CREACIÓN
LA COSMOGONIA BÍBLICA A LA LUZ DE LA CIENCIA MODERNA
POR ARNOLD GUYOT
PROFESOR DE GEOLOGÍA Y GEOGRAFÍA FÍSICA EN LA UNIVERSIDAD DE NUEVA JERSEY. AUTOR DE "LA TIERRA Y EL HOMBRE".
MIEMBRO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE CIENCIAS DE AMÉRICA. MIEMBRO ASOCIADO DE LA REAL ACADEMIA DE TURÍN, ETC., ETC.
NUEVA YORK
1884
CREACIÓN Y CIENCIA *GUYOT* 5-7
Destinado a hombres de todos los tiempos y de todos los niveles de cultura, sus instrucciones están revestidas de un lenguaje sencillo y popular, lo que las hace accesibles tanto al iletrado como al hombre culto y al devoto de la ciencia.
El conocimiento que obtenemos de la Naturaleza nos llega solo a través de nuestros sentidos.
Un estudio fiel de las obras visibles de Dios y deducciones sólidas de los hechos cuidadosamente comprobados son los cimientos sobre los que se asienta la ciencia de la naturaleza.
Pero de estas premisas finitas, ningún proceso lógico puede derivar las grandes verdades del mundo infinito y sobrenatural que se dan en la narrativa bíblica.
Las enseñanzas de la naturaleza, por grandiosas que sean, pertenecen al mundo finito; son de orden material e intelectual, y no pueden trascender su esfera. Si la inmensidad del universo infinito, en cuyo seno vivimos, despierta en nosotros la idea de lo infinito, no puede demostrarlo, ni, gobernado como está por el funcionamiento necesario de leyes invariables, puede este mundo visible arrojar alguna luz sobre los misterios de ese dominio invisible en el que reinan el amor y la libertad suprema.
No esperemos, por tanto, ni mucho menos pidamos de la ciencia el conocimiento que nunca podrá darnos; ni busquemos en la Biblia la ciencia que no pretende enseñar.
Recibamos de la Biblia, con confianza, las verdades fundamentales que la ciencia humana no puede alcanzar, y dejemos que los resultados de la investigación científica sirvan como un comentario continuo que nos ayude a comprender correctamente las amplias declaraciones del relato bíblico que se refieren a la obra de Dios durante la gran semana de la creación.
Así estaremos convencidos, si no me equivoco, de que los dos libros, provenientes del mismo Autor, no se oponen, sino que se complementan, formando juntos la revelación completa de Dios al hombre.
Al leer la narración bíblica, aferrarse a una interpretación claramente refutada por el testimonio de las obras de Dios, como han hecho muchos creyentes bienintencionados pero imprudentes, es rechazar la luz que Dios mismo nos ha presentado. Por otro lado, negarse, como muchos aún lo hacen, a priori, a creer en la posibilidad de que este antiguo documento coincida en sus afirmaciones con la ciencia moderna, porque se supone que su autor no pudo haber tenido tal conocimiento antes de los descubrimientos de nuestros días, es dejarse llevar por una opinión preconcebida.
Esta cuestión debe someterse a un examen imparcial, como una cuestión de hecho. Actuar de otro modo es tan poco científico como injusto.
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