 2017

INFLUENCIA GUATEMALTECA EDUCACIONAL EN COSTA RICA

 HISTORIA DE LA INFLUENCIA EXTRANJERA EN EL 
SESENVOLVIMIENTO EDUCACIONAL  Y CIENTIFICO DE COSTA RICA
Por LUIS FELIPE GONZALEZ
IMPRENTA NACIONAL
SAN JOSE DE COSTA RICA
1921 
 
Con los señores Jerez, Zelaya y Rivas, puede decirse que ter- 
mina la influencia de la cultura de Nicaragua en Costa Rica. No 
así la de Guatemala, que continuó ejerciéndose por medio de los 
jóvenes costarricenses que hicieron estudios de Derecho y Medicina 
en su Universidad, y por medio de algunos profesores, originarios 
de aquel país y trasmisores de su cultura al nuestro, (i) Entre los pri- 
meros profesionales que llegaron al país procedentes de Guatemala, 
está el doctor don Nazario Toledo. El doctor Toledo vino a Costa 
Rica por el año de 1835. Además de las muchas posiciones polí- 
ticas que ocupó, siendo las principales de ellas, la de Presidente 
de la Asamblea Constituyente de 1846 y Ministro Plenipotenciario 
de nuestro país en el suyo en 1 849, ejerció su acción docente en la 
antigua casa de Enseñanza de Santo Tomás; fué Rector y profesor 
de la Universidad y Ministro de Instrucción Pública en 1858. 
El 22 de abril de 1840 llegó a Costa Rica en compañía de 
los partidarios de Morazán el distinguido guatemalteco don Felipe 
Molina. El señor Molina nació en Guatemala en 1812. Allí prin- 
cipió sus estudios primarios, terminando su educación en la ciudad 
de Füadelfia de los Estados Unidos. De regreso a su patria ocupó 
el puesto de Subsecretario de Hacienda, pasó más tarde al Estado 
de El Salvador donde tuvo a su cargo la Subsecretaría de Re- 
(1) Posteriormente figuran como profesores don Juan Montalto en el 
Colegio de San Luis Gonzaga y el señor Miguel Ramírez Goyena y 
don Alceo Hazera en el Iviceo de Costa Rica. 
laciones Exteriores y desempeñó la Gobernación en varios depar- 
tamentos. 
Algún tiempo pasó don Felipe Molina en nuestro país, des- 
pués se dirigió a la América del Sur, visitando Chile y Perú. En 
1 843 volvió a Costa Rica y se dedicó a negocios particulares no 
interviniendo en la política sino hasta 1848 cuando fué como Re- 
presentante Diplomático a Nicaragua, con una importante misión, 
que desempeñó satisfactoriamente. Sus servicios se supieron apre- 
ciar bien y nuevamente se le encargó una misión ante los Gobier- 
nos de Francia, Inglaterra, España y las ciudades anseáticas. A su 
paso por Madrid escribió un interesante folleto sobre límites de Ni- 
caragua y Costa Rica. 
Al regreso de su viaje apenas permaneció en la República un 
corto espacio de tiempo, saliendo con destino a los Estados Uni- 
dos de América, investido con el carácter de Ministro Plenipoten- 
ciario de Costa Rica en aquella gran nación, primera misión diplo- 
mática acreditada por nuestro Gobierno en la gran República del 
Norte. Valiosísimos servicios prestó en su nuevo puesto, entre 
otros, escribiendo su folleto sobre límites entre Costa Rica y Co- 
lombia y mayores sin duda los hubiera prestado a no haberle sor- 
prendido la muerte en la ciudad de Washington el primero de 
febrero de 1855. (i) 
La influencia cultural del señor Molina en nuestro país la acre- 
ditan su actuación de profesor de Inglés y de miembro de la Fa- 
cultud de Ciencias Matemáticas y Físicas de la Universidad de 
Santo Tomás y la publicación de su Bosquejo Histórico y Geográ- 
fico de Costa Rica, primera publicación de ese género traducida 
a varios idiomas y que constituyó en nuestros colegios y escuelas, 
hasta 1886, el primer texto didáctico para la enseñanza de la his- 
toria nacional. 
Por el año de 1845 llegó a Costa Rica otro guatemalteco no 
menos ilustre que los anteriores. Nos referimos al Doctor don 
José Fermín Meza y Orellana. Nació el señor Meza en la ciu- 
dad de Huehuetenango de Guatemala, el 7 de julio de 1816. Hizo 
sus educación primaria en su ciudad natal y continuó sus estudios 
superiores en la capital de la República hasta llegar a graduarse 
de bachiller en Filosofía. Después de haber coronado la carrera de 
Farmacia, emprendió los estudios de medicina en Guatemala 
que terminó en la Universidad Central de París en 1841, reci- 
(1) Un vistazo sobre Costa Rica en el siglo XIX át Máximo Soto Hall, 
San José de Costa Rica 1900, p. 271. 
hiendo el diploma de Médico y cirujano. Regresó después a su 
patria, donde se le encomendaron varios servicios en el Ejército, 
todos relacionados con su profesión. Estuvo en El Salvador y Ni- 
caragua donde dejó muy buenos recuerdos por sus servicios duran- 
te su actuación profesional. 
En la Universidad de León desempeñó gratuitamente varias 
cátedras. Trasladóse a Costa Rica y fijó su residencia en Heredia, 
ciudad en la cual ejerció su profesión de farmacéutico y de mé- 
dico, distinguiéndose no sólo por sus conocimientos sino también 
por su carácter bondadoso y caritativo. La cultura intelectual de 
Heredia recibió con el señor Meza una influencia muy apreciable, 
dado el interés que desplegó en la fundación y sostenimiento del 
Colegio de Segunda Enseñanza de San Agustín, y por su colabo- 
ración en el primer semanario publicado en esa localidad, titulado 
La Aurora. Médico del Pueblo por muchos años, cirujano del Ejér- 
cito en la Campaña Nacional, miembro del Protomedicato de la 
República, el señor Meza, después de una vida entregada al bien 
de sus semejantes, murió en Heredia en noviembre de 1879. Tan 
ilustre profesional fué el primer farmacéutico que llegó a Costa 
Rica y en tal carácter fué incorporado el 3 de enero de 1846. (i) 
Acompañado del Licenciado don Julián Volio y de don Juan 
José Ulloa,que hacían sus estudios de Derecho en Guatemala, llegó 
al país el 21 de abril de 1850, el doctor Lorenzo Montúfar. 
Un mes después de radicado en la capital el señor Montúfar fué 
electo Magistrado de la Corte de Justicia y empezó la publicación 
de un periódico de estudios jurídicos, titulado El Observador. En 
seguida se el dio el encargo de redactar, en compañía de don Julián 
Volio, una Ley Orgánica de Tribunales. Fué nombrado profesor de 
Derecho Natural en la Universidad en 1852. Después, por razones 
de familia, se dirigió a su patria y una vez de regreso en Costa Rica, 
ocupó la Secretaría de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública 
con que le favoreció en 1855 el Presidente Mora. Dos años mas 
tarde con motivo de los acontecimientos de la Campaña Nacional se 
le confió una misión diplomática ante el Gobierno de la República 
de El Salvador. A la caída del Gobierno de don Juan Rafael Mora, 
el señor Montúfar salió del país con dirección a los Estados Unidos 
de América. 
Después de una corta permanencia en la gran República del 
Norte regresó a Costa Rica en 1861, pero la situación política de 
nuestro país no le fué favorable, viéndose obligado entonces a em- 
(1) De la obra en preparación: Historia del desarrollo de la provincia 
de Heredia. 
prender un nuevo viaje y dirigirse a El Salvador. Allí logró adqui- 
rir una representación diplomática snte el Gobierno de los Estados 
Unidos. Estuvo después en Europa por encargo del Gobierno de 
El Salvador y en febrero del mismo año lo tenemos de nuevo en- 
tre nosotros, ejerciendo su profesión de abogado. En 1865 tomó 
parte en el Consejo Intimo nombrado por el Presidente don José 
María Castro. En el año siguiente se dedicó a la labor periodística, 
fundando El Mensual Josefino, que después lo convirtió en quin- 
cenal. En esta época permaneció el doctor Montúfar en Costa Rica 
hasta 1868, en que nuevos acontecimientos políticos lo obligaron 
a abandonar el país y a dirigirse por segunda vez a E! Salvador. 
En esa República aceptó una misión diplomática ante el Gobierno 
del Perú. En 1870 regresó de nuevo a nuestro país. Durante el 
Gobierno iniciado el 27 de abril de 1870, aceptó la Secretaría 
de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, posición que con- 
tinuó desempeñando en la Administración del General Guardia 
con el recargo de las Carteras de Guerra y Marina en 1872. Du- 
rante el desempeño de ese Ministerio impidió el ingreso de los 
Jesuítas y publicó tres opúsculos contra los miembros de la Com- 
pañía de Jesús. Obtuvo también en esta época varias misiones di- 
plomáticas y comisiones en el extranjero. 
Representó a nuestro país en las Conferencias de Amapala en 
1 87  y pocos meses después se le dio el encargo de dirigirse a 
Londres para arreglar la negociación de un empréstito. Después 
de alejado del Ministerio, se le confió en 1873 una nueva misión 
a Europa. Regresó a San José en 1874 y se le encargó otra 
misión que aceptó ante el Gobierno de Guatemala. En abril de ese 
año, estando de nuevo en Costa Rica, se dedicó al ejercicio de su 
profesión; aceptó el Rectorado de la Universidad y temó las clases 
de Derecho Internacional. El señor Montúfar había sido Rector de 
la Universidad en 1865, y del Instituto Nacional ^x\ 1875. (i) 
La actuación docente del señor Montúfar se limita apenas a 
las clases que dio en la Universidad. En su carácter de Ministro de 
Instrucción Pública estableció en 1856 en nuestro centro universi- 
tario, la cátedra de Economía Política. En 1871 dictó una impor- 
tante circular, aunque sin resultado práctico alguno, sobre la extir- 
pación de analfabetas. Su obra de mayor influencia didáctica en nues- 
tro país fué la Reseña Histórica de Centro América, de la cual ha 
tenido mayor estimación el último tomo referente a la Campaña Na- 
cional. Figuran además entre sus publicaciones: Historia Patria, 
Economía Política, Derecho de Gentes y Leyes de Guer7'a; El Ge- 
morias Autobiográficas &'S^ L,orenzo Montúfar, Guatemala, 1898. 
neral Montñfar, El Syllabtis, Memorias Autobiográficas , y gran 
número de folletos, discursos y publicaciones periodísticas, algunas 
de ellas de mucho valor histórico. El señor Montúfar había hecho 
sus estudios en la Universidad de San Carlos de Guatemala. En 
1 84 1 se graduó de bachiller en Filosofía, tres años después de ba- 
chiller en leyes, recibiéndose de abogado en 1848. Entre sus pu- 
blicaciones de Derecho están los Apuntamientos sobre gradiiación 
de acreedores. A su iniciativa se debe la creación de las cátedras de 
Economía Política y de Derecho Público en la Universidad de Gua- 
temala. Dio clases de Derecho en El Salvador en 1849 y ejerció 
también allí su profesión de abogado. 
En su patria el doctor Montúfar ocupó varias posiciones po- 
líticas de importancia, llegando a ser candidato a la Presidencia 
por el Partido Liberal en 1892. El señor Montúfar llevó una vida 
de gran actividad intelectual y política. A una edad bastante avan- 
zada murió este ilustre centroamericano en 1898. 
Los acontecimientos políticos de Guatemala durante el Gobier- 
no de don Justo Rufino Barrios, arrojaron a nuestro país a uno de 
los miembros más distinguidos de la intelectualidad de aquella 
nación: don Rafael Machado Jáuregui. Llegó a Costa Rica el 
doctor Machado en 1873. Se incorporó como abogado en setiem- 
bre de 1874 y ejerció aquí con acierto esa profesión. Dio clases de 
Literatura en el efímero Colegio de Santo Tomas en 1873. Fué 
profesor de la Universidad y del Instituto Nacional y llegó a 
coronar su acción cultural desempeñando en 1876 la Secretaría de 
Instrucción Pública. Colaboró con el doctor José María Céspedes 
en la elaboración de un proyecto de Estatutos para el Colegio de 
Abogados. 
El doctor Machado ejerció no escasa influencia en la cultura 
literaria y jurídica de nuestro país. De su actuación periodística que- 
dan muchos trabajos dispersos, publicados en la prensa, así como 
algunas selecciones de sus composiciones poéticas publicadas en La 
Lira Costarricense. Fué colaborador de El Foro, redactor del 
periódico Costa Rica, colaborador de Costa Rica Ilustrada y fun- 
dador en compañía de don Pío Víquez, de El Heraldo de Costa 
Rica. Fué Director de la Imprenta Nacional, Presidente del Cole- 
gio de Abogados y Fiscal de Corte. 
Tan ilustre centroamericano nació en Guatemala el 20 de abril 
de 1832. Hizo estudios de enseñanza secundaria en la Univer- 
sidad de San Carlos donde obtuvo el grado de bachiller en Filo- 
sofía el 19 de agosto de 1846. Dedicado a los estudios de Derecho 
en la misma Universidad, adquirió tres años después el título de 
bachiller en Derecho Civil y en mayo de 1850 el de Derecho Ca- 
nónico. En junio de 1853 coronó sus estudios de Derecho recibien- 
do el título de abogado de los Tribunales de Guatemala. En su 
país natal fué miembro de la Sociedad Económica de Amigos, uno 
de los centros culturales más prestigiados de entonces, ocupando 
además otras posiciones hasta que los acontecimientos políticos 
de que hemos hablado antes lo obligaron a abandonar su país y 
adoptar el nuestro como su segunda patria, (i) 
Además de la influencia que Guatemala ejerció en nuestra 
cultura por medio de los ilustres emigrados que hemos nombrado 
se hizo sentir también por medio de los jóvenes costarricenses que 
hicieron sus estudios en la Universidad de San Carlos. En uno de 
los capítulos anteriores hemos hablado de los doctores en medicina, 
don Cruz y don Lucas Alvarado, don Bruno Carranza, don Jesús 
Jiménez, los cuales junto con don Andrés Sáenz, don Hilario Ze- 
ledón, don Francisco Madriz, don Rafael Morales y don Alberto 
Borbón, llevaron también a cabo sus estudios en aquel centro uni- 
versitario. En la misma Universidad se graduaron en Derecho 
los señores don Ramón Carranza, don Manuel Alvarado, don Julián 
Volio, don Mauro Aguilar, don Concepción Pinto, don Juan José 
UUoa, don Demetrio Iglesias, don Carlos Esquivel, don Antonio 
Alvarez, don José María Ugalde, don José Pinto, don Vicente Sáenz, 
don Gregorio Alfaro, don Salvador Jiménez, don León Fernández, 
don Alejandro Alvarado, don Melchor Cañas, don José María Ti- 
noco, don José Joaquín Rodríguez, don Andrés Venegas, don Félix 
Montero y don José Monge Reyes. 
La Universidad de Guatemala, en cuanto a los estudios de 
Derecho, estaba en mejor pie que la nuestra y de ahí que la cultura 
de los abogados que en ese centro se graduaron tenía que ser su- 
perior a la que se adquiriera en nuestro país. La influencia de la 
Universidad de San Carlos en nuestra cultura jurídica puede decirse 
que terminó en 1875. En cuanto a los estudios de medicina los cen- 
tros europeos y norteamericanos fueron preferidos desde 1860 al 
centro universitario de Guatemala. En 1863 salieron a estudiar cien- 
cias médicas a los Estados Unidos los primeros jóvenes costarricen- 
ses, don Vicente Castro, don Juan J. Flores y don Francisco Segreda. 
En 1868 partieron para Europa, a hacer iguales estudios en Ingla- 
terra, don Carlos Duran y don Daniel Núñez. Después de esa época 
los centros norteamericanos y europeos sustituyeron a la Universi- 
dad de Guatemala, en los estudios de medicina que en aquel enton- 
ces realizaban los costarricenses. 
1) El Foro, San José de Costa Rica, del 15 de agosto de 1906. . 
En la cultura religiosa recibió también nuestro país la influen- 
cia de Guatemala. Ya algunos sacerdotes, como el señor don An- 
selmo Llórente y otros, habían hecho allí sus estudios eclesiásticos. 
Permitida la introducción de las órdenes religiosas, llegan en 1875 
los primeros jesuítas, entre los cuales se contaban los sacerdotes 
guatemaltecos señores Luis España, profesor de idiomas, Nicolás 
Cáceres, profesor de Literatura, acreditado como uno de los ora- 
dores sagrados más distinguidos que han llegado al país. De igual 
origen los profesores Luis Javier Muñoz y Pablo Catalán. Todos es- 
tos sacerdotes no dejaron de hacer sentir su influencia, no sólo en la 
cultura religiosa, sino también en los estudios literarios, filosóficos y 
lenguas muertas. 
Procedentes de Guatemala llegaron a Alajuela en 1878 las 
Hermanas de Nuestra Señora de Belén, con el objeto de dirigir un 
colegio de señoritas en aquella ciudad. Abierto el plantel en mar- 
zo de ese año, fué clausurado por el Gobierno el 30 de julio de 
1885, por no haberse sometido su superiora a las prescripciones 
legales de la reglamentación del 4 de agosto de 1881. Esta ins- 
titución, como todas las de esa índole, aunque de escaso valor 
científico en sus enseñanzas, no dejó de ejercer influencia en la 
cultura artística: piano, pintura, dibujo, cistura, etc. 
Con la cultura religiosa de los miembros de la Compañía de 
Jesús y Hermanas de Belén, cerramos la influencia de Guatemala 
en nuestra educación. 

domingo, 23 de julio de 2017

BELLEZA NATURALES ...DE GUATEMALA

 BELLEZA NATURALES ...DE  GUATEMALA
JOSE MARIA  GARCIA 
 1891

Un viejo capitán de la marina mercante española que vivió 
largos años en Izabal, Portal, nos decía en el año 1844: "Bueno
es que los belgas se establezcan en Santo Tomás y construyan
una hermosa ciudad; pero les costará mucho abrir un camino y 
mientras tanto los Colonos no resistirán el clima fuerte de ese 
lugar, sobre tolo mientras hagan los desmontes. Que empleen 
eus capitales en romper la barra del Río dulce y, mientras tan- 
to, que se establezcan las familias en Líwignston qne es punto 
alto y muy saludable. 
Algunos años después, un marino francés, el Capitán Barazere 
mandaba construir en Burdeos, por cuenta de la casa de Lechan 
geuer, uní goleta de poco calado, la "Heloisa'' que hizo varios 
viajes directo» de Burdeos á Iabal, pasando por el estrecho ca- 
nal de la barra. Ese no resolvía el problema, por que la 
*'Heloisa" era demasiado pequeño pura cargar mercaderías 
de mucho volumen y de poco valor como son las que mas se 
venden en el país. La "Heloisa'' no podía traer sino artículos 
franceses de mucho precio y por consiguiiente de poco consumo. 
Por otra parte, el flet» de retorno, era bastante remunerativo. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

V-VII INCENDIO Y SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO 1869



El día 7 de Diciembre de 1869, el" día de  la quema del diablo" la tranquila y hermosa villa de Huehuetenango fue asaltada e incendiada en su tercera parte, por las fuerzas invasoras de Justo Rufino Barrios y Serapio Cruz, "Tata Lapo". El Corregidor y Comandante General de Huehuetenango, Capitán Aquilino Gómez Calonge defendió valientemente la pobalción, junto a  milicianos de Chimusinique, (zona 12) Jumaj,(zona 6) Cambote (zona 11, hoy calazada Kaibil Balam) y de los cantones del centro San Sebastían, Concepción, San José, que hoy se denomina la zona 1 y zona 3 del  centro de la ciudad Huehuetenango. Hicieron frente a milicanos de Chiantla, y  miles de indigenas de Chajul, Nebaj, Cotzal, Chalchitán, Aguacatán y otros.
24 horas de angustia,sangre y fuego. Más de 90 casas incendiadas. Saqueo por parte de los invasores indigenas .¿ Qué autoridades actuales de la ciudad de Huehuetenango recuerdan este acto heroíco del Capitán Gómez Calonge (originario de Tejado, Provincia de Soria, España), y de los milicianos de la villa de Huehuetenango.

CRUZ Y BARRIOS


INCENDIO Y SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO

Por el Historiador y diplomático Huehueteco

ENRIQUE DEL CID FERNANDEZ 

1967 




 Copyright Disclaimer Under Section 107 of the Copyright Act 1976, allowance is made for fair use for purposes such as criticism, comment, news reporting, teaching, scholarship, and research. Fair use is a use permitted by copyright statute that might otherwise be infringing. Non-profit, educational or personal use tips the balance in favor of fair us

V.PLANES

El Mariscal Cruz había podido evadir el perseguimiento no sólo por la indolencia y falta de coordinación de sus contrarios, sino también por el conocimiento topográfico que tenía de la región. Le eran familiares las fronteras del Departamento donde desarrollaba sus correrías; tanto, que podía repetir de memoria los nombres de los poblados, aldeas y caseríos intermedios entre la peña de Rincón Tinaja y El Tepeguajal, por el Occidente; los que se encuentran entre la laguna de Chiaquil hasta Ichmujop, por el Nor-Oriente; los comprendidos en la ruta de Jolomguay). a Pichiquil, por el Oriente; y por último, los de la zona de Yxquihuilaj hasta San Antonio el Organo, por el lado Sur.
Conocía cómo experto de veinte años atrás, los parajes y Altozanos, los sitios y lugares, las veredas y quebradas, las haciendas, potreros y aguajes; los oteros y pasos especiales, senderos y cañones y los vados escogidos de los ríos, tanto en la época de lluvias como en la de secas. Desde 1848 los había recorrido por su cargo de Comandante en Jefe de las fuerzas del Gobierno. Asimismo, la extensa faja limítrofe entre Totonicapam y la Verapaz, faja donde movíase velozmente de uno a otro extremo desconcertando a sus enemigos...
    Ahora, en una aldea perdida en el confín de las montañas, madura con sus allegados el plan de ataque contra la villa de Huehuetenango cuyo Corregidor y Comandante General Interino, Capitán don Aquilino Gómez Calonge, se ha negado a rendir la plaza. Valiente actitud opuesta a otro del mismo cargo y situación: aquel Capitán don José Mariano Avila que dos años atrás, el 17 de febrero de 1867, al verse amenazado por el mismo guerrillero evacuó la población llevándose los fondos del Tesoro Público y dejando a los civiles en manos de los facciosos que penetraron en la zona urbana haciendo "de las suyas" por más de dos horas.
   Un ajado papel está extendido sobre la mesa. Su hijo Ramón encaminase hacia la ventana y ábrela del todo para que  llegue la plena claridad. El plano primitivo que contiene el papel enseña uno a uno todos los accesos y entradas naturales a Huehuetenango: sus colinas cercanas, calles, edificios principales, puentes, ríos que circundan la cabecera, etc. El indice regordete del Mariscal deslizase señalando con rapidez las prominencias estratégicas que dominan la plaza defendida por el Capitán Gómez Calonge. En concepto de Cruz, cuatro son las principales:
a) El cerro a cuyo pie está la fuente de "Tajaguaque", detrás del templo del Calvario, por el Nor-Este sobre el camino de herradura que conducía antaño a la villa de Chiantla.
b) El llamado "del Maíz", rodeado de barrancas de las cuales sobresale cercano a los bajos Cuchumatanes.
e) El de la "Cruz", en pleno paraje de Jumaj.
d) Y, por último, el nominado de "San José" que destaca notoriamente entre las cañadas que se internan rumbo a Chimusinique.
Cruz, jefe muy capaz en las luchas de montaña, señala la distribución de las fuerzas, sus comandos,y los sitios principales de acceso a la población. Unos amagarán por el cerro "del Máíz", a donde pueden llegar fácilmente sin ser vistos siguiendo el cauce del río "de los Molinos"; en tanto, el Coronel Nemesio Polanco y J. Rufino Barrios con 700 indígenas de Cotzal, Chajul y Cunén proseguirán descendiendo hacia las llanuras situadas al Oeste y atacarán por ese punto. El flanco derecho compuesto por 300 hombres naturales de Aguacatán y Chalchitán bajo las órdenes de los Capitanes Bernardo Motta y José María González, tomará la Villa por la banda Norte, confundidos entre los bosquecillos y matorrales que, barranca de por medio, comunican con los traspatios de las casas de don Manuel Santiago, don Mariano Castillo, don Juan Francisco David Ríos y Matta, don Rufino Aguirre y don Ventura Arriola. El Mariscal, con sus hijos Ramón y Felipe y el Capitán Apolonio Cabrera, acompañados de parte de la caballería e infantería ocupará la prominencia de 'Tajaguaque", esperando el momento oportuno y decisivo para cargar por el lado del Calvario y encontrar pronto al grueso de las huestes en el centro de la plaza, rematando así el ataque organizado y bien dispuesto.

VI. PREPARATIVOS DE LOS FACCIOSOS

Mientras en "Las Guayabas" se decide la suerte de la tranquila Villa, otro de los hijos del Mariscal, Felipe Cruz, se­guido de J. Rufino Barrios —que no hace mucho se ha unido de­finitivamente a los invasores desde su fracaso en las márgenes del río Ixpil y el asalto y asesinato al puntero del río Negro ­encuéntranse en Chiantla estudiando detalles y obteniendo datos fidedignos en casa del Coronel Evaristo Cano, uno de los bastiones de la causa rebelde y persona que les facilita seguras no­ticias para su paso y una posible retirada ...
Este Coronel Cano es el motor principal que ha engan­chado a los indígenas con la promesa de aumento de tierra en las comunidades, aguardiente más barato y saqueo general. Ahora que se planea el ataque a Huehuetenango, el Coronel no ha es­catimado medios y los indios engrosan las filas deslumbrados por el acicate ambicioso de la "mano libre" que se les ofrece.
Cruz no ignora estas promesas y, aparentemente, es el más empeñado en que se cumplan-, mas, sabe que a la masa que le sigue será imposible contenerla una vez haya iniciado la lucha. En ocasión anterior, se negaron a volver con él alegando que preferían esperar para "matar a los ladinos" de cierto pueblo .. .
       Pese a todo, sale el Mariscal acompañado de sus princi­pales allegados para inspeccionar el campamento: a un lado, cercanos, los ladinos armados de escopetas y uno que otro rifle conversan animadamente; más allá, aguacatecos, cotzaleños y nebajeños asientan el filo de sus machetes sobre piedras que en­cuentran en el sitio; en las afueras de la aldea, los indios de Chalchitán asolean regular cantidad de pólvora bajo la direc­ción del Teniente Coronel Juan de Dios Méndez; otros, fabrican "tacos de pita floja" y el resto muele carbón, pulveriza azufre y agrega salitre para aumentar la reserva del precioso combus­tible. Pablo Villatoro, minero que sigue a los rebeldes, dáse a la tarea de fundir plomo para la hechura de balas y gruesos perdigones en moldes de arcilla cocida destinados al uso de es­copetas, fusiles y viejas pistolas. No llegan a la media docena los hombres armados con rifles de retrocarga, mas no de esos que por su sistema de impulso manual constituían la maravilla de la época.
   El Mariscal Cruz avituállase cómo y dónde puede. La provisión de boca y guerra no le preocupa; los pueblos tienen que soportar la carga del avío obligado para el mantenimiento de sus hombres: maíz, tortillas, birringue, totoposte, leche, quesos, reses, huevos y aves de corral; frutas y legumbres, ca­ballos de silla, mulas, machos y burros de carga; armas blancasy de fuego, todo se incauta y a los vecinos pudientes les obliga a cesiones monetarias forzadas. Los habitantes ven con temor los movimientos de los revoltosos y entregan sin resistencia lo que piden para no exponerse a abusos que en ciertas ocasiones les han llevado a perder la vida.
Chiantla representa para Cruz y su gavilla un remanso en sus peligrosas actividades. En este pueblo cuenta con numerosos prosélitos. Ellos, después de una de las derrotas sufridas por el Mariscal el 18 de mayo de 1869, quisieron iniciar por su cuenta —azuzando a los indígenas que les escucharon— un intento de saqueo a la villa de Nuestra Señora de la Concepción Huehuetenango...
    Rara e inexplicable inquina que,:, tiempo después les llevó también a secundar el "movimiento" encabezado por el Coronel ex-Vicepresidente de la República don Vicente Castañeda (27 de octubre de 1887), degenerado en alevoso ataque a la ya entonces ciudad de Huehuetenango, y la consiguiente derrota de aquellos alteradores del orden público cuyos principales jefes perdieron la vida por instigadores de tan peregrino como injusto proceder.

VII EL ESTADO MAYOR DEL MARISCAL CRUZ

   A un llamado de Ramón Cruz, adelantóse el sargento Ambrosio Xunux llevando de la brida el caballo tordillo que uti­liza el Mariscal. Detrás, varios palafreneros con los caballos para don Ramón, don Vicente y para los Coroneles Polanco y Méndez. Monta don Serapio ayudado por uno de sus subordi­nados para alcanzar con más facilidad el galápago francés, có­modo y muelle. Hace mucho tiempo que no hace uso de la silla, segura y resistente, porque la prominencia de la "manzana" moleste su creciente abdomen. Lleva el sable al alcance de la mano, a los lados ambas pistoleras y un revólver al cinto. Ni galones, ni charreteras, ni insignias llamativas: sólo un pañuelo negro pasado dentro de un anillo de oro luce en el grueso cuello del rebelde militar. Su rostro moreno pierde en fealdad por el brillo de sus ojillos negros de mirada penetrante y firme. Un sombrero gris adornado por una cinta de color rojo vivo cubre su voluminosa cabeza que destaca entre sus hombros estrechos y caídos. . .
   Le sigue el Coronel Nemesio Polanco, erguido y bien mon­tado. Polanco es el verdadero tipo del guerrillero criollo: car­tucheras cruzadas sobre el pecho, rifle que sobresale de la es­palda, sombrero de castor maltratado por el tiempo, mirada de águila perdida en el confín. Erecto, sedoso y bien poblado el mostacho. Perilla de "clavo". Recio, valiente y fuerte como jinete.
   Ramón Cruz es de los más jóvenes del grupo. Más que moreno, de nariz aplastada como la de su padre, luce cabello corto y liso. Su rostro está señalado por una extensa cicatriz ancha, carnosa y rosada que principia en la ceja del lado derecho y llega casi hasta el lóbulo de la oreja del mismo lado: indeleble recuerdo de su entrada a la población de Joyabaj (10 de octu­bre de 1869) en la cual asesinó a sangre fría al Juez Preventivo don Patricio Peña. Contempla el hijo al padre con orgullo y espera que la fortuna lleve al cabecilla de la facción a regentear los destinos del país como recompensa a sus empeños y esfuerzos revolucionarios. Entonces, él estará siempre a su lado ayudán­dole en las cosas y destinos de la patria. . . No imagina que la muerte acecha muy de cerca: antes de tres días el que ahora se yergue marcial jineteando soberbio caballo, será tan solo un cadáver tendido en la plaza de la incendiada cabecera.
   Méndez Cruz pasa de la cuarentena. Grueso sin llegar a la obesidad, tostado por el sol y los fríos de la sierra, sereno, apuesto y gallardo, no permite que los años venzan al hombre de "pelo en pecho" que fue en la juventud, y cuyo brío conser­vará durante toda su vida.
   Parten los cuatro al galope dirigiendo las cabalgaduras hacia lo alto de una de las pequeñas colinas situadas entre "Las Guayabas" y la población de Chiantla, en el preciso lugar donde. apunta la rústica guardianía de un centinela asentada entre las rocas. Desde allí, el paisaje es una enorme extensión de valles, quebradas y colinas semi-obscuras alargadas por la luz del sol que las proyecta y agiganta sobre las profundas arrugas y los salientes de la tierra. Atrás, los enormes Cuchumatanes apa­recen inmaculados contrastando su azul con el fondo purísimo del cielo...
Detienen sus caballos cerca de una abandonada cabaña cubierta de paja y sin paredes laterales. Fijan su atención en blanquizca polvareda que divisase a lo lejos: tres jinetes recorren a. galope tendido el camino que rodea la estancia de Santa Apo­lonia propiedad de don Tomás de Aquino Samayoa, cuya casa destaca en un bosque próximo al riachuelo de Vernal. Piérdense en recodos, ascienden por pequeños altozanos y devoran las lla­nuras. Escúchase ya el ruido sordo de las recias pisadas de las bestias acompañadas por el ladrar de varios perros y el cacareo estridente y alarmado de las aves de corral que apártanse pre­surosas ante la llegada de hombres y de brutos .. .
   De pronto, a los pies de Cruz y sus subordinados aparecen entre las siluetas negruzcas de las tajadas peñas: Felipe Cruz, J. Rufino Barrios y Venancio su hijo, primer retoño de sus an­danzas, joven que escasamente llega a los quince años.
Los ollares de los cuadrúpedos muéstranse ensanchados y rojizos. Sudan sus cuerpos y sus ojos brillan. Tascan los frenos y piafan nerviosamente ante aquel descanso inesperado. Agréganse los menos a los más y encamínanse conjuntamente hacia el campamento.
Barrios, de complexión fuerte y robusta, cierra la reta­guardia del pequeño grupo que recorre las crestas frías y ven­tosas de los bajos Cuchumatanes. Boca casi sin labios. Des­pejada y amplia la frente. Viva la mirada. Cúbrese con un sombrero de amplias alas. No luce barba cerrada, y una espe­cie de garibaldina completa el atuendo de polainas francesas, pantalón tirado, pañuelo rojo al cuello, al costado el sable, fus­tilla en la siniestra, revólver en el cinto y en la silla el rifle...

sábado, 2 de diciembre de 2017

I- IV 1869 SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO

7 DICIEMBRE DE 1869
SAQUEO E INCENDIO DE LA VILLA DE HUEHUETENANGO
El día 7 de Diciembre de 1869, el" día de  la quema del diablo" la tranquila y hermosa villa de Huehuetenango fue asaltada e incendiada en su tercera parte, por las fuerzas invasoras de Justo Rufino Barrios y Serapio Cruz, "Tata Lapo". El Corregidor y Comandante General de Huehuetenango, Capitán Aquilino Gómez Calonge defendió valientemente la población, junto a  milicianos de Chimusinique, (zona 12) Jumaj,(zona 6) Cambote (zona 11, hoy calzada Kaibil Balam) y de los cantones del centro San Sebastían, Concepción, San José, que hoy conforman la zona 1 y zona 3 del  centro de la ciudad Huehuetenango. Hicieron frente a milicanos de Chiantla, y  miles de indigenas de Chajul, Nebaj, Cotzal, Chalchitán, Aguacatán y otros.
24 horas de angustia,sangre y fuego. Más de 90 casas incendiadas. Saqueo por parte de los invasores indigenas .¿ Qué autoridades actuales de la ciudad de Huehuetenango recuerdan este acto heroíco del Capitán Gómez Calonge (originario de Tejado, Provincia de Soria, España), y de los milicianos de la villa de Huehuetenango..1 de Diciembre de 2017

 __________________________________________________________
CRUZ Y BARRIOS


INCENDIO Y SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO

Por el Historiador y diplomático Huehueteco

ENRIQUE DEL CID FERNANDEZ 

1967 




 Copyright Disclaimer Under Section 107 of the Copyright Act 1976, allowance is made for fair use for purposes such as criticism, comment, news reporting, teaching, scholarship, and research. Fair use is a use permitted by copyright statute that might otherwise be infringing. Non-profit, educational or personal use tips the balance in favor of fair us

I. “LAS GUAYABAS"

  Diciembre en los Cuchumatanes. Brillan las hojas de los árboles humedecidas por el rocío de la noche. El viento que baja de la altura hace resbalar las gotas de agua hasta la suave tierra donde dejan perceptible y fresca huella. Brilla el riachuelo que serpea en hondo cauce de negruzca roca. Brilla también la laguna de Ocubilá, silenciosa, prolongándose sucesiva, adentrándose mansa, profundamente, lamiendo rejoyas y bordecillos, llenando quebradas con sus largas lenguas de plata acariciadas por los rayos de la luna aquella noche azul, diáfana y tranquila. ...
   El firmamento aterciopelado adórnase con multitud de estrellas y luceros; con sedosas gasas claras que impulsadas por invisibles ráfagas, caminan, caminan y caminan.
   Enclavada en la inmensa cordillera, perdida en una arruga gigantesca y en estratégica meseta de los bajos Cuchumatanes está la aldea "Las Guayabas" donde destacan lucecillas y las pocas casas cubiertas de teja o paja de trigo.
    La primitiva iglesia apunta al cielo con su pequeño campanario piramidal de una sola pieza, rodéala en parte un macizo de chatas que extiéndese hasta el bosquecillo vecino formado por cerones, chalahuites, chulubes y arrayanes bajo cuyo follaje reposan durmiendo centenares de indígenas procedentes de Santa María Nebah, Chajul, Cotzal, Chalchitán y Aguacatán, mezclados entre cacaxtle,, jarros de arcilla, tecomates, suyacales y machetes.
Recién acaba de llegar el último rezago de naturales enganchados para seguir a la partida de rebeldes cuyos ideales cual pólvora encendida en aquella lejana zona de los Altos, inflama ya, como fruto de las intentonas nacidas allende de la frontera, el espíritu de algunos ciudadanos que arriesgan vida, familia y hacienda al contravenir las disposiciones contenidas en la proclama del Sargento Mayor don Julio César de Garrido y Estrada, de fecha 1o. de mayo de 1869 y basadas en el decreto de 4 de febrero de 1867., 'En estas circunstancias, sirven y guían a los que empéñanse en avasallar la institución gubernamental de tendencia conservadora establecida en la república desde hace más de veinte años (1848),

II.CAMPAMENTO
                                                    
Desaparece la luna en la comba sin límite del cielo. Albo­rozo de gallos giros y mugir de vacas prietas, overas y barrosas en los patios de la aldea. Vida y movimiento principian aquella madrugada mientras los luceros se fugan con el alba. Azul, el humo del hogar, asciende en forma de volutas caprichosas confundidas en la niebla...
De una casa con guardias a la puerta, sale el Capitán Motta seguido por tres intérpretes de raza indígena. Dirígense al bosquecillo vecino a la iglesia instando con fuertes voces a los .indios a ponerse en pie y formar en línea. Estos, que duermen vestidos y cubiertos con "capishayes", incorpóranse perezosos recogiendo algunos petates y calándose los sombreros humede­cidos y grasientos. Las órdenes del militar acompáñanse con la actitud de los sargentos que principian a ayudarles en la tarea .de extinguir los rescoldos de las fogatas mantenidas para mo­derar el frío de la altura.
Aquellos que apenas comprenden el español e ignoran lo que son las maniobras militares y menos la obediencia a las voces de mando, actúan sin mayor coordinación. Sin embargo, cuando los traductores advierten que la hora de comer ha lle­gado, acuden presurosos a tomar la ración de totoposte y de birringue  , formando extraña multitud de seres descalzos, de ojos semioblicuos, pronunciados labios, magra presencia, pelo hirsuto y abundante, moreno-amarillenta la color que, con gritos entre­cortados, guturales y medio salvajes manifiestan su alegría ade­lantándose unos a otros para tratar de, llegar primero al reparto.

III EL CORRAL

Al lado del cabildo. suaves rayos de sol alargan las som­bras proyectadas por los postes de "mezquite" que forman un gran corral donde guárdanse ochenta equinos, mulares y otros mancarrones de toda laya y color.,
 Relinchan los sementales percibiendo a la cansada yegua que desciende las veredas arenosas de empinadas serranías, mientras eluden reatas, maneas y lechuguillas que silban amenazantes en su intento de detenerles por el cuello. Tiembla la tierra cuando el tropel de bestias muévese incesantemente en un solo grupo: al arrancar en conjunta estampida y entre nubes de polvo; al doblar repentinamente para esquivar con gallardía y precisión las sogas ahogadoras; o al mancarse con inadvertidas coces lanzadas al azar...
    El vapor que exhalan los ollares es doble niebla que levántase del suelo opacando el brillo de los ojos, el sudor de los ijares y el tornasolar de las crines de los cuellos y las colas. Los que lidian con aquellos animales son hábiles arrieros contrabandistas que hacen mensualmente el recorrido entre El Pino y la frontera, por la vieja, peligrosa y casi desconocida senda que pasa por El Rancho, Tojeloj, Tuispec, Las Cajas y Los Jazmines perdiéndose en las crestas de Tablón Viejo para ascender las serranías de Puchilaj y llegar al paso de Los Limones conduciendo largas recuas de mulares atados de cola y gamarrón y cargados del famoso comiteco. Secos y enjutos, curtida la piel y luenga la barba, avezadísimos en las tareas del "sabaneo y arrejunta" demuestran pronto su larga experiencia: a la luz de aquel amanecer van "cayendo" una a una las mulas grullas, mapanas y mosqueadas; los garañones alazanes, retintos, bayos y tordillos; por último, los caballos caretos, estrellas, calzados, entrepelados, y unos más unalbos, dosalbos o tresalbos 
 Domeñados sus ímpetus, son sacados por la puerta principal hacia los apeaderos de la pequeña plaza. Allí, en presencia de los Capitanes Apolonio Cabrera y José María González proceden los mozos a ensillarlos. Los militares revisan cada una de las cabezadas, frontales, ahogadoras y frenos; las barbadas, cerretas y bridas; cinchas, barrigueras y tenedoras; mantillones, sudaderos, acciones, pistoleras y fundas de todos aquellos jaeces, especialmente los de un hermoso tordillo de buena alzada que, alejado de los otros, tasca nerviosamente el freno atado a una basa de los pilares del edificio municipal. Es el caballo para el jefe rebelde, Mariscal de Campo don Serapio Cruz, cabecilla de la facción que ha pasado la frontera amalhayando la victoria y como la suerte le ha sido adversa en varias ocasiones, ha tornado a descabalgar cumbres, veredas, senderos, cerros, crestas y puentes que conducen a Chiapas para soñar de nuevo con un triunfal regreso.

 IV. ANTECEDENTES

La mañana del sábado 4 de diciembre de 1869, en la apenas enjalbegada habitación de la alcaldía encuéntrase el obeso militar sentado ante rústica mesa en compañía de su hijo Ramón, su primo hermano D. Vicente Méndez Cruz y el Coronel Nemesio Polanco. En la puerta de entrada vigilan Ambrosio Xunux y Antonio Velásquez, fieles servidores de sangre quiché mezclada con la de los chujes del alto Cuchumatán. Ambos les han acompañado en todas las intentonas llevadas a cabo por los sediciosos en él correr del año 1869: desde el robo en Nentón donde se apropiaron de varios bultos de mercadería destinada a don Martín Barrundia (6 ,de marzo); el ataque a la línea fronteriza por las vegas del río Ixpil (18 del mismo mes); su posterior derrota en las cumbres de Chibul y su huida hacia Xexamic (20 de mayo); siguiendo con la entrada que les llevó hasta Chajul, Uspantán y Verapaz (5 de junio) detenida por el revés sufrido en el lugar nominado Salquil, en jurisdicción de Santa María Nebah (29 de junio); un asalto al pueblo de Nuestra Señora de la Encarnación de Aguacatán perpetrado por J. Rufino Barrios (6 de agosto); a más del efectuado a la Villa de Chiantla (9 de agosto) a la una y media de la madrugada donde dieron fuego e incendiaron las casas de don Gabriel y don Saturnino Escobedo, tan solo por no plegarse a sus propósitos, y rompieron los enseres del estanco de aguardiente; la nueva incursión que terminó en Sacapulas (15 de septiembre) con el reencuentro librado en el punto "San José" donde fueron vencidos (25 del mismo mes); y por último, el asalto y asesinato del pontero del río Negro (13 de noviembre) fugándose después por la ruta de Chaculá ...
El Superior Gobierno organizó desde un principio el número conveniente de tropas controladas por el Brigadier don Narciso Pacheco Arzú, Corregidor de Quezaltenango e Inspector de las Milicias de los Altos. Estas, tuvieron por principales jefes al Brigadier don Gregorio Solares, los Coroneles Batlle, Godoy y Castell; los Tenientes Coroneles José Domingo Morales, Agustín Cuevas, Mariano Anguiano y Cipriano Peña; los Sargentos Mayores Cayetano Rascón y Julio César de Garrido y Estrada, y un Capitán de apellido Blanco.
La acción conjunta y prolongada de estas fuerzas no fue satisfactoria al gobierno. Así lo prueba la carta del licenciado don Manuel Echeverría y Arrivillaga dirigida al Brigadier Pacheco Arzú, que dice:

 "Guatemala, julio 17 de 1869.
Mui apreciado Señor mío:
He tenido el gusto de recibir su favorecida del 11 del corriente. Parece que lo que ha pasado en el Malacate ha sido una verdadera torpeza, pues habiendo hecho todo el mal posible, dejaron escapar a Barrios, cuya presa hubiera únicamente justificado el paso. Por lo demás no se ha tenido aquí el menor detalle, después de la primera noticia y se está esperando lo que el Coronel Batlle informe, una vez que fué a la frontera con motivo de aquel suceso i sus consecuencias.
"En cuanto a la persecución de Cruz, confieso a Ud. que estoi bastante desagradado, porque no veo plan ni fijeza, i por otra parte he llegado a figurarme que el tal Cruz inspira un gran miedo, apesar de haberse palpado que no tenía elementos en Chibul, ni puede tenerlos hoi como para combatir con tropa regular. Como con usted no tengo reserva, voi a copiarle lo que le digo hoy a don Julio (Julio César de Garrido y Estrada, Corregidor de Huehuetenango) en la carta que incluyo a Usted para que la haga llegar donde esté dicho Señor.
"Siento sobre manera, le digo, las demoras para perseguir a Cruz, porque ellas le proporcionan gran tiempo para reorganizar su facción i por la propaganda de los indios. Fuerzas las hai suficientes para haber emprendido algo, porque además de la Compañía del Capitán Calonge i de las dos baterías de montaña, se ha dispuesto permanezca, hasta nueva orden, en Totonicapam, la compañía del Capitán Blanco. Por lo demás noto con pena que hai vacilaciones i que se hace mucho caso de las especies que se saben, aun cuando vengan de un origen poco autorizado, como lo es la ladina de que Usted habla en su carta al Señor Presidente. Creo que debe formarse un plan, no teniendo en cuenta otra cosa que la posición en que esté colocado el enemigo i los elementos que tenga, i no detenerse, pues el estar variando de pensamiento, como Usted reconocerá, es fatal bajo muchos aspectos.
"Por más que se diga, yo no puedo conceder que Cruz tenga los medios necesarios para habérselas con una columna de 150 a 200 hombres nuestros, pues sí los hubiese tenido, habría comenzado por batir a Rivas, en vez de huir de él. Recomiendo a Usted por lo tanto que no se pierda el tiempo i que se obre con firmeza, sin recelos ni vacilaciones. Aguardar al Coronel Batlle que debe estar ocupado en la frontera de Soconusco, i esperar de Quezaltenango Jefes que no hai, i tropas que no se necesitan, me parece fuera de propósito. Anguiano, según lo convenido con Usted debe estar en Sacapulas, i talvéz habrá contramarchado por lo que últimamente le haya comunicado Usted. Ha¡ pues falta de plan, de combinación i de fijeza en las disposiciones i así será imposible obtener resultados satisfactorios.
"No hai que figurarse un gigante al que todavía es un pigmeo. Al Señor Presidente lo veo tan desagradado que talvez se decide a ir en persona, lo cual desearía yo se evitase, mediante a que si ustedes saben conducir las cosas, no hai necesidad de dar un paso de tanta trascendencia".
"Todo esto digo a don Julio i espero que Usted Señor don Narciso por su parte insinúe al señor Anguiano procurando con sus indicaciones que haya unidad i mucha celeridad en las operaciones que se emprendan sobre Cruz.
"Por acá no hai novedad. Deseo que Usted no la tenga i tampoco la haya en ese Departamento.
"Me repito de Usted afectísimo S. S. MANUEL ECHEVERRIA".

  El Inspector de las Milicias de los Altos, Brigadier Pacheco Arzú, respondió ocho días después:

    "Quezaltenango, Julio 25 de 1869.
     Muy apreciado Señor mío:
Tengo a la vista la favorecida de usted de 17 del corriente. I veo lo que se sirve manifestarme. Agradezco a usted infinito la confianza con que me habla en su citada apreciable. I quedo impuesto de lo que usted dijo al señor Garrido en la que ha tenido la bondad de transcribirme.
"Ciertamente que es demasiado irreparable el modo como se ha manejado la cosa en cuanto a la persecución que debió haberse hecho a Cruz, i la conducta de los jefes y oficiales encargados de hacerla es poco honrosa para ellos mismos. Cruz invadió y se internó en el territorio de la República desde el 4; nada se hizo por el señor Corregidor de Huehuetenango, para perseguirlo pronto i con toda actividad hasta estos últimos días. Semejante inacción es fatalísima, i no encuentro razón que pueda justificarla. Si Cruz hubiera tenido elementos i hubiera estado en capacidad de hacer frente a nuestras fuerzas, es claro que al verificar la invasión, habría a todo trance batido a Rivas en Nentón, siquiera para adquirir más elementos i hacerse de algún prestigio; no lo verificó así i eso prueba su debilidad, cuando por el contrario Rivas le persiguió, i Cruz huyó sin parar. Por consiguiente es un error lamentable el que crean que la facción tenga fuerza y magnitud, para habérselas con los nuestros; i pienso como usted, que 200 hombres bastaban para haberla destruido desde el principio".
"Según las últimas noticias que he transmitido al Gobierno por medio de la Mayoría General, Cruz pasó a la Verapaz, llegando a Cubulco, de donde ignoro a la fecha la dirección que haya tomado. Anguiano i Zelaya iban tras él, i Garrido aun mas atras por el rumbo de Huspantan: en consecuencia, pienso, que, perseguido el enemigo con toda energía precisa en aquel Departamento, i si los comandantes generales de Totonicapam, Sololá, i, Huehuetenango, combinando acertadamente sus operaciones, le cubren i tapan todos los pasos por donde pueda retroceder, poco costará exterminar la facción i aún cojer al cabecilla, para poner término al mal".
"Se asegura que lleva 300 hombres, todos armados; pero si bien creo en el número de gente i aun mucho mas, no sucede lo mismo respecto de armas; porque no es posible bajo ningun concepto que haya logrado adquirir 300 armas, aún cuando fuesen solo escopetas. Todas estas noticias, exageradas á mi juicio, entiendo que provienen del mismo Cruz, que las hace circular, para intimidar a sus     El suceso del "MALACATE", me ha preocupado bastante, porque lo he jusgado de igual manera que Usted, i mas habiendo dejado escapar a Rufino, con cuya captura se habría justificado la acción".
"La carta para el Señor Garrido, que Usted dice incluirme para que yo se la remitiese, no llegó a mi poder para habérsela dirigido a cualquier punto donde estuviese".
"En este Departamento no ha ocurrido ninguna novedad; todo continúa tranquilo.
"Afectísimo Servidor Q. B. S. M.
NARCISO PACHECO".

sábado, 17 de marzo de 2018

LINCON EL LIBERTADOR

 EL PRESIDENTE LINCOLN
Emil Ludwig
Apenas encontraron en la escarpada ribera un punto de atraque posible, saltaron a tierra. Aquí y allá, sobre los verdeantes campos, veíanse las quintas blancas de la ciudad del Sur, bien conservadas y limpias, pero desconsoladoramente silenciosas y desiertas. Los únicos seres humanos que se divisaban eran una docena de negros, cavando a las órdenes de un viejo capataz, igualmente de color. De pronto, este último se incorporó y, dejando caer la pala, se llevó las manos a los ojos, exclamando: "¡Dios del cielo, aquí tenemos al Gran Mesías! Apenas lo he visto lo he reconocido. Hace años que lo llevaba en mi corazón, y ¡he aquí que, al fin, ha venido a libertar a sus hijos de la esclavitud! ¡Aleluya, Aleluya!" Y al tiempo que empleaba esta fraseología bíblica, usual en los negros cristianizados, cayó de rodillas y besó los pies del libertador, en tanto que los demás negros seguían su ejemplo.
El gigante blanco contempla, perplejo y conmovido, a aquella docena de pobres esclavos, que allí estaban cavando la tierra, como si nada hubiese sucedido, como si el destino de su raza en Norteamérica no hubiese sufrido una transformación radical, y les dice al fin: "No os arrodilléis ante mí. Eso no es justo. Solamente debéis doblar las rodillas ante Dios; a él es a quien debéis dar las gracias por la libertad de que vais a disfrutar. Yo soy solamente un instrumento. Pero, mientras yo viva, podéis estar seguros de que nadie se atreverá a poneros un grillete de esclavo y de que tendréis los mismos derechos que los demás ciudadanos libres de esta República."
El discurso no fue, en realidad, muy brillante, apenas unas cuantas palabras improvisadas, pero los negros comprendieron, más que las palabras, la mirada de quien las pronunciaba. Y cuando el almirante les ruega que se aparten y les dejen paso, el viejo capataz, con el mismo tonillo de canturía que aprendiera de los misioneros, prorrumpe:
"Sí, señor, pero hemos estado tantos años en el desierto sin agua, que es muy hermoso ver al fin nuestro manantial de vida. Perdónenos, señor, si creyó ver en nosotros falta de respeto por el amito Lincoln, cuando no había sino amor y gratitud." En seguida, formando círculo, entonan un himno, mientras el "amito", en su centro, los escucha y aguarda pacientemente. Así pasaron cuatro minutos, según informe del mismo almirante, durante los cuales había ido animándose el lugar. Gritando, saltando, surgían negros y mulatos, hubiérase dicho que de bajo tierra, como por arte de magia. Pasada ya la alarma que cundiera entre ellos durante la captura de la ciudad, de todas partes de ésta acudían a saludar y bendecir al libertador. "A ver si, a última hora, van a estrujar al Mesías", piensa el almirante, y da orden a los marineros de que formen, calada la bayoneta, en torno del Presidente; pero, no obstante, los negros no se asustan y la algarabía continúa en crescendo . Comprendiendo que no hay más remedio que hacer algo para poner término a aquella situación, Lincoln levanta las manos reclamando silencio, que instantáneamente se establece. Y dice: "Mis pobres amigos: heos ya libres, libres como el aire. Podéis arrojar al suelo el nombre de esclavos, y pisotearlo, que ya no volverá más. La libertad es derecho que tenéis desde que nacisteis porque Dios os la dio, lo mismo que a los demás hombres, y ha sido un pecado haberos tenido tanto tiempo privados de ella. Pero, ahora, debéis procurar merecer este don inestimable. Mostrad al mundo que erais dignos de él, y que lo mantenéis con vuestras buenas obras. No cometáis actos punibles, ajustaos a las leyes y obedecedlas; obedeced los preceptos de Dios y dadle las gracias por haberos concedido la libertad, pues a él es a quien lo debéis todo. ¿Me habéis comprendido? Ahora, dejadme paso, pues ando muy escaso de tiempo. Quiero visitar la capital y volver en seguida a Washington, a fin de asegurar para vosotros esa libertad que tanto parecéis apreciar."
Así habló Abraham Lincoln la primera vez que se halló entre una muchedumbre de negros, estrujado y ensordecido por sus gritos, en un momento de plenitud tal como nunca disfrutara antes, y como tuviera muy pocos en su vida. Habló como un padre, como un hombre que está a la vez al lado y ya muy lejos, y sus palabras quizá fueron de enseñanza tanto como de admonición, pero desde luego fueron palabras de amor; que nunca, como en aquel momento, recordó su figura aquella otra del Maestro en cuyo nombre fuera llevado a cabo todo aquello, el humilde Maestro, que viviera entre pescadores iletrados, trayéndoles la libertad y el amor.
Allí se erguía el gigantesco y descarnado cuerpo, cansado por la lucha que viniera sosteniendo desde hacía años, pero que, a través de todas las calumnias y maledicencias de los hombres, y mediante rodeos y atajos que nadie supiera comprender hasta entonces, lograra llegar felizmente al término que se propusiera.
El almirante Porter, en su relato, dice: "No me pasó siquiera por la mente el que pudiera sucederle algo en aquel instante al Presidente. Hubiérasele dicho rodeado por un ejército de guardianes capaces de defenderle contra todo un mundo. Avanzábamos muy lentamente, haciendo tan sólo una milla por hora. Era un día muy caluroso, y la espesa polvareda que levantaban los pies de la muchedumbre nos cegaba a todos. El aire era irrespirable. Pero Lincoln podía ser visto por todo el mundo, pues sobresalía por encima de todas las cabezas. Llevaba el sombrero en la mano, y se abanicaba de cuando en cuando con el mismo, pues el sudor le corría por el rostro. Su aspecto era realmente como el de quien está dispuesto a ceder la Presidencia por un vaso de agua."
Así entraron en la ciudad el Presidente blanco y los millares de negros que le acompañaban. Y cuando, al pasar por las calles, se abrían las ventanas y se asomaban los blancos, para ver al hombre malo que los había atormentado durante cuatro años, nada más fácil que haberlo matado entonces de un tiro. Después de visitar el Cuartel General de Davis, el Congreso y algunos otros sitios, regresaron al barco, haciendo el trayecto en carruaje descubierto, y entonces fue cuando el almirante se dio cuenta del peligro que había corrido Lincoln, y que corría más que nunca en ese instante, al atravesar la muchedumbre, en medio de la penumbra creciente. Realmente, ¿no habría entre todos aquellos espectadores algún sudista rencoroso dispuesto a aprovechar la ocasión para vengarse del gran enemigo, causa esencial de su derrota?
Durante aquellos días se cursaron telegráficamente las órdenes oportunas para conmemorar con una fiesta el comienzo de la guerra, el 14 de abril, con la rendición del fuerte Sumter a los sudistas. Al principio, el Presidente discutió la fecha, asegurando que había sido el día 13, pero como Stanton comprobara, consultando un calendario viejo, que había sido el 14, Lincoln hubo de ceder, declarando que "realmente, lo mismo daba que la ceremonia del fuerte Sumter tuviese lugar el 13 o el 14". No hubo, pues, ninguna voz interior de premonición. Presagio alguno le advirtió que, al señalar el día de aquella fiesta, había decretado también la fecha de su muerte.
Lo que sucedió en Richmond, porque en aquellos días de confusión no se previó la visita del Presidente, podía muy bien suceder en Washington. Ello tenía que suceder, y sucedió.
¿Quién podrá, realmente, sorprenderse? Cuando los profetas han sido lapidados, ¿no lo fueron acaso, siempre, por una falsa interpretación de lo que eran? ¿Y no sufrieron invariablemente los mártires de todos los tiempos a causa de los grandes errores de la muchedumbre? ¿Es que Lincoln iba a ser una excepción? ¿Es que el odio del Sur no iba a hacer blanco en el hombre cuyo nombre, al ser designado por primera vez, pareció ya ser nuncio de guerra? ¿Cómo podían ellos saber todo lo que Lincoln había hecho y pensado, en aquellos cuatro años, para llegar a una reconciliación y que, tan sólo una semana antes, había tratado de indemnizar al derrotado enemigo? No había remedio. Era el enemigo mortal y tenía que pagar cara la victoria.
Ya dos años antes de estos acontecimientos se fundó en Richmond un club secreto, costeado por gente rica, cuyo objeto era el asesinato de Lincoln. Un año después se tuvieron noticias de una conjuración, según las cuales ciento cincuenta mozos denodados habían salido para Washington con el propósito de secuestrar al Presidente. Un pintor le preguntó por aquel entonces acerca del particular, pero Lincoln se sonrió y dijo: "Si eso es cierto, no puedo comprender lo que los rebeldes persiguen con ello. El resultado de la guerra no cambiaría lo más mínimo; todo seguiría su curso. A raíz de mi designación en Chicago comenzaron a llegarme cartas llenas de amenazas; las primeras me disgustaron, pero después empecé ya a considerarlas como algo inherente al cargo. Aun ahora no son raras; pero claro está que ya no me hacen el menor efecto.. No hay nada cómo acostumbrarse a una cosa."
En general, no parecía creer en tales amenazas. Una vez dijo: "Los atentados no son crímenes americanos." Su, esposa le recomendaba que no dejase nunca de la mano el bastón, pero, no obstante, lo olvidaba con frecuencia. Por lo demás, lo mismo como hombre práctico que como fatalista, era poco aficionado a tomar precauciones. "Me he acostumbrado a pensar, decía, que si alguien quiere realmente matarme, me matará, aunque me ponga una coraza y vaya siempre rodeado de mi guardia. Nada de ello le impediría conseguir su propósito, pues hay mil medios de acercarse a un hombre a quien se quiere matar."
Ni él ni sus amigos parecieron darse cuenta de que, con la victoria, crecía el peligro en este respecto. Nadie tuvo tampoco, por entonces, conocimiento de ciertos incidentes ocurridos durante el último año.
Aquel singular letrero que apareciera grabado en el cristal de la ventana de una hospedería campesina no había trascendido al público. Así como tampoco se tuvo noticia de un extraño suceso, ocurrido poco después en un escenario de Nueva York, y que sólo consistiera en tres palabras.
Era una noche del mes de noviembre, y en el "jardín de Invierno" se representaba el drama Julio César, Los principales intérpretes eran los hermanos Booth, dos de los cuales vivían de la fama del tercero. éste, el trágico más grande de su tiempo, parece que representaba aquella noche el papel de César; pero, en todo caso, lo que sí es seguro es que el papel de Marco Antonio estaba a cargo de otro de los hermanos, mozo de unos veintiséis años a la sazón, y excepcionalmente bien parecido, de tez aceitunada, facciones clásicas, nariz de corte romano y ojos relumbrantes, reemplazando con esto, y la fama del hermano, lo que le faltaba de talento personal. Llegado el tercer acto, con la famosa escena en el Capitolio, donde Marco Antonio incita a los ciudadanos a vengarse de Bruto, Booth fue subiendo el tono, como exigía el papel, hasta llegar, por último, al punto culminante.
Yo no soy un orador, como lo es Bruto;
Mas si ya fuese Bruto,
Y Bruto Marco Antonio, tened por seguro
Que habría entonces un Marco Antonio
Que inflamaría vuestro espíritu, y pondría
Una lengua en cada herida de César,
Que haría levantarse hasta a las piedras
de Roma, lanzándolas a la rebelión...
Y aquí el actor acentuó el fortissimo de la conclusión, añadiendo las palabras: ¡Sic semper Tyrannis!, la frase que, según la leyenda, pronunció Bruto al hundir la daga en el pecho de César. Pero en Norteamérica y, sobre todo, por aquel entonces, eran mucho más conocidas como el significativo lema del escudo de Virginia que, durante la guerra, fuera empleado infinitas veces para intensificar el entusiasmo bélico del Sur.
La "morcilla" pasó casi inadvertida. Solamente uno de los espectadores, según informó algún tiempo después, se volvió hacia su vecino, preguntándole con cierto escepticismo: "¿Está eso en la obra de Shakespeare?" Un vecino de detrás hizo observar entonces: "¡Pero si ése es el lema del escudo de Virginia!" Y el que fuera preguntado; "No importa; está hablando por Bruto."
En aquel preciso momento se oyó la voz de: "¡fuego! El público, al oírlo, saltó de sus asientos y en dos o tres minutos quedó vacío el teatro. Poco después se sabía que en dieciséis teatros y hoteles de Nueva York habían estallado simultáneamente, por aquella hora, otros tantos incendios, obra sin duda de una conjura criminal. Y es muy probable que aquellas palabras del "jardín de Invierno" fueran la señal convenida. La confusión producida por los fuegos hizo que se olvidase la extraña adición. Pero aún hubo indicios más evidentes de que se tramaba un atentado. Casi por la misma fecha, un periódico de Alabama abría una suscripción para asesinar a Lincoln, Seward y Johnson antes de que se posesionasen nuevamente de sus cargos. Y todavía quedó oculto otro documento, en el cual un teniente del ejército sudista prometía a Davis, a raíz de la segunda elección de Lincoln, acabar con él. El escrito fue entregado al ministro de la Guerra y a otros altos jefes, para que lo tomasen en consideración".

domingo, 28 de enero de 2018

EL LIBRO QUE ENGENDRÓ UNA GUERRA-LA CABAÑA

 EL LIBRO QUE ENGENDRÓ UNA GUERRA
(Condensado de "Misionera en hábito de muselina)
 por Forrest Wilson
JULIO DE 1941
 SELECCIONES DEL READER'S DIGEST
Cuéntase  que en los últimos días de noviembre de 1862 recibió Abraham Lincoln en la Casa Blanca a una diminuta señora de mediana edad. El Presidente apretó efusivamente con su gran diestra sarmentosa la minúscula manecita de su visitante a la par que decía:
— ¡Conque ésta es la pequeña autora de esta gran guerra!
La pequeña autora del grande y trágico conflicto no era otra que Harriet Beecher Stowe, de cuya pluma salieron las páginas inmortales de La cabaña del Tío Tom. Esa novela, publicada diez años antes, había contribuido notablemente a la elevación de Lincoln a la presidencia. Los horribres, de Estado y los historiadores de aquella época la consideraron y aclamaron como la influencia más poderosa de cuantas habían determinado la abolición de la esclavitud.
Nacida y criada en Connecticut  Harriet había pasado 18 años de su existencia en Cincinnati, donde tuvo frecuente oportunidad de presenciar motines antiesclavistas, de socorrer y amparar a esclavos fugitivos y de escuchar los relatos que hacían éstos de sus vicisitudes y En 1850 se trasladaron los Stowes a Brunswick, en el Estado de Maine, donde Calvin Stowe iba a ocupar una cátedra del Colegio Mayor de Bowdoin Mas ni aun en el remoto Maine podía uno olvidar la candente cuestión de la esclavitud. Los artesonados del salón de sesiones del Senadodevolvían y ahuecaban estremecidos el eco de los vibrantes discursos en que Carlos Sumner, de Massachusetts, abogaba apasionadamente por la abolición. El hermano de  Harriet, el célebre Reverendo Enrique Ward Beecher, parodiaba con dramático verismo desde el púlpito que su vehemente elocuencia había hecho famoso, las ventas de negros en pública y afrentosa subasta.
Harriet había dado a la estampa un puñado de narraciones cortas para equilibrar el siempre desnivelado presupuesto doméstico de los Stowes. Su ardiente celo religioso y misionero la abrasaba en ansias de ofrecer al mundo una pintura vívida de los horrores y brutalidades de la esclavitud, tal y como ella los conocía. ¡Ah! si se desplegase a los ojos atónitos de las gentes todo aquel doloroso, terrible, negrísimo cuadro de niñas arrebatadas a sus progenitores, madres vendidas en monstruosas almonedas humanas, familias desheclia,, y dispersadas por el soplo satánico de la codicia, amos  arrastrados al licencioso atropello y los más criminales y repelentes abusos por la embriaguez, del poder y la tentación de su inmunidad, era seguro que se levantaría un unánime clamor de protesta contra la odiosa institución y surgiría un enérgico movimiento nacional para abolirla.
Mas ¿cómo había de escribir sobre un asunto político ella, mujer educada en una tradición casera, que había vivido siempre apartada de la revuelta arena en que los hombres debatían problemas de esa índole? Una carta de su cuñada fué, sin embargo, la chispa que prendió el fuego apostólico en el alma de la tímida escritora. «Si yo supiera manejar la pluma como tú —escribió la señora de Eduardo Beecher — escribiría algo que hiciera patente y sensible a toda la nación el horror incalificable de la esclavitud'.»
Los hijos de Harriet guardaron memoria imperecedera de aquella carta que su madre les leyó. Púsose en pie como en un impulso de solemne consagración, y apretando la carta en su puño crispado, dijo:
— ¡Sí, escribiré algo!
Y así fué como un día se sentó a su mesa y empezó de esta suerte.
«Al atardecer de un día frío y desagradable de febrero, se hallaban sentados a una mesa dos caballeros, tomando Vino, en un comedor elegantemente amueblado de la ciudad de P... en kentuckv».
Corría la pluma sobre el papel trazando finas líneas de tinta que nadie podía adivinar hasta dónde habrían de extenderse. La misma Harriet no pudo jamás sospechar que escribía las primeras palabras de una epopeya que, habría de tener su epílogo en Gettysburgo y Appomattox.
Ignoraba Harriet qué tempestades iba a desencadenar aquella su Cabaña del Tío Tom.
Juzgábala cómo un anuncio de paz. «El propio Señor la ha escrito», solía decir ella. Harriet se propuso dar a su composición la forma de tres o cuatro cuadros o bocetos y se los ofreció para su publicación a Bailey, Director ee Era Nacional, un semanario de escasa importancia que veía la luz en Washington. La aceptó Bailey, sin verla, y pagó por ella 300 doares.

¡Pobre Harriet! Sus tres o cuatro cuadros se convirtieron en cuarenta, v transcurrió casi un año entero antes que pudiese dar los últimos toques a su obra. Bailey no desembolsó un centavo más a pesar de que la novela había aumentado considerablemente de tamaño.
En el número de Era Nacional correspondiente al día 5 de junio de 1851 apareció, pues, el primer folletín de la novela que estaba destinada a poner las armas en la mano, diez años después, a toda una generación en la cual había de encender nobles ansias de redención. Entre los que empuñaron el fusil para borrar del suelo americano el estigma oprobioso que Harriet había señalado v puesto de relieve con patética fuerza en su novela, estaba su propio hijo Federico.
De prodigioso y superior a toda ponderación puede calificarse la conmoción que produjo la novela. Con cada uno de los folletines crecían el entusiasmo y la avidez con que se acogían las nuevas peripecias y los nuevas personajes. No existía pueblecito, por pequeño y apartado, en que no hubiese un suscriptor, por lo menos, de la Era Nacional, y cuando llegaba el ejemplar, con tanta impaciencia esperado, pasaba de mano en mano hasta quedar convertido en un sucio y arrugado papelucho.
Empezaron a llover cartas en la redacción de la Era. Se saludaba con elogios y aplausos la aparición de cada nuevo personaje, el relato de cada nuevo incidente. Y cierta vez en que el original de Harriet no llegó a tiempo para ser publicado en el número de aquella semana, fué tal y tan furioso el aluvión de protestas v recriminaciones que cayó sobre el desdichado Director, que no sabía éste donde esconder la abrumada cabeza.
A medida que iba desenvolviéndose y alargándose el hilo de su narración y alejándose cada vez más el desenlace, que huía como una sombra escurridiza,inasible, siempre delante de la péñola de la enfervorizada escritora, iba ésta convirtiéndose en esclava de su propia concepción. Doquier fuese, hiciera lo que hiciera, la perseguía el fantasma de aquel folletín que debía aparecer la semana siguiente. Y tenía que cocinar y atender con puntual diligencia a los múltiples quehaceres de su hogar y habérselas valientemente con una familia levantisca y turbulenta que no le dejaba minuto de reposo ni segundo de paz. Para colmo de contratiempos, se le ocurrió al anciano Dr. Lyman Beecheer venir a pasar una temporada con su hija, bien ajeno a que estuviera ésta empeñada en la tarea de dar al mundo una obra maestra literaria. Y se daba el caso peregrino de que mientras el viejo clérigo, seguido de su amanuense, re­corría y atronaba la casa ensayando a voz en cuello sus engolados sermones rtumbantes, llenos de ampulosas na­derías, su hija, la menuda Harriet, se pasase las heoras sentada en la escalerilla del traspatio, con una carpeta en las piernas escribiendo el folletín de la próxima semana, que no admitía espera.Había otra persona que veía con cre­ciente ansiedad y temor cómo se pro­longaba alarmantemente la novela. Era John P. Jewett, dueño de una casa impresora de poca monta de Boston que se habíacomprometido a compilar los folletines en forma de libro. Había hecho sus planes y cálculos para un volumen de poco tamaño que se pudiera vender a bajo precio, y se encontraba ahora, intimidado y perplejo, ante una narra­ción que amenazaba con alcanzar la longitud de una obra en dos tomos. Jewett estaba consternado. Le rogó a Harriet que diese ya fin a la novela. «El asunto no es del agrado del publico — le decía —. Extender la obra a - dos volúmenes es condenarla irremisible­mente al fracaso».
 La súplica de Jewett encontró el terreno más que abonado para fructi­ficar. Harriet estaba ya agotada por aquella tarea fatigosa. Publicó, pues, la Era un suelto en el que se insinuaba que, puesto que la novela había alcanzado ya tan extraordinarias dimensiones, podía muy, bien la señora Stowe ponerle rápido y cumplido término con unos cuantos párrafos breves en que expusiese el desenlace. No se había contado con la huéspeda, que, en este caso era el enarde­cido público. Se alzó formidable y clamo­rosa la vox populi, y tuvo el traído y llevado Bailey que apresurarse a dar satisfactorias garantías de que no se cortaría por tan brusca e intempestiva manera el hilo de la cautivadora narra­ción.
En el folletín que se publicó el día de Navidad se pintaba la muerte de Evita. Apenas hubo Harriet acabado de escribir aquellas páginas conmovedoras, se vio obligada a guardar cama por cuarenta y ocho horas, extenuada y abatida por el dolor que experimentó al narrar el triste suceso. Lo sintió la escritora como una tribulación real y personal. ¡Eran de leerse las cartas plañideras e indignadas en que se la recriminaba con vehemencia insólita por haber tronchado implacable­mente la vida de la más santa criatura que había producido el suelo americano, inmolándola egoístamente en aras de un recurso literario!
Aquella muerte despejaba el camino. Sólo le quedaba ahora a Harriet escribir los pasajes que anteceden a la muerte del Tío Tom y atar algunos cabos sueltos para dar por concluída. la novela.
El libro salió a la luz sin que lo precediera la más leve campaña de anuncios. Ningún crítico ni cronista mencionó siquiera su próxima salida. En la casa impresora reinaba, por el contrario, viva agitación el día 20 de marzo de 1852, fecha señalada para su puesta en venta. La primera edición dede seis mil ejemplares y el público la arrebató literalmente de las librerias. Antes que transcurriera una semana, ya tenía Jewett tres máquinas de imprimir trabajando día y, noche, excepto los domingos, un centenar de encuadernadores que no daban reposo a la mano, y contratada la producción íntegra de tres fábricas de papel. El primer cheque que recibió Harriet por su parte en la venta durante cuatro meses, importó $10,300. Al  cumplirse el primer aniversario de la aparición del libro, declaró Jewett que llevaba vendidos 305.000 ejemplares y que "los pedidos seguían afluyendo en gran cantidad». Para que una novela igualase en nuestros días semejante éxito, y dada la diferencia de población, tendría que venderse a razón de un millón y medio de ejemplares el primer año.
Se tradujo en seguida La Cabaña del tio Tom a una docena de lenguas y se la imprimió sin pagar derechos algunos, a usanza piratesca, en otros tantos países. Las clases menesterosas y expoliadas de Europa devoraron el libro y se lo aplicaron a sus propios infortunios y tristezas, olvidándose de los oprimidos negros norteamericanos que le habían servido de tema y motivo. En Londres, Nueva York y Boston, un público delirante ovacionaba, noche tras noche, adaptaciones teatrales de la novela. Todo el inundo cantaba o tarareaba o silbaba aires de Tío Tom y de Evita. Un avisado industrial de Rhode Island inundó el país con un juego de naipes alcual bautizó con el nombre de «TIO Tom y Evita",. Rebosaban las librerías de volúmenes en que se imitaba la famosa obra y otros en que se combatía su tendencia y doctrinas. Como muestra de los titúlos que empezaron a verse entonces en vitrinas y carteles citaré el de La cabaña de Tía Felipa, o la Vida en el Sur tal y como es. 

El indepentioente  de Nueva York rompió, por fin el silencio que hasta enonces habían guarado las articude fondo. listas de ¡Mido. Aconsejaba el periódico, al que sólo la Tribuna de Horacio Greeley superaba en tirada e influencia, que "se hiciese circular el libro por toda la redondez del orbe».
Muchas de las connotadas y eminentes personalidades a quienes Jewett había enviado ejemplares del libro escribieron cartas y juicios muy laudatorios. Longfellow escribió que «La Cabaña del Tio Toes uno de los más grandes éxitos que se registran en los anales literarios del mundo, y, que mayor aún debe reputarse su éxito desde el punto de vista moral». Whittier dió «millones de gracias por el envío del libro inmortal». Jenny Lind concluyó su carta con estas palabras: —No me cabe duda que Dios hará llover sus más eficaces bendiciones sobre tu cabeza».
Sorprenderá saber que el primer ataque a la novela partió del Norte. Harriet había declarado que no podíacargar iodo el peso de la culpa de la esclavitud únicamente a los, Estados del Sur, 'ya que habíavgrandesdes sumas de dinero del Norte invertidas en el cultivo del algodón que se sostenía de un modo principal, sino exclusivo. merced a la esclavitud.

El  portavoz v defensor de esos intereses eral el Journal of comerce de Nueva York, el cual, con las postrimerías del mes de mayo, disparó el primer cañonazo contra La Cabaña del Tío Tom. Se entabló entonces un animado debate en el que tomaron parte, algunas veces de un modo virulento y exaltado, casi todos los periódicos del país.
Hasta entonces se había tenido a La Cabaña del Tío Tom por una mera novela de tesis cuya amplia circulación se permitió sin trabas ni reservas por todo el territorio de la República, v que iba ganando adeptos lo mismo en el Norte que en el Sur. De pronto, y de una manera espontánea y extraoficial, como si hubiese incurrido en tácito pero efectivo anatema, desapareció el libro de todas las manos en el Sur, y, llegó a constituir un verdadero peligro la posesión de un ejemplar. Las madre,s empezaron a pintar a Harriet a los ojos de sus inocentes hijos, con los rasgos y los terribles colores de una feroz ogrera. En el correo diario de la autora aparecieron anónimos llenos de amenazas e imprecaciones, en los que se la acusaba De fomentar la rebelión de los esclavos.
Ambas faccIones, se dieron cuenta entonces de que el libro no era una simple novela, más o menos interesante v conmovedora, sino una bomba de gran calibre que, cargada de explosivos y con la mecha encendida, amenazaba con hacer saltar por los aires los cimientos mismos de la Unión. Las páginas de aquel libro habían encendido odios tan fieros, hondos y encarnizados que sólo se extinguieron cuando los corazones en que habían prendido con tal violencia dejaron de latir bajo el polvo de la huesa.
Cuarenta años después, Kirk Monroe, distinguido crítico neoyorquino, señalaba así el lugar que corresponde en la Historia a La Cabaña del Tío Tom:
«La abolición de la esclavitud no fué obra, ni pudo haberlo sido nunca, de una sola persona. Fué lo resultante de muchos esfuerzos concertados... El más grande y eficaz de todos fué, sin duda alguna, La Cabaña del Tío Tom, libro que ocupa por su circulación, el cuarto lugar entre los del mundo».
 LA CARRETA del antiguo camino carretero de Costa Rica podría ser motivo de un estudio interesante; no se ha hecho todavía. El asunto es variado: la carreta en la historia, en la economía, en la vida social y religiosa, en el folklore.
Los turistas se han fijado en uno de tales aspectos: los dibujos y colores de los costados y ruedas de las carretas («las típicas ruedas de Costa Rica » a que se refiere la cubierta de este número dE SELECCIONES). Dos escritoras nuestras han escrito páginas celebradas acerca de tales dibujos y colores: Yolanda Oreamuno y Emilia Prieto, Vale la pena leerlas.
El sentido pintoresco de la rueda de carreta en Costa Rica ya tiene, pues, su expresión popular. No todas las carretas están pintadas en los costados y ruedas. Como expresión del pueblo, antes eran en eso más originales, más típicas. Coquetean los campesinos con sus carretas como con sus bueyes y sus casitas (a su modo las encalan). A los viajeros les llama la atención la geometría artística dentro de la rueda y las combinaciones de colores encendidos. .
Carretas, dibujos coloreados y canciones. La carreta como canción al amanecer, al anochecer en los caminos rurales y carreteras. Un asunto para músicos y poetas: la música de las ruedas de las carretas; con cierta melancolía en el paisaje vespertino, con cierto misterio dentro del paisaje del alba,
En Costa Rica, pensar en la carreta es pensar en el buey (le debemos un monumento), en el cafetal, en el cañal. Ellos han creado la economía de la nación, han contribuído—y de qué modo—a su desarrollo. Hay, pues, el sentido histórico del café. Como hay el sentido civil, democrático, del café. Hay también una mística popular del cafetal. Está en el follklore, se ha asomado a la novela de costumbres agrarias. Que los poetas, los cuentistas la busquen, la expresen. Falta mucho que hacer todavía. En las escuelas públicas el café (el amor al cafeto) podría tener su día, como ya lo tiene el maíz.
La carreta, el buey y el boyero, el caballo y el antiguo camino carretero ya se ven arrinconados; los han desplazado el ferrocarril, la carretera, los automóviles y camiones.
Si se piensa al modo de antes, en el sentido social, religioso y económico de la carreta en Costa Rica, se piensa en el mercado urbano y rural, en la finca o finquita, en el paseo campestre, en la romería, el patio de beneficio del café, el puerto (Puntarenas), el trapiche, el turno (ferias), las muchachas campesinas, bonitas, enamoradas y locuaces, y los niños en su alegría.
 TEN PIEDAD DE MI 
Por Jorge Isaacs 
Señor si en sus miradas encendiste 
este fuego inmortal que me devora, ' 
y en su boca fragante y seductora 
sonrisas de tus ángeles pusiste; 
si de tez de azucena la vestiste 
y negros bucles; si su voz canora, 
de los sueños de mi alma arrulladora, 
ni a las palomas de tus selvas diste. 

Perdona el gran dolor de mi agonía 
y déjame buscar también olvido 
en las tinieblas de la tumba fría. 
Olvidarla en la tierra no he podido. 
¿Cómo esperar podré si ya no es mía? 
¿Cómo vivir, Señor, si la he perdido? 

domingo, 5 de agosto de 2018

1947-SENTIDO DE LA CARRETA EN COSTA RICA

SENTIDO DE LA CARRETA
EN COSTA RICA
Por J. García Monge
director del Repertorio Americano
SELECCIONES DEL READER´S DIGEST 
JUNIO DE 1947
 Aparece en la ilustración,' con la rueda policromada como fondo, la señorita Flora Ramírez R., de San José, alumna de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica.
Foto: Leo Mane

lunes, 12 de diciembre de 2016

LA BÚSQUEDA FINAL-Un trágico error

LA BÚSQUEDA FINAL
Rick Joyner


Un trágico error
 

Algunos de los que quedaban en los niveles más bajos comenzaron
a recoger las flechas del enemigo y a dispararlas de regreso hacia
ellos. Esto fue un error grave. Los demonios esquivaban las flechas
con facilidad y dejaban que estas le dieran a los cristianos.

Cuando un cristiano recibía un golpe por una de las flechas de Acusación
o Calumnia, un demonio de Amargura o Ira volaba y se posaba
sobre aquella flecha. Entonces comenzaba a orinar y a defecar
su veneno sobre el cristiano. Cuando este tenía dos o tres de estos
demonios añadidos al de Orgullo o Autojusticia que ya tenía, se
transformaba en una imagen deformada de los mismos demonios.

Desde los niveles más altos podíamos ver lo que estaba sucediendo,
pero los que se encontraban en los niveles más bajos, que
utilizaban las flechas del enemigo, no lo podían ver. La mitad de
nosotros decidimos continuar escalando, mientras que la otra mitad
descendió a los niveles más bajos para explicarle a estos lo que estaba
sucediendo. A todos se les advirtió que siguieran escalando sin
detenerse,
a excepción de unos pocos quienes se situaron en cada
nivel para ayudar a los otros soldados a seguir escalando.
Seguridad
Cuando llegamos a la etapa llamada «La unidad de los hermanos
», ninguna de las flechas nos pudo alcanzar. En nuestro campamento
muchos decidieron que esto era lo más lejos que necesitaban
escalar. Comprendí esto porque con cada nuevo nivel resultaba más
precario colocar los pies. Sin embargo, a medida que escalaba, me
sentía más fuerte y más diestro con mis armas, de manera que continué
hacia arriba.

Pronto mis destrezas eran lo suficientemente buenas como para
disparar y darle a los demonios sin herir a los cristianos. Sentía
que si continuaba escalando podía disparar lo suficientemente lejos
como para dar justo a los líderes principales de las huestes del mal,
quienes permanecían detrás de sus ejércitos. Lamentaba que varios
habían detenido su marcha en los niveles inferiores donde estaban
seguros, pero desde allí no podían golpear al enemigo. Aun así, la
fortaleza y el carácter que crecían en aquellos que continuaban escalando,
hicieron de ellos grandes campeones, cada uno capaz de
destruir a muchos enemigos.

En cada nivel se hallaban flechas de Verdad desparramadas
que sabía habían sido dejadas allí por aquellos que habían caído de
ese lugar
(muchos habían caído de cada posición).
Todas las flechas
estaban nombradas con la Verdad de aquel nivel. Algunos se rehusaban
a recogerlas, pero yo sabía que necesitábamos todas las que
pudiéramos obtener para destruir la gran hueste que se encontraba
abajo. Levanté una, la disparé y le pegué fácilmente a un demonio,
lo cual hizo que los demás comenzaran a recogerlas y a dispararlas.
Comenzamos a diezmar varias de las divisiones del enemigo. Debido
a esto, el ejército maligno entero centró su atención en nosotros.

Durante un tiempo parecía que mientras más lográbamos, más nos
atacaba el enemigo. Aunque nuestra tarea parecía interminable,
ahora nos llenaba de regocijo.
Debido a que el enemigo no nos podía azotar con sus flechas en
los niveles más altos, gran cantidad de buitres volaban por encima
para vomitar sobre nosotros, o para cargar a los demonios que orinaban
o defecaban sobre los peñascos, haciendo que se tornaran
resbalosos.

viernes, 21 de abril de 2017

LA REFORMA EN ESPAÑA


 HISTORIA DE

LA INQUISICIÓN Y
                                                          LA REFORMA EN ESPAÑA
Por SAMUEL VILA
ESPAÑA

2. Oposición y repulsa contra la Inquisición.
Los ánimos del pueblo estaban bastante soliviantados contra los judíos, por lo que, a pesar de lo arbitrario de la medida, no hubo una protesta general cuando fue a Sevilla la comisión antes citada para castigar a los conversos judaizantes. Nadie podía prever que aquellos dos simples frailes eran los mensajeros de un poder que había de avasallar a la nación entera. Fue más adelante que el pueblo se dio cuenta de lo que significaba el Tribunal de la Inquisición, pero entonces ya era demasiado tarde; la resignación general la resume gráficamente el dicho popular: «Ante el rey y la Inquisición, ¡chitón!» No hemos de creer, sin embargo, que todo el mundo se doblegara dócil ante el nuevo yugo, sin la menor señal de protesta. Es lógico admitir que una natural prudencia impulsaría a todos a ocultar los propios sentimientos si eran contrarios a la Inquisición, ya que cualquier manifestación ostensible en contra suya era para los omnipotentes inquisidores una provocación, y esto significaba caer de lleno bajo sus iras. Con todo, hubo protestas, que se exteriorizaron en múltiples formas, a pesar de que fueron prácticamente siempre inútiles, además de peligrosas. Al hablar de ellos prescindiremos de citar cartas o documentos que expresen opiniones desfavorables de carácter particular. Por otro lado, la amenaza era más directa para los cristianos nuevos, y éstos fueron los que más se esforzaron en su contra. Abolirla no podían, pero sí se apresuraron a hacer repetidas ofertas de dinero para que se publicara el nombre de los testigos o se suavizaran otros puntos de la legislación inquisitorial, pero ninguno de estos intentos dio resultado. Las iniciales vacilaciones de los soberanos ante algunos ofrecimientos fueron siempre vencidas por la presión de sus confesores o de otros consejeros.
De mayor interés son las repetidas protestas de las Cortes, aunque también cayeron en el vacio. Poco después de llegar Carlos I a España, reunió las primeras Cortes en Valladolid, en 1518. Los diputados le pidieron que tomara medidas para que la Inquisición fuera más justa, castigara a los culpables y no a los inocentes, no cometiera arbitrariedades y que los inquisidores fueran personas de buena conciencia y reputación. El hecho de hacer esta petición demuestra que los mismos diputados creían que debía tener lugar un cambio en el modo de ser de la Inquisición. Carlos I prometió consultar con varones santos y píos y que, entretanto, recibiría memoriales de agravios. El papeleo motivado por este tema quedó enterrado en los archivos de la cancillería y no condujo a ningún resultado.
Las Cortes de La Coruña repitieron en 1520 la petición de las de Castilla, antes de que Carlos partiera de viaje para Flandes. Cuando regresó de allí, las Cortes de Castilla presentaron un nuevo proyecto destinado a frenar los excesos de la Inquisición. Una nueva queja de las Cortes de Castilla, en 1523, lamentando que no hubieran tenido respuesta práctica las peticiones de 1518 y 1520, cayó otra vez en el vacío. Aun en 1525 las Cortes de Toledo se quejaron ante los abusos de los inquisidores.
 A partir de entonces se vio ya que era inútil toda protesta y Castilla se resignó a su sino.
No ocurrió esto tan fácilmente en los reinos orientales, especialmente en Cataluña. Fernando, para no alarmar al pueblo con un tribunal de nuevo cuño, procuró inyectar nuevo vigor a la esporádica Inquisición papal, que arrastraba una vida lánguida en ellos. Pero esto no dio resultado. En 1482 estableció un tribunal permanente en Valencia que prácticamente dependía ya del de Castilla. En 1484 llegaron allí los delegados de Torquemada. Al punto empezaron las fricciones, conflictos y luchas, que duraron varios años, con las autoridades locales, que consideraban que la Inquisición interfería con sus derechos y privilegios, pero que no fueron obstáculo para que los inquisidores prosiguieran imperturbables su labor.
No fue menor la resistencia en Aragón. Vista la recepción hecha a los inquisidores allí, se empezó por exigir de todos los funcionarios públicos un juramento de obediencia a la Inquisición. Una revuelta de Teruel fue sofocada tan sólo ante la amenaza de una intervención armada contra la ciudad entera. Fueron hechas ofertas al rey para mitigar algunos puntos de la legislación inquisitorial. Todo fue inútil. Al fin, viendo que no obtenían ningún resultado con gestiones pacificas, en una conspiración en la que participaron varias familias de conversos aragoneses de gran posición, fue asesinado uno de los inquisidores. Pedro de Arbués. Este asesinato, aparte de que dio lugar a terribles represalias, se volvió contra los propios conversos, ya que les privó del apoyo popular y facilitó que el Tribunal se estableciera definitivamente en Zaragoza.
La oposición fue particularmente tenaz en Cataluña, por el celo con que el pueblo defendía sus antiguas libertades y derechos ante toda clase de tiranía. Las Cortes o Consejo de Ciento se negaron a considerar la admisión de delegados inquisitoriales mandados desde Castilla y vigilaron que los antiguos de la Inquisición papal no incrementaran sus actividades. Los concellers mostraron su repugnancia diciendo que en Barcelona no había judíos ni moros y que «hallábase todo el mundo espantado con las ejecuciones y procedimiento[secretos] que se dice hócense en Castilla».
En vano Fernando manifestó su desaprobación a la queja y procuró persuadirles e intimarlos a la obediencia. Tuvo que escribir al papa para que depusiera al inquisidor de Barcelona, Juan Compte, y nombrara en su lugar al mismo Torquemada. Entretanto, intentó mandar a Barcelona a dos inquisidores, en 1486, con graves amenazas al que no les prestara concurso. Incluso así, una vez en Barcelona, se les expulsó, estando de acuerdo en ello todos los concellers, incluso el obispo, argumentando que el nombramiento no tenia validez
 Recibido, por fin, el nombramiento de Torquemada, por el papa, como «Inquisidor General del Principado de Cataluña, y de modo especial de la ciudad y obispado de Barcelona., parecía ya resuelto el pleito, pero no fue hasta dieciocho meses más tarde que se presentaron en Barcelona los delegados de Torquemada.
Aun entonces manifestaron los concellers su repulsión, negándose el primer día a prestar el juramento que les pedía el Inquisidor General, «por chocar esta institución con las costumbres jurídicas y garantías de los ciudadanos..
En Cataluña no contó nunca la Inquisición con una ayuda eficaz del pueblo ni de los magistrados locales, que tuvieron que ser amonestados y amenazados con castigos repetidamente para que colaboraran con la Inquisición. Una de las formas de protesta contra sus métodos era la costumbre de estrangular a los condenados antes de encender la hoguera, incluso a aquellos que la Inquisición ordenaba quemar vivos.

jueves, 25 de enero de 2018

PRISION DE FRANCISCO DE ENZINAS- REFORMA EN ESPAÑA


HISTORIA DE

LA INQUISICIÓN Y

LA REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA 

 4. Sus entrevistas con el emperador y con Pedro de Soto.
Carlos, que entonces se encontraba en Flandes, al tener noticia de esta edición, ordenó recogerla, siendo de notar que, pedido informe a los padres franciscanos sobre la misma, la dieron favorable. Enzinas, que ya hemos visto no tenía nada de pusilánime, pensando poder inducir al emperador a que viera con buenos ojos la edición, decidió entrevistarse con el propio César. Se dirigió, pues, a Bruselas y, habiendo llegado poco después el emperador a la ciudad, en noviembre de 1543, pidió una audiencia.
Concedida ésta y hecha la antesala pertinente, después de una breve alocución pronunciada por el obispo de Jaén que lo presentaba recomendándole, tuvo lugar entre Carlos y Enzinas este edificante diálogo, de acuerdo con lo que nos transcribe el propio Enzinas.
 «Entonces el Emperador se volvió hacia mí y me preguntó qué libro era el que yo le presentaba. "Sacra Majestad -respondí yo entonces-, es aquella parte de la Santa Escritura que se llama Nuevo Testamento,traducido por mi fielmente a la lengua española, en la cual se halla comprendida la historia evangélica con las epístolas de los apóstoles; de cuyos trabajos he osado tomar a vuestra Majestad como tutora y defensora, rogándoos humildemente que por la aprobación y autoridad de ella, sea tanto más recomendable al pueblo cristiano." Entonces él me preguntó: "¿Eres tú el autor del libro?" "No, Sacra Majestad -le respondí-, el autor es el Espíritu Santo, por inspiración del cual los santos apóstoles han dado estos santos oráculos de nuestra salud y redención, a todo el género humano, en lengua griega. En cuanto a mí no soy sino un pequeño ministro y débil órgano, que en su primera fuente los he traducido a nuestra lengua española." "¿En castellano?" -dijo él-. "Sí, Sacra Majestad -le respondí---, en nuestro castellano, obra de la cual os ruego queráis ser en vuestra clemencia protector y defensor." "Será hecho lo que pides -dijo él-, con tal que en ella no haya nada sospechoso." "Sacra Majestad -dije entonces-, no hay nada sospechoso a no ser que la voz de Dios hablando desde el cielo y la redención hecha por su Hijo Jesucristo, hayan de ser sospechosos a los cristianos." "Lo que pides será otorgado-dijo él-, con tal que el libro sea tal como el obispo y tú decís que es." Habiendo entonces tomado el libro, entró en una sala contigua.»
 Carlos entregó el libro a su confesor Pedro de Soto. Este se portó con Enzinas, según dice éste, «con redomada doblez», juicio que Enzinas emite con pasión, aunque no puede negarse que eran hipócritas los exagerados elogios con que al principio procuró Soto atraérselo, así como era una celada el citarlo para tratar del libro con él en una celda del convento de jacobinos en que el fraile se alojaba. Cuando Pedro de Soto tuvo aEnzinas en su presencia, sin disimulo alguno, le echó en cara el haber menospreciado el criterio de la Iglesia de impedir la lectura de la Biblia en lengua vulgar, «causa de todas las herejías», así como su amistad con Melancton. Las expresiones que Enzinas pone en boca de Soto describen con admirable precisión los sentimientos del confesor, fanáticos pero sinceros, y sus' palabras no difieren de las que infinidad de católicos, consecuentes con un punto de vista lamentable, lo mismo en aquellos días que hasta tiempos muy recientes,pronunciarían en circunstancias similares.
 Dijole Soto a Enzinas:
«Es cosa muy de lamentar, y de la cual no puedo maravillarme demasiado, sabiendo que sois joven y que no habéis estudiado mucho tiempo, que al principio de vuestra vida, casi al comienzo de vuestros estudios, hayáis tropezado tan fuertemente, y hecho ya en vuestra nueva profesión lo que otros ejercitados por una larga práctica no han sabido hacer en toda una vida. Que si el esfuerzo y la vivacidad de ese espíritu, en suma, si todos estos estudios no son cortados en hierba, hay gran peligro de que produzcan un fruto pernicioso para la religión y para la iglesia, aun antes de llegar a la madurez. Es una cosa que me es muy penosa ésta de predecir cosas desagradables a quien yo hubiera querido ver hace tiempo mejor aconsejado. Pero estoy constituido en este lugar y el deber de mi estado es tal que debo vigilar toda la Iglesia más bien que la salvación de un hombre solo. No sé si podré con mi industria o con mi diligencia detener, o al menos endulzar todos estos males que os están preparados. Porque os amo tanto como a otro cualquiera; y como antes os he ofrecido todo el favor que pudiera, también ahora quiero que estéis seguro de mi afecto, tan grande como el de vuestro mejor amigo. Mas, para deciros con franqueza lo que pienso, mucho me temo que esa audacia de haber hecho así imprimir el Nuevo Testamento os acarree algún mal.»
Algo larga es la cita, pero expone con mano maestra el tipo de razonamientos con que el fanatismo religioso de todos los tiempos se autojustifica de cuantos abusos y atropellos comete.
Francisco de Enzinas probó de defenderse con un piadoso y hábil discurso. Como puede suponerse, salió del convento acompañado por gente de armas en dirección a la cárcel. Era el día 13 de diciembre de 1543. .

miércoles, 24 de enero de 2018

PEDRO DE OSUMA-EL PRIMER PROTESTANTE ESPAÑOL-


 HISTORIA DE
LA INQUISICIÓN Y
LA REFORMA EN ESPAÑA
Samuel Vila
______________________________
3. Pedro de 0suma.

 Maestro y catedrático de Teología en Salamanca, es el primero que en la España de la Edad Moderna osa criticar alguna enseñanza de la Iglesia, muchos años antes de que se levantara Lutero. Por eso se le ha calificado del Hus español. Gozaba de gran fama en su época, tanta que un discípulo suyo, Antonio de Nebrija, alaba su ciencia, que dice sólo ser inferior a la de otro gran erudito, el Tostado. Pedro de Osma, aparte de su labor docente en Salamanca y otros escritos filosóficos, dedicó muchos años a la corrección del texto original del Nuevo Testamento, mediante una recopilación critica de manuscritos, por lo cual puede considerársele como uno de los precursores del gran florecimiento de la critica escrituraria

que tuvo lugar más adelante con Nebrija, Arias Montano y otros.

Sin embargo, Pedro de Osma no se limitó a criticar los textos, sino que, en contacto directo con los mismos, no pudo evitar, ante las sencillas verdades del Evangelio, que resaltara ante sus ojos lo artificioso de las elaboraciones dogmáticas de la Iglesia. Pedro de Osma era, además, lo suficientemente valiente para proclama o en voz alta y así no vaciló en criticar también el dogma. Su libro herético que fue causa de sus persecuciones es De Confessione, el cual se ha perdido, y era una ampliación de otro, el Quod libitum, conservado en la Biblioteca del Vaticano. Sus temas son la confesión, las indulgencias, el poder de las llaves.
Afirma que los pecados se perdonan por la sola contrición y no por el poder de las llaves, y que la confesión no constituye un sacramento. Que las indulgencias, consideradas como remisión de la pena más leve, serán casi inútiles, puesto que las penitencias, decía, son actualmente arbitrarias y muy ligeras. Afirmó que la Iglesia podía errar en cuestión de fe y que, efectivamente, algunos papas erraron.

Ante doctrina tan peligrosa para la Iglesia, el arzobispo de Toledo, Carrillo, convocó en 1479 una asamblea, autorizada por bula papal y presidida por el obispo de su diócesis, en la cual se condenó la doctrina de Osma por herética y perjudicial. Todos los ejemplares que fueron habidos de su De Confessione fueron quemados, e incluso lo fue el púlpito en el que solía predicar. El autor fue obligado a abjurar de sus errores y se  le aplicó una moderada penitencia. Murió en el año siguiente. No había desplegado actividad proselitista, así que careció de discípulos que defendieran sus doctrinas. Estas no volvieron a brotar en España hasta que fueron defendidas de modo más franco y decidido por los reformados. Por esto se le ha llamado también el primer protestante español.

viernes, 26 de enero de 2018

LA CASA DE DOÑA CONSTANZA. EPISODIO DE LA REFORMA EN ESPAÑA.

LA CASA DE DOÑA CONSTANZA.
 EMMA LESLIE
Traducción libre del frances 
Publicado en Madrid 1894
 
 EPISODIO DE LA REFORMA EN ESPAÑA. 
CAPÍTULO PRIMERO. 
Doña Constanza. 
En todos tiempos la capital de Andalucía, Sevilla, ha sido 
mirada como una ciudad sobremanera bella. Hoy mismo, 
goza de un justo renombre, bajo ese aspecto. Mas en la épo- 
ca de que vamos á ocuparnos en estos capítulos, entonces 
cuando España, por sus riquezas, su comercio, su poderlo 
político y la extensión de sus colonias rivalizaba con cualquier 
otro pais de Europa, Sevilla era una población de la que sus 
habitantes tenían derecho á estar orgullosos. Los moros, que 
en ella se habían fijado desde el siglo VIII, la habían elevado 
á un esplendor verdaderamente oriental. Naturaleza por su 
parte ha sido muy pródiga de sus dones con ella. 
Erigida en medio de sus jardines de naranjos, limoneros 
y granados, con sus torres de mármol brillantes al reflejo del 
sol, ofrece á las miradas del observador un espectáculo sor- 
prendente. Los moros estaban de tal manera prendados de 
ella, que no esperaban hallar en el cielo, que su religión les 
prometía, una morada tan maravillosa. 
Ese pueblo, ardiente y aficionado á la guerra, así como á 
la industria, acabó por ser expulsado por Fernando III do 
Castilla en 1248. No hablan quedado de él más que algunos 
representantes, á los cuales se había dado más tarde, después 
de su conversión al cristianismo, el nombre de «nuevos cató- 
licos.» 
Los «católicos viejos,» la crema de la caballería española,, 
hablan tomado poco á poco posesión de sus casas, de sus. 
palacios erigidos al estilo oriental, con sus grandes patios. 
cuadrados, sus frescas fuentes, sus olorosas flores y sus árbo- 
les frutales. 
El elegante «patio» era el lugar de recepción de los con- 
vidados y amigos. Ocupaba la parte central de la casa, y es- 
taba separado del recinto exterior por puertas macizas de 
hierro ó bronce. Alrededor del patio habia cuartos desamue- 
blados, sin adorno, casi miserables comparativamente con el
esplendor que brillaba en el patio. Allí habia todo lo que pue- 
de encantar y cautivar los sentidos. Un piso de mármol con 
incrustaciones en mosaico, columnas igualmente de mármol,, 
ó de pórfido con colgaduras de seda, una fuente con el surti- 
dor transparente y musical, plantas exóticas de rara belleza 
y de un perfume suave, que conservan en el ambiente una 
deliciosa frescura: todo ello hace una estancia deliciosa y casi 
enervante. Completábanla los divanes, los cogines, butacas y 
sillas de todas clases, dispuestas con lujo. 
Allí es donde las nobles damas conversaban de las mil 
cosas que sirven de pasatiempo á la sociedad mundana, dis- 
cutian sobre modas y trajes, daba cada una su opinión sobre 
el uso nuevamente introducido de la mantilla, esa prenda de 
cabeza de pliegues sencillos y graciosos, que aun en nuestros 
dias usan en ocasiones solemnes las elegantes españolas; los 
grandes señores por su parte discutían sobre los últimos acon- 
tecimientos, y apreciaban cada uno á su manera la política 
del hábil regente, el cardenal Jiménez. 
Era la ocasión en que el joven príncipe Carlos, después 
de haber recibido las lecciones del canciller de la Universidad 
de Lovaina, Adriano, obispo de Tortosa, se preparaba á dejar 
á Flandes para venir á tomar la dirección del reino en lugar 
de su madre, la incapacitada Juana. Ya, de su propio impul- 
so y sin consultar con nadie, habia agregado á su preceptor 
á Jiménez, para que partiese con él la regencia. Este acto de 
independencia y esta precoz ambición de reinar, que indica- 
ban en él un carácter entero y autoritario, no habían tenido 
lugar sin indisponer algún tanto contra él á la altiva nación 
española, poco habituada todavía á un gobierno despótico. 
Algunos miembros de la nobleza, que le habrían aceptado de 
buen grado como el representante de su madre, le veían con 
disgusto arrogarse el título, considerando esta manera de 
obrar como una usurpación de poder y una amenaza á sus 
libertades. 
Pero lo que preocupaba muy particularmente los espíritus, 
y era el tema de las quejas más sentidas, era el modo de pro- 
ceder de la Inquisición. 

domingo, 28 de enero de 2018

SÍNTOMAS DE UN ATAQUE CARDÍACO

RETRASO MORTAL
Muchas víctimas náuseas y sudro frío . Acaso les resulte difícil respirar. Quizá el intenso dolor empiece en el pecho o irradie por los brazos o hasta el maxilar, y el corazón les late irregularmente. La mayoría  de las personas saben que estos son los síntomas típicos de un ataque cardíaco, pero muchas parecen ignorar que sólo hay una acción eficaz: llamar inmediatamente al médico...
Algunos creyéndose a punto de morir, aplazaron la llamada al médico para atender asuntos sociales o familiares. En varios casos ese retraso fue precisamente el que mató los pacientes. Time.
Selecciones del Reader´s Digest. Febrero de 1975

lunes, 29 de enero de 2018

LIBERACION MILAGROSA DE FRANCISCO DE ENZINAS


HISTORIA DE
LA INQUISICIÓN Y
LA REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA

5. Francisco de Enzinas, en la cárcel. Su liberación.


El hilo de la presente narración lo seguimos en las Memorias del mismo Enzinas. Este libro es de una gran viveza descriptiva, y tiene tanto o más valor aún por los magníficos análisis que hace de sus sentimientos.

Todo él respira ingenuidad y, por tanto, veracidad; con todo, es posible que el tono de sus respuestas durante los interrogatorios a que fue sometido en la cárcel fuese menos arrogante del que después, ya a salvo en Alemania, se complace Enzinas en emplear.

Cuenta en ellas que a los pocos días de ser encarcelado sufrió el primer interrogatorio, que llevaron a cabo personas del mismo Consejo Privado del emperador. Enzinas reconoce que en todo momento fue tratado con deferencia y caballerosidad, lo que, sin duda, era debido a las numerosas amistades que sus parientes y aun él mismo tenían en la corte y entre los magistrados de la ciudad, pero que, a pesar de todo, es digno de destacar considerando la triste suerte de otros que compartían con él la cárcel, sospechosos o acusados también de herejía. Se le permitió recibir numerosas visitas, no sólo de parientes, sino también de amigos, y es muy probable, incluso, que hubiera sido soltado, de no interponerse el celo exacerbado de Pedro de Soto, que a toda costa quería castigarlo.
 Los meses transcurrían sin que se sustanciase el proceso, lo que tenían sumo interés en conseguir cuanto antes tanto él como sus parientes, ya que de ser juzgado en Flandes o en España mediaba un abismo. Por fin fue formalizada la acusación, en la cual constaban los siguientes cargos:

 1. Ser muy sospechoso y estar manchado de luteranismo.

2. Haber conversado con herejes.

3. Haber alabado a Melancton y su doctrina y haber sostenido proposiciones heréticas.

4. Haber hecho imprimir el Nuevo Testamento, traducido por él mismo, en lengua española, contra las ordenanzas del emperador y contra la opinión de muchas gentes de bien que le exhortaban a obtener privilegios y a esperar la venida del emperador.

5. Ser autor y traductor de un libro muy peligroso titulado De la libertad cristiana y del libre albedrío.

6. Haber comprado y tenido consigo un libro titulado Epítome de todas las obras de San Agustín, por Juan Piscator, libro que contenía muchas cosas heréticas.

7. No poder alegar ignorancia de que todas estas cosas eran contrarias a las ordenanzas y edictos publicados frecuentemente en nombre de su Majestad Imperial.

Enzinas se defendió negándolo prácticamente todo, especialmente los tres últimos apartados. Pero no llegó a pronunciarse sentencia por haberse ausentado el emperador de Bruselas.

Entretanto -en palabras de Enzinas-, «se publicó un edicto mucho más cruel que los anteriores. Las leyes del año 40 fueron renovadas y se les agregaron muchas otras más sangrientas todavía. Casi en todas las ciudades se publicaron dichos escritos en sangre. De incontinenti se desencadenó en Flandes, casi en un momento, una persecución y carnicería tal de cristianos que jamás se había oído hablar de cosa semejante». El Y un buen día, Francisco se acercó a la puerta interior de la cárcel, en Bruselas y, asomándose para mirar a través del enrejado de la misma, se dio cuenta de que, al apoyarse en ella, giraban los pesados goznes. Indeciso de momento, la abrió al fin y siguió adelante. Asimismo estaba abierta la segunda puerta, y también la última, que daba al exterior. Ya en la calle, «todo me era sospechoso, me parecía que por todas partes estaba en peligro», dice Enzinas. Sin embargo, Dios guió sus pasos hacia el hogar de un amigo que lo acompañó a la muralla de la ciudad. Y a la media hora de la evasión de la cárcel ya se había descolgado por el otro lado de la muralla. La misma noche llegó a Malinas y a la mañana siguiente a Amberes. Permaneció allí un mes y se dirigió, por fin, hacia su amada Wittemberg.
Enzinas se consideró librado por un milagro. Y así hemos de considerar el hecho de que sus jueces decidieran abrirle las puertas, según él mismo llegó a saber más adelante, cuando tantos perecían a causa de su fe, por aquellos días, en los Países Bajos.

martes, 30 de enero de 2018

FRANCISCO DE SANROMAN-REFORMA EN ESPAÑA


HISTORIA DE
LA INQUISICIÓN Y
LA REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA

3. Francisco de Sanromán: el comerciante.

 Al hablar de Sanromán viene al punto a la mente, por contraste, el recuerdo de otro de los principales adalides de la Reforma: Juan de Valdés. Sanromán es la antítesis de Valdés en muchos aspectos: si en su vida éste fue cual un río que, deslizándose sosegado, fertiliza y llena de vegetación sus riberas, Sanromán se nos presenta como impetuoso torrente que se despeña entre discos, de cascada en cascada, hasta alcanzar su inevitable destino. Es tentador hacer un paralelo entre los dos.

Sanromán no es un erudito como el famoso castellano, sino hijo de un comerciante y comerciante a su vez. No tiene la elocuencia brillante y seductora de Valdés, sus refinados modales y sus poderosos e influyentes amigos, pero posee otras cualidades de que éste careció: un arrojo temerario, un valor e intrepidez a toda prueba y un desprecio absoluto para toda clase de penalidades. Valdés es verdaderamente un hombre del Renacimiento;

Sanromán es todavía uno de los héroes de la Edad Media; apasionado, impulsivo, arrebatado por su ardiente celo, inconmovible en la defensa de su causa; un caballero sin miedo y sin tacha que, enarbolando su estandarte, muere en el campo de batalla. Es curioso, porque parece como si se hubieran trocado los papeles que correspondieran a uno y a otro. El de clara estirpe, dejando pasar los años en una vida plácida y tranquila; el comerciante, el ciudadano, lanzándose a la lid con caballeresco ímpetu. Sin embargo, por diferentes que sean sus caracteres, tienen un punto de coincidencia: su amor y fidelidad al Salvador. En Cristo hallaron verdadera vida y satisfacción, en El fueron todos sus goces y alegrías, a El se consagraron por completo. Por esto ambos triunfaron: Valdés fecundando el movimiento de la Reforma con su pluma; Sanromán, con su propia sangre.

 Sanromán nació en Burgos. Era hijo del alcalde de Briviesca, comerciante rico y estimado. Estaba destinado a seguir la misma profesión, entonces más azarosa que ahora, pues los géneros habían de ser mercados en ferias muy alejadas, incluso en el extranjero, con grandes riesgos para las mercancías y también personales. Hemos de creer que Francisco de Sanromán gustaba de esa vida aventurera, llena de riesgos, y que se hallaba en su elemento entre bullicios de mercados y ferias, ya arreando una hilera de mulas que acarreaban los géneros para su padre, ya navegando al golfo de Vizcaya al regresar de los puertos de Flandes.

Aparte de una referencia a él en sus años mozos que nos hace Francisco de Enzinas en sus Memorias, diciendo que lo había tratado personalmente en Burgos, no tenemos otras noticias suyas hasta_que se vuelven a encontrar con Enzinas en Amberes. No sabemos si había ido allí comisionado desde su patria o si residía en Amberes, como hace pensar Enzinas. En todo caso, durante su permanencia en Flandes, a Sanromán no podía pasarle inadvertido que en el país estaban sucediendo cosas extrañas: sus habitantes -entre ellos sus amigos comerciantes-, otrora atentos sólo a sus negocios, ocupaban ahora buena parte de su tiempo discutiendo cosas de iglesia, como si se tratara de ganar un mayor número de florines y sin hacer demasiado caso de las autoridades españolas, que lo habían prohibido con severidad. Todo esto era sorprendente.

 Hemos de creer que Sanromán, como hombre religioso, católico por ser español, asistiría a la Santa Misa con mayor o menor frecuencia, no quebrantaría los ayunos y abstinencias prescritas, pero no se calentaría tampoco la cabeza con cuestiones teológicas.

Sin embargo, había algo que todavía tenía que parecer más sorprendente a Sanromán. Los hermanos Enzinas, estudiantes que residían en Amberes, de los cuales ya hemos hablado, no flamencos, sino burgaleses de rancio abolengo, criados en la más sana doctrina católica, estaban también contagiados de la fiebre de sus conciudadanos y no hablaban de otra cosa que de la nueva doctrina. Aunque ignoramos qué impresión produjo en Sanromán su contacto con los Enzinas, es posible que éstos despertaran en él un más vivo interés por las cuestiones religiosas y, concretamente, por su salvación.    Sin embargo, Sanromán tuvo que dejar los Países Bajos por asuntos de negocio y dirigirse a Brema, sede del comercio nórdico. Poco podía pensar el joven Sanromán que en la ciudad hanseática, a orillas del Wesser,había de sentir una vocación por la que abandonaría sus antiguos negocios.

miércoles, 31 de enero de 2018

PRISIONES DE SANROMAN-REFORMA EN ESPAÑA


HISTORIA DE
LA INQUISICIÓN Y
LA REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA


5. Entrevistas con Carlos I, y prisión consecutiva de Sanromán.

En aquellos tiempos Carlos I había convocado la Gran Dieta del Imperio, en Ratisbona, para tratar de la defensa del mismo contra los ataques de los turcos. Se procuraba encontrar un punto de coincidencia entre los dos partidos, el católico y el protestante, para que, cejando en las disputas, se unieran los esfuerzos de la Cristiandad en contra del común enemigo. Es probable que la actitud relativamente tolerante que por esta causa mantenía Carlos hacia los protestantes hiciera concebir al decidido Sanromán un gran proyecto.

Era, en verdad, un plan extraordinariamente arriesgado, temerario, pero muy conforme a su carácter. Se trataba nada menos que de convencer al emperador de que debía aceptar y apoyar él mismo la Reforma en vez de perseguirla y, en todo caso, que dispensara mayor tolerancia a los protestantes en los Países Bajos y Alemania. El plan era a todas luces descabellado. Carlos, que había desechado los argumentos de Lutero y, más adelante, los del prudente y diplomático Melancton, no tenía otro propósito con los protestantes que aplastarlos si no se sometían íntegramente a la Iglesia. Si ahora procuraba una tregua era sólo para afrontar un peligro más urgente: el de los mahometanos.

No es probable que Sanromán se hiciera ninguno de estos razonamientos, ya que -dice Enzinas- desde Amberes se dirigió a Ratisbona sin decir a nadie cuáles eran sus intenciones, probablemente para evitar que sus amigos intentaran disuadirle del propósito: para su mente, el emperador tenía que conmoverse ante la verdad del Evangelio, que él le expondría con claridad, y, en todo caso, esperaba que sus súplicas servirían para aliviar la persecución de los convertidos al protestantismo. El curso de los hechos mostró cuán disparatado era el proyecto de Sanromán, pero hemos de reconocer que él, aunque exaltado, procedía con corazón noble y generoso y era impulsado por la compasión y el amor hacia sus compatriotas.

 Ya en Ratisbona, sin recomendación alguna y sin ser conocido por nadie en la corte, tuvo Sanromán la audacia de pedir audiencia al emperador, que le fue concedida. Conducido ante su presencia, en una larga arenga le expuso con valentía su modo de pensar y sus deseos. Carlos, no sabemos si sorprendido por el atrevimiento o considerando que se trataba de un desequilibrado, lo trató al principio con benevolencia. Su amigo Enzinas expone " los hechos con estas palabras: «El emperador lo escuchó pacientemente y le dio una respuesta muy amable, a saber, que tomaría a pecho todo ese asunto y que lo pondría en buen orden. Francisco, después de haber oído la respuesta del emperador, concibió grandes esperanzas. Sin embargo, viendo muchos ejemplos de crueldad que los imperiales cometían en Ratisbona contra los que tenían la religión verdadera, sus esperanzas no le duraron mucho; más no perdió por ello el coraje y, persistiendo en su intento, se presentó ante el emperador por segunda vez, hablándole siempre con toda libertad y recibiendo siempre una respuesta amable. Finalmente, como no cesara en su empeño y quisiera hablar al emperador por cuarta vez, le fue impedido por los españoles, quienes lo hicieron prender y lo pusieron en la cárcel. Ellos querían, sin proceso alguno, arrojarlo incontinenti al Danubio, pero el emperador se lo impidió. y ordenó que no se le hiciera ningún mal, sino que se examinara diligentemente su proceso y fuera juzgado según las leyes del Imperio. Así pues, fue colocado, al fin, en un subterráneo, donde permaneció- atado y encadenado hasta que el emperador volvió de África.»

Esta vez la prisión ya fue definitiva, aunque tampoco en estas condiciones -mucho peores que las anteriores--le faltó el ánimo a Sanromán. Carlos, seguido de su corte, hizo muy numerosos desplazamientos en sus dominios, y entre la comitiva había algunos carros con presos encerrados, pendientes de causa, entre ellos Sanromán. En esta vía dolorosa», Sanromán, en pos del emperador y de sus tropas, fue conducido a través de Alemania, Italia y hasta por el norte de África.

viernes, 2 de febrero de 2018

RECUERDOS DE ANTAÑO-Pags. 23-26

 RECUERDOS DE ANTAÑO
EMILIO MARTINEZ
MADRID
ESPAÑA
Pags. 23-26

— Pues, como decía — prosiguió Julián — , llegué a 
Bayona, de donde salí sin novedad, y a poco me encon- 
traba en la frontera, con las dos mulas que previamente 
compré a unos contrabandistas. Dos medios se me ofre- 
cían de pasar la frontera: o en compañía de estos defrau- 
dadores de la Renta, o presentándome francamente en la 
Aduana. El primer medio era el menos peligroso, pues 
esas gentes penetran en España con gran facilidad; pero 
como no es una sola la Aduana peligrosa, pues además 
de la fronteriza se topan otras, el riesgo se corre al pasar 
de Vizcaya para penetrar en Castilla, donde existe Adua- 
na, lo mismo que al salir de Castilla para penetrar en An- 
dalucía, esto sin contar los muchos portazgos. Así, enco- 
mendándome a Dios, y como tenía y tengo en regla mis 
papeles de embarque y desembarque de mis géneros de 
Holanda, Cambray y León de Francia, en compañía de 
otro muletero, a la Aduana fui en derechura. Eramos bas- 
tantes los que solicitábamos despacho; a mi compañero 
de viaje le registraron cuanto llevaba en sus cajas, y llegó- 
me el turno. ' 
— ¿Y tú qué traes? — me preguntó uno de los guar- 
das de vista. 
— Pues lo mismo que el anterior; aquí tenéis los do
cumentos de compra y desembarque, y podéis comp 
barlos con las existencias de mis cajas. 
— Confieso, señores, que gran temor se había apode- 
rado de mi ánimo. No por mi vida, que en nada estimo 
y pertenece a mi Dios y Salvador Jesucristo, sino por mis 
queridos libros. 
— ¿Y qué sucedió? — preguntó con afán la señora de 
Vivero. 
— Pues que el vista me dijo: «No descargues, no des- 
cargues, y paga los derechos conforme a lo que rezan tus 
papeles. . . » 
— ¡Ah! — exclamaron todos. 
— Figuraos con cuánto gusto me sometí al pago, y. . . 
providencia de Dios. . . por unas causas o por otras, poco 
más o menos me ha sucedido en cuantas ocasiones aná- 
logas me he encontrado. 
— ¿Y en los mesones? — observó don Antonio. 
— En los mesones no hay cuidado alguno. Se entra 
por la noche y se sale por la mañana. Cuando me deten- 
go en una ciudad como Palencia o aquí, cojo una muía 
y salgo a dar una vuelta por los extramuros, volviendo al 
mesón, donde, si no me interrogan, nada digo, y si me 
preguntan, aseguro que no van mal mis negocios. 
— ¡Loado sea Dios! — dijo el doctor, y añadió: — ¿Pero 
ahora descansaréis unos días, que permaneceréis entre 
nosotros? 
— ¡Descansar! ¡No por mi vida! Salvo parecer más 
atinado, yo opino que no es hoy el día del descanso para 
el soldado de Cristo. ¿Cómo oueréis, señor, que descan- 
se, cuando nuestros compatriotas están en las tinieblas? 
No; hasta que Dios en ello sea servido, no me permitiré 
descanso. Hoy es el día de obrar; aprovechémosle, que 
Jesús nos dice que la noche se acerca «cuando nadie pue- 
de obrar*. Es necesario «redimir el tiempo, porque los 
días son malos». Satanás, revestido con la autoridad in- 
quisitorial, se agita. Entrevé en España ciertos destellos 
de luz evangélica que le deslumbran. Presiente algo, y 
aunque hoy está desorientado, puede orientarse; antes 
que ello suceda, probemos a echarle de España, huyendo 
cual buho a quien ciega la luz del sol. Ciéguele al «padre 
de la mentira» el brillante fulgor del Evangelio de Cristo. 
Sí, señores; este miserable villano, este fingido buhonero 
en quien nadie repara, esta cara que inspira compasión, 
cuanto puedo, si algo puedo; cuanto valgo, si algo valgo; 
cuanto soy, si algo soy, lo he puesto al servicio de mi 
Señor Jesucristo. 
— No poco trabajo me costó — prosiguió Julián des- 
pués de una breve pausa—; no poco trabajo me costó 
separarme de mis amigos y hermanos alemanes y espa- 
ñoles; mas estimando que todo reformado, en los días 
presentes debe trabajar por la Reforma (que es trabajar 
a honra de Cristo), abandoné mi colocación de cajista y 
me decidí a venir a España. El venerable Juan Pérez, 
Francisco de Encinas y otros españoles me llamaban a su 
lado; pero yo les dije: «Señores, vuesas mercedes, que 
son doctos, que tienen el trabajo de su pluma acá, escri- 
ban, escriban. Crujan las barras de las prensas al impri- 
mir vuestros escritos; salgan impresos los pliegos, con- 
viértanse en libros, que yo, por cuanto soy indocto, en- 
traré en mi querida España y desparramaré en ella el 
parto de la sabiduría de vuesas mercedes». 
Imposible fué a los oyentes contenerse por más tiem- 
po. Dando rienda suelta al reprimido entusiasmo que las 
palabras de Julián produjeran, todos se abalanzaron para 
estrechar al denodado campeón de la causa de Cristo. 
-- ¡Me confundís, nobles señores, me confundís! . . . 
¿Qué hago yo o qué soy para tal agasajo? — exclamaba 
Julián, en extremo conmovido. 
— Vos sois. . . 
— Perdonad, señora. Os interrumpo porque tolerar 
no puedo me tratéis de igual a igual, y vuesa señoría me 
trata de vos. 
 — ¡Tan humilde como valiente! — exclamó el señor de 
Ocampo. 
— No os apenéis por tal cosa — contestó doña Leonor 
de Vivero — ; ¿cómo no honrar a quien Cristo ha honra- 
do, haciéndole, como a vos, parte de su gente santa, de su 
pueblo escogido, de su sacerdocio real? Mas, dejando 
iodo eso de lado, supongo no nos haréis un desaire de- 
jando de aceptar lecho, mesa y aposento en esta casa, que 
ya lo es vuestra, 
— Me confundís, señora, con vuestras bondades, y 
holgárame muy mucho en poder obedeceros. No, exce- 
lente doña Leonor; lo que proponéis no debe ser puesto 
en práctica. ¿Qué diría la malicia de la gente ociosa (y lo 
es todo ministril del Santo Oficio) al observar que el vi- 
llano, el muletero, se hospeda nada menos que en la casa 
de los Cazalla? ... Ya sabéis que ni siquiera he permitido 
se aloje mi mula en vuestra caballeriza. 
— ¡Esto más! — exclamó el doctor. 
— Aquiétese vuesa reverencia, señor doctor, que Jesús, 
mi Maestro, para algo dijo: Ecce ego mitto vos sicut oves 
in médium luporum. Estofe ergo prudentes sicut serpen- 
tes, et simplices sicut columbee (1;, y no es muy prudente 
que un vendedor, tras algunas horas de vagar de uno a 
otro lado, regrese al mesón con la caballería harta y 
sin sed. 
— Tenéis razón — contestó Cazalla con tono conven- 
cido — ; pero, a lo menos, creo que algunos días perma- 
neceréis en Valladolid, y durante ellos nos haréis el pla- 
cer de dejarnos gozar de vuestra vista. 
— Eso ya es otra cosa: si no hay peligro en que yo 
permanezca algunos días (pocos por eso) en Valladolid 
me quedaré, porque deseo honrarme con el conocimien- 
to de los hermanos, nobles o plebeyos, que forman la 
Iglesia Reformada en la corte. 
— Una de estas noches — interrumpió el señor de 
Ocampo — quedará debidamente constituida la Iglesia 
Reformada. 
— Pues bien — continuó Julián — , siempre habrá tra- 
zas para que yo sepa dónde y cómo he de asistir a esa o 
a otra junta que se celebre. 
— ¿En qué mesón paráis? — preguntó don Antonio. 
— En El León Castellano, ahí cerca, en la Rinconada. 
— Pues ya se os avisará. 
Y después de una corta, pero afectuosa despedida, 
(1) Mateo, X, 16. — No debe tomarse como fantasía novelesca el que Julián 
hablase latín. En aquella época toda persona un poco instruida conocía y habla- 
ba el idioma de Horacio, y no debe olvidarse que Julián era cajista de imprenta, 
y en el siglo XVI se imprimía mucho en latín. — (N. del A.) 
Julián salió de la casa y dirigióse hacia la antigua parro- 
tjuia de San Miguel, que ocupaba por aquella época el 
perímetro de lo que hoy es plaza, conservando el mismo 
nombre de la parroquia. 
— ¡Finas telas de Cambray! 
Pero un buen observador hubiera podido notar que 
así como Julián dejó a su espalda la citada parroquia, 
dejó también de pregonar, como si no tuviese interés en 
vender sus finas telas de Cambray, 

martes, 6 de febrero de 2018

MEMORIAS DE FRANCISCO DE ENZINAS- ESPAÑA

UNA PALABRA DEL TRADUCTOR 
El autor de la presente obra, vertida ahora por vez 
primera al idioma castellano, fué un joven literato espa- 
ñol, que residía a la sazón en la casa de Felipe Me- 
lanchthon, colega fiel de Lutero en la ciudad sajona de 
Witemberg. Enzinas tenía unos veinticinco años, sien- 
do hijo de una familia rica y noble de Burgos. Después 
de varios años de estudio en la Universidad de Lovaina, 
donde llegara por medios que ignoramos a convencerse 
de la verdad de la fe evangélica enseñada por los refor-* 
mistas alemanes, fué a estudiar a Witemberg (1541- 
1543), y estando allí, en íntima compañía de Me- 
lanchthon, tradujo el Nuevo Testamento del original 
griego al castellano — la primera versión española de 
los tiempos modernos. En la primavera del año 1543 
volvió a los Países Bajos para sacar a luz la traducción; 
pero como consecuencia de la oposición de las autorida- 
des eclesiásticas a que el pueblo español tuviese la Biblia 
en idioma vulgar, Enzinas fué echado a la cárcel, donde 
tuvo que estar por unos quince meses. Después de 
escapar de la prisión, volvió a Witemberg; y a pedido 
de Melanchthon, escribió el presente relato de sus expe- 
riencias durante los dos años de su ausencia. 

UNA PALABRA DEL TRADUCTOR 

El manuscrito, redactado en latín, no llegó entonces 
a imprimirse, y hoy sólo quedan dos ejemplares: uno 
completo, en la Biblioteca del Vaticano, y otro muti- 
lado, en la del Gimnasio de Altona. Ya en el año 1558 
apareció una traducción francesa, "escrita en tan bella 
y castiza prosa, que algunos han visto allí la mano de 
Calvino". 1 Esa versión francesa es la que sirvió de base 
a la presente traducción castellana, editada por primera 
vez en 1943, en el Cuarto Centenario de la versión del 
Nuevo Testamento en idioma español. 
Sobre el valor de la obra, permítasenos citar las pala- 
bras del renombrado critico, Marcelino Menéndez y 
Pelayo: "El mérito literario puede y debe encarecerse 
mucho. Campan (el editor de la edición belga del ori- 
ginal, 1862) ha dicho con razón que el libro de Enzi- 
nas está en el más hermoso estilo del siglo XVI, que el 
interés es poderosísimo, y que hay momentos de verda- 
dera elocuencia. El autor poseía facultades narrativas y 
dramáticas muy poco comunes, y dibuja vigorosamente 
las situaciones y los caracteres, hasta el punto de dar a 
sus Memorias toda la animación de una novela. Es de 
los pocos españoles que han sobresalido en el género 
autobiográfico." 2 
A. F. S. 
1 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos 
españoles, 2* ed., tomo IV, pág. 294. 
2 Ibíd., págs. 294-295. 

PREFACIO A LA ANTIGUA 
VERSION FRANCESA 

AL LECTOR FIEL 
Salud 
Habiendo recobrado este libro en latín, escrito por un 
autor bastante conocido por las gentes doctas, tanto 
a causa de su piedad, manifestada en sus escritos y en su 
conversación, como por su saber en las otras ciencias y 
buenas disciplinas; sabiendo también que se debía dar a 
luz en breve; yo me he preocupado de que no solamente 
los que entienden la lengua latina, sino también el pueblo 
común (a veces más cuidadoso de tales cosas que los 
grandes y doctos), fuera hecho partícipe. Del fruto y la 
utilidad que del mismo derive el lector, no hablaré de 
antemano. Cada uno de los fieles puede pensar para sí: 
si el martirio es el medio singular por el cual más progre- 
sa el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, ¿cuánto es el 
valor de los libros en los cuales, como en un espejo, se 
nos representa al vivo un pobre fiel muriendo constante- 
mente, y con corazón alegre, por la causa de la verdad, un 
tropel de tiranos y satélites a su alrededor, un verdugo 
ensangrentado, un fuego espantoso, un pueblo contem- 
plando maravillado, y sin saber a quién dar la razón o 
quitársela? Estas cosas, cuando las leo me conmueven 
casi tanto como si las viera con mis ojos carnales. Lo que 
creo les sucederá igualmente a todos los otros fieles. Pero 
todavía, entre otras gracias y virtudes, este autor tiene 
principalmente ésta, que entre las de un historiador no 
debe ser considerada la más pequeña: que presenta las 
cosas y las pone delante de nuestros ojos, ni más ni menos 
que si se realizaran en nuestra presencia. Otra cosa que 
también es grandemente digna de recomendación en este 
libro, es que el autor no ha tratado las cosas de oídas, o 
por díceres del pueblo, como se dice, sino con seguridad, 
como en su mayor parte él las ha visto, sentido y expe- 
rimentado. Hemos llegado a una época en que, cuando 
alguna cosa no se oye de buen grado, se pregunta incon- 
tinenti, ¿quién lo dijo? ¿cómo lo hizo? Lo que no es 
enteramente de lamentar, con tal que no se haga más por 
espíritu de contradicción que por cerciorarse de la verdad; 
y de las cosas verdaderas muy a menudo tanto como de 
las falsas; pero de este autor se podrá hacer tales pregun- 
tas sin empacho. Porque él tiene renombre y buena repu- 
tación entre las gentes de bien, y aun entre las malvadas 
en lo que toca a sus vidas; y ha escrito cosas que ha 
sabido, visto, experimentado y sentido. Siendo esto así y 
como el asunto de esta historia es tal que en ella vemos y 
contemplamos y consideramos las cosas que la distancia 
de los lugares y nuestra edad no nos han permitido ver 
con nuestros ojos corporales, y, sin embargo, son tan delei- 
tables para la consolación del alma, tan útiles y necesa- 
rias, yo espero y ruego a Dios que este libro pueda apro- 
vechar, tanto a los fieles como al progreso de su Evangelio 
y gloria, como lo han hecho en estos años pasados las 
historias que han sido compiladas sobre asuntos semejan- 
tes. En cuanto a los otros que pudieran leer este libro por 
curiosidad, para saber los asuntos del mundo, de los 
grandes señores, y cómo se gobernaban en materia de 
religión, ruego a Dios les convierta ese corazón vanidoso 
y ese espíritu de curiosidad, en un verdadero deseo de 
conocer y seguir su salvación, a fin de que arrepintién- 
dose y volviéndose a Dios, busquen de ahora en adelante 
más las cosas de arriba que las de abajo, las cosas de Dios 
que las de los hombres, y que reconozcan que es en un 
solo Dios que es necesario confiar, y servirle y compla- 
cerle, y no a los hombres. Ese Dios por su santa miseri- 
cordia nos dé gracia, y a todos los fieles. Adiós. 

martes, 6 de febrero de 2018

MEMORIAS DE FRANCISCO DE ENZINAS-18-21

 MEMORIAS DE FRANCISCO DE ENZINAS
Primeras semanas en Lovaina 
De Frisia enderecé mis pasos a Lovaina, en cuyo lugar, 
estando fatigado del camino, y quiendo saber cuál era 
el estado de la religión, resolví ponerme privadamente en 
comunicación con mis amigos y recrearme un poco con 
ellos, antes de presentarme abiertamente. Pero debía suce- 
18 
MEMORIAS 
der de muy otra manera. Porque cuando yo pensaba ha- 
ber llegado al fin de mis trabajos, me sobrevino un nuevo 
contratiempo. Mis antiguos amigos, que antes me habían 
agasajado, y cuya amistad yo hubiera considerado como 
la más firme, cuando recién llegué me pusieron buena 
cara; mas sabiendo que venía de Alemania, y creyendo 
por tal causa que olía a azufre, en el lugar que antes me 
habían agasajado tanto, ahora con sólo verme temblaban; 
y no temían sin razón, porque el día antes de mi llegada 
a Lovaina se había encarcelado a veintiocho ciudadanos, 
todas personas honestas y de buena reputación en la ciu 
dad. El que ellos llaman Procurador general, con toda la 
banda de fariseos que había reunido su gente habían ve- 
nido a las diez de la noche para visitar las casas de los 
ciudadanos, y habiendo entrado por la fuerza, habían 
registrado todos los rincones, revolviéndolo todo, en bus- 
ca, según decían, de libros sospechosos; para por esa sola 
causa, y sin otra investigación, hacer morir a las pobres 
gentes. Se había visto un cuadro lamentable. Los satélites 
empujando las puertas de las pobres gentes, que cansadas 
de su trabajo diario se habían entregado al reposo en sus 
lechos, sin pensar, ni mucho menos, en semejante alarma. 
Que si por ventura el padre de la familia, por haber tra- 
bajado mucho, estaba más profundamente dormido, y no 
acudía con presteza a abrir la puerta, incontinenti la 
derribaban, y esos brigantes se llegaban por la fuerza 
hasta el lecho del padre de familia. Allí sorprendían al 
esposo y la esposa sin saber de qué se trataba. Allí esos 
satélites, con audacia inaudita, a veces echaban mano del 
pobre marido, según lo que les había sido ordenado; otras 
veces, del marido y la mujer, y se los llevaban. Los rodea- 
PERSECUCIONES 
19 
ban los pobres niños, que por sus llantos y gritos lamen- 
tables parecían prever la desgracia de sus padres y la suya 
propia. Sorprendidos por un espectáculo tan cruel, y vien- 
do la casa llena de gente armada, de antorchas y teas, 
reluciente con el brillo de las armaduras, de las espadas 
desnudas y otras armas; viendo también cómo eran sepa- 
rados sus padres y madres, arrojado el uno aquí y el otro 
allá, y frecuentemente llevados (las manos atadas) fuera 
de la casa, los pobres niños, aunque no supieran de qué 
se trataba, más por un instinto natural que porque en- 
tendieran, llenaban la casa de llantos, llamando a sus 
padres con redobladas voces de: "¿Dónde vas, padre mío?" 
"¿Dónde te llevan, madre mía?" "¿Quién quedará aquí?" 
"¿Quién nos dará mañana de comer?" Y en recompensa 
de ese afecto natural que no podían demostrar de otra 
manera que con sus lágrimas, los pobres niños eran azo- 
tados, se les tapaba la boca para que sus llantos no fueran 
oídos por los vecinos, los cuales, advertidos de esa desgra- 
cia, hubieran tenido piedad de sus amigos, o bien, te- 
miendo algo parecido, hubieran podido ponerse en salvo; 
lo cual hicieron muchos que, sintiendo venir los esbirros, 
se tiraron prontamente fuera del lecho, y saltando en 
camisa las paredes de sus casas, se salvaron de esta suerte. 
Y, sin embargo, el furor de esos tiranos no se aplacó lo 
más mínimo por esas muestras de naturaleza tan eviden- 
te, que clamaban venganza contra semejante crueldad; 
antes por el contrario se enfurecieron tanto más, viendo 
que se descubría su intentona, que los que ellos buscaban 
habían sido advertidos de su venida por la obscuridad de 
la noche y por la diligencia de las personas de bien, y 
20 
MEMORIAS 
que cuando llegaban a las casas las encontraban vacías y 
sin habitantes. Por lo cual el Procurador general corrió 
toda la noche con los suyos, inflamado de furor y de ira 
contra la verdad, y su furor no se aplacó hasta que hubo 
conducido a la cárcel a veintiocho ciudadanos, entre hom- 
bres y mujeres, padres, hijos, maridos, esposas, hermanos, 
hermanas y de toda condición: separándoles en diversos 
lugares y prohibiendo que se dejara entrar a nadie a ellos, 
ni el hijo al padre, el esposo a la esposa, o la esposa a su 
marido; prohibió además que se les permitiera leer, escri- 
bir o hablar con hombre alguno. Habiendo así procedido, 
aquellos tiranos se reunieron gozosos en sus casas, como 
quien ha cumplido felizmente sus tareas. ¡Oh crueldad 
asombrosa, tal como jamás la hubo, ni memoria de hom- 
bre recuerda que hasta el presente haya habido! ¿Qué 
haces tú, Procurador general? Se trata de la vida de ciu- 
dadanos muy de bien y de damas muy honestas. Tienes 
prisioneros a los que por sus virtudes y buena vida han 
dado buen ejemplo a toda la ciudad. No falta sino que 
sean sentenciados definitivamente a morir quemados, en 
vez de ser hallados dignos de seguir viviendo en este 
mundo. ¿Mas qué han hecho? te pregunto. ¿Cuál es su 
delito? ¿En qué han pecado contra ti o contra la repú- 
blica? ¿A cuál de sus vecinos han ocasionado perjuicio? 
¿Han querido despojarte de tus bienes? ¿Han ofendido 
tu majestad, de hecho o con la más mínima palabra? ¿Han 
impedido tu ganancia, tus empresas, tus pillerías? ¿Han 
excitado alguna sedición en la república? ¿Han querido 
saquear el tesoro público, quitar el cetro de manos de los 
gobernantes o sentarse en su silla? ¿Has encontrado a 
alguno de ellos con la espada ensangrentada, volviendo de 
PERSECUCIONES 
21 
cometer algún asesinato? Nada menos cierto que todo 
esto. ¿Y por qué te lanzas sobre ellos con esa furia? ¿Por 
qué estimas a hombres de bien como dignos de ser encar- 
celados, desterrados, extinguidos por la espada y el fuego? 
¿Por qué no consideras más bien, tus propios engaños, tus 
traiciones, homicidios, adulterios, latrocinios y pillerías 
de que eres culpable? ¿Con qué cara osas aplicar esas 
manos impuras y sacrilegas, con las cuales has saqueado 
otrora lugares sagrados y no sagrados, forzado a tanta 
gente injustamente y sin causa, robado las labores y su- 
dores de los pobres, a prender ahora y aprisionar a tantas 
personas de bien e inocentes? ¿No tienes miedo de que la 
tierra se abra y te trague, que las casas, a las cuales osas 
entrar para acrecer el colmo de tu maldad, caigan sobre ti 
y te aplasten? Pero ellos son culpables de impiedad, dirás. 
¿Cómo te atreves, tú o los sofistas de Lovaina (a cuya 
instigación ejerces esta enorme crueldad), a acusar de 
impiedad a aquellos que siempre han puesto el mayor 
cuidado en conformar el curso de sus vidas, lo más exac- 
tamente posible, a la Palabra de Dios, mientras tú y tu 
banda, por el contrario, no cesáis de blasfemar y desfigu- 
rar la verdadera religión con toda suerte de impiedades y 
furia idolátrica? Y así es, a la verdad. Tú dices que ésta 
es la voluntad del Emperador, y que las leyes ordenan 
que los luteranos sean irremisiblemente sometidos al úl- 
timo y más cruel suplicio. Y no se puede, ni se debe 
alegar ninguna otra razón más que ésta. 
 CONQUISTA DE GRANADA
IRVING WASHINGTON 
Libre ya de moros la muralla, partieron estos dos caballeros en
persecucion de los setenta moros que habian efectuado su entrada
en el lugar, y que, por estar ocupada casi toda la guarnicion en
defender aquella parte que Muley amenazaba combatir, habian recorrido
muchas de las calles sin hallar oposicion, y se encaminaban ya á las
puertas para abrirlas al ejército[13]. La muerte iba guiando sus
pasos, y se les podia seguir el rastro por la sangre de sus huellas,
y por los cadáveres de los que inmolaban de camino. Llegaron á una de
las puertas, embistieron la guardia, y ya la fatal cimitarra tenia
postrados á la mayor parte de los soldados de ella, cuando fueron
alcanzados por don Alonso Ponce, con Pinedo y sus camaradas: un
momento mas que tardáran, Alhama quedaba abierta al enemigo. Viéronse
entonces los moros acometidos de frente y por las espaldas: al punto
forman un círculo, y puestos espalda con espalda y la bandera en el
centro, presentan animosamente los pechos á sus contrarios. De esta
suerte pelearon largo tiempo con desesperada resolucion formándose
en derredor un parapeto con los cuerpos de los que mataban. Vinieron
contra ellos nuevas tropas, y crecieron los apuros, mas no por eso
dejaron de batirse, ni pidieron jamas cuartel: conforme se disminuia
su número, estrechaban mas y mas el círculo, defendiendo con
inimitable constancia su bandera, hasta que muertos todos los demas,
pereció el último moro abrazado con el asta de su estandarte. Este
estandarte se desplegó en seguida sobre la muralla, y las cabezas de
los moros muertos fueron arrojadas al campo del enemigo.[14]
  [13] Zurita, lib. XX. c. 43.
  [14] En premio de su valor, armó el Rey caballero á Pedro Pinedo.
  Zúñiga, Anales de Sevilla, lib. XII. an. 1482.
Muley Aben Hazen, viendo frustrada esta tentativa y muertos tantos de
sus mejores caballeros, se mesaba las barbas en los arrebatos de su
dolor. Para mayor confusion suya, se le avisó que desde las alturas
se veia relumbrar las lanzas y ondear los pendones del ejército
cristiano, que venia á socorrer á Alhama. Cediendo pues al rigor
de su fortuna, alzó Muley el sitio, movió el campo sin tardanza,
y al tiempo que se oian los últimos acentos de los añafiles del
ejército moro, que se retiraba de los infaustos muros de Alhama, se
vieron desembocar por las montañas las espesas columnas del duque de
Medinasidonia.
Cuando los cristianos de Alhama vieron retirarse por una parte á sus
enemigos, y avanzar por otra á sus libertadores, prorrumpieron en
gritos de alegría; pues se les volvia á la vida en el punto mismo en
que pensaban ser presa de la muerte, y cuando la hambre, la sed y
todas las privaciones, los tenian reducidos al estado de esqueletos.
La escena que pasó entre el duque de Medinasidonia y el marqués de
Cádiz, fue la mas interesante y tierna. Al recibir á su magnánimo
libertador, se le asomaron al Marqués las lágrimas á los ojos, y
lleno de admiracion y reconocimiento, le estrechó entre sus brazos.
El duque, su contrario antiguo, ahora su amigo mas afectuoso, le
correspondió con iguales demostraciones, y le ofreció generosamente
para en adelante una amistad sincera, y el olvido de sus diferencias.
Mientras esto pasaba con los gefes, se suscitó entre la tropa
una contienda sórdida, sobre la particion de los despojos; pues
pretendian los soldados del duque participar del fruto de aquella
victoria, en premio de su trabajo y del socorro que habian prestado.
De las palabras hubieran llegado á las armas, á no intervenir el
duque que decidió la cuestion con su magnanimidad característica,
diciendo á los suyos: “Quédense con los despojos, aquellos á quien
la fortuna se los dió; que nosotros solo hemos tomado las armas por
la honra, por la religion y por la salud comun. Por de presente sea
éste el premio de nuestro trabajo: para en adelante, yo os aseguro
que serán vuestras, con vuestro valor y esfuerzo, todas las riquezas
de los moros y del reino de Granada.” Aplaudieron los soldados las
razones de su general, apaciguáronse los ánimos, y terminó felizmente
aquel tumulto.
Despues de haber descansado de sus fatigas, y participado
abundantemente de las provisiones que la diligencia de la amante
esposa del marqués de Cádiz habia prevenido, se retiraron los
veteranos de Alhama, dejando en guarnicion de su conquista á una
parte de las tropas recien venidas, y volvieron á sus casas cargados
de un botin precioso. El duque de Medinasidonia y el marqués de
Cádiz, con los caballeros sus allegados, se dirigieron á Antequera,
donde fueron recibidos por el Rey con mucha distincion y señales
particulares de favor. De alli partieron juntos para Marchena, villa
del Marqués, cuya esposa, agradecida á la gentileza que habia usado
con ella el Duque, hizo celebrar su venida con fiestas y regocijos,
y se honró á tan distinguido huésped con un espléndido banquete.
Cuando partió el Duque para su casa en san Lucar, le fue el Marqués
acompañando hasta algunas leguas, y su despedida fue como la de dos
afectos hermanos que se separan. Tal ejemplo dieron al mundo estos
dos ilustres rivales, ganando entrambos la estimacion general; el uno
por haber conquistado la fortaleza mas importante y fuerte del reino
de Granada, el otro por haber subyugado á su mayor enemigo por un
acto de magnanimidad.


































No hay comentarios:

Publicar un comentario