UN MANZANO PARA ISAAC
UN MANZANO PARA ISAAC
POR JON VARA
HAN PASADO tres años desde que Vicky y yo salimos del hospital
estrechando unas cuantas fotos, la pulsera de identificación que le
pusieron a nuestro hijo alrededor del tobillo, y un par de libritos
sobre cómo superar la aflicción. Nuestra vida ha vuelto a la•normalidad,
en términos generales, pero ha habido algunos cambios inesperados. Uno
de ellos es la confusión que me embarga cuando me preguntan cuántos
hijos tengo. En rigor, sin duda tengo uno, pero el corazón humano no
entiende de tales precisiones.
"Dos varones", respondo, y espero que
el tema se dé por concluido. Si me veo en la necesidad de decir más al
respecto, explico que uno de los chicos murió; momento que me resulta
vergonzoso, pues me hace sentir como si estuviera pidiendo
conmiseración. Sin embargo, no mencionar a Isaac en absoluto, como si
nunca hubiera existido, es algo que no puedo hacer.
Un nacimiento
suscita alegría, porque encierra la promesa de un largo futuro: de
crecimiento y cambio, de infecciones en los oídos, de regalos de
cumpleaños y de lecturas en voz alta. Antes de mi experiencia con Isaac,
habría pensado que el futuro de un niño necesariamente muere con él.
Pero no es así. Una especie de sombra llena el hueco; como el miembro
que siente seguir teniendo la persona a la que le han amputado un brazo o
una pierna. Sin proponérmelo, he llevado la cuenta del tiempo que ha
trascurrido desde el nacimiento de Isaac y he tenido una imagen mental
del aspecto que podría haber presentado mi hijo en las distintas etapas
de su vida.
ENTERRAMOS sus cenizas en un extremo del jardín' y, sobre
ellas, sembramos un joven manzano. Lo cuidamos solícitamente: le
quitamos los pulgones que atacan los renuevos, lo regamos en épocas de
sequía y desherbamos el terreno sobre el que se asienta. Cuando llega el
momento de podar sus ramas, a fines de invierno, las truncamos con el
mismo cariño con que le cortaríamos las uñas a Un niño recién nacido.
Al
final, todo este trabajo habrá merecido la pena. El árbol de Isaac
empezará a fructificar muy pronto, y llegará a su plenitud cuando mi
hijo hubiera entrado en la adolescencia. Con suerte, vivirá cien años.
DEMONIOS A CABALLO - ALAIN STANKÉ
UN NIÑO EN EL INFIERNO
ALAIN STANKÉ
Demonios a caballo
UN DíA, mientras mi amigo Lazarius y yo jugamos en un parque oímos
gritos y el correr de unos caballos. Varias bestias aparecen al final de
la calle; son pequeñas, negras, musculosas, con crines largas y
oscuras. Los jinetes vociferan al tope de sus pulmones y blanden las espadas por encima de sus cabezas.
Lazarius me lleva detrás de un árbol. Temblamos de miedo. La caballería
entra al parque en una espesa nube de polvo. Puedo apreciar a los
jinetes. Son pequeños, de tez oscura y ojos rasgados como los de los
chinos. Tienen la cara redonda y los- pómulos salientes, y la mayoría
llevan gorros, de piel.
Un tipo se nos une detrás del árbol.
¡Son-mongoles! —balbucea aterrorizado—. Bestias! ¡Salvajes!
Detrás de las monturas distingo unas piernas de hombre; luego unas de
mujer. De pronto los caballos se mueven a un lado y nos dejan ver.
El hombre agita los brazos como para asustar a los animales y a sus
jinetes. La mujer mira en derredor con pánico. Todo termina en un
santiamén. El yace en el suelo, pisoteado por los cascos de los
cuadrúpedos; ella, de rodillas, tiembla y
solloza. La luz se refleja en los sables de -los mongoles y, luego la
mujer queda teñida en sangre, yerta un momento; luego su cuerpo se
sacude y retuerce.
Mi corazón late fuertemente. Lazarius jadea y el sudor le corre por la cara. "Quiero ir a casa, quiero ir a casa", solloza.
Por fin los mongoles se alejan al galope y nosotros nos aventuramos a
salir y al llegar a la casa de mi amigo nos. separamos sin decir
palabra.
Mi madre está en el portón con dos soldados. Su sonrisa me trasmite
tanta ternura y tranquilidad que no resisto las lágrimas. Con mil
incoherencias- le relato la escena del parque. Ella la traduce al ruso
para los soldados.
—¡Mongoles locos! —dicen a coro y hacen girar sus dedos sobre la sien.
Pregunto a mi madre:
—¿Los mongoles están de parte de los rusos o son sus enemigos?
—Son soldados rusos,. mal que les pese a estos señores.
Vivimos en estado de terror. El blanco principal de los mongoles son las mujeres. Las matan a golpes de culata o a puñaladas. Al solo ruido de unos cascos Lazarius y yo corremos a escondernos.
Selecciones del Reader´s Digest
Julio 1980
BELLEZA NATURALES ...DE GUATEMALA -2
BELLEZA NATURALES ...DE GUATEMALA
JOSE MARIA GARCIA
1891
¿En qué pensaron los Españoles, pregunta entonces el via-
jero, los españoles QUE construyeron Cartagena, Santiago de Cu-
ba, la Habana y tantas otras soberbias ciudades fortificadas?
Este punto en otro tienípo, se llamó Santo Tomás de Castila y
no ha quedado vestigio alguno de su dominio en este para paraje."
Aquí nos encargamos de la contestación:Los conquistadores
habían penetrado al país por la frontera de Méjico: encontraron
una región deliciosa por su clima y sus pintorescos sitios y como
aquel que acaba de encontrar un tesoro, trataron de ocultar á
los ojos del mundo su nueva conquista. La naturaleza se había
encargado de cerrar la República y de ponerla al abrigo de las
empresas de los filibusteros: una espesa selva virgen, al pie de
una alta cordilla, puertos cerrados, ríon con barra, que ne-
cesidad tenían de obstruir la entrada del puerto como lo hicie
ron en Cartagena y de construir en la entrada de un estrecho
canal, fortificaciones como las de Boca Chica o de Santíago de
Cuba? Guatemala era para los españoles de aquellos tiempos
una especie de quinta de receo, de buen retiro, donde debían ví
vir durante largos años familias de conquistadores y emplea-
dos favoritos de la Corte de España, allí debia vivir mucho
tiempo al pie de los majestuosos volcanes, todo un mundo de
frailes, monjas de todas las órdenes; ahí se construyó una capi-
tal al gusto de aquellos tiempos,cuajada d eiglesias y monasterios
donde se pasaba la vida, entre galanteos y sermones. Du-
rante muchos años, las pocas mercaderías, todas ellas españolas que
se consumían en la antigua capital, se introducían por Omoa ó
por el río Motagua. cuya barra dejaba pasar pequeñas embarca-
ciones.
Los españoles. no dejaban entrar mercaderías de otros países
y tampoco permitían que se cultivaran la viña y el olivo. Ocul-
taban de tal modo su tesoro, que durante mucho tiempo, los
geografo8 carecieron absolulamente de datos rara definir en sus
obras, la posición, la división territorial, la población y las cos-
tumbres de C«ntro- América. Aún en el día ha quedado un
resto de ignorancia respecto de esos puntos. El comrcio designa
todavía el balsamo de Guatmala bajo el nombre de bálsamo del
Perú.
MI PADRE Y EL TEJEDOR BEODO- CLARENCE BUDINGTON KELLAND
Mi
padre y el tejedor beodo
¿Extraña
educación? Algo digno de meditarse en estos días de “producción pedagógica en
serie”
Por Clarence Budington Kelland
Cuando
mi padre tenía seis años lo pusieron a trabajar en una fábrica de tejidos de lana, situada cerca de
Mánchester, en Inglaterra. Le pagaban, creo, dos chelines por semana. Su
jornada de trabajo empezaba a las seis de la tarde y concluía a las seis de la
mañana.
No
era esto lo que nuestros modernos educadores verían favorablemente como
trompillón adecuado para zabullirse en el pozo de la cultura.
Sin
embargo, esta historia quizá lleve alguna esperanza a quienes no pueden aprovechar
los beneficios de “producción pedagógica en serie” de donde emergen hoy los que
parecen ser admirados universalmente como hombres cultos.
La
tarea de mi padre era manejar una carda mecánica en un inmenso y oscuro salón
con velas. Para él, chico retraído y tímido, las horas de la noche eran
terriblemente largas…o mejor dicho, lo hubieran sido a no haber estado la
educación a la mano, en la carda mecánica vecina a la suya.
La
educación tenía la peregrina forma de un tejedor arruinado, ebrio
consuetudinario tan venido a menos en la profesión que ya no era capaz de
desempeñar sino ocupaciones
apropiadas a las capacidades de un
muchacho de seis años. Debió de ser, dentro de su esfera, un hombre notable,
había visto grandes dramas y conocido grandes actores, y como estaba dotado de
una memoria prodigiosa, podía recordar dramas íntegros_ no sólo el argumento sino el diálogo mismo con perfecta
exactitud. Y así, noche tras noche, para aligerar sus horas de trabajo y
divertir al desamparado chico, recitaba en voz alta los dramas de Shakespeare y
de otros autores.
Igualmente
el viejo bebedor le leía a mi padre libros que conservaba grabados en la
admirable plancha de su memoria. Al parecer había leído muchas cosas de mérito:
las novelas de Dickens, la historia de Grecia, la historia de Inglaterra, Las
Mil y Una Noches, y naturalmente, Robinson Crusoe. Noche por noche semana tras
semana recitaba cuanto sabía.
Como
no tenía otra cosa en que ocupar su imaginación, mi padre absorbía y recordaba
todo aquello. Antes de saber leer sabía de memoria algo de lo mejor de la literatura inglesa.
Con
el andar del tiempo, la familia de mi padre, compuesta toda de tejedores se
trasladó a América, donde mi padre asistió por primera vez a una escuela y
recibió la única enseñanza formal de su
vida…durante seis meses.
Pero
aunque ayuno de todo conocimiento de la gramática, mi padre había sido
contaminado por la palabra escrita. No era muy buena su pronunciación, ni sabía
ortografía, pero dominaba el arte de la lectura, el que llegó a ser y sigue
siendo_ después del baseball_ la pasión de su vida. Además, a la lectura agregó
la cualidad de pensar. Porque no se puede frecuentar el trato de las ideas
impresas sin que se originen los conceptos propios.
Después que se caso con mi madre y hubo establecido
su hogar, comenzó no solo a leer libros sino a comprarlos. Cuando yo era niño
teníamos ya la biblioteca más grande del pueblo; en ella se encontraban todos
los libros con que el viejo tejedor
había familiarizado a mi padre. En la noche, cuando volvía de la tienda donde
estaba empleado, bajaba la lámpara colgante y nos leía a mi madre y a mí. Todas
las noches. No teníamos ningún otro entretenimiento.
No
he conocido a nadie que haya leído más
libros que el autor de mis días, y probablemente ninguno habrá leído en voz
alta a su hijo. Antes de ir a la escuela
yo había oído leer todos los grandes libros ingleses; de un modo u otro aprendí
a leer solo, y como a mi padre me acometió el embrujo de la palabra escrita. La
educación, que, pasada por el tamiz de mi padre, recibí de un obrero beodo, me
ha sido más valiosa que cuanto aprendí
en cualquier otra parte. Ella modeló mi vida, determinó mi profesión y fue la
base del modesto éxito que he alcanzado.
Al
traer a la memoria tales cosas en estos curiosos días de curiosas ideas, pienso
en la enseñanza, lo mismo la de producción en serie que la de otra clase. Y en
lo que el individuo puede hacer por sí mismo si tiene interés y aplica su inteligencia al empeño. Y en cuánto más
vale la educación individual que la que se recibe de acuerdo a determinada
pauta. Y entonces siento una honda gratitud por mi padre y por el tejedor
beodo.
PRESIDENTE DE GUATEMALA - 2020-2024-¿SERÁ A.G?
PRESIDENTE DE GUATEMALA ¿SERÁ A.G?
Guatemala, Lucha y gime deseperadamente por sacudirse el yugo oprobioso de la corrupción.
Muchos candidatos se presentarán aspirando al puesto de Presidente de la
República. La mayoría de ellos bajo la desconfianza del pueblo que
tiene sobre ellos una percepción de que solo buscan llegar a ser
multimillonarios a costa del hambre de los guatemaltecos. ¿Habrá entre
los futuros aspirantes a candidatos a la presidencia alguién que sea integro de mente, palabra y corazón? ¿Alguién que aspire a sanar las heridas profundas de las cuales sufre lapatria Guatemala?
Mientras llega ese momento, me pregunto, al igual que hace 3 años.
El Presidende Guatemala en el año 2020. ¿SERÁ A.G?
MAR 1850-SEP 1850 VILLA HUEHUETENANGO
676
GREGORIO
DE JESUS ALVARADO VALIENTE
18
MARZO 1850
HIJO
DE PAULINO ALVARADO Y DE POTENCIANA VALIENTE
PADRINO:
MANUEL DE BARRIOS
GABRIEL
GUTIERRES PALACIOS
18
MARZO 1850
HIJO
DE PEDRO GUTIERRES Y DE EULOJIA PALACIOS
PADRINO:
MANUEL HERRERA
ROMAN
HERRERA MARTIN
24
FEBRERO 1850
HIJO
DE FRANCISCO HERRERA Y DE EMILIANA MARTIN
PADRINO:
LUPARIO CASTILLO
EUJENIA
JOSEFA CASTILLO
20
MARZO 1850
HIJA
DE SEBERINA MORALES
PADRINO:
MANUEL CASTILLO
BENITA
DE PAULA RECINOS PERES
20
MARZO 1850
HIJA
DE CAN--- RECINOS Y DE MARIA PERES
MADRINA:
MARGARITA MORALES
CASTOLO
MORALES SAMAYOA
26
MARZO 1850
HIJO
DE TIBURCIO MORALES Y DE JULIA SAMAYOA
PADRINO:
ALVINO MORALES
CELESTINA
DE JESUS VILLATORO VILLATORO
6
ABRIL 1850
HIJA
DE GUILLERMO VILLATORO Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA.
JUANA AGUSTINA CARRILLO
DIONICIO
DE JESUS VILLATORO
8
ABRIL 1850
HIJO
DE FLORENCIA VILLATORO
MADRINA:
JOSEFA PALACIOS
JOSE
ANGEL DE JESUS CARRILLO HERRERA
10
ABRIL 1850
HIJO
DE JOSE CARRILLO Y DE TEODORA HERRERA
MADRINA:
MARGARITA HERRERA
JULIO
DE JESUS CIFUENTES
11 ABRIL
1850
HIJO
DE YRINEA CIFUENTES
MADRINA:
DOÑABALTASARA PORRES- ESPAÑOLA
ENGRACIA
GERTRUDIS DE JESUS CASTILLO
17
ABRIL 1850
HIJA
DE ONORATA CASTILLO
MADRINA.
SOLEDAD CARDONA
TORIBIO
DE JESUS MONSON
16
ABRIL 1850
HIJO
DE PETRONILA MONSON
MADRINA.
JUANA DE BARRIOS
PERFECTO
DE LA SOLEDAD HERRERA
18
ABRIL 1850
HIJO
DE MARIANA HERRERA
PADRINO:
CIRIACO HERRERA
MARIA
CRESENCIA VELASQUES
18
ABRIL 1850
HIJA
DE EBARISTA VELASQUES
MADRINA:
YNOSENTA HERRERA
YNES
DE JESUS LOPES DELGADO
20
ABRIL 1850
HIJO
DE MARIANO LOPES Y DE SOTERA DELGADO
MADRINA:
BONIFASIA ABILA
ANSELMA
JOSEFA LOPES
21
ABRIL 1850
HIJA
DE MICAELA LOPES
MADRINA:
JUANA JOSEFA HERRERA
ALEJANDRA
DE JESUS LOPES
25
ABRIL 1850
HIJA
DE MERCEDES LOPES
PADRINO:
VICENTE AREVALO
PETRONA
DE JESUS HERRERA PALACIOS
29
ABRIL 1850
HIJA
DE FRANCISCO HERRERA Y DE JOSEFA PALACIOS
MADRINA:
MANUELA PALACIOS
FELIPE
MERIDA MORALES
1
MAYO 1850
HIJO
DE GERONIMO MERIDA Y DE MARIA DEL CARMEN MORALES
MADRINA:
MARIA SDERAPIA PALACIOS
“REMITIDA
A SUMPANGO. FEBRERO 5 DE 1879”
JOSE
DE LA CRUZ ALVARADO HERRERA
3
MAYO 1850
HIJO
DE ANASTACIO ALVARADO Y DE MARIA HERRERA
PADRINO:
EUJENIO GUILLEN
MANUEL
DE LA CRUZ RIBERA
3
MAYO 1850
HIJA DE MICAELA RIBERA
MADRINA: DOÑA LUISA
PORTUGAL
HESTANISLAO JOSE SAMAYOA MARTIN
7 MAYO 1850
HIJO
DE LUCIANO SAMAYOA Y DE JULIANA MARTIN
MADRINA:
PAULINA MARTIN
PIOQUINTA
DE JESUS LOPES LOPES
5
MAYO 1850
HIJA
DE FAUSTINO LOPES Y DE FELIPA LOPES
PADRINO:
JUAN ANTONIO LOPES
MIGUEL
DE JESUS MONSON HERRERA
8
MAYO 1850
HIJO
DE ANTONIO MONSON Y DE CORONADA HERRERA
PADRINO:
MEREJILDO RIYOS (RIOS)
681
MANUEL
GREGORIO MENDES
9
MAYO 1850
HIJ
DE JOSEFA MENDES
MADRINA:
SOCORRO RECINOS
JOSEFA
ESTANISLAO LOPES ALVARADO
7
MAYO 1850
HIJO
DE MARCOS LOPES Y DE JUANA ALVARADO
MADRINA:
DOMINGA ALVARADO
“REMITIDA
A MALACATAN”
YSIDRO
DE LA SOLEDAD LOPES VILLATORO
15
MAYO 1850
HIJO
DE ESUTAQUIO LOPES Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA:
MANUELA HERRERA
YSIDRO
FRANCISCO RIYOS (RIOS) PORRES
15
MAYO 1850
HIJO
DE DON JOSE MARIA RIYOS
Y
DE DOÑA BALTASARA PORRES- ESPAÑOLA
MARIA
DEL SOCORRRO VILLATORO
22
MAYO 1850
HIJA
DE SEBERINA VILLATORO
MADRINA:
MANUELA RIYOS
JOSE
YNDALECIO MORALES
21
MAYO 1850
HIJA
DE JOSEFA MORALES
PADRINO:
FULLJENCIO RIBAS
JUSTA
DE JESUS LOPES
27
MAYO 1850
HIJA
DE JUANA LOPES
MADRINA:
JOSEFA ALVARADO
FRANCISCO
RODRIGUES LOPES
3
JUNIO 1850
HIJO
DE FLORENCIO RODRIGUES Y DE MARIA LOPES
MADRINA:
AGUSTINA CARDONA
NORVERTA
DE LA SOLEDAD ALVARADO
6
JUNIO 1850
HIJA
DE LORENSA ALVARADO
MADRINA:
FELIPA HERRERA
NORVERTA
DE LA SOLEDAD CASTILLO
6
JUNIO 1850
HIJA
DE CRESENCIA CASTILLO
PADRINO:
PEDRO CASTILLO
MAXIMO
DE JESUS SOSA CHAVES
_CHAVES
PRIMERA VEZ CON V_
HIJO
DE NESTOR SOSA Y DE TERESA CHAVES
MADRINA:
JUANA JOSEFA RECINOS
MARGARITO
ANTONIO MORALES RECINOS
10 JUNIO
1850
HIJO
DE MAXIMO MORALES Y DE LEANDRA RECINOS
PADRINO:
MACARIO HERRERA
BERNABE
ANTONIO LOPES
11
JUNIO 1850
HIJO
DE ELEUTERIA LOPES
MADRINA:
FRANCISCA PALACIOS
BERNABE RUBIO HERNANDES
11 JUNIO 1850
HIJO DE DIONICIO RUBIO
Y DE DIONICIA HERNANDES
MADRINA: MANUELA LOPES
JOSE
FRANCISCO ARGUETA CASTILLO
16
JUNIO 1850
HIJO
DE ___ARGUETA Y DE RITA CASTILLO
MADRINA:
SOTERA CASTILLO
JUAN
FRANCISCO ZAMAYOA MORALES
15
JUNIO 1850
HIJO
DE TOMAS AQUINO SAMAYOA Y DE PETRONA MORALES
MADRINA:
FRANCISCA PALACIOS
686
MARIO
JOSE VILLATORO CASTILLO
18
JUNIO 1850
HIJO
DE JOSE LEON VILLATORO MARIA JOSEFA
CASTILLO
MADRINA:
MARIA VILLATORO
JOSEFA
LUISA MONZON
21
JUNIO 1850
HIJA
DE EMIDIA DE JESUS MONZON
PADRINO:
DOROTEO AVILA
JOSE LUIS SAMAYOA VILLATORO
21 JUNIO 1850
HIJO DE GABRIEL SAMAYOA
ALFARO Y DE PETRONA VILLATORO
MANUEL JOSE CASTILLO RUBIO
17 JUNIO 1836
HIJO DE SEBERINO CASTILLO Y DE DIONICIA RUBIO
ANCESTROS DE MARTA,
EMERITA, ARCADIO Y REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS, JUMAJ, ZONA 6, HUEHUETENANGO y de
Samuelsonciudadepaz
MADRINA: YSABEL CASTILLO
PADRINO:
TEODORO HERRERA
RAFAEL
JOSE FEDERICO PORTAL HIDALGO-ESPAÑOL
17 MARZO 1850
HIJO DE DON FRANCISCO
PORTAL- ESPAÑOL
Y DE DOÑA JESUS HIDALGO
MADRINA.
DOÑA FRANCISCA CASTAÑEDA
LEONA
DE JESUS VILLATORO GUTIERRES
29
JUNIO 1850
HIJA
DE FRANCISCO VILLATORO Y DE ELIGIA GUTIERRES
MADRINA.
MANUELA PALACIOS
FRANCISCA
LADISLAO HERRERA GARCIA
27
JUNIO 1850
HIJA
DE CLEMENTE HERRERA Y DE MARIA GARCIA
PADRINO:
EDUBIGES CANO
687
JOSE
ANGEL LOPEZ
1
JULIO 1850
HIJO
DE EUSEBIA LOPEZ
MADRINA:
“LA SRITA. DOÑA ESTER MOLINA”
GREGORIO
DE JESUS GUTIERRES PALACIOS
4
JULIO 1850
HIJO
DE BERNARDINO GUTIERRES Y DE CERAPIA PALACIOS
MADRINA:
TOMASA PALACIOS
POLICARPIA
ALVARADO CARDONA
8
JULIO 1850
HIJO
DE TRANQUILINO ALVARADO Y DE PETRONA CARDONA
MADRINA:
MARIA RAMONA VILLATORO
JOSE
CIRILO VILLATORO HERRERA
7 JULIO 1850
HIJO
DE D. VILLATORO Y DE FELIPA HERRERA
MADRINA:
JUANA DE LEON
JOSE
FEDERICO SIFUENTES
8
JULIO 1850
HIJO
DE CLEMENTA SIFUENTES
MADRINA:
FRANCISCA PALACIOS
688
“VISTA
PARA SU MATRIMONIO 1890”
FELICITAS
JOSEFA DEL CASTILLO ARGUETA
11
JULIO 1850
HIJA
DE PEDRO MARTIN DEL CASTILLO Y DE
PETRONA ARGUETA
MADRINA:
RAFAELA DEL CASTILLO
VENTURA
DE JESUS RIVAS LOPEZ
14
JULIO 1850
HIJ_
DE JUAN ANTONIO RIVAS Y DE PETRONA LOPEZ
MADRINA:
SANDIEGO CARDONA
MARIA
DEL CARMEN CARDONA SOSA
16
JULIO 1850
HIJA
DE VIVIANO CARDONA Y DE CESARIA SOSA
MADRINA:
YSABEL LOPEZ
MARIA
DEL CARMEN CARDONA CHAVES
21
JULIO 1850
HIJA
DE YLARIO CARDONA Y DE
MATIAS CHAVES
MADRINA:
TIBURCIA RIBERA
POLINARIO FRANCISCO PALACIOS LOPEZ
23
JULIO 1850
HIJO
DE YSIDORO PALACIOS Y DE MARIA LOPEZ
MADRINA:
MARIA ANDREA RIBERA
ANA
MARIA SAMAYOA MORALES
25
JULIO 1850
HIJA
DE MANUEL SAMAYOA Y DE FERMINA MORALES
MADRINA:
MARCELA SAMBRANO
MANUEL
MARIA LOPEZ CASTILLO
29 JULIO 1850
HIJO
DE JOSE MARIA LOPEZ Y DE ROBERTA CASTILLO
PADRINO:
MARIO SAMAYOA
“REMITIDA
A SOLOMA PARA SU MATRIMONIO JULIO DE 74”
GERONIMO
EMILIANO LOPEZ ARGUETA
30
JULIO 1850
HIJO
DE JUAN BAUTISTA LOPEZ Y DE MARIA DE LOS ANGELES ARGUETA
MADRINA.
GUADALUPE LOPEZ
YGNACIA
DE LA SOLEDAD CASTILLO
1
AGOSTO 1950
HIJA
DE JUANA CASTILLO
MADRINA.
CLARA HERRERA
DOMINGO
SAMAYOA
4
AGOSTO 1850
HIJO
DE CATARINA SAMAYOA
PADRINO:
SANTIAGO CASTILLO
JUSTA
CIRIACA SOSA
9
AGOSTO 1850
HIJA
DE JUANA SOSA
MADRINA:
TERESA RIOS
CIRIACA
DE JESUS CARDONA
8
AGOSTO 1850
HIJA
DE MANUELA CARDONA
PADRINO:
HENRIQUE ALVARADO
MARIA
DE LOS ANGELES ORDOÑEZ CASTILLO
15
AGOSTO 1850
HIJA
DE LEON ORDOÑEZ Y DE RAMONA CASTILLO
MADRINA:
ANTONIA CHAVES
HONORATA
DE JESUS PALACIOS
20
AGOSTO 1850
HIJA
DE CAYETANA PALACIOS
PADRINO:
LEON GUTIERRES
691
JUAN
BAUTISTA CARDONA RIBAS
28 AGOSTO 1850
HIJO
DE TIBURCIO CARDONA Y DE GERMANA RIBAS
MADRINA:
FRANCISCA RIBAS
AGUSTIN
LOPEZ SAMAYOA
28
AGOSTO 1850
HIJO
DE ANCELMO LOPEZ Y DE FELIPA SAMAYOA
PADRINO:
JUAN DIONICIO GUTIERRES
ROSA
DE LA TRINIDAD MAZARIEGOS DE LEON
30
AGOSTO 1850
HIJA
DE SIMON MAZARIEGOS Y DE YLARIA DE LEON
MADRINA.MANUELA
MAZARIEGOS
AGUSTIN
DE JESUS LOPEZ GARCIA
28 AGOSTO
1850
HIJO
DE MIGUEL LOPES Y DE CATALINA GARCIA
MADRINA.
EUGENIA MERIDA
MARIA
MERCEDES CARDONA SANCHES
22
SEPTIEMBRE 1850Ç
HIJA
DE MANUEL CARDONA Y DE FELICIANA SANCHES
MADRINA:
MARGARITA CASTILLO
DAMIAN
GUTIERRES VILLATORO
27
SEPTIEMBRE 1850
HIJ
DE MARIANO GUJTIERRES Y DE YDUBIGES VILLATORO
MADRINA:
ANACLETA JUARES
SIMONA
DE JESUS LOPEZ GUTIERRES
28
SEPTIEMBRE 1850
HIAJ
DE SIMON LOPEZ Y DE ROMUALDA GUTIERRES
MADRINA:
ANTONIA CASTILLO
693
“VISTA
Y DESPACHADA A CHIANTLA”
ANGELA
CANO HERRERA
2 OCTUBRE
1850
HIJA
DE FAUSTINO CANO Y DE MARGARITA HERRERA
PADRINO:
JUAN MORALES
MARIA
DEL ROSARIO CASTILLO
5
OCTUBRE 1850
HIJA
DE YGNACIA CASTILLO
MADRINA:
GREGORIA CASTILLO
BRIGIDO
HERRERA CASTILLO
8
OCTUBRE 1850
HIJO
DE LORENZO HERRERA Y DE DOLORES CASTILLO
MADRINA.
FLORENCIA ALVARADO
BRIGIDO
GALINDO
8
OCTUBRE 1850
HIJO
DE ENCARNACION GALINDO
MADRINO:
MARIANO ORDOÑES
RAFAEL
MARIA HERRERA
20
OCTUBRE 1850
HIJO
DE FRANCISCA HERRERA
MADRINA:
APOLINARIA MOLINA
MANUEL
DE LOS SANTOS HERRERA ARGUETA
31 0CTUBRE
1850
HIJO
DE SANTOS HERRERA Y DE PETRONA ARGUETA
MADRINA:
MARIA TRINIDAD HERRERA
MARIA
CORONADA RECINOS
8
SEPTIEMBRE 1850
HIJA
DE PETRONA RECINOS
MADRINA:
MARIA SERAPIA PALACIOS
TEODORA DE JESUS SAMAYOA
MORALES
9 SEPTIEMBRE 1850
HIJA DE DOMINGO SAMAYOA Y
DE LAUREANA MORALES
-ANCESTROS DE MARTA,
EMERITA, ARCADIO Y REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS, JUMAJ, ZONA 6, HUEHUETENANGO-
MADRINA: PAULINA SAMAYOA
ABRIL 1857-JUNIO 1857 VILLA HUEHUETENANGO
SALVADOR RIOS VELASQUEZ
12 ABRIL 1857
HIJO DE DAVID RIOS Y DE ANDREA VELASQUEZ
PADRINO. JOSE RIOS CASADA CON TIODORA
HERRERA
ANSELMO LOPEZ CASTILLO
20 ABRIL 1857
HIJO DE YRINEO LOPEZ Y DE CIRILA CASTILLO
PADRINO: DOMINGO DE LEON CASADO CON MARIA CASTILLO
39
SOTERA HIDALGO MAURICIO
23 ABRIL 1857
HIJA DE PANTALEON HIDALGO Y DE MARIANA MAURICIO
MADRINA: PETRONA ARGUETA CASADA CON PEDRO CASTILLO
MARIA INEZ BARRETO MAURICIO
21 ABRIL 1857
HIJA DE VICTORIANO BARRETO Y DE ENCARNACION MAUJRICIO
MADRINA. MANUELA SAMAYOA _SOLTERA
SOTERA SOSA
22 ABRIL 1857
HIJA DE MANUELA SOSA
MADRINA: FAUSTINA DIAZ
PETRONA FRANCISCA PALACIOS
HERRERA
29 ABRIL 1857
HIJA DE CAYETANO PALACIOS Y
PIA JOSEFA HERRERA
PADRINO: DON FRANCISCO VALDES DEL LLANO_ESPAÑOL_
CASADO CON DOÑA SUSANA MONT
MARIA DE LA CRUZ CASTILLO HERRERA
3 MAYO 1857
HIJA DE GUADALUPE CASTILLO
Y DE EUSEBIA HERRERA
MADRINA: LORENZA ALVARADO
GREGORIO MORALES GUTIERREZ
9 MAYO 1857
HIJO DE LEANDRO MORALES Y DE JOSEFA GUTIERREZ
PADRINO: JOSE VILLATORO
ATANACIA LOPEZ MORALES
2 MAYO 1857
HIJA DE MARCELINO LOPEZ Y DE BRUNA MORALES
MADRINA: SERAPIA PALACIOS CON BERNARDINA GUTIERREZ
JUAN NEPOMUCENO ESCOBAR
16 MAYO 1857
HIJA DE NASTACIA ESCOBAR
MADRINA: MAXIMA VILLATORO CASADA CON PIO PALACIOS
42
JUAN FRANCISCO MENDEZ ARGUETA
9 MARZO 1857
HIJO DE REGINO MENDEZ Y DE LUCIANA ARGUETA
MADRINA: PETRONA ARGUETA CASADA CON DON PEDRO MARTIR CASTILLO
BERNARDINO VILLATORO
20 MAYO 1857
HIJO DE JOSE VILLATORO Y DE FELIPA HERRERA
MADRINA. ATANASIA ALVARADO CASADA CON JOSE MENDEZ
43
SUSANA SOSA CARDONA
MELESIO SOSA MONZON
24 MAYO 1857
HIJO DE MARCELO SOSA Y DE JACINTA MONZON
MADRINA. JUANA CARDONA CASADA CON AMBROCIO MONZON
GREGORIO RAFAEL HERRERA RIVERA
25 MAYO 1857
HIJO DE LAUREANO HERRERA Y DE DESIDERIA RIVERA
MADRINA: RAFAELA AVILA_ VIUDA
“ LADINA DE COMITAN”
MERCEDES ANCHEYTA AGUILAR
1 JUNIO 1857
HIJO DE MARCOS ANCHEYTA Y DE YNES AGUILAR
PADRINO: MARIANO SOTO -SOLTERO
45
PRESBITE DE SOLOMA DON COSME HANBACH ..LOPEZ RODRIGUEZ
“REGISTRADA PARA JACALTENANGO”
MARIA TRINIDAD SAMAYOA
7 JUNIO 1857
HIJA DE PAULA SAMAYOA
MADRINA: LUCRECIA MARTIN CASADA CON VICENTE PALACIOS
47
JOSE MARIA SOSA
VICTOR CASTILLO LOPEZ
15 JUNIO 1857
HIJO DE MANUEL CASTILLO Y
DE YGNACIA LOPEZ
MADRINA: YRINEA LOPEZ CASADA CON JULIO CASTILLO
48
JOSE FRANCISCO DE PAULA VALDES MONT
15 JUNIO 1857
HIJO DE DON FRANCISCO VALDES DEL LLANO
-DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ESPAÑA
Y DE DOÑA MARIA ANTONIA SUSANA MONT OCAÑA
PADRINO: EL SEÑOR DON JUAQUIN MONT_ DE CATALUÑA,
ESPAÑA
HUEHUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO
48
RIVAS VILLATORO
JUAN VILLATORO
26 JUNIO 1857
HIJA DE PATRICIA VILLATORO
MADRINA. CRESENCIA CASTILLO_ SOLTERA
CIRILO VILLATORO VILLATORO
11 JULIO 1857
HIJO DE GUILLERMO VILLATORO Y DE MARIA VILLATORO
MADRINA. URSULA DIAZ -
SOLTERA
50
PROCOPIO FRANCO
MANUEL MARIA HERRERA SAMBRANO
18
HIJO DE JOSE HERRERA
51
BERNAVELA ARGUETA
PALACIOS
18
HIJA DE VALENTIN ARGUETA Y DE FAUSTINA PALACIOS
PADRINO; JOSE MARIA CASTILLO
BENTURA RECINOS 18
HIJ
ADRIN
JOSE MARIA MAURICIO 18
52
MARIA DE LOS ANGELES CASTILLO
MENDEZ
SALVADORA HERRERA RIVAS 18
PANTALEON RIVERA PALACIOS
53
MANUEL DE JESUS PALACIOS
VELASQUEZ
MADRINA: CONCEPCION RIOS-SOLTERA
CIRIACA RUBIO
HIJA DE DIONIDCIO RUBIO Y DE DIONICIA RUBIO
MARIA DE LOS ANGELES CASTILLO
54
PAULA DE JESUS HERRERA
MADRINA: SAN DIEGO SAMAYOA
JUAN FRANCISCO VILLATORO
BERNARDA PALACIOS RECINOS
55
GERONIMA EMILIANA LOPEZ RIVERA
TEREZA FRANCISCA RIOS
AGUSTIN CIFUENTES
56
RAMONA CASTILLO RECINOS
JUAN SOSA CHAVES
MARIA CORONADO ARGUETA
27 SEPTIEMBRE 1857
HIJA DE JOSE CORONADO Y DE
DOLORES ARGUETA
57
MARIA JOSEFA L.OPEZ
ESTEBAN LOPEZ JUAREZ
MARIA NATIVIDAD RIOS
58
MARIA JOSEFA HERRERA MERIDA
59
MANUEL DE LA CRUZ RECINOS GRANADOS
60
MARIA VASQUEZ TARACENA
MADRINA TIBURCIA RIVERA CASADA CON MARIANO CALDERON
MARIA DEL ROSARIO MONZON
RIVAS CASTILLO
61
ROSA LOPEZ
62
MARIA DEL PILAR HERRERA DIAZ
12 OCTUBRE 1857
HIJA DE JUAN HERRERA Y DE
MARIA DIAZ
PADRINO.JUAN ALVA CASADO CON JUANA LOPEZ
FLORENTINA MONZON
PEDRO CASTILLO AGUIRRE
144-151 VILLA DE HUEHUETENANGO
VILLA DE HUEHUETENANGO
144
145
CASTILLO AGUIRRE
146
JOSE MARIANO LOPEZ H DE PETRONILA LOPEZ ¿Castillo?
147
JOSEFA
CHAPETAS HIJA DE BARBARA CHAPETAS MADRI ENCARNACION GALINDO
DIAZ
SATURNINO
VELAQUEZ CASTILLO HIJA DE BRIGIDO VELASQ
Y DE ANTONIA CASTILLO PADRI MARIANO CASTI
ALFARO
148
7 DICIEMBRE 1859
NICOLAS LOPEZ MORALES DE ELEUTERIO LOPEZ VELASQUEZ Y DE FLORENTINA MORALES RIVERA, ANCESTROS DE REYNA ISABEL LOPEZ PALACIOS
JOSE MARIA LOPEZ AGUSTIN DE EUSEBIO LOPEZ Y DE AGUSTINA AGUSTIN MAD MARIA ARGUETA
LECOADIO LOPEZ MAD GABRIELA ALVAREZ
HERRERAN PALACIOS
VALERIANO CASTILLO MONZON DE MARTIN CASTILLO Y DE SEFERINA MONZON PADRI CALLETANO PALACIOS
RECINOS SAMBRANO
149
ADELAIDA DE JESUS GIRON CIFUENTES
TOMASA GUTIER
LOPEZ FUNES
DE OLALLO PALACI
AÑO DE 1880
LOPEZ ARGUETA
150
Maria
manuela CAST RODRIG
RUBIO
HERRER
ANGELA
YNES (DE) AGUAYO OSORIO PAD EL SR CURA
BACHILLER DON ROMAN SOLANO
MERCEDES
TRINIDAD AGUAYO OSORIO
PADRI DON CECILIO GAITAN
JOSE YNES
ALVARAD
151
REYES RODAS HIJO DE A REYES Y DE TIBURCIA RODAS ¿DE SIJA?
HABIENDO
LLEGADO A ESTA VILLA DE HUEHUETENANGO EN DIEZ Y OCHO DE ENERO EL YLMO.
SEÑOR DOCTOR DON FRANCISCO DE PAULA GARCIA PELAEZ...
LOPEZ HERRERA
HERRERA CASTILLO
152
EL MARTIR DEL GOLGOTA- ENRIQUE PEREZ ESCRICH
EL MÁRTIR,GOLGOTA
POR ENRIQUE PEREZ ESCRICH
MADRID-
L. LOPEZ Y A. GULLON , EDITORES,
1866
TRADICIONES DE ORIENTE
SU AUTOR
ENRIQUE PEREZ ESCRICH.
SEGUNDA EDICION.
TOMO I.
MADRID.
GULLON y LOPEZ. EDITCRES.
Administración. Cármen 13.
1866.
Propiedad de los editores
MADRID.— Imprenta del Norte, á cargo de C. Moro, barrio de Arguelles.
NOS DON JOSÉ DE LORENZO Y ARAGONÉS,
PRESBÍTERO, DOCTOR EN SAGRADOS CÁNONES, CONSEJERO REAL DE INS-
TRUCCION PÚBLICA, DIRECTOR DEL REAL MONTE DE PIEDAD, VICARIO JUEZ
ECLESIÁSTICO ORDINARIO DE ESTA M. H. V. Y SU PARTIDO, ETC.
Por la presente, y por lo que á Nos toca, concedemos licencia para
que pueda imprimirse y publicarse el manuscrito del poema que con el
título de El Mártir del Gólgota pretende dar á luz D. Enrique Pérez
Escrich; mediante que de nuestra orden ha sido examinado y no con-
tiene, según la censura, cosa alguna contraria al dogma católico y sana
moral.
Dr. Lorenzo.
Por mandado de S. S.
Ldo. Juan Lorenzo González.
Madrid, 2 de Junio de 1863.
AL SEÑOR
D. RICARDO SAN MIGUEL Y BUSTAMANTE.
DEDICATORIA.
Querido Ricardo: La iconología nos representa la amistad bajo la poé-
tica forma de una mujer joven y hermosa coronada con mirto y flores de
granado. Sobre su tersa frente , blanca como las nieves del Sabino, se leen
estas palabras: invierno y verano; y en la franja de su finísima túnica estas
otras : la vida y la muerte.
Esta diosa tiene el costado abierto por donde enseña el corazón , y
sus piés un perro de hermosas lanas duerme tranquilamente.
Desde tiempos muy remotos, los hombres rindieron culto á la diosa que
con tan poéticos atributos nos presenta la ciencia del conocimiento de las
imágenes. Cuando sus cariñosos lazos unen á dos séres , les trasmiten algo
de su inmortal esencia. Por eso la amistad que es verdadera , ni envejece
con los años ni se enfria con la nieve de las canas.
Dejemos, pues , amigo mió , que ruede el tiempo sobre nosotros: enve-
jézcase en buen hora nuestro cuerpo siguiendo la ley inalterable de la na-
turaleza; pero conservemos joven y lozana, franca y desinteresada, la
amistad que hace años nos profesamos.
Si mis sueños de poeta no me engañan, El Mártir del Gólgota será
siempre mi obra favorita , tal vez está destinada á vivir mas que su autor;
por eso pongo su nombre de V. en su segunda página.
Esta dedicatoria es un lazo que debe unir aun después de la muerte los
nombres de Ricardo San Miguel y su amigo de corazón
Enrique Perez Escrich
Madrid, 10 de Junio de 1863.
INTRODUCCION
Doce años de paz inalterable, desconocida desde la muerte
de Numa Fompilio, disfrutaba el mundo, cuando Dios, lan-
zando sus compasivos ojos hácia la tierra, decretó bajar á
ella en forma de hombre y derramar su sangre por el delito
ajeno.
Su venida debia anunciarse con grandes y asombrosos
acontecimientos: así sucedió.
Los impíos idólatras del Olimpo de Homero, los sensua-
les adoradores de Venus la prostituta y. Mercurio el ladrón,
los corrompidos cortesanos del Capitolio, languidecían en
brazos de la pereza y el amor.
Aquella paz inalterable les llenaba de admiración,, y un
dia subieron al templo á consultar el oráculo de Apolo
cuánto tiempo duraría.
El oráculo les respondió estas palabras : Hasta que para
una Virgen.
Creyendo que por el orden natural, era imposible que
esto sucediera, pusieron esta inscripción sobre la altiva
puerta: Templo de la paz eterna.
Mientras tanto la sibila de Cuma, la inspirada poetisa,,
vaticinaba en la ciudad impía de los Sibaritas la venida de-
Jesucristo.
Octavio Augusto reunió su consejo, y la profetisa fué in-
terrogada.
El César quería saber si nacería otro hombre mayor
que él.
El emperador esperaba una respuesta, cuando un círculo
de oro apareció alrededor del sol.
En el centro, rodeada de vivos rayos, se hallaba una
Virgen llevando, un hermoso Niño en los brazos.
La Sibila entonces, extendiendo su mano hácia el bri-
llante foco del cielo, exclamó con voz profética:
— Ese Niño es mayor que tú, adórale.
De repente oyóse una voz misteriosa que decia: Esta es la
ara santa del cielo (1).
Esto-sucedia en Roma cuando en Oriente, en la moderna
Babilonia, en la populosa Seleucia, apareció una estrella
que, arrancando de sus palacios á los reyes magos, les con-
(1) Sobre el Capitolio, en Roma, donde se alzaba en tiempo de la venida
de Jesucristo el palacio de Octavio Augusto, se halla hoy el convento de
Santa María del Ara-Coeli, de donde proviene la tradición, que hemos nar-
rado según San Antonio, arzobispo de Florencia.
dujo con su resplandor á la puerta de un establo de Belén.
La profecía de Balaan se cumplía. La estrella de Jacob
acababa de nacer en los cielos.
Del Oriente llegaban unos idólatras á depositar á los pies
do una cuna la primera piedra del cristianismo.
La voz del ángel despertó á los pastores en sus chozas, y
éstos y los magnates se hallaron al lado de un lecho á cuyo
pié iba á morir el mundo pagano.
Un Niño hermoso como el sueño del justo, rubio como
las espigas de Egipto, se agitaba sonriendo dulcemente sobre
un montón de paja: hijo de una Virgen, nacía en un pesebre
y estaba destinado á redimir el mundo.
Este recien nacido era el Mesías anunciado por los pro-
fetas.
Los dioses terribles del paganismo Molok, Tifón, Ahri-
rnan, doblaron su ceñuda frente ante Jesús, el Dios hombre,
el Dios de la pobreza y la mansedumbre , que vestido con la
túnica del mendigo, buscaba la choza del humilde para vivir
con él y enseñarle estas consoladoras palabras: Bienaventu-
rados los que lloran, porque ellos serán consolados.
El hombre entonces empezó á sentir en su seno el gér
men de una nueva vida, y cuando el cansancio le hacia caer
bañado en sudor sobre el arado, elevaba los ojos llenos de
dulces lágrimas al cielo, y le pedia á Dios fuerzas para es-
perar el dia de la recompensa.
El esclavo, sacudiendo la cadena, lanzó una mirada en
torno suyo y permaneció con el oido atento , hasta que poco
á poco fué animándose su fisonomía, y una sonrisa melan-
cólica apareció en su labios.
La esperanza habia brotado en su corazón, la cadena
caía rota á sus plantas; porque estas palabras pronunciadas-
por Dios habían llegado á sus oídos: Todos somos hermanos.
Los desgraciados entonces se agruparon en derredor de
Jesucristo, pastor de almas, que cruzaba la tierra bus-
cando al afligido para enjugar sus lágrimas y derramar en
su angustiado corazón la rica semilla de la fé cristiana.
.Allí donde gemia una criatura, allí estaba Jesús para
consolarla.
Allí donde se lamentaba un enfermo, allí estaba el Naza-
reno para devolverle la salud.
Sus palabras fueron el copioso manantial de la caridad y
del consuelo donde la humanidad aplicó su sedienta boca, y
mitigando la abrasadora sed que devoraba su pecho, exclamó
con entusiasmo: Creo en Tí, Dios mió, porque entre los in-
numerables beneficios que ta venida nos trajo, guardaremos
uno en nuestro corazón eternamente ; porque él es el esco-
jido entre los escojidos, es el pan del alma cristiana, la di-
vina antorcha que nos enseña el camino de la gloria: tu
santa doctrina, los Evangelios.
Jesús apareció como el ángel del bien sobre la tierra, en
Samaría, en Canaán, en Bethanía, en Galilea, en Jeru-
salen.
Se vió rodeado de un pueblo, que sediento de amor, der-
ramaba flores ante sus plantas, y llamándole su Dios, su
Rey, le pedia con las lágrimas en los ojos que le enseñara su
nueva doctrina.
Su fama, sus hechos, sus milagros, corrieron de boca en
boca por todos los ámbitos del mundo , hasta que un dia es-
tas palabras, todos somos iguales, llegaron á oídos de los pon-
tífices y pretores de Jerusalen.
Los tiranos se estremecieron en sus palacios, y girando
en torno sus sangrientos ojos, buscaron al hijo del pueblo
que se atrevia á llamarse el Dios de la humanidad , Rey de
los Fariseos, cuyas palabras empezaban á trastornar el orden
de las cosas.
Le hallaron por fin, le interrogaron, y al oir la santa
verdad de su doctrina, retiráronse avergonzados tartamu-
deando con torpe lengua estas palabras: Con este hombre la
ciencia es impotente... ¿Será el Mesías?
Desde entonces, en sus sueños, en sus báquicas orgías,
hasta en el borde de la humeante copa vieron escritas estas
palabras: El que es mas grande de vosotros será vuestro criado.
Calcularon sus fuerzas y la inmensidad del peligro que
les amenazaba, y rugiendo como el huésped de los bosques
de Africa , mientras con la una mano se apretaban el cora-
zón, devorado por la conciencia, con la otra firmaban la
muerte del Redentor.
Su rabiosa impotencia, su ciego orgullo, elevó un cadalso
á Dios.
La tragedia divina tuvo su desenlace.
Cristo subió al Calvario, lanzó el último suspiro en bra-
zos del sagrado leño , descendió desde allí al sepulcro , y al
tercer dia se elevó al cielo en apoteosis.
Sus lágrimas cayeron sobre el corazón de la humanidad
como gotas de rocío; sus palabras fueron la fuente del con-
suelo; su sangre la preciosa semilla de la religión cristiana;
la cruz el sagrado signo de la redención, la llave del paraíso.
Las profecías se habían cumplido.
Los apóstoles de la fé , los propagadores de la nueva ley,
se estendieron sobre la tierra, y buscando el martirio co-
menzaron á sembrar la palabra humanidad , desconocida
hasta entonces.
El Cristianismo creció qomo una bola de nieve.
Los circos de Roma, los tormentos de la India, no pudie-
ron aplastar su hermosa cabeza.
Nerón, Cómmodo, Diocleciano, Magencio, esos verdu-
gos de la humanidad, sacrificaron mas de un millón de cris-
tianos; pero el Cristianismo renació como el ave fénix de
sus cenizas.
Por todas partes brotaban nuevos retoños de la fé que
extendian su joven y poderosa sávia en el corazón de la hu-
manidad.
Las aguas del bautismo cayeron como el rocío celeste
sobre los hijos de los idólatras.
Las mujeres, con la sagrada institución del matrimonio
cristiano, tuvieron una posición social, una familia; y como
si todos estos beneficios no proclamaran la divinidad del Ga-
lileo, la impía Jerusalen, la ingrata ciudad de los fariseos,
cayó convertida en escombros ante los romanos de Vespa-
siano y Tito, sepultando entre sus ruinas un millón de habi-
tantes que la celebración de la Pascua habia reunido en la
ciudad sacerdotal.
La profecía del Mártir del Gólgota se habia cumplido.
El cristianismo, salvando á la sociedad de una ruina
cierta, abrigó en su cariñoso seno los restos de la civilización
y del arte.
El plan de nuestro libro abarca todos esos grandes acon-
tecimientos que presenció el pueblo de Israel.
Antes de dar principio, hemos procurado estudiar las
Sagradas Escrituras, las costumbres hebreas y las poéticas
tradiciones de Oriente.
Sin faltar al dogma, muchas veces hemos adoptado el es-
tilo poético, tan necesario á un libro de esta índole.
♦ La fé y la religiosa admiración que nos inspira el que
lanzó su último suspiro en el monte de la Calavera, nos ha
empujado á componer una obra que nos asombraba al con-
cebirla, y que hoy, viéndola terminada, la damos á luz con
respeto y veneración.
Juzgúela, pues, todo aquel que nos honre leyendo nues-
tro libro, y lejos de creerle una obra importante, téngalo
solo como un grano de arena que colocamos en la inmensa
pirámide del Cristianismo , elevada por las santas palabras
del Mártir del Gólgota.
ANDRES CUESTA- ANTONIO GORRIONERO- SIGLO XVI
LOS PROTESTANTES
Y LA ESPIRITUALIDAD EVANGELICA
EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI
MANUEL DE LEON DE LA VEGAS
ESPAÑA
Andrés Cuesta.
Por igual motivo, este obispo de León que asistió al Concilio, había dado
dictamen favorable al catecismo de Carranza. Con sutilezas de servicio de Dios y
del Rey fue interrogado por el Consejo de la Inquisición el 14 de octubre de
1559. Cuesta volvería a emitir dictamen sobre el catecismo y otras obras de
Carranza y desde Villalón escribiría al inquisidor general con el nuevo dictamen
que para sorpresa de muchos, seguía siendo favorable al Catecismo,
demostrando tener "un alma fuerte y vigorosa" dirá Llórente. Lo cierto es que
el juicio se paralizó y no consta que en 1574 se intentara la retractación de
Cuesta pues viendo el camino que llevaba el proceso de Carranza, resolvieron
sobreseer todas las causas a los obispos. Llórente se complace en ver la firmeza
de Cuesta.
Antonio Gorrionero
Obispo de Almería, también había dado dictamen favorable al Catecismo
de Carranza por lo que se le formó proceso en Valladolid, aunque no se le
prohibió acudir al Concilio en su tercera reunión de 1560.
FRANCISCO MELCHOR CANO
Natural de la villa de Tarancón, Cuenca, Cano había estado en el Concillo
en su segunda edición de 1552. Religioso dominico como Carranza, fue
nombrado por el inquisidor general Fernando Valdés como censor cuando fue
delatado el Catecismo a la Inquisición. El obispo Cano censuró muchas de las
proposiciones que sonaban a luteranas y otras que provenían de las causas
abiertas a luteranos presos. Parece ser que Cano no guardó el secreto
inquisitorial, pues llegó a oídos de Carranza cuando estaba en Flandes y se
escribieron por enero de 1559. También el luterano fray Domingo de Rojas,
religioso dominico como ellos, preso en las cárceles secretas, además de otros
luteranos de entonces, declararían que Cano asentía a muchas de sus
proposiciones luteranas. Se agrandaría la sospecha de luterano al ver que
ciertas proposiciones dichas en conversaciones particulares sobre su obra “De
locis theologícis" señalaban de herejía al obispo Cano. Moriría en Toledo en
1560 y su proceso quedaría en suspenso pues en este tiempo había escrito al
Inquisidor Valdés con el propósito de dedicarle la obra, la cual Valdés publicaría
en 1562 en Salamanca.
Pese a todo lo expuesto de su luteranismo, Cano pasara a la historia
como el delator de Carranza pues fray Luis de la Cruz, del que daremos noticias
de su luteranismo, dirá que fueron las "calumnias del maestro Cano, émulo del
arzobispo y capital enemigo de todo lo bueno, hombre de ingenio vasto, pero
revoltoso". Así mismo de Cano hablaran mal fray Juan Manuel, fray Domingo
Cuevas y fray Domingo Calvete, al haber oído a fray Domingo Calvete, rector del
colegio de San Gregorio de Valladolld, que Carranza "estaba Inocente y tan mal
prendido como Jesucristo y que matar al maestro Cano sería tanto servicio a
Dios como decir Misa.
LA IMAGINACION CURA O ENFERMA- Recetas Médicas
Hojas de las Libretas de los Médicos
LA IMAGINACION CURA O ENFERMA
The Reader's Digest
Años de los 40s
The Reader's Digest invitó a los médicos, por medio de las revistas del ramo, a que le enviasen relatos de casos que ilustraran cómo habían aprovechado, en el ejercicio del arte de curar, los recursos de la imaginación y su conocimiento de los hombres. La primera selección de los centenares de relatos recibidos, se publicó en el número de agosto de esta Revista.
ENTRE los clientes del finado doctor Mau-rice Rubel había una dama muy bella pero muy consentida, que padecía de rebeldes jaquecas, las que le causaban profunda postración. A cada ataque del mal, se refugiaba en su aposento, y su esposo se dedicaba allí a cuidarla con la mayor solicitud. Por más pruebas y exámenes que se hicieron, no se logró descubrir la causa de las jaquecas. A falta de otra explicación, el doctor Rubel sospechó que la causa verdadera consistía en el capricho de la esposa de monopolizar el tiempo y la atención del marido. En tal supuesto, ordenó un mes de completo reposo, e hizo llamar, para que cuidase de la señora, a la más linda de sus enfermeras.
Como los sistemas nerviosos más delicados son los que mejor responden al
régimen de quietud para restablecerse, la enfermera no debía asistir a
la paciente sino por breves momentos, y nada más. El esposo quedó
igualmente proscrito del aposento de la enferma. Para que las veladas se
le hiciesen menos largas al esposo, el
facultativo insinuó que se distrajese jugando a las cartas con la
enfermera. Hasta el cuarto de la enferma llegó algún indicio del agrado
con que el esposo se dedicaba a las partidas de juego. El efecto sobre su salud fué mágico, la mejoría instantánea. Se declaró del todo curada, dijo que no necesitaba ya de enfermera. Pero el médico fué inflexible: el tratamiento debía durar un mes. Al concluirse el plazo, la enferma se levantó radiante- segura de que no volvería a necesitar enfermera. Rochester, Minesota.
EL QUIJOTE-CERVANTES SAAVEDRA - SOCONUSCO
HISTORIA DE LA AMERICA CENTRAL
POR AGUSTIN GOMEZ CARRRILLO
1895
Individuo de la Facultad de Derecho de Guatemala y de
la de El Salvador de las Academias Españolas de la Lengua
y de la Historia, de la Matritense'
de Jurisprudencia y Legislación, de las Sociedades
Económicas de
Barcelona y Madrid, de la Asociación Internacional de Derecho
Penal establecida en Alemania y condecorado por el Go-
bierno francés con las Palmas Académicas de la clase
Miguel
de Cervantes Saavedra, mortificado por la falta de medios
para, sostenerse, pidió en 1590,en humilde memorial, el
gobierno del partido de Soconuzco del reino de Guatema-
la; solicitud que no fué atendida por el monarca, quien
contestó: busque por acá en que se le haga merced: de sarcas-
mo han calificado algunos ese real auto; pero según el bió-
grafo Díaz de Benjumea, fué verdadera providencia y
previdencia; y así es en efecto, ya que si Cervantes hu-
biese venido por acá, á ocuparse en funciones de la admi-
nistración pública, es de creer que no existiría el monu-
mento grandioso que aquel ingenio admirable supo alzar
para gloria eterna de las letras castellanas: vegetando en
ese pedazo del americano suelo, en el que se produce el rico
cacao que desde entonces se cultivaba allí, probablemente
no habría sentido los impulsos que lo arrastraron á escri-
bir el Quijote, y presea de tanto valer no luciría en la co-
rona literaria del ilustre pueblo español.
HEREJIAS Y SUPERSTICIONES EN LA NUEVA ESPAÑA - JULIO JIMENEZ RUEDA
HEREJIAS Y SUPERSTICIONES EN LA NUEVA ESPAÑA
JULIO JIMENEZ RUEDA
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO
MONOGRAFIAS HISTORICAS
IMPRENTA UNIVERSITARIA
MEXICO, 1946
De Llerena y Sevilla llegaban a México las primeras semillas de
"ilusión" y "alumbramiento" que habían de florecer en México y en
Puebla en las postrimerías del siglo XVI y, para rematar, un grupo
de ingleses se diseminaba por todo el territorio de la Nueva España,
haciendo labor de proselitismo religioso y político entre todos los que
tenían relación con ellos. Exaltaban a la Reina Isabel y practicaban el
ritual anglicano, mientras los judíos conversos y judaizantes, venidos
desde los primeros tiempos de la colonización, viajaban por los caminos,
se establecían en las ciudades, pretendían fundar colonias, celebraban
ayunos, negaban la venida del Mesías, improvisaban sinagogas y prac-
ticaban todos los ritos de su ley. Si se piensa que la casi totalidad de
ellos eran de origen portugués y enemigos del régimen español, es decir,
no solamente fautores de herejía, sino reos de lesa majestad por combatir
al Rey y conspirar contra el régimen de los Austrias, pretendiendo la
Independencia del Portugal, incorporado a la sazón a la Corona de Es-
paña, se comprenderá el empeño de Felipe II de establecer el Santo
Oficio y encomendar su fundación a una persona de su entera y absoluta
confianza, como lo era don Pedro Moya de Contreras, Inquisidor pri-
mero y después Arzobispo, Visitador de la Audiencia, Virrey de la
Nueva España, Presidente del Consejo y Patriarca de las Indias.
Cada uno de los capítulos que constituyen esta obra, daría materia
para un volumen. El autor se ha propuesto abrir simplemente una bre-
cha, que más tarde se encargarán de ampliar los eruditos en la materia.
El material es abundante. Los papeles de nuestros archivos se hallan
en espera del estudioso que saque de ellos provecho necesario. Sola-
mente en el capítulo de supersticiones y hechicerías podría obtenerse
una cosecha singular. Como primer intento de sistematización, claro está
que el libro presente deficiencias, omisiones e, indudablemente, errores.
Ya se irán subsanando en ediciones subsecuentes o en la obra de otros
investigadores que, con mayor erudición y paciencia más acendrada
emprendan la tarea de ahondar en nuestro pasado en este tan interesante
campo de la historia de las ideas y del sentimiento religioso.
___________________________________
Empezaba la reforma de la iglesia desde dentro ; vienen a la Nueva
España muchos de estos clérigos que han de ser procesados por el San-
to Oficio como "solicitantes", es decir, que se aprovechan del confesonario
para satisfacer bajos instintos. Vienen individuos que tienen tratos con
la justicia, huyendo de las cárceles. El lenguaje que usan es libre, la
blasfemia es corriente escucharla en boca de hombres y mujeres. El
blasfemo, es un hereje en potencia. Ya en sus dichos hay un principio
de heterodoxia y, por ello, los castiga el Santo Oficio. He aquí unos
datos importantes: En el año de 1527 se procesa por blasfemos a Ber-
32
naldos Luna, Juan de Cuevas, Juan Bello, Hernando García Sarmiento,
Francisco González, Diego Núñez, Gil González Benavides, Juan Mar-
tin Berenjil, Diego Francisco, Rodrigo Rangel, "blasfemo horroroso"
— ¿cuáles serán las terribles blasfemias de este caballero? — ,
Francisco
Núñez, Lucas Gallego, Alonso Orellana, Alonso de Espinosa, Cristóbal
Díaz, Gregorio de Monjaraz, Alonso de Carrión, Juan Rodríguez de
Villafuerte. Del año de 1528 al 1571, en el que se establece definitiva-
mente el Santo Oficio, se incoaron 138 procesos por blasfemia, de
ellos se siguieron 18 en Oaxaca; 9 en Guatemala; 11 en Guadalajara;
6 en Michoacán ; 1 en Pachuca ; 7 en Mérida ; 1 respectivamente en
Toluca, Puebla, Campeche y Sombrerete ; 2 en León de Nicaragua.
Los blasfemos pertenecían a todas las clases sociales : abogados,
escri-
banos, criados, esclavos. Eran hombres y mujeres. Llegaron a pronun-
ciarse palabras malsonantes en el pulpito, y por ello se le siguió
proceso
al doctor Barbosa, provisor del Arzobispado de México, acusado por
el deán Alonso Chico de Molina, y en Yucatán se denunció por lo
mismo al cura de la Villa de Tabasco, Andrés de Porras.
No vamos a reproducir aquí las blasfemias que se oían por esas
calles de Dios : No ofenderán a nadie las que hemos seleccionado de una
tan abundante cosecha. Juan de la Serna fué procesado en 1564 por
decir: "Adán no pecó por la manzana, sino por la lujuria"; en 1568,
Pedro Diez de Carvaxal por expresarse en estos términos : "Voto a
Dios que no he de sembrar por no diezmar"; en 1563, Alonso Gómez
por decir : "paró su caballo como un serafín" ; en el mismo año, Juan
Angel por manifestar, haciendo poco honor a su apellido, "pese a Dios
de la crisma que recibí", y en 1564 hubo de verse ante los inquisidores
Francisco Tijera, por haber compuesto el siguiente pareado :
Pues Dios no me quiere ayudar:
el diablo me ha de llevar. 1
Además de la blasfemia se castigaba el proferir malas palabras,
deshonestas o simplemente demasiado sonoras. Todavía no hemos po-
dido los mexicanos abandonar este vicio de la expresión bronca y des-
considerada. Don Pedro Moya de Contreras, al establecer definitiva-
mente el tribunal, se mostraba optimista en carta dirigida al cardenal
1 Los judíos en la Nueva España. Publicaciones del Á. G. de la N., tomo
XX, 1932.
33
Espinosa, inquisidor general, pues le decía: "Las libertades de lengua
parece que ya cesan, porque se vive y se habla con recato, siendo unos
de otros censores y denunciadores con celo muy cristiano con no haber
precedido castigo." Tan sólo se había promulgado el pregón y se ha-
bía procedido al juramento de fe y, sin embargo, en el primer auto de
fe, que se efectuó el domingo 28 de febrero de 1574, fueron penitencia-
dos por haber proferido palabras mal sonantes: Juan de Valderrama,
de Guatemala, y Hernando Moreno de Navarrete, natural de Baeza,
en España.
A veces, en la conversación se expresaban ideas que sí tenían un
franco carácter herético. Por ejemplo, en 1551 el doctor Pedro de la
Torre, natural de Logroño y vecino de Veracruz, se mostraba panteísta
con Lorenzo Valla al decir "que Dios y la naturaleza son una misma
cosa", sima en la que no cayeron nunca los místicos españoles contem-
poráneos, como tampoco cayeron en el "quietismo", a diferencia de los
otros países.
“CUACHES Y LADINOS” JACOBA Y SILVERIO SOSA-1851-HUEHUETENANGO-Guatemala
VILLA DE GUEGUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO
“CUACHES Y LADINOS”
JACOBA Y SILVERIO SOSA
31 DICIEMBRE 1851
HIJOS DE BENTIA SOSA
PADRINOS: JACINTO SOSA Y MARIA ALVARADO
(F) Cura L. J. CAMBRONERO
AGUSTIN PLEETEIS -1862- Huehuetenango
AGUSTIN PLEETEIS
9 MARZO 1862
HIJO DE DOMINGO
PLEETEIS Y DE NICOLASA GOMEZ
VILLA DE HUEHUETENANGO
GUATEMALA
PLEETEIS es un apellido de Europa Oriental
UN MINUTO QUE CAMBIO UNA VIDA
No se
por qué en este mundo no hay más gente
que procure comprender más y odiar menos»
UN MINUTO QUE CAMBIO UNA VIDA
( Condensado de «Foremen:Leaders or
Drivers?» )
Por Sherman Rogers
TENGO un hijo— un muchachote
pelirrojo—que se llama Ferruccio. Muchos me han preguntado por qué le puse
nombre extranjero.
Hace 43 años me
encontraba trabajando en un campamento maderero. Cortábamos y podábamos los
troncos en verano y después de las nevadas de otoño los arrastrábamos en
trineos hasta el río que distaba como seis kilómetros y medio. Tenía el camino
tres cuestas muy pendientes. Yo enarenaba la cuesta número uno. Un belicoso
italiano llamado Ferruccio estaba encargado de la cuesta número dos que era
la más peligrosa. Ferruccio se pasaba la vida renegando. Apenas hablaba
inglés pero sabía maldecir, y maldecía en todas las lenguas conocidas.
Como nunca había oído a nadie dirigirle una palabra amistosa era natural que nunca
diese una respuesta amable.
Cierta mañana el
superintendente del campamento me dijo que se iba a la ciudad y que en su
ausencia me dejaba encargado de los obreros que hacían el trasporte. Como en
aquel entonces contaba solamente 20 años me sentí muy envanecido. Tenía, sin
embargo, algunas dudas y pregunté que haría si los hombres se negaban a
obedecerme.
—¡Despídelos!
—respondió con viveza el superintendente.
—Bueno—repuse—Vaya
usted buscando otra cuadrilla de trasportadores porque cuando regrese ya los de
ésta se habrán marchado.
Poco después de irse el
superintendente se me presentó el viejo escocés que era dueño del
campamento.
—Escucha, muchacho—me dijo—Ahora eres el capataz y
yo no voy a restarte autoridad. Pero sé que tienes intención de despedir a
Ferruccio.
—Es usted adivino.
—Pues yo lo sentiría mucho. Llevo 40 años en este negocio y Ferruccio es el
obrero más seguro que he tenido. Sé que es un ogro y que detesta a cuantos lo
rodean, pero también es el primero en llegar al trabajo y nunca se va hasta
después que todos los demás se han marchado. Además desde que empezó a
trabajar aquí, hace ocho años, no ha ocurrido un solo accidente en esa cuesta.
Antes de venir él todos los años se mataban hombres o caballos. Pero tú eres
el capataz y a tu juicio lo dejo.__
Tan pronto lo perdí de vista me
dispuse a decir a Ferruccio algo que siempre había tenido ganas de decirle.
Cuando llegué a la cuesta número dos me quedé observándolo varios minutos
antes de comprender lo que el hombre estaba haciendo.
Enarenar caminos es trabajo muy
especial. Cuando el trineo se acerca el enarenados camina delante y va poniendo
en los surcos helados justamente la cantidad precisa de arena para que el
pesado trineo se deslice lentamente. Pero no era eso lo que Ferruccio estaba
haciendo en aquel momento.
La temperatura era de cerca de
18 grados bajo cero. Ferruccio estaba secando
una paletada de arena en una pequeña hoguera. No llevaba ropas de abrigo sino un simple overol. En vez de mitones de
lana tenía guantes de tela. Se estaba helando pero en vez de calentarse el
desabrigado cuerpo secaba la arena al fuego para asegurar mejor el paso del
próximo trineo; era una precaución extraordinaria que no figuraba entre las
reglas del oficio.
Me llegué a él y le dije:
—Buenos días, Ferruccio. ¿Sabes
que hoy el amo soy yo?_
Se limitó a responder con un
gruñido.
— Bueno...
—continué--¿ Sabes que estaba decidido a despedirte ?
Ferruccio emitió otro
gruñido para indicar que quedaba enterado.
—Pero—agregué—nadie
te despidará a ti.
Ferruccio levantó los ojos de
la pala y se quedó mirándome de hito en hito.
Entonces le repetí al pie de la letra lo que me había dicho
el viejo escocés.
Ferruccio dejó caer la palada de arena. Las lágrimas le
rodaban por las mejillas.
— ¿Por qué no me dijo él eso hace ocho años ?—preguntó.
Me retiré en seguida y no volví
a verlo durante el resto del día. Por la noche cuando los de los trineos fueron
a lavarse, uno de ellos exclamó entusiasmado:
— ¿Vieron cómo trabajó hoy el italiano? Ha echado arena
suficiente para enarenar una docena de cuestas; volaba de un lado a otro como
si tuviera alas. ¡Y se ha pasado el día repartiendo sonrisas!
Ya oscurecía cuando oí que me llamaban.
— ¡Eh, patrón!
Era Ferruccio. Quería invitarme a cenar con él.
— ¿Sabes cocinar?—le pregunté.
—No, yo no sé cocinar; María es la que sabe.
— ¡No me digas que eres casado!
—Seguro que sí—y agregó con cierta timidez:—
tenemos cuatro muchachos... ¡los cuatro muchachos más lindos del mundo!
Caminamos aprisa porque el termómetro
seguía alrededor de 18 bajo cero. Por fin llegamos a un claro pequeño donde se
alzaba una casa de trozas.
Ferruccio se llevó los dedos a
la boca, dio un agudo silbido e inmediatamente se abrió la puerta de par en
par. Salió una mujer tan ancha como alta y tras ella asomaron cuatro pequeñuelos.
Ferruccio corrió dando jubilosos gritos al encuentro del grupo y los confundió
a todos en estrecho abrazo.
¡El hombre a quien yo había tenido siempre por áspero e
intratable era en realidad marido y padre amoroso! Pensé que tal vez todos
los juicios que me había formado sobre otros extranjeros eran igualmente
erróneos.
— ¡Venga, patrón! —gritó
Ferruccio —La sopa está esperando.
Mientras comíamos, Ferruccio y
María sostuvieron viva conversación en italiano. Súbitamente ella se puso en
pie de un salto, se acercó a mí y me dio un beso.
— ¡Caramba, Ferruccio!—exclamé
— ¿Qué es esto?
Y Ferruccio explicó:
—Acabo de contar a María que usted es el primer capataz
que me ha dicho « trabajas muy bien, Ferruccio, » y ella se ha puesto como unas
Pascuas.
Podría escribir largo y tendido
sobre aquella noche. Pero sólo diré que vi
a una mujer arrodillarse junto al lecho de sus hijitos para rezar pidiendo al
cielo que les diera salud y los hiciera buenos ciudadanos. Pidió
también a Dios que permitiera a los demás niños entender a sus hijos y no
darles nombres despectivos.
Luego me contó que sus dos hijos mayores volvían siempre
afligidos de la escuela porque los compañeros se burlaban de ellos a
causa de sus ropas pobres y de su hablar incorrecto. Comprendí
entonces cuánto tienen que sufrir los hijos de padres extranjeros debido
a las crueles mofas de otros niños.
Un par de días después fui a la
escuela, hice que enviasen a su casa a los dos italianillos y rogué a sus compañeros
y compañeras que les dieran oportunidad de sentirse sus iguales. Poco después
dejé el campamento no sin haber sabido antes que ya las burlas se habían
acabado y que los chiquillos empezaban a conocer días más felices.
DOCE años más tarde bajaba
yo a pie por un deslizadero de trozas en la accidentada Península Olímpica del
estado de Washington buscando el campamento de un amigo. Súbitamente vi a un
hombre en lo alto de la cuesta. Estaba allí tieso como un poste, arrogante, bien
vestido. Le grité pidiéndole que me indicase el camino del campamento. Se
quedó merándome, volví a gritarle y empezó a correr a mi encuentro. Entonces lo
reconocí.
—¡Ferruccio!—grité— ¿Qué
demonios haces en estas tierras?
Riendo
alegremente me contestó:
—Ahora
soy aquí la gran persona.__
Ferruccio había llegado a ser
superintendente de construcción de lanzaderos en una de las más grandes
compañías. dedicadas al negocio de trozas en el Oeste. Me habló de su familia.
Todos gozaban de excelente salud y el hijo mayor estaba estudiando en la
universidad. Luego me dijo:
—A
no ser por aquel minuto en que usted me habló yo hubiera matado a alguien
algún día... Ese minuto cambió por completo mi vida. Y esa hora que pasó usted
en la escuela cambió también la vida de mis chicos.
Y
después de una breve pausa, agregó:
—No
sé por qué en este mundo no hay más gente que procure comprender más y odiar
menos.
Y yo le
contesté:
—Eso
mismo vengo pensando yo hace I2 años.:__
INFLUENCIA GUATEMALTECA EDUCACIONAL EN COSTA RICA
HISTORIA DE LA INFLUENCIA EXTRANJERA EN EL
SESENVOLVIMIENTO EDUCACIONAL Y CIENTIFICO DE COSTA RICA
Por LUIS FELIPE GONZALEZ
IMPRENTA NACIONAL
SAN JOSE DE COSTA RICA
1921
Con los señores Jerez, Zelaya y Rivas, puede decirse que ter-
mina la influencia de la cultura de Nicaragua en Costa Rica. No
así la de Guatemala, que continuó ejerciéndose por medio de los
jóvenes costarricenses que hicieron estudios de Derecho y Medicina
en su Universidad, y por medio de algunos profesores, originarios
de aquel país y trasmisores de su cultura al nuestro, (i) Entre los pri-
meros profesionales que llegaron al país procedentes de Guatemala,
está el doctor don Nazario Toledo. El doctor Toledo vino a Costa
Rica por el año de 1835. Además de las muchas posiciones polí-
ticas que ocupó, siendo las principales de ellas, la de Presidente
de la Asamblea Constituyente de 1846 y Ministro Plenipotenciario
de nuestro país en el suyo en 1 849, ejerció su acción docente en la
antigua casa de Enseñanza de Santo Tomás; fué Rector y profesor
de la Universidad y Ministro de Instrucción Pública en 1858.
El 22 de abril de 1840 llegó a Costa Rica en compañía de
los partidarios de Morazán el distinguido guatemalteco don Felipe
Molina. El señor Molina nació en Guatemala en 1812. Allí prin-
cipió sus estudios primarios, terminando su educación en la ciudad
de Füadelfia de los Estados Unidos. De regreso a su patria ocupó
el puesto de Subsecretario de Hacienda, pasó más tarde al Estado
de El Salvador donde tuvo a su cargo la Subsecretaría de Re-
(1) Posteriormente figuran como profesores don Juan Montalto en el
Colegio de San Luis Gonzaga y el señor Miguel Ramírez Goyena y
don Alceo Hazera en el Iviceo de Costa Rica.
laciones Exteriores y desempeñó la Gobernación en varios depar-
tamentos.
Algún tiempo pasó don Felipe Molina en nuestro país, des-
pués se dirigió a la América del Sur, visitando Chile y Perú. En
1 843 volvió a Costa Rica y se dedicó a negocios particulares no
interviniendo en la política sino hasta 1848 cuando fué como Re-
presentante Diplomático a Nicaragua, con una importante misión,
que desempeñó satisfactoriamente. Sus servicios se supieron apre-
ciar bien y nuevamente se le encargó una misión ante los Gobier-
nos de Francia, Inglaterra, España y las ciudades anseáticas. A su
paso por Madrid escribió un interesante folleto sobre límites de Ni-
caragua y Costa Rica.
Al regreso de su viaje apenas permaneció en la República un
corto espacio de tiempo, saliendo con destino a los Estados Uni-
dos de América, investido con el carácter de Ministro Plenipoten-
ciario de Costa Rica en aquella gran nación, primera misión diplo-
mática acreditada por nuestro Gobierno en la gran República del
Norte. Valiosísimos servicios prestó en su nuevo puesto, entre
otros, escribiendo su folleto sobre límites entre Costa Rica y Co-
lombia y mayores sin duda los hubiera prestado a no haberle sor-
prendido la muerte en la ciudad de Washington el primero de
febrero de 1855. (i)
La influencia cultural del señor Molina en nuestro país la acre-
ditan su actuación de profesor de Inglés y de miembro de la Fa-
cultud de Ciencias Matemáticas y Físicas de la Universidad de
Santo Tomás y la publicación de su Bosquejo Histórico y Geográ-
fico de Costa Rica, primera publicación de ese género traducida
a varios idiomas y que constituyó en nuestros colegios y escuelas,
hasta 1886, el primer texto didáctico para la enseñanza de la his-
toria nacional.
Por el año de 1845 llegó a Costa Rica otro guatemalteco no
menos ilustre que los anteriores. Nos referimos al Doctor don
José Fermín Meza y Orellana. Nació el señor Meza en la ciu-
dad de Huehuetenango de Guatemala, el 7 de julio de 1816. Hizo
sus educación primaria en su ciudad natal y continuó sus estudios
superiores en la capital de la República hasta llegar a graduarse
de bachiller en Filosofía. Después de haber coronado la carrera de
Farmacia, emprendió los estudios de medicina en Guatemala
que terminó en la Universidad Central de París en 1841, reci-
(1) Un vistazo sobre Costa Rica en el siglo XIX át Máximo Soto Hall,
San José de Costa Rica 1900, p. 271.
hiendo el diploma de Médico y cirujano. Regresó después a su
patria, donde se le encomendaron varios servicios en el Ejército,
todos relacionados con su profesión. Estuvo en El Salvador y Ni-
caragua donde dejó muy buenos recuerdos por sus servicios duran-
te su actuación profesional.
En la Universidad de León desempeñó gratuitamente varias
cátedras. Trasladóse a Costa Rica y fijó su residencia en Heredia,
ciudad en la cual ejerció su profesión de farmacéutico y de mé-
dico, distinguiéndose no sólo por sus conocimientos sino también
por su carácter bondadoso y caritativo. La cultura intelectual de
Heredia recibió con el señor Meza una influencia muy apreciable,
dado el interés que desplegó en la fundación y sostenimiento del
Colegio de Segunda Enseñanza de San Agustín, y por su colabo-
ración en el primer semanario publicado en esa localidad, titulado
La Aurora. Médico del Pueblo por muchos años, cirujano del Ejér-
cito en la Campaña Nacional, miembro del Protomedicato de la
República, el señor Meza, después de una vida entregada al bien
de sus semejantes, murió en Heredia en noviembre de 1879. Tan
ilustre profesional fué el primer farmacéutico que llegó a Costa
Rica y en tal carácter fué incorporado el 3 de enero de 1846. (i)
Acompañado del Licenciado don Julián Volio y de don Juan
José Ulloa,que hacían sus estudios de Derecho en Guatemala, llegó
al país el 21 de abril de 1850, el doctor Lorenzo Montúfar.
Un mes después de radicado en la capital el señor Montúfar fué
electo Magistrado de la Corte de Justicia y empezó la publicación
de un periódico de estudios jurídicos, titulado El Observador. En
seguida se el dio el encargo de redactar, en compañía de don Julián
Volio, una Ley Orgánica de Tribunales. Fué nombrado profesor de
Derecho Natural en la Universidad en 1852. Después, por razones
de familia, se dirigió a su patria y una vez de regreso en Costa Rica,
ocupó la Secretaría de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública
con que le favoreció en 1855 el Presidente Mora. Dos años mas
tarde con motivo de los acontecimientos de la Campaña Nacional se
le confió una misión diplomática ante el Gobierno de la República
de El Salvador. A la caída del Gobierno de don Juan Rafael Mora,
el señor Montúfar salió del país con dirección a los Estados Unidos
de América.
Después de una corta permanencia en la gran República del
Norte regresó a Costa Rica en 1861, pero la situación política de
nuestro país no le fué favorable, viéndose obligado entonces a em-
(1) De la obra en preparación: Historia del desarrollo de la provincia
de Heredia.
prender un nuevo viaje y dirigirse a El Salvador. Allí logró adqui-
rir una representación diplomática snte el Gobierno de los Estados
Unidos. Estuvo después en Europa por encargo del Gobierno de
El Salvador y en febrero del mismo año lo tenemos de nuevo en-
tre nosotros, ejerciendo su profesión de abogado. En 1865 tomó
parte en el Consejo Intimo nombrado por el Presidente don José
María Castro. En el año siguiente se dedicó a la labor periodística,
fundando El Mensual Josefino, que después lo convirtió en quin-
cenal. En esta época permaneció el doctor Montúfar en Costa Rica
hasta 1868, en que nuevos acontecimientos políticos lo obligaron
a abandonar el país y a dirigirse por segunda vez a E! Salvador.
En esa República aceptó una misión diplomática ante el Gobierno
del Perú. En 1870 regresó de nuevo a nuestro país. Durante el
Gobierno iniciado el 27 de abril de 1870, aceptó la Secretaría
de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública, posición que con-
tinuó desempeñando en la Administración del General Guardia
con el recargo de las Carteras de Guerra y Marina en 1872. Du-
rante el desempeño de ese Ministerio impidió el ingreso de los
Jesuítas y publicó tres opúsculos contra los miembros de la Com-
pañía de Jesús. Obtuvo también en esta época varias misiones di-
plomáticas y comisiones en el extranjero.
Representó a nuestro país en las Conferencias de Amapala en
1 87 y pocos meses después se le dio el encargo de dirigirse a
Londres para arreglar la negociación de un empréstito. Después
de alejado del Ministerio, se le confió en 1873 una nueva misión
a Europa. Regresó a San José en 1874 y se le encargó otra
misión que aceptó ante el Gobierno de Guatemala. En abril de ese
año, estando de nuevo en Costa Rica, se dedicó al ejercicio de su
profesión; aceptó el Rectorado de la Universidad y temó las clases
de Derecho Internacional. El señor Montúfar había sido Rector de
la Universidad en 1865, y del Instituto Nacional ^x\ 1875. (i)
La actuación docente del señor Montúfar se limita apenas a
las clases que dio en la Universidad. En su carácter de Ministro de
Instrucción Pública estableció en 1856 en nuestro centro universi-
tario, la cátedra de Economía Política. En 1871 dictó una impor-
tante circular, aunque sin resultado práctico alguno, sobre la extir-
pación de analfabetas. Su obra de mayor influencia didáctica en nues-
tro país fué la Reseña Histórica de Centro América, de la cual ha
tenido mayor estimación el último tomo referente a la Campaña Na-
cional. Figuran además entre sus publicaciones: Historia Patria,
Economía Política, Derecho de Gentes y Leyes de Guer7'a; El Ge-
morias Autobiográficas &'S^ L,orenzo Montúfar, Guatemala, 1898.
neral Montñfar, El Syllabtis, Memorias Autobiográficas , y gran
número de folletos, discursos y publicaciones periodísticas, algunas
de ellas de mucho valor histórico. El señor Montúfar había hecho
sus estudios en la Universidad de San Carlos de Guatemala. En
1 84 1 se graduó de bachiller en Filosofía, tres años después de ba-
chiller en leyes, recibiéndose de abogado en 1848. Entre sus pu-
blicaciones de Derecho están los Apuntamientos sobre gradiiación
de acreedores. A su iniciativa se debe la creación de las cátedras de
Economía Política y de Derecho Público en la Universidad de Gua-
temala. Dio clases de Derecho en El Salvador en 1849 y ejerció
también allí su profesión de abogado.
En su patria el doctor Montúfar ocupó varias posiciones po-
líticas de importancia, llegando a ser candidato a la Presidencia
por el Partido Liberal en 1892. El señor Montúfar llevó una vida
de gran actividad intelectual y política. A una edad bastante avan-
zada murió este ilustre centroamericano en 1898.
Los acontecimientos políticos de Guatemala durante el Gobier-
no de don Justo Rufino Barrios, arrojaron a nuestro país a uno de
los miembros más distinguidos de la intelectualidad de aquella
nación: don Rafael Machado Jáuregui. Llegó a Costa Rica el
doctor Machado en 1873. Se incorporó como abogado en setiem-
bre de 1874 y ejerció aquí con acierto esa profesión. Dio clases de
Literatura en el efímero Colegio de Santo Tomas en 1873. Fué
profesor de la Universidad y del Instituto Nacional y llegó a
coronar su acción cultural desempeñando en 1876 la Secretaría de
Instrucción Pública. Colaboró con el doctor José María Céspedes
en la elaboración de un proyecto de Estatutos para el Colegio de
Abogados.
El doctor Machado ejerció no escasa influencia en la cultura
literaria y jurídica de nuestro país. De su actuación periodística que-
dan muchos trabajos dispersos, publicados en la prensa, así como
algunas selecciones de sus composiciones poéticas publicadas en La
Lira Costarricense. Fué colaborador de El Foro, redactor del
periódico Costa Rica, colaborador de Costa Rica Ilustrada y fun-
dador en compañía de don Pío Víquez, de El Heraldo de Costa
Rica. Fué Director de la Imprenta Nacional, Presidente del Cole-
gio de Abogados y Fiscal de Corte.
Tan ilustre centroamericano nació en Guatemala el 20 de abril
de 1832. Hizo estudios de enseñanza secundaria en la Univer-
sidad de San Carlos donde obtuvo el grado de bachiller en Filo-
sofía el 19 de agosto de 1846. Dedicado a los estudios de Derecho
en la misma Universidad, adquirió tres años después el título de
bachiller en Derecho Civil y en mayo de 1850 el de Derecho Ca-
nónico. En junio de 1853 coronó sus estudios de Derecho recibien-
do el título de abogado de los Tribunales de Guatemala. En su
país natal fué miembro de la Sociedad Económica de Amigos, uno
de los centros culturales más prestigiados de entonces, ocupando
además otras posiciones hasta que los acontecimientos políticos
de que hemos hablado antes lo obligaron a abandonar su país y
adoptar el nuestro como su segunda patria, (i)
Además de la influencia que Guatemala ejerció en nuestra
cultura por medio de los ilustres emigrados que hemos nombrado
se hizo sentir también por medio de los jóvenes costarricenses que
hicieron sus estudios en la Universidad de San Carlos. En uno de
los capítulos anteriores hemos hablado de los doctores en medicina,
don Cruz y don Lucas Alvarado, don Bruno Carranza, don Jesús
Jiménez, los cuales junto con don Andrés Sáenz, don Hilario Ze-
ledón, don Francisco Madriz, don Rafael Morales y don Alberto
Borbón, llevaron también a cabo sus estudios en aquel centro uni-
versitario. En la misma Universidad se graduaron en Derecho
los señores don Ramón Carranza, don Manuel Alvarado, don Julián
Volio, don Mauro Aguilar, don Concepción Pinto, don Juan José
UUoa, don Demetrio Iglesias, don Carlos Esquivel, don Antonio
Alvarez, don José María Ugalde, don José Pinto, don Vicente Sáenz,
don Gregorio Alfaro, don Salvador Jiménez, don León Fernández,
don Alejandro Alvarado, don Melchor Cañas, don José María Ti-
noco, don José Joaquín Rodríguez, don Andrés Venegas, don Félix
Montero y don José Monge Reyes.
La Universidad de Guatemala, en cuanto a los estudios de
Derecho, estaba en mejor pie que la nuestra y de ahí que la cultura
de los abogados que en ese centro se graduaron tenía que ser su-
perior a la que se adquiriera en nuestro país. La influencia de la
Universidad de San Carlos en nuestra cultura jurídica puede decirse
que terminó en 1875. En cuanto a los estudios de medicina los cen-
tros europeos y norteamericanos fueron preferidos desde 1860 al
centro universitario de Guatemala. En 1863 salieron a estudiar cien-
cias médicas a los Estados Unidos los primeros jóvenes costarricen-
ses, don Vicente Castro, don Juan J. Flores y don Francisco Segreda.
En 1868 partieron para Europa, a hacer iguales estudios en Ingla-
terra, don Carlos Duran y don Daniel Núñez. Después de esa época
los centros norteamericanos y europeos sustituyeron a la Universi-
dad de Guatemala, en los estudios de medicina que en aquel enton-
ces realizaban los costarricenses.
1) El Foro, San José de Costa Rica, del 15 de agosto de 1906. .
En la cultura religiosa recibió también nuestro país la influen-
cia de Guatemala. Ya algunos sacerdotes, como el señor don An-
selmo Llórente y otros, habían hecho allí sus estudios eclesiásticos.
Permitida la introducción de las órdenes religiosas, llegan en 1875
los primeros jesuítas, entre los cuales se contaban los sacerdotes
guatemaltecos señores Luis España, profesor de idiomas, Nicolás
Cáceres, profesor de Literatura, acreditado como uno de los ora-
dores sagrados más distinguidos que han llegado al país. De igual
origen los profesores Luis Javier Muñoz y Pablo Catalán. Todos es-
tos sacerdotes no dejaron de hacer sentir su influencia, no sólo en la
cultura religiosa, sino también en los estudios literarios, filosóficos y
lenguas muertas.
Procedentes de Guatemala llegaron a Alajuela en 1878 las
Hermanas de Nuestra Señora de Belén, con el objeto de dirigir un
colegio de señoritas en aquella ciudad. Abierto el plantel en mar-
zo de ese año, fué clausurado por el Gobierno el 30 de julio de
1885, por no haberse sometido su superiora a las prescripciones
legales de la reglamentación del 4 de agosto de 1881. Esta ins-
titución, como todas las de esa índole, aunque de escaso valor
científico en sus enseñanzas, no dejó de ejercer influencia en la
cultura artística: piano, pintura, dibujo, cistura, etc.
Con la cultura religiosa de los miembros de la Compañía de
Jesús y Hermanas de Belén, cerramos la influencia de Guatemala
en nuestra educación.
BELLEZA NATURALES ...DE GUATEMALA
BELLEZA NATURALES ...DE GUATEMALA
JOSE MARIA GARCIA
1891
Un viejo capitán de la marina mercante española que vivió
largos años en Izabal, Portal, nos decía en el año 1844: "Bueno
es que los belgas se establezcan en Santo Tomás y construyan
una hermosa ciudad; pero les costará mucho abrir un camino y
mientras tanto los Colonos no resistirán el clima fuerte de ese
lugar, sobre tolo mientras hagan los desmontes. Que empleen
eus capitales en romper la barra del Río dulce y, mientras tan-
to, que se establezcan las familias en Líwignston qne es punto
alto y muy saludable.
Algunos años después, un marino francés, el Capitán Barazere
mandaba construir en Burdeos, por cuenta de la casa de Lechan
geuer, uní goleta de poco calado, la "Heloisa'' que hizo varios
viajes directo» de Burdeos á Iabal, pasando por el estrecho ca-
nal de la barra. Ese no resolvía el problema, por que la
*'Heloisa" era demasiado pequeño pura cargar mercaderías
de mucho volumen y de poco valor como son las que mas se
venden en el país. La "Heloisa'' no podía traer sino artículos
franceses de mucho precio y por consiguiiente de poco consumo.
Por otra parte, el flet» de retorno, era bastante remunerativo.
V-VII INCENDIO Y SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO 1869
El día 7 de Diciembre de 1869,
el" día de la quema del diablo" la tranquila y hermosa villa de
Huehuetenango fue asaltada e incendiada en su tercera parte, por las
fuerzas invasoras de Justo Rufino Barrios y Serapio Cruz, "Tata Lapo".
El Corregidor y Comandante General de Huehuetenango, Capitán Aquilino
Gómez Calonge defendió
valientemente la pobalción, junto a milicianos de Chimusinique, (zona
12) Jumaj,(zona 6) Cambote (zona 11, hoy calazada Kaibil Balam) y de los
cantones del centro San Sebastían, Concepción, San José, que hoy se
denomina la zona 1 y zona 3 del centro de la ciudad Huehuetenango. Hicieron frente a milicanos de Chiantla, y miles de indigenas de Chajul, Nebaj, Cotzal, Chalchitán, Aguacatán y otros.
24 horas de angustia,sangre y fuego. Más de 90 casas incendiadas. Saqueo por parte de los invasores indigenas .¿ Qué autoridades actuales de la ciudad de Huehuetenango recuerdan este acto heroíco del Capitán Gómez Calonge (originario de Tejado, Provincia de Soria, España), y de los milicianos de la villa de Huehuetenango.
CRUZ Y BARRIOS
INCENDIO Y
SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO
Por el Historiador y diplomático Huehueteco
ENRIQUE DEL CID FERNANDEZ
1967
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V.PLANES
El Mariscal Cruz había podido evadir el perseguimiento
no sólo por la indolencia y falta de coordinación de sus contrarios, sino
también por el conocimiento topográfico que tenía de la región. Le eran familiares las fronteras del
Departamento donde desarrollaba sus correrías; tanto, que podía repetir de
memoria los nombres de los poblados, aldeas y caseríos intermedios entre
la peña de Rincón Tinaja y El Tepeguajal, por el Occidente; los que se
encuentran entre la laguna de Chiaquil hasta Ichmujop, por el Nor-Oriente; los
comprendidos en la ruta de Jolomguay). a Pichiquil, por el Oriente; y por
último, los de la zona de Yxquihuilaj hasta San Antonio el Organo, por el lado
Sur.
Conocía cómo experto de veinte años
atrás, los parajes y Altozanos, los sitios y lugares, las veredas y quebradas,
las haciendas, potreros y aguajes; los oteros y pasos especiales, senderos y
cañones y los vados escogidos de los ríos, tanto en la época de lluvias como en
la de secas. Desde 1848 los
había recorrido por su cargo de Comandante en Jefe de las fuerzas del Gobierno.
Asimismo, la extensa faja limítrofe entre Totonicapam y la Verapaz, faja
donde movíase velozmente de uno a otro extremo desconcertando a sus enemigos...
Ahora, en una aldea perdida en el confín de las montañas,
madura con sus allegados el plan de
ataque contra la villa de Huehuetenango cuyo Corregidor y Comandante General
Interino, Capitán don Aquilino Gómez Calonge, se ha negado a rendir la plaza.
Valiente actitud opuesta a otro del mismo cargo y situación: aquel Capitán don José Mariano Avila que dos
años atrás, el 17 de febrero de 1867, al verse amenazado por el mismo
guerrillero evacuó la población llevándose los fondos del Tesoro Público y
dejando a los civiles en manos de los facciosos que penetraron en la zona
urbana haciendo "de las suyas" por más de dos horas.
Un ajado papel está extendido sobre la mesa. Su hijo Ramón
encaminase hacia la ventana y ábrela del todo para que llegue la plena
claridad. El plano primitivo que contiene el papel enseña uno a uno todos los accesos y entradas naturales a Huehuetenango:
sus colinas cercanas, calles, edificios principales, puentes, ríos que
circundan la cabecera, etc. El indice regordete del Mariscal deslizase
señalando con rapidez las prominencias estratégicas que dominan la plaza
defendida por el Capitán Gómez Calonge. En concepto de Cruz, cuatro son las
principales:
a) El cerro a cuyo pie está la fuente de "Tajaguaque", detrás del
templo del Calvario, por el Nor-Este sobre el camino de herradura que conducía
antaño a la villa de Chiantla.
b) El llamado "del Maíz",
rodeado de barrancas de las cuales sobresale cercano a los bajos Cuchumatanes.
e) El de la "Cruz", en pleno
paraje de Jumaj.
d) Y, por último, el nominado de "San José" que destaca notoriamente
entre las cañadas que se internan rumbo a Chimusinique.
Cruz, jefe muy capaz en las luchas de montaña, señala la distribución de las
fuerzas, sus comandos,y los sitios principales de acceso a la población. Unos
amagarán por el cerro "del Máíz", a donde pueden llegar
fácilmente sin ser vistos siguiendo el cauce del río "de los
Molinos"; en tanto, el Coronel
Nemesio Polanco y J. Rufino Barrios con 700 indígenas de Cotzal, Chajul y Cunén
proseguirán descendiendo hacia las llanuras situadas al Oeste y atacarán por
ese punto. El flanco derecho compuesto por 300 hombres naturales de Aguacatán y Chalchitán bajo las órdenes de los
Capitanes Bernardo Motta y José María González, tomará la Villa por la
banda Norte, confundidos entre los bosquecillos y matorrales que, barranca de
por medio, comunican con los traspatios
de las casas de don Manuel Santiago, don Mariano Castillo, don Juan Francisco
David Ríos y Matta, don Rufino Aguirre y don Ventura Arriola. El
Mariscal, con sus hijos Ramón y Felipe y el Capitán Apolonio Cabrera,
acompañados de parte de la caballería e infantería ocupará la prominencia de
'Tajaguaque", esperando el momento oportuno y decisivo para cargar por el
lado del Calvario y encontrar pronto al
grueso de las huestes en el centro de la plaza, rematando así el ataque
organizado y bien dispuesto.
VI. PREPARATIVOS DE
LOS FACCIOSOS
Mientras en "Las
Guayabas" se decide la suerte de la tranquila Villa, otro de los
hijos del Mariscal, Felipe Cruz, seguido de J. Rufino Barrios —que no
hace mucho se ha unido definitivamente a los
invasores desde su fracaso en
las márgenes del río Ixpil y el asalto
y asesinato al puntero del río Negro encuéntranse en Chiantla estudiando detalles y obteniendo datos fidedignos en casa del Coronel Evaristo Cano, uno de los
bastiones
de la causa rebelde y persona que les
facilita seguras noticias para su paso y una posible retirada ...
Este Coronel Cano es el motor
principal que ha enganchado a los
indígenas con la promesa de aumento de tierra en las comunidades, aguardiente más barato y saqueo general. Ahora que se planea el ataque a Huehuetenango,
el Coronel no ha escatimado medios y los
indios engrosan las filas deslumbrados por el acicate ambicioso de la
"mano libre" que se les ofrece.
Cruz no ignora estas
promesas y, aparentemente, es el más empeñado en que se cumplan-, mas, sabe que a la masa que le sigue será
imposible contenerla una vez haya iniciado la lucha. En ocasión anterior, se
negaron a volver con él alegando que preferían esperar para "matar a los ladinos" de cierto pueblo .. .
Pese a todo, sale el Mariscal acompañado de sus principales allegados para
inspeccionar el campamento: a un lado, cercanos, los
ladinos armados de escopetas y uno que otro rifle conversan animadamente;
más allá, aguacatecos, cotzaleños y
nebajeños asientan el filo de sus machetes sobre piedras que encuentran en el sitio; en las afueras de la aldea, los indios de Chalchitán asolean regular cantidad de pólvora bajo la
dirección del Teniente
Coronel Juan de Dios Méndez; otros, fabrican "tacos de pita floja" y el resto muele carbón, pulveriza
azufre y agrega salitre para aumentar
la reserva del precioso combustible.
Pablo Villatoro, minero que sigue a los
rebeldes, dáse a la tarea de
fundir plomo para la hechura de balas y gruesos perdigones en moldes de
arcilla cocida destinados al uso de escopetas,
fusiles y viejas pistolas. No
llegan a la media docena los hombres
armados con rifles de retrocarga, mas no de esos que por su sistema de impulso manual constituían la maravilla de
la época.
El Mariscal Cruz avituállase cómo y dónde puede. La provisión de boca y guerra
no le preocupa; los pueblos tienen que soportar la carga del avío obligado para
el mantenimiento de sus
hombres: maíz, tortillas, birringue,
totoposte, leche, quesos, reses, huevos y aves de corral; frutas y legumbres, caballos de silla,
mulas, machos y burros de carga; armas blancasy de fuego, todo se incauta y a los vecinos pudientes les obliga a
cesiones monetarias forzadas. Los habitantes ven con temor los movimientos de
los revoltosos y entregan sin resistencia lo que piden para no exponerse a
abusos que en ciertas ocasiones les han llevado a perder la vida.
Chiantla representa para Cruz y su
gavilla un remanso en sus peligrosas actividades. En este pueblo cuenta
con numerosos prosélitos. Ellos, después de una de las derrotas sufridas por el
Mariscal el 18 de mayo de 1869, quisieron iniciar por su cuenta —azuzando a los
indígenas que les escucharon— un
intento de saqueo a la villa de Nuestra Señora de la Concepción Huehuetenango...
Rara e inexplicable
inquina que,:, tiempo después les llevó también a secundar el
"movimiento" encabezado por el Coronel ex-Vicepresidente de la
República don Vicente Castañeda (27 de octubre de 1887), degenerado en alevoso ataque a la ya entonces
ciudad de Huehuetenango, y la consiguiente derrota de aquellos
alteradores del orden público cuyos principales jefes perdieron la vida por
instigadores de tan peregrino como injusto proceder.
VII EL
ESTADO MAYOR DEL MARISCAL CRUZ
A un llamado de Ramón Cruz, adelantóse el sargento Ambrosio Xunux llevando de
la brida el caballo tordillo que utiliza el Mariscal. Detrás,
varios palafreneros con los caballos para don Ramón, don Vicente
y para los Coroneles Polanco y Méndez. Monta don Serapio ayudado por uno de sus
subordinados
para alcanzar con más facilidad el galápago francés, cómodo y muelle. Hace mucho tiempo que no hace
uso de la silla, segura y resistente, porque
la prominencia de la "manzana" moleste su creciente abdomen. Lleva el sable al alcance de la mano, a los lados ambas pistoleras y un revólver al
cinto. Ni galones, ni charreteras, ni
insignias llamativas: sólo un pañuelo negro pasado dentro de un anillo de oro
luce en el grueso cuello del rebelde
militar. Su rostro moreno pierde en fealdad por el brillo de sus ojillos negros de mirada penetrante y
firme. Un sombrero gris adornado por
una cinta de color rojo vivo cubre su
voluminosa cabeza que destaca entre sus hombros estrechos y caídos. . .
Le sigue el Coronel Nemesio Polanco, erguido y bien montado. Polanco es el verdadero tipo del guerrillero
criollo: cartucheras cruzadas sobre el pecho, rifle que sobresale de la espalda, sombrero de castor maltratado
por el tiempo, mirada de águila
perdida en el confín. Erecto, sedoso y bien poblado el mostacho. Perilla de
"clavo". Recio, valiente y fuerte
como jinete.
Ramón Cruz es de los más jóvenes
del grupo. Más que moreno, de nariz aplastada como la de su padre, luce cabello corto
y liso. Su rostro está señalado por una extensa cicatriz ancha,
carnosa y rosada que principia en la ceja del lado derecho y llega casi hasta el
lóbulo de la oreja del mismo lado: indeleble recuerdo
de su entrada a la población de Joyabaj (10 de octubre de 1869) en la cual asesinó a sangre fría al Juez Preventivo don Patricio Peña. Contempla el hijo al padre con orgullo y espera que la fortuna lleve al cabecilla de la
facción a regentear los destinos del país como recompensa a sus empeños
y esfuerzos revolucionarios. Entonces, él
estará siempre a su lado ayudándole
en las cosas y destinos de la patria. . . No imagina que la muerte acecha muy de cerca: antes de
tres días el que ahora se
yergue marcial jineteando soberbio caballo, será tan solo un cadáver tendido en la plaza de la incendiada cabecera.
Méndez Cruz pasa de la cuarentena. Grueso sin llegar a la
obesidad, tostado por el sol y los fríos de la sierra, sereno, apuesto
y gallardo, no permite que los años venzan al hombre de
"pelo en pecho" que fue en la juventud, y cuyo brío conservará durante toda su
vida.
Parten los cuatro al galope dirigiendo las cabalgaduras hacia lo alto de una
de las pequeñas colinas situadas entre "Las Guayabas" y la población
de Chiantla, en el preciso lugar donde. apunta la rústica guardianía de un
centinela asentada entre las rocas. Desde allí, el paisaje es una enorme
extensión de valles, quebradas y colinas
semi-obscuras alargadas por la luz del sol que las proyecta y agiganta sobre las profundas arrugas y los salientes de la tierra. Atrás, los enormes Cuchumatanes aparecen inmaculados contrastando su azul con el
fondo purísimo del cielo...
Detienen sus caballos
cerca de una abandonada cabaña cubierta de paja y sin paredes laterales. Fijan
su atención en blanquizca polvareda que
divisase a lo lejos: tres jinetes recorren a. galope tendido el camino que rodea la estancia de Santa Apolonia propiedad de don Tomás de Aquino Samayoa, cuya casa destaca
en un bosque próximo al riachuelo de Vernal. Piérdense en recodos,
ascienden por pequeños altozanos y devoran las llanuras. Escúchase ya el ruido
sordo de las recias pisadas de las bestias acompañadas por el ladrar de varios
perros y el cacareo estridente y alarmado de
las aves de corral que apártanse presurosas ante la llegada de hombres
y de brutos .. .
De pronto, a los pies de Cruz y
sus subordinados aparecen entre las siluetas
negruzcas de las tajadas peñas: Felipe Cruz, J. Rufino Barrios y Venancio su hijo, primer retoño de sus andanzas,
joven que escasamente llega a los quince años.
Los ollares de los
cuadrúpedos muéstranse ensanchados y rojizos. Sudan sus cuerpos y sus ojos brillan.
Tascan los frenos y piafan
nerviosamente ante aquel descanso inesperado. Agréganse
los menos a los más y encamínanse conjuntamente hacia el campamento.
Barrios,
de complexión fuerte y robusta, cierra la retaguardia del pequeño grupo
que recorre las crestas frías y ventosas de los bajos Cuchumatanes. Boca casi sin labios.
Despejada
y amplia la frente. Viva la mirada. Cúbrese con un sombrero de amplias alas. No
luce barba cerrada, y una especie de garibaldina completa el atuendo de polainas
francesas, pantalón
tirado, pañuelo rojo al cuello, al costado el sable, fustilla en la siniestra, revólver en el cinto y
en la silla el rifle...
I- IV 1869 SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO
7 DICIEMBRE DE 1869
SAQUEO E INCENDIO DE LA VILLA DE HUEHUETENANGO
El día 7 de Diciembre de 1869,
el" día de la quema del diablo" la tranquila y hermosa villa de
Huehuetenango fue asaltada e incendiada en su tercera parte, por las
fuerzas invasoras de Justo Rufino Barrios y Serapio Cruz, "Tata Lapo".
El Corregidor y Comandante General de Huehuetenango, Capitán Aquilino
Gómez Calonge defendió
valientemente la población, junto a milicianos de Chimusinique, (zona
12) Jumaj,(zona 6) Cambote (zona 11, hoy calzada Kaibil Balam) y de los
cantones del centro San Sebastían, Concepción, San José, que hoy
conforman la zona 1 y zona 3 del centro de la ciudad Huehuetenango. Hicieron frente a milicanos de Chiantla, y miles de indigenas de Chajul, Nebaj, Cotzal, Chalchitán, Aguacatán y otros.
24 horas de angustia,sangre y fuego. Más de 90 casas incendiadas. Saqueo por parte de los invasores indigenas .¿ Qué autoridades actuales de la ciudad de Huehuetenango recuerdan este acto heroíco
del Capitán Gómez Calonge (originario de Tejado, Provincia de Soria,
España), y de los milicianos de la villa de Huehuetenango..1 de Diciembre de 2017
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CRUZ Y BARRIOS
INCENDIO Y
SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO
Por el Historiador y diplomático Huehueteco
ENRIQUE DEL CID FERNANDEZ
1967
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I. “LAS GUAYABAS"
Diciembre en los Cuchumatanes. Brillan las hojas de los árboles humedecidas por el rocío de la noche. El
viento que baja de la altura hace resbalar las gotas de agua hasta la suave
tierra donde dejan perceptible y fresca huella. Brilla el riachuelo que serpea
en hondo cauce de negruzca roca. Brilla también la laguna de Ocubilá,
silenciosa, prolongándose sucesiva, adentrándose mansa, profundamente, lamiendo
rejoyas y bordecillos, llenando quebradas con sus largas lenguas de plata
acariciadas por los rayos de la luna aquella noche azul, diáfana y tranquila.
...
El firmamento aterciopelado adórnase
con multitud de estrellas y luceros; con sedosas gasas claras que impulsadas
por invisibles ráfagas, caminan, caminan y caminan.
Enclavada en la inmensa cordillera, perdida en una arruga gigantesca
y en estratégica meseta de los bajos Cuchumatanes está la aldea "Las
Guayabas" donde destacan lucecillas y las pocas casas cubiertas de teja o
paja de trigo.
La primitiva
iglesia apunta al cielo con su pequeño campanario piramidal de una sola pieza,
rodéala en parte un macizo de chatas que extiéndese hasta el bosquecillo vecino
formado por cerones, chalahuites,
chulubes y arrayanes bajo cuyo follaje reposan durmiendo centenares de indígenas procedentes de Santa María Nebah, Chajul, Cotzal, Chalchitán y Aguacatán,
mezclados entre cacaxtle,, jarros
de arcilla, tecomates, suyacales y machetes.
Recién acaba de llegar el último rezago de naturales enganchados para seguir a
la partida de rebeldes cuyos ideales cual pólvora encendida en aquella lejana zona
de los Altos, inflama ya, como fruto de las intentonas nacidas allende de la
frontera, el espíritu de algunos ciudadanos que arriesgan vida, familia y
hacienda al contravenir las disposiciones contenidas en la proclama del
Sargento Mayor don Julio César de
Garrido y Estrada, de fecha 1o. de mayo de 1869 y basadas en el decreto
de 4 de febrero de 1867., 'En estas circunstancias, sirven y guían a los que
empéñanse en avasallar la institución gubernamental de tendencia conservadora
establecida en la república desde hace más de veinte años (1848),
II.CAMPAMENTO
Desaparece
la luna en la comba sin límite del cielo. Alborozo de gallos giros y
mugir de vacas prietas, overas y barrosas en los patios de la aldea. Vida y movimiento
principian aquella madrugada mientras los
luceros se fugan con el alba. Azul, el humo del hogar, asciende en forma
de volutas caprichosas confundidas en la niebla...
De una casa con guardias a la puerta, sale el
Capitán Motta seguido por tres intérpretes de raza indígena.
Dirígense
al bosquecillo vecino a la
iglesia instando con fuertes voces a los .indios
a ponerse en pie y formar en línea. Estos,
que duermen vestidos y
cubiertos con "capishayes", incorpóranse perezosos recogiendo algunos petates y calándose los
sombreros humedecidos y grasientos. Las órdenes del militar acompáñanse con la actitud de los sargentos que principian a
ayudarles en la tarea .de extinguir
los rescoldos de las fogatas mantenidas para moderar el frío de la
altura.
Aquellos que apenas comprenden el español e
ignoran lo que son
las maniobras militares y menos la obediencia a las voces de mando, actúan
sin mayor coordinación. Sin embargo, cuando los traductores advierten que la
hora de comer ha llegado, acuden
presurosos a tomar la ración de totoposte y de birringue , formando extraña multitud de seres descalzos, de ojos semioblicuos, pronunciados labios, magra
presencia, pelo hirsuto y abundante, moreno-amarillenta la color que,
con gritos entrecortados, guturales y medio salvajes manifiestan su
alegría adelantándose unos a otros para tratar de, llegar primero
al reparto.
III EL CORRAL
Al lado del cabildo. suaves rayos de sol
alargan las sombras proyectadas por los postes de
"mezquite" que forman un gran
corral donde guárdanse ochenta equinos, mulares y otros mancarrones de toda
laya y color.,
Relinchan los sementales percibiendo a la
cansada yegua que desciende las veredas arenosas de empinadas serranías,
mientras eluden reatas, maneas y lechuguillas que silban amenazantes en su
intento de detenerles por el cuello. Tiembla
la tierra cuando el tropel de bestias muévese incesantemente en un solo grupo:
al arrancar en conjunta estampida y entre nubes de polvo; al doblar
repentinamente para esquivar con gallardía y precisión las sogas ahogadoras; o
al mancarse con inadvertidas coces lanzadas al azar...
El vapor que exhalan los ollares es doble niebla que
levántase del suelo opacando el brillo de los ojos, el sudor de los ijares y el
tornasolar de las crines de los cuellos y las colas. Los que lidian con
aquellos animales son hábiles arrieros
contrabandistas que hacen mensualmente el recorrido entre El Pino y la
frontera, por la vieja, peligrosa y casi desconocida senda que pasa por
El Rancho, Tojeloj, Tuispec, Las Cajas y Los Jazmines perdiéndose en las
crestas de Tablón Viejo para ascender las serranías de Puchilaj y llegar al
paso de Los Limones conduciendo largas recuas de mulares atados de cola y
gamarrón y cargados del famoso
comiteco. Secos y enjutos, curtida la piel y luenga la barba,
avezadísimos en las tareas del "sabaneo y arrejunta" demuestran
pronto su larga experiencia: a la luz de aquel amanecer van "cayendo"
una a una las mulas grullas, mapanas y mosqueadas; los garañones alazanes,
retintos, bayos y tordillos; por último, los caballos caretos, estrellas,
calzados, entrepelados, y unos más unalbos, dosalbos o tresalbos
Domeñados sus ímpetus, son sacados por la puerta principal
hacia los apeaderos de la pequeña plaza. Allí, en presencia de los Capitanes Apolonio Cabrera y José María
González proceden los mozos a ensillarlos. Los militares revisan cada
una de las cabezadas, frontales, ahogadoras y frenos; las barbadas, cerretas y
bridas; cinchas, barrigueras y tenedoras; mantillones, sudaderos, acciones,
pistoleras y fundas de todos aquellos jaeces, especialmente los de un hermoso
tordillo de buena alzada que, alejado de los otros, tasca nerviosamente el freno
atado a una basa de los pilares del edificio municipal. Es el caballo para el jefe rebelde, Mariscal de Campo don Serapio Cruz, cabecilla
de la facción que ha pasado la frontera
amalhayando la victoria y como la suerte le ha sido adversa en varias
ocasiones, ha tornado a descabalgar cumbres, veredas, senderos, cerros, crestas
y puentes que conducen a Chiapas para
soñar de nuevo con un triunfal regreso.
IV.
ANTECEDENTES
La mañana del sábado 4 de diciembre de 1869, en la
apenas enjalbegada habitación de la alcaldía encuéntrase el obeso militar
sentado ante rústica mesa en compañía de su hijo Ramón, su primo hermano D.
Vicente Méndez Cruz y el Coronel Nemesio Polanco. En la puerta de entrada
vigilan Ambrosio Xunux y Antonio Velásquez, fieles servidores de sangre quiché mezclada con la de los chujes del alto
Cuchumatán. Ambos les han acompañado en todas las intentonas llevadas a
cabo por los sediciosos en él correr del año 1869: desde el robo en Nentón donde se apropiaron de varios bultos de
mercadería destinada a don Martín Barrundia (6 ,de marzo); el ataque a la línea
fronteriza por las vegas del río Ixpil (18 del mismo mes); su posterior
derrota en las cumbres de Chibul y su huida hacia Xexamic (20 de mayo);
siguiendo con la entrada que les llevó hasta Chajul, Uspantán y Verapaz (5 de
junio) detenida por el revés sufrido en el lugar nominado Salquil, en
jurisdicción de Santa María Nebah (29 de junio); un asalto al pueblo de Nuestra Señora de la Encarnación de Aguacatán
perpetrado por J. Rufino Barrios (6 de agosto); a más del efectuado a la
Villa de Chiantla (9 de agosto) a la una y media de la madrugada donde dieron fuego e incendiaron las casas de don
Gabriel y don Saturnino Escobedo, tan solo por no plegarse a sus propósitos, y
rompieron los enseres del estanco de aguardiente; la nueva incursión que
terminó en Sacapulas (15 de septiembre) con el reencuentro librado en el punto
"San José" donde fueron vencidos (25 del mismo mes); y por último, el
asalto y asesinato del pontero del río Negro (13 de noviembre) fugándose
después por la ruta de Chaculá ...
El Superior Gobierno organizó desde un principio el número conveniente de tropas controladas por el Brigadier don
Narciso Pacheco Arzú, Corregidor de Quezaltenango e Inspector de las Milicias
de los Altos. Estas, tuvieron por principales jefes al Brigadier don Gregorio Solares, los Coroneles Batlle, Godoy y Castell; los
Tenientes Coroneles José Domingo Morales, Agustín Cuevas, Mariano Anguiano y
Cipriano Peña; los Sargentos Mayores Cayetano Rascón y Julio César de Garrido y Estrada, y un Capitán de apellido Blanco.
La acción conjunta y prolongada de estas fuerzas no fue satisfactoria al
gobierno. Así lo prueba la carta del
licenciado don Manuel Echeverría y Arrivillaga dirigida al Brigadier Pacheco
Arzú, que dice:
"Guatemala, julio 17 de 1869.
Mui apreciado Señor mío:
He tenido el gusto de recibir su favorecida del 11 del corriente. Parece que lo
que ha pasado en el Malacate ha sido una verdadera torpeza, pues habiendo hecho
todo el mal posible, dejaron escapar a Barrios, cuya presa hubiera únicamente
justificado el paso. Por lo demás no se ha tenido aquí el menor detalle,
después de la primera noticia y se está esperando lo que el Coronel Batlle informe, una vez que fué a la frontera
con motivo de aquel suceso i sus consecuencias.
"En cuanto a la persecución de Cruz, confieso a Ud. que estoi bastante
desagradado, porque no veo plan ni fijeza, i por otra parte he llegado a figurarme que el tal Cruz
inspira un gran miedo, apesar de haberse palpado que no tenía elementos
en Chibul, ni puede tenerlos hoi como para combatir con tropa regular. Como con
usted no tengo reserva, voi a copiarle lo que le digo hoy a don Julio (Julio César de Garrido y Estrada, Corregidor
de Huehuetenango) en la carta que incluyo a Usted para que la haga
llegar donde esté dicho Señor.
"Siento sobre manera, le digo, las demoras para perseguir a Cruz, porque
ellas le proporcionan gran tiempo para reorganizar su facción i por la
propaganda de los indios. Fuerzas las hai suficientes para haber emprendido
algo, porque además de la Compañía del Capitán Calonge i de las dos baterías de
montaña, se ha dispuesto permanezca, hasta nueva orden, en Totonicapam, la
compañía del Capitán Blanco. Por lo demás noto con pena que hai vacilaciones i
que se hace mucho caso de las especies que se saben, aun cuando vengan de un
origen poco autorizado, como lo es la ladina de que Usted habla en su carta al
Señor Presidente. Creo que debe formarse un plan, no teniendo en cuenta otra
cosa que la posición en que esté colocado el enemigo i los elementos que tenga,
i no detenerse, pues el estar variando de pensamiento, como Usted reconocerá,
es fatal bajo muchos aspectos.
"Por más que se diga, yo no puedo conceder que Cruz tenga los medios
necesarios para habérselas con una columna de 150 a 200 hombres nuestros, pues
sí los hubiese tenido, habría comenzado por batir a Rivas, en vez de huir de
él. Recomiendo a Usted por lo tanto que no se pierda el tiempo i que se obre
con firmeza, sin recelos ni vacilaciones. Aguardar al Coronel Batlle que debe estar ocupado en la frontera de
Soconusco, i esperar de
Quezaltenango Jefes que no hai, i tropas que no se necesitan, me parece fuera
de propósito. Anguiano, según lo convenido con Usted debe estar en
Sacapulas, i talvéz habrá contramarchado por lo que últimamente le haya
comunicado Usted. Ha¡ pues falta de plan, de combinación i de fijeza en las
disposiciones i así será imposible obtener resultados satisfactorios.
"No hai que figurarse un gigante
al que todavía es un pigmeo. Al
Señor Presidente lo veo tan desagradado que talvez se decide a ir en persona,
lo cual desearía yo se evitase, mediante a que si ustedes saben conducir las
cosas, no hai necesidad de dar un paso de tanta trascendencia".
"Todo esto digo a don Julio i espero que Usted Señor don Narciso por su
parte insinúe al señor Anguiano procurando con sus indicaciones que haya unidad
i mucha celeridad en las operaciones que se emprendan sobre Cruz.
"Por acá no hai novedad. Deseo que Usted no la tenga i tampoco la haya en
ese Departamento.
"Me repito de Usted afectísimo S. S. MANUEL ECHEVERRIA".
El Inspector de las Milicias de los Altos, Brigadier Pacheco Arzú,
respondió ocho días después:
"Quezaltenango, Julio 25 de 1869.
Muy apreciado Señor mío:
Tengo a la vista la favorecida de usted de 17 del corriente. I veo lo que se
sirve manifestarme. Agradezco a usted infinito la confianza con que me habla en
su citada apreciable. I quedo impuesto de lo que usted dijo al señor Garrido en
la que ha tenido la bondad de transcribirme.
"Ciertamente que es demasiado irreparable el modo como se ha manejado la
cosa en cuanto a la persecución que debió haberse hecho a Cruz, i la conducta
de los jefes y oficiales encargados de hacerla es poco honrosa para ellos
mismos. Cruz invadió y se internó en el territorio de la República desde el 4; nada se hizo por el señor Corregidor de Huehuetenango,
para perseguirlo pronto i con toda actividad hasta estos últimos días. Semejante inacción es fatalísima, i no
encuentro razón que pueda justificarla. Si Cruz hubiera tenido elementos
i hubiera estado en capacidad de hacer frente a nuestras fuerzas, es claro que
al verificar la invasión, habría a todo
trance batido a Rivas en Nentón, siquiera para adquirir más elementos i
hacerse de algún prestigio; no lo verificó así i eso prueba su debilidad,
cuando por el contrario Rivas le persiguió, i Cruz huyó sin parar. Por
consiguiente es un error lamentable el que crean que la facción tenga fuerza y
magnitud, para habérselas con los nuestros; i pienso como usted, que 200
hombres bastaban para haberla destruido desde el principio".
"Según las últimas noticias que he transmitido al Gobierno por medio de la
Mayoría General, Cruz pasó a la Verapaz, llegando a Cubulco, de donde ignoro a
la fecha la dirección que haya tomado.
Anguiano i Zelaya iban tras él, i Garrido aun mas atras por el rumbo de
Huspantan: en consecuencia, pienso, que, perseguido el enemigo con toda
energía precisa en aquel Departamento,
i si los comandantes generales de Totonicapam, Sololá, i, Huehuetenango,
combinando acertadamente sus operaciones, le cubren i tapan todos los pasos por
donde pueda retroceder, poco costará exterminar la facción i aún cojer
al cabecilla, para poner término al mal".
"Se asegura que lleva 300 hombres,
todos armados; pero si bien creo en el número de gente i aun mucho mas,
no sucede lo mismo respecto de armas; porque
no es posible bajo ningun concepto que haya logrado adquirir 300 armas, aún
cuando fuesen solo escopetas. Todas estas noticias, exageradas á mi
juicio, entiendo que provienen del mismo Cruz, que las hace circular, para
intimidar a sus El suceso del "MALACATE", me
ha preocupado bastante, porque lo he jusgado de igual manera que Usted, i mas
habiendo dejado escapar a Rufino,
con cuya captura se habría justificado la acción".
"La carta para el Señor Garrido,
que Usted dice incluirme para que yo se la remitiese, no llegó a mi poder para
habérsela dirigido a cualquier punto donde estuviese".
"En este Departamento no ha ocurrido ninguna novedad; todo continúa
tranquilo.
"Afectísimo Servidor Q. B. S. M.
NARCISO PACHECO".
LINCON EL LIBERTADOR
EL PRESIDENTE LINCOLN
Emil Ludwig
Apenas encontraron en la escarpada ribera un punto de atraque posible,
saltaron a tierra. Aquí y allá, sobre los verdeantes campos, veíanse las
quintas blancas de la ciudad del Sur, bien conservadas y limpias, pero
desconsoladoramente silenciosas y desiertas. Los únicos seres humanos que se
divisaban eran una docena de negros, cavando a las órdenes de un viejo capataz,
igualmente de color. De pronto, este último se incorporó y, dejando caer la
pala, se llevó las manos a los ojos, exclamando: "¡Dios del cielo, aquí
tenemos al Gran Mesías! Apenas lo he visto lo he reconocido. Hace años que lo
llevaba en mi corazón, y ¡he aquí que, al fin, ha venido a libertar a sus hijos
de la esclavitud! ¡Aleluya, Aleluya!" Y al tiempo que empleaba esta
fraseología bíblica, usual en los negros cristianizados, cayó de rodillas y
besó los pies del libertador, en tanto que los demás negros seguían su ejemplo.
El gigante blanco contempla, perplejo y conmovido, a aquella docena de
pobres esclavos, que allí estaban cavando la tierra, como si nada hubiese
sucedido, como si el destino de su raza en Norteamérica no hubiese sufrido una
transformación radical, y les dice al fin: "No os arrodilléis ante mí. Eso
no es justo. Solamente debéis doblar las rodillas ante Dios; a él es a quien
debéis dar las gracias por la libertad de que vais a disfrutar. Yo soy
solamente un instrumento. Pero, mientras yo viva, podéis estar seguros de que
nadie se atreverá a poneros un grillete de esclavo y de que tendréis los mismos
derechos que los demás ciudadanos libres de esta República."
El discurso no fue, en realidad, muy brillante, apenas unas cuantas palabras
improvisadas, pero los negros comprendieron, más que las palabras, la mirada de
quien las pronunciaba. Y cuando el almirante les ruega que se aparten y les
dejen paso, el viejo capataz, con el mismo tonillo de canturía que aprendiera
de los misioneros, prorrumpe:
"Sí, señor, pero hemos estado tantos años en el desierto sin agua, que
es muy hermoso ver al fin nuestro manantial de vida. Perdónenos, señor, si
creyó ver en nosotros falta de respeto por el amito Lincoln, cuando no había
sino amor y gratitud." En seguida, formando círculo, entonan un himno,
mientras el "amito", en su centro, los escucha y aguarda
pacientemente. Así pasaron cuatro minutos, según informe del mismo almirante,
durante los cuales había ido animándose el lugar. Gritando, saltando, surgían
negros y mulatos, hubiérase dicho que de bajo tierra, como por arte de magia.
Pasada ya la alarma que cundiera entre ellos durante la captura de la ciudad,
de todas partes de ésta acudían a saludar y bendecir al libertador. "A ver
si, a última hora, van a estrujar al Mesías", piensa el almirante, y da
orden a los marineros de que formen, calada la bayoneta, en torno del
Presidente; pero, no obstante, los negros no se asustan y la algarabía continúa
en crescendo . Comprendiendo que no hay más remedio que hacer algo para
poner término a aquella situación, Lincoln levanta las manos reclamando
silencio, que instantáneamente se establece. Y dice: "Mis pobres amigos:
heos ya libres, libres como el aire. Podéis arrojar al suelo el nombre de
esclavos, y pisotearlo, que ya no volverá más. La libertad es derecho que
tenéis desde que nacisteis porque Dios os la dio, lo mismo que a los demás
hombres, y ha sido un pecado haberos tenido tanto tiempo privados de ella.
Pero, ahora, debéis procurar merecer este don inestimable. Mostrad al mundo que
erais dignos de él, y que lo mantenéis con vuestras buenas obras. No cometáis
actos punibles, ajustaos a las leyes y obedecedlas; obedeced los preceptos de
Dios y dadle las gracias por haberos concedido la libertad, pues a él es a
quien lo debéis todo. ¿Me habéis comprendido? Ahora, dejadme paso, pues ando
muy escaso de tiempo. Quiero visitar la capital y volver en seguida a
Washington, a fin de asegurar para vosotros esa libertad que tanto parecéis
apreciar."
Así habló Abraham Lincoln la primera vez que se halló entre una muchedumbre
de negros, estrujado y ensordecido por sus gritos, en un momento de plenitud
tal como nunca disfrutara antes, y como tuviera muy pocos en su vida. Habló
como un padre, como un hombre que está a la vez al lado y ya muy lejos, y sus
palabras quizá fueron de enseñanza tanto como de admonición, pero desde luego
fueron palabras de amor; que nunca, como en aquel momento, recordó su figura
aquella otra del Maestro en cuyo nombre fuera llevado a cabo todo aquello, el
humilde Maestro, que viviera entre pescadores iletrados, trayéndoles la
libertad y el amor.
Allí se erguía el gigantesco y descarnado cuerpo, cansado por la lucha que
viniera sosteniendo desde hacía años, pero que, a través de todas las calumnias
y maledicencias de los hombres, y mediante rodeos y atajos que nadie supiera
comprender hasta entonces, lograra llegar felizmente al término que se
propusiera.
El almirante Porter, en su relato, dice: "No me pasó siquiera por la
mente el que pudiera sucederle algo en aquel instante al Presidente.
Hubiérasele dicho rodeado por un ejército de guardianes capaces de defenderle
contra todo un mundo. Avanzábamos muy lentamente, haciendo tan sólo una milla
por hora. Era un día muy caluroso, y la espesa polvareda que levantaban los
pies de la muchedumbre nos cegaba a todos. El aire era irrespirable. Pero
Lincoln podía ser visto por todo el mundo, pues sobresalía por encima de todas
las cabezas. Llevaba el sombrero en la mano, y se abanicaba de cuando en cuando
con el mismo, pues el sudor le corría por el rostro. Su aspecto era realmente
como el de quien está dispuesto a ceder la Presidencia por un vaso de
agua."
Así entraron en la ciudad el Presidente blanco y los millares de negros que
le acompañaban. Y cuando, al pasar por las calles, se abrían las ventanas y se
asomaban los blancos, para ver al hombre malo que los había atormentado
durante cuatro años, nada más fácil que haberlo matado entonces de un tiro.
Después de visitar el Cuartel General de Davis, el Congreso y algunos otros
sitios, regresaron al barco, haciendo el trayecto en carruaje descubierto, y
entonces fue cuando el almirante se dio cuenta del peligro que había corrido
Lincoln, y que corría más que nunca en ese instante, al atravesar la
muchedumbre, en medio de la penumbra creciente. Realmente, ¿no habría entre
todos aquellos espectadores algún sudista rencoroso dispuesto a aprovechar la
ocasión para vengarse del gran enemigo, causa esencial de su derrota?
Durante aquellos días se cursaron telegráficamente las órdenes oportunas
para conmemorar con una fiesta el comienzo de la guerra, el 14 de abril, con la
rendición del fuerte Sumter a los sudistas. Al principio, el Presidente
discutió la fecha, asegurando que había sido el día 13, pero como Stanton comprobara,
consultando un calendario viejo, que había sido el 14, Lincoln hubo de ceder,
declarando que "realmente, lo mismo daba que la ceremonia del fuerte
Sumter tuviese lugar el 13 o el 14". No hubo, pues, ninguna voz interior
de premonición. Presagio alguno le advirtió que, al señalar el día de aquella
fiesta, había decretado también la fecha de su muerte.
Lo que sucedió en Richmond, porque en aquellos días de confusión no se
previó la visita del Presidente, podía muy bien suceder en Washington. Ello
tenía que suceder, y sucedió.
¿Quién podrá, realmente, sorprenderse? Cuando los profetas han sido
lapidados, ¿no lo fueron acaso, siempre, por una falsa interpretación de lo que
eran? ¿Y no sufrieron invariablemente los mártires de todos los tiempos a causa
de los grandes errores de la muchedumbre? ¿Es que Lincoln iba a ser una
excepción? ¿Es que el odio del Sur no iba a hacer blanco en el hombre cuyo
nombre, al ser designado por primera vez, pareció ya ser nuncio de guerra?
¿Cómo podían ellos saber todo lo que Lincoln había hecho y pensado, en aquellos
cuatro años, para llegar a una reconciliación y que, tan sólo una semana antes,
había tratado de indemnizar al derrotado enemigo? No había remedio. Era el
enemigo mortal y tenía que pagar cara la victoria.
Ya dos años antes de estos acontecimientos se fundó en Richmond un club
secreto, costeado por gente rica, cuyo objeto era el asesinato de Lincoln. Un
año después se tuvieron noticias de una conjuración, según las cuales ciento
cincuenta mozos denodados habían salido para Washington con el propósito de
secuestrar al Presidente. Un pintor le preguntó por aquel entonces acerca del
particular, pero Lincoln se sonrió y dijo: "Si eso es cierto, no puedo
comprender lo que los rebeldes persiguen con ello. El resultado de la guerra no
cambiaría lo más mínimo; todo seguiría su curso. A raíz de mi designación en
Chicago comenzaron a llegarme cartas llenas de amenazas; las primeras me
disgustaron, pero después empecé ya a considerarlas como algo inherente al
cargo. Aun ahora no son raras; pero claro está que ya no me hacen el menor
efecto.. No hay nada cómo acostumbrarse a una cosa."
En general, no parecía creer en tales amenazas. Una vez dijo: "Los
atentados no son crímenes americanos." Su, esposa le recomendaba que no
dejase nunca de la mano el bastón, pero, no obstante, lo olvidaba con
frecuencia. Por lo demás, lo mismo como hombre práctico que como fatalista, era
poco aficionado a tomar precauciones. "Me he acostumbrado a pensar, decía,
que si alguien quiere realmente matarme, me matará, aunque me ponga una coraza
y vaya siempre rodeado de mi guardia. Nada de ello le impediría conseguir su
propósito, pues hay mil medios de acercarse a un hombre a quien se quiere
matar."
Ni él ni sus amigos parecieron darse cuenta de que, con la victoria, crecía
el peligro en este respecto. Nadie tuvo tampoco, por entonces, conocimiento de
ciertos incidentes ocurridos durante el último año.
Aquel singular letrero que apareciera grabado en el cristal de la ventana
de una hospedería campesina no había trascendido al público. Así como tampoco
se tuvo noticia de un extraño suceso, ocurrido poco después en un escenario de
Nueva York, y que sólo consistiera en tres palabras.
Era una noche del mes de noviembre, y en el "jardín de Invierno"
se representaba el drama Julio César, Los principales intérpretes eran
los hermanos Booth, dos de los cuales vivían de la fama del tercero. éste, el
trágico más grande de su tiempo, parece que representaba aquella noche el papel
de César; pero, en todo caso, lo que sí es seguro es que el papel de Marco
Antonio estaba a cargo de otro de los hermanos, mozo de unos veintiséis años a
la sazón, y excepcionalmente bien parecido, de tez aceitunada, facciones
clásicas, nariz de corte romano y ojos relumbrantes, reemplazando con esto, y
la fama del hermano, lo que le faltaba de talento personal. Llegado el tercer
acto, con la famosa escena en el Capitolio, donde Marco Antonio incita a los
ciudadanos a vengarse de Bruto, Booth fue subiendo el tono, como exigía el
papel, hasta llegar, por último, al punto culminante.
|
Yo no soy un orador, como lo es Bruto;
Mas si ya fuese Bruto,
Y Bruto Marco Antonio, tened por seguro
Que habría entonces un Marco Antonio
Que inflamaría vuestro espíritu, y pondría
Una lengua en cada herida de César,
Que haría levantarse hasta a las piedras
de Roma, lanzándolas a la rebelión...
|
Y aquí el actor acentuó el fortissimo de la conclusión, añadiendo
las palabras: ¡Sic semper Tyrannis!, la frase que, según la leyenda,
pronunció Bruto al hundir la daga en el pecho de César. Pero en Norteamérica y,
sobre todo, por aquel entonces, eran mucho más conocidas como el significativo
lema del escudo de Virginia que, durante la guerra, fuera empleado infinitas
veces para intensificar el entusiasmo bélico del Sur.
La "morcilla" pasó casi inadvertida. Solamente uno de los
espectadores, según informó algún tiempo después, se volvió hacia su vecino,
preguntándole con cierto escepticismo: "¿Está eso en la obra de
Shakespeare?" Un vecino de detrás hizo observar entonces: "¡Pero si
ése es el lema del escudo de Virginia!" Y el que fuera preguntado;
"No importa; está hablando por Bruto."
En aquel preciso momento se oyó la voz de: "¡fuego! El público, al
oírlo, saltó de sus asientos y en dos o tres minutos quedó vacío el teatro.
Poco después se sabía que en dieciséis teatros y hoteles de Nueva York habían
estallado simultáneamente, por aquella hora, otros tantos incendios, obra sin
duda de una conjura criminal. Y es muy probable que aquellas palabras del
"jardín de Invierno" fueran la señal convenida. La confusión
producida por los fuegos hizo que se olvidase la extraña adición. Pero aún hubo
indicios más evidentes de que se tramaba un atentado. Casi por la misma fecha,
un periódico de Alabama abría una suscripción para asesinar a Lincoln, Seward y
Johnson antes de que se posesionasen nuevamente de sus cargos. Y todavía quedó
oculto otro documento, en el cual un teniente del ejército sudista prometía a
Davis, a raíz de la segunda elección de Lincoln, acabar con él. El escrito fue
entregado al ministro de la Guerra y a otros altos jefes, para que lo tomasen
en consideración".
EL LIBRO QUE ENGENDRÓ UNA GUERRA-LA CABAÑA
EL LIBRO QUE ENGENDRÓ UNA GUERRA
(Condensado de "Misionera en hábito de muselina)
por Forrest Wilson
JULIO DE 1941
SELECCIONES DEL READER'S DIGEST
Cuéntase que en los últimos días de noviembre de 1862 recibió Abraham Lincoln en la Casa Blanca a una diminuta señora de mediana edad. El Presidente apretó efusivamente con su gran diestra sarmentosa la minúscula manecita de su visitante a la par que decía:
— ¡Conque ésta es la pequeña autora de esta gran guerra!
La pequeña autora del grande y trágico conflicto no era otra que Harriet Beecher Stowe, de cuya pluma salieron las páginas inmortales de La cabaña del Tío Tom. Esa
novela, publicada diez años antes, había contribuido notablemente a la
elevación de Lincoln a la presidencia. Los horribres, de Estado y los
historiadores de aquella época la consideraron y aclamaron como la
influencia más poderosa de cuantas habían determinado la abolición de la
esclavitud.
Nacida y criada en Connecticut Harriet había pasado 18 años de su
existencia en Cincinnati, donde tuvo frecuente oportunidad de presenciar
motines antiesclavistas, de socorrer y amparar a esclavos fugitivos y
de escuchar los relatos que hacían éstos de sus vicisitudes y En 1850 se
trasladaron los Stowes a Brunswick, en el Estado de Maine, donde Calvin
Stowe iba a ocupar una cátedra del Colegio Mayor de Bowdoin Mas ni aun
en el remoto Maine podía uno olvidar la candente cuestión de la
esclavitud. Los artesonados del salón de sesiones del Senadodevolvían y
ahuecaban estremecidos el eco de los vibrantes discursos en que Carlos Sumner, de Massachusetts, abogaba apasionadamente por la abolición. El hermano de Harriet, el célebre Reverendo Enrique Ward Beecher,
parodiaba con dramático verismo desde el púlpito que su vehemente
elocuencia había hecho famoso, las ventas de negros en pública y
afrentosa subasta.
Harriet había dado a la estampa un puñado de narraciones cortas para
equilibrar el siempre desnivelado presupuesto doméstico de los Stowes. Su ardiente celo religioso y misionero la abrasaba en ansias de ofrecer al mundo una pintura vívida de los horrores y brutalidades de la esclavitud,
tal y como ella los conocía. ¡Ah! si se desplegase a los ojos atónitos
de las gentes todo aquel doloroso, terrible, negrísimo cuadro de niñas
arrebatadas a sus progenitores, madres vendidas en monstruosas almonedas
humanas, familias desheclia,, y dispersadas por el soplo satánico de la
codicia, amos arrastrados al licencioso atropello y los más criminales
y repelentes abusos por la embriaguez, del poder y la tentación de su
inmunidad, era seguro que se levantaría un unánime clamor de protesta
contra la odiosa institución y surgiría un enérgico movimiento nacional
para abolirla.
Mas ¿cómo había de escribir sobre un asunto político ella, mujer educada
en una tradición casera, que había vivido siempre apartada de la
revuelta arena en que los hombres debatían problemas de esa índole?
Una carta de su cuñada fué, sin embargo,
la chispa que prendió el fuego apostólico en el alma de la tímida escritora.
«Si yo supiera manejar la pluma como tú —escribió la señora de Eduardo
Beecher — escribiría algo que hiciera patente y sensible a toda la
nación el horror incalificable de la esclavitud'.»
Los hijos de Harriet
guardaron memoria imperecedera de aquella carta que su madre les leyó. Púsose en pie como en un impulso de solemne consagración, y apretando la carta en su puño crispado, dijo:
— ¡Sí,
escribiré algo!
Y así fué como un día se sentó a su mesa y empezó de esta suerte.
«Al atardecer de un día frío y desagradable de febrero, se hallaban
sentados a una mesa dos caballeros, tomando Vino, en un comedor
elegantemente amueblado de la ciudad de P... en kentuckv».
Corría la pluma sobre el papel trazando finas líneas de tinta que nadie
podía adivinar hasta dónde habrían de extenderse. La misma Harriet no
pudo jamás sospechar que
escribía las primeras palabras de una epopeya que, habría de tener su epílogo en Gettysburgo y Appomattox.
Ignoraba Harriet qué tempestades iba a desencadenar aquella su Cabaña del Tío Tom.
Juzgábala cómo un anuncio de paz.
«El propio Señor la ha escrito», solía decir ella.
Harriet se propuso dar a su composición la forma de tres o cuatro
cuadros o bocetos y se los ofreció para su publicación a Bailey,
Director ee
Era Nacional, un semanario de escasa importancia que veía la luz en Washington. La aceptó Bailey, sin verla, y pagó por ella 300 doares.
¡Pobre Harriet! Sus tres o cuatro cuadros se convirtieron en cuarenta, v
transcurrió casi un año entero antes que pudiese dar los últimos toques
a su obra. Bailey no desembolsó un centavo más a pesar de que la novela
había aumentado considerablemente de tamaño.
En el número de
Era Nacional correspondiente
al
día 5 de junio de 1851 apareció, pues, el primer folletín de la novela
que estaba destinada a poner las armas en la mano, diez años después, a
toda una generación en la cual había de encender nobles ansias de
redención. Entre los que empuñaron el fusil para borrar del suelo americano el estigma oprobioso que Harriet había señalado v puesto de relieve con patética fuerza en su novela,
estaba su propio hijo Federico.
De prodigioso y superior a toda ponderación puede calificarse la conmoción que produjo la novela.
Con cada uno de los folletines crecían el entusiasmo y la avidez con
que se acogían las nuevas peripecias y los nuevas personajes. No existía
pueblecito, por pequeño y apartado, en que no hubiese un suscriptor,
por lo menos, de la
Era Nacional, y
cuando
llegaba el ejemplar, con tanta impaciencia esperado, pasaba de mano en
mano hasta quedar convertido en un sucio y arrugado papelucho.
Empezaron a llover cartas en la redacción de la
Era. Se saludaba
con elogios y aplausos la aparición de cada nuevo personaje, el relato
de cada nuevo incidente. Y cierta vez en que el original de Harriet no
llegó a tiempo para ser publicado en el número de aquella semana, fué
tal y tan furioso el aluvión de protestas v recriminaciones que cayó
sobre el desdichado Director, que no sabía éste donde esconder la
abrumada cabeza.
A medida que iba desenvolviéndose
y alargándose el hilo de su
narración y alejándose cada vez más el desenlace, que huía como una sombra escurridiza,inasible, siempre delante de la péñola de la enfervorizada escritora, iba ésta convirtiéndose en esclava de su propia concepción. Doquier fuese,
hiciera lo que hiciera, la perseguía el fantasma de aquel
folletín que debía aparecer la semana
siguiente. Y tenía que cocinar y atender con puntual diligencia a los múltiples
quehaceres de su hogar y habérselas
valientemente con una familia levantisca
y turbulenta que no le dejaba minuto de reposo ni segundo de paz. Para
colmo de contratiempos, se le ocurrió al anciano Dr. Lyman Beecheer venir a pasar una temporada con su hija, bien
ajeno a que estuviera ésta empeñada en la tarea de dar al mundo una obra maestra
literaria. Y se daba el caso peregrino de que mientras el viejo clérigo,
seguido de su amanuense, recorría y atronaba la casa ensayando a voz en cuello sus engolados sermones rtumbantes,
llenos de ampulosas naderías, su hija, la menuda Harriet, se pasase
las heoras sentada en la
escalerilla del traspatio, con una carpeta en las piernas
escribiendo el folletín de la próxima
semana, que no admitía espera.Había otra persona que veía con
creciente ansiedad y
temor cómo se prolongaba
alarmantemente la novela. Era John P. Jewett, dueño de una casa impresora de poca
monta de Boston que se
habíacomprometido a compilar los
folletines en forma de libro. Había hecho sus planes y cálculos para un volumen de poco tamaño que se pudiera vender a bajo precio, y se encontraba ahora, intimidado y perplejo, ante una narración que
amenazaba con alcanzar la longitud de una obra en dos tomos. Jewett estaba consternado. Le rogó a Harriet que diese ya fin a la
novela. «El asunto no es del agrado del
publico — le decía —. Extender la obra a - dos volúmenes
es condenarla irremisiblemente
al fracaso».
La súplica de Jewett encontró el terreno más
que abonado para fructificar.
Harriet estaba ya agotada por aquella
tarea fatigosa. Publicó, pues, la Era un suelto en el que se insinuaba que, puesto
que la novela había alcanzado ya tan extraordinarias dimensiones, podía muy, bien la señora Stowe ponerle rápido y
cumplido término con unos cuantos párrafos breves en que expusiese el desenlace. No se había contado con la huéspeda,
que, en este
caso era el enardecido
público. Se alzó formidable y clamorosa la vox
populi, y tuvo el traído y llevado
Bailey que apresurarse a dar satisfactorias
garantías de que no se cortaría
por tan brusca e intempestiva manera el
hilo de la cautivadora narración.
En el folletín que se publicó
el día de Navidad se pintaba la muerte
de Evita. Apenas hubo Harriet acabado
de escribir aquellas páginas
conmovedoras, se vio obligada a guardar cama por cuarenta y ocho
horas, extenuada y abatida por el dolor
que experimentó al narrar el triste suceso.
Lo sintió la escritora como una tribulación real y personal. ¡Eran de leerse
las cartas plañideras e indignadas en que se la recriminaba con
vehemencia insólita por haber
tronchado implacablemente la vida de la más santa criatura que había producido el suelo americano, inmolándola egoístamente en aras de un recurso literario!
Aquella muerte despejaba el camino. Sólo le quedaba
ahora a Harriet escribir los
pasajes que anteceden a la
muerte del Tío Tom y atar algunos cabos sueltos para dar por concluída. la novela.
El libro salió a la luz sin que lo precediera la más leve campaña de anuncios. Ningún crítico ni cronista mencionó siquiera su próxima salida. En la casa impresora reinaba, por el contrario, viva agitación el día 20 de marzo de 1852, fecha señalada para su puesta en venta. La primera edición dede seis mil ejemplares y el público la arrebató literalmente de las librerias. Antes que transcurriera una semana, ya tenía Jewett tres máquinas de imprimir trabajando día y, noche, excepto los domingos, un centenar de encuadernadores que no daban reposo a la mano, y contratada la producción íntegra de tres fábricas de papel. El primer cheque que recibió Harriet por su parte en la venta durante cuatro meses, importó $10,300. Al cumplirse el primer aniversario de la aparición del libro, declaró Jewett que llevaba vendidos 305.000 ejemplares y que "los pedidos seguían afluyendo en gran cantidad». Para
que una novela igualase en nuestros días semejante éxito, y dada la
diferencia de población, tendría que venderse a razón de un millón y medio de ejemplares el primer año.
Se tradujo en seguida La Cabaña del tio Tom a una docena de lenguas y se la imprimió sin pagar derechos algunos, a usanza piratesca, en otros tantos países. Las clases menesterosas y expoliadas de Europa devoraron el libro y se lo aplicaron a sus propios infortunios y tristezas, olvidándose de los oprimidos negros norteamericanos que le habían servido de tema y motivo. En
Londres, Nueva York y Boston, un público delirante ovacionaba, noche
tras noche, adaptaciones teatrales de la novela. Todo el inundo cantaba o
tarareaba o silbaba aires de Tío Tom y de Evita. Un avisado industrial de Rhode Island inundó el país con un juego de naipes alcual bautizó con el nombre de «TIO Tom y Evita",. Rebosaban las librerías de volúmenes en que se imitaba la famosa obra y otros en que se combatía su tendencia y doctrinas. Como muestra de los titúlos que empezaron a verse entonces en vitrinas y carteles citaré el de La cabaña de Tía Felipa, o la Vida en el Sur tal y como es.
El indepentioente de Nueva York rompió, por fin el silencio que hasta enonces habían guarado las articude fondo. listas de ¡Mido. Aconsejaba el periódico, al que sólo la Tribuna de Horacio Greeley superaba en tirada e influencia, que "se hiciese circular el libro por toda la redondez del orbe».
Muchas de las connotadas y eminentes personalidades a quienes Jewett había enviado ejemplares del libro escribieron cartas y juicios muy laudatorios. Longfellow escribió que «La Cabaña del Tio Tom· es uno
de los más grandes éxitos que se registran en los anales literarios del
mundo, y, que mayor aún debe reputarse su éxito desde el punto de vista
moral». Whittier dió «millones de gracias por el envío del libro inmortal». Jenny Lind concluyó su carta con estas palabras: —No me cabe duda que Dios hará llover sus más eficaces bendiciones sobre tu cabeza».
Sorprenderá saber que el primer ataque a la novela partió del Norte. Harriet había declarado que no podíacargar iodo el peso de la culpa de la esclavitud únicamente a los, Estados del Sur, 'ya que habíavgrandesdes sumas de dinero del Norte invertidas en el cultivo del algodón que se sostenía de un modo principal, sino exclusivo. merced a la esclavitud.
El portavoz v defensor de esos intereses eral el Journal of comerce de Nueva York, el cual, con las postrimerías del mes de mayo, disparó el primer cañonazo contra La Cabaña del Tío Tom. Se
entabló entonces un animado debate en el que tomaron parte, algunas
veces de un modo virulento y exaltado, casi todos los periódicos del
país.
Hasta entonces se había tenido a La Cabaña del Tío Tom
por una mera novela de tesis cuya amplia circulación se permitió sin
trabas ni reservas por todo el territorio de la República, v que iba
ganando adeptos lo mismo en el Norte que en el Sur. De pronto, y
de una manera espontánea y extraoficial, como si hubiese incurrido en
tácito pero efectivo anatema, desapareció el libro de todas las manos en
el Sur, y, llegó a constituir un verdadero peligro la posesión de un
ejemplar. Las madre,s empezaron a pintar a Harriet
a los ojos de sus inocentes hijos, con los rasgos y los terribles
colores de una feroz ogrera. En el correo diario de la autora
aparecieron anónimos llenos de amenazas e imprecaciones, en los que se
la acusaba De fomentar la rebelión de los esclavos.
Ambas faccIones, se dieron cuenta entonces de que el libro no era una simple novela, más o menos interesante v conmovedora, sino
una bomba de gran calibre que, cargada de explosivos y con la mecha
encendida, amenazaba con hacer saltar por los aires los cimientos mismos
de la Unión. Las páginas de
aquel libro habían encendido odios tan fieros, hondos y encarnizados
que sólo se extinguieron cuando los corazones en que habían prendido con
tal violencia dejaron de latir bajo el polvo de la huesa.
Cuarenta años después, Kirk Monroe, distinguido crítico neoyorquino, señalaba así el lugar que corresponde en la Historia a La Cabaña del Tío Tom:
«La
abolición de la esclavitud no fué obra, ni pudo haberlo sido nunca, de
una sola persona. Fué lo resultante de muchos esfuerzos concertados... El más grande y eficaz de todos fué, sin duda alguna, La Cabaña del Tío Tom, libro que ocupa por su circulación, el cuarto lugar entre los del mundo».
LA CARRETA del antiguo camino carretero de Costa Rica podría ser motivo de un estudio interesante; no se ha hecho todavía. El asunto es variado: la carreta en la historia, en la economía, en la vida social y religiosa, en el folklore.
Los turistas se han fijado en uno de tales aspectos: los dibujos y
colores de los costados y ruedas de las carretas («las típicas ruedas de
Costa Rica » a que se refiere la cubierta de este número dE
SELECCIONES). Dos escritoras nuestras han escrito páginas celebradas acerca de tales dibujos y colores: Yolanda Oreamuno y Emilia Prieto, Vale la pena leerlas.
El sentido pintoresco de la rueda de carreta en Costa Rica ya tiene, pues, su expresión popular. No todas las carretas están pintadas en los costados y ruedas. Como
expresión del pueblo, antes eran en eso más originales, más típicas.
Coquetean los campesinos con sus carretas como con sus bueyes y sus
casitas (a su modo las encalan). A los viajeros les llama la atención la geometría artística dentro de la rueda y las combinaciones de colores encendidos. .
Carretas, dibujos coloreados y canciones. La carreta como canción al
amanecer, al anochecer en los caminos rurales y carreteras. Un asunto
para músicos y poetas: la música de las ruedas de las carretas; con
cierta melancolía en el paisaje vespertino, con cierto misterio dentro
del paisaje del alba,
En Costa Rica, pensar en la carreta es pensar en el buey (le debemos un monumento), en el cafetal, en el cañal. Ellos han creado la economía de la nación, han contribuído—y de qué modo—a su desarrollo.
Hay, pues, el sentido histórico del café. Como hay el sentido civil,
democrático, del café. Hay también una mística popular del cafetal. Está
en el follklore, se ha asomado a la novela de costumbres agrarias. Que los poetas, los cuentistas la busquen, la expresen. Falta mucho que hacer todavía. En las escuelas públicas el café (el amor al cafeto) podría tener su día, como ya lo tiene el maíz.
La carreta, el buey y el boyero, el caballo y el antiguo camino carretero ya se ven arrinconados; los han desplazado el ferrocarril, la carretera, los automóviles y camiones.
Si se piensa al modo de antes, en el sentido social, religioso y
económico de la carreta en Costa Rica, se piensa en el mercado urbano y
rural, en la finca o finquita, en el paseo campestre, en la romería, el patio de beneficio del café, el puerto (Puntarenas), el trapiche, el turno (ferias), las muchachas campesinas, bonitas, enamoradas y locuaces, y los niños en su alegría.
TEN PIEDAD DE MI
Por Jorge Isaacs
Señor si en sus miradas encendiste
este fuego inmortal que me devora, '
y en su boca fragante y seductora
sonrisas de tus ángeles pusiste;
si de tez de azucena la vestiste
y negros bucles; si su voz canora,
de los sueños de mi alma arrulladora,
ni a las palomas de tus selvas diste.
Perdona el gran dolor de mi agonía
y déjame buscar también olvido
en las tinieblas de la tumba fría.
Olvidarla en la tierra no he podido.
¿Cómo esperar podré si ya no es mía?
¿Cómo vivir, Señor, si la he perdido?
1947-SENTIDO DE LA CARRETA EN COSTA RICA
SENTIDO DE LA CARRETA
EN COSTA RICA
Por J. García Monge
director del Repertorio Americano
SELECCIONES DEL READER´S DIGEST
JUNIO DE 1947
Aparece en
la ilustración,' con la rueda policromada como fondo, la señorita Flora
Ramírez R., de San José, alumna de la Escuela de Bellas Artes de la
Universidad de Costa Rica.
Foto: Leo Mane
LA BÚSQUEDA FINAL-Un trágico error
LA BÚSQUEDA FINAL
Rick Joyner
Un trágico error
Algunos de los que quedaban en los niveles más bajos comenzaron
a recoger las flechas del enemigo y a dispararlas de regreso hacia
ellos. Esto fue un error grave. Los demonios esquivaban las flechas
con facilidad y dejaban que estas le dieran a los cristianos.
Cuando un cristiano recibía un golpe por una de las flechas de Acusación
o Calumnia, un demonio de Amargura o Ira volaba y se posaba
sobre aquella flecha. Entonces comenzaba a orinar y a defecar
su veneno sobre el cristiano. Cuando este tenía dos o tres de estos
demonios añadidos al de Orgullo o Autojusticia que ya tenía, se
transformaba en una imagen deformada de los mismos demonios.
Desde los niveles más altos podíamos ver lo que estaba sucediendo,
pero los que se encontraban en los niveles más bajos, que
utilizaban las flechas del enemigo, no lo podían ver. La mitad de
nosotros decidimos continuar escalando, mientras que la otra mitad
descendió a los niveles más bajos para explicarle a estos lo que estaba
sucediendo. A todos se les advirtió que siguieran escalando sin
detenerse, a excepción de unos pocos quienes se situaron en cada
nivel para ayudar a los otros soldados a seguir escalando.
Seguridad
Cuando llegamos a la etapa llamada «La unidad de los hermanos
», ninguna de las flechas nos pudo alcanzar. En nuestro campamento
muchos decidieron que esto era lo más lejos que necesitaban
escalar. Comprendí esto porque con cada nuevo nivel resultaba más
precario colocar los pies. Sin embargo, a medida que escalaba, me
sentía más fuerte y más diestro con mis armas, de manera que continué
hacia arriba.
Pronto mis destrezas eran lo suficientemente buenas como para
disparar y darle a los demonios sin herir a los cristianos. Sentía
que si continuaba escalando podía disparar lo suficientemente lejos
como para dar justo a los líderes principales de las huestes del mal,
quienes permanecían detrás de sus ejércitos. Lamentaba que varios
habían detenido su marcha en los niveles inferiores donde estaban
seguros, pero desde allí no podían golpear al enemigo. Aun así, la
fortaleza y el carácter que crecían en aquellos que continuaban escalando,
hicieron de ellos grandes campeones, cada uno capaz de
destruir a muchos enemigos.
En cada nivel se hallaban flechas de Verdad desparramadas
que sabía habían sido dejadas allí por aquellos que habían caído de
ese lugar (muchos habían caído de cada posición). Todas las flechas
estaban nombradas con la Verdad de aquel nivel. Algunos se rehusaban
a recogerlas, pero yo sabía que necesitábamos todas las que
pudiéramos obtener para destruir la gran hueste que se encontraba
abajo. Levanté una, la disparé y le pegué fácilmente a un demonio,
lo cual hizo que los demás comenzaran a recogerlas y a dispararlas.
Comenzamos a diezmar varias de las divisiones del enemigo. Debido
a esto, el ejército maligno entero centró su atención en nosotros.
Durante un tiempo parecía que mientras más lográbamos, más nos
atacaba el enemigo. Aunque nuestra tarea parecía interminable,
ahora nos llenaba de regocijo.
Debido a que el enemigo no nos podía azotar con sus flechas en
los niveles más altos, gran cantidad de buitres volaban por encima
para vomitar sobre nosotros, o para cargar a los demonios que orinaban
o defecaban sobre los peñascos, haciendo que se tornaran
resbalosos.
LA REFORMA EN ESPAÑA
HISTORIA
DE
LA
INQUISICIÓN Y
LA
REFORMA EN ESPAÑA
Por SAMUEL VILA
ESPAÑA
2.
Oposición y repulsa contra la Inquisición.
Los ánimos del pueblo
estaban bastante soliviantados contra los judíos, por lo que, a pesar de lo arbitrario de
la medida, no hubo una protesta general cuando fue a Sevilla la comisión antes citada
para castigar a
los conversos judaizantes. Nadie podía prever que aquellos dos simples frailes
eran los mensajeros de un poder que había de avasallar a la nación entera. Fue más adelante
que el pueblo se dio cuenta de lo que significaba el Tribunal de la Inquisición, pero entonces ya era demasiado tarde;
la resignación general
la resume
gráficamente el dicho
popular: «Ante el rey y la Inquisición, ¡chitón!» No hemos de
creer, sin embargo, que todo el mundo se doblegara dócil ante el nuevo
yugo, sin la menor señal de protesta. Es lógico admitir que una natural prudencia impulsaría a todos a
ocultar los propios sentimientos si eran contrarios a la Inquisición, ya que
cualquier manifestación ostensible en
contra suya era para
los omnipotentes inquisidores una provocación, y esto significaba caer de lleno bajo
sus iras. Con
todo, hubo protestas,
que se exteriorizaron en múltiples formas, a pesar de que fueron prácticamente siempre
inútiles, además de peligrosas. Al hablar de
ellos prescindiremos de citar cartas o documentos que expresen opiniones
desfavorables de
carácter particular.
Por otro lado, la amenaza era más directa para los cristianos nuevos, y éstos fueron los que más se esforzaron en
su contra. Abolirla no podían, pero sí se apresuraron a hacer repetidas ofertas
de dinero para
que se publicara el nombre de los testigos o se suavizaran otros puntos de la
legislación
inquisitorial, pero ninguno de estos intentos dio resultado. Las iniciales
vacilaciones de los soberanos ante algunos ofrecimientos fueron siempre
vencidas por la presión de sus confesores o de otros consejeros.
De mayor interés son las
repetidas protestas de las Cortes, aunque también cayeron en el vacio. Poco después de llegar Carlos
I a España, reunió las primeras Cortes en Valladolid, en 1518. Los diputados le
pidieron
que tomara medidas para que la Inquisición fuera más justa, castigara a los
culpables y no a los inocentes, no cometiera arbitrariedades y que los
inquisidores fueran personas de buena conciencia y reputación. El hecho de
hacer esta petición demuestra que los mismos diputados creían que debía tener
lugar un cambio
en el modo de ser de la Inquisición. Carlos I prometió consultar con varones
santos
y píos
y que, entretanto,
recibiría
memoriales de agravios. El papeleo motivado por este tema quedó enterrado en los
archivos de
la cancillería
y no condujo a ningún resultado.
Las Cortes de
La Coruña
repitieron en 1520 la petición de las de Castilla, antes de que Carlos partiera
de viaje
para Flandes. Cuando regresó de allí, las Cortes de Castilla presentaron un nuevo proyecto
destinado a frenar los
excesos de la Inquisición. Una nueva queja de las Cortes de Castilla, en 1523,
lamentando que no hubieran tenido respuesta práctica las peticiones de 1518 y
1520, cayó otra vez en el vacío. Aun en 1525 las Cortes de Toledo se quejaron
ante los abusos de los inquisidores.
A partir de entonces se vio ya que era inútil toda protesta y
Castilla se resignó a su sino.
No ocurrió esto tan
fácilmente en los reinos orientales, especialmente en Cataluña. Fernando, para
no alarmar
al pueblo con un tribunal de nuevo cuño, procuró inyectar nuevo vigor a la
esporádica Inquisición papal, que
arrastraba una vida lánguida en ellos. Pero esto no dio resultado. En 1482
estableció
un tribunal permanente en
Valencia que prácticamente
dependía ya del de Castilla. En 1484 llegaron allí los delegados de Torquemada. Al
punto empezaron las fricciones, conflictos y luchas, que duraron varios años, con las autoridades
locales, que consideraban que la Inquisición interfería con sus derechos y privilegios, pero que
no fueron obstáculo para que los
inquisidores
prosiguieran imperturbables su labor.
No fue menor la
resistencia en Aragón. Vista la recepción hecha a los inquisidores allí, se empezó
por exigir
de todos los funcionarios públicos un juramento de obediencia a la Inquisición. Una revuelta de
Teruel fue
sofocada tan sólo
ante la amenaza de una intervención armada contra la ciudad entera. Fueron
hechas ofertas al rey
para mitigar algunos puntos de la legislación inquisitorial. Todo fue inútil. Al fin,
viendo que
no obtenían
ningún resultado con gestiones pacificas, en una conspiración en la que participaron
varias familias de conversos aragoneses de gran posición, fue asesinado
uno de los inquisidores. Pedro de Arbués. Este asesinato, aparte de que
dio lugar a terribles represalias, se volvió contra los propios conversos, ya que les
privó del apoyo
popular y facilitó que el Tribunal se estableciera definitivamente en Zaragoza.
La oposición fue
particularmente tenaz en Cataluña, por el celo con que el pueblo defendía sus antiguas libertades y
derechos ante toda clase de tiranía. Las Cortes o Consejo de Ciento se
negaron a considerar la admisión de delegados inquisitoriales mandados desde Castilla y
vigilaron que los antiguos de la Inquisición papal no incrementaran sus
actividades. Los concellers mostraron su repugnancia diciendo que
en Barcelona no
había judíos ni moros
y que «hallábase todo el mundo espantado con las ejecuciones y procedimiento[secretos] que
se dice hócense
en Castilla».
En vano
Fernando manifestó su desaprobación a la queja y procuró persuadirles e
intimarlos a la obediencia.
Tuvo que escribir al papa para que depusiera al inquisidor de Barcelona, Juan
Compte, y nombrara en
su lugar al mismo Torquemada. Entretanto, intentó mandar a Barcelona a dos
inquisidores, en 1486, con graves
amenazas al que no les prestara concurso. Incluso así, una vez en
Barcelona, se les expulsó, estando de acuerdo en ello todos los
concellers, incluso
el obispo, argumentando que el nombramiento no tenia validez
Recibido, por fin, el nombramiento de
Torquemada, por el papa, como «Inquisidor General del Principado de Cataluña, y de modo
especial de la ciudad y obispado de Barcelona., parecía ya resuelto el pleito, pero no fue
hasta dieciocho meses más tarde que se presentaron en Barcelona los
delegados de Torquemada.
Aun entonces
manifestaron los concellers su repulsión, negándose el primer día a
prestar el juramento que les pedía el Inquisidor General, «por chocar esta institución con las
costumbres
jurídicas
y garantías de los ciudadanos..
En Cataluña no contó nunca
la Inquisición con una ayuda eficaz del pueblo ni de los magistrados locales, que
tuvieron que ser amonestados y amenazados con castigos repetidamente para que
colaboraran con la Inquisición. Una de las formas de protesta contra sus métodos era la
costumbre de estrangular a los condenados antes de encender la hoguera, incluso a
aquellos que la Inquisición ordenaba quemar vivos.
PRISION DE FRANCISCO DE ENZINAS- REFORMA EN ESPAÑA
HISTORIA
DE
LA
INQUISICIÓN Y
LA
REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA
4.
Sus entrevistas con el emperador y con Pedro de Soto.
Carlos, que
entonces se encontraba en Flandes, al tener noticia de esta edición, ordenó recogerla, siendo de
notar que, pedido informe a los padres franciscanos sobre la misma, la dieron
favorable. Enzinas, que ya hemos visto no tenía nada de pusilánime, pensando
poder inducir al emperador a que viera con buenos ojos la edición, decidió entrevistarse con el
propio César.
Se dirigió, pues, a Bruselas y, habiendo llegado poco después el emperador a
la ciudad, en noviembre de 1543, pidió una audiencia.
Concedida ésta y hecha la
antesala pertinente, después de una breve alocución pronunciada por el obispo de Jaén que lo
presentaba recomendándole, tuvo lugar entre Carlos y Enzinas este edificante
diálogo, de
acuerdo con lo que nos transcribe el propio Enzinas.
«Entonces el
Emperador se volvió hacia mí y me preguntó qué libro era el que yo le presentaba. "Sacra Majestad
-respondí
yo entonces-,
es aquella parte de la Santa Escritura que se llama Nuevo Testamento,traducido
por mi fielmente a la lengua española, en la cual se halla comprendida la
historia evangélica
con las
epístolas
de los apóstoles; de cuyos trabajos he osado tomar a vuestra Majestad como tutora
y defensora, rogándoos
humildemente
que por la aprobación y autoridad de ella, sea tanto más recomendable al pueblo cristiano."
Entonces él
me preguntó: "¿Eres tú el autor del libro?" "No, Sacra Majestad -le
respondí-, el autor es el
Espíritu
Santo, por inspiración del cual los santos apóstoles han dado estos santos
oráculos de nuestra salud y redención, a todo el género humano, en lengua griega. En cuanto a mí no
soy sino un pequeño ministro y débil órgano, que en su primera fuente los he traducido a nuestra
lengua española."
"¿En castellano?" -dijo él-. "Sí, Sacra Majestad -le respondí---, en nuestro castellano, obra de la
cual os ruego queráis ser en vuestra clemencia protector y defensor." "Será hecho lo que
pides -dijo
él-, con tal que
en ella no haya nada sospechoso." "Sacra Majestad -dije
entonces-, no hay nada sospechoso a no ser que la voz de Dios hablando desde el
cielo y la
redención hecha por su
Hijo Jesucristo, hayan de ser sospechosos a los cristianos." "Lo
que pides será
otorgado-dijo
él-, con tal que
el libro sea tal como el obispo y tú decís que es." Habiendo entonces
tomado el libro, entró en una sala contigua.»
Carlos entregó el libro a su
confesor Pedro de Soto. Este se portó con Enzinas, según dice éste, «con redomada doblez», juicio que
Enzinas emite con pasión, aunque no puede negarse que eran hipócritas los exagerados
elogios con que al principio procuró Soto atraérselo, así como era una celada
el citarlo para tratar del libro con él en una celda del convento de jacobinos
en que el fraile se alojaba. Cuando Pedro de Soto tuvo aEnzinas en su presencia, sin
disimulo alguno, le echó en cara el haber menospreciado el criterio de la Iglesia
de impedir la lectura de la Biblia en lengua vulgar, «causa de todas las
herejías», así como su amistad con Melancton. Las expresiones que Enzinas
pone en boca de Soto describen con admirable precisión los sentimientos
del confesor, fanáticos pero sinceros, y sus' palabras no difieren de las
que infinidad de católicos, consecuentes con un punto de vista lamentable, lo mismo en
aquellos días
que hasta tiempos muy recientes,pronunciarían en circunstancias similares.
Dijole Soto a
Enzinas:
«Es cosa muy de
lamentar, y de la cual no puedo maravillarme demasiado, sabiendo que
sois joven y que no habéis estudiado mucho tiempo, que al principio de vuestra vida,
casi al comienzo de vuestros estudios, hayáis tropezado tan fuertemente, y hecho ya en
vuestra nueva profesión lo que otros ejercitados por una larga práctica no han
sabido hacer en toda una vida. Que si el esfuerzo y la vivacidad de ese
espíritu, en suma, si todos estos estudios no son cortados en hierba, hay gran
peligro de que produzcan un fruto pernicioso para la religión y para la iglesia, aun
antes de llegar a la madurez. Es una cosa que me es muy penosa ésta de predecir cosas
desagradables a quien yo hubiera querido ver hace tiempo mejor aconsejado. Pero
estoy constituido en este lugar y el deber de mi estado es tal que debo vigilar
toda la Iglesia más bien que la salvación de un hombre solo. No sé si podré con mi
industria o con mi diligencia detener, o al menos endulzar todos estos males
que os
están
preparados. Porque
os amo tanto como a otro cualquiera; y como antes os he ofrecido todo el favor
que pudiera, también ahora quiero que estéis seguro de mi afecto, tan grande como
el de vuestro mejor amigo. Mas, para deciros con franqueza lo que pienso, mucho me temo que
esa audacia de haber hecho así imprimir el Nuevo Testamento os acarree algún mal.»
Algo larga es
la cita, pero expone con mano maestra el tipo de razonamientos con que el
fanatismo religioso de todos los tiempos se autojustifica de cuantos abusos y
atropellos comete.
Francisco de
Enzinas probó
de defenderse con un piadoso y hábil discurso. Como puede suponerse, salió del convento
acompañado
por gente de armas en dirección a la cárcel. Era el día 13 de diciembre de
1543. .
PEDRO DE OSUMA-EL PRIMER PROTESTANTE ESPAÑOL-
HISTORIA
DE
LA
INQUISICIÓN Y
LA
REFORMA EN ESPAÑA
Samuel Vila
______________________________
3.
Pedro de 0suma.
Maestro y
catedrático
de Teología en Salamanca, es el primero que en la España de la Edad Moderna osa criticar
alguna enseñanza
de la Iglesia, muchos años antes de que se levantara Lutero. Por eso se le ha calificado del
Hus español.
Gozaba de gran fama en su época, tanta que un discípulo suyo, Antonio de
Nebrija, alaba
su ciencia, que dice sólo ser inferior a la de otro gran erudito, el Tostado. Pedro de
Osma, aparte de su labor docente en Salamanca y otros escritos filosóficos, dedicó
muchos años a la corrección
del texto original del Nuevo Testamento, mediante una recopilación critica de
manuscritos, por
lo cual puede considerársele como uno de los precursores del gran florecimiento de
la critica escrituraria
que tuvo lugar
más
adelante con Nebrija, Arias Montano y otros.
Sin embargo,
Pedro de Osma no se limitó a criticar los textos, sino que, en contacto directo con los mismos, no pudo
evitar, ante las sencillas verdades del Evangelio, que resaltara ante sus ojos
lo artificioso de las
elaboraciones dogmáticas de la Iglesia. Pedro de Osma era, además, lo
suficientemente valiente para proclama o en voz alta y así no vaciló en criticar también el
dogma. Su
libro herético que fue
causa de sus persecuciones
es De
Confessione, el cual se ha perdido, y era una ampliación de otro, el Quod
libitum, conservado
en la Biblioteca del Vaticano. Sus temas son la confesión, las
indulgencias, el poder de las llaves.
Afirma que los
pecados se perdonan por la sola contrición y no por el poder de las llaves, y que
la confesión no constituye un
sacramento. Que las indulgencias, consideradas como remisión de la pena más
leve, serán casi inútiles, puesto que las penitencias, decía, son actualmente
arbitrarias y muy ligeras. Afirmó que la Iglesia podía errar en cuestión de fe y que,
efectivamente, algunos papas erraron.
Ante doctrina
tan peligrosa para la Iglesia, el arzobispo de Toledo, Carrillo, convocó en 1479 una asamblea,
autorizada por bula papal y presidida por el obispo de su diócesis, en la
cual se condenó
la doctrina de
Osma por herética
y perjudicial. Todos los ejemplares que fueron habidos de su De
Confessione fueron quemados, e
incluso lo fue el púlpito en el que solía predicar. El autor fue obligado a abjurar de sus errores y se
le aplicó una moderada penitencia. Murió en el año siguiente.
No había desplegado actividad proselitista, así que careció de discípulos que
defendieran sus doctrinas. Estas no volvieron a brotar en España hasta que fueron
defendidas
de modo más
franco y decidido por los reformados. Por esto se le ha llamado también el
primer protestante
español.
LA CASA DE DOÑA CONSTANZA. EPISODIO DE LA REFORMA EN ESPAÑA.
LA CASA DE DOÑA CONSTANZA.
EMMA LESLIE
Traducción libre del frances
Publicado en Madrid 1894
EPISODIO DE LA REFORMA EN ESPAÑA.
CAPÍTULO PRIMERO.
Doña Constanza.
En todos tiempos la capital de Andalucía, Sevilla, ha sido
mirada como una ciudad sobremanera bella. Hoy mismo,
goza de un justo renombre, bajo ese aspecto. Mas en la épo-
ca de que vamos á ocuparnos en estos capítulos, entonces
cuando España, por sus riquezas, su comercio, su poderlo
político y la extensión de sus colonias rivalizaba con cualquier
otro pais de Europa, Sevilla era una población de la que sus
habitantes tenían derecho á estar orgullosos. Los moros, que
en ella se habían fijado desde el siglo VIII, la habían elevado
á un esplendor verdaderamente oriental. Naturaleza por su
parte ha sido muy pródiga de sus dones con ella.
Erigida en medio de sus jardines de naranjos, limoneros
y granados, con sus torres de mármol brillantes al reflejo del
sol, ofrece á las miradas del observador un espectáculo sor-
prendente. Los moros estaban de tal manera prendados de
ella, que no esperaban hallar en el cielo, que su religión les
prometía, una morada tan maravillosa.
Ese pueblo, ardiente y aficionado á la guerra, así como á
la industria, acabó por ser expulsado por Fernando III do
Castilla en 1248. No hablan quedado de él más que algunos
representantes, á los cuales se había dado más tarde, después
de su conversión al cristianismo, el nombre de «nuevos cató-
licos.»
Los «católicos viejos,» la crema de la caballería española,,
hablan tomado poco á poco posesión de sus casas, de sus.
palacios erigidos al estilo oriental, con sus grandes patios.
cuadrados, sus frescas fuentes, sus olorosas flores y sus árbo-
les frutales.
El elegante «patio» era el lugar de recepción de los con-
vidados y amigos. Ocupaba la parte central de la casa, y es-
taba separado del recinto exterior por puertas macizas de
hierro ó bronce. Alrededor del patio habia cuartos desamue-
blados, sin adorno, casi miserables comparativamente con el
esplendor que brillaba en el patio. Allí habia todo lo que pue-
de encantar y cautivar los sentidos. Un piso de mármol con
incrustaciones en mosaico, columnas igualmente de mármol,,
ó de pórfido con colgaduras de seda, una fuente con el surti-
dor transparente y musical, plantas exóticas de rara belleza
y de un perfume suave, que conservan en el ambiente una
deliciosa frescura: todo ello hace una estancia deliciosa y casi
enervante. Completábanla los divanes, los cogines, butacas y
sillas de todas clases, dispuestas con lujo.
Allí es donde las nobles damas conversaban de las mil
cosas que sirven de pasatiempo á la sociedad mundana, dis-
cutian sobre modas y trajes, daba cada una su opinión sobre
el uso nuevamente introducido de la mantilla, esa prenda de
cabeza de pliegues sencillos y graciosos, que aun en nuestros
dias usan en ocasiones solemnes las elegantes españolas; los
grandes señores por su parte discutían sobre los últimos acon-
tecimientos, y apreciaban cada uno á su manera la política
del hábil regente, el cardenal Jiménez.
Era la ocasión en que el joven príncipe Carlos, después
de haber recibido las lecciones del canciller de la Universidad
de Lovaina, Adriano, obispo de Tortosa, se preparaba á dejar
á Flandes para venir á tomar la dirección del reino en lugar
de su madre, la incapacitada Juana. Ya, de su propio impul-
so y sin consultar con nadie, habia agregado á su preceptor
á Jiménez, para que partiese con él la regencia. Este acto de
independencia y esta precoz ambición de reinar, que indica-
ban en él un carácter entero y autoritario, no habían tenido
lugar sin indisponer algún tanto contra él á la altiva nación
española, poco habituada todavía á un gobierno despótico.
Algunos miembros de la nobleza, que le habrían aceptado de
buen grado como el representante de su madre, le veían con
disgusto arrogarse el título, considerando esta manera de
obrar como una usurpación de poder y una amenaza á sus
libertades.
Pero lo que preocupaba muy particularmente los espíritus,
y era el tema de las quejas más sentidas, era el modo de pro-
ceder de la Inquisición.
SÍNTOMAS DE UN ATAQUE CARDÍACO
RETRASO MORTAL
Muchas víctimas náuseas y sudro frío .
Acaso les resulte difícil respirar. Quizá el intenso dolor empiece en el
pecho o irradie por los brazos o hasta el maxilar, y el corazón les
late irregularmente. La mayoría de las personas saben
que estos son los síntomas típicos de un ataque cardíaco, pero muchas
parecen ignorar que sólo hay una acción eficaz: llamar inmediatamente al médico...
Algunos creyéndose a punto de morir, aplazaron la llamada al médico para atender asuntos sociales o familiares. En varios casos ese retraso fue precisamente el que mató los pacientes. Time.
Selecciones del Reader´s Digest. Febrero de 1975
LIBERACION MILAGROSA DE FRANCISCO DE ENZINAS
HISTORIA
DE
LA
INQUISICIÓN Y
LA
REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA
5.
Francisco de Enzinas, en la cárcel. Su liberación.
El hilo de la
presente narración
lo seguimos
en las Memorias
del
mismo Enzinas. Este libro es de una gran viveza descriptiva, y tiene tanto o más valor aún por
los magníficos análisis que hace de sus sentimientos.
Todo él respira
ingenuidad y, por tanto, veracidad; con todo, es posible que el tono de sus
respuestas durante los interrogatorios a que fue sometido en la cárcel fuese menos
arrogante
del que después,
ya a salvo en Alemania, se complace Enzinas en emplear.
Cuenta en ellas
que a los pocos días de ser encarcelado sufrió el primer interrogatorio,
que llevaron a cabo personas del mismo Consejo Privado del emperador. Enzinas
reconoce que en todo momento fue tratado con deferencia y caballerosidad, lo
que, sin duda, era debido a las numerosas
amistades que sus parientes y aun él
mismo tenían en la corte y entre los magistrados de la ciudad, pero
que, a pesar de todo, es digno de destacar considerando la triste suerte de otros
que compartían
con él la cárcel, sospechosos o acusados también de herejía. Se le permitió
recibir numerosas visitas, no sólo de parientes, sino también de amigos, y es muy probable,
incluso, que hubiera sido soltado, de no interponerse el celo exacerbado de
Pedro de Soto, que a toda costa
quería
castigarlo.
Los meses
transcurrían
sin que se sustanciase el proceso, lo que tenían sumo interés en conseguir cuanto antes tanto él como sus
parientes, ya que de ser juzgado en Flandes o en España mediaba un abismo. Por
fin fue formalizada
la acusación,
en la cual constaban los siguientes cargos:
1. Ser muy
sospechoso y estar manchado de luteranismo.
2. Haber conversado con herejes.
3. Haber
alabado a Melancton y su doctrina y
haber sostenido proposiciones heréticas.
4. Haber hecho imprimir el Nuevo Testamento,
traducido por él mismo, en lengua
española,
contra las ordenanzas
del emperador y contra la opinión de muchas gentes de bien que le exhortaban a obtener privilegios y a
esperar la venida del emperador.
5. Ser autor y traductor de un libro muy peligroso titulado De la libertad cristiana y del libre
albedrío.
6. Haber comprado y tenido consigo un libro
titulado Epítome
de todas las obras de San Agustín, por Juan Piscator, libro que contenía muchas cosas
heréticas.
7. No poder
alegar ignorancia de que todas estas cosas eran contrarias a las ordenanzas y
edictos publicados frecuentemente en nombre de su Majestad Imperial.
Enzinas se
defendió
negándolo prácticamente todo, especialmente los tres últimos apartados.
Pero no llegó a pronunciarse
sentencia por haberse ausentado el emperador de Bruselas.
Entretanto -en
palabras de Enzinas-, «se publicó un edicto mucho más cruel que los anteriores. Las
leyes del
año 40
fueron renovadas y se les agregaron muchas otras más sangrientas todavía. Casi
en todas las ciudades
se publicaron dichos escritos en sangre. De incontinenti se desencadenó en Flandes, casi en
un momento, una
persecución
y carnicería tal de cristianos que jamás se había oído hablar de cosa
semejante». El Y
un buen día,
Francisco se acercó a la puerta interior de la cárcel, en Bruselas y, asomándose para mirar a través del enrejado de
la misma, se dio cuenta de que, al apoyarse en ella, giraban los pesados
goznes. Indeciso
de momento, la abrió al fin y siguió adelante. Asimismo estaba abierta la
segunda puerta, y también la última, que daba al exterior. Ya en la calle, «todo me era
sospechoso, me parecía que por todas partes estaba en peligro», dice Enzinas.
Sin embargo, Dios guió sus pasos hacia el hogar de un amigo que lo acompañó a
la muralla
de la ciudad. Y a la media hora de la evasión de la cárcel ya se había descolgado por el
otro lado de la muralla.
La misma noche llegó a Malinas y a la mañana siguiente a Amberes. Permaneció allí un mes y se dirigió, por fin, hacia
su amada Wittemberg.
Enzinas se
consideró
librado por un milagro. Y así hemos de considerar el hecho de que sus jueces decidieran
abrirle las puertas, según él mismo llegó a saber más adelante, cuando tantos perecían a
causa de su fe,
por aquellos días,
en los Países Bajos.
FRANCISCO DE SANROMAN-REFORMA EN ESPAÑA
HISTORIA
DE
LA
INQUISICIÓN Y
LA
REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA
3.
Francisco de Sanromán: el comerciante.
Al hablar de
Sanromán
viene al punto a la mente, por contraste, el recuerdo de otro de los
principales adalides
de la Reforma: Juan de Valdés. Sanromán es la antítesis de Valdés en muchos
aspectos: si en su vida éste fue cual un río que, deslizándose sosegado, fertiliza y
llena de vegetación sus riberas, Sanromán se nos presenta como impetuoso torrente
que se despeña
entre discos, de cascada en cascada, hasta alcanzar su inevitable
destino. Es tentador hacer un paralelo entre los dos.
Sanromán no es un erudito como el
famoso castellano, sino hijo de un comerciante y comerciante a su vez. No tiene
la elocuencia brillante y seductora de Valdés, sus refinados modales y sus poderosos e
influyentes
amigos, pero posee otras cualidades de que éste careció: un arrojo temerario, un
valor e intrepidez a toda prueba y un desprecio absoluto para toda clase de
penalidades. Valdés es verdaderamente un hombre del Renacimiento;
Sanromán es todavía uno
de los héroes de la Edad Media; apasionado, impulsivo, arrebatado por su ardiente celo,
inconmovible en la defensa de su causa; un caballero sin miedo y sin tacha que,
enarbolando su estandarte, muere en el campo de batalla. Es curioso, porque parece
como si se hubieran trocado los papeles que correspondieran a uno y a otro. El
de clara estirpe, dejando pasar los años en una vida plácida y tranquila; el comerciante,
el ciudadano, lanzándose a la lid con caballeresco ímpetu. Sin embargo, por diferentes que sean sus caracteres,
tienen un punto de coincidencia: su amor y fidelidad al Salvador. En Cristo
hallaron verdadera vida y satisfacción, en El
fueron todos sus goces y alegrías, a El
se consagraron por completo. Por
esto ambos
triunfaron: Valdés fecundando el movimiento de la Reforma con su pluma; Sanromán, con su propia sangre.
Sanromán nació en Burgos.
Era hijo del alcalde de Briviesca, comerciante rico y estimado. Estaba destinado a
seguir la misma profesión, entonces más azarosa que ahora, pues los géneros habían de
ser mercados
en ferias muy alejadas, incluso en el extranjero, con grandes riesgos para las
mercancías
y también personales.
Hemos de creer que Francisco de Sanromán gustaba de esa vida aventurera, llena de
riesgos, y que se
hallaba en su elemento entre bullicios de mercados y ferias, ya arreando una
hilera de mulas que acarreaban los
géneros
para su padre, ya navegando al golfo de Vizcaya al regresar de los puertos de
Flandes.
Aparte de una
referencia a él
en sus años mozos que nos hace Francisco de Enzinas en sus Memorias, diciendo que lo
había
tratado personalmente
en Burgos, no tenemos otras noticias suyas hasta_que se vuelven a encontrar con
Enzinas en Amberes. No sabemos si había ido allí comisionado desde
su patria o si residía en Amberes, como hace pensar Enzinas. En todo caso, durante su
permanencia en Flandes, a Sanromán no podía pasarle inadvertido que en el
país
estaban sucediendo cosas extrañas: sus habitantes -entre ellos
sus amigos comerciantes-, otrora atentos sólo a sus negocios, ocupaban ahora buena
parte de su tiempo discutiendo cosas de iglesia, como si se tratara de
ganar un mayor número
de florines y sin hacer demasiado caso de las autoridades españolas, que lo habían prohibido con
severidad. Todo esto era sorprendente.
Hemos de creer
que Sanromán,
como hombre religioso, católico por ser español, asistiría a la
Santa Misa con
mayor o menor frecuencia, no quebrantaría los ayunos y abstinencias prescritas,
pero no se calentaría tampoco la cabeza con cuestiones teológicas.
Sin embargo,
había
algo que todavía tenía que parecer más sorprendente a Sanromán. Los hermanos Enzinas,
estudiantes que residían en Amberes, de los cuales ya hemos hablado, no flamencos, sino burgaleses de rancio abolengo, criados en la más sana doctrina católica, estaban también contagiados de la
fiebre de sus conciudadanos
y no hablaban de otra cosa que de la nueva doctrina. Aunque ignoramos qué impresión produjo
en
Sanromán
su contacto con los Enzinas, es posible que éstos despertaran en él un más vivo
interés por las cuestiones
religiosas y, concretamente, por su salvación.
Sin
embargo, Sanromán
tuvo que dejar los Países Bajos por asuntos de negocio y dirigirse a Brema,
sede del
comercio nórdico.
Poco podía pensar el joven Sanromán que en la ciudad hanseática, a orillas del
Wesser,había de sentir una
vocación por la
que abandonaría
sus antiguos negocios.
PRISIONES DE SANROMAN-REFORMA EN ESPAÑA
HISTORIA
DE
LA
INQUISICIÓN Y
LA
REFORMA EN ESPAÑA
SAMUEL VILA
5.
Entrevistas con Carlos I, y prisión consecutiva de Sanromán.
En aquellos
tiempos Carlos I había convocado la Gran Dieta del Imperio, en Ratisbona, para tratar de
la defensa del mismo contra los ataques de los turcos. Se procuraba encontrar
un punto de coincidencia entre los dos partidos, el católico y el
protestante, para que, cejando en las disputas, se unieran los esfuerzos de la Cristiandad
en contra del común enemigo. Es probable que la actitud relativamente tolerante
que por esta causa mantenía Carlos hacia los protestantes hiciera concebir al decidido
Sanromán un gran proyecto.
Era, en verdad,
un plan extraordinariamente arriesgado, temerario, pero muy conforme a su carácter. Se trataba nada
menos que de convencer al emperador de que debía aceptar y apoyar él mismo la
Reforma en vez de perseguirla y, en todo caso, que dispensara mayor
tolerancia a los protestantes en los Países Bajos y Alemania. El plan era a todas
luces descabellado. Carlos, que había desechado los argumentos de Lutero y,
más adelante,
los del prudente y diplomático Melancton, no tenía otro propósito con los protestantes que aplastarlos si no se sometían íntegramente a
la Iglesia.
Si ahora procuraba una tregua era sólo para afrontar un peligro más urgente: el de los mahometanos.
No es probable
que Sanromán
se hiciera ninguno de estos razonamientos, ya que -dice Enzinas-
desde Amberes se dirigió a Ratisbona sin decir a nadie cuáles eran sus
intenciones, probablemente para evitar que sus amigos intentaran disuadirle
del propósito:
para su mente, el emperador tenía que conmoverse ante la verdad del Evangelio, que
él le
expondría con claridad, y, en todo caso, esperaba que sus súplicas servirían
para aliviar la
persecución
de los convertidos al protestantismo. El curso de los hechos mostró cuán
disparatado era el proyecto de Sanromán, pero hemos de reconocer que él, aunque
exaltado, procedía con corazón noble y generoso y era impulsado por la compasión y el amor hacia sus compatriotas.
Ya en Ratisbona,
sin recomendación alguna y sin ser conocido por nadie en la corte, tuvo
Sanromán la audacia de pedir audiencia al emperador, que le fue
concedida. Conducido ante su presencia, en una larga arenga le
expuso con valentía su modo de pensar y sus deseos. Carlos, no sabemos si
sorprendido por el atrevimiento o considerando que se trataba de un
desequilibrado, lo trató al principio con benevolencia. Su amigo Enzinas
expone " los hechos con estas palabras: «El emperador lo escuchó pacientemente y
le dio una respuesta muy amable, a saber, que tomaría a pecho todo ese
asunto y que lo pondría en buen orden. Francisco, después de haber oído la respuesta
del emperador,
concibió
grandes esperanzas.
Sin embargo, viendo muchos ejemplos de crueldad que los imperiales cometían en Ratisbona contra
los que tenían
la religión verdadera, sus esperanzas no le duraron mucho; más no perdió por ello el
coraje y, persistiendo en su intento, se presentó ante el
emperador por segunda vez, hablándole siempre con toda libertad y recibiendo siempre una
respuesta amable. Finalmente, como no cesara en su empeño y quisiera
hablar al emperador por cuarta vez, le fue impedido por los españoles, quienes
lo
hicieron prender y lo pusieron en la cárcel. Ellos querían, sin proceso alguno,
arrojarlo incontinenti
al
Danubio, pero el emperador se lo impidió. y ordenó que no se le hiciera ningún
mal, sino que se examinara diligentemente su proceso y fuera juzgado según las leyes del
Imperio. Así
pues, fue colocado, al fin, en un subterráneo, donde permaneció- atado y
encadenado hasta que el emperador volvió de África.»
Esta vez la
prisión
ya fue definitiva, aunque tampoco en estas condiciones -mucho peores
que las anteriores--le faltó el ánimo a Sanromán. Carlos, seguido de su corte, hizo muy numerosos
desplazamientos en sus dominios, y entre la comitiva había algunos carros
con presos encerrados, pendientes de causa, entre ellos Sanromán. En esta vía
dolorosa», Sanromán, en pos del emperador y de sus tropas, fue conducido a través de Alemania,
Italia y hasta por el norte de África.
RECUERDOS DE ANTAÑO-Pags. 23-26
RECUERDOS DE ANTAÑO
EMILIO MARTINEZ
MADRID
ESPAÑA
Pags. 23-26
— Pues, como decía — prosiguió Julián — , llegué a
Bayona, de donde salí sin novedad, y a poco me encon-
traba en la frontera, con las dos mulas que previamente
compré a unos contrabandistas. Dos medios se me ofre-
cían de pasar la frontera: o en compañía de estos defrau-
dadores de la Renta, o presentándome francamente en la
Aduana. El primer medio era el menos peligroso, pues
esas gentes penetran en España con gran facilidad; pero
como no es una sola la Aduana peligrosa, pues además
de la fronteriza se topan otras, el riesgo se corre al pasar
de Vizcaya para penetrar en Castilla, donde existe Adua-
na, lo mismo que al salir de Castilla para penetrar en An-
dalucía, esto sin contar los muchos portazgos. Así, enco-
mendándome a Dios, y como tenía y tengo en regla mis
papeles de embarque y desembarque de mis géneros de
Holanda, Cambray y León de Francia, en compañía de
otro muletero, a la Aduana fui en derechura. Eramos bas-
tantes los que solicitábamos despacho; a mi compañero
de viaje le registraron cuanto llevaba en sus cajas, y llegó-
me el turno. '
— ¿Y tú qué traes? — me preguntó uno de los guar-
das de vista.
— Pues lo mismo que el anterior; aquí tenéis los do
cumentos de compra y desembarque, y podéis comp
barlos con las existencias de mis cajas.
— Confieso, señores, que gran temor se había apode-
rado de mi ánimo. No por mi vida, que en nada estimo
y pertenece a mi Dios y Salvador Jesucristo, sino por mis
queridos libros.
— ¿Y qué sucedió? — preguntó con afán la señora de
Vivero.
— Pues que el vista me dijo: «No descargues, no des-
cargues, y paga los derechos conforme a lo que rezan tus
papeles. . . »
— ¡Ah! — exclamaron todos.
— Figuraos con cuánto gusto me sometí al pago, y. . .
providencia de Dios. . . por unas causas o por otras, poco
más o menos me ha sucedido en cuantas ocasiones aná-
logas me he encontrado.
— ¿Y en los mesones? — observó don Antonio.
— En los mesones no hay cuidado alguno. Se entra
por la noche y se sale por la mañana. Cuando me deten-
go en una ciudad como Palencia o aquí, cojo una muía
y salgo a dar una vuelta por los extramuros, volviendo al
mesón, donde, si no me interrogan, nada digo, y si me
preguntan, aseguro que no van mal mis negocios.
— ¡Loado sea Dios! — dijo el doctor, y añadió: — ¿Pero
ahora descansaréis unos días, que permaneceréis entre
nosotros?
— ¡Descansar! ¡No por mi vida! Salvo parecer más
atinado, yo opino que no es hoy el día del descanso para
el soldado de Cristo. ¿Cómo oueréis, señor, que descan-
se, cuando nuestros compatriotas están en las tinieblas?
No; hasta que Dios en ello sea servido, no me permitiré
descanso. Hoy es el día de obrar; aprovechémosle, que
Jesús nos dice que la noche se acerca «cuando nadie pue-
de obrar*. Es necesario «redimir el tiempo, porque los
días son malos». Satanás, revestido con la autoridad in-
quisitorial, se agita. Entrevé en España ciertos destellos
de luz evangélica que le deslumbran. Presiente algo, y
aunque hoy está desorientado, puede orientarse; antes
que ello suceda, probemos a echarle de España, huyendo
cual buho a quien ciega la luz del sol. Ciéguele al «padre
de la mentira» el brillante fulgor del Evangelio de Cristo.
Sí, señores; este miserable villano, este fingido buhonero
en quien nadie repara, esta cara que inspira compasión,
cuanto puedo, si algo puedo; cuanto valgo, si algo valgo;
cuanto soy, si algo soy, lo he puesto al servicio de mi
Señor Jesucristo.
— No poco trabajo me costó — prosiguió Julián des-
pués de una breve pausa—; no poco trabajo me costó
separarme de mis amigos y hermanos alemanes y espa-
ñoles; mas estimando que todo reformado, en los días
presentes debe trabajar por la Reforma (que es trabajar
a honra de Cristo), abandoné mi colocación de cajista y
me decidí a venir a España. El venerable Juan Pérez,
Francisco de Encinas y otros españoles me llamaban a su
lado; pero yo les dije: «Señores, vuesas mercedes, que
son doctos, que tienen el trabajo de su pluma acá, escri-
ban, escriban. Crujan las barras de las prensas al impri-
mir vuestros escritos; salgan impresos los pliegos, con-
viértanse en libros, que yo, por cuanto soy indocto, en-
traré en mi querida España y desparramaré en ella el
parto de la sabiduría de vuesas mercedes».
Imposible fué a los oyentes contenerse por más tiem-
po. Dando rienda suelta al reprimido entusiasmo que las
palabras de Julián produjeran, todos se abalanzaron para
estrechar al denodado campeón de la causa de Cristo.
-- ¡Me confundís, nobles señores, me confundís! . . .
¿Qué hago yo o qué soy para tal agasajo? — exclamaba
Julián, en extremo conmovido.
— Vos sois. . .
— Perdonad, señora. Os interrumpo porque tolerar
no puedo me tratéis de igual a igual, y vuesa señoría me
trata de vos.
— ¡Tan humilde como valiente! — exclamó el señor de
Ocampo.
— No os apenéis por tal cosa — contestó doña Leonor
de Vivero — ; ¿cómo no honrar a quien Cristo ha honra-
do, haciéndole, como a vos, parte de su gente santa, de su
pueblo escogido, de su sacerdocio real? Mas, dejando
iodo eso de lado, supongo no nos haréis un desaire de-
jando de aceptar lecho, mesa y aposento en esta casa, que
ya lo es vuestra,
— Me confundís, señora, con vuestras bondades, y
holgárame muy mucho en poder obedeceros. No, exce-
lente doña Leonor; lo que proponéis no debe ser puesto
en práctica. ¿Qué diría la malicia de la gente ociosa (y lo
es todo ministril del Santo Oficio) al observar que el vi-
llano, el muletero, se hospeda nada menos que en la casa
de los Cazalla? ... Ya sabéis que ni siquiera he permitido
se aloje mi mula en vuestra caballeriza.
— ¡Esto más! — exclamó el doctor.
— Aquiétese vuesa reverencia, señor doctor, que Jesús,
mi Maestro, para algo dijo: Ecce ego mitto vos sicut oves
in médium luporum. Estofe ergo prudentes sicut serpen-
tes, et simplices sicut columbee (1;, y no es muy prudente
que un vendedor, tras algunas horas de vagar de uno a
otro lado, regrese al mesón con la caballería harta y
sin sed.
— Tenéis razón — contestó Cazalla con tono conven-
cido — ; pero, a lo menos, creo que algunos días perma-
neceréis en Valladolid, y durante ellos nos haréis el pla-
cer de dejarnos gozar de vuestra vista.
— Eso ya es otra cosa: si no hay peligro en que yo
permanezca algunos días (pocos por eso) en Valladolid
me quedaré, porque deseo honrarme con el conocimien-
to de los hermanos, nobles o plebeyos, que forman la
Iglesia Reformada en la corte.
— Una de estas noches — interrumpió el señor de
Ocampo — quedará debidamente constituida la Iglesia
Reformada.
— Pues bien — continuó Julián — , siempre habrá tra-
zas para que yo sepa dónde y cómo he de asistir a esa o
a otra junta que se celebre.
— ¿En qué mesón paráis? — preguntó don Antonio.
— En El León Castellano, ahí cerca, en la Rinconada.
— Pues ya se os avisará.
Y después de una corta, pero afectuosa despedida,
(1) Mateo, X, 16. — No debe tomarse como fantasía novelesca el que Julián
hablase latín. En aquella época toda persona un poco instruida conocía y habla-
ba el idioma de Horacio, y no debe olvidarse que Julián era cajista de imprenta,
y en el siglo XVI se imprimía mucho en latín. — (N. del A.)
Julián salió de la casa y dirigióse hacia la antigua parro-
tjuia de San Miguel, que ocupaba por aquella época el
perímetro de lo que hoy es plaza, conservando el mismo
nombre de la parroquia.
— ¡Finas telas de Cambray!
Pero un buen observador hubiera podido notar que
así como Julián dejó a su espalda la citada parroquia,
dejó también de pregonar, como si no tuviese interés en
vender sus finas telas de Cambray,
MEMORIAS DE FRANCISCO DE ENZINAS- ESPAÑA
UNA PALABRA DEL TRADUCTOR
El autor de la presente obra, vertida ahora por vez
primera al idioma castellano, fué un joven literato espa-
ñol, que residía a la sazón en la casa de Felipe Me-
lanchthon, colega fiel de Lutero en la ciudad sajona de
Witemberg. Enzinas tenía unos veinticinco años, sien-
do hijo de una familia rica y noble de Burgos. Después
de varios años de estudio en la Universidad de Lovaina,
donde llegara por medios que ignoramos a convencerse
de la verdad de la fe evangélica enseñada por los refor-*
mistas alemanes, fué a estudiar a Witemberg (1541-
1543), y estando allí, en íntima compañía de Me-
lanchthon, tradujo el Nuevo Testamento del original
griego al castellano — la primera versión española de
los tiempos modernos. En la primavera del año 1543
volvió a los Países Bajos para sacar a luz la traducción;
pero como consecuencia de la oposición de las autorida-
des eclesiásticas a que el pueblo español tuviese la Biblia
en idioma vulgar, Enzinas fué echado a la cárcel, donde
tuvo que estar por unos quince meses. Después de
escapar de la prisión, volvió a Witemberg; y a pedido
de Melanchthon, escribió el presente relato de sus expe-
riencias durante los dos años de su ausencia.
UNA PALABRA DEL TRADUCTOR
El manuscrito, redactado en latín, no llegó entonces
a imprimirse, y hoy sólo quedan dos ejemplares: uno
completo, en la Biblioteca del Vaticano, y otro muti-
lado, en la del Gimnasio de Altona. Ya en el año 1558
apareció una traducción francesa, "escrita en tan bella
y castiza prosa, que algunos han visto allí la mano de
Calvino". 1 Esa versión francesa es la que sirvió de base
a la presente traducción castellana, editada por primera
vez en 1943, en el Cuarto Centenario de la versión del
Nuevo Testamento en idioma español.
Sobre el valor de la obra, permítasenos citar las pala-
bras del renombrado critico, Marcelino Menéndez y
Pelayo: "El mérito literario puede y debe encarecerse
mucho. Campan (el editor de la edición belga del ori-
ginal, 1862) ha dicho con razón que el libro de Enzi-
nas está en el más hermoso estilo del siglo XVI, que el
interés es poderosísimo, y que hay momentos de verda-
dera elocuencia. El autor poseía facultades narrativas y
dramáticas muy poco comunes, y dibuja vigorosamente
las situaciones y los caracteres, hasta el punto de dar a
sus Memorias toda la animación de una novela. Es de
los pocos españoles que han sobresalido en el género
autobiográfico." 2
A. F. S.
1 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos
españoles, 2* ed., tomo IV, pág. 294.
2 Ibíd., págs. 294-295.
PREFACIO A LA ANTIGUA
VERSION FRANCESA
AL LECTOR FIEL
Salud
Habiendo recobrado este libro en latín, escrito por un
autor bastante conocido por las gentes doctas, tanto
a causa de su piedad, manifestada en sus escritos y en su
conversación, como por su saber en las otras ciencias y
buenas disciplinas; sabiendo también que se debía dar a
luz en breve; yo me he preocupado de que no solamente
los que entienden la lengua latina, sino también el pueblo
común (a veces más cuidadoso de tales cosas que los
grandes y doctos), fuera hecho partícipe. Del fruto y la
utilidad que del mismo derive el lector, no hablaré de
antemano. Cada uno de los fieles puede pensar para sí:
si el martirio es el medio singular por el cual más progre-
sa el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, ¿cuánto es el
valor de los libros en los cuales, como en un espejo, se
nos representa al vivo un pobre fiel muriendo constante-
mente, y con corazón alegre, por la causa de la verdad, un
tropel de tiranos y satélites a su alrededor, un verdugo
ensangrentado, un fuego espantoso, un pueblo contem-
plando maravillado, y sin saber a quién dar la razón o
quitársela? Estas cosas, cuando las leo me conmueven
casi tanto como si las viera con mis ojos carnales. Lo que
creo les sucederá igualmente a todos los otros fieles. Pero
todavía, entre otras gracias y virtudes, este autor tiene
principalmente ésta, que entre las de un historiador no
debe ser considerada la más pequeña: que presenta las
cosas y las pone delante de nuestros ojos, ni más ni menos
que si se realizaran en nuestra presencia. Otra cosa que
también es grandemente digna de recomendación en este
libro, es que el autor no ha tratado las cosas de oídas, o
por díceres del pueblo, como se dice, sino con seguridad,
como en su mayor parte él las ha visto, sentido y expe-
rimentado. Hemos llegado a una época en que, cuando
alguna cosa no se oye de buen grado, se pregunta incon-
tinenti, ¿quién lo dijo? ¿cómo lo hizo? Lo que no es
enteramente de lamentar, con tal que no se haga más por
espíritu de contradicción que por cerciorarse de la verdad;
y de las cosas verdaderas muy a menudo tanto como de
las falsas; pero de este autor se podrá hacer tales pregun-
tas sin empacho. Porque él tiene renombre y buena repu-
tación entre las gentes de bien, y aun entre las malvadas
en lo que toca a sus vidas; y ha escrito cosas que ha
sabido, visto, experimentado y sentido. Siendo esto así y
como el asunto de esta historia es tal que en ella vemos y
contemplamos y consideramos las cosas que la distancia
de los lugares y nuestra edad no nos han permitido ver
con nuestros ojos corporales, y, sin embargo, son tan delei-
tables para la consolación del alma, tan útiles y necesa-
rias, yo espero y ruego a Dios que este libro pueda apro-
vechar, tanto a los fieles como al progreso de su Evangelio
y gloria, como lo han hecho en estos años pasados las
historias que han sido compiladas sobre asuntos semejan-
tes. En cuanto a los otros que pudieran leer este libro por
curiosidad, para saber los asuntos del mundo, de los
grandes señores, y cómo se gobernaban en materia de
religión, ruego a Dios les convierta ese corazón vanidoso
y ese espíritu de curiosidad, en un verdadero deseo de
conocer y seguir su salvación, a fin de que arrepintién-
dose y volviéndose a Dios, busquen de ahora en adelante
más las cosas de arriba que las de abajo, las cosas de Dios
que las de los hombres, y que reconozcan que es en un
solo Dios que es necesario confiar, y servirle y compla-
cerle, y no a los hombres. Ese Dios por su santa miseri-
cordia nos dé gracia, y a todos los fieles. Adiós.
MEMORIAS DE FRANCISCO DE ENZINAS-18-21
MEMORIAS DE FRANCISCO DE ENZINAS
Primeras semanas en Lovaina
De Frisia enderecé mis pasos a Lovaina, en cuyo lugar,
estando fatigado del camino, y quiendo saber cuál era
el estado de la religión, resolví ponerme privadamente en
comunicación con mis amigos y recrearme un poco con
ellos, antes de presentarme abiertamente. Pero debía suce-
18
MEMORIAS
der de muy otra manera. Porque cuando yo pensaba ha-
ber llegado al fin de mis trabajos, me sobrevino un nuevo
contratiempo. Mis antiguos amigos, que antes me habían
agasajado, y cuya amistad yo hubiera considerado como
la más firme, cuando recién llegué me pusieron buena
cara; mas sabiendo que venía de Alemania, y creyendo
por tal causa que olía a azufre, en el lugar que antes me
habían agasajado tanto, ahora con sólo verme temblaban;
y no temían sin razón, porque el día antes de mi llegada
a Lovaina se había encarcelado a veintiocho ciudadanos,
todas personas honestas y de buena reputación en la ciu
dad. El que ellos llaman Procurador general, con toda la
banda de fariseos que había reunido su gente habían ve-
nido a las diez de la noche para visitar las casas de los
ciudadanos, y habiendo entrado por la fuerza, habían
registrado todos los rincones, revolviéndolo todo, en bus-
ca, según decían, de libros sospechosos; para por esa sola
causa, y sin otra investigación, hacer morir a las pobres
gentes. Se había visto un cuadro lamentable. Los satélites
empujando las puertas de las pobres gentes, que cansadas
de su trabajo diario se habían entregado al reposo en sus
lechos, sin pensar, ni mucho menos, en semejante alarma.
Que si por ventura el padre de la familia, por haber tra-
bajado mucho, estaba más profundamente dormido, y no
acudía con presteza a abrir la puerta, incontinenti la
derribaban, y esos brigantes se llegaban por la fuerza
hasta el lecho del padre de familia. Allí sorprendían al
esposo y la esposa sin saber de qué se trataba. Allí esos
satélites, con audacia inaudita, a veces echaban mano del
pobre marido, según lo que les había sido ordenado; otras
veces, del marido y la mujer, y se los llevaban. Los rodea-
PERSECUCIONES
19
ban los pobres niños, que por sus llantos y gritos lamen-
tables parecían prever la desgracia de sus padres y la suya
propia. Sorprendidos por un espectáculo tan cruel, y vien-
do la casa llena de gente armada, de antorchas y teas,
reluciente con el brillo de las armaduras, de las espadas
desnudas y otras armas; viendo también cómo eran sepa-
rados sus padres y madres, arrojado el uno aquí y el otro
allá, y frecuentemente llevados (las manos atadas) fuera
de la casa, los pobres niños, aunque no supieran de qué
se trataba, más por un instinto natural que porque en-
tendieran, llenaban la casa de llantos, llamando a sus
padres con redobladas voces de: "¿Dónde vas, padre mío?"
"¿Dónde te llevan, madre mía?" "¿Quién quedará aquí?"
"¿Quién nos dará mañana de comer?" Y en recompensa
de ese afecto natural que no podían demostrar de otra
manera que con sus lágrimas, los pobres niños eran azo-
tados, se les tapaba la boca para que sus llantos no fueran
oídos por los vecinos, los cuales, advertidos de esa desgra-
cia, hubieran tenido piedad de sus amigos, o bien, te-
miendo algo parecido, hubieran podido ponerse en salvo;
lo cual hicieron muchos que, sintiendo venir los esbirros,
se tiraron prontamente fuera del lecho, y saltando en
camisa las paredes de sus casas, se salvaron de esta suerte.
Y, sin embargo, el furor de esos tiranos no se aplacó lo
más mínimo por esas muestras de naturaleza tan eviden-
te, que clamaban venganza contra semejante crueldad;
antes por el contrario se enfurecieron tanto más, viendo
que se descubría su intentona, que los que ellos buscaban
habían sido advertidos de su venida por la obscuridad de
la noche y por la diligencia de las personas de bien, y
20
MEMORIAS
que cuando llegaban a las casas las encontraban vacías y
sin habitantes. Por lo cual el Procurador general corrió
toda la noche con los suyos, inflamado de furor y de ira
contra la verdad, y su furor no se aplacó hasta que hubo
conducido a la cárcel a veintiocho ciudadanos, entre hom-
bres y mujeres, padres, hijos, maridos, esposas, hermanos,
hermanas y de toda condición: separándoles en diversos
lugares y prohibiendo que se dejara entrar a nadie a ellos,
ni el hijo al padre, el esposo a la esposa, o la esposa a su
marido; prohibió además que se les permitiera leer, escri-
bir o hablar con hombre alguno. Habiendo así procedido,
aquellos tiranos se reunieron gozosos en sus casas, como
quien ha cumplido felizmente sus tareas. ¡Oh crueldad
asombrosa, tal como jamás la hubo, ni memoria de hom-
bre recuerda que hasta el presente haya habido! ¿Qué
haces tú, Procurador general? Se trata de la vida de ciu-
dadanos muy de bien y de damas muy honestas. Tienes
prisioneros a los que por sus virtudes y buena vida han
dado buen ejemplo a toda la ciudad. No falta sino que
sean sentenciados definitivamente a morir quemados, en
vez de ser hallados dignos de seguir viviendo en este
mundo. ¿Mas qué han hecho? te pregunto. ¿Cuál es su
delito? ¿En qué han pecado contra ti o contra la repú-
blica? ¿A cuál de sus vecinos han ocasionado perjuicio?
¿Han querido despojarte de tus bienes? ¿Han ofendido
tu majestad, de hecho o con la más mínima palabra? ¿Han
impedido tu ganancia, tus empresas, tus pillerías? ¿Han
excitado alguna sedición en la república? ¿Han querido
saquear el tesoro público, quitar el cetro de manos de los
gobernantes o sentarse en su silla? ¿Has encontrado a
alguno de ellos con la espada ensangrentada, volviendo de
PERSECUCIONES
21
cometer algún asesinato? Nada menos cierto que todo
esto. ¿Y por qué te lanzas sobre ellos con esa furia? ¿Por
qué estimas a hombres de bien como dignos de ser encar-
celados, desterrados, extinguidos por la espada y el fuego?
¿Por qué no consideras más bien, tus propios engaños, tus
traiciones, homicidios, adulterios, latrocinios y pillerías
de que eres culpable? ¿Con qué cara osas aplicar esas
manos impuras y sacrilegas, con las cuales has saqueado
otrora lugares sagrados y no sagrados, forzado a tanta
gente injustamente y sin causa, robado las labores y su-
dores de los pobres, a prender ahora y aprisionar a tantas
personas de bien e inocentes? ¿No tienes miedo de que la
tierra se abra y te trague, que las casas, a las cuales osas
entrar para acrecer el colmo de tu maldad, caigan sobre ti
y te aplasten? Pero ellos son culpables de impiedad, dirás.
¿Cómo te atreves, tú o los sofistas de Lovaina (a cuya
instigación ejerces esta enorme crueldad), a acusar de
impiedad a aquellos que siempre han puesto el mayor
cuidado en conformar el curso de sus vidas, lo más exac-
tamente posible, a la Palabra de Dios, mientras tú y tu
banda, por el contrario, no cesáis de blasfemar y desfigu-
rar la verdadera religión con toda suerte de impiedades y
furia idolátrica? Y así es, a la verdad. Tú dices que ésta
es la voluntad del Emperador, y que las leyes ordenan
que los luteranos sean irremisiblemente sometidos al úl-
timo y más cruel suplicio. Y no se puede, ni se debe
alegar ninguna otra razón más que ésta.