viernes, 6 de mayo de 2016
PEDRO JOSE MARIA SALVADOR CASTAÑEDA CASTAÑEDA -Tio de JORGE UBICO Presidente de Guatemla
martes, 7 de junio de 2016
CARLOS BALAÑA LOPEZ 1881 Huehuetenango hijo de DON RAMON BALAÑA Y TERREL Y DOÑA SALOME LOPEZ
CARLOS BALAÑA LOPEZ
25 ENERO 1881
hijo de DON RAMON BALAÑA Y TERREL De Corundella, Tarragona, Catalunya, España
y de DOÑA SALOMÉ LOPEZ
HUEHUETENANGO
Guatemala
América del Centro
Demás hijos de DON RAMON BALAÑA Y TERREL
y de DOÑA SALOMÉ LOPEZ
JOSEFINA SARA CLORINDA BALAÑA LOPEZ 9 Abril 1879
SARA BALAÑA LOPEZ hija de Dn. Ramón Balaña y Terre...
ENRIQUE BALAÑA LOPEZ 29 Septiembre 1880
ENRIQUE BALAÑA LOPEZ 1880 Hijo de RAMON BALAÑA Y ...
"Carlos Balaña L.L. (Legitimo--Ladino)
sábado, 14 de noviembre de 2015
IMAGENES DE CALENDARIOS DEL AYER
IMAGENES DEL AYER
En casa de un estimado amigo huehueteco se encuentran unos cuadros con imagenes de calendarios antiguos.Con el paso del tiempo se estan decolorando. Hoy les tomé unas fotos. Espero les gusten.
domingo, 6 de marzo de 2016
CRISTIANOS RENACIIDOS ORANDO POR CIUDAD- CROC
Sábado 5 de Marzo de 2016 1.00 PM. .
Tu postrer estado será muy grandeJob 8:7
lunes, 23 de mayo de 2016
UNA REVELACION DIVINA DEL INFIERNO by Mary Katherine Baxter
del Infierno
by Mary Katherine Baxter
Queda Muy Poco Tiempo!
recuerda la necesidad que todos tenemos del milagro de la salvación.
Capitulo Título
Acerca del Autor
De Parte del Autor
Mary Kathryn Baxter.
1 En camino hacia el infierno
2 La pierna izquierda del infierno
3 La pierna derecha del infierno
4 Mas fosas
5 El túnel del temor
6 La actividad del infierno
7 El vientre del infierno
8 Las celdas del infierno
9 Los horrores del infierno
10 El corazón del infierno
11 Las tinieblas de afuera
12 Cuernos
13 El brazo derecho del infierno
14 El brazo izquierdo del infierno
15 Los días de Joel
16 El centro del infierno
17 Guerra en los cielos
18 Visiónes abiertas del infierno
19 La quijada del infierno
20 El cielo
21 La religión falsa
23 El retorno de Jesucristo
24 La llamada final de Dios
25 Visiónes del cielo
26 Una profecía de Jesús
Kathryn Baxter nació en Chattanooga, Tennessee. Ella fue criada en La casa de Dios. Desde muy joven su madre le enseñó acerca de Jesús y su salvación. Kathryn nació de nuevo a la edad de diecinueve años. Después de servirle al Señor por varios años, se alejó de sus caminos por un tiempo. El Espíritu del Señor no la soltó y ella regresó entregándole su vida al Señor nuevamente.
Ella todavía le sirve fielmente. A mediados de los años sesenta, Kathryn se mudó con su familia a Detroit, Michigan, donde vivió por un tiempo. Después, se mudó para Belleville, Michigan, donde comenzó a tener visiónes de Dios. Durante sus años en Michigan, estuvo bajo el liderazgo de los ancianos dentro de la familia de Dios permaneciendo fiel en todo. Los ministros, líderes y santos del Señor hablan con respeto sobre su minsiterio. El movimiento del Espíritu Santo es enfatizado en todos sus servicios y han ocurrido muchos milagros en ellos. Las demostraciones de los dones del Espíritu se han manifestado en sus servicios, mientras el Espíritu de Dios la dirije. Kathryn ama al Señor con todo su corazón, mente, alma y fuerzas y su deseo primordial es el de alcanzar almas
para Cristo. Ella esta casada con Bill Baxter desde hace más de 24 años. Ellos tienen cuatro hijos y seis nietos quienes la respaldan en el ministerio. Ella es una verdadera doncella dedicada al Señor.
Su llamado es especificamente en el área de sueños, visiónes y revelaciones. En 1983 ella fue ordenada como una ministra en la Iglesia de Dios del evangelio completo en Taylor, Michigan. Ella opera actualmente bajo la autoridad de La Iglesia de Dios Nacional en Washington, D.C. En 1976, mientras vivía en Belleville, Jesús se le apareció en forma humana, en sueños, visiónes y revelaciones. Desde ese tiempo ella ha recibido muchas visitaciones del Señor. Durante esas visitas
El le ha enseñado la profundidad, los grados, niveles y tormentos de las almas perdidas en el infierno. Ella también ha recibido visiónes del cielo, el período de la gran tribulación y el fin de los tiempos.
Durante un período de su vida Jesús se le apareció por cuarenta noches consecutivas. El le dijo que este mensaje es para todo el mundo. Se está planeando realizar una película en el futuro.
Yo reconozco que sin el poder sobrenatural del Señor Jesucristo, no se hubiera podido escribir este libro ni ningún otro que trate acerca de lo que ocurre después de la muerte. Jesús tiene la llave del infierno y ha pagado el precio para que nosotros podamos entrar en el cielo.
Descubrí que el escribir este libro ha sido una experiencia larga, solitaria, y exigente. Es más, se ha esperado varios años antes de que este libro sea revelado. Las revelaciones del Señor me llegaron en 1976. Se tardó ocho meses en ponerlo en papel. La escritura del manuscrito duró varios años y el colocar las referencias bíblicas paso a paso, demoró otro año. El terminar el libro tomó la mejor parte del invierno de 1982 y 1983. Además, Jesús me llevo al infierno por un período de 30 días, seguidos de 10 días de visita al cielo.
Ahora puedo ver que el Señor me estaba preparando para escribir este libro, pues desde niña tenía sueños acerca de Dios. Después que nací de nuevo, empecé ha sentir un amor muy grande por los perdidos y solo deseo ver que las almas se salven. Cuando el Señor se me apareció en el año 1976
me dijo que había sido designada para una tarea especial. El me dijo, “Mi hija me manifestaré en ti para sacar personas de las tinieblas hacia la luz. Porque el Señor Dios te ha escogido con un propósito, para escribir y registrar las cosas que te enseñaré y te contaré.
Te voy a enseñar la realidad del infierno, para que muchos sean salvos, muchos se arrepentirán de sus malos caminos antes que sea muy tarde. Tu alma será sacada de tu cuerpo, por mi, el Señor Jesucristo y transportada al infierno y otros lugares que yo quiero que veas. Yo también te enseñaré visiónes del cielo y otros lugares y te dare muchas revelaciones.”
Mary Kathryn Baxter
Marcus Bach ha declarado que los libros muchas veces son comos “hijos de La mente,” y eso es correcto. No es como los hijos de nuestra carne y sangre, sino, que estos niños creativos, nacidos por una decisión o casualidad, están destinados a tener su propia vida. Sus experiencias en el mundo se comparan favorablemente a cualquier otro de un ofrecimiento original. Todas las emociones humanas son de ellos. Y existe el temor de que algún día sean guardados en el estante y sean olvidados para siempre.
No así este libro, el cual creo que el Espíritu Santo ha dejado nacer para todo tiempo y para la eternidad. Las experiencias y el mensaje son de suma importancia para el cuerpo de Cristo. Yo creo que la unción de Dios descansará sobre este libro y ministrará a cada persona que lo lea.
Como pastor de la Hermana Mary Kathryn Baxter, respaldo completamente este libro así como su ministerio y oro a Dios para que bendiga este libro y lo distrubuya a fin de que millares de personas lleguen a conocer a Jesucristo como su Señor y Salvador.
Dr. T. L. Lowery
National Church of God
Pastor
martes, 24 de mayo de 2016
ALTA TRAICION EN RUMANIA Por Robert St. John
viernes, 8 de julio de 2016
BODA DE ARMIN KANTER MC KENNEY - DE ALEMANIA, CON MARIA URRUTIA 1907- HUEHUETENANGO
sábado, 3 de septiembre de 2016
MARZO.DICIEMBRE 1816 LADINOS VILLA HUEHUETENANGO 700-745
sábado, 19 de noviembre de 2016
"UN EUROPEO" EN LA MONTAÑA DE BARILLAS 1987
miércoles, 22 de junio de 2016
ERAZMO ARGUETA GONZALEZ- De México 1892
sábado, 29 de octubre de 2016
DIARIO DE DAVID BRAINER- 1 ABRIL 1743
ENTRE LOS INDIOS
Llegamos ahora a la parte de su Diario que relata su llegada al territorio de
los indios.
1 de abril de 1743
Cabalgué hasta Kaunaumeek, a unas veinte millas de Stockbridge, donde viven ahora
los indios en los cuales estoy interesado, y me puse a dormir sobre un montón de paja.
Estaba muy agotado por las angustias y luchas internas de todo el día y me pareció que
no tenía Dios a quien acudir.
7 de abril
Tuve la impresión de ser totalmente incapaz de hacer mi trabajo. Me pareció que no
haría nunca ningún servicio y no conseguiría nada entre los indios.
Día del Señor, 10 de abril
Me levanté temprano por la mañana y salí y pasé un rato considerable en oración y
meditación por el bosque. Predique a los indios, tanto por la mañana como por la tarde.
Se comportaron de modo sobrio en general dos o tres, en particular, parecían estar
bajo cierta preocupación religiosa, y hablé con ellos en privado; uno me dijo que “su
corazón había llorado por primera vez desde que me había oído predicar”.
20 de abril
Puse el día aparte para ayuno y oración e incliné mi alma ante “Dios para que me
concediera su divina gracia; especialmente para que mis aflicciones espirituales, mi
angustia interior, pudieran ser santificadas para mi alma. Y me esforcé también en
recordar las bondades de Dios para mi el año pasado, pues este es el día de mi
cumpleaños. Con la ayuda de Dios he vivido hasta aquí, y ahora he llegado a la edad de
veinticinco años; Mi alma se sintió afligida al pensar en mi esterilidad y mi frialdad por
haber vivido tan poco para la gloria de Dios eterno. Pasé el día solo en el bosque, y allí
derramé mi queja ante Dios. Oh, si Dios quisiera capacitarme para vivir para su gloria
en el futuro!
30 de abril
La presencia de Dios es lo que quiero. Vivo en un desierto triste y solitario en extremo,
a unas dieciocho millas de Albany, porque no se consideró apropiado que fuera al río
Delaware. Vivo con un pobre escocés; su esposa apenas puede hablar inglés.
Mi comida consiste e su mayor parte en budín, maíz hervido y pan cocido sobre las
cenizas, y algunas veces algo de carne y mantequilla. Mi cama es un montón de paja
puesto sobre unas tablas, algo por encima del suelo. Mi trabajo es duro y difícil en
extremo, viajo a pie una milla y media por caminos pésimos, casi diariamente y otra vez
de vuelta; porque vivo a esta distrancia de mis indios, No he visto una persona inglesa
en todo el mes. Esas cosas y otras circunstancias distintas, no menos incomodas, son lo
que me rodea.
En cuanto a frutos de mi trabajo aquí, no puedo decir mucho todavía. Los indios
parecen amables en general y bien dispuestos hacia mi y están muy atentos a mis
instrucciones, y parecen deseosos de que se les enseñen mas cosas. Supongo que dos
o tres están bajo alguna forma de convicción; pero parece que hay poca obra especial
del Espíritu divino entre ellos todavía, lo cual me produce muchas horas de desmayo en
el corazón, Algunas veces creo que Dios tiene preparadas abundantes bendiciones para
ellos y para mi, pero otras veces me siento completamente abrumado por la angustia.
18 de mayo
Mis circunstancias son tales que no tengo consolación de ninguna clase, excepto la de
Dios. No tengo a otros cristianos en los cuales desahogarme, o para comunicar mis
aflicciones espirituales, o para poder tener dulce consejo en conversación sobre las
cosas celestiales y unirme en oración conjunta. Los indios no tienen tierra en que vivir
excepto la que los holandeses han reclamado; y estos han amenazado echarlos. No
tienen consideración alguna para las almas de estos pobres indios; y por lo que podido
averiguar, los holandeses me aborrecen porque he ido a predicar a los indios.
15 de agosto
Pasé la mayor parte del día trabajando para procurarme algo con que alimentar al
caballo durante el invierno. No disfruté mucho bienestar esta mañana; me sentí mu
débil en el cuero durante el día, y pensé que este frágil cuerpo pronto se derrumbará
en el polvo, porque tuve algunos presentimientos definidos de una pronta entrada en
otro mundo.
Con este estado débil del cuerpo, no me preocupé en modo alguno por la falta de
alimento apropiado. Me veo forzado a ir a buscar el pan que como hasta diez o quince
millas, o enviarlo a buscar; y algunas veces es agrio y mohoso antes de que pueda
comerlo, es que compro cierta cantidad. Y luego no tengo ninguno durante días, por
falta de oportunidad para enviarlo a buscar, o no puedo encontrar mi caballo en el
bosque para ir yo mismo; y éste fue el caso de hoy; pero, por la bondad divina obtuve
algo de harina de maíz, con lo que mi hice tortas y las freí.
Con todo me sentí contento de mis circunstancias y totalmente rendido al Señor. E
oración gocé de gran libertad, y bendije a Dios por mis circunstancias presente como si
hubiera sido un rey; y pensé que me siento dispuesto a estar contento en cualquier
circunstancia. Bendito sea Dios!
Día del Señor, 28 de agosto
Estuve muy perplejo con algunos holandeses irreligiosos. Toda su conversación se
refirió a las cosas del mundo, lo cual era muy fatigoso para mi alma. Oh que infierno
sería el pasar una eternidad con hombres así! Muy bien dijo David: “Contemplé a los
transgresores y me sentí muy apenado.” Pero, adorado sea Dios!, el cielo es un lugar
en el que no entra nada impuro, Oh, cuanto deseo la santidad de este otro mundo!
Dios me prepare para él!
Viernes, 18 de marzo de 2016
1926 Madre e hijo fallecen en el parto MARIANO GALICIA-- Y PERFECTA ARGUETA DE GALICIA-
Y PERFECTA ARGUETA DE GALICIA
-Huehuetenango
"Mariano Galicia h. leg. lad.
"Perfecta Argueta de Galicia, Parto-26 años
martes, 3 de enero de 2017
MAS QUE LOS CENTINELAS A LA PRIMERA LUZ DEL DIA
130:5 Esperé yo a Jehová, esperó mi alma;
En su palabra he esperado.
130:6 Mi alma espera a Jehová
Más que los centinelas a la mañana,
Más que los vigilantes a la mañana.
jueves, 22 de junio de 2017
!CUAN AMABLES SON TUS MORADAS!
84:1 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!
84:2 Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová;
Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
84:3 Aun el gorrión halla casa,
Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos,
Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos,
Rey mío, y Dios mío.
84:4 Bienaventurados los que habitan en tu casa;
Perpetuamente te alabarán. Selah
84:5 Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos.
84:6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente,
Cuando la lluvia llena los estanques.
84:7 Irán de poder en poder;
Verán a Dios en Sion.
84:8 Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración;
Escucha, oh Dios de Jacob. Selah
84:9 Mira, oh Dios, escudo nuestro,
Y pon los ojos en el rostro de tu ungido.
84:10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos.
Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios,
Que habitar en las moradas de maldad.
84:11 Porque sol y escudo es Jehová Dios;
Gracia y gloria dará Jehová.
No quitará el bien a los que andan en integridad.
84:12 Jehová de los ejércitos,
Dichoso el hombre que en ti confía.
domingo, 31 de julio de 2016
ESPAÑOLES 1813 HUEHUETENANGO -Actualización 38
miércoles, 22 de febrero de 2017
EL OTRO CRISTO ESPAÑOL -003
EL OTRO CRISTO ESPAÑOL
Un Estudio de la Historia Espiritual
de España e Hispanoamerica
Por JUAN A. MACKAY
Ediciones
AlbaMéxico-Buenos Aires
Versión de GONZALO BAEZ CAMARGO1952
PRIMERA PARTE IBERIA Y LA EPOPEYA CATOLICA EN SUDAMERICA
Capitulo I EL ALMA IBERICA "El Africa empieza en los Pirineos". Esta frase de un famoso escritor francés jamás ha sido rebatida seria- mente por la vecina suriana de Francia. Y hay distin- guidos españoles contemporáneos que aun se sienten ufanos de lo que esa frase implica. Al sur de la barrera de montañas que separa la Península Ibérica del resto de Europa los panoramas característicos son africanos. Tam- bién los habitantes de esta región, especialmente de la mayor y más importante parte de ella que se llama España, pertenecen étnica v espiritualmente al continente africano más bien que al europeo, casi de la misma manera que Rusia pertenece a Asia. Seqún muchos antropólogos, el español es "el primogénito del antiguo africanO' del norte, que ahora es considerado generalmente como progenitor del elemento principal y más numeroso de la población de Europa". En tejido de su alma, que es la expresión más perfecta que se ha dado en la historia de lo humanamente primitivo V sin complicaciones, los hilos fundamentales no son célticos o fenicios, romanos o godos, sino iberos, y por lo tanto africanos. Don Miguel de Unamuno, el más español de los españoles, se gloriaba del parentesco de sus antepasados vascos con los berberiscos o cábilas del Mon- te Atlas. La invasión morisca, a la que siguieron ocho siglos de lucha defensiva, en el curso de la cual se trasmitió al defensor cristiano el alma islámica del invasor, hizo a España todavía más africana, v así fué dos veces verdad que España fué el don del cinturón marítimo de Noráfrica a Europa. Esa fué la misma faja costera que en los prime- The Spirit of Spain (El espíritu de España), G. Havelock EUis, pág. 29. ros siglos de la era cristiana dio a Europa las grandes figuras de San Agustín y Tertuliano. Guardémonos de despreciar a Africa como madre de razas. "El Continente Negro —dice el conde de Keyserling— posee más potencia creadora que cualquier otro del mundo. Todo lo que tiene su origen en Africa, sigue siendo siempre africano en mente y espiritu".- Al español se le ha llamado el eterno africano, v por su mediación se imprimió para siempre en las pampas y sierras de la América Hispana el sello inde- leble del Africa. ¿Cuáles fueron las grandes características de ese gran pueblo que convirtió la América del Sur en una proyección de Iberia? a) Intensa Individualidad La principal característica de la raza ibérica, ha sido la individuahdad única, llana y primitiva. El verdadero ibero es la quintaesencia del hombre natural, del hombre ena- morado primerO' y ante todo de la vida. Es un humanista, pero el suyo es un humanismo suigeneris. "Soy de carne sov de carne, no pintado", escuchó una vez Unamuno decir a un muchacho musitando, mientras pintaba figuras humanas en un mantel. Y estas palabras expresan un sentimiento favorito del gran pensador español que se con- sideraba a sí mismo como la encarnación genuina de su raza. Palabras que son símbolo de la verdad de que España es primaria v tenazmente de carne y de tierra. Su más profunda aspiración es ser carne y vivir una existen- cia plena, concreta y carnal más bien que la vida sublimada del espíritu. Tan vigorosa es la individualidad de un español ge- nuino, que éste se considera como igual, por nacimiento, a todos y cada uno de los demás hombres. La antigua forma de gobierno en España era una especie de "cesarismo democrático". Del pasado remoto han llegado hasta nos- otros cierto número de frases clásicas que expresan de admirable manera ese orgullo arrogante y ese sentido innato de igualdad que tan genuinamente caracterizan a " Diario de un Filósofo, Vol. I, pág. 23 de la ed. inglesa. ^ El niño se creía sin testigos. la raza ibérica. "Cada uno de nosotros vale tanto como Vos, y todos juntos valemos más que Vos", dijeron a su monarca un grupo de antiguos nobles españoles. "Tan caballeros somos como el rey, sólo que con menos dinero que él", es una expresión, igualmente luminosa, de ese sentido español primitivo de igualdad. Dicho tradicional de Cataluña, región que con tanta insistencia ha deman- dado su autonomía de España, es éste: "Todo catalán tiene dentro de él un rey." En el fondo de su alma, todo verda- dero hijo de Iberia se siente rey, un hombre aparte, un ser divinamente escoqido para una misión. Por ello es que el más humilde campesino de la Península trata a sus superiores sociales con la mayor y menos ceremoniosa naturalidad. No hay en su actitud nada de servil ni de rastrero. Por eso es que no nos causa sorpresa hallar que, histó- ricamente, España ha sido madre, no de ideas, que perte- necen al espíritu, sino de hombres, de hombres orgullosos y sanguíneos. Muchas de las obras maestras de Velázquez, el más qrande de los pintores españoles, son retratos de hombres, cada uno de los cuales ocupa por sí solo un lienzo enorme. Las artes de la escultura y la arquitectura en que España ha sobresalido tanto, son esencialmente artes masculinas. Aun la seráfica Santa Teresa escribía en una de sus cartas, que quería que sus monjas de su orden fueran, no mujeres, sino "hombres fuertes", y bas- tante viriles para "espantar a los hombres". Entre los grandes hombres de la España primitiva descuella Séneca el estoico, alma genuinamente castellana. Su ideario, tal como lo condensa Angel Ganivet, pene- trante estudioso del genio peculiar de su raza, es la más admirable expresión del espíritu español tradicional. "No te dejes vencer - — hace decir Ganivet a Séneca^ — por nada extraño a tu espíritu; piensa, en medio de los accidentes de la vida, que tienes dentro de ti una fuerza madre, algo fuerte e indestructible, como eje diamantino, alrededor del cual giran los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y sean cuales fueren los sucesos que sobre ti caigan, sean de los que llamamos prósperos, o de los * Keyserling relata, en el capítulo dedicado a España en su libro Europa, ima experiencia que ilustra perfectamente este rasgo. que llamamos adversos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, mantente de tal modo firme y erquido, que al menos se pueda decir de ti que eres un hombre". El supremo ideal de hombre en la edad de oro de la historia española era el soldado. Hasta los sacerdotes, frailes v monjas de ese período tenían el corazón y el talante de hombres sobre las armas. Bien se ha llamado a los grandes místicos españoles "caballeros a lo divino." Este ideal militar, que es la forma más natural de expresar una individualidad primitiva y enérgica, sirvió de instru- mento a la altiva voluntad de España y se convirtió en el celoso guardián de su honor. El país, como lo hace notar Jorge Borrow,^ no es fanático por naturaleza. Pero es, en cambio, terrible y fatalmente orgulloso, y siempre ha tenido en más su honor que su vida. No fué, sostiene Borrow, un fanatismo nativo, sino su orgulloso sentido del honor, lo que en un tiempo convirtió a España en carnicera rehgiosa y la hizo dilapidar su preciosa sangre y sus riquezas en las guerras de Flandes. Como hija selecta y privilegiada de la Roma Papal, se ha sentido obligada a demostrar que es digna de tan gran distinción. "Muera yo, pero sálvese mi honor", es un significativo La intensa individualidad del carácter español forma una especie de universal primitivo. Es una unidad sin diferencia, en la cual, como en la gran literatura que ha nacido de ella, no hay medios tonos. Es un extremo o es luces crepusculares. El español es incapaz de la ironía, ese delicado matiz en que es maestro eximio el francés. Forja semidioses con la alabanza y demonios con la execración. Por la misma ley de polaridad van siempre juntos Don Quijote y Sancho^ Panza por los caminos de la vida, y no es raro que el caminante español se convierta alternada- mente en uno y en otro. Los más notables personajes que la literatura y el arte españoles idealizan son españoles hasta la médula. Compá- rense, por ejemplo, los personajes de Shakespeare con los de Calderón de la Barca, el más genuinamente español de ^ Idearium Español, Ed. Espasa-Calpe, Arg., pág. 8. • La Biblia en España, Prefacio. los dramaturgos peninsulares, o la Madona de Rafael con la Virgen de Murillo. El inglés Shakespeare crea figuras humanas universales; el español Calderón, personajes en quienes se encarnan rasgos puramente nacionales. El ita- hano Rafael pinta Madonas tan idealmente humanas que de ellas desaparece por completo toda traza de raza o nacionalidad; el español Murillo pinta Vírgenes con el rostro de hermosas doncellas andaluzas. Esta ingenua v constante afirmación propia conduce inevitablemente al individuahsmo, e históricamente el ca- rácter español es la sublimación de esa cualidad. Se mani- fiesta, por principio de cuentas, en un insaciable impulso de adquisición v en la falta de instinto social. El hombre se convierte imperativamente en poseedor. La codicia del botín desempeñó no pequeño papel en las campañas del Cid y del Duque de Alba, y, por supuesto, según veremos después, en la conquista del Nuevo Mundo. Pero si se codiciaban las riquezas y las posesiones no era para acu- mularlas avaramente, sino para despilfarrarlas con lar- gueza; no se ambicionaban como instrumentos de trabajo sino como medio para emanciparse de la necesidad de trabajar, es decir, como instrumento para obtener la liber- tad, una libertad anárquica y caballeresca. Para un caba- llero español, trabajar era vergüenza, mendigar no. "Cri- men es el nacer pobre", dice uno de los personajes de Tirso de Molina. El mundialmente famoso científico espa- ñol, Ramón v Cajal, decía: "El ideal de todo español es obtener una pensión, después de unos cuantos años de trabajar, y, si es posible, aun antes de trabajar." Además, si se puede alcanzar la independencia personal por la es- plendidez del Estado o por un golpe de suerte a la Lotería Nacional, ¿para qué buscarla solamente por el trabajo? La falta de instinto social del español es otro de los fatales derivados de este su individualismo extremo. Si el instinto social significara únicamente el gusto de estar en compañía, de hacer libre tertulia en la casa o en el café con los amigos, discutiendo los problemas del universo, tendría que considerarse al español como el ser más so- ciable de la tierra. Pero en el momento en que la cálida espontaneidad de la sociabilidad se convierte en las frías y rígidas limitaciones que impone el unirse en una empresa común, se hace sentir inmediatamente la presencia del individualismo español. Esa repugnancia innata a mante- nerse juntos por obligación o por consentimiento mutuo sirve de base al problema del regionalismo español y ha estorbado siempre el buen éxito de empresas colectivas dirigidas por españoles.
viernes, 1 de abril de 2016
SE BUSCAN GUERREROS DE ORACION HOMBRES Y MUJERES JORNADAS DE ORACION POR HUEHUETENANGO
33 grados
SE BUSCAN GUERREROS DE ORACION
Alza su voz en las plazas; 21 Clama en los principales lugares de reunión;
En las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones. Proverbios
viernes, 16 de junio de 2017
ACALLADA MI ALMA
De él viene mi salvación. Salmos 2
Más que los centinelas a la mañana,
Más que los vigilantes a la mañana
Sal 130:6
viernes, 24 de febrero de 2017
EL OTRO CRISTO ESPAÑOL - Pags- 30-31
EL OTRO CRISTO ESPAÑOL
La tendencia a no reconocer jamás un error es una ex- presión más de esa característica. El honor y el respeto propio parecen exigir que, una vez adoptada una posición, se aferré uno a ella aun cuando se llegue al convencimiento de que es errónea. En esto han de hallarse las raíces de muchas infortunadas divisiones en el seno de la familia latinoamericana, y también uno de los factores que difi- cultan la cooperación entre naciones hermanas v entre los diferentes grupos que forman la misma nación. Este sen- tido peculiar de honor caballeresco se halla oculto en los más primitivos hondones del alma ibérica. Dice Guillén de Castro en Las Mocedades del Cid: Procure siempre acertarla el honrado y principal, pero si la acierta mal, defenderla y no enmendarla. b) Predominio de la Pasión Junto con esta vigorosa, primitiva y casi salvaje afir- mación de sí mismos, propia del carácter ibérico, v que acabamos de analizar en sus varias facetas y resultados, aparece el predominio de la pasión sobre la razón y la voluntad. Todas las conquistas de la raza ibérica, así como todos los desastres que ha sufrido, no han sido el resultado de un sereno razonar, en que se haya calculado cuidadosamente la correspondencia entre los medios y los fines, ni han sido consecuencia tampoco de una tenaz perseverancia en un plan de acción convenido de ante- mano como el mejor, sino han sido siempre el producto de un impulso volcánico engendrado por la explosión repentina de un sentimiento dominante. Don Quijote, para un español, está sumamente lejos de ser un personaje cómico, pues en las hazañas del caballero mancheqo ve expresado su propio íntimo ser v el de su pueblo. La grandeza de ambos ha consistido siempre en las quijota- das, los actos de lealtad ciega, temeraria e impremeditada a ideas que momentáneamente se apoderan de ellos. La presencia de la pasión, en forma la más humana y romántica, se pone de manifiesto en la influencia que sobre los qrandes santos españoles ejercieron los ideales de la caballería medieval. Raimundo Lulio era soldado y enamorado antes de convertirse en santo y en el "caba- llero andante de la filosofía." La lectura de novelas de caballería andante y no las vidas de las santos era el principal pasatiempo de Santa Teresa, cuando niña, y hasta el fin de su vida jamás cesó de ser una enamorada. El amor de Teresa por Cristo, su Divino Esposo, se hizo más y más apasionado y romántico a medida que su edad avanzaba. También Ignacio de Loyola empezó su vida como sol- dado y enamorado. Gravemente herido en la batalla de Pamplona, sintió deseos de distraer su aburrimiento, du- rante los primeros días de convalescencia, leyendo sus romances favoritos. Mas, como sucediera que ninguno de ellos había a mano, le trajeron una Vida de Cristo y la Flos Sanctorum, colección de las vidas de los santos. Antes de curarse por completo, Loyola se convirtió. Poco des- pués, el ex soldado, ahora inválido, se dirigía cojeando a una capilla de la Virgen en Montserrat. Al caer la noche, fué secretamente a la casa de un pobre, a quien obsequió con las vestiduras que llevaba, v se vistió en lugar de ellas con un tosco hábito que para el propósito había comprado. Cubierto con su nueva vestimenta, se pre- sentó ante el altar de la Virgen. El obieto de esta visita, y lo que tuvo luqar en la capilla, lo describe el primer biógrafo de Lovola, Rivadeneyra: ". . .como hubiese leído en sus libros de caballerías que los caballeros noveles solían velar sus armas, por imitar él, como caballero nóvel de Cristo, con espiritual representación aquel hecho ca- balleroso, y velar sus nuevas y al parecer pobres y flacas armas, mas en hecho de verdad muy ricas y muy fuertes, que contra el enemigo de nuestra naturaleza se había vestido, toda aquella noche, parte en pie y parte de rodi- llas, estuvo velando delante la imagen de nuestra Señora, encomendándose de corazón a ella, llorando amargamente sus pecados y proponiendo la enmienda de la vida para adelante". 11 Un pueblo en quien la pasión predomina, tiende inevi- tablemente a dar a sus ideales una expresión personifi- cada. Evidencia de este principio es el culto de la Virgen en el cristianismo español. En ninguna parte como en Es- paña y sus antiguas colonias ha ocupado la Virgen una posición religiosa tan central ni se ha proclamado con tanta insistencia y defendido con tanto afán la doctrina de la Inmaculada Concepción. La Virgen es el símbolo del innato sentido español de la juventud y la pureza. Esta es una de las más acertadas percepciones de Angel Gani- vet al interpretar el alma de su pueblo. "Muchas veces — ^dice Ganivet^ — , reflexionando sobre el apasionamiento con que en España ha sido defendido v proclamado el doqma de la Concepción Inmaculada, se me ha ocurrido pensar que. . . acaso ese dogma era el símbolo, ¡sím- bolo admirable!, de nuestra propia vida, en la que tras larga y penosa labor de maternidad, venimos a hallarnos a la vejez con el espíritu virgen. . . El dogma de la Inma- culada Concepción se refiere, es cierto, al pecado original, pero al borrar este último pecado da a entender la suma pureza y santidad. . . Preguntemos uno a uno a todos los españoles, y veremos que la Purísima es siempre la Vir- gen ideal, cuyo símbolo en el arte son las Concepciones de Murillo. El pueblo español ve en ese misterio, no sólo el de la concepción v el de la virginidad, sino el misterio de toda una vida. Hav un dogma escrito inmutable, y otro vivo, creado por el genio popular". i- Debe añadirse, al mismo tiempo, que el pueblo espa- ñol pudo idealizar aapsionadamente a la Virgen y España, " Rivadeneyra, Vida de Ignacio de Loyola, Col. Austral, Espasa- Calpe, pág. 32. " Idearium Español, págs. 7, 159, 160. debido, en último análisis, a su concepción esencialmente no ética del pecado. No hay nada en la literatura espa- ñola que corresponda a esa agonía de la conciencia que es tan común rasgo en los autores rusos v anglosajones. El español teme la muerte, no el pecado. Es su carencia in- herente del sentido del pecado lo que abrió el camino a la creación, de una figura femenina, sin pecado, a la cual acudió más tarde la conciencia religiosa española en busca de seguridad personal en esta vida v en la otra. En la esfera secular, la apasionada afirmación de la virginidad se ha manifestado en años recientes en rela- ción con los movimientos de la juventud en España y Sudamérica. La juventud de las generaciones anteriores, dice un estudiante español, José López Rey, se asociaba simple v solamente con lo que era pintoresco, efímero y anecdótico. Quedaba reservado a la nueva generación juvenil el afirmar el impulso esencialmente creador de la juventud. La juventud actual, añade, refiriéndose a la de España, se encuentra muv lejos de la mezcolanza multi- color e irresponsable que constituía la juventud de antaño. Hemos substituido la nota de color por medio de la cual se expresaba ésta, con la pureza esencial de la escultura. Hemos reemplazado la anécdota con el propósito. En vez de sentirnos excursionistas en los dominios de la juventud, nos afirmamos como' sus ciudadanos. Y exclama luego* No sentimos la juventud como una luz que ilumina sola- mente un movimiento de nuestra vida, sino como una fuerza que da forma a la vida en su totalidad. Es decir, la nueva generación de España está resuelta a ser apa- sionada y eternamente joven. Uno de los documentos más interesantes y significa- tivo en la historia de la cultura sudamericana es el Ma- nifiesto de los estudiantes de la vieja Universidad argen- tina, de Córdoba, que en 1918 dirigieron "a los Hombres Libres de Sudamérica", como señal de rebelión contra el régimen universitario tradicional. Ese documento es un ultimátum genuino del alma ibérica, impregnado de la tristeza, la infinita aspiración y el romanticismo, y la pa- " Juventud: Conferencia de Luis Jiménez de Asúa y Réplica de José López Rey, págs. 122-124. sión humana característica de uno de los grandes pueblos en quienes esa alma encarnó en el Nuevo Mundo.
lunes, 3 de abril de 2017
LA ENTRADA AL CIELO
domingo, 5 de marzo de 2017
miércoles, 22 de junio de 2016
CONSUELO PALACIOS SALGADO DE MÉXICO- HUEHUETENANGO 1893
Consuelo Palacios En la Ciudad de Huehuetenango a veinte de Noviembre de mil ochocientos noventa y tres, compareció Micaela Salgado dando parte que el quince del corriente nació Consuelo , hija lejítima de Braulio Palacios y Matilde Salgado, ladinos del estado Mejicano.
miércoles, 25 de mayo de 2016
LA MAESTRA QUE CAMBIABA VIDAS 1944 Por Dorothy Walworth
Por Dorothy Walworth
martes, 28 de marzo de 2017
LIBRO DE BARUC. Biblia de Jerusalén, (Edición Católica)
sábado, 30 de julio de 2016
ESPAÑOLES 1813 HUEHUETENANGO Actualización 34
1769 44 años
MANUELA SANTIAGO Española
1777_ 36 años
PEDRO CIFUENTES SANTIAGO Español
1794_19 años
YGNACIO CIFUENTES SANTIAGO Español
1797_16 años
JULIO CIFUENTES SANTIAGO Español
1799_ 14 años
MANUEL CIFUENTES SANTIAGO Español
1801_12 años
FRANCISCO CIFUENTES SANTIAGO Español
1803_10 años
NICOLASA CIFUENTES SANTIAGO Española
1805_8 años
PERFECTA CIFUENTES SANTIAGO Española
1806_7 años
MARÍA CIFUENTES SANTIAGO Española
ANA MARÍA CIFUENTES SANTIAGO Española
domingo, 17 de julio de 2016
ESPAÑOLES 1813 VILLA DE GUEGUETENANGO Actualizacion Parte 3
MARIA TRINIDAD DE SAN JOSE MORALES Española
domingo, 26 de junio de 2016
DOCUMENTO 1813 - SAN CRISTOBAL-SAN ANDRES XECUL-- OLINTEPEQUE- SAN LUIS SALCAJÁ-
domingo, 23 de abril de 2017
EL SOLDADO JAPONÉS VISTO DE CERCA- 1943
El soldado japonés visto de cerca
(Condensado de «Infantry Journal»)
Por el teniente coronel Warren J. Clear
del cuerpo de Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos
Selecciones del Reader´s Digest
FEBRERO DE 1943
EL SOLDADO JAPONÉS mide, por termino medio, un metro y veinte centímetros de estatura, v pesa alrededor de cincuenta y tres kilos. De su paga, equivalente a un dólar y veintiséis centavos, le quedan todos los meses nueve centavos, para que los gaste como mejor le parezca. Si el caso lo pide, hace jornadas de cuarenta y ocho kilómetros, llevando a cuestas equipo completo, y sin más ración que un puñado de arroz y unos trocillos de pescado ahumado. Como combatiente, es de los más valerosos del mundo.
Tal es el enemigo que tienen enfrente los soldados de las Naciones Unidas. Cuerdo será conocerlo lo mejor posible. «En saber lo que somos, y en saber lo que es nuestro enemigo, está el secreto de la victoria,» dice el general Sadao Araki, el genio del mal de la nación japonesa.
Por haber servido en las filas del Ejército japonés, sé muy bien la clase de hombres que lo forman.
En Tokio, cuando el gran terremoto del 1 de septiembre de 1923, vi turbas frenéticas de japoneses que asesinaban a miles de inofensivos coreanos. Lo que encendía su sed de sangre, era el rumor de que en Corea estaban fraguando invadir al Japón, para vengar los muchos ultrajes recibidos. Blandiendo los temibles sables japoneses y las lanzas de bambá, cortantes como una navaja de afeitar, de que iba armada, la multitud se dispersó por la ciudad, ávida de matanza. Me tocó oír los alaridos de los coreanos — hombres, mujeres, niños — a quienes despedazaron ante mis ojos.
Para explicarse tan cruel barbarie, hay que acudir a la historia. El japonés de nuestros días es descendiente y heredero legítimo de los hombres que figuraron en aquellas feroces guerras intestinas que, siglo tras siglo, convirtieron el territorio del imperio insular en vasto campo de batalla empapado de sangre. La espada del guerrero segaba, entonces, por igual la cabeza del magnate poderoso y la del plebeyo desvalido. Porque la vida humana valía muy poco en esa época de las interminables contiendas cíe los clanes; y era ley que el vencedor no diese cuartel al vencido.
En el siglo XII, cuando el clan de los tairas guerreaba contra el de los minamotos, ambos decapitaban a los prisioneros, sin distinción de sexo ni edad. En 1598, cuando la invasión del continente asiático por Kato, los soldados de éste, no contentos con haber decapitado 38-700 chinos y coreanos, les cortaron orejas y narices, las pusieron en salmuera y las enviaron a Kioto. Aún existe en esta ciudad un túmulo que llaman de La Oreja.
Hasta 1870, fue costumbre entre los japoneses decapitar a los enemigos que caían en sus manos. De hecho, las bajas sufridas por el enemigo en una acción de guerra se computaban por el número de cabezas cortadas.
No registra la historia persecuciones más espantosas que las del caudillo Iyeyasu contra los misioneros cristianos y los japoneses conversos. Los enterraban vivos; los ataban de brazos y piernas a bueyes que tiraban de ellos en opuestas direcciones, hasta descuartizarlos; los metían, por parejas, en grandes talegos arroceros, a los que prendían fuego después de haberlos amontonado. La crueldad que se complacía en la ejecución de todas estas atrocidades, sigue siendo atributo característico del soldado japonés de nuestros días.
ME ERAN CONOCIDOS todos estos antecedentes, y hasta había aprendido el idioma japonés medianamente, cuando salí de Tokio para Aizu-Wakamatsu, en el centro del norte del Japón, a incorporarme a la segunda división del Ejército imperial.
Lo primero que vi en el cuartel general de Aizu-Wakamatsu fué esta inscripción sobre el dintel de la puerta: «Recuerda que la muerte es más ligera que una pluma, pero que el deber es más pesado que una montaña ».
El general Hayashi me presentó a sus oficiales. Pasamos luego a una sala en que había un retrato del Emperador. El general y los oficiales se inclinaron con profunda reverencia, y permamecieron así, en silencio, un minuto.
A la mañana siguiente, tocaron diana a las cinco. A las cinco y media, recibieron su primera instrucción militar los reclutas, mozos todos ellos recién llegados del campo.
Abramos una de esas cabezas amarillas y veamos lo que contiene.
En primer lugar, el más humilde campesino sabe que desciende de los dioses. En eso cree a pies juntillas, como lo creen sus ochenta millones de paisanos. Le han dicho, además, y no lo duda, que su Emperador es el Hijo del Cielo, el Ser Supremo, un dios encarnado. Hasta el mismo retrato en que aparece el diminuto Hirohito, con sus humanísimas gafas, participa de ese carácter divino. Centenares de japoneses han sacrificado la vida por salvar el venerando retrato de las llamas que amenazaban devorarlo junto con el edificio en que se hallaba. Ha habido directores de escuela que, por salvar la efigie del Mikado, han dejado perecer a los niños entre las llamas: Otros han cometido harakiri para castigarse por haber fracasado en su empeño.
Al recluta se le prepara, además, por largos años de trabajo y disciplina. Ni en Italia, ni en la misma Alemania, está la vida del pueblo sometida a régimen tan riguroso como en el Japón. Antes de entrar en filas, el recluta se ha pasado años y años oyendo en la escuela relatos enardecedores de nobles actos de fidelidad, abnegación y sacrificio. En todas partes, en el hogar, en el templo, en la escuela, en el cuartel, se modela el espíritu dúctil de los muchachos por el patrón del Ejército. El niño principia a recibir enseñanza militar a los seis años cuando, con su primera mochila a la espalda, da la vuelta al patio de la escuela marchando a paso regular y entonando canciones bélicas. A los doce, le ponen un uniforme, le dan un fusil liviano y le hacen tomar parte todos los años en maniobras donde se emplean piezas ligeras de campaña y granadas de mano. A los quince, tiene que arrojarse pendiente arriba, lanzando gritos de guerra, al cargar a la bayoneta en simulacros de combate. Un año después, conduce tanques de madera por los campos aledaños a la escuela. A los.deccinueve, ya ha hecho marchas de 40 kilómetros en un día, con el batallón de la escuela, llevando fusil y equipo completo; ha abierto trincheras y tendido alambradas; ha aprendido a dibujar croquis; ha vadeado con el agua al pecho, arroyos vadeado y riachuelos casi helados; ha chapoteado en el fango; ha tenido que cocinar muchas veces su puñado de arroz en la marmita de campaña, sobre una fogata. De regreso a la escuela, después de varios días, vuelve a su horario de estudiante, en el cual figuran la esgrima y la lucha libre, que se practican todas las mañanas a las seis, tanto en verano como en invierno.
LA MANERA como despiden en el Japón a los reservistas movilizados, contrasta con el poco caudal que se hace de estas ocasiones en otros países. Me tocó presenciar una vez la ceremonia en que todos los habitantes de una aldea se habían congregado para rendir homenaje a' cincuenta vecinos que partían a la guerra. El alcalde, subiendo a una tribuna, empezó a arengar a los allí reunidos.
«La piel del leopardo muerto se convierte en trofeo en manos del hombre,» les decía. «Así también, la gloria del guerrero será riqueza para sus hijos después que él muera. El Ejército se encargará de vuestros hijos; en sus filas se lesinfundirá ese valor que ha de hacer que acometan como leones al enemigo. En momentos de crisis nacional, nuestras vidas no significan nada; los tesoros, por inmensos que sean, valen lo que el polvo de las calles. Todo súbdito del Imperio, hasta el último; todo el suelo del Imperio, hasta el menor puñado de tierra, pertenecen al servicio del Emperador; son del Emperador» .
Vi después a los mismos reservistas formados en el patio del cuartel donde iban a entregarles sus fusiles. Un mayor empezó a llamarlos uno por uno, para que se dirigieran al armero cerca del cual estaba el capitán, comandante de la compañía. Al llegar frente al capitán, que tenía ya en las manos el arma que debía entregarle, el reservista se inclinaba respetuosamente antes de recibir su fusil, lo recibía; tornaba a inclinarse, y marchaba luego a ocupar su puesto en el pelotón.
No es poca la importancia que tiene, desde el punto de vista del espíritu militar, esa ceremonia en que el hombre se inclina con respeto ante el arma que le entregan para que se sirva de ella como soldado.
La práctica de marcha que efectuó el regimiento a los pocos días, me puso al tanto de otra faceta del carácter de los japoneses.
Habíamos salido al amanecer. Llevaríamos recorridos ocho kilómetros, cuando se me ocurrió preguntarle al teniente Hirose, mi ayudante, cuál era el término de nuestra jornada.
—El regimiento subirá a la cima del monte Bandai y volverá hoy mismo al cuartel—me contestó.
El monte Bandai tiene 3,700 metros de altura. Yo estaba recién salido del Hospital de San Lucas, de Tokio, donde unas hemorragias del estómago me ha-bían obligado a permanecer cuatro meses. El sol picaba ya de firme. Empecé a sentir que la mochila pesaba más y más, a medida que la pendiente se hacía más fragosa y empinada. Me latía violenta mente el corazón. Empezaba a faltarme el resuello. Por fin, le dije a mi ayudante:
—Teniente, hágame el favor de darle parte al señor comandante del regimiento de que me retiro de la marcha y me vuelvo al cuartel.
El teniente me miró con expresión casi colérica.
—Si mi mayor no se siente capaz de subir al Bandai-San—me dijo con visible emoción—, tendré que pedir mi relevo. No puedo exponerme a las burlas de todo el regimiento, que se reiría del ayudante de un jefe que, al parecer, no es hombre capaz de resistir fatigas. Lo siento mucho, mit mayor-, pero en nuestro cuerpo de oficiales se nos exige a todos que seamos fuertes—
Comprendiendo que no era sólo mi buen nombre, sino el de mi Ejército también, lo que estaba en juego, resolví seguir adelante. La cara del teniente se iluminó, entonces con una sonrisa que le abría la boca de oreja a oreja.
— Ha resuelto usted seguir marchando a la par de los soldados japoneses?—me preguntó con gran cortesía.
Aquella ascensión de once kilómetros hasta la cima del BandaI, fué cosa de pesadilla. No resultó mejor el descenso. Sin embargo, no hubo un solo rezagado.
CUANDO las unidades de la II División empezaron a prepararse para las grandes maniobras, mi regimiento tenía que pasar en el terreno casi todos los días, y no pocas noches. Jefes, oficiales y soldados dormían en el duro suelo, envueltos en sus capotes. La ración era la de campaña, que resultaba peor que el rancho, con todo y ser éste malísimo.
En guarnición, la tropa se desayunaba con una taza de puré de soya; almorzaba con arroz, al que se añadía a veces un poco de pescado en escabeche. La comida se componía de pescado crudo, arroz, remolacha y saké.
Al compararlos con los que el soldado recibe en campana, estos alimentos resultan un banquete. La cocina de campaña es artículo de lujo para el Ejército japonés. La gente ha de contentarse con carne de conserva, que come fría, tal como sale de la lata, y pan de munición. A veces se añade a esto arroz o cebada, que pueden cocinarse, si hay agua a mano y el tiempo no lo impide.
La prueba decisiva de lo que es la resistencia del soldado japonés, la tuve durante una marcha forzada. El regimiento la emprendió a las tres de la mañana. Los soldados llevaban 150 cartuchos de guerra y una mochila que pesaba dieciocho kilos. A la hora de haber salido, empezó a llover a torrentes. Chorreaba el agua de los fusiles, de las mochilas, de los uniformes. Los caminos se habían vuelto lodazales. -Un viento penetrante y frío azotaba a la gente, calada ya de agua hasta los huesos. Pero el regimiento marchó, marchó sin parar, hasta la medianoche. Habíamos recorrido cincuenta kilómetros. Hubo un descanso de media hora, para comer y arreglar las mochilas. A las ocho de la noche siguiente, habíamos marchado cuarenta y ocho kilómetros más. Se nos ordenó hacer alto, y desplegarnos a lo largo del río. En seguida, sin probar bocado, tuvimos que abrir trincheras en un frente de seiscientos metros. Los soldados de cada escuadra, en habiendo terminado de cavar la parte que correspondía a ésta, podían engullir su ración de arroz y tenderse a dormir en la tierra recién removida.
No habrían descansado cuatro horas, cuando mandaron formar. Hasta ese momento, la gente había recorrido noventa Y ocho kilómetros en treinta Y cinco horas, abierto una línea de trincheras, y dispuesto de sólo cinco horas para descansar.
La marcha, que habíamos reanudado de madrugada, continuó bajo los rayos de un sol abrasador. A eso de las seis de la tarde, al acercarnos a un pueblo, vimos a los vecinos alineados a ambos lados de la carretera para darle la bienvenida al regimiento. Sonaron voces de mando. Vióse a los soldados olvidar el cansancio para levantar la frente, colocar el fusil sobre el hombro en rigurosa posición reglamentaria, pasar de la marcha sin compás al paso a discreción y de éste a la marcha del ejercicio, cuando el regimiento embocaba la primera calle del pueblo.
A la salida se nos mandó hacer alto. El alcalde leyó algo que llevaba escrito en un pergamino. Cuando terminó, la tropa le contestó entonando a media voz una canción que decía: «Si floto, ya cadáver, sobre las aguas; o me hundo en la maleza de la montaña, voy gozoso a la muerte, cuando a la muerte mi Emperador me manda».
A los ancianos del pueblo les corría el llanto por las mejillas. Hasta los niños parecían sentirse pasmados y como sobrecogidos.
«¡Atencíón! ¡De .frente! ¡Mari»
Una tras otra volvieron a ponerse en movimiento las compañías. Todo el regimiento—larga serpiente de fusiles y cuerpos rendidos de fatiga—se hundía en la noche, avanzaba sin descansar, hora tras hora. Hubo un alto de veinte minutos, a las seis de la mañana. Después de comer un puñado de arroz, reanudamos la marcha. La gente iba callada. Parecía sentirse en aquel silencio la tensión de las voluntades dirigidas a un solo objeto: seguir avanzando. Un perro que había salido de una granja, adelantóse hacia uno de los capitanes y lo siguió ladrándole. El oficial desenvainó el pesado sable y, de un solo tajo, le cercenó al atrevido las dos patas delanteras. La tropa celebró con alegre algazara el lastimoso espectáculo que ofrecía el pobre animal al arrastrarse lanzando desgarradores aullidos. --
Llegó el mediodía sin que hubiera sonado la voz de ¡alto! Empezamos a divisar, allá a lo lejos, los tejados del cuartel.
«¡Al trote! ¡Mar!»
Al oír esta voz de mando, me resistía a creer que la hubiesen dado efectivamente. ¿Qué locura era ésta de exigirle que avanzara al trote a una tropa rendida de cansancio? Aquellos soldados habían recorrido ciento noventa y seis kilómetros en setenta y dos horas, llevando encima el peso del fusil, de ciento cincuenta cartuchos de guerra, de una mochila que pesaba dieciocho kilos; les habían concedido solamente cuatro horas para dormir; y ahora mandaban: «¡A1 trote! ¡Mar!
La columna obedeció la orden. Golpeaban las mochilas las espaldas empapadas de sudor. Un teniente cayó de bruces, y quedó tendido, sin hacer el menor movimiento, de cara contra el suelo. Al fin apareció ante nuestros ojos la puerta del cuartel. Resonó el empedrado de la entrada bajo las recias botas. ¡El regimiento acababa de completar una marcha que no hubiera podido resistir ninguna otra infantería del mundo!
El coronel, al cual no había escapado la extrañeza que me causó aquella orden suya de que la tropa emprendiera el trote, se me acercó y me dijo:
—Una infantería, por cansada que esté, debe saber avanzar un par de kilómetros más, si hay necesidad de arrebatarle otra posición al enemigo. Y ése era el único modo de convencer a mis soldados de que son muy capaces de hacerlo, llegado el caso.
Cuando le observé que las maniobras no son la guerra, se limitó a contestarme:
—Para mí, sí lo son.
Pocos días después, al preguntar por el teniente que cayó durante la marcha, supe que había muerto en el hospital.
A MEDIDA QUE iba aproximándose la fecha señalada para dar comienzo a las grandes maniobras, empezaron a intensificar las prácticas de penetración de alambradas. Los soldados de los primeros escalones debían tenderse sobre éstas, dejándose caer de frente, con los brazos cruzados delante de la cara, a fin de defenderla, sobre todo los ojos, de las púas del alambre. Por encima del puente vivo que formaban esos hombres, pasaban sus compañeros. «Es más fácil aprender a ejecutar esto así, que no cuando la tropa ha de hacerlo por primera vez bajo el fuego enemigo,» me dijo el comandante de la división.
Un día recibió la II División orden de tomar a la bayoneta una posición enemiga que quedaba en una colina. La bayoneta es el arma predilecta del infante japonés. Lanzáronse los soldados colina arriba, prorrumpiendo en agudos gritos de guerra e invocando los nombres de sus antepasados muertos en combate. Al llegar cerca de las supuestas trincheras, el ardimiento que los dominaba pasó a ser frenesí. Fué esta fase del simulacro un espectáculo anticipado de lo que se vería, y ya de un modo real, en Bataán, donde línea tras línea de soldados japoneses se lanzaron noche tras noche y día tras día al asalto de las posiciones defendidas por tropas norteamericanas y filipinas.
Fusiles y ametralladoras disparaban millares de cartuchos de fogueo. La colina desaparecía envuelta en los vapores amarillentos del gas lacrimógeno. Al penetrar en la faja de terreno que estaba minada, los asaltantes sentían retemblar la tierra; la veían abrirse y levantarse en negros surtidores bajo sus pies.
Sin embargo, seguían avanzando. Avanzaron hasta cruzar sus bayonetas con las del supuesto enemigo. Hubo varios heridos graves. Uno de ellos recibió un bayonetazo que le atravesó un hombro de parte a parte, por debajo de la clávícula.
Esa noche asistimos a una función de aficionados. Los actores eran individuos de tropa de las fuerzas vencedoras. Uno de ellos se expresó así en escena:
«Sin mirar los cadáveres de los que cayeron, sin reparar en los ríos de sangre, pensamos únicamente en las órdenes del Emperador y en el deber que nos manda sacrificarnos para cumplirlas.»
REPETIDAS han sido, de entonces acá,las ocasiones en que el soldado japonés ha demostrado su prontitud a sacrificar la propia vida.
Un buque de la escuadra norteamericana que había derribado a un avión japonés, se apresuró a lanzar al agua boyas salvavidas. Ni un solo japonés quiso tocarlas. Todos prefirieron morir antes que caer prisioneros.
Cuando lo de Bataán, vióse a grupos de tres o cuatro japoneses salir a terreno descubierto para atraer el fuego de las ametralladoras norteamericanas. Aunque se exponían así a una muerte segura, lo hacían a trueque de que ese fuego, al indicarles a sus artilleros la posición de las ametralladoras, les permitiese reglar el tiro.
Fué también en Bataán donde ocurrió lo siguiente. Los japoneses ocupaban en Lagusaín un punto con fortificaciones de hormigón. Era casi inexpugnable. Esto no obstante, cayó al fin. Pero las tropas vencedoras no hicieron un solo prisionero. De los quinientos soldados japoneses que defendían aquella posición, trescientos cincuenta habían muerto con las armas en la mano. Los ciento cincuenta restantes, al verse perdidos, se suicidaron todos, despeñándose por el farallón para quedar destrozados en las rocas de la orilla.
Este ánimo resuelto que no vacila ni ante el sacrificio de la vida, nace en el soldado japonés de la creencia en la divinidad de su Emperador, y de la conclusión a que lleva esa creencia: el Emperador es infalible e invencible. Pero esto, que es hoy causa de la fortaleza de ese soldado, lo será mañana de su desaliento. Un dios no puede equivocarse y seguir siendo dios. En la actualidad, las tropas japonesas marchan llenas de entusiasmo bajo las banderas victoriosas del que es, para ellas, dios y emperador a un tiempo mismo. Lleguen, empero, esas tropas; llegue el pueblo todo del Japón a advertir que el Mikado no es un dios, sino un figurón por seguir al cual han ido los japoneses a la muerte y al desastre, y ya se verá, entonces, qué queda del fervor fanático que ahora los domina y los sostiene y los empuja.
El día en que los japoneses caigan en la cuenta de que su imaginado dios no es más que un pobre hombrecillo miope que ha querido abarcar más de lo que podía apretar, el ánimo, tanto de los combatientes como de la población civil, se vendrá abajo. Cierto, ese día llegará sólo cuando las fuerzas del Japón hayan sufrido abrumadoras derrotas; no menos cierto, será empresa difícil infligirle esas derrotas a una nación que, como la japonesa, ha vivido guerreando.
Para desgracia del Japón y para fortuna de las naciones que lo combaten, hay, a favor de éstas últimas, evidentes ventajas. Lo que decidirá la guerra serán los medios mecánicos y los recursos industriales y científicos. Y en este terreno, el Japón es diez veces inferior. Quedará vencido; no tan sólo por la superioridad numérica de las fuerzas que al fin se lancen contra él, sino por la superioridad de los medios mecánicos y de la potencialidad industrial de sus enemigos.
Por el momento, los japoneses creen que la victoria será suya; forjan planes gigantescos, que dejan muy atrás los más descabellados de Hitler. «Todos aquellos que no están todavía bajo el ilustrado influjo de nuestro régimen imperial, quedarán sometidos a él, hállense donde se hallaren,» dice el doctor Ichimura. Y el general Nonake se expresa de este modo: «La consecuencia última a que se llega en política es, la sujeción del mundo a un poder imperial y único. La nación japonesa se dispone a cumplir el destino que le está señalado». No será cuerdo desestimar la fortaleza de la nación en que hay hombres como éstos.
domingo, 16 de abril de 2017
UNA EQUIVOCACION QUE DIO ORIGEN A UNA NOBLEZA
viernes, 17 de junio de 2016
DOLORES SOLIZ MANDUJANO 1892 Huehuetenango
10 MARZO 1992
Hija de DON JUAN SOLIZ y de SABINA MANDUJANO
Madrina. FELIPA TANCHEZ por orden de DON MANUEL ARMAS
Huehuetenango
Guatemala
jueves, 12 de mayo de 2016
"EN LA EDAD MEDIA..."
domingo, 9 de octubre de 2016
¿QUIEN ENTENDERÁ MI CORAZON?
'A QUIEN IRE'
A quien ire en necesidad
a quien ire en busca de paz
y quien podra mi vida saciar de verdad
quien mas tendra de mi compasion y entendera mi corazon
quien cambiara mi eternidad sino tu Jesus
Cristo a donde mas podria ir
Cristo que otro lugar puede existir
solo tu tienes palabras de amor camino al Padre y verdad eres tu
Cristo a donde mas podria ir
A quien ire en necesidad
a quien ire en busca de paz
y quien podra mi vida saciar de verdad
quien mas tendra de mi compasion y entendera mi corazon
quien cambiara mi eternidad sino tu Jesus
Cristo a donde mas podria ir
Cristo que otro lugar puede existir
solo tu tienes palabras de amor camino al Padre y verdad eres tu
Cristo a donde mas podria ir
martes, 17 de mayo de 2016
QUIERO ALABARTE--Maravillosa música--Maranatha Music
QUIERO ALABARTE
Maranatha Music
Quiero alabarte más y más aún.
Buscar tu voluntad, tu gracia conocer.
Quiero alabarte.
Las aves del cielo cantan para Ti,
las bestias del campo reflejan tu poder.
Quiero cantar, quiero levantar
mis manos a Ti.
Quiero alabarte más y más aún.
Buscar tu voluntad, tu gracia conocer.
Quiero alabarte.
jueves, 2 de junio de 2016
UN HINDÚ BRAHMAN VE A JESUCRISTO Y A DOS ANGELES
jueves, 3 de noviembre de 2016
FEDERICO HERRERA - RECUERDOS DE COLEGIO HUEHUETENANGO- 1901
RECUERDOS DE COLEGIO
HUEHUETENANGO- 1901
Cuando en vil decaimiento
La.juventud yace en calma
Y lleva adormida el alma
Y embotado el pensamiento:
Se conjura el firmamento
Y en su justa indignación
Dice con voz de aquilón
Como á Lázaro el creyente:
¡Juventud, alza la frente,
Reanima tu corazón!
Si vuestra insignia altiva es
No permita en su ansia loca
Que se enmordace la boca,
Que se encadenen los pies.
De la moral á través
Con ahínco y con tesón
Bebed siempre inspiración
De la vida en la corriente:
Llevad la luz en la mente
Y el fuego en el corazón.
Al volar al porvenir
A donde el destino os lanza
Vuestras alas de esperanza
Sean: pensar y sentir.
De la gloria debeis ir
Siempre en fiel persecución:
La aureola de ilusión
Sea llevar dignamente:
Resplandores vuestra frente,
Halagos el corazón.
En el campo de la ciencia
Sembrad como activo dueño
Porque al calor de ese empeño
Florece la inteligencia.
La inacción de la conciencia
Embrutece la razón;
Sacudiendo la inacción
Disfrutad alegremente
Con el sudor de la frente,
Con la paz del corazón.
Adorad siempre lo grande
Y remontad vuestro vuelo
A las regiónes del cielo
Do llega el cóndor del Ande
Vuestra altivez no se ablande
Con la vil humillación
Y llevad como pendón
En vuestra lucha valiente,
No doblar jamás la frente
Ni vender el corazón.
Juventud, á la moral
Cantad, siempre y al derecho
Y llevad abierto el pecho
Para que anide el quetzal.
Luchad por el ideal
Porque triunfe la razón
Y vuestra única ilusión
Llevar sea eternamente:
El gorro frigio en la frente,
La patria en el corazón.
viernes, 29 de julio de 2016
ESPAÑOLES Y DESCENDIENTES HUEHUETENANGO Actualización 29
viernes, 30 de junio de 2017
PELIGRO: DROGADOS AL VOLANTE
POR PEGGY MANN
El uso de mariguana entre los conductores amenaza convertirse, peligros no se detiene a tiempo, en uno de los mayores peligros parala vida de quienes circulan en calles y carreteras. Así lo indican varias experiencias encias y estudios efectuados en Estados Unidos
La politización de la yerba ha contribuido a oscurecer el panorama, pero cuando se prescinde de los elementos emotivos y de la polémica, tanto los partidarios como los enemigos de la legalización están de acuerdo en que es peligroso conducir intoxicado. Hasta la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre Mariguana (NORML por sus siglas en inglés) que es partidaria de abolir todas las sanciones legales por posesión de la yerba para uso personal, "desaconseja vigorosamente conducir bajo la influencia de mariguana o de cualquier otra droga, y reconoce el. legítimo interés público de prohibir tal comportamiento".
Sin embargo, el "legítimo interés público" no recibe protección. Los funcionarios de carreteras de todo el país expresan siempre una profunda preocupación. Richard Burton, comisario del Departamento de Seguridad Pública de Alaska, se cuenta entre los más recelosos al decir: "Pronto el problema del alcoholismo en las carreteras tendrá sólo la mitad de la gravedad que la mariguana. .. y no porque el problema del alcohol vaya a mejorar". Y Lee Dogoloff, asesor de la Casa Blanca sobre política federal de drogas, declara: "Es indispensable que el estadounidense comprenda la gravedad real de conducir intoxicado con mariguana".
• ¿Cuánto contribuye la mariguana a los accidentes de tráfico y las muertes consiguientes? Los resultados de las investigaciones han sido notablemente uniformes. En 1975 el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico, de la Universidad de Boston, estudió a 267 conductores considerados "los de mayor culpabilidad" por accidentes fatales. El 16 por ciento de ellos habían fumado mariguana antes del percance. El estudio llegó a la conclusión de que, estadísticamente, "los fumadores de mariguana estaban super-representados en los accidentes fatales de carretera". Otros estudios sobre el mismo tema efectuados en Albuquerque (Nuevo México); Baltimore (Maryland); y en la ciudad de Oklahoma, arrojaron una incidencia similar de la mariguana en tales accidentes.
El Departamento de justicia de California ha realizado el primer estudio en gran escala que relaciona directamente la mariguana con los arrestos por infracciones de tráfico. El estudio, terminado en 1978, abarcó 46 de los 58 distritos del Estado y se examinaron 1792 muestras sanguíneas (elegidas al azar de las 19.000 que entregó la Patrulla de Caminos de California) (le conductores arrestados por accidentes de tránsito o por conducir bajo
la influencia de drogas. Las pruebas se hicieron con una costosa técnica radiológica de laboratorio, que permite analizar muestras de sangre en busca de moléculas de THC (tetrahidrocannabinol), el principal ingrediente de la mariguana, que afecta la mente. El 16 por ciento de los 1792 arrestados tenían suficiente THC en la sangre como para constituir intoxicación.
Victor Reeve, supervisor del estudio, observa: "Esta cifra. se debe estimar como moderada porque, de los arrestados, menos de la mitad estuvieron de acuerdo en que se les tomara una muestra de sangre. Nunca sabremos cuántos de los choferes restantes estaban bajo la influencia de la mariguana".
® ¿Cómo afecta la yerba la capacidad de conducir? En Estados Unidos se han hecho más de 50 estudios desde 1970, cuando se suministraron a los investigadores calidades normalizadas de la llamada "mariguana NIDA". Herbert Moskowitz, sicólogo investigador de la Universidad de California, quien es probablemente el que más ha trabajado en estos estudios de mariguana y conducción simulada, dice: "La mayoría de las pruebas indican que esta droga menoscaba la capacidad, los procesos perceptivos, incluyendo la visión, la atención y el sentido de dirección, todos los cuales son componentes importantes del acto de conducir".
El menoscabo del sentido de dirección es significativo después de dos "cigarrillos de mariguana". Los
,conductores se imaginan que llevan el coche perfectamente derecho por su carril, cuando la verdad es que van serpenteando. Además, la mariguana puede causar: deterioro en la habilidad para conducir de noche, pequeños lapsos de menoscabo en la función de la memoria, perjuicio en la concentración, en el control ocular del vehículo y en la vigilancia.
Estos resultados se obtienen por lo general en pruebas de conducción en un simulador ... y la mayoría conduce mejor en condiciones simuladas que cuando maneja normalmente.
Sin embargo, el Dr. Harry Klonoff, profesor de siquiatría en la Universidad de Columbia Británica, hizo una prueba en condiciones reales. Escogió a 64 individuos sicológicamente estables, que habían consumido antes mariguana. A una tercera parte, de ellos les dio una dosis baja, de un cigarrillo; a otra tercera parte, una dosis alta, de dos cigarrillos; mientras que a los demás sólo les dio placebos. Con coches de doble mando y un observador en cada uno, todos los 64 voluntarios condujeron a lo largo de un circuito cerrado donde no había más tránsito. Los sujetos a una dosis baja mostraron un significativo descenso de 33 por ciento en la habilidad para conducir, mientras que a quienes se dio una dosis alta revelaron un descenso importante del 55 . Treinta y ocho conductores cubrieron además un trayecto de 25 kilómetros, desde los terrenos de la universidad hasta el centro de la ciudad donde el tránsito es muy pesado. A estos se les calificó por el sistema que se usa en los exámenes a que se someten los aspirantes a licencia de conducir. Las cifras finales para la prueba de carretera mostraron que quienes habían fumado una dosis baja, sufrieron un deterioro del 42 por ciento en sus destrezas de conducir, mientras los que tomaron una dosis alta tuvieron un deterioro del 63. El comportamiento inusitado, informó Klonoff, incluyó pasarse las luces o las señales de alto, manejar mal, no darse cuenta de la presencia de peatones y vehículos estacionados.
De los once componentes de conducta que se pusieron a prueba, tres de la mayor vulnerabilidad fueron el juicio, la precaución y la concentración, a pesar de que muchos de los individuos pusieron especial atención al conducir, con el ánimo de probar que la yerba no tenía efectos perjudiciales.
• ¿Durante cuánto tiempo afecta la mariguana la capacidad de conducir? Estudios hechos en 1972 revelaron una disminución definitiva en el rendimiento de la pericia cinco a seis horas después de haber fumado una fuerte dosis de mariguaria. Otro factor inquietante, divulgado en 1976 por el NIDA, es que una persona puede intentar conducir sin darse cuenta de que su desempeño sigue mal ... aunque ya no se sienta "achispada".otro estudio de 1972 de la conducta para manejar en una zona de seguridad controlada mostró que aún continuaba un deterioro "notable" de las destrezas hasta cinco y seis horas después de haber tomado la droga; un efecto "definido" ocho a diez horas después de fumarla; y un efecto "residual" hasta 24 horas más tarde. Otro factor fue que muchos fumadores crónicos informaron que bastan unas pocas aspiraciones de "buena yerba" (con alto contenido de THC) para producir una intoxicación súbita e intensa (y si esto ocurre en la carretera puede ser sumamente peligroso).
• ¿Reconocen los drogadictos el peligro de conducir intoxicados? Los fumadores crónicos de la yerba lo ven todo con cristales color de rosa. Entre más de 1000 personas arrestadas por poseer mariguana en Minnesota, el 25 por ciento creían que esta no tenía ningún efecto sobre su manera de conducir automóvil. Más del 25 creía, por el contrario, que la yerba les mejoraba su coordinación. Algunos entusiastas prefieren conducir intoxicados, pues dicen que es menos monótono. "Pongo más atención", es lo que se les oye decir.
El Dr. Joseph Davis, examinador médico del distrito Dade (Florida), encuestó junto con Arnold Klein y el Dr. Brian Blackbourite a 571 universitarios y estudiantes de pos-grado del lugar sobre la yerba y la conducción. En todas las categorías de conducción de automóvil los que habían dejado el vicio o los que solamente fumaban mariguana con poca frecuencia, reconocieron claramente que esta deterioraba su capacidad de conducir, mientras que los fumadores crónicos se autocalificaron muy bien; pero a pesar de ese optimismo, la verdad es que el 53 por ciento de los fumadores crónicos habían sido detenidos por la policía por conducir bajo la influencia de la droga; el 22 por ciento habían infringido la ley tres o más veces, en comparación con el 2,3 de los que no fumaban. A un ocho por ciento de los adictos se les había retirado la licencia de manejar, comparado con el uno de los no adictos.
Al conductor borracho de alcohol le cuesta mucho trabajo disimular su estado si se le detiene, pero el que está. "elevado" con mariguana cree que puede "bajar" y sostener una conversación en apariencia normal con el policía. Esta aparente capacidad de "esconder su elevación" les da a los fumadores de la yerba confianza en que pueden manejar intoxicados.
Uno de estos conductores seguros de si mismos, un sicólogo médico de 30 años de edad (fuerte drogadicto, y que fumó mariguana durante unos cinco años antes de jurar renunciar a las drogas), informó que una vez en la casa de un amigo se fumó unos cuantos cigarrillos, luego pidió prestado el automóvil, seguro de que podría hacer frente a cualquier cosa que se presentara en el camino, inclusive un policía. "Pero", cuenta, "cuando iba por una de las calles de más tráfico en la ciudad, el placer nebuloso que normalmente experimentaba cuando conducía embriagado, estalló súbitamente en una experiencia sicodélica total. Lo único que veía eran millares de lucecitas que bailaban. Estaba tan totalmente desconectado de la realidad, que ni siquiera me daba cuenta de que me hallaba en un automóvil, y mucho menos conduciéndolo".
Un semáforo se puso en rojo, pero él no lo notó y se estrelló contra un automóvil pequeño. Se apeó, bailó una giga, se retiró del lugar y anduvo vagando por la ciudad durante varias horas. "Sabía que algo había pasado pero no sabía qué", explicó después.
A eso de las 4 de la madrugada recordó y se entregó a la policía. Entonces se enteró de que había arruinado el coche de su amigo y había desbaratado por completo el vehículo pequeño con el cual chocó, el que a su vez se estrelló con un sedán que iba adelante. Por fortuna no hubo heridos graves.
• ¿Qué se puede hacer ... ahora? No es posible esperar impotentes a que los científicos produzcan un equipo de carreteras para probar los niveles de THC y los Estados expidan leyes para contener a los conductores intoxicados de mariguana. Hay dos caminos que se pueden tomar inmediatamente.
En primer lugar, promulgar inmediatamente leyes que impongan fuertes multas y otras sanciones serias por poseer mariguana en un vehículo; inclusive taxis, autobuses, camiones, trenes y aviones. segundo lugar, deben adelantar programas educativos las dependencias gubernamentales, las compañías de seguros, las fundaciones, grupos privados y especialmente las escuelas de segunda enseñanza y los instructores de manejo de automóvil. (A un amigo mío que estaba tomando un curso de conducción, el instructor le ofreció un cigarrillo de mariguana "para que se tranquilizara".) La coordinación del esfuerzo aumentará el impacto del mensaje: es peligroso conducir intoxicado.
Deben distribuirse folletos en las casillas de peaje, en las estaciones de gasolina, en los garajes y talleres. Los usuarios de automóvil son un auditorio cautivo y se pueden preparar frases educativas y preventivas para los programas de radio.
Robert Willette, a quien se debe el desarrollo del equipo de prueba de THC, previene que a menos que se avance en estas direcciones, más y más fumadores de mariguana conducirán intoxicados. "Sólo podemos esperar que la creciente conciencia del problema", agrega, "evite un desastre de alcance impredecible".
sábado, 11 de marzo de 2017
ATAÚD IMPROVISADO para RECIEN NACIDO
Como cuando los jóvenes esposos Ridenour perdieron a su nene. Eran muy jóvenes, muy pobres y estaban completamente solos. Dosie (diminutivo de Theodosia) tenía 17 años cuando nació la criatura, quizá unos dos meses antes de tiempo. Jesse, el marido, vino a casa a lomos de caballo y preguntó por mi madre.
—Dosie ya tuvo el niño... y está muerto... nació muerto—. Y Jesse, que era apenas un muchacho, so- llozaba No sabemos qué hacer.
Tenía el sombrero en la mano y nos miraba con expresión de extrañeza, del todo impotente. mamá
—Siéntate, Jesse —le dijo mama con dulzura—. Te voy a preparar un poco de café... y no te preocupes. Yo me encargo de todo.
—Vete al campo al galope y te traes a alguno de los muchachos —me pidió a rní—. Vamos a necesitar un tronco para que tire de la carreta.
A galope tendido me lancé al campo. Retirar de la labor a alguno de los labriegos durante la siega era algo inaudito, mas para mi madre resultaba lo más natural del mundo, ya que alguien necesitaba auxilio.
Mamá esperaba a Tom a la puerta cuando este llegó con el tiro. "Engancha la carreta", le ordenó.
."Vamos a casa de los Ridenour: Dosie está enferma".
En el piso de la carreta se acomodó un colchón cubierto con mantas limpias. Mi madre se llevó una gran sombrilla negra con que proteger a Dosie al traerla a casa.
—Vámonos, Jesse —rogó mamá al pobre muchacho, quien seguía sentado a la mesa de la cocina, con la cabeza inclinada.
—¿Qué vamos a hacer con el nene? —preguntó con los ojos húmedos e hinchados— No tenemos ni medio centavo para enterrarlo... ni para nada. Ni siquiera hay medicina para Dosie—. Y rabioso, golpeando la mesa con el puño, concluyó—: No tenemos nada porque ni siquiera soy capaz de velar por los míos. ¡Soy un infeliz!
Mi madre le puso una mano en el brazo:
—Ningún hombre fracasa mientras no renuncia a luchar... y tú no has renunciado. Anda, vamos. Ya nos haremos cargo de todo.
Y aquella mañana de julio se alejaron por el polvoriento camino, dando tumbos con la carreta. El sol difundía el dulce aroma del heno recién segado, así como el extraño olor de la maleza que crecía en los barbechos. Las abejas zumbaban entre las altas matas de la malva loca y un gallo joven cacareaba a lo lejos. Había tanta paz en nuestro corral... y tanto sufrimiento y dolor en aquella choza situada más allá de la loma. Entré en la casa para buscar una caja de zapatos que mi madre me encargó hallar antes de que ella estuviera de regreso. ¿Para qué podía querer mamá una caja de zapatos? ¿Y la guata de algodón y los retazos de seda blanca que guardaba en un saco de desechos ?
Acomodaron a Dosie en el fresco dormitorio del frente, sombreado por frondosos y añosos morales. Por las ventanas entraba la brisa que venía de los campos de cultivo. Dosie yacía inerte entre las limpias sábanas, y exhalaba débiles lamentos, expresión a la vez de dolor, de pesar y de alivio. Pasado un rato, se durmió.
Me fui al comedor, donde mamá se encontraba atareada con la caja, de zapatos. Estaba cosiendo la guata a las paredes,y al fondo de la caja. También forró la tapa; luego tomó varios retazos de satén blanco, que cosió con su máquina. Cuando tuvo suficiente para forrar la caja, lo fue fijando a esta con pequeños lacitos de lana color de rosa. Mi madre había hecho un ataúd para el pequeño.
Habían traído el diminuto cadáver dentro de una paila, envuelto en una toalla. Mamá lo había "compuesto", y luego, antes de tenderlo en la caja acolchada, se quedó un instante de pie y se preguntó en voz alta: "¿Le enseñaré a Dosie el ataúd vacío, o ya con el niño dentro?"
Pero sólo tardó un momento en decidirse. "Con el niño acostadito será más consolador". Y acomodó el cuerpecito, envuelto tiernamente en una de sus servilletas de lino,en el suave y acolchado fondo de la caja. Pero faltaba algo.
Yo luchaba con los pensamientos que me oprimían el corazón. Tenía una especialísima colcha para muñeca, hecha de fina cachemira y bordada con botones de rosa. Era tan linda que raras veces me atrevía a usarla. Miré a mi madre, y me volví hacia la habitación donde Dosie sollozaba en sueños.
—¿Crees que serviría la colchita de mi muñeca ...? —pregunté.
Mamá sonrió.
—¿Se la darías, hija?... Creo que quedaría.. ' perfecta.
Me hallaba al lado de mamá cuando colocó el minúsculo ataúd blanco sobre la cama, junto a Dosie. La joven abrió los ojos... recordó lo sucedido y los cerró de nuevo, tratando de contener las lágrimas que se le escapaban.
Mi madre levantó la tapa, recubierta de satén. Dosie tocó y acarició la seda, y los lacitos rosa, y luego apartó ligeramente la colchita de cachemira que cubría la cabecita. Dosie no lloró... tan sólo la estuvo mirando un largo rato. «¡Hasta.una suave colchita blanca! ¡Todo es tan lindo! Mil gracias... Ahora ya puedo dejarlo ir: ¡tiene un aspecto tan dulce y sereno, dormido allí!" Tomó la mano de mi madre, se la llevó a los labios y, reclinándose de nuevo en la almohada, cerró los ojos.
Al día siguiente Jesse y mi madre fueron al cementerio. Ella llevaba su Biblia y leyó los sagrados textos mientras colocaban la caja de zapatos, forrada de blanco satén, encima de las ramas de pino que mi madre misma dispuso antes en el fondo de la somera fosa. Luego la cubrió con fragantes agujas de pino y, finalmente, volvieron a su sitio la húmeda tierra negra; Jesse colocó a la cabecera una crucecita de madera. En una tablilla había escrito el nombre de la criatura y la fecha.
No duró mucho. Los Ridenourse marcharon del lugar al cabo de unos meses y las primeras nieves del invierno borraron toda huella de la pequeña tumba. Pero si esta hubiese permanecido, quizá explicara algunos de los raros nombres que figuran en las tumbas familiares de los cementerios montañeses de nuestro distrito, donde los habitantes compartían cuanto poseían ... incluso sus parcelas en el camposanto.
martes, 3 de octubre de 2017
ILUSION - ALEGRIA
jueves, 21 de septiembre de 2017
VUELO A RUSIA DE UN HOMBRE ENAMORADO
domingo, 20 de agosto de 2017
CONVOY RUMBO A MURMSMANK- Segunda Guerra Mundial
Por Edwin Muller
Era el alférez Adams un mozo ingenuote y simpático. Había pasado, casi de un salto, de la vida civil al mando de la guarnición de un buque de carga convertido en transporte; mando para el cual lo nombraron apenas terminó el curso de cuatro meses para oficiales de la reserva naval.
«Las cajas destinadas a la bodega número uno iban marcadas TNT,» prosiguió el alférez. «Recuerdo que, cuando las bajaban, nuestro primer maquinista exclamó muy compungido:
«—¡Ay, muchachos! Cada cajita de ésas me quita por lo menos un año de vida...
«Como era hombre que frisaba en los setenta, la ocurrencia nos hizo reír a todos.
«Los primeros días de navegación no tuvieron nada que envidiarles a los de un viaje de recreo. Chronister, un marinero de diecisiete años, se la pasaba diciendo:
—¡Qué aburrido es esto! ¿Cuándo acabará de suceder algo?
«Sólo después de haber llegado a Islandia empecé a barruntar lo que se nos venía encima. Estando fondeados en Reikiavik, asistí con Hiss, el capitán del barco, a la junta que es costumbre celebrar antes de la salida de un convoy.
El comandante del nuestro, un marino inglés de porte solemne, nos dijo que no quería que emprendiésemos aquella navegación sin saber de antemano que no sería cosa de juego.
«Para remachar el clavo, ya al terminarse la junta, que fué cuando le designaron a cada buque el puesto que le correspondería en el convoy, salimos con que al nuestro le tocaba ir de último en la hilera de estribor. ¡Y nosotros que habíamos supuesto que, por llevar cargamento de TNT, navegaríamos en el centro! Pues, no, señor... ¡nada menos que en la llamada esquina de los ataúdes era donde iríamos!
«Aunque, desde que zarpamos, nos convoyaban algunos cruceros y varios cazatorpederos, tan formidable escolta no bastaba para que nos sintiésemos seguros, al vernos en la consabida esquina.
«En los parajes que cruzáramos, alumbra el sol durante las veinticuatro horas del día, en aquella época del año. Únicamente a medianoche, cuando tocaba el sol el horizonte, había un breve crepúsculo. Es bastante rara la impresión que le causa a uno eso de ver que hay sol a todas horas.
«A los cuatro días de haber salido de Islandia, empezó la danza.
«—iCasualmente era el día del cumpleaños de éste!—apuntó Castléberry sonriendo y señalando a Crabtree—. Todos le dijimos: Vaya, hombre, hay que festejártelo en toda regla, por si acaso es el último...
«No habían acabado de darla alerta, » dijo el alférez Adams reanudando su relato, «cuando divisamos un gran avión enemigo. Volaba bajo, con gran rapidez, y se nos venía encima por estribor. Nos situamos junto a los cañones, pero el aparato se mantuvo fuera de su alcance y se limitó a dar una vuelta en torno del convoy. Luego se alejó en la misma dirección de la cual había venido, hasta perderse en el horizonte.
«Volvió al día siguiente, y desde aquel punto y hora no se separó de nosotros más que cuando lo relevaba otro aparato. Le pusimos de nombre El Fisgón.
«Cuando sonó el primer aviso de ataque, salí a toda carrera del camarote. Tratábase ahora de tres aviones que volaban hacia nosotros formando una V, a 3000 metros de altura. Cuando los tuvimos encima, el convoy entero rompió el fuego. El ruido era espantoso. Los aviones no arrojaron ni una sola bomba. Los habían enviado para calcular por el volumen de nuestro fuego la potencia artillera de que disponíamos.
«A la media hora volvieron en número de diez. Esta vez sí pusieron manos a la obra. El estruendo de estallidos de bombas y cañonazos era ensordecedor. Del mar se levantaban, por centenares, los surtidores de agua coronados de espumas.
«Uno de los aviones se puso a volar exactamente sobre nuestra hilera. Yo estaba con Castleberry a estribor en la casamata de popa disparando la pieza de a 50 Debimos de haber hecho blanco en el avión, porque empezó a desprenderse de él un humo blanquecino, viró y se alejó del combate perdiendo altura de un modo visible.
«Tuvimos entonces un rato de respiro y echamos una ojeada en derredor. Uno de los barcos se iba quedando atrás; señal de que lo había alcanzado una bomba.
«En el ataque siguiente, tres aviones vinieron derechos sobre nosotros. Uno de ellos nos arrojó una bomba que cayó a menos de ocho metros de la proa.»
¿A qué sabe eso de escapar por un pelo?, pregunté.
«Le diré a lo que me supo aquella Vez. Vi la bomba cuando venía cayendo. Al principio era una motita, una gota de agua negra que se agrandaba por momentos. Oí un silbido estridente que se hacía más agudo e intenso de segundo en segundo. Luego, un instante de absoluto silencio... después, la explosión, y una montaña de agua que se precipitó rugiendo por la borda. El barco dió un salto en el agua. Experimentamos una tremenda sacudida. Diríase que un titán nos hubiese agarrado por el cuello y nos zarandease sin piedad. Es para sentirse uno morir.»
Castleberry perfila la impresión con este toque: «Es como si le hundiesen a uno el estómago de un tirón y hubiera que empezar a buscarlo para colocarlo otra vez en su sitio».
—Es desconcertante—agregó Crabtree—. Un marinero que estaba a mi lado fue a dar contra un jarro de café caliente que había en cubierta. Se apartó de allí de un salto y empezó a gritar: ¡Dios mío! ¡Estoy herido!
«Pasaron dos o tres horas, » continuó el alférez Adams, «sin que ocurriera nada de particular. En esos momentos de tregua, se pasea uno nerviosamente, habla con éste y con el otro, sin hallar punto de reposo. A la hora de comer,nadie se sienta a la mesa. Cada cual se agencia un trozo de carne, un pedazo de pan y una taza de café y vuelve a cubierta a engullirlo.
«Entre tanto, varios submarinos enemigos estaban al acecho. Nuestros cazatorpederos lanzaban cargas de profundidad.
«Se dió otra vez la alarma poco después de medianoche. El tiempo había empeorado. Un pálido sol lanzaba desde la misma línea del horizonte su fantasmagórica media luz. Escudriñando en la bruma, vi de súbito las largas estelas que dejaban las trazadoras del barco más próximo al nuestro. Sabía yo muy bien lo que aquello significaba. Se nos había ordenado que tan pronto viéramos un periscopio, disparásemos trazadoras para indicar su situación.
«En seguida oímos la explosión. Vimos el barco entero abrirse en dos, como un melón, al estallar su cargamento de TNT. Desapareció entre enorme torbellino de llamas. Sólo quedaron algunos despojos flotantes.
«Enmudecimos. Parecióme que la ocasión exigía que dijera algo a los muchachos, y exclamé:
«Bueno, en medio de todo, los compañeros de ese barco murieron sin sufrimientos.
«Pasamos el resto del día esforzándonos en sonreír, pero sin conseguirlo a derechas.»
¿No esperaba usted escapar de aquélla?, pregunté.
«No; y me figuro que los otros tampoco. Pero nadie lo dijo. Nos habíamos vuelto de repente dechados de cortesía y circunspección. Hasta los tripulantes más rudos hubieran podido poner cátedra de finura.
«El siguiente ataque aéreo fué de aviones torpederos. Nos acometieron seis por la proa. Volaban tan bajo, que parecía que venían saltando sobre las olas. Al dar en el agua, los torpedos rebotan una o dos veces como cuando se tira una piedra achatada en una charca. Luego toman rumbo velozmente hacia el objetivo.
«No hicieron un solo blanco en aquel ataque. Nos hartamos de disparar, y los aviones no tardaron en irse.
«Pasaron un par de horas sin que ocurriera más cosa digna de contarse que un disparo de cañón que hicimos a la estela de un submarino. Acudieron los destructores. Oímos sus bombas de profundidad y las sentimos repercutir en nuestros costados como gigantescos martillos. No volvimos a ver rastro del submarino. Me fui a descansar un rato al camarote.»
—El capitán lo obligó a ir, —interrumpió Castleberry—. Pescó un catarro en Islandia. Estaba tan enfermo, que no podía hablar. Tenía casi 39 de temperatura.
«Bien,» siguió Adams, «el caso es que no me pude quedar mucho rato allá abajo. Aparecieron otros cinco aviones torpederos que concentraron sus ataques contra un barco ruso próximo al nuestro. Procuramos conservar entre él y nosotros la distancia reglamentaria porque aquel barco llevaba también TNT. Pero al dar una guiñada para escapar a un torpedo, el barco ruso se lanzó en línea recta contra nuestra popa. Parecía imposible evitar la colisión. Nos olvidamos instantáneamente de aviones y torpedos. Cuando los dos barcos lograron, al fin, evitar el choque, se hallaban a seis o siete metros de distancia el uno del otro. Todos nos volvimos locos de alegría. Tanto los rusos como nosotros empezamos a bailar sobre cubierta y a darnos recíprocamente la enhorabuena de barco a barco. «Les tocó el turno ahora a los aparatos de bombardeo en picado. Hablase despejado el cielo; brillaba el sol; sólo se veían algunas nubes aborregadas. Oíamos el zumbido de los aviones, pero la misma luz casi nos impedía verlos.
«El barco ruso recibió un impacto directo. Empezaron a brotar llamas y humo dé sus costados. Fué derivando hacia nosotros, y llegó tan cerca que temimos volar en pedazos si llegaba a estallar. Para evitarlo, nos fuimos quedando atrás, a cierta distancia del convoy. Es lo peor que se puede hacer. Los aviones se ensañan en los rezagados.
«Se echaron sobre nosotros tres bombarderos. Nos arrojaron un rosario de bombas que no pudieron caer más cerca. Quedamos aturdidos, tirados por cubierta, medio ahogados por el agua que embarcábamos por estribor. Pensé que había llegado nuestra última hora. Sin embargo, no nos alcanzó ningún proyectil. Volvimos al pie de nuestros cañones.
«Cuando recobramos nuestro lugar en el convoy, estaba en todo su apogeo otro ataque.
« ¿Recuerda usted a Chronister, el marinero de diecisiete años, de quien le hablé antes? Estaba en el puente, sirviendo la pieza de a 30 de estribor. Debía tener la cara verde y amarilla, porque el capitán le preguntó:
«—:Qué te ocurre, muchacho? «—Nada, mi capitán---contestó él—. Habré comido algo que me ha hecho daño.—Y siguió manejando el cañón. «El capitán Hiss era extraordinario. Estuvo tan sereno y tranquilo en los peores momentos como si se hallase en la iglesia. Pasado el ataque de las bombas, llamó por'el acústico a McCarthy, al cuarto de máquinas:
—¿Estás todavía ahí, Mac?
«Torció el gesto al oír la respuesta. Después me enteré de que, al caer una bomba cerca del barco, se apagaron todas las luces del cuarto de máquinas y se desajustaron muchas piezas metálicas. Abajo lo habían pasado mucho peor que nosotros.
«Entretanto, se sucedían los percances en el resto del convoy. Del barco ruso salían nubes de humo denso y» negro entre los cuales asomaban rojas lenguas de fuego. A través del humo velase a los tripulantes tirando de la manguera. ¡Qué hombres aquellos rusos! La TNT podía estallar bajo sus pies en cualquier momento. No tenían más que tirarse al agua para que los recogieran los botes de los otros barcos. Pero no abandonaron el suyo. Otras dos tripulaciones lo habían hecho ya. Algunos botes pasaron por nuestro lado, y, obedientes a la consigna, no subimos a sus ocupantes a bordo, dejando que los recogiese el buque de salvamento.
«Era para volverse loco de rabia ver los barcos hundirse y el agua llenarse de hombres. Seguimos al pie de los cañones, tirando a cuantos aeroplanos veíamos, sin preocuparnos de que estuviesen, o no, a nuestro alcance. Hicimosblanco en uno y vimos cómo se le desprendían las alas.
«Por aquel entonces nos dimos cuenta de que los aviones estaban ametrallándonos. Las trazadoras, zigzagueando en todas direcciones, parecían fuegos de artificio. Un avión nos embistió haciéndonos fuego con sus seis ametralladoras a la vez. No me explico cómo no hirió a nadie. En otra ocasión, mientras cambiábamos disparos con un aeroplano, dos barcos más lo estaban cañoneando por encima de nuestras cubiertas.
«La jornada siguiente fué tranquila. Habían pasado cuatro días desde la primera visita de El Fisgón. Entre ataque y ataque, habíamos tenido algunos descansos, turbados únicamente por el rondar de los submarinos. Pero seguíamos alerta. Creo que nadie pudo conciliar el sueño. Sin embargo, empezamos a creer que había pasado el peligro mayor. Desdichadamente no fué así.
«El siguiente día hizo un frío muy grande. El termómetro marcaba bajo cero. Soplaba un viento terrible. Al empezar el ataque, me costó algún trabajo subir a la torrecilla de combate. Tenía yo una fiebre de 40 grados. Se nos presentaron siete aviones torpederos, seguidos por otros de bombardeo en picado. Vine a caer en la cuenta de los efectos que nos había producido aquella tensión constante y violentísima, al ver a uno de los tripulantes moviendo los brazos como para librarse de las bombas. Nada de particular tendría que yo hubiese estado haciendo lo mismo.
«Hacíamos menos disparos, porque empezaban a escasearnos las municiones. La lucha se había convertido en una especie de competencia a ver quién aguantaba más. Nos parecía que sólo la noche podría librarnos de, sucumbir. ¡Ah! ¡si oscureciese siquiera dos horas!
«Pero a los treinta minutos otra oleada de bombarderos se presentó en escena. Cayeron dos bombas muy cerca de nuestro buque, y tuvimos otra movida sesión de traspiés y sacudidas.
«No tardó en asomar por el horizonte otra escuadrilla de aviones. Empezaba yo a preguntarme si aquello no era ya más de lo que mis agotadas fuerzas podían soportar, cuando he aquí que el aeroplano guía empezó a hacer el rizo y a dar vueltas de lado como un barril. ¡Eran aviones rusos!
«A las nueve de la mañana avistamos tierra. Por primera vez en toda una semana nos sentábamos juntos a la mesa. Aunque no probé bocado, me retozaba el contento en el cuerpo. Tras siete largos días de ataques consecutivos no había que lamentar una sola herida grave; a lo sumo, algún rasguño ocasionado por el roce de la metralla. Pla-nearnos una fiesta en tierra para celebrar el milagroso acontecimiento.
«Nos anticipamos demasiado.
«Alguien avisó desde fuera que venían nuevos aviones. Corrimos a cubierta y, efectivamente, vimos nada menos que quince. Estábamos tan cerca de tierra que, a pesar de que no hacían señal ninguna, los tomamos por rusos. Ni siquiera los buques de escolta les hicieron fuego. Vinieron derechos a situarse sobre el convoy.
«Así que lo estuvieron se lanzaron en picado, uno en pos de otro, concentrando su ataque en nuestro buque.
«Un oficial de uno de los cazatorpedos me dijo después que había contado hasta 13 bombas, antes que el humo, las explosiones y las montañas de agua, le impidiesen ver lo que pasaba.
«Nada puedo agregar por mí mismo. Fue aquello como una pesadilla que no acierto a recordar muy bien. Llegó un momento, por fin, en que comprendí que el ataque había terminado. No habíamos recibido ni un solo impacto directo. Aquel barco tenía siete vidas.
«A las pocas horas anclábamos en el Río Kola, exactamente al sur de, Murmansk.
«Me acosté y dormí veinticuatro horas seguidas.»
sábado, 8 de julio de 2017
SIMPLEMENTE UN GESTO DE BONDAD
POR VIRGINIA HALL GRAVES
CUANDO di a luz a mi hijo en 1956, me tocó compartir la habitación del hospital con Ann, quien ese mismo día también había sido madre. En parte debido a que mis progenitores eran dueños de una florería, recibí muchos ramos de flores que saturaron el ambiente con la deliciosa fragancia de las rosas.
—Es como estar en un jardín —comentó mi compañera de cuarto, cuando me llegó el séptimo arreglo floral a la habitación.
Sin embargo, me comencé a sentir incómoda porque a ella nadie le había enviado flores. Sentándose al borde de la cama se inclinó para admirar mi último ramillete. Era joven y hermosa; sin embargo, descubrí algo en su mirada que me llevó a pensar que había tenido que luchar mucho y que abrigaba demasiada tristeza para ser tan joven. Intuí que tal vez siempre había tenido que admirar las flores que otra persona recibía.
—Estoy disfrutando cada minuto de esto —comentó Ann como si hubiera leído mis pensamientos y tratara de tranquilizarme—. ¿No fui acaso una afortunada por el hecho de que seas tú mi compañera de cuarto?
A pesar de sus palabras continuaba sintiéndome incómoda. Si en ese momento hubiera existido algún botón mágico, que borrara la tristeza de sus ojos, yo lo habría usado. Bueno, pensé; al menos puedo hacer algo para, que ella también reciba algunas flores.
Cuando mis padres llegaron a visitarme ese día, les pregunté en voz 'baja si podían mandarle un arreglo floral a mi compañera de habitación.
—Por supuesto —respondió mi padre—. Se lo enviaremos esta tarde.
El ramillete llegó al momento en que Ann y yo terminábamos de cenar.
—Más flores para ti —observó riéndose.
—No en esta ocasión —repuse mirando la tarjeta—. Son para ti.
Ann se quedó mirando el regalo durante largo rato sin decir palabra. Pasaba sus dedos por la botita de cerámica azul y tocaba con suavidad cada una de las diminutas rosas colocadas en su interior como si tratara de grabar el arreglo floral en su memoria.
—No sé cómo agradecerte —dijo con suavidad.
Yo me sentí casi avergonzada, pues era un gesto de bondad muy pequeño de mi parte.
EL NIÑO que traje al mundo ese día de 1956 resultó ser el único hijo de mi matrimonio. Durante casi 21 años llenó mi vida y la de mi esposo' con amor y alegría haciéndonos sentir plenos. Pero una mañana de Pascúa en 1977, tras una larga y dolorosa batalla contra el cáncer, murió en nuestros brazos.
Ann y yo no habíamos estado en contacto desde hacía mucho tiempo. Ella nunca conoció a mi retoño ni supo de su enfermedad. Sin embargo, un día al leer el diarIO—y, enterarse del fallecimiento de mi Vasta; go, fue a su armario y desenvolvió algo que había guardado durante muchos años: la botita de cerámica azul que yo -1e había regalado.
Me encontraba en la funeraria, sola con mi hijo en una habitación impregnada con el aroma de las rosas, cuando un mensajero me trajo un ramíllete. No leí la .tarjeta hasta el momento en que nos dirigíamos al cementerio. "A. W. John Graves", decía la tarjeta, "del niño que nació contigo en el Hospital Memorial, y de su madre".
Sólo entonces reconocí la botita azul que había obsequiado hacía tantos años, otra vez llena de rosas. Le pasé la tarjeta a mi madre. Ella, también se acordó y comentó:
—Simplemente, un gesto de bondad que vuelve a ti.
Varios días después nos acompañaron algunos familiares al cementerio para ayudar a limpiar la tumba de John. La botita con rosas estaba a sus pies, se veía empequeñecida por las grandes coronas y arreglos florales.
—Qué extraño que alguien haya enviado esto a un funeral —observó alguna persona—. Este tipo de arreglo es más apropiado para un nacimiento.
—Es que hubo un nacimiento
Lo miré sorprendida sabiendo que esas palabras eran difíciles de pronunciar para un hombre que nunca había hablado abiertamente acerca de tales temas.
Sacó las flores y me pasó la botita que sostuve en mi mana como lo había hecho Ann. La toqué con mis dedos pensando en todos los mensajes que contenía: los lazom de amistad que perduran en el tierra, po, la gratitud recordada y culminando todo eso, la promesa de resurrección que nos reconforta.
sábado, 17 de marzo de 2018
LO QUE PUEDE LA ORACION-1951
LO QUE PUEDE LA ORACION
Por Fulton oursler
Autor de Greatest Story Ever Told
SELECCIONES DEL READER'S DIGEST
MARZO 1951
ERA Yo niño ando una mañana de primavera me puso mamá mi mejor traje y me dijo que la aguardase frente a casa, sin moverme de los escalones de la entrada.
— Iremos a visitar a tu tía —me prometió.
Aguardé obediente hasta que pasó el hijo del panadero de la esquina y me gritó "!mariquita!» Entonces bajé de un salto la escalera y le ajusté un puñetazo en la oreja.El me tiró de un empellón a un charco arco Y salí con mi blusa blanca hecha un asco,rota la media Y sangrando de una rodilla. Viéndome en tan desesperada sitación empecé a llorar a gritos.
Un súbito titinear de campanillas me sacó de mi aflicción. Por la calle avanzaba el carrito verde de un vendedor ambulante."!Barquillos!"
¡A centavo el barquillo de helado!
Sin acordarme de mi desobediencia ,corrí a pedirle a mamá un centavo. Jamás olvidaré sus palabras:
— ¡Mira cómo te has puestol Tú no estás en condiciones de pedir nada.
Muchos atolondrados años hubieron de trascurrir para que calase en mí la idea de que las más veces, antes de pedirle algo a Dios, debemos mirarnos a nosotros mismos; tal vez no estemos en condiciones de pedirle nada.
Para el creyente no tiene límites lo que la oración puede alcanzar, y aun los escépticos que estudian los resultados con ánimo desprevenido, se maravillan de cuánto puede la fe. Pero el hombre ha de andar la mitad del camino si quiere acercarse a su Creador para ser oído.
Lo malo — dice un psicólogo indiferente en punto de religión — es que la mayoría de quienes oran no son honrados con Dios. Gente que no se habla con sus vecinos, que cierra las puertas de su casa a los parientes, que se hace eco de murmuraciones, que desacredita envidiosamente a sus amigos, tiene la osadía de pedir favores al cielo.
«Para sentirnos libres de toda amargura, hemos de desechar la malicia, el rencor, la envidia, los celos, la codicia: que son causas cierrtas de enfermedad mental y aun de dolencia física. Para eliminar tales gérmenes de neurosis y psicosis basta sencillamente seguir el precepto evangélico: de reconciliarnos con nuestro hermano antes de orar. La oración sincera es en cierto modo un seguro de salud mental.»
Norman Vincent Peale indica dos maneras de predisponernos a perdonar:
1. «Recemos el padrenuestro intercalando el nombre de la persona que nos ha ofendido: . . . y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a fulano de tal.»
2. «Hablemos bien de la persona contra la cual abrigamos un resentimiento.»
Cuanto más limpiemos el corazón de rencillas y enemistades, más nos acercaremos al supremo ideal de la paz interior. Empezaremos a entender entonces que orar significa infinitamente más que pedir bienes terrenales; que la oración es en sí misma el mayor de los bienes, ejercicio cada vez más provechoso al espíritu, fuente de perenne armonía entre nosotros y las fuerzas creativas del universo. Ella obra en la vida del más humilde creyente el prodigio de la «comunicación con Dios.» Y sentirnos en relación con la divinidad influye poderosamente en nuestros pensamientos y en nuestros actos.
Un muchacho de la tribu de los hurones dejó la región del norte de Wisconsin donde habitan esos indios norteamericanos, se educó en la ciudad, siguió la carrera de abogado, y no volvió a sus nativos bosques sino cuando, ya hombre maduro, fue a pasar una temporada de vacaciones cavando y pescando. El leñador que le servía de guía advirtió que a la puesta del sol se iba sin decir a dónde y permanecía ausente una hora. Picado de curiosidad, lo siguió una tarde sin que él lo advirtiese.
Ocultándose detrás de un abeto, lo vio prender en un claro del bosque una fogata, colocar a un lado un tronco• sostenido por dos piedras, improvisar enfrente otro banco semejante y sentarse en él con la mirada fija en las llamas.
Fl guía se adelantó hacia el indio, que al verlo levantó ambas manos indicándole que se detuviese. En seguida, sin decir palabra, arregló un tercer asiento e invitó al guia por señas a acompañarlo en su vela. Media hora permanecieron en completo silencio,
De vuelta al campamento, después de cenar, el indio explicó así lo sucedido:
«De niño me enseñó mi madre a que al final de cada día me retirase a solas y me pusiese en comunicación con el Grande Espíritu. Debía examinar mis actos y mis pensamientos de ese día, y si hallaba algo de que avergonzarme, manifestarle al Grande Espíritu mi arrepentimiento y pedirle fuezas para no incurrir de nuevo en la misma falta. De esta manera dormiría más tranquilo esa noche. Me había olvidado por completo de esas enseñanzas, pero aquí, bajo estos altos árboles que presenciaron mis juegos de niño,ha renacido mi antigua fe. Siento una paz que no experimentaba desde mi niñez. Y en lo sucesivo cuidaré de no pasar un solo día sin comunicarme con el Grande Espíritu.»
El gran cantor de ópera italiano Ezio Pinza, estrella de la comedia musical South Pacific, tan aplaudida en Nueva York, tiene otra manera de encontrar la senda que conduce al sosiego del ánimo:
«La víspera del estreno — cuenta Pinza — le aconsejé a Mary Martín (la primera dama) que si los nervios no la dejaban dormir hiciese lo que, según me consta por experiencia propia, era lo mejor en tales casos: levantarse e ir a la iglesia Huís ccrcana. A poco de estar allí — le dije —desaparecerá su nerviosidad, como con la mano. Dios ha sido tan bondadoso conmigo y me ha favorecido tanto en mi carrera, que nunca dejo de acudir a El en mis necesidades. Otro 'pueden fallarme; Dios, jamás. Cuando expliqué esto a Mary, se echó a llorar, y ése fue el comienzo de nuestra amistad.»
La comunión con lo infinito es de positivo valor hasta para los asuntos más mundanales. Conozco un fabricante que viaja en automóvil entre su casa y la oficina para poder reflexionar a solas en sus problemas.
«Una mañana—dice—caí de repente en la cuenta de que siempre estaban presentándose problemas imprevistos. ¿ Como atinar a resolver dificultades con las que no había contado? Únicamente por la oración. Ahí mismo empecé a implorar que me fuese dable hallar soluciones justas y acertadas a los problemas que me salieran al paso ese día. Llegué a la oficina confortado y lleno de confianza, y ese día fue uno de los mejor aprovechados. Comprendí que había dado con una técnica maravillosa. En vez de impetrar auxilio para salir de las dificultades, me preparaba de antemano para resolver en forma serena, racional y adecuada las que fuesen presentándoseme.»
La promesa divina «Pedid y recibiréis» no implica que haya de concedérsenos precisamente lo que pedimos. Con frecuencia no sabemos lo que en realidad nos conviene; así nos enseña un antiguo proverbio griego que cuando los dioses están enojados con un hombre le dan cuanto quiere. Muchos hemos llegado a felicitarnos de que algunas de nuestras súplicas quedaran desatentidas. La persona prudente concluye sus ruegos diciendo: «Empero, no se haga mi voluntad sino la tuya.»
Rosalía, hija de un parisiense de escasos recursos, mostró desde niña grandes disposiciones para la pintura. Pero esto no bastaba para adelantar en el arte. Rosalía deseaba copiar del natural, y su padre no podía costearle un modelo.que la joven imploraba fervienteInente que se le deparasen unos francos, el dinero no le llovía del cielo,
Cierto día en que daba un paseotuvo la corazonada de que todo iba a arreglarse. Al pasar cerca de una plaza de mercado muy concurrida, reparó en el caballo de un carretón de hortalizas. Allí estaba el modelo, si la joven se conformaba con que este fuese un caballo. En el Museo Metropolitano de Nueva York se admira hoy el mundialmente famoso lienzo La feria de caballos. Lo firma Rosa Bonheur, la artista que Conquistó imperecedero renombre con sus obras maestras, la mayoría de las cuales son pinturas de caballos.
A medida que se ensancha nuestro horizonte aprendemos a pedir menos para nosotros mismos; a recordar en nuestras oraciones a los demás, amigos y enemigos; a implorar salud para los enfermos, consuelo para los afligidos, socorro para los necesitados, y misericordia para todos. «Que Dios te llene de belleza interiormente,» era la súplica de Platón por los que amaba.
La misma ciencia empieza a atemperar la hostilidad que mostró de antiguo ante los profundos misterios de la fe. Hace pocos meses el doctor Robert A. Millikan, sabio de 82 años distinguido con el Premio Nobel, director del Instituto de Tecnología de California, declaró ante los principales físicos de los Estados Unidos que una vida consagrada a la investigación científica lo había convencido de que existe un Dios que rige los destinos de los hombres. Ningún científico ha penetrado más a fondo que Millikan en la mecánica de la materia. Fue él quien primero determinó la carga y la masa del electrón, la partícula más pequeña del universo. He aquí cómo se expresó en su reciente discurso:
«No sabemos qué lugar nos corresponde en los planes del Creador; ignoramos la extensión de la tarea que nos ha señalado; mas es lo cierto que si dejamos de cumplirla, esa parte de la común tarea quedará por hacer.
«Indudablemente entramos por algo y de alguna manera en el plan de la creación, pues de lo contrario no existiría en nosotros el sentimiento de la propia responsabilidad. Una filosofía estrictamente materialista me parece el colmo de la falta de inteligencia:» »
Como por infalible instinto, los grandes hombres de todas las épocas han vuelto los ojos a Dios e implorado su ayuda. Parece como si superando las dudas de la razón, hallasen el camino más corto para llegar a la verdad universal. Ninguno ha expresado esto tan lúcidamente como Abraham Lincoln:
«He tenido—dice—tantas pruebas de sus designios, me ha guiado en tantos casos una fuerza a superior a mi voluntad, que no me cabe dudar que esa fuerza provenga de lo alto. Con frecuencia veo claramente la resolución que debo tomar, aun cuando carezco de razones suficientes en que fundarla . . . Estoy cierto de que cuando el Todopoderoso quiere que yo haga o deje de hacer una cosa, halla manera de comucármelo. . . Creo firmemente qué Dios sabe lo que El quiere que hagan los hombres, lo que a El le complace. Y jamás prosperará quien no lo escucha.
«Yo hablo a Dios—continúa diciendo Lincoln—y entonces mi entendimiento parece despejarse y veo abrirse un camino. Sería el más completo y vanidoso mentecato en el ejercicio de los deberes de es cargo si esperase cumplirlos sin auxilio de aquella sabiduría que viene de Dios y no del hombre.»
El escéptico más obstinado puede mediante la oración, experimentar lo que es esta guía. Pruebe a hacer como Lincoln. No importa que lo intente sin haber renunciado a su incredulidad, siempre que proceda con ánimo desprevenido, deseoso de averiguar por propia experiencia cuánto puede la oración. Le auguro una serie de felices sorpresas.
Caricaturas
PIMPOLLO de oro al novio: «Me imagino que tu compromiso secreto quiere decir sin anillo.»
M. G. en This Week Magazine
EL NIÑO al papá que está absorto en la lectura del periódico:
—Papacito ¿no te gustaría saber a qué fue a lo que contestaste «sí, sí»?
C. S. en The S«mrd,y R—i— o/ Lif,,ai.,e
UN SOLDADO en la Legión Extranjera francesa dice a su camarada:
—Me enganché en la Legión hace unas dos o tres semanas para
tratar de olvidar a una chica que se llamaba Elsa o algo por el estilo.
11,n,f, de Londre
UNA DAMA, furiosa, a la vendedora:
—Quiero devolver este perfume. No me gusta el hombre que atrajo.
F. en 7h, Sn-dy E-,¡,,g Post
UN OFICIAL del ejército rinde declaración ante la comisión de seguridad nacional del Senado de los Estados Unidos:
—No, señores: el Capitolio no corre peligro. ¡Ningún enemigo va a bombardear a Washington y acabar deliberadamente con toda esta confusión!
Lichty, Chicago Sun-Times Syndicate
domingo, 22 de enero de 2017
LIC. Y POETA FEDERICO HERRERA- 1901-HUEHUETENANGO
Tus dulces trovas al viento;
domingo, 4 de diciembre de 2016
EL AMANTE Y EL ECO- FEDERICO HERRERA- 1901
Autor: FEDERICO HERRERA
HUEHUETENANGO
AÑO 1901
EL AMANTE Y EL ECO
AMANTE: ¿Qué me pasa? No me es dable
Explicarme lo que siento.
¿Es raro presentimiento
De algún percance probable?
El Eco: ¡Hable!
Am. ¡Qué yo hable! ¿,Quién es, diga
El que á mis voces responde
Y dónde se oculta, donde
Para que hablando prosiga?
Eco ¡Siga!
Am. A buscarte me encamino,
Pillo que sales al paso,
Dí: ¿mi sino eres acaso
O eres burlón campesino?
Eco ¡Sino!
Am. ¡Oh mi sino!, ¿do escondido Estás?
De ansia me llenas.
Quiero confiarte mis penas
Que sólo á eso he venido.
Eco ¡Nido!
Am. Una sospecha me asoma
Que tu respuesta ha traído:
¿Cuál paloma tienes nido?
¿El tuyo do está, paloma?
Eco ¡Loma!
Am. El camino no está abierto
Para subir á esa loma,
En fin, demonio ó paloma
, A comprenderte no acierto.
Eco ¡Cierto!
Am. A otro remedio ocurro
Y es el marcharme en seguida.
¡Adiós, voz desconocida,
Ya de escucharte me aburro!
Eco ¡Burro!
Am. ¡Que soy burro! Te confieso
Que entenderte no he podido.
¿Te enoja que me haya ido
Y á, oir tu voz no regreso?
Eco ¡Eso!
Am. Tu y yo nos enojamos
Porque nadie se comprende;
Más recuerda, diablo ó duende,
Que entendernos no probamos
Eco ¡Vamos!
Am. Vamos, pues, y entro de lleno,
A exponerte voy mi apuro;
Mas si te burlas te juro
Que no te dejaré bueno.
Eco ¡Bueno!
Un malestar grande siento,
Siento que el pecho oprimido
Del corazón el latido
Aumenta cada momento.
Es tan grande mi tormento
Como son grandes los cielos,
Son tan tristes mis desvelos
Que no comprendo, señor,
Si la causa es el amor
O son la causa los celos
Eco ¡Celos!
Celos tengo, está m(iy bien
Pero de todos aquellos
Que la ven. No sé en quien de ellos
Fundados por fin estén.
Dime quien es. Dime quien
Me ha causado tal disgusto;
Quiero matarlo. Es muy justo
Dí: ¿quién es ese atrevido
Que á mi pesar se ha valido
De proceder tan injusto?
Eco ¡Justo!
Am. ¡Justo fue! ¡Vil infeliz
¡Ese pobre desgraciado,
Ese cojo y jorobado,
Sin dientes y sin nariz!
¿Es ese que echa raíz
Donde se sienta y parece
Que á la casa pertenece?
¿Es el que me causa abrojos
Ese de pequeños ojos
Cerrados cual si durmiese!
Eco ¡Ese!
Am.. ¡Santo Dios, justicia imploro!
Tanto bochorno me mata,
No es posible que esa _ingrata
Me engañe así sin decoro.
Yo que la quiero y la adoro
Cual se adora al mismo Dios,
De mi amor veo ir en pos
Un engaño que lo hiere. . . .
Pero díme á quién prefiere,
¿A quién, á quién de los dos?
Eco ¡Dos!
Am. ¡Dos prefiere! Pues certero
Debe ser que engañe á más.
Pienso que no ocultarás
Si ha engañado á otro tercero.
De incertidumbre me muero
Pues saber quiero si tiene
Algún tercero que viene
A hacer mi dolor gigante
. ¿Dime si tiene otro amante
Que fingiendo la entretiene?
Eco ¡Tiene!
Am. . ¡Tiene más! ¡Cuánto cinismo!
Contra mi suerte me ensaño
Que permite tanto engaño
Que hasta me engaño yo mismo.
A tus pies hay un abismo
Y te esperan sus entrañas,
Mujer que todo lo dañas,
Si el negro abismo te oculta
, Oirás que hasta allí te insulta
Cada sér á quien engañas.
Porque la mujer malvada
Que quiere emplear el engaño
Creyendo que causa un daño
Siempre ha quedado engañada.
¡Adiós, ilusión: tornada
En engaño das horror!
Está ya muerto mi amor
Que ,su objeto está fallido.
Muy grande mi amor ha sido
Pero mi orgullo es mayor.
Ya mi mente se acalora
Y se enfurece, vacila. . . .
Para dejarla tranquila
¿Qué haré dime, que haré ahora?
Eco ¡Ora!
Am. Voy á orar, pues tú lo quieres,
Que el alma hacia Dios avanza
Y adquiere de su bonanza
Los deliciosos placeres.
Te obedezco; sé quien eres.
De mi rezo en pos irá
Mi alma que sufriendo está,
Para que al llegar al cielo
Adquiera allá su consuelo
Que Dios á todos les da.
¡Oh gran Dios que de la nada
Hiciste brotar al mundo:
Santo Dios que sin segundo
Tienes mi suerte marcada!
Hacia tí va encaminada
Mi oración que con fervor
A implorarte va favor
Con todas las ansias mías,
¿Por qué sólo llanto envías
Para mi pecho, Señor?
Tú le das al desgraciado
Con sólo un rayo del cielo
El codiciado consuelo
Para su pecho cuitado.
Y yo fiel enamorado
Que atesoro puro amor
Soy blanco de tu furor
Y matas mis alegrías..
¿Por qué sólo llanto envías
Para mi pecho, Señor?
Tú calmas todas las penas
Del que sufre y al que llora
Con mano consoladora
Con esperanzas le llenas
¿Y por qué á mí me condenas
Al sufrimiento mayor?
¿Por qué envenenas mi amor
Que tan risueño fingías?
¿Por qué sólo llanto envías
Para mi pecho, Señor?
No es mi intención ofenderte
Al pedirte decidido,
Que ó me das mi amor perdido
O me mandas ya la muerte.
He sufrido de tal suerte,
Es tan grande mi dolor,
Que no la vida mejor
La muerte mi ánima ansía.
.. . La muerte, la muerte envía,
Manda la muerte, Señor!
Murió mi ilusión tan casta
La adoré siempre de hinojos
El llanto que dan mis ojos
A consolarme no basta.
Eco ¡Basta!
Mi alma le expuse desnuda
A mi Dios, ya tú lo oíste,
Por si algún remedio existe
Para mi pena tan ruda!
Eco. ¡Ruda!
Am. La ruda por cierto es buena,
Voy á tomarla en seguida.
Otros remedios dan vida
Que también voy á buscarlos.
Eco ¡Carlos!
Am. ¿Carlos dices? ¿tú me hablabas?
Eco Habas!
Am. ¿Qué las habas son remedio?
Eco ¡Medio!
Am. Y te burlas, ¿no es así?
Eco ¡Sí!
Am. Adiós, si burlado fuí
Castigo pediré á Dios
¡Adiós!
miércoles, 25 de enero de 2017
FEDERICO HERRERA-1901- HUEHUETENANGO
FEDERICO HERRERA
1901
HUEHUETENANGO
Guatemala
AL ENVIAR UN LENGUAJE DE LAS FLORES
Ya sé que ebria de amor irás jadeante
A leer este libro, amada mía,
Para ver qu1 te dice algún amante
En la flor misteriosa que te envía.
Talvez te diga de placer un mundo,
Talvez te diga de ternura un cielo,
Que ausente de su amor es un segundo
Un siglo abrumador de desconsuelo.
Mas nadie te enviará cual yo de hinojos
La flor de mi alma que se escapa loca,
A traerme un destello dle tus ojos
Y un beso perfumado de tu boca.
sábado, 28 de enero de 2017
MIS AMORES- POESIA DE LIC. FEDERICO HERRERA- 1901-HUEHUETENANGO
( I PARTE )
con un álbum y varios libros.
domingo, 22 de enero de 2017
LIC. Y POETA FEDERICO HERRERA- 1901-HUEHUETENANGO
Tus dulces trovas al viento;
sábado, 4 de febrero de 2017
FEDERICO HERRERA- 1901-HUEHUETENANGO- 2
ALSERTO G. VALDEAVELLANO Y RAFAEL A. CASTILLO.
miércoles, 25 de enero de 2017
FEDERICO HERRERA- SOÑAR-1901- HUEHUETENANGO
FEDERICO HERRERA
HUEHUETENANGO
1901
SOÑAR
Anoche en dulces sueños vagó mi fantasía,
Que en vano, amada mía, quisiera aquí pintar,
Y solo perturbaba mi erótico beleño
Saber que de ese sueño debía despertar
.
El hombre más dichoso soñeme entre tus brazos
En muy estrechos lazos que amor quiso formar,
Mirando ya extinguidos mis duelos, mis enojos
Y viendo allá en tus ojos mi imagen reflejar.
Cual vagan en mi mente vapores de ese sueño
Que excitan el empeño de verlo realizar,
¡Feliz si ya despierto tornaran esos lazos
Y luego entre tus brazos volviera así á soñar!
viernes, 25 de noviembre de 2016
"MARÍA"--POETA FEDERICO HERRERA- HUEHUETENANGO 1901
"MARÍA"--
Leí llorando las sentidas hojas
Que refieren la historia de «María,»
Porque tiene en sus páginas congojas
Que parecen tomadas de la mía.
Amé también y con el mismo anhelo,
Efraín, con que tú de amor te inclinas,
Tú amabas á María y voló al cielo
Y yo quise una flor que me dió
El sentimiento de placer se inflama
escuchar tan amorosa historia;
Que es bello recibir del sér que se ama
En vida el corazón; después la gloria!
domingo, 29 de enero de 2017
POESIA F. HERRERA-1901-HUEHUETENANGO
domingo, 22 de enero de 2017
POETA DESCONOCIDO-FEDERICO HERRERA-1901-HUEHUETENANGO
domingo, 15 de enero de 2017
LIC. FEDERICO HERRERA- POETA- 1910-HUEHUETENANGO
.LIC. FEDERICO HERRERA- POETA- 1910-HUEHUETENANGO
ALSERTO G. VALDEAVELLANO Y RAFAEL A. CASTILLO.
.Como edén de los amores,
Permitid pulse la lira
sábado, 4 de febrero de 2017
MIS VERSOS- LIC. FEDERICO HERRERA- HUEHUETENANGO-1901-1
Alguna vez en la vida.
La.juventud yace en calma
Y lleva adormida el alma
Y embotado el pensamiento:
Se conjura el firmamento
Y en su justa indignación
Dice con voz de aquilón
Como á Lázaro el creyente:
¡Juventud, alza la frente,
Reanima tu corazón!
Si vuestra insignia altiva es
No permita en su ansia loca
Que se enmordace la boca,
Que se encadenen los pies.
De la moral á través
Con ahínco y con tesón
Bebed siempre inspiración
De la vida en la corriente:
Llevad la luz en la mente
Y el fuego en el corazón.
Al volar al porvenir
A donde el destino os lanza
Vuestras alas de esperanza
Sean: pensar y sentir.
De la gloria debeis ir
Siempre en fiel persecución:
La aureola de ilusión
Sea llevar dignamente:
Resplandores vuestra frente,
Halagos el corazón.
En el campo de la ciencia
Sembrad como activo dueño
Porque al calor de ese empeño
Florece la inteligencia.
La inacción de la conciencia
Embrutece la razón;
Sacudiendo la inacción
Disfrutad alegremente
Con el sudor de la frente,
Con la paz del corazón.
Adorad siempre lo grande
Y remontad vuestro vuelo
A las regiónes del cielo
Do llega el cóndor del Ande
Vuestra altivez no se ablande
Con la vil humillación
Y llevad como pendón
En vuestra lucha valiente,
No doblar jamás la frente
Ni vender el corazón.
Juventud, á la moral
Cantad, siempre y al derecho
Y llevad abierto el pecho
Para que anide el quetzal.
Luchad por el ideal
Porque triunfe la razón
Y vuestra única ilusión
Llevar sea eternamente:
El gorro frigio en la frente,
La patria en el corazón.
De las dulces compañeras.
Y cuando esa flor tan leve
sábado, 4 de febrero de 2017
FEDERICO HERRERA- 1901- HUEHUETENANANGO-3
Tus dulces trovas al viento;
Písalos fuerte, col, desdén, con fuego
Que es bello recibir del sér que se ama
TE AMO
Con fuego, con ardor;
Con tímido temblor....
Volando hacia tu pecho
Unísonos sus cuerdas
Que tú quizás olvidas
sábado, 21 de enero de 2017
EN UNA VELADA-FEDERICO HERRERA-1901
miércoles, 2 de noviembre de 2016
A PIEDAD URUTIA -POETA Y LIC. FEDERICO HERRERA HUEHUETENANGO 1901
Creo ver en el manto de la noche
La más tranquila y apacible estrella.
Todo el candor á la inocencia aduna,
Jamás lo empañen tempestuosas nubes;
Anoche en dulces sueños vagó mi fantasía,
Que en vano, amada mía, quisiera aquí pintar,
Y solo perturbaba mi erótico beleño
Saber que de ese sueño debía despertar.
El hombre más dichoso soñeme entre tus brazos
En muy estrechos lazos que amor quiso formar,
Mirando ya extinguidos mis duelos, mis enojos
Y viendo allá en tus ojos mi imagen reflejar.
Cual vagan en mi mente vapores de ese sueño
Que excitan el empeño de verlo realizar,
¡Feliz si ya,despierto tornaran esos lazos
Y luego entre tus brazos volviera así á soñar?
viernes, 10 de febrero de 2017
EL JURAMENTO-276
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
Por fortuna el huracán fué cesando gradualmente
y la mar quedóse tranquila.
Tan serena, que durante tres días estuvieron las
carabelas incapacitadas de bogar.
Todos aquellos incidentes, tan propios del sitio en
que se hallaban, eran considerados sin embargo como
fatídicos agüeros entre los tripulantes.
Al siguiente día soltáronse los nudos de las cuer-
das con que había sido atado el timón.
Entonces el almirante hizo botar una barca, y
acompañado de cuatro remeros, entre ellos Hernan-
do y Garcés, dirigióse á bordo de la Pinta,
Martín Alonso Pinzón bajó hasta el último pel-
daño de la escala para recibir á su amigo.
— Esto significa poco, almirante — le dijo; — afortu-
nadamente la calma se ha restablecido, y buscaremos
el medio de arreglar la avería.
Algo más me preocupa otro detalle,
— ¿Cual? — preguntó Colón.
— La Pinta hace mucha agua.
Bien se advierte que los calafateadores no obraban
de buena fe.
276 EL JURAMENTO
Un timón, aunque es difícil, puede sujetarse; ¿pero
quién se encarga de embrear su quilla?
— No tenemos más remedio que dirigirnos á la
isla de Gomera cuando el viento nos lo permita, y
sustituir esta carabela por otra de mejores condi-
ciones.
— Eso nunca, mi almirante — repuso Pinzón.
Aunque me motejéis de mal intencionado, yo sé
que todas estas averías se deben á la mala voluntad
que nos profesan Gómez Rascón, Cristóbal Quintero
y ese maldito lego á quien me enviasteis á bordo y
que no respondo de que un día de mal humor no le
ponga de cebo para pescar cachalotes.
— ¿Creéis que Fabricio?...
Yo no creo, sino que todos aquellos hombres que
gastan sotana me producen el mismo efecto que las
trombas marinas.
— ¡Quién hace caso de un ignorante!
— Nadie, pero se me figura que yo le voy á despa-
bilar disponiendo que le santigüen las espaldas con
un obenque.
Sonrióse Colón, y dijo:
— ¿De manera que no queréis que busquemos en
la isla otra embarcación?
— No, preciso será reparar la Pinía^ pero una vez
que se haya hecho á mi gusto, irá al Nuevo Mando^
aunque les pese á los comerciantes.
En la Gomera pueden hacer un nuevo timón y de
paso cambiaremos la forma de las velas de la Niña
con objeto de que ande más.
DE DOS HÉROES. 277
¿No OS parece?
— Desde luego.
— De seguro que mi hermano Vicente, cuyo carác-
ter impetuoso conozco, estará echando á la nave
más maldiciones que amenes dice un párroco du-
rante la misa.
— Mi único deseo es que se activen estos asuntos,
y que permanezcamos en la Gomera el menos tiem-
po posible.
— Yo también opino así, pero no podremos pre-
cipitar las cosas.
— Temo que los marineros, particularmente aque-
llos que han sido cogidos de leva, se nieguen en ab-
soluto á seguirnos.
Yo procuro estimularlos bajo todos conceptos.
Ya pintándoles el risueño porvenir que les espera
después de las fatigas del viaje.
Ya haciéndoles toda clase de ofrecimientos; pero
sus rostros están más sombríos cada vez.
No extrañaría una sublevación.
— Sin embargo, para esos casos existen recursos.
— Es verdad, pero esos recursos nos impedirían
llegar á la cumbre de nuestras aspiraciones.
Volando la Santa Bárbara, todos sucumbiríamos,
y el Nuevo Mundo quedaba envuelto en las sombras
del misterio.
Es necesario llegar á él.
— Llegaremos, Colón, no lo dudéis.
El almirante estrechó las encallecidas manos de
Martín Alonso, y entró de nuevo en el bote.
278 EL JURAMENTO DE DOS HÉROES.
— ¿Quedamos en dirigirnos hacia la isla de la Go-
mera?
—Sí.
— Si por las averías de mi buque me viese obliga-
do á quedarme atrás, no acortéis las velas.
Yo llegaré á ese puerto.
Un fuerte golpe de remo desvió la barca de la
carabela.
Pocos momentos después, el almirante hallábase
de nuevo á bordo de la Santa María,
-------------------------------
Creo que ya no dudaréis ninguno que el almirante es un mentecato que, tal vez ansioso de distinguirse para que su nombre pase á la posteridad, aunque no sea más que en los anales de la extravagancia y la locura, ha sido origen de nuestra perdición. 316 EL JURAMENTO Tal vez sea tarde para poner en práctica el conse- jo que voy á daros, pero con ayuda de Dios quizás lo consigamos. No me parece natural ni lógico que un centenar de hombres que demuestran su valor desde el ins- tante en que nos hemos aventurado á venir á estas regiones desconocidas, nos dejemos subyugar por un visionario ó un ambicioso. — Es cierto — exclamaron á la vez los que escucha- ban las palabras del lego. —Por lo tanto — prosiguió éste — declarémonos due- ños de las carabelas, digamos al almirante que esta- mos decididos á volver á España, y no consintamos que los buques naveguen, no ya hacia esos países imaginarios, sino hacia una muerte segura. — Es verdad — dijo Pablo. — ¿Y si Colón se niega á nuestros deseos? — pre- guntó otro marino. — No lo hará — respondióle Fabricio. ¿Qué significa el deseo del almirante y los herma- nos Pinzón contra los nuestros? — Nada por ahora, porque los superamos en nú- mero, pero es preciso no olvidarse de las consecuen- cias que nos acarrearía esta conducta al llegar á Es- paña. Tened presente que el almirante ha empren- dido el viaje, no sólo con anuencia de los reyes de Castilla, sino habiendo recibido su ayuda. Quedóse el lego pensativo. Las razones del marinero no dejaban de ser pode- rosas. DE DOS HÉROES. 317 — Una idea se me ocurre para evitar este peli- gro — dijo Pablo. Todos, incluso Fabricio, clavaron en él los ojos. —Habla. — Exigiremos al almirante que guarde el más pro- fundo silencio respecto á lo ocurrido. Si él se compromete, no nos delatará. Aunque visionario, es hombre cuya palabra mere- ce crédito. Si por el contrario se obstina... — Prosigue. — Le arrojamos al agua, y cuando lleguemos á España, diremos á las autoridades que, ensimismado en las observaciones de los astros, no pudo prepa- rarse para resistir una ola que, barriendo la cubierta de la Santa María, lo condujo al abismo. Si todos estamos conformes en volver á España, ¿quién se atreverá á delatarnos? — Seguramente que ninguno.
viernes, 10 de febrero de 2017
EL JURAMENTO 2-139
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
CAPITULO XVI. MORIR A TIEMPO Abandonemos el ejército cristiano haciendo sus preparativos para caer sobre Granada, y volvamos á Córdoba, donde hallábase Colón junto á doña Bea- triz, esperando que llegase á la ciudad la noticia de la toma de la corte sarracena. Ya recordarán nuestros lectores, que pasados los los primeros transportes de alegría que recibió el ge- novés al saber que doña Beatriz iba á ser madre, su ánimo preocupóse extraordinariamente, pensando en las consecuencias que podía acarrearle el estado de la joven. Colón temía que el venerable D. Lope Enríquez se enterase de lo que ocurría. No dejaba tampoco de preocupar su ánimo que aquella noticia llegase á D. Diego. ¿Acaso no eran ambos dos sinceros amigos que le habían dado las mayores muestras de cariñoso afecto? Aquella falta no admitía siquiera una reparación^ supuesto que doña Beatriz tenía contraído con otro vínculos tan sagrados como los del matrimonio. Ambos se preocupaban por el porvenir, cuando una desgracia vino á disipar estos temores, aunque cubriendo de luto sus almas. Don Lope Enríquez cayó en el lecho del dolor bajo los efectos de una de esas enfermedades cuyo desenlace es irremisiblemente la muerte. Quizás la Providencia, que es tan sabía en todas sus manifestaciones, prefirió cortar de este modo el hilo de su vida antes que muriese de pesadumbre al contemplar deshonradas sus canas. Doña Beatriz lloró amargamente. Aquel anciano era su única egida. Colón no tardaría en emprender su marcha hacia regiones tan remotas como peligrosas. Su hermano partiría con él en busca de la gloria ó de la muerte. ¡Cuan sola y cuan triste iba á quedarse la joven! Decidió el genovés permanecer al lado de doña Beatriz hasta que tuviera lugar el nacimiento de su hijo, que se hallaba muy próximo, pero corrieron por entonces en Córdoba noticias de que los reyes habían penetrado en Granada. Aquello no era cierto, pero el genovés comprendió que su presencia en el territorio musulmán era ne- cesario. No atrevióse, sin embargo, á expresar á doña Bea- triz su deseo en aquellos instantes tan críticos. Ella, no obstante, los adivinó. DE DOS HÉROES. l37 — Parte, Colón— le dijo: — siento que el alma se muere en mi pecho al pronunciar estas palabras, pe- ro no dejo de comprender que los deberes te recla- man lejos de aquí. Tan pronto como haya nacido nuestro hijo me re- tiraré á un convento, donde mis oraciones serán para ti y para mi hermano. Cuando regreses, ya sabes que el amor que te pro- teso no puede haberse borrado de mi alma, y que te aguardo en el santo lugar donde me acoja. — Beatriz — respondió el genovés — comprendo el sacrificio que hace tu noble corazón al pronunciar <esas palabras. Yo no partiré hasta que te halles restablecida. — No, Colón parte. ' Es preciso que evites que mi hermano venga. Sólo tú tienes ascendiente sobre él para conse- guirlo. Como comprendes, si llega á sus oídos el falleci- miento de mi pobre padre, vendrá en seguida. Dile que yo estoy buena. Que permanezco al lado de mis criadas. Evoca los recuerdos de su deber, que le obligan á continuar junto á su hueste; en una palabra, busca cuantos recursos encuentre tu imaginación para que no venga á Córdoba. Su presencia sería horrible. ¿Cómo ocultarle lo que sucede? El genovés, comprendiendo que las razones de dcña Beatriz eran de mucho peso, se dispuso para el viaje, y al siguiente día se dirigió á la casa de su ama- da para despedirse. — Adiós, Beatriz — le dijo estrechándola entre sus- brazos. — ¡Adiós, Colón; no me olvides!— exclamó la jo- ven con acento entrecortado por los sollozos. — Aun vacilo en partir; paréceme que tus palabras, no son sinceras, que me aconsejas que me ausente por no contrariarme. —¿Y aunque así fuese, sería censurable mi con- ducta? — No, Beatriz, era una abnegación que rayaba ei heroísmo. — Yo no quiero, con efecto, contrariarte. Sé que tus propósitos de descubrir un nuevo mun- do no son los propósitos de un visionario, como algu- nos han creído. Parte, pues; mi egoísmo no llega hasta el punto de^ impedir que tus sienes se ciñan con el laurel inmor- tal de la gloria. ¡Ah! si mis rezos llegan hasta Dios, tu volverás. Podrás suírir las contrariedades que acompañara á todas las grandes empresas, ¡pero cuánta será mi alegría cuando pueda estrecharte entre mis brazos después de tu regreso. Entonces te contemplaré con orgullo, exclamando: «Yo poseo una pequeña parte de tu gloria.
»Yo fui la que te presté aliento para que realiza- »ses tus propósitos.» — Es verdad, Beatriz. DE DOS HÉROES. Í39' Es seguro que á no haberme detenido los lazos de tu amor, hace tiempo me hubiese alejado del país que hoy va á proporcionarme los medios de realizar mi empresa. — Ya ves cómo existe algo de verdad en las afir- maciones de los árabes, cuando aseguran que el des- tino de los hombres se halla escrito en el libro de Dios. El genovés abrazó de nuevo á su amada y salió de la habitación. Doña Beatriz, apenas se quedó sola no pudo re- primir el llanto. — ¡Santo Dios! — exclamó — ¡Tú sabes lo mucho que le quiero y por lo tanto mi sacrificio al dejarle partir. Si me he olvidado de mis deberes por él, si falté á los juramentos prestados á otro hombre en el altar, no es mía la culpa. Mi esposo cometió conmigo la más horrible de las injusticias. Hasta trató de arrebatarme la existencia por sus infundados celos. Era demasiado niña para renunciar para siempre á ese misterioso lazo que une las almas y que se de- nomina amor. La hermana de D. Diego cubrióse el rostro con ambas manos, y dio expansión á sus lágrimas.
jueves, 9 de febrero de 2017
EL JURAMENTO 2-81
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS Y VELASCO
ESPAÑA
1889
—Pues bien, mi amada Beatriz, ya recordarás que
cuando nos separamos me dirigí á la ciudad de Sa-
lamanca.
— Donde te aguardaba un consejo de sabios para
ijuzgar tus proposiciones.
— Es cierto, como en efecto las juzgaron, aunque
€n medio de la más absoluta variedad de pareceres.
Sobre todo, los teólogos no podían conformarse
con las innovaciones que yo introducía en contra de
los asertos de la Sagrada Escritura.
— {Pero tendrían que ceder ante las demostracio-
nes que les hiciste, y bajo el peso de tu elocuencia? —
preguntó la joven con entusiasmo.
— Muchos hubo que así lo hicieron, pero tampoco
faltaron algunos que continuaban aferrados á la idea
de que soy un pobre visionario.
— ¿Serían los menos?
— Afortunadamente sí.
Sin embargo, el informe que enviaron á los reyes
de Castilla no se hallaba redactado en términos tan
satisfactorios como hubiese apetecido.
Dejé que deliberaran sobre el asunto, é inmedia-
mente me encaminé hacia el campamento.
Perdona, amada Beatriz, si arrastrado por el en-
entusiasmo de la ciencia no te cumplí la palabra que
te empeñé.
— Con efecto, me dijiste que pasarías por Córdo-
ba antes de ver á los reyes.
— Llegué al campamento en el instante en que
78 BL JURAMENTO
don Fernando y el marqués de Cádiz se disponían á
asaltar Málaga, una de las plazas de que eran due-^
ños los sarracenos.
Tu hermano y el intrépido Gonzalo de Córdoba,
que me dispensa la más cariñosa amistad, me acon-
sejaban que no perdiese tiempo para conocer la re-
solución del monarca, pero el cardenal Mendoza me
dijo lo contrario.
on efecto, la siniestra perspectiva de los castillos
de Gibralfaro y la Alcazaba, unidas á que el terrible
Hamet el Zegrí, que era gobernador de la plaza,,
preocupaban el ánimo del rey, que indudablemente
no me hubiese atendido con la atención que requería
el caso.
Seguí, pues, los consejos de Mendoza y aguardé á.
que los monarcas se hallasen juntos.
Esto no tardó en verificarse.
La presencia de doña Isabel volvió á alentar á los
paladines, que se hallaban muy desanimados al ver
la resistencia heroica que les oponían los infieles pa-
ra llegar á los adarves.
Yo, mi querida Beatriz, tomé una parte activa en
aquel combate.
Se consiguió el triunfo algunos días después.
— ¿Qué no se logra con un ejército tan valeroso y
tan tenaz?
¡Cada soldado es un héroe!
Todos pelean con ese arrojo que presta la fe á los
hombres.
Apenas vi tremolar las banderas de Castilla y Ara-
DE DOS HÉROES. 79
gón en las elevadas torres de las mezquitas, busqué
al cardenal Mendoza, que se disponía ú preparar el
Te-Deun para el siguiente día.
No tuve necesidad de decirle el objeto que á verle
me guiaba.
Es demasiado conocedor del corazón humano, para
no adivinar la impaciencia que me devoraba.
Aquel mismo día me condujo á la presencia de los.
reyes.
La ocasión no podía ser más á propósito.
Estaban radiantes de alegría.
Cómo no, si parece que el Dios de las batallas se
ha declarado en su favor para que conquisten ese
vasto territorio, cubierto por un cielo sin nubes,
sembrado de incomparables flores, y rodeado de ex-
tensos jardines que recuerdan el de las Hespérides?
Don Fernando y doña Isabel me preguntaron
cuáles eran las condiciones que yo ponía para des-
cubrir ese nuevo mundo.
Se las dije, y al primero le parecieron exageradas..
Ignoro si sus propósitos eran que las modificase,,
pero no quise consentir.
¿Con qué se paga lo que voy á hacer?
¿Acaso al conquistarles un nuevo mundo, no soy
acreedor á obtener grandes prerrogativas?
— Ciertamente que sí.
Despechado y triste abandoné la ciudad con inten-
ción de darte un abrazo y partir á Francia, donde el
rey me hace proposiciones.
— ¿Que no aceptarás?
so BL JURAMENTO
No creo que prives á España de las glorias de tu
genio.
— No se lo que hubiese hecho si no me hubiesen
detenido en el camino, manifestándome que la reina
reclamaba de nuevo mi presencia.
— ¿Volverías?
— Volví, y la ilustre señora me prometió solemne-
mente ayudar mis empresas tan pronto como termi-
nase la guerra.
Yo accedí.
Quiero que mis glorias sean para España.
¿Cómo no he de amar á esta nación, si ha sido en
la que contemplaste los primeros destellos de la luz?
Y el genovés estrechó entre sus brazos á la joven
con amante frenesí.
Doña Beatriz le recompensó con una dulcísima
mirada.
— Ahora te escucho.
Ha llegado el momento de que hables tú.
— ¡Ay Colon! Ignoro si la noticia que voy á darte
íe producirá tristeza ó alegría.
— ¿Viniendo de tus labios, cómo no ser grata?
— Sin embargo...
— ¿Sabe tu padre nuestros amores?
— No los sabe hasta ahora, pero necesariamente
tendrá que enterarse de ellos.
Colón clavó sus ojos azules en doña Beatriz.
Ésta ruborizóse de nuevo, y tomando entre sus
alabastrinas y delicadas manos la cabeza del genovés,
murmuró á su oído:
DE DOS HÉROES. 81
— ]Voy á ser madre!
Aquellas palabras fueron pronunciadas tan leve-
mente, que llegaron al marino como el rumor que
produce el céfiro al pasar por entre los pétalos de
una flor.
Palidecieron las mejillas de aquel hombre valeroso,
que no se intimidaba por lanzarse á la procelosa su-
perficie del Océano, ni perdiera la calma por las ru-
das tempestades que hicieran vibrar las jarcias de
sus carabelas.
¿Pero acaso la frase que acaba de oir no era capaz
de hacer que se estremeciesen las fibras más delica-
das de su corazón?
¡ Ah! sí; no hay hombre que no se sienta transpor-
tado á las regiones de la felicidad al oir esa declara-
ción de la mujer que ama.
No hay pupila que no se humedezca por una lá-
grima bienhechora que rueda por el rostro más cur-
tido.
El ¡altivo guerrero descíñese el casco y el arnés
para adormecer entre sus brazos, fatigados por el pe-
so de la lanza, al débil niño que recibió la existencia
por su amor.
El artista abandona su paleta y sus pinceles, exta-
siado al contemplar á la tierna criatura que conside-
ra la más perfecta de sus creaciones.
Esta es la eterna historia de la humanidad, la que
no sufrirá la menor alteración, la que será imperece-
ra mientras el universo exista.
Colón olvidóse por un instante de sus sueños de
EL JURAMENTO DB DOS HÉROES.
gioria, y pasó por su mente la idea de desistir de los
atrevidos proyectos de navegar por aquellos mares
desconocidos.
¿A qué descubrir un nuevo mundo si iba á encon-
trar el mundo de su amor?
Sin embargo, pasados los primeros transportes de
alegría, pensó en la difícil situación en que se halla-
ba doña Beatriz.
¿Cómo ocultarle á D. Lope Enríquez lo que pa-
saba?
¿Qué iba á decir el noble anciano al saber que ha-
bía abusado de su confianza?-
¿Qué diría D. Diego?
Estas consideraciones le hicieron inclinar la cabe-
za sobre el pecho.
La ventura nunca es completa.
Siempre ha de verse mezclado el dolor y la alegría,
como mezclados se ven lo hermoso y lo mezquino.
Por esta ley inquebrantable, Dios puso el lodo baja
la límpida superficie de los lagos, y las espinas junto
á los frescos pétalos de las rosas.
martes, 7 de febrero de 2017
EL JURAMENTO 2-40
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
Desde aquel instante el diálogo de Colón y de doña Beatriz tomó un carácter más familiar. — ¡Ah! — exclamaba la joven — ¿por qué te he co- nocido? ¡Para ser dichosa un instante y perderte luego, qui- zás para siempre! — No, Beatriz; ten confianza, no dudo que mi via- je ha de ofrecer inmensas dificultades, pero me acor- daré de ti, y el recuerdo de tu hermosura me infun- dirá valor. — ¿Y cuándo partes? Colón guardó silencio. Un instante después respondió: — .Mis propósitos son salir de Córdoba mañana mismo. — ¡Tan pronto! 38 EL JURA.MBNTO — Ya sabes la impaciencia con que me esperan en Salamanca. No me parece oportuno hacer que me esperen esos señores que, con objeto de deliberar conmigo sobre el asunto, se encuentran allí. — ¿De modo que no nos quedan más que breves momentos de permanecer juntos? Beatriz, yo no saldré de aquí hasta que raye el día. La joven se ruborizó, inclinando su linda cabeza sobre el pecho. — Y si mi padre supiese...- — No lo sabrá. — Sobre todo, ¿no dices que me amas? ¿Pues si esto es verdad, por qué no me consideras acreedor á exigirte una prueba de tu cariño? Yo no temblaré ante los peligros que se opongan en mi derrotero, acordándome de esta noche. — Sí, Colón; yo te amo, yo quiero demostrarte que he comprendido lo mucho que vales antes que los demás. Y al decir esto, doña Beatriz estrechó entre sus manos la diestra del genovés. Este no apartaba sus ojos de la joven. Ambos se hallaban radiantes de ventura. Habíanse elevado á las dulzuras del Paraíso. Todo predisponía el ánimo de los amantes á la fe- licidad. Hallábase Colón en una estancia ricamente ador- nada, por cuya ventana penetraban tímidamente los rayos de la luna. Veíase junta á una mujer encantadora que se ha- llaba en el período álgido de la belleza, y á la que quería con todo el fuego de que es susceptible sentir un alma meridional. Doña Beatriz contemplábase junto al hombre de genio, cuya grandeza empezaba á ser reconocida por todos. Uno y otro sentíanse arrobados y atraídos como el acero por el imán. Aquella noche fué una palabra de amor, un beso y un suspiro. Ambos vieron con disgusto los primeros albores del día. ¡Cuan indiscreto le pareció el sol! Sus rayos le recordaron que era preciso descender á la tierra, volver á la actividad de la vida humana, y sobre todo separarse. Doña Beatriz desasióse de los brazos de su amante. Temía que su padre encontrase en la casa al ge- novés. Las mujeres nunca llegan en sus arrobamientos hasta el punto de sacrificar su dignidad. — Vete, ya es tarde — le dijo en voz baja. — ¿Tan pronto? — Ya amanece, mi padre no tardará en abandonar su lecho, como tiene por costumbre. — Adiós, pues, amor mío. ¡Cuan rápidas pasan las horas á tu lado! — ¿Volverás pronto? 40 EL JURAMENTO — Te lo aseguro. Si consigo convencer al Consejo, volveré antes de ir al campamento. — Parte, parte, pues. Colón estrechó de nuevo entre sus brazos á la jo- ven, saliendo un instante después de la estancia. La mañana estaba fresca. La brisa templó sus enardecidas sienes. Dirigióse hacia la hostería, donde se hospedó du- rante su breve residencia en la ciudad. El dueño del establecimiento ya se había levan- tado. — Prepara mi cabalgadura — le dijo Colón. — ¿Cómo os marcháis tan pronto? — Sí, no puedo detenerme más tiempo. El hostelero obedeció. El genovés tomó un leve refrigiero mientras se cumplimentaban sus órdenes. Un instante después entró de nuevo el hostelero, manifestándole que estaba servido. Colón pagó religiosamente su cuenta, y después de darle una buena propina, montó en la muía y di- rigióse hacia las afueras de Córdoba. La hermosa perspectiva de la sierra, la diafanidad del cielo, unido á los dulces recuerdos que llevaba en el alma, le hicieron derramar una lágrima al salir de aquellos parajes. Grande era su confianza en su proyecto; sin em- bargo, no podía tenerla tan profunda en las personas que iban á juzgarle. DE DOS HÉROES. 41 Entre ellos había muchos teólogos dispuestos á rebatir las teorías del genovés. Sin embargo, Colón hallábase dedicado á la lid científica que se preparaba. No haremos la descripción de su viaje por no can- sar el ánimo de nuestros lectores. Cuando llegó á Salamanca aguardábanle una mul- titud de personas.
Sabedores de los atrevidos propósitos de aquel ex-
tranjero, que hasta entonces se le había considerado
como un loco, no tenía nada de extraño que desper-
tase la curiosidad pública.
Entre la turba adelantóse hasta Colón un venera-
ble anciano, cuyos hábitos indicaron al genóvés que
era un monje.
Con efecto, era fray Pedro Ribera, uno de los que
habían de ser sus jueces en los asuntos que allí le
guiaban.
— No necesito preguntaros vuestro nombre — dijo
clavando sus ojos en el marino — tengo la seguridad
de no equivocarme al suponeros Cristóbal Colón.
— Con efecto, padre — respondió éste.
— Vuestras facciones me lo indican.
Lleváis grabadas en ella ese misterioso sello del
que se eleva sobre el vulgo.
martes, 7 de febrero de 2017
EL JURAMENTO 2- 23
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
Enterado el rey de aquella extraña entrevista, acu- dió á la tienda de su esposa. Mendoza y Colón le explicaron el objeto que allí había conducido al segundo, y si bien no lo oyó el rey con el propio ardimiento que la soberana, no dejó de conceder importancia á lo que le proponían. Aquella noticia cundió por el campamento como el fuego en las mieses. Todos contemplaban al genovés con asombro. Unos tachándole de atrevido y de loco por haberse determinado á proponer á los reyes un imposible, otros admirados de su inteligencia. Entre estos últimos se hallaba el intrépido Gonza- lo de Córdoba, cuya alma era susceptible de com- prender todo lo grande y maravilloso. Presentóse un día en la tienda de D. Diego Enrí- quez, donde supo que el genovés moraba. DB DOS HBROBS. 21 — Si alguna vez conseguís poner en práctica vues- tro proyecto — fué lo primero que le dijo al estrechar- le la mano — contad conmigo. — Lo tendré en cuenta, capitán, y mucho me hon- ra vuestra proposición. Precisamente pertenecéis al escaso número de los hombres que pueden decidir un negocio de esta im- portancia. — Gracias, Colón — respondió el paladín. — Hasta ahora no habéis podido demostrarnos vuestro valor más que en la tierra, así podréis ha- cerlo en el mar. Para los espíritus grandes, ofrece sin género de dudas mayores encantos. En la guerra lucháis contra las cimitarras de los muslimes, allí se lucha con los elementos, esas ar- mas de la naturaleza. Vamos á partir á unas regiones desconocidas, á las que no llegaron nunca los hombres de nuestros países. ¿Qué hallaremos en ellas? He aquí una pregunta de imposible contestación. Tal vez hordas salvajes. Quizás razas más civilizadas que nosotros. Si es lo primero, seremos dignos de elogio por es- parcir entre ellos la luz de la antorcha civilizadora. Si, por el contrario, nos superan en artes y en in- dustrias, aprenderemos. El objeto siempre es santo, siempre es grande. — Es verdad, Colón. 22 EL JURAMENTO — Y todo lo deberemos á nuestro amigo — añadió Enríquez, que sentía por el genovés una admiración extraordinaria. — A mí, á los augustos monarcas, y á todos aque- llos valerosos compañeros que se determinen á tri- pular mis carabelas. Gonzalo desde aquel día visitó con frecuencia al marino. En cambio Hernán Pérez del Pulgar, fuese porque creía que la guerra de Granada había de ofrecer aúnvastísimo campo á sus hazañas, fuese porque des- confiaba del éxito de aquella extraordinaria y titánica empresa, no pensó un instante en dirigirse al Nuevo Mundo. Entretanto, los reyes habían dispuesto que se or- ganizara una asamblea de sabios en Salamanca á la que asistiría Colón para exponer sus planes. Éste salió del reino granadino con gran disgusto de su compañero Enríquez, que no hubiera querido <>epararse de él. — Pronto volveré, amigo mío — le dijo Colón. — Si no os acompaño es porque ayer he recibido órdenes para pasar á la guarnición de Loja, donde temen que caigan las huestes del Zagal. — Yo pasaré por Córdoba, donde me detendré al- gunos días antes de ir á Salamanca. Don Diego comprendió que el genovés deseaba vi- sitar á su hermana doña Beatriz y comunicarle sus impresiones. Aquella noche despidióse el marino de los augus- DE DOS HÉROES. 23 tos monarcas y de sus amigos Gonzalo de Córdoba y D. Diego. Ambos le acompañaron hasta cerca de la frontera. La reina había dispuesto que guardasen su perso- na de las asechanzas enemigas algunos jinetes. La alegría inundaba el alma de Cristóbal. Al fin iba á ver realizados los proyectos de toda su vida. Montado en su muía traspuso los límites del reino granadino, donde se despidió de los soldados que le escoltaron hasta allí. A pesar de que la fatiga que experimentaba era grande, prosiguió su marcha. Su deseo era ver á su amada y comunicarle todas las impresiones que en aquellos últimos días había recibido. CAPITULO III. "La cita. Apenas entró Colón en las estrechas y tortuosas calles de Córdoba, dirigióse á la casa de doña Bea- triz. Esta, como no había recibido la menor noticia dé su salida del campamento, tuvo una verdadera ale- gría al ver á su amante. Don Lope Enríquez, que ya se hallaba completa- mente restablecido de su enfermedad, aunque las heridas habíanle dejado algunos achaques, recibió al genovés con los brazos abiertos. Nunca podía olvidar el noble anciano que Colón había sido su salvador. — Durante vuestra ausencia — dijo — hemos oído hablar mucho de vos.
— ¿De mí? — preguntó el marino.
— Sí, como todo lo que ocurre en el campamento
se refleja en Córdoba, no ha faltado quien nos ente-
re de que vuestros antiguos proyectos de descubrir
TOMO II
un nuevo mundo, encontraron al fin favorable aco-
gida en D. Fernando y doña Isabel.
— Con efecto, gracias á la actividad desplegada por
vuestro hijo, creo que ahora conseguiré en un breve
plazo lo que tanto tiempo he solicitado vanamente.
— ¿Decís que gracias á mi hijo?
— Sí, señor. D. Diego, que se ha hecho por com-
pleto solidario de mis ideas, ha sido quien me puso
en relaciones amistosas con el ilustre cardenal Men-
doza, que, como sabéis, es la persona que más influjo
tiene sobre la reina.
— Y en verdad que merece este favor.
Mendoza es un dignísimo representante de Dios,
no sólo por su talento, sino por sus virtudes.
— Don Diego — prosiguió Colón — me presentó á ese
ilustre prelado apenas llegó al campamento, pues
una leve dolencia le había impedido acompañar á los
monarcas.
— Con efecto, supe su salida de Sevilla, que tuvo
lugar una semana después de haber dejado nosotros
esa ciudad. martes, 7 de febrero de 2017
EL JURAMENTO 2- 13
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA 1889
¡Cuántas risueñas esperanzas! ¡Cuántas ilusiones para el porvenir! Vos gobernando el timón con la mirada fija en la brújula. Yo á vuestro lado, ó procurando dar confianza á los que desesperen. El genovés escuchaba aquellas dulces suposiciones con la mayor alegría. — Sí, amigo Enríquez, ese es el sueño dorado de toda mi vida. Quiera Dios que no me sorprenda la muerte antes de realizarlo. TOMO II 2 10 BL JURAMENTO — ¿Quien piensa en eso? — El que ha sufrido tantos desengaños como yo. ¡Cuan difícil es escalar la cumbre de la gloria! A cuantos monarcas ó nobles he acudido, me oyeron con marcado desprecio. — Sin embargo, la magnánima Isabel os protegerá. No son vanas ilusiones de mi deseo. Aunque no he tenido ocasión de hablarle más que bien pocas veces, leo en sus ojos esos destellos que indican que se eleva sobre el vulgo. Mi padre me ha encomiado su talento. Los grandiosos rasgos de su vida, que han pasada al dominio público, me lo acreditarían de todas ma- neras. Su inteligencia es comparable á su bondad. Ciertamente que si algo digno de censura ha habi- do en su reinado, no fué propuesto por ella. Oponíase á la instalación del Santo Oficio con en- tereza, y sin su exagerada susceptibilidad religiosa no hubiesen conseguido los frailes su propósito. ^Sabéis, amigo Colón, por qué consintió en firmar que el Santo Oficio se introdujera en Sevilla? Colón hizo con la cabeza un movimiento negativo.. — Pues cuando le llevaban á la firma la cédula en que debía de autorizarlo, presentóse un opulento he- breo haciendo grandes ofertas para que la cédula no se firmase. Doña Isabel le atendió como acostumbra á hacerla con cuantos acuden á su cámara. No era el mercenario interés delucro el que la. DE DOS HÉROES impulsaba a oir sus palabras, sino el respeto que siempre infunde la desgracia. Sin embargo, el inexorable fray Tomás Torquc- mada, que se hallaba presente, colocó sobre la mesa un Crucifijo, y le dijo: — «Piense V. M. lo que ha de hacer. Judas vendió á Jesucristo por treinta monedas de plata, y hoy vais á venderle por una cantidad mayor, lo cual no dis- minuye el delito. La reina se puso pálida, y tomando la pluma au- torizó los ejercicios del Santo Tribunal. Es seguro que á no haberse hallado tan oportuna- mente Tórquemada en la cámara regia, los hebreos no hubieran sentido el rigor de la mano de hierro del Santo Oficio. Parecían resucitar las esperanzas en el alma del marino, oyendo las frases de Enríquez. Bien — dijo después de un instante— aguardaremos la llegada del cardenal Mendoza. — Este no puede tardar. Es el consejero de la reina, y con certeza que na- die como él puede influir en su ánimo. Otra cosa os aconsejaría también. — ¿Cuál? — Hablemos con doña Beatriz de Bobadilla, la ilus- tre marquesa de Moya. Tengo el honor de conocerla personalmente, y es una dama de clarísimo ingenio. 12 EL JURAMENTO Excuso deciros, que si vuestro proyecto despierta en ella la simpatía que yo espero, podía también servirnos de mucho. Y casi nunca se separa de la reina, son íntimas amigas desde la niñez. — Una y otra proposición son aceptables. Lo que deseo es salir de la inercia en que me hallo. — Pues bien, os prometo hacer cuanto de mí de- penda para conseguirlo. — ¡Ah, Enriquez! gracias, á no ser por vos y al- gunos escasos amigos que han procurado conservar mi fe, no sé lo que hubiese hecho. Ya no estaría en España, donde no se ocupan más que de la guerra eon los sarracenos. No niego que esto sea un asunto importante. ¿Pero acaso no palidece comparándole con el mío? Trátase de un territorio poderoso, pero yo ofrezco un continente que ocupa la mitad de la tierra. — Por lo mismo que vuestras aspiraciones son tan grandes, grandes deben ser también las dificul- tades que ofrece. — Pero no tantas. Años hace que vivo luchando y oyendo á mi al- rededor las estólidas carcajadas del vulgo. Por eso deseo ardientemente que juzgue mi pro- yecto un tribunal de sabios. Yo sé que venceré todas las preocupaciones y to- das las resistencias. Por intensa que la sombra sea, se disipa con un solo rayo de sol.
lunes, 6 de febrero de 2017
EL JURAMENTO -1064
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA 1889
— Más la quiero muerta que deshonrada. — Eso no deja de ser una frase que no cumpliríais. Un padre no puede prescindir del amor que le ins- piran sus hijos. ¿Cómo no ser de este modo si constituyen parte de su carne y vida de su vida? Podréis deplorar la desgracia de Esther, pero no hasta el punto de preferir que muera, como decís. Jacob se hallaba atónito en presencia de aquel mi- serable. Comprendió, sin embargo, que todo sería inútil, y aproximóse al joven. — Mira, Garcés — le dijo; — yo he conocido el amor que te inspiraba la riqueza. De otro modo, no se comprendería que hubieses delatado al infeliz escultor y á su pobre esposa. Ya sabes que poseo medios de fortuna. Dame á mi hija, y todo será tuyo. — Me proponéis una cosa que no puedo aceptar, aunque soy tan interesado como acabáis de decirme. — ¿Por qué? — Porque si yo he vendido á Torrigiano y á su es- posa, no fué más que por el amor que me inspiraba Esther. Vos me habíais obligado á salir de vuestra casa, y yo necesitaba enriquecerme, ó por lo menos ad- 1064 EL JURAMENTO mitir proposiciones que, aunque poco dignas, 'pues no trato de negarlo, me proporcionaban la subsis- tencia. — ¿Por qué antes de obrar de ese modo no acu- diste á mí, que te quería como si fueses mi propio hijo? —Eso me parecía menos decoroso. — ¿De manera que no aceptas el oro que te ofrez- co como canje de mi hija? — De ningún modo. — En ese caso, voy á proponerte otra solución. Yo debo partir esta noche. Todo se halla dispuesto para el viaje. Procura dominar tus malas inclinaciones, vente con nosotros, hazte un hombre de provecho, trabaja en África, y yo te juro que si alguna vez te haces digno del amor de mi hija, yo no me opondré á vues- tra boda. En los labios del paje se dibujó una sardónica son- risa. — ¿Y para qué quiero yo que me des á tu hija? ¿Acaso no te he demostrado que sé llevármela sin que me la concedas? — Ah, Garcés, pero vuestros amores son un cri- men, yo te hablo de esos amores legítimos que santi- fica Dios. — Si me halagaran, también los obtendría sin tu licencia. Desengáñate, todo es inútil. Te decía en la carta de Esther, que lo procedente DE DOS HÉROES. 1065 era que no la buscases, y debías haber aceptado mi consejo. — ¿De modo que este es el pago que me das á cam- bio de los beneficios que de mí has recibido? — Esos beneficios se aminoran desde el instante en que me los echas en cara. Después de todo, lo que has hecho por mí lo hu- bieran hecho otros muchos. Me encontraste atado á un árbol, aterido de frío y ciego. Hubieseis sido una fiera al dejarme abandonado. — ¿Luego en tu infame corazón no cabe ni la gra- titud? — Cabe, pero no hasta el punto de hacerme un es- clavo. Jacob contemplaba con asombro á aquel mise- rable. Este prosiguió. — Tú me dijiste que saliese de tu casa apenas es- tuve en condiciones de ganarme un pedazo de pan. — ¿Y cómo querías que no lo hiciese, si para mi no era un secreto que amabas á mi hija? ¿Había de permitir que vuestros amores tomasen el giro que hoy han tomado por desgracia? — ¿Luego habrás podido convencerte de que todas las precauciones son inútiles, cuando la fatalidad dispone lo contrario? Sobre todo, Jacob, me parece que fuiste severo conmigo. — Tal vez, porque presentía que eras un infame. 1066 EL JURAMENTO — Comprendo que estuvieses altanero, si te encon- trases en otras condiciones. Pero después de todo, ¿qué más podíais apetecer, tanto tú como tu hija, que yo os concediese á ti el título de amigo y á ella el de amante? Los ojos de Jacob brillaron como carbunclos. Aquellas cínicas palabras concluyeron de exacer- bar su cólera. — Sí — prosiguió el paje — ambos pertenecéis á esa raza maldita, que hasta carece de pueblo propio, ambos lleváis en la frente un padrón de ignominia; el mundo os desprecia, y hasta los augustos monar- cas de Castilla y Aragón se han visto precisados á arrojaros de su país, temiendo vuestro contacto co- mo se teme el de un leproso. El anciano se abalanzó hacia Garcés. Su indignación había llegado al colmo. Parecíale imposible que aquel infame, á quien tantos beneficios había hecho, no se contentase con haberle arrebatado á su hija, y se complaciese en escupirle á la cara. Jacob estaba amenazador. Garcés dio un paso hacia atrás, y sacando de su bolsillo la daga que momentos antes de entrar el an- ciano había tomado de encima de la mesa, exclamó. — ¡Detente, no hagas el menor movimiento, ó pue- des contarte en el número de los muertos! — ¡Hiere! villano. ¡Así tendré la satisfacción de que recaiga sobre tu conciencia un nuevo crimen, y que la justicia de los hombres te condene también! DE DOS HÉROES. 1067 — No me exasperes. Mira que puedo perderte sin que la menor res- ponsabilidad recaiga sobre mi persona. Y Garcés, comprendiendo que el anciano le había dicho la verdad, y que si le hería, venase envuelto en un proceso criminal, aproximóse al balcón. Jacob, pálido como los muertos, sin comprender lo cara que podía costarle la indignación que sentía, se aproximó al paje y, levantando la diestra, tocó con ella en el rostro de Garcés. Este, al sentir la bofetada, se encendió de cólera. — ¡Qué has hecho, miserable! — exclamó lanzando- un rugido como la fiera que se siente herida. Y apoyándose en el alféizar, gritó con toda la fuerza de sus pulmones: — ¡Vecinos, vecinos! ¡Aquí! ¡Un judío acaba de pe- netrar en esta casa! Jacob se quedó inmóvil. Comprendió la infamia del paje, y dejóse caer abatido en un sillón. Pocos instantes después, algunos alguaciles, segui- dos de un pelotón de curiosos, penetraban en la es- tancia de Garcés y se apoderaban del infeliz hebreo,, gritando como una manada de hambrientos lobos.
sábado, 4 de febrero de 2017
EL JURAMENTO -1057
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
Ya empezaba á verificarse el tránsito por las calles de la ciudad. Los madrugadores se dirigían hacia el campo de la Tablada, donde debía tener lugar el auto de fe. Garcés recordó que aquel era el día señalado para 1052 EL JURAMENTO DE DOS HÉROES. que Pedro Torrigiano y su infeliz esposa fuesen con- ducidos al Quemadero. Un estremecimiento agitó su cuerpo. Por infame que fuese, no podía menos de com- prender que aquellas víctimas iban á subir al cadal- so de piedra por sus criminales traiciones. El paje, pocos momentos después entraba en la- hostería. CAPÍTULO CVII. Un PADRE QUE BUSCA A SU HIJA Volvamos ahora á la casa del viejo Jacob. Este y su buena esposa, siguiendo sus tradiciona- les costumbres, abandonaron su lecho apenas se ad- virtieron los primeros reflejos del día. El hebreo, después de orar dirigiendo sus ojos ai cielo, á través de los vidrios del balcón, encaminóse á las habitaciones de sus hijos. Ezequiel advirtió que interrumpían su sueño con un amoroso beso. — Despierta, hijo mío — le dijo Jacob — ya es de día, y es necesario prepararlo todo para partir esta noche. Ahora voy á despertar también á tu hermana. Y el hebreo salió de la estancia, dirigiéndose á la de Esther. El anciano se sorprendió de no encontrarla allí. Sin embargo, no pudo figurarse ni remotamente lo que había sucedido. Creyó que la inquietud la había privado del sue- 1054 EL JURAMENTO ño, y disponíase á salir de la estancia, cuando vio la carta que estaba sobre la mesa. Un extraño presentimiento agitó su ser. Acercóse á la mesa, y tomando con ansia febril aquella carta, la leyó. Es indescriptible el dolor que experimentó el infe- liz padre. Habíanle robado á su hija, que era su tesoro, por la que hubiese hecho todo género de sacrificios. Jacob lanzó un grito, dejándose caer sobre el di- ván y cubriéndose el rostro con ambas manos. A su exclamación acudieron Samuel, Sara y Eze- quiel. Los criados también tomaron una parte activa en aquella escena. La joven Isabel dijo que acababa de advertir la des- aparición de uno de sus trajes, y tampoco ocultó que la tarde anterior había sido portadora de una carta de Esther. El dolor de aquella familia no tenía límites. — ¡Pobre hija mía! — exclamaba Sara; — no es posi- ble que ella haya salido de la casa voluntariamente. ¡Nos amaba demasiado para cometer semejante in- famia! — Ni aun ese consuelo nos queda — decía Jacob; — esta carta nos indica que ha partido por su voluntad. — ¡Ese miserable la ha vuelto loca! — añadía Eze- quiel — pero yo os juro que le arrancaré la vida por ingrato y traidor. Cada cual lanzaba sus exclamaciones. DE DOS HÉROES. 1055 Ezequiel se puso en pie repentinamente. — ¿Adonde vas? — le preguntó Jacob. — Padre — respondió el joven — creo que en estos momentos críticos no debemos perder un solo ins- tante. Tal vez sea tiempo de recuperar á mi hermana; voy pues en su busca. — Desgraciado, detente, no recuerdas la persecu- ción que sufrimos. En la ciudad hay muchos que te conocen, y si caes en poder de la justicia morirás irremisiblemente. — Prefiero la muerte á contemplar vuestras lágri- mas y la deshonra de Esther. — ¿Pero no conoces que con una nueva desventu- ra ni enjugarías las primeras, ni dabas reparación á la segunda? No, es preciso meditar con calma este asunto. — Pero... — Todo es inútil, yo te ordeno que permanezcas aquí. Ezequiel inclinó la cabeza sobre el pecho. — Dejadme sólo — continuó el anciano — necesito buscar el medio de traer de nuevo á esta casa á nuestra hija. Tú, Sara, quédate conmigo. Samuel, Ezequiel y los criados salieron de la es- tancia. La pobre madre estaba deshecha en llanto. — No llores, Sara — dijo Jacob haciendo un es- fuerzo para dominar su propia pena; — yo te aseguro 1056 EL JURAMENTO que todavía no se ha perdido la última esperanza. — ¿Pero cómo quieres que no llore, si me han pri- vado de la hija de mis entrañas? — Yo te prometo hacer cuanto sea posible por en- contrar su paradero. —Si al menos nos hallásemos en condiciones de salir de esta casa y buscarla por toda Sevilla... ¿Pero cómo hacerlo en este período de horrible persecución para nuestra raza? — Ezequiel quería verificarlo, pero yo me he opuesto terminantemente. Como joven tiene un carácter impetuoso, ama á su hermana, y si Garcés tratase de negarle su para- dero, el asunto hubiera podido tomar un mal carác- ter. En cambio, yo que he sido el protector de ese monstruo, yo que soy un anciano, tal vez consiga de él lo que no hubiese logrado nuestro hijo. — ¿Pero piensas salir de esta casa? — preguntó alar- mada la hebrea. — ¿Qué remedio? — No, Jacob, de ningún modo. — Yo me pondré un disfraz, y conseguiré mis pro- pósitos contando con la ayuda de Dios, que nunca me ha desamparado. Horrible fué la lucha que tuvo que sostener Sara. Tratábase por una parte de recuperar á su adora- da hija. Por otra, de su noble esposo, del digno compañero que tanto la amaba.
DE DOS HÉROES. 1057 Sin embargo, la resolución de Jacob era enérgica é inquebrantable. Arrostraba todos los peligros con tal de conseguir la restitución de su hija. El anciano Jacob cambióse de traje, y tomando un báculo se despidió de su esposa. — Adiós, Sara; reza durante mi ausencia, no sólo para que me vea libre de peligros, sino para que nuestra hija vuelva á nuestro lado. La anciana abrazó al hebreo. Éste salió de la casa de Samuel.
jueves, 2 de febrero de 2017
EL JURAMENTO - 1042
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
CAPITULO CV- La fuga. Garcés no se equivocó en sus suposiciones. El viejo Jacob, á quien los años habían dejado como patrimonio un caudal de experiencia, quiso averiguar la verdad que había en lo que al joven le imputaban, y recomendó á su compañero Samuel que aclarase este extremo, supuesto que él se hallaba incapacitado para salir de la casa. Con efecto, el hebreo cumplió el encargo, y de las noticias que obtuvo, ya no pudo dudar el padre de Esther que el paje había sido cómplice de D. Juan Manrique. Entonces dirigióse á la estancia de su hija. Esta se hallaba presa de la angustia más espan- tosa. — Hija mía— le dijo — comprendo que lo que voy á decirte ha de causarte graves disgustos, pero varias enfermedades no pueden extirparse con paliativos, es preciso curarlas con medicamentos más enérgicos. La sospecha que tuve ayer se confirmó. 1038 EL JURAMENTO Nuestro protegido no es digno de tu amor. Me han asegurado, que por unas cuantas monedas de oro vendió al escultor florentino, y este detalle es suficiente para que su conducta se me haga odiosa. Jamás accederé á que te unas con un delator. No ignoro que le amas, pero eres una niña, estás en la primavera de la juventud, y el tiempo se en- cargará de borrar las heridas que hoy se hallan abiertas en tu corazón. Esther nada respondió. Oyó aquellas palabras con lágrimas en los ojos, pero sin atreverse á protestar. — Mañana á las nueve de la noche — prosiguió el hebreo— saldremos de Sevilla para siempre. El septentrión de África nos espera. Ya ha dispuesto Samuel que esté preparada una barca que nos conducirá con nuestras riquezas fue- ra del territorio inhospitalario en que nos hallamos. Arregla, pues, tu pequeño equipaje, y disponte á partir. Sólo tengo que hacerte un encargo. No creo que Garcés se determine á volver, pues indudablemente tú le habrás hablado de mis sospe- chas; pero si lo verificase, no le digas mi resolu- ción. — No volverá, padre mío. — Eso creo, pero mi advertencia no está demás. — ¿Y por qué deseas guardar el secreto para él? — Porque conviene que se guarde para todos. Nuestro viaje es más peligroso de lo que supones, DR DOS HÉROES. 1039 y conviene que no sea conocido por nadie absoluta- mente. Jacob salió de la estancia pocos instantes después. La hebrea quedóse triste y pensativa. A medida que resbalaba el tiempo, aproximándose por lo tanto la hora de la fuga, advertía que la muer- te penetraba en su corazón. Las luchas que interiormente se trababan entre su amor y su deber eran espantosas. En vano trataba de alejar de su memoria el re- cuerdo de su amante. Éste hallábase grabado en ella, embellecido por esos caracteres fantásticos de la ausencia. — No — se decía — es imposible que renuncie á mi ventura. No dejo de comprender que su comportamiento ha sido indigno, pero no puedo olvidarle. Voy á sus brazos como las aguas del río que ace- leran su corriente, á medida que se acercan al mar que ha de confundirlas entre sus olas. No tengo fuerza de voluntad para alejarme de él. Hasta el dique de amor propio se ha destruido. Y Esther sentóse delante de la mesa que había en la estancia, y trazó algunas líneas sobre una hoja de papel. Luego llamó á una de las criadas de la casa, con la que había simpatizado desde el primer momento. Esta era casi tan joven como la hebrea. — Quiero pedirte un favor, Isabel — le dijo. — ¿Qué queréis? 3040 EL JURAMENTO — Es necesario que lleves esta carta á su destino,, sin que lo sospeche absolutamente ninguno de los de la casa. La joven guardó la epístola en su seno, y un ins- tante después se dirigía hacia la morada de Garcés. Este habíase instalado en la hostería, donde le he- mos visto con D. Juan Manrique. Cuando llegó la criada de Samuel, disponíase el joven á salir. Garcés la conoció en seguida. — ¿Qué te trae por aquí? — le preguntó. — Esta carta que para vos me ha dado la seño- rita. El paje abrió la epístola. En ella le decía su amada que fuese aquella noche á verla, pues necesitaba tratar con él de un asunto importante. — ¿Tiene contestación? — Dile á Esther que será complacida. salió de la hostería, y media hora des- pués manifestaba á la hija de Jacob la respuesta la- cónica, pero concreta, que le había dado. Indescriptible es la impaciencia que experimentó la joven durante el resto del día. Temiendo, sin embargo, que sus padres advirtiesen cuáles eran sus proyectos, hizo desesperados esfuer- zos para que la creyeran tranquila. Después de la cena, todos se dispusieron al des- canso. La siguiente noche debieran pasarla de viaje, y era DE DOS HÉROES. 1041 preciso, por lo tanto, descansar para hallarse dis- puestos á las molestias del viaje. Esther abrazó á sus padres y á Ezequiel con más efusión que de costumbre. Las lágrimas pugnaban por brotar desús ojos. Reprimióse, sin embargo, hasta que estuvo sola. Entonces tomó de nuevo la pluma, y escribió una carta dirigida á los que le habían dado el ser. Decíales en ella que, no pudiendo dominar el amor que Garcés la inspiraba, quedábase en Sevilla. Que no ignoraba el dolor que esta noticia había de producirles, pero que no se consideraba digna de permanecer entre ellos, ni podía dominar sus deseos de permanecer junto á su amante. Guando terminó la carta, su mano estaba trémula. La hora de la cita llegó. Entonces Esther dirigióse á la puerta. Su corazón palpitaba con violencia. Sus mejillas estaban pálidas como las de un ca- dáver. Un momento después sintió rumor de pasos en la escalera. Era el paje. Este penetró cautelosamente en la morada del honrado Jacob. Guando estuvieron en la estancia de Esther, ambos tomaron asiento. — He recibido tu carta — dijo el joven — y me he apresurado á acudir á tu cita. — Gracias, Garcés. 1042 EL JURAMENTO — ¿Supongo, que cuando me has hecho venir será porque has cambiado tu resolución? La hebrea, por toda respuesta tomó de encima de la mesa la epístola que acababa de escribir para sus padres. — Lee esta carta — le dijo. Garcés dirigió una mirada á aquellas líneas. — Perfectamente; sólo falta que añadas una adver- tencia. — ¿Cuál? — Tus padres se negarán á partir, confiando en que vuelvas á esta casa. —Todo lo tienen dispuesto para mañana. — Sin embargo, dilatarán su viaje, lo cual pudiese acarrearles serios disgustos. Con objeto de que pierdan esta esperanza y no duden en partir, voy á manifestarles al pie de,
esta carta, que cuantas gestiones hagan por encontrarte serán completamente inútiles. Garcés mojó la pluma, y lo verificó tal como aca- baba de decirlo.
martes, 31 de enero de 2017
EL JURAMENTO...1020
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA 1889
Pocos momentos después el joven se puso en pie. — ^Te marchas? — le preguntó la hebrea. — Sí, Esther, esta noche vendré á verte cuando tus padres estén consagrados al sueño. Necesito hablarte. — Yo también. — Como comprendes, ahora no es ocasión oportuna para hacerlo. — Es preciso que busquemos un medio para no separarnos. Ya recordarás lo que días pasados te dije. Prefiero la muerte á la ausencia. — Todo será susceptible de arreglo. — ¿Me lo prometes? — Te lo juro. Garcés salió de aquella casa. La hebrea sentóse junto á su anciano padre. Este habíase quedado triste y pensativo. — ¿Qué tienes, padre mío?— le preguntó la joven. DE DOS HÉROES 1019 — Si he de hablarte con sinceridad, he extrañado la respuesta de Garcés. — ¿Por qué? — No comprendo que se haya negado á aceptar mis proposiciones. — Su excesiva delicadeza. — No pongo en duda que la posea, pero el resul- tado es que consiente en separarse de nosotros. En aquel instante resonó en la puerta un aldabo- nazo. La hebrea se estremeció. — ¿Qué te sucede, hija mía? — Siempre que escucho ese golpe me parece que veo en el dintel de la puerta á nuestros enemigos. - No, indudablemente quien ha llamado es nues- tro prolector el amigo Samuel. Con efecto, transcurrido un instante, penetró en la estancia el viejo hebreo. Sus facciones venían demudadas. — ¿Qué ocurre? — le preguntó Jacob. — Lo de siempre. Crímenes sobre crímenes, siempre pesando la ma- no de la Inquisición sobre los infelices de nuestra raza, y aun sobre aquellos que imaginan que se han contaminado con nuestras ideas. Acaban de referirme una espantosa escena, que no tiene nombre, que es el colmo de la crueldad y la vi- llanía. El viejo Jacob y Esther clavaron sus ojos en el he- breo, dando muestras de curiosa ansiedad. 1020 EL JURAMENTO Samuel continuó. — En Sevilla habíase instalado un escultor floren- tino, que, según afirman, es una de las lumbreras del arte. — ¿Pedro Torrigiano? — preguntó Esther. — Precisamente. — Un hidalgo muy conocido por su nobleza y su libertinaje se enamoró de la esposa del artista. Al saberlo el escultor, hizo pedazos una estatua de la Concepción que le había mandado labrar, y esto ha sido suficiente para que le condenen á morir entre las llamas. — ¡Qué horror! — exclamaron á la vez el padre y la hija. — Afirman que el miserable que le ha preparado la muerte aspiraba á apoderarse de la veneciana, la cual, queriendo seguir el destino de su esposo, se de- claró judaizante. — ¡Pobre María! — Ambos morirán, mientras el hidalgo y su cóm- plice quedan impunes. — ¿Luego había un cómplice? — Sí, afirman que el joven penetraba en la casa de Torrigiano por la intervención de un paje llamado Garcés. Al escuchar este nombre, la hebrea lanzó un grito de dolor. Las mejillas de Jacob palidecieron. Samuel se quedó absorto observando la impresión que habían producido á ambos sus palabras. DE DOS HÉROES 1021 — ¿Qué os sucede? — preguntó. ¿Acaso conocéis á alguna de las personas que he nombrado? — A todas — respondió el hebreo. Pero dime, ¿quién te ha dicho que Garcés haya podido tener complicidad en ese crimen? — Quien no ha podido engañarme. Hace un momento que me lo ha referido un ínti- mo amigo de D. Juan Manrique. — ¿Y D. Juan le confesó que Garcés le hubiese ayudado? Ciertamente que sí. Hallándose en una hostería varios jóvenes, entre ellos el delator y quien me ha enterado de la des- gracia que acabo de referiros, el primero se entretu- vo en relatar varias aventuras, entre ellas la del ar- tista, que pasado mañana morirá en la hoguera. — ¡Eso es imposible! — exclamó Esther; ¡el sobrino del arzobispo no dice la verdad. — ¡Quién sabe, hija mía! También me cuesta trabajo dar crédito á semejante infamia; ¿pero qué objeto había de llevarse ese joven al nombrar al que fué nuestro protegido? El viejo Samuel no podía suponerse que el paje que había visto dos ó tres veces en su casa desde que en ella se hallaban sus amigos fuese el mismo que acababa de nombrar. En cuanto á Jacob, puso el mayor cuidado en no decirle su sospecha. Cuando estuvo solo con su hija repuso: 1022 EL JURAMENTO — Esther, es necesario que indaguemos alguna cosa sobre el asunto. Niégome, como tú, á dar crédito á que Garcés sea el delator del artista, pero no dejarás de comprender que todo le condena. Nuestro protegido entraba en la casa del escultor. Cuando le hemos comunicado su desgracia ha per- manecido impasible. ¡Ah! Dios mío, esto sería espantoso. Creo que la delación es el crimen que más despre- ciable le haría á mis ojos. Por mucho que le quieras, no debe inspirarte más que repugnancia, si es verdad lo que se le im- puta. — No puede serlo, padre mío; mi corazón me dice que es víctima de una torpe calumnia. — Ojalá no te engañes. — Es más, desearía que nada le preguntases res- pecto á este asunto. Conozco á Garcés. Sé hasta dónde liega su susceptibilidad. — ¿Pero tú procurarás sondear su corazón? — Sí, padre mío, te lo prometo. Esther sentía que las lágrimas la ahogaban. No queriendo, sin embargo, que su padre las viese, por temor de que las atribuyera á la desconfianza que de Garcés tenía, depositó un beso en su frente y dirigióse á su estancia. — ¡Dios de Israel!— exclamó. — ¿Será posible que el hombre á quien amo haya cometido semejante infa- DE DOS HÉROES 1023 mia, ó todo serán groseras calumnias de ese hi- dalgo? Yo lo sabré. No creo que me niegue la verdad. Y aun suponiendo que hubiera sido el delator de Torrigiano, ¿cómo dejar de amarle, si en él cifro to- das las esperanzas de mis ilusiones? Entre estos pensamientos y otros análogos, Esther permaneció el resto del día en su habitación.
martes, 31 de enero de 2017
EL JURAMENTO...1014
El Juramento de dos Heroes
Julian Castellanos
España
1889
CAPITULO CIII UNA SOSPECHA HORRIBLE
No era el Santo Oficio uno de los tribunales que dilataban sus procesos, sobre todo en su primera época. Así como la Hermandad creada por los augustos reyes de Castilla, no tardaba en asaetear á los ban- doleros que caían en su poder, fray Tomás de Tor- quemada procuraba casi diariamente aterrar á los sevillanos con algún auto de fe, en los que morían á docenas los hebreos ó contagiados por sus doctrinas. Al siguiente día de ser presos Pedro y su esposa, sabíase el hecho en toda la ciudad, los motivos que habían inducido á la Santa Inquisición para apode- rarse del matrimonio y que en un plazo breve serían condenados á la hoguera. Torrigiano, más que por su desgraciada suerte, por la de su esposa, hallábase postrado en la tristeza más profunda, y negóse en absoluto á tomar ali- mento. 1014 EL JURAMENTO Había formado la resolución de dejarse morir de hambre antes que salir á la plaza pública. Este enérgico propósito nadie dudaba que lo cum- pliese, tratándose de un hombre tan tenaz y tan digno como lo era el escultor. Garcés, cuando conceptuó que ya era hora de que los padres de Esther se hubiesen levantado, dirigióse á su casa. El viejo Jacob hallábase, como de costumbre, junta al hogar. Su hija permanecía cerca de la ventana que daba á un patio, pero desde la que podía contemplar el transparente azul del cielo sin exponerse á que la vie- ran. Garcés saludó al hebreo. Éste parecía hallarse más preocupado que de cos- tumbre. Su hija, en cuyo rostro se advertían también las huellas de la más profunda tristeza, corrió al encuen- tro de su amado. — ¿Sabes la desgracia que ocurre? — preguntó ai paje. — Lo ignoro. ¿Acaso han descubierto vuestro paradero? — No lo permita Dios. — ^Entonces á qué te refieres? — En toda Sevilla no se habla más que de la pri- sión que anoche hizo el Santo Oficio. Garcés procuró dominarse. — Los desgraciados que morirán en la hoguera en DE DOS HÉROES 1015 el corto espacio de unos cuantos días, son nuestros amigos Torrigiano y su esposa. — Verdaderamente es una desgracia — respondió Garcés con frialdad. — ¡Ah, Dios mío! ¡Pero me lo dices con una calma! — Qué quieres, Esther, en la presente situación ocurren cosas muy graves que me preocupan, y és- tas debilitan las pequeñas. — {Qué te sucede? — ¿Acaso el peligro en que os halláis vosotros no ha de ser más grave para mí? — Ciertamente — respondió Jacob; — pero esas pre- ocupaciones desaparecerán muy en breve. — Mucho lo desearía. — Tengo que hablarte sobre este asunto, hijo mío. — Cuando queráis. Garcés tomó asiento junto á Jacob. — Ya comprenderás, comenzó el anciano, que la situación en que nos hallamos es insostenible. — Desde luego. — Prescindiendo de los graves peligros que hace un momento ponderabas y que en realidad existen, nuestros trabajos se hallan paralizados, y llegaría un momento en que mi fortuna sufriría gran deterioro. Es necesario partir, y pasado mañana lo verifica- remos, si Dios nos presta su ayuda. — Padre — dijo Esther — ya he dicho á éste cuáles son nuestros propósitos, — ¿Y qué te parecen? 1016 EL JURAMENTO — Si he de deciros la verdad, temo que no sean realizables. — ¿Por qué? — La ciudad se halla muy vigilada, y los alrededo- res de Sevilla se encuentran poblados de cuadrille- ros. — Es verdad, pero nosotros, con objeto de evitar sus persecuciones, hemos pensado un medio. — ¿Cuál? — Disfrazarnos de pescadores y salir de Sevilla por el Guadalquivir. Contamos para esto con el viejo Samuel, que, ade- más de habernos hospedado en su casa, será quien nos proporcione los medios de fuga, Garcés se encogió de hombros. — Ahora bien, hijo mío, necesito hacerte una pre- gunta para que me respondas á ella con entera sin- ceridad. Nosotros partimos al septentrión de África. Aquellas regiones incultas y vírgenes al comercio, no sólo podrán indemnizarnos de las pérdidas que hemos sufrido, sino que nuestra fortuna aumentará considerablemente. ¿Quieres acompañarnos? Para mí no es un secreto tu amor. Sé que amas á mi hija y que ella te corresponde. Casaos, pues, y yo seré testigo de vuestra felicidad. Garcés quedóse pensativo. Aquella proposición tan
inexperada le produjo una
extraña sorpresa.
DE DOS HÉROES 1017
El viejo Jacob esperaba su respuesta con impa-
ciencia.
— Pues bien, amigo mío — dijo el paje — justo es que
corresponda á la franqueza con que me habéis ha-
blado.
Que yo amo á Esther con toda mi alma, y que ella
es la única aspiración de mi vida, es tan cierto como
que mis ojos han recuperado la facultad de percibir
la luz.
Sin embargo, yo supe por Esther que deseabais,
antes de que me uniese á ella, que os probase mi ap-
titud para el trabajo.
— No debes extrañarlo.
Los padres siempre queremos para nuestros hijos
una persona que nos muestre su honradez y su com-
petencia.
— Nada más natural.
Yo no he podido demostraros todavía ninguna de
esas cualidades.
— Pero he visto tu delicadeza desde el momento
en que no quisiste aceptar el pan que te ofrecía cuan-
do te hallabas en aptitud de emprender cualquier ne-
gocio.
Además, hoy las circunstancias me obligan á salir
de Sevilla, y mi pobre Esther no puede ser dichosa
más que á tu lado.
— Pues bien, partid.
Yo he emprendido un negocio del que espero pin-
gües ganancias.
Estas deben obtenerse en un plazo muy breve.
128
1018 EL JURAMENTO
Yo iré á buscaros tan pronto como suceda así, y
en vez de seros gravoso podré aumentar vuestra for-
tuna.
—Sea como quieras, hijo mío.
Yo no puedo oponerme á tus propósitos.
Si no fuese por las circunstancias especiales que
hoy nos rodean, aguardaría en Sevilla á que hubie-
ses llegado á la cumbre de tus aspiraciones; pero ya
comprenderás que esto no es posible.
— Desde luego, os comprometeríais sin necesidad.
Esther dirigió al paje una suplicante mirada.
Pocos momentos después el joven se puso en pie. lunes, 30 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES -JULIAN CASTELLANOS-1004
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA 1889
El alguacil, al oir aquel nombre desplegó mayor so- licitud. — ¿Aguardáis contestación? — Lo ignoro. — Entonces tened un instante de paciencia, y sen- taos en uno de los bancos del zaguán, mientras llevo al inquisidor vuestra misiva. Garcés obedeció y vio alejarse al alguacil por aquellos pasillos tan obscuros como angostosos. Un cuarto de hora después presentóse un hombre completamente vestido de negro. Era un familiar. Llamábase D. Diego Rodríguez, y era el único que había sabido hacerse acreedor á la confianza de Torquemada. El paje se puso en pie. — ¿Sois vos quien ha traído una carta del sobrino del arzobispo? — Sí, señor. — En ese caso seguidme. Garcés se apresuró á obedecer. El familiar habló en voz baja á algunos alguaci- les, y pocos instantes después salían del zaguán, di- rigiéndose hacia ei palacio de Manrique. El paje caminaba silencioso. A pesar de sus malas inclinaciones, no dejaba de comprender que su comportamiento era infame. Cuando llegaron á la casa de D. Juan, su corazón palpitaba como si quisiera salirse de su pecho. El joven había dado órdenes á sus sirvientes para que hiciesen entrar en su estancia á Garcés y las per- sonas que le acompañasen. El familiar Rodríguez y el paje fueron, sin embar- go, los únicos que lo verificaron, quedándose los al- guaciles en ei zaguán por encargo del primero. Ambos se descubrieron en presencia del joven. — (Os envía el inquisidor general? — preguntó éste. — Sí, señor, me ha dicho que vos habíais sorpren- dido la más espantosa de las irreverencias en el es- cultor Pedro Torrigiano, y que convenía que la San- ta Inquisición se apoderase de él. — Con efecto, Pedro Torrigiano, á pesar de la fa- ma de buen católico que siempre tuvo, ha cometido, no una irreverencia como decís, sino el más espanto- so de los sacrilegios. 1004 EL JURAMENTO Sin duda se ha contaminado con la atmósfera del barrio en que vive, habitado por los herejes. — ¿Qué atribuís á ese artista? — Ha profanado una escultura de la Concepción. — ¡Será posible! — Con objeto de que no dudéis de mis palabras, quiero que nos presentemos inmediatamente en su casa, pues todavía hemos de hallar los fragmentos de la escultura. — Vamos, vamos, pues, en busca del reprobo. — Debo advertiros que yo no me presentaré en su morada sino con el rostro cubierto. No ignoro que la delación en estos casos, lejos de ser una villanía, abre las puertas del cielo; pero me repugna que comprenda que he sido yo... — Adivino vuestros deseos. Don Juan, podéis ir como mejor os parezca. El joven y Garcés cubriéronse el rostro con anti- faces, y envolviéndose en sus capas salieron del pa- lacio, seguidos del familiar Rodríguez y ios algua- ciles. La aurora empezaba á matizar el cielo con sus tí- midos albores, cuando aquella siniestra comitiva se detuvo delante de la puerta de la casa del artista. El primer golpe que produjo la aldaba fué oído por Pedro y su esposa. Ninguno de los dos había logrado conciliar el sueño. El primero, porque sentía que la cólera le ahogaba. La segunda, porque un triste presentimiento afli- gía su corazón. DE DOS HÉROES 1005 Pedro, además, no había querido acostarse espe- rando que Manrique le cumpliese la palabra que le había dado de ir en su busca antes de que naciera el sol. Nunca pudo imaginarse que lo verificase del modo que iba hacerlo. Estremecióse el escultor al oír el llamamiento. Sus mejillas se pusieron pálidas, y abandonó sú- bitamente el asiento que ocupaba. — ¿Dónde vas, Pedro mío? — preguntó su joven es- posa. — ¿No has oído que llaman? — Sí; ¿quién podrá ser? — Lo ignoro — respondió Torrigiano con voz en- trecortada. Y después de dirigir una mirada al pomo de su tizona, que no se había desceñido, tomó una lámpara y se dispuso á salir. La veneciana le detuvo, echándole los brazos al cuello. — No salgas, Pedro, siento pavor de quedarme sola, aunque no sea más que por un instante. — ¿Pero no has oído que han llamado? — Lo he oído, pero ¿qué importa? Finjamos que dormimos. Ninguno que trate de favorecer nuestros intereses vendrá á estas horas. Como comprenderás, no son las más á propósito para encargarte trabajo. — Pero.... 1006 EL JURAMENTO — Muy bien podemos alegar que estábamos dor- midos. En aquel instante resonó en la puerta un nuevo aldabonazo más fuerte que el primero. — ¡Quita!— exclamó el florentino. Y rechazando dulcemente á su esposa se aventuró por la escalera.
Pedro Torrigiano, antes de abrir, asomóse al pos- tigo. Al ver el resplandor de las linternas de los algua- ciles, comprendió que su adversario trataba de ju- garle alguna mala partida, y preguntó con acento varonil. — ¿Qué deseáis, señores? — Abrid la puerta á la Santa Inquisición — respondió el familiar. Torrigiano estremecióse de pies á cabeza al oir esta repuesta. Cerró sin embargo el postigo y decidióse á abrir, persuadido de que era inocente y nada debía temer del Santo Tribunal.
viernes, 27 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES -1002
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIO CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
No me preguntes, Pedro mío, lo que me aflige. — Pues yo te exijo que me indiques las causas de tu sentimiento. La veneciana comprendió que de seguir callando no sólo se exponía al enojo de Torrigiano, sino que tampoco podría impedir las oportunas asechanzas de D. Juan. Decidióse, por lo tanto, á decirle la verdad, como había pensado hacerlo en otras ocasiones. — ¿Recuerdas, Pedro mío, la oposición que yo te- nía á que reprodujeses la escultura que hiciste para San Pablo? — Lo recuerdo; ¿pero qué tiene que ver este asun- to con la pregunta que te hecho? —Desgraciadamente, mucho más de lo que su- pones. — Habla, habla por Dios, ten piedad de la impa- ciencia que me devora. — Ese D. Juan Manrique, á quien has estrechado la mano tantas veces, es el hombre que trata de ro- barte mi amor. No lo ha conseguido, porque mi alma es tuya, pe- ro no sabes hasta dónde ha llevado su atrevimiento. Las mejillas del escultor se pusieron lívidas, y mordióse los labios hasta hacerse sangre. — ¿Luego D. Juan al entrar en esta casa atentaba contra mi honra? — Sí, Pedro, yo no he querido decírtelo porque me inspiraba miedo su venganza. DE DOS HÉROES 997 — Has hecho mal, el villano se habrá mofado de mi candidez. — ¿Comprendes ahora por qué me oponía á que la- brases esa estatua? — Lo comprendo — respondió tristemente el ar- tista. Y desembarazándose de la capa y la gorra, tomó un martillo de encima de la mesa y se dirigió hacia la escultura. — ¿Qué vas á hacer? le preguntó su esposa. — Ahora lo verás. Este pedazo de piedra tuvo la culpa de que ese miserable se enamorase de tus hechizos y buscara en él un pretexto para profanar mi casa. Y Pedro Torrigiano descargó un golpe en la cabe- za de la estatua. — ¡Por Dios, detente! —Nunca, no seré dichoso hasta hacerla pedazos. Un instante después la estatua caía de su pedestal convertida en pequeños fragmentos. Torrigiano arrojó el martillo con desdén y tomó de nuevo su gorra. — ¿Vas á salir? — preguntó la veneciana con lágrimas en los ojos. — Sí, necesito respirar el aire libre. La fiebre me abrasa. — Yo te acompañaré. — Nunca — respondió bruscamente el florentino. María, comprendiendo que todos sus ruegos serían inútiles, se dejó caer en un banco. 998 EL JURAMENTO — ¡Es preciso que ese villano reciba un castiga ejemplar! — exclamó el artista. Y después de dirigir una cariñosa mirada á la jo- ven, se aventuró por la escalera. Torrigiano sabía muy bien la morada de D. Juan Manrique. Su impaciencia no le permitía aguardar á la ma- ñana siguiente. Cruzó varias callejas, y por último se detuvo de- lante de la puerta del palacio del caballero. La aldaba produjo un sordo rumor. A pesar de lo avanzado de la hora, algunos criados estaban despiertos esperando á su amo, que se halla- ba en la hostería con Garcés. — ¿Don Juan Manrique?— preguntó el artista. — No ha regresado aún. Torrigiano se decidió á esperar. Media hora después descubrió tres embozados que se aproximaban. Uno de ellos era Manrique que, al conocer al ar- tista, dejó caer la capa sobre los hombros. Los que le acompañaban eran el antiguo y servil compañero que vivía á expensas suyas y el paje Garcés. Este último cuidó mucho de recatarse para que no le conociera el escultor. Torrigiano se aproximó á D. Juan. — Sé todo lo que ha ocurrido — le dijo; — uno de los dos sobra en este mundo, y lo único que siento es que vengáis acompañado y nos hallemos junto á DE DOS HÉROES 999 vuestra casa, donde podéis reclamar el auxilio de vuestros numerosos servidores. Como he roto la estatua que me encargasteis os juro que he de partir vuestro corazón. — Mucho os prometéis, Torrigiano— respondió el joven, que al oir las palabras del artista no trató si- quiera de justificar su conducta. — ¿Dónde queréis que nos veamos mañana? Supongo que aunque hayáis atentado á mi honor no seréis tan mal caballero que me neguéis una repa- ración. — Nunca; os prometo que iré á buscaros antes de lo que imagináis. — Os aguardo en mi casa. — No tardaré mucho en ir á ella. El escultor cambió con Manrique una mirada de odio y se alejó. Apenas hubo dado una docena de pasos, D. Juan dijo á Garcés. — Voy á pedirte un nuevo servicio. — Cuantos queráis. — Es necesario que vayas á la Atarazana con una carta mía. — ¿Qué necesitáis á estas horas de los inquisi- dores? — La carta irá dirigida á fray Tomás de Torque- mada. — ¿ l inquisidor general? — Precisamente. D. Juan se encaminó á su casa. 1000 EL JURAMENTO DE DOS HÉROES Penetró en su estancia, y sentándose junto á la mesa trazó algunas líneas sobre una hoja de papel. Luego la cerró y entregándosela al paje le dijo: — Es necesario que antes de una hora estés de re- greso; quiero cumplirle mi palabra á Torrigiano. El paje obedeció. — ¿Qué meditará este hidalgo? — se preguntaba por el camino;— la verdad es que tiene una imaginación satánica, pero que paga con largueza los servicios que se le hacen. CAPITULO CII En nombre de la Inquisición. Garcés hizo durante el camino una larga serie de consideraciones. No se le ocultaba el fin que D. Juan Manrique se proponía, que no era otro que reclamar el auxilio de la Inquisición; pero para verificarlo necesitaba alegar razones en contra del escultor, y éstas eran las que el paje ignoraba. — Torrigiano— -se decía — es un buen cristiano, todos los días feriados y aun muchos que no lo son se di- rige ai templo con su esposa. En él no hay el menor antecedente de judaizante. No creo que D. Juan vaya á utilizar las frecuentes visitas que le hacía la hija de Jacob, pues es conoci- do el origen de ellas.
En fin, todo esto me importa poco, y aunque me inspire alguna curiosidad, no he de tardar mucho tiempo en verla satisfecha. Garcés se detuvo delante del pórtico de la Atara- zana, en el que había algunos soldados y alguaciles. 126 1002 EL JURAMENTO El joven se aproximó á uno de éstos. — ¿Fray Tomás Torquemada? — le preguntó. — ¿Qué deseáis del inquisidor general á estas ho- ras? — Ya comprenderéis que cuando me determino á molestarle será para un asunto de interés, tanto para su ilustre persona como para la sagrada causa que defiende. ¿Estará acostado, no es verdrd? — No, señor, el inquisidor no permanece inactivo nunca. Precisamente acaba de llegar á la fortaleza. — En ese caso tened la bondad de entregarle esta carta que le escribe el sobrino del arzobispo don Juan Manrique. El alguacil, al oir aquel nombre desplegó mayor so- licitud. — ¿Aguardáis contestación? — Lo ignoro.
miércoles, 25 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES- 989
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA 1889
Cuando llegó la de la cita, Garcés dirigióse á la morada del escultor. Apenas llamó en la puerta presentóse María. — Buenas noches, Garcés — le dijo. — Felices las tengáis. ¿Y D. Pedro? — Pues estoy algo inquieta con su tardanza. — ¡Cómo! ¿no está en casa? — No, esta tarde salió con un amigo artista de Roma que se dedicó á la escultura al mismo tiempo que él, y no ha vuelto. El paje se sintió contrariado. Aquella imprevista tardanza podía dar origen á una catástrofe si no le daba un inmediato aviso á don Juan. — ¿Os traía á esta casa algún asunto para él? — Además del de tener el gusto de saludaros, que- ría que fuésemos al palacio del hidalgo á quien yo le recomendé. 986 EL JURAMENTO — ¿Os ha dicho alguna cosa que revele su impa- ciencia? Podéis decirle que la escultura que le encargó es la que ahora le ocupa únicamente. La Santa Cecilia ya no está en casa, y en cuanto á la reproducción que D. Juan deseaba, hoy la ha terminado. Al decir esto, María le designó la estatua, que se hallaba en uno de los ángulos del taller. El paje se levantó del asiento que ocupaba, para contemplar de cerca la escultura. — ¡Ah! exclamó — nadie podrá dudar que es un? retrato vuestro. La venenciana lanzó un prolongado suspiro. En aquel instante escucháronse diez campanadas en la torre de la vecina iglesia. Era la hora convenida por D. Juan y Garcés. Comprendiendo este segundo el carácter impaciente del hidalgo, temió que aquél se aventurase á subir á la casa, y se despidió de la joven manifestándole que á la siguiente mañana volvería. Un instante después salió de la estancia. Don Juan y su escudero aguardaban en la esquina que formaba la calle. — ¿Que ocurre? preguntó al paje. - — Señor, una cosa imprevista. Torrigiano había salido cuando yo he llegado. — ¿Sabes con qué objeto? — Su esposa me ha dicho que hoy ha venido á vi- sitarle otro escultor amigo suyo que llegó de Italia, DS DOS HÉROES. 987 — Entonces se habrán metido en alguna hostería y quizás tarden. — ¿Pero y si sucede lo contrario? Ya sabéis que es hombre de costumbres morige- radas. — Seguramente que no sería muy grato que me encontrara en la casa cuando estuviese junto á su esposa. — Recapacitad lo que vais á hacer. Don Juan quedó pensativo. Luego prosiguió: — Todo lo acepto menos dejar de verla. Acaba de ocurrírseme una idea. — Veamos. — Tú subirás de nuevo á la casa del escultor. — Perfectamente. — ¿Qué pretexto pusiste para justificar tu visita? — He dicho á María que el caballero á quien fui- mos á visitar su esposo y yo, ó sea vuestro amigo, está impaciente porque acabe su escultura, y que me parecería oportuno que fuese á su palacio á darle cuenta del estado en que se halla la obra.
— ¿De manera que tus propósitos eran acompañar- le esta noche hasta Triana? — Sí, señor. — Bien, pues ahora subes de nuevo como te he dicho, y le manifiestas á María que, no sabiendo si mañana podías ir á su casa, has pensado lo conve- niente que sería se viese con el hidalgo. — ¿Pero para qué deseáis que entre de nuevo? 988 EL JURAMENTO — Para entrar yo en el instante que tú salgas. — Comprended que de este modo me declaro vues- tro cómplice. No lo creas. Yo le diré á esa joven que llegaba á su puerta cuan- do tú salías, y como me conoces por haber escucha- do mi acento cuando encargué la reproducción de la Virgen, no has podido dudar en dejarme la entrada. Te prometo que quedarás en buen lugar. — ¿Y si entretanto vuelve el escultor? — Si ocurriese ese contratiempo, mi escudero y tú procuraríais cerrarle el paso con vuestras espadas, y hacedme una señal para que yo me evada por la ventana que cae al jardín del hebreo. — ¿Y cómo queréis que yo detenga á Torrigiano? Inmediatamente me conocerá. Don Juan, por toda respuesta sacó de su escarcela un antifaz que siempre llevaba para su uso. Garcés lo tomó. — Os comprendo. Pues en ese caso no hay que perder tiempo. El paje y Manrique entraron de nuevo en el za- guán de la casa del escultor. El primero llamó á la puerta, mientras D. Juan permaneció oculto en el recodo que la escalera for- maba. María se apresuró á acudir al llamamiento, cre- yendo que era su esposo. Grande fué su sorpresa al encontrarse de nuevo con el paje.
DE DOS HÉROES. 989 — María — le dijo éste penetrando en la estancia — no me había alejado una docena de pasos, cuando recordé que mañana me impiden mis ocupaciones venir á veros. Tened la bondad, por lo tanto, de decirle á vues- tro esposo que es conveniente que vaya á la morada del hidalgo, á quien le recomendé, pues desea que se introduzca una pequeña modificación en la escultu- ra que le encomendó. — Perfectamente, Garcés, cumpliré vuestro en- cargo. El paje inclinóse delante de la joven, saliendo de la estancia. Cuando abrió la puerta, D. Juan esperaba en el quicio y entró en la casa. El paje cubrióse el rostro con el antifaz, y fue á unirse al escudero del hidalgo.
lunes, 23 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES 977
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA 1889
El Pretor romano también quiso libertarle de la muerte, y no consiguiendo que dijera que no era hijo de Dios, lavóse las manos en señal de que deja- ba al pueblo enfurecido la decisión de su condena. Los misterios que rodearon su muerte, la tenaci- dad sublime de aquel sabio filósofo, y la energía de aquel gran revolucionario, hicieron que cayese sobre nuestra raza el anatema de las demás. 974 EL JURAMENTO; Y sin embargo, Garcés, Jesucristo- fué enclavado en la cruz, murió entre dos ladrones, y si esta, sociE- dad actual, escuchase en labios de un hombre álgu- nas de las máximas suyas, tal vez decretaría su muerte sin pertenecer á la raza de los israelitas. Bien sabes los fueros de que goza la nobleza. Ellos eran despóticos con sus vasallos, y por la menor causa les arrebataban la vida. Ellos seducían á las pobres mujeres. Supon por un instante que hubiera surgido en me- dio de la tiranía un espíritu independiente como el de Jesús, y que por campos y plazuelas hubiera ex- clamado como él: «Mas fácil es que un camello penetre por el ojo de una aguja, que un rico pueda entrar en el reino de los cielos.» ¿Qué hubieran dicho nuestros nobles? Y si aquellas palabras echaran profundas raíces en los que las escuchaban, ¿qué hubiesen hecho los magnates? De seguro que la Inquisición hubiera tomado par- te en el asunto, y el gran filósofo, el sabio moralista, si no se hubiese visto en la cruz entre dos ladrones, porque está en desuso esta clase de tormentos, hu- biese perecido á manos de los implacables domini- cos. Esther guardó un instante silencio. Sentíase indignada con la conducta de los reyes al consentir el destierro de los que no habían hecho más que fomentar su riqueza. Un momento después prosiguió: — Yo, aunque he aprendido de mis padres las doc- trinas de mi dogma, no creo que los cristianos no gocéis de las dulzuras de la vida eterna, siempre que os hagáis acreedores á ella. Es más, me parece que el árabe en su mezquita, el hebreo en su sinagoga y el católico en su templo, cumplen igualmente con los deberes que Dios les impone. ¿No te parece incomprensible que una alma pueda perderse sólo porque tenga fe en las doctrinas que le enseñaron desde la cuna? Puede admitirlas porque su ignorancia no le per- mita llegar más lejos. Mi padre, que ha leído mucho y estudió profunda- mente el Corán, dice que Mahoma estampó en él esta máxima: «La piedad no consiste en volver el rostro hacia Levante ó Poniente. »Piadoso es el que socorre á los huérfanos, á los pobres, rescata los cautivos, observa la ocasión, da limosna, es paciente en la adversidad. El que es jus- to y teme á Dios clemente y misericordioso.» Yo, aunque soy una niña, me atrevería á ampliar las palabras del Profeta árabe y diría: Para ganar el cielo, no es necesario ser católico, ni mahometano, ni israelita; basta con cumplir los deberes á que la sociedad es acreedora, observar la virtud, y no admitir nada que á nuestra conciencia repugne.
976 EL JURAMENTO Dispénsame, Garcés, si mi indignación me ha he- cho alejarme del objeto principal, prosiguió la he- brea. Antes te decía que nos vemos en la necesidad de huir de este país. Pero yo deseo saber cuáles son tus proyectos. — No te comprendo, Esther, respondió el paje. — Mi padre ha pensado un modo de evadirse, que no sólo nos libertará del escarnio ó la muerte, sino que tal vez consiga por él no perder sus riquezas. ¡Difícil me parece! — Como eres dueño de mi corazón y por lo tanta de mi confianza, no tengo inconveniente en revelar- te sus proyectos. Ya sabes que el dueño de esta casa donde hemos buscado refugio es un antiguo israelita que por ra- zones de conveniencia abjuró de sus doctrinas. Sin embargo, el amigo Samuel es tan hebreo como pueda serlo cualquiera de los de mi familia, y aunque no asiste á la sinagoga observa las prescripciones de sus ritos. Samuel ha hecho señalados favores á la nobleza sevillana. Muchos de ellos le deben su fortuna. El les adelantó capitales que sirvieron de cimien- to á su prosperidad. Es seguro que nadie ha de detenerle si trata de sa- lir de Sevilla. Bien sabes que para todas las clases y en todas las épocas se han establecido privilegios. DE DOS HÉROES. 977 El amigo de mi padre no puede, sin embargo, mi- rar con calma la ingratitud que con nosotros tienen los cristianos.
domingo, 22 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES -972
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
CAPITULO XCIX. Una alma que siente y otra que calcula. Digamos ahora á nuestros lectores lo que había sido de la familia del viejo Jacob durante este pe- ríodo de horribles persecuciones para los de su raza. Jacob, como todos los suyos, eran fervientes ado- radores de su dogma. Amaba de masiado el anciano hebreo á su esposa y sus hijos, para consentir que se presentasen medio desnudos á la puerta de la fortaleza de Triana, re- cibiendo órdenes que no habían de cumplir por opo- nerse á ello sus ritos. Comprendiendo, sin embargo, que de no hacerlo tenía que tomar alguna determinación, decidióse á emigrar de Sevilla, lo que no pudo conseguir, por- que el propio día en que pensaba verificarlo supo que los cuadrilleros ejercían su vigilancia para im- pedirlo. Entonces dejó su albergue y ocultóse en la casa de un hebreo amigo suyo, de quien todos creían que había abrazado las doctrinas de Jesús. 970 EL JURAMENTO Esto fué un secreto para todos á excepción de Garcés. El paje visitaba diariamente á sus protectores. Como era el único que les llevaba noticias de la que ocurría en la ciudad, el viejo Jacob siempre le aguardaba con impaciencia. Una mañana, el paje acudió á la casa más tempra- no que. de costumbre, Jacob no se había levantado, porque se sentía un poco enfermo. Sara y Ezequiel se hallaban en su estancia. Esther era la única que esperaba al joven. La desgracia, de los de su raza contribuía á entris- tecerla, más que las pérdidas de fortuna que sufrie- ran al abandonar su casa y el comercio á que se dedicaban. La hebrea, después de dirigir una mirada á su alrededor para convencerse de que nadie la observa- ba, estrechó con sus mórbidos brazos el cuello de su amante. —Siéntate, Garcés — le dijo — antes de que entres en la habitación en que se halla mi familia: necesito hablar contigo un momento. Garcés obedeció. — Voy á recordarte una cosa, y espero que, aunque lo haga, no darás mis palabras una torcida inter- pretación. En primer lugar, quiero que me digas si me amas. - L ¿Ahora me lo preguntas? ¿Acaso no lo sabes? DE DOS HÉROES. 971 —Es para mí tanta ventura, que algunas veces hasta dudo de ello. —¿En qué te fundas? —No lo sé, pero desconfío, y estás en aptitud de poder demostrármelo. — Exígeme, pues, la prueba que quieras. — ¿Recuerdas de qué manera te conocí? -¿Acaso es posible que eso se borre de mi imagi- nación? i Tú estabas solo y desamparado. Unos bandidos te habían atado á un árbol, y él resplandor de una centella te privó de la vista. —Es verdad, Vosotros acertasteis á pasar por allí, y condolidos de mi desgracia me amparasteis, trayéndome á Ser- villa. — Donde mi padre no omitió ningún medio para curarte. — Con efecto. -¿Crees que aquellos favores son dignos de ala- banza? —¿No he de creerlo? —¿Luego tú serías dichoso con restituírnoslos con creces? — Sería mi mayor ventura. -En ése caso, ha llegado el instante de poder ha- cerlo. _Explícate, Esther, no comprendo en lo qué pue- do serviros. — Tú eras un pobre ciego— continuó la joven;— tus ojos estaban privados de admirar las magnificencias de la luz. Yo soy otra pobre ciega, porque mi alma estaría á oscuras sin ios destellos de tu amor. Nosotros te salvamos. Sálvame ahora á mí. — ¿Pero qué es lo que deseas? — Ya sabes la persecución que sufren los de mi raza. Si nos quedamos en Sevilla nos exponemos á la muerte, ó por lo menos á la total confiscación de nuestra fortuna. Esto les costaría la existencia á mis ancianos padres. No son avaros; ¿pero por qué han de quitarles lo que tan legítimamente han ganado con sus desvelos y su laboriosidad? Es preciso partir. No ignoro que esto ofrece serias dificultades, pero se vencerán. Italia, Francia, Turquía ó África, cualquier país es más hospitalario para nosotros. En cambio aquellos que nos reciban no se arre- pentirán. Donde se instalen los hebreos prosperará la in- dustria y brillarán las ciencias. No saben los reyes de Castilla lo que han hecho con perseguirnos. Es un error creer que por privarnos de que nos ílevemos nuestro oro, nos sepultan para siempre en ta miseria y ellos aumentan sus riquezas. La riqueza es la inteligencia, y esa no pueden con- fiscarla. — Es cierto, Esther, estoy de acuerdo con lo que dices. — Mi padre está enfermo. ¿Cómo no ha de estarlo al ver la ingratitud de esta ciudad, que podía considerarla como su patria? Es demasiado bueno para mentir, y no quiere ab- jurar de las creencias que le inculcaron sus padres. Para él Dios es la esencia de la bondad, pero no concede á Jesús que fuese su hijo. Esto lo sostendría en medio de los más espantosos tormentos. Si esto es una aberración, no carece de base. Jesucristo predicó sus doctrinas en medio de un pueblo que respetaba sus ídolos. Creyéronle loco, pero tantos fueron los prosélitos que hizo con su elocuencia y su dulzura, que llega- ron á temer que derribase los dogmas de su culto. El gran sacerdote Caifas le dijo, antes de condu- cirle á la casa del Pretor, que declarase sus errores. Jesús no quiso.
L JURAMENTO DE DOS HEROES
— Pediré socorro. — Y no os escucharán. La calle está desierta. — Apelaré á los vecinos. — ¿Y qué han de hacerme esos miserables hebreos^ sobre los que no tardará en caer el rigor de la ley? ¡Desventurados de ellos si atentasen contra mí! — ¿De modo que abusáis cobardemente de mi per- sona porque me veis sola y desamparada? — No, María, yo no quiero abusar de vos. Esto no lo consideraría un triunfo. Quiero poseer vuestro amor voluntariamente, pero nunca á la fuerza. — Entonces desistid. — Recapacitad que desairándome os creáis un ene- migo terrible. Que yo no descansaré hasta haberme vengado. — Haced lo que queráis. Todo lo admito menos la deshonra. — ¿Estáis decidida? — Desde luego. 952 EL JURAMENTO DE DOS HÉROES. — Adiós entonces, pero yo os juro que os acorda- réis de mí. Vuestra debilidad y vuestra hermosura me inca- pacitan para arrancaros la existencia, pero vuestro esposo pagará los desdenes que habéis tenido con- migo. — ¡Por Dios, D. Juan! — Todo es inútil. Acceded á mis ruegos, corresponded á mi amor, y le salváis. De otro modo rezad por él. María se cubrió el rostro con ambas manos y pro- rrumpió en sollozos. Las palabras de Manrique habían sido pronuncia- das con entereza. Cuando dirigió sus ojos hacia la ventana, el joven había desaparecido. — ¡No! exclamó la esposa del artista. Esta situación es insostenible. Le diré á Torrigiano lo que ocurre para que se preserve de las crueles asechanzas de ese infame. Entretanto D. Juan había saltado de nuevo la ta- pia del jardín reuniéndose á su escudero. — Fíjate bien en esta casa, le dijo, designando la del artista, es posible que pronto me haga falta uti- lizar tus servicios. Y el noble y el criado dirigiéronse de nuevo ha- cia su morada. CAPITULO XCV1Í Donde se dice cómo fue establecido el Santo Oficio. Dos días después de los sucesos referidos, adver- tíase por las calles de la ciudad un extraordinario movimiento. Todas las ventanas y balcones estaban adornados con vistosas colgaduras. Multitud de arcos triunfales se levantaban gallar- damente, y discurrían por todos lados damas y caba- lleros vestidos con sus mejores galas. Todos esperaban con impaciencia la llegada de los reyes, que debía verificarse aquel día. Desde la desastrosa muerte del monarca granadino Muley-Hacén, no habían cruzado sus armas ni mus- limes ni cristianos, y las tropas del ilustre marqués de Cádiz continuaban en Alhama sin que ninguno de sus enemigos les inquietase. Todos estos pormenores contribuían á que los va- sallos de los soberanos de Castilla halláranse dis- puestos al regocijo. 120 954 EL JURAMENTO La apiñada multitud descubrió desde muy lejos á la regia comitiva, prorrumpiendo en aclamaciones de júbilo. La reina venía en una magnífica carroza acompa- ñada de su amiga doña Beatriz de Bobadilla, mar- quesa de Moya. Detrás de la carroza iba el rey montando un so- berbio alazán, seguido de varios caballeros, éntre los que se distinguían el marqués de Cabra, don Alonso de Aguilar, el maestre de Santiago y don Lope En- ríquez, padre de doña Beatriz, la desventurada es- posa de D. Beltrán de Meneses, como recordarán nuestros lectores. En otra carroza iban los frailes dominicos Tomás de Torquemada y Pedro Arbués, que habían sa- lido al encuentro de los ilustres viajeros. Los reyes cruzaron las calles de Sevilla entre las mayores aclamaciones, hasta que llegaron á su pa- lacio. Entonces tuvo lugar una breve recepción, á la que asistió la más clásica nobleza sevillana, entre ella el arzobispo D. Iñigo Manrique y su sobrino D. Juan. Cuando hubo terminado, el rey se consagró ai reposo, y doña Isabel permaneció en su cámara, acompañada de la marquesa de Moya. Un instante después penetró un paje, manifestan- do á la reina que el Nuncio del Papa en la corte es- pañola, Nicolo Franco y el prior de los dominicos de Sevilla, fray Alfonso de Ojeda, pedían autoriza- ción para entrar en la cámara. DE DOS HÉROES. 955 La soberana no podía negarse á recibir á tan ele- vadas personas, y dio órdenes al paje para que los hiciese entrar. Un momento después lo verificaron. Doña Beatriz de Bobadilla, que como antigua pa- laciega no desconocía los usos de la corte, retiróse de la estancia, comprendiendo que tal vez su presencia pudiera ser una traba para que los ilustres prelados dijeran á doña Isabel el objeto que allí los conducía. La reina saludó con afectuoso respeto á los recién llegados, rogándoles que se sentasen. — Señora — dijo Nicolo — acaban de decirnos que vuestro ilustre esposo está descansando de las faenas del viaje, y aunque nuestro deseo hubiera sido ma- nifestar á ambos el objeto que aquí nos guía, supues- to que ahora no es posible, diremos á V. M. nues- tros planes. — Ya sabéis que siempre tengo sumo gusto en oir la palabra de Dios por medio de sus ministros en la tierra. — Al principio de vuestro reinado, la desmoraliza- ción del país era insoportable. Los nobles se habían convertido en bandoleros, y no satisfechos con deprimir á sus vasallos, cometían toda clase de desmanes. Demasiado recordará V. M., que ni los conveatoS se veían libres de sus crueldades, y que atentaron á las sagradas religiosas. — Desgraciadamente lo recuerdo. — Vuestra elevación al trono vino á cortar seme- 956 EL JURAMENTO jantes abusos con la Hermandad que creó, y algunos años después los escándalos eran menos frecuentes. No hay que dudar que sois una señora piadosa y amiga del orden, que no pierde su mansedumbre más que en presencia de lo que no es legal, ni razo- nable por lo tanto. Vuestra memoria será eterna. Estamos en los anales de oro. Sé que las venideras generaciones os bendecirán, y es posible que no vuelva á haber en España reyes con tanta fe y con tanta energía para perseguir el mal. Díganlo los muslimes, cuyo territorio empieza á perteneceros, á pesar de la apurada situación finan- ciera del Erario, y de tratarse de un pueblo que lle- va ocho siglos de prosperidad. Sin embargo, aun falta mucho que hacer. Quizás, ni vuestro esposo ni vos habéis meditado en una institución que concluiría de destruir el mal, y que os haría seguramente ganar el cielo. — Hablad, padre. — Decidme cómo, y no dudéis que he de ponerlo en práctica. — Desde que faltáis de esta ciudad, la herejía va tomando unas proporciones fabulosas. Los hebreos, esa raza nómada que vendió al Re- dentor del mundo, ha buscado en Sevilla su alber- gue, y no satisfechos con observar sus ritos, tratan de convertir á muchos cristianos. Como estos judíos poseen medios de riqueza y de inteligencia, no les cuesta mucho trabajo trastornar DE DOS HÉROES. 957 los cerebros de nuestros fieles, y tan grande va sien- do su número y su prestigio, que el clero ve con es- panto que, si no se aplica un severo correctivo, los hijos de Israel serán más poderosos que los siervos del verdadero Dios.
sábado, 1 de julio de 2017
ROSAS PARA UNA DAMA DESAIRADA
Aquella solterona parecía tener un secreto admirador. ¿Quién?
ROSAS PARA UNA DAMA DESAIRADA
POR ARTHUR GORDON
Era siempre la mejor rosa de la florería. Observaba al Viejo Olsen envolverla con delicadeza en papel de seda verde y con ramas de helecho. Después tomaba yo la angosta caja y pedaleaba frenéticamente por las tranquilas calles, para ir a entregar la flor a su destinataria. En aquella época, después de asistir a la escuela, y los sábados, trabajaba como repartidor para el florista Olsen. Me pagaba tres dólares a la semana, pero representaban mucho para un adolescente.
Desde el principio hubo algo un tanto extraño acerca de aquellas rosas; o, mejor dicho, sobre las circunstancias de su entrega. La noche en que el señor Olsen envió la primera de las flores, le observé que había olvidado adjuntarle la tarjeta correspondiente.
Me miró a través de sus lentes con ojos de benévolo gnomo y replicó: "No debe llevar tarjeta, James". Nunca me llamaba Jimmy. "Además, quien ordenó el envío desea que se haga tan discretamente como sea posible. Así que... cierra el pico, ¿de acuerdo?"
Me daba gusto que la señorita Caroline recibiera esas flores, porque a todos nos inspiraba lástima. En nuestro pueblo sabíamos que se le había deparado el más terrible infortunio: su prometido la había dejado plantada.
Durante años había estado virtualmente comprometida con Jeffrey Penniman, uno de los mejores partidos entre los solteros del lugar. Había esperado a que él concluyera sus estudios de medicina. Y aún esperaba cuando, trascurrida la mitad de su periodo de internado, el doctor Penniman se enamoró de una mujer más joven y bella, con la cual se casó.
Aquello fue casi un escándalo. Mi madre dijo que todos los hombres eran unas bestias, y que Jeffrey Penniman merecía latigazos. Por el contrario, mi padre sostenía que todo hombre tiene el derecho —o, más bien, el sagrado deber— de casarse con la mujer más bella que lo acepte.
La chica con la que se casó Jeffrey era ciertamente hermosa. Se llamaba Chrístine Marlowe y procedía de una gran ciudad. Debió de haberle resultado muy desagradable la estancia en el pueblo, ya que por supuesto las mujeres la detestaban y hablaban mal de ella.
En cuanto a la pobre señorita Caroline, el desenlace había sido desastroso para ella. Durante seis meses se encerró en su casa, dejó de dirigir a su tropa de muchachas exploradoras y renunció a cualquier actividad cívica. Incluso rehusó seguir tocando el órgano en la iglesia.
La señorita Caroline no era vieja ni fea, pero parecía resuelta a vivir como excéntrica solterona. Semejaba un' fantasma aquella noche en que por primera vez le llevé una rosa. "Hola, Jimmy", me saludó con indiferencia. Cuando le entregué la caja, me miró atónita: "¿Es para mí?"
Al sábado siguiente, a la misma hora, le llevé otra rosa. Y una semana después, otra. A la tercera vez, abrió la puerta con tal prontitud, que supe que debió de haber está do do esperándome. Se había puesto un poco de maquillaje en las mejillas, y su pelo ya no lucía tan desmadejado.
A la mañana siguiente de mi cuarta entrega en su casa, la señorita Caroline volvió a tocar el órgano en la iglesia. Llevaba la rosa prendida en la blusa. Mantuvo erguida la cabeza y no dirigió ni una sola vez la mirada hacia donde estaba sentado el doctor Penniman junto a su bella esposa. " ¡Qué valor!", comentó mi madre, "¡qué carácter!"
Semana tras semana seguí entregando la rosa a la señorita Caroline, y ella reanudó gradualmente su vida normal. Había un toque de orgullo, algo que rayaba en desafío, en la actitud de aquella mujer que, si bien sufrió una frustración a los ojos de todos, en su fuero interno se sabía apreciada y querida.
Por fin, una noche, hice mi última visita a la casa de la señorita Caroline. Cuando le entregué la caja, le informé:
La solterona vaciló por un instante y me invitó:
—Pasa un momento, Jimmy.
Me condujo a su modesta sala. Cogió un velero, espléndidamente tallado, que estaba en la repisa de la chimenea. "Fue de mi abuelo. Me gustaría que lo conservaras", agregó. "Me has traído la felicidad, Jimmy; tú y tus rosas".
Abrió la caja, acarició los delicados pétalos y prosiguió: "¡Me dicen tantas cosas, aunque en silencio! Me hablan de otras noches sabatinas, todas ellas felices. Me revelan que él también se siente solo Se mordió los labios como si temiera haber dicho demasiado. "Es mejor que ya te vayas, Jimmy. ¡Vete!-
Cogí mi velero y corrí hacia la bicicleta. De regreso en la florería, hice lo que jamás había tenido el valor de hacer: revisé los desordenados archivos del señor Olsen, y encontré lo que buscaba. Podía leerse su mala letra: "Penniman: 52 rosas de veinticinco centavos: trece dólares. Pagadas por adelantado".
¡Vaya, vaya!, pensé.
Pasaron los años, y un buen día regresé a la florería del señor Olsen. Nada había cambiado. El anciano estaba preparando un ramillete de gardenias, como en otro tiempo.
Charlamos un rato. De pronto, le pregunté:
—¿Qué ha sido de la señorita Caroline? Seguramente la recuerda; a la que le llevaba yo rosas.
—¿La señorita Caroline? —repitió, a la vez que asentía con la cabeza—. Pues.. . se casó con George Halsey, y es dueña de la farmacia. Excelente hombre. Tienen gemelos.
¡Ah! —exclamé, sorprendido.
Decidí entonces demostrarle al anciano cuán astuto había sido yo:
—¿Cree usted que la esposa del señor Penniman llegó a saber que él le enviaba flores a su ex novia?
—James, nunca fuiste muy listo. No era Jeffrey Penniman quien las mandaba. Él ni siquiera se enteró de eso.
—Entonces, ¿quién?
—Una dama --contestó. Colocó cuidadosamente las gardenias en una caja . Una dama que aseguró no estar dispuesta a permitir que la señorita Caroline se convirtiera en mártir por causa de ella. Christine Penniman era quien las enviaba.
El señor Olsen cerró la caja con resueltos ademanes y concluyó: "¡Esa dama sí que tiene valor y carácter!"
MAYO DE 1984
jueves, 19 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES -890
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
Aquel hombre, que por su riqueza y apostura no había encontrado hasta entonces virtudes que se le resistieran, no podía alejar de su memoria la imagen de la veneciana. La dignidad conque había respondido á las pre- guntas que le había hecho, le hicieron comprender que quizá por la vez primera iba á encontrar obs- táculos, y esto contribuyó á hacer más enérgicos sus deseos. Manrique esperó á que el escultor se hubiese ale- jado, y luego penetró en el zaguán de la casa. No era hombre que se detenía por nada. Había probado su atrevimiento en más de una oca- sión. Subió la escalera, y tomando la aldaba con la diestra la dejó caer. María, creyendo que era su esposo, á quien se le había olvidado alguna cosa, apresuróse á abrir. Sus mejillas palidecieron al encontrarse nueva- mente en presencia del hidalgo. —¿Qué queréis? — le preguntó con sequedad. Mi marido no está en casa. — Lo sabía. — ¿Entonces, qué causas os obligan á venir aquí? — ¿Acaso no me dijo esta tarde que podía penetrar en el taller siempre que lo tuviese por conveniente? DE DOS HÉROES. 889 — Es verdad; pero ya comprenderéis, caballero, que yo no puedo recibiros no estando él. — ¿Cómo no? Tampoco estaba en la casa cuando llegué, y sin •embargo... — Entonces no estaba sola. — ¡Ah! ¿Aludís á esa joven hebrea y al ciego que le -acompaña? — Precisamente. — ¡Buena pareja para defender el honor! — Mañana, si queréis decirle algo á mi esposo, os aguardará. — No, María; yo he venido ahora, precisamente -aprovechando su ausencia. — No os comprendo. — Ya habréis sospechado, que lo que menos me importa es la escultura que le he encargado; lo que yo ambiciono... — Seguid. — Es vuestro amor. — ¡Mi amor! — exclamó la veneciana. — ¿Y vos sois el que blasonáis de nobleza? ¿Y vos sois el que hace poco manifestaba sorpresa porque me hubiese unido á un artista que, aunque pobre, sería incapaz ni de comprender una acción tan villana como la vuestra? ¡Callad, callad, que no sois digno ni de mi des- precio! — Tened en cuenta que no he de desistir de mis propósitos. 112 890 EL JURAMENTO Que os amo, y que vuestras palabras no hacen más que exacerbar mi pasión. — Todos vuestros ruegos serán vanos. — ¿Y mis amenazas? — Lo mismo. — Tened en cuenta que soy noble, que poseo una cuantiosa fortuna, que gozo de gran prestigio y que con estas tres condiciones puedo vengarme. — ¿Vengaros? Yo creo que la palabra venganza puede aplicarse cuando satisfacemos nuestras iras en otro que nos. ocasionó algún daño. — Ciertamente. — ¿Y qué agravio os he inferido yo? — ¿Os parece pequeño no corresponder á la pasión que habéis despertado en mí? — ¡Ah! ¿luego queríais que engañase inicuamente á mi esposo, y que por corresponder á vuestros torpes caprichos faltase á mis sagrados deberes? Manrique, marchaos; Pedro puede volver y no es conveniente que os halle aquí. — ¿No me ha ofrecido su casa? — Sí, os la ha ofrecido con la franqueza y la leal- tad que le caracterizan, pero nunca para que abu- séis de ella como lo estáis haciendo. — Ya comprenderéis que cuando he venido aquí, es porque estoy dispuesto á jugarme el todo por el todo. — Creo que hacéis mal, tanto más cuanto que os aseguro que nada conseguiréis. DE DOS HÉROES. 89) — ¿De modo que preferís pasar la existencia en medio de las mayores privaciones, y estando supe- ditada al modesto jornal del artista? — ¡No he de preferirlo! Con todo el oro que guardéis en vuestras arcas no se compra la ventura que yo disfruto á su lado. — Pensadlo bien. Tened en cuenta que nunca he sufrido una derrota en amores. — Alguna había de ser la primera. Y en cuanto á lo que me decís, no necesito refle- xionarlo. Yo no corresponderé nunca á vuestras preten- siones. Mucho aseguráis. — Quizás menos de lo que vuestra jactancia os ha obligado á decir. — Lo veremos — exclamó Manrique. Y embozándose en su capa bajó de nuevo la es- calera. María cerró bruscamente la puerta. Dirigióse al taller de su marido, y cubriéndose el rostro con ambas manos prorrumpió en sollozos.
— ¡Dios mío!— exclamó — algo le indicaba á mi alma
que este hombre ha de ser el origen de nuestro in-
fortunio.
Yo le diría á Torrigiano cuanto ha ocurrido, pero
temo por él.
Conozco su carácter impetuoso, y no quiero expo-
nerle.
892 EL JURAMENTO
Ese hidalgo goza, como él ha dicho, de grandes in-
fluencias, dispone de un pingüe capital, y está em-
parentado con la más alta nobleza de Sevilla.
Con estas tres condiciones, ¿quién lucha con él sin
salir derrotado?
Es preciso que yo le oculte á Pedro lo que ha su-
cedido.
La prudencia lo aconseja así.
¡Ah, Dios mío, dadme fuerzas para ocultarle este
secreto!
Para conservarse digna de él no hace falta que
esgrima su acero, basta con el amor que le profeso y
la virtud que siempre tuve.
Sólo un asunto es necesario resolver.
No quiero de manera alguna que Torrigiano la-
bre esa estatua.
¿Cómo consentir que ese hombre posea mi imagen?
María asomóse á la ventana, y vio con satisfacción
que Manrique se había alejado.
Pocos momentos después vio llegar á su esposo.
— ¿Qué tienes? — le preguntó éste, tan pronto como
hubo entrado en la estancia y observó en sus ojos
las huellas del llanto.
— Nada, Pedro — respondió la joven, esforzándose
porque sus labios sonrieran.
— No, eso no es cierto, podrías decírselo áotro que
te amase menos que yo.
Casi casi me atrevería á adivinar la causa de tu
tristeza.
La veneciana se estremeció.
jueves, 19 de enero de 2017
EL JURAMENTO DE DOS HEROES-883
EL JURAMENTO DE DOS HEROES
JULIAN CASTELLANOS
ESPAÑA
1889
— ¿Y cómo vos tan hermosa y tan joven habéis unido vuesta existencia con la de un artista tan hu- milde? — ¿Qué os extraña? ¿Acaso porque sea pobre es más pequeño su mé- rito? — Ciertamente que no, pero podíais haber aspira- do á un hombre que os diese títulos y riquezas. — ¡Qué más títulos que los que él posee! Yo no cambiaría todos los pergaminos de la no- bleza por uno de sus cinceles. — Veo que le amáis mucho. — ¡Mucho! — repitió la veneciana, que se sentía ofen- dida por las preguntas de D. Juan. Pocos momentos después llamaron de nuevo á la puerta. — Dispensadme, señor Manrique — dijo la venecia- na — si os dejo un instante; ahora vendrá mi esposo, que es indudablemente quien llama. Con efecto, aquella vez no se había engañado, era Pedro Torrigiano. — En el taller te aguarda ese joven que te ha en- cargado una reproducción de la última Purísima que labraste. — Perfectamente — respondió el escultor, rodeando con su brazo el talle de su esposa. Y ambos se dirigieron á la estancia. Don Juan saludó al artista. DE DOS HÉROES. 883 — Me ha dicho vuestra esposa que habíais salido con objeto de adquirir mármol para la obra que os encargué. — Sí, señor; dentro de breves instantes lo traerán, y esta misma tarde me prometo empezar los tra- bajos. — No os aceleréis, ya os he dicho que no me urge. Por el contrario, vuestra tardanza me permitirá que pueda admirar las otras esculturas que aquí tenéis. — ¿Acaso para venir á mi casa necesitáis ese pre- texto? — preguntó Pedro. — -No, pero las visitas son enojosas cuando se está trabajando. — Yo siempre tendré mucho gusto en que honréis esta humilde morada. Torrigiano acercóse á Esther y al paje, en quienes no había reparado durante su conversación con Manrique. — Mirad — le dijo á éste — aquí tenéis á esta lindísi- ma joven que me hace el obsequio de servirme de modelo para la santa Cecilia que estoy terminando. — Ya he tenido ocasión de admirar su hermosura — respondió el hidalgo con galantería. Y luego tomó su birrete guarnecido de flotantes plumas. — ¿Os marcháis? -Sí. —¿No queréis ver la piedra en que ha de ser labra- da la escultura? 884 EL JURAMENTO DE DOS HÉROES. — No, prefiero verla cuando pueda embelesarme en sus hermosos trazos. Y Manrique, al decir esto, clavó sus ojos en María con una expresión que hizo ruborizar á la joven es- posa del artista. Luego estrechó la mano del escultor, y salió de la estancia acompañado de éste. Torrigiano le despidió en la puerta de la escalera y volvió al taller. CAPITULO XC. Una mujer que po prudencia engaña a su marido. Dice un autor francés que las mujeres, por candi- das que sean, conocen cuándo un hombre se ha ena- morado de sus hechizos, mucho antes de que se den cuenta de sus sentimientos. Nunca se justificó tanto esta máxima como en aquella ocasión. María, la noble veneciana, comprendió desde lue- go que Manrique había penetrado en el taller, no por adquirir la escultura que á su esposo encargó, sino por admirar el modelo. Así es que, cuando Esther y el paje se retiraron, se aproximó al artista. — Pedro— le dijo — ya sabes que las mujeres tene- mos genialidades incomprensibles. — No lo dudo en las demás — contestó el artista — pero nunca las he observado en ti. — No obstante, tal vez no puedas asegurar lo mis- mo pasado un momento. 886 EL JURAMENTO — Veamos — dijo el escultor, á quien aquel exordio empezaba á inspirar curiosidad. — ¿Cuándo vas á empezar la escultura que te ha encargado ese joven? — Mañana mismo. Aunque me asegura que no tiene prisa porque la termine, hay dos razones para que la active. — ¿Puedo saberlas? — ¡Buena pregunta! ¿Acaso tengo secretos para ti? En primer lugar, porque ese joven me recompen- sará mi trabajo con largueza. — ¿Y el segundo? — El segundo, porque trato de complacerle con la esperanza de que me encargue alguna nueva obra. Parece muy amante del arte. — Mucho — respondió María. Y dime ¿esa escultura tiene que ser exactamente lo mismo que la que se halla en San Pablo? — Exactamente igual. — ¿No podrías introducir en ella la variación que yo te indique? — Tú me dirás. — Desearía que esa estatua no fuese mi retrato. El escultor hizo un movimiento de sorpresa. — ¡Cómo!
¿No comprendes que eso no es posible?
Precisamente es lo que más me ha recomendado
ese hidalgo.
— ¿Y si yo te rogase que no le complacieses?
DE DOS HÉROES. 887
— En ese caso te preguntaría los motivos que te
inducen á semejante súplica.
— Pues te los diré.
María tomó con cariño las manos de su esposó
entre las suyas.
— Ove, Torrigiano — le dijo después de un instante
de pausa — yo no he podido negarme á que esculpas
mis facciones en la Concepción que te encargaron les
padres franciscanos.
Sabía que la escultura había de ocupar un recinto
tan sagrado como lo es la iglesia en que se halla:
pero ese joven, ¿per qué ha de poseer un retrato mío?
—Me extraña lo que me dices.
¿Acaso se ha propasado durante mi ausencia?
La veneciana, que conocía el impetuoso carácter
del artista, se apresuró á responder negativamente.
— Entonces no puedo hacer lo que me pides.
He dado mi palabra á D. Juan, y forzoso es cum-
plirla.
— Sea como quieras. Yo no quería más que per-
tenecerte hasta en el mármol.
Sonrióse el escultor, y acariciando sus negros ca-
bellos:
— ¡Vaya! — le dijo— abandona esas preocupaciones
que á nada conducen, y lo necesario es que yo en-
cuentre muchas personas que me recompensen co-
mo ha de hacerlo ese joven.
María lanzó un prolongado suspiro.
La tarde concluía.
Extrañando el artista que no le hubiesen llevado la
&88 EL JURAMENTO
piedra que esperaba, decidióse á salir de nuevo.
Tan abstraído iba, que no pudo observar á un em-
bozado que se hallaba enfrente de su casa.
Este era D. Juan Manrique.
viernes, 30 de diciembre de 2016
OBJECIONES FORMIDABLES HECHAS A LA BIBLIA. -1894
ANDREW ARCHIBALD
1894
CAPITULO VII. OBJECIONES FORMIDABLES HECHAS A LA BIBLIA. "Tú ¿ dónde estabas cuando yo eché los cimientos de la tierra ? Decláralo si posees inteligencia. "¡ Tú lo sabes sin duda porque habías entonces nacido, Por cuanto el número de tus días es grande !" — Job 37 : 4, 21. Con frecuencia hay personas que ponen en duda la veracidad de la palabra de Dios ; que ponen en cues- tión algunas de las cosas mas maravillosas relatadas en las Escrituras. Consideraremos imparcialmente algunas de las objeciones mas formidables hechas á la Biblia, y viendo la luz bajo la cual estas pueden ser presentadas quizás tendremos fuerza bastante para que nuestra fé no tropiece á cada obstáculo aparente, ó al menos habremos aprendido lo bastante para no aceptar el dictamen del infiel que cree saber mas de la historia del pasado que los mismos que en el vi- vieron. No titubea en negar la ocurrencia de los acontecimientos que la Biblia atestigua por medio de testigos que vivían en aquel entonces. Está perfecta- mente seguro que el narrativo de la Escritura no cor- responde con los hechos actuales. De vez en cuando da un traspiés ; mas persiste sin embargo en impugnar los informes de los historiadores sagrados. Un poco de modestia como queda indicado en nuestro texto sería ventajosa al incrédulo altanero : 94 LA BIBLIA VERIFICADA. " Tú ¿dónde estabas cuando yo eché los cimientos de la tierra? Decláralo si posees inteligencia. * * * * * * I Tú lo sabes sin duda pues ya habías nacido, Por cuanto grande es el número de tus dias !" 1. El infiel mas brillante de hoy día describe la Tierra Santa como " una quinta parte del Illinois — país espantoso, cubierto de rocas y desolación. Nunca hubo agente en Chicago que no se hubiera avergonzado de llamarlo el país que fluye leche y miel." ¿ Era pues la descripción de Palestina que nos dá el Éxodo acaso exagerada? Naturalmente la expresión era poética para indicar gran feracidad. El poeta Komano Ovi- dio, que murió durante la vida terrestre de Cristo, tiene una idea semejante cuando escribe hablando de la Edad de Oro : " Aquí rios de leche ; ríos de néctar allá fluían, Y de los verdes robles goteaba la dorada miel." Pero es la cuestión, que la Tierra Santa es singular- mente estéril, pedregosa é improductiva. Esto sin embargo no es evidencia de que siempre haya sido así. Uno de los motivos de su esterilidad es que los bosques han sido cortados, y los malos resultados de este pro- ceder nos son bien conocidos hoy en día. Es un hecho que nuestros gobiernos ofrecen premios por el plantío de árboles, y Nueva York discute hoy la necesidad de preservar los grandes bosques de los Adirondacks si hemos de conservar la fertilidad del Estado Imperio. Así nos podemos dar cuenta de la esterilidad de Pales- tina, los árboles en su mayoría han desaparecido. Ade- OBJECIONES HECHAS Á LA BIBLIA. 95 más hay pruebas, por las ruinas que se observan en las vertientes de las colinas, de que antiguamente se ser- vían de terrados para mejorar el cultivo del país. Esa teoría dice el que presenta objeciones, puede ser plau- sible y correcta empero ¿ hay acaso prueba absoluta de que el suelo fuera antes productivo ? Sí, la Biblia ; mas son sus aseveraciones negadas, aunque la razón no es evidente. ¿Porqué algunos admiten sin dudar la veracidad de lo que los paganos escribieron? ¿Son acaso mas dignos de ser creídos que los hombres santos de antaño ? Mas puesto que nuestros infieles prefieren otras au- toridades á las de las Escrituras, serán satisfechos.
Tácito que vivía á fines del primer siglo y á principios del segundo, dice acerca de la Palestina : " El suelo es fértil." Josefo, un contemporáneo de los apóstoles, dice de Galilea que " el suelo es universalmente rico y feraz. . . . Ademas aquí las ciudades son numerosas, y los muchos pueblos que hay aquí están todos tan llenos de gente, por causa de la riqueza de su suelo, que el que menos de entre ellos contiene arriba de quince mil habitantes. . . . Provee el suelo á los hom- bres de las principales frutas, de uvas é higos conti- nuamente durante diez meses del año." Un agente de tierras de Chicago, no tendría que sonrojarse de po- seer tal hacienda. Mas aún ; pudiera el tal pegar sus carteles anunciando que fluía leche y miel, pues Josefo pasa á observar de Judea y Samaría : " Por razón de su excelente pasto, su ganado da mas leche que en otros lugares." Y si el tal agente pudiera haber tenido bajo su mano el país alredor de Jericó, podía haber 96 LA BIBLIA VERIFICADA. anunciado con autoridad de Josefo, que " sería difícil el dar con un clima en la tierra habitable que pueda compararse á él ; " mientras podía también haber cita- do del escritor judío : " Este país al mismo tiempo pro- duce miel de abejas." ¡Leche y miel! Y sin em- bargo nuestro infiel deslenguado, que conoce mas del pasado que el pueblo que en él vivió dice, ¡ " Nunca hubo en Chicago agente que no se hubiera avergonza- do de describir aquel país como fluyendo leche y miel !" Es este solamente un ejemplo del modo en que los hechos históricos son olvidados por la infidelidad su- perficial é ignorante que hace tanto ruido por medio de la prensa y desde la plataforma. Mismo aunque la Biblia no pueda ser immediatemente corroborada por medio de pruebas seculares, esa no es razón para que la pronunciemos falsa. No lo conocemos todo ; nuestra edad no es tan larga que tengamos conoci- miento personal de los siglos pasados ; " aun no había- mos nacido."
jueves, 29 de diciembre de 2016
LA BIBLIA VERIFICADA- ANDREW ARCHIBALD-1894- Indudable-
LA BIBLIA VERIFICADA-
ANDREW ARCHIBALD
CAPITULO XIV.
SEÑALES BÍBLICAS QWE PRECEDIERON LA DESTRUC-
CIÓN DE JERUSALEM.
"Yá unos que decían del templo, que estaba adornado de her-
mosas piedras y dones, dijo: De estas cosas que veis, días ven»
drán, en que no quedará piedra sobre piedra que no sea
derribada. Y le preguntaron, diciendo : Maestro, ¿ cuándo será esto ? ¿ Y que señal habrá cuándo estas cosas hayan de comenzar á ser hechas ? " — Lucas 21 : 5-7. La destrucción de Jerusalem y de su templo por Tito en el año 70 a. c. fué predicha por Cristo unos cuarenta años antes que llegase á suceder. Y los dis- cípulos se admiraron al oir la profecía, y podían creer apenas que había de cumplirse. Preguntaron al Maes- tro qué signos precederían la catástrofe, y claramente se lo dijo, estando con ellos sentado en el Monte de las Olivas con la Santa Ciudad resplandeciendo ante sus ojos bañada en luz por el sol que bajaba hacia el oca- so. Hechemos una mirada á la historia y constatemos si las señales predichas en detalle han tenido lugar. Puede decirse, por vía de introducción, que las señales parecen indicar el fin de Jerusalem en primer lugar, y en segundo lugar el fin del mundo. Había, como dice Farrar, " dos horizontes, cerca el uno y lejano el otro," y ademas añade, que como las señales " precedieron la 187 188 LA BIBLIA VERIFICABA. destrucción de Jerusalem, así también (las mismas) precederán en gran parte cuando el fin de todas las cosas esté cercano/' Limitándonos por de pronto al fin dramático de la dispensación y constitución Judai- cas, consideraremos las señales que habían de preceder el primer gran día del Señor que es simbólico de otro aún mas terrible y venidero. 1. " Antes de todas estas cosas" — era una de las señales — " os echarán mano y perseguirán." Esta profecía fué terriblemente cumplida antes del año 70, cuando Tito destruyó la ciudad y el templo. Santia- go fué degollado por Agripa, y Pablo por Nerón antes de esta fecha. La historia de la Iglesia apostó- lica fué una sucesión de persecuciones religiosas. Esto es evidente según el relato de Hechos de los Apóstoles, y es corroborado por la historia profana, que no puede ser tachada de parcialidad hacia el Cristianismo. Cuan- do ocurrió el grande incendio en Roma, durando, dice Suetonio, "seis dias y siete noches," hasta que casi la mitad de la ciudad fué convertida en ruinas, Nerón comentó acerca de " los grandiosos efectos de la con- flagración." Se supone que este emperador ordenó él mismo que la ciudad fuese incendiada, y, dice Tácito, " para suprimir este rumor inculpó falsamente y cas- tigó con los tormentos mas atroces las personas de los comunmente llamados Cristianos, que eran odiados por sus enormidades. Cristus, el fundador de este nombre, fué muerto como criminal por Poncio Pilato, procura- dor de Judea, en el reinado de Tiberio ; mas la super- stición perniciosa, por un tiempo reprimida, surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde tuvo origen el LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALEM. 189 mal, sino en la misma Roma, adonde fluyen cual co- mún receptáculo todas las cosas horrendas y vergon- zosas de todas partes, y donde también son estimula- das. De consiguiente, fueron primeramente encarce- lados aquellos que confesaron ser Cristianos ; después, por informe que estos dieron, una gran multitud fué convicta, no tanto por la acusación del incendio de la ciudad sino por aborrecer á la raza humana. Y fue- ron en su muerte causa de diversión, pues fueron cu- biertos de pieles de bestias feroces y se les dio caza hasta la muerte con perros, ó fueron clavados en cruz, ó quemados, y cuando declinaba el día ardieron para servir de antorchas nocturnas/' Tal es el lenguage, no de un Cristiano, sino de un pagano, y de uno cuya vida cubrió parte de la primer centuria y el principio de la segunda. La señal de persecución religiosa ocurrió pues entonces, y esta misma persecución, des- crita por el historiador Latino, asoló seis años antes de la destrucción de Jerusalem. 2. Otra señal que parecía muy improbable fué, " Este evangelio del reino será predicado por todo el mundo para testimonio á todas las naciones; y en- tonces vendrá el fin." ¿ Tenemos evidencia alguna de que esta señal precediese la destrucción de Jerusalem? El imperio Romano fué reconocido en aquellos días como comprendiendo "todo el mundo," pues acerca del decreto de Cesar Augusto dice Lucas, " Todo el mundo fuese empadronado ; " esto es todo el imperio. Aun limitándolo de esta manera parece imposible que una religión cuyo Fundador fué crucificado — una reli- gión opuesta á todas las demás por cuanto las tenía 190 LA BIBLIA VERIFICADA. todas por falsas — una religión que no lisongeaba á los hombres sino que los llamaba pecadores — una religión que exigía olvido propio y aun sacrificio de la vida — una religión que, después de todo, no proponía propa- garse por la fuerza, — parece completamente imposible que tal religión se propagase tan difusamente en cua- renta años ; pero Cristo comprometió su palabra en la predicción de que antes de la destrucción de Jerusa- lem, antes del año 70 d. c, sería su evangelio publi- cado por todo el mundo conocido ; y hay razón para creer que la profecía probó ser verdadera. Tácito, dice en el pasage de él citado, que la perniciosa supers- tición era reprimida en un lugar para aparecer en otro, " no sólo en Judea, donde tuvo origen el mal, sino en la misma Roma, adonde fluyen cual común receptáculo todas las cosas horrendas y vergonzosas. ,, Plinio el Joven, que murió hacia el 116 d. c, escribe ¡ " Y no solamente se ha apoderado el contagio de esta superstición de las ciudades, sino que también de las aldeas y campo." Clemente, contemporáneo de Pablo, dice de este apóstol : " Fué el predicador ambos de Oriente y de Occidente ; adoctrinó al mundo en jus- ticia ; " y Pablo murió antes del año 70, previo al cual Cristo dijo que el Evangelio había de ser predi- cado á todas las naciones. Cuando predijo la señal no tenía sino un corto número de discípulos, mas la señal no falló. 3. También habían de sobrevenir conmociones civiles — " guerras y rumores de guerras." El advenimiento de Cristo tuvo lugar en tiempo de paz universal, el templo de Jano estaba cerrado. Sin embargo, el mas LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALEM. 191 tremendo desorden iba á suceder en los negocios gu- bernamentales antes de que aquella generación pasase, á lo menos así lo profetizó.
Volviendo ahora para el período en cuestión á Tá- cito, y hojeando sus Anales, vemos expresiones como estas : " Desórdenes en Alemania," " conmociones en África," " conmociones en Trácia," " insurrecciones en la Galia," " intrigas entre los Partas," " la guerra en Bretaña," " guerra en Armenia." Y lo mismo tam- bién en Josefo vemos qué levantamientos había por todo el imperio. "En toda la Siria," dice, <? los de- sórdenes eran terribles ;" " cada ciudad estaba dividida en dos ejércitos," Sirios y Judíos ; " así que el día se pasaba en verter sangre, y la noche en terror." Se nos dice que era " común el ver ciudades llenas de cadáveres sin sepultar, y los de los viejos mezclados con los infantes ; . . . mujeres también entre ellos." No es de admirar que con los cadáveres sembrados de esta manera tan cruel Josefo llame aquellas calami- dades indecibles. Trece mil fueron muertos en Scitó- polis. Diez mil en Damasco fueron muertos " abrién- doles la garganta." Veinte mil fueron muertos en Cesárea en " una hora de tiempo." En Alejandría no se perdonó ni á viejos ni á jóvenes hasta que cincuenta mil yacieron en " montones." Y tampoco fué en pro- vincias aisladas que se sintieron estos disturbios. El imperio mismo se tambaleó sobre sus mismos funda- mentos antes del año 70, tan prolífico en aconteci- mientos. Cuatro emperadores subieron ai poder en dos años, y todos ellos murieron violentamente. Ne- rón, según Suetonio, "se hundió una daga en la gar- 192 LA BIBLIA VERIFICADA. ganta ; " Galba fué atropellado por gente de á caballo y un soldado le cortó la cabeza, quien, " metiendo el pulgar en la cabeza por la boca," llevó así su horrible trofeo ; Oto se " atravesó " el pecho ; y Vitelio fué des- pachado por medio de lento tormento y " arrastrado después por un gancho y echado en el Tiber." Así que no fué una provincia de vez en cuando, sino como lo dice Suetonio, fué el " imperio " que se halló en " un estado de disturbio y desorden." Tal es el testimonio en cuanto á los acontecimientos por historiadores que poco sabían que Cristo lo había profetizado todo cua- renta años antes, cuando declaró que "habría guerras y rumores de guerras," nación contra nación y rey contra rey, antes del fin, antes que Jerusalem fuese destruida.
sábado, 27 de enero de 2018
ESPAÑOLES DE SAN PEDRO SOLOMA.HUEHUETENANGO 1810
GUATEMALA
jueves, 25 de enero de 2018
ESPAÑOLES DE SANTA MARIA JOYABAJ-1810
DON MIGUEL ALVARADO de 26 años casado con MANUELA MUÑOS de 21 a. sin hijos
ALEXANDRO SUAREZ casado con JUAQUINA ALVARADO , ambos de 22 a-
DON RAMON MOLINA de 36 a. casado con DOÑA MARIANA DE LA PEÑA de 50 años. Tiene esta de su primer marido a José Mota de 14 a- y a Miguel Mota de 11 años-
DOÑA ANSELMA GALVEZ de 42 a. Viuda -tiene a DON MARIANO CORONADO de 28 años, a DOÑA YSIDORA DE 23 Y A DOÑA CLEMENTA DE 11 AÑOS.
DON MANUEL BERMEJO DE 44 AÑOS,CASADO-"CUIA" FAMILIA ESTÁ EN LA CAPITAL DE LA NUEVA GUATEMALA, MENOS SU HIJO DON MARIANO DE 11 AÑOS.
DON ESTEBAN GENES SOLTERO DE 50 AÑOS
DON JOSEF APOLINARIO DUARTE DE 50 A. CASADO CON DOÑA ALBINA GARCÍA DE 35 A. TIENE A JUAN MATEO DE 14 A- A MARIA EUSEBIA DE 12 A-A PATRICIA DE 8 A-JOSEF FRANCISCO DE 4 Y A JUANA TIMOTEA DE 2 A-
DON FRANCISCO XIRON DE 44 A- CASAD CON DOÑA GERTRUDIS ARANDA DE 40 A- SIN HIJOS
DOÑA MARIA PETRONA DE DUARTE DE 51 A-VIUDA-TIENE A SU CARGO A MARIA DEL CARMEN DUARTE DE 15 A-A JAUN DE 12, A BARTOLOME DE 10 Y A FELIPE DE 5 AÑOS
domingo, 29 de octubre de 2017
CHARLES ATLAS-PROFESOR DE ENERGIA MUSCULAR -1942
Por Robert Lewis Taylor
. Circunstancia digna de notarse es que este atleta juzga su físico con entera imparcialidad, como pudiera hacerlo otra persona. En realidad, su cuerpo es para él un dechado; algo digno de admiración, pero de lo cual no se jacta. Hace unos años, hallándose en París, lo invitó a su mesa Elsa Schiaparelli. A poco de comenzada la comida, se le ocurrió a la señora de la casa decirle a Atlas: «Aseguran que su musculatura es perfecta». Por toda contestación, el atleta se puso en pie, y quitándose prontamente el smoking y las demás prendas, quedó desnudo de la cintura para arriba. Aunque llenos de asombro ante tal ocurrencia, la señora de Schiaparelli y sus invitados convinieron en que, en efecto, tenían ante sí un dechado de perfección muscular.
Cuando Atlas hace algo por el estilo de lo que queda referido, lo guía únicamente el propósito de difundir su doctrina de que el ejercicio da alegría. Tan convencido está de que el ejercicio es fuente de bienes, que procura tener en acción constante la mayor parte de los músculos. Lleva casi siempre en los bolsillos algunos clavos de acero para romperlos en dos entre sus dedos mientras se pasea por las calles. También suele llevar consigo un par de escarpias de fijar rieles que dobla por la mitad a poco que se le inste.
Atlas se presenta a menudo en clubes atléticos, organizaciones juveniles y campamentos del ejército, para ofrecer exhibiciones gratuitas de su fuerza y dar breves charlas sobre temas referentes a la salud. Con objeto de probar que había dado a su cuerpo los cuidados convenientes y de contribuir a la publicidad de un nuevo cojinete de bolas, Atlas arrastró, por más de 30 metros, un vagón de ferrocarril que pesaba unos 66.000 kilogramos y que seis trabajadores no habían logrado mover ni un solo centímetro. Otra vez, para resolver una discusión, atravesó a nado la bahía de Nueva York, llevando a remolque un bote cargado de amigos suyos. Al hacerlo, se detenía a dar las explicaciones oportunas en los lugares dignos de.interés. No hace mucho que, al visitar la penitenciaría de Sing Sing, divirtió a los presos rompiendo barras de hierro con sólo las manos. Varios espectadores quisieron suscribirse a su curso por correspondencia para adquirir cuerpo de atleta, pero Atlas, el hercúleo profesor, no aceptó las suscripciones. «Podrían haber tenido desagradables consecuencias », comentó.
Hace veinte años que la revista Physical Culture proclamó a Atlas «el hombre mejor formado del mundo». Hoy en día, a los cuarenta ocho años, los entendidos en materia de desarrollo muscular lo encuentran excepcional. Ha puesto el mayor cuidado en no caer en el exceso de hinchazón muscular y, su cuerpo, desprovisto de nudosidades atléticas, tiene, por el contrario, la apariencia levemente ondulada de una playa cubierta de dunas. No es lo que se dice un hombre grande. Mide 1.75 metros de estatura y pesa 82 kilogramos. Sin embargo, su circunferencia torácica es de 1.20 metros y sus biceps de 43 centímetros. La circunferencia torácica de loe Louis es sólo de 105 metros y sus biceps de 35 centímetros. El cuerpo de Atlas se estrecha hasta llegar a una cintura de 81 centímetros. No tiene más que 43 centímetros de cuello, y a menudo se contrista cuando cavila en su relativo encanijamiento.
Atlas se llama Angelo Siciliano. Nació en la Italia meridional. Se crió en Brooklyn y, durante bastantes años, creció demasiado poco. En un retrato de cuando andaba por los quince aparece como un muchachuelo desgalichado en actitud de melancólica languidez. Los que fueron sus vecinos le recuerdan como particularmente debilucho. Atlas no falsea los hechos cuando declara ostentosamente en los anuncios de las revistas populares: «En un tiempo era yo una pobre criatura canija que pesaba 45 kilogramos >>.
Tenía Angelo dieciséis años cuando se le ocurrió visitar el Museo de Brooklyn, donde vió una estatua de Hércules que le fascinó. Una semana después inició sus trabajos en uno de los gimnasios de la Asociación Cristiana de Jóvenes, con fervor de fanático. Ensayó todos los ejercicios corrientes, pero no se sintió satisfecho. «Allí faltaba algo », suele decir ahora. Encontró lo que faltaba mientras vagaba una mañana por el Parque Zoológico en el barrio neoyorquino del Bronx. «Pues, señor, » dice al hablar de su descubrimiento, «estaba yo mirando la jaula del león, cuando la fiera se levantó y se desperezó. Se veían moverse los músculos a través de la piel como ratas bajo una alfombra. Observando aquella gimnasia natural, me llamó la atención el hecho de que el rey de la selva no necesitaba ningún aparato. ¡Le bastaba oponer unos músculos a otros! » En aquel instante nació el sistema de cultura física de Atlas.
El joven Siciliano empezó a ejercitar sus músculos, unos contra otros, en todas las combinaciones posibles. Comenzó por poner en pugna una mano contra otra. Colocóse luego ambas manos tras la cabeza y trató de doblar ésta hacia abajo mientras ofrecía resistencia con el cuello rígido. Trabó después brazos y piernas en una especie de madeja,, tirando y oprimiéndose mutuamente. Hallóse a veces en las posiciones más extravagantes; pero, a medida que pasó el tiempo, fue aprendiendo cuáles eran los músculos que podían oponerse a otros sin dolor ni engarabitamientos peligrosos. Se ejercitaba constantemente en casa, en la escuela, en el gimnasio, sin darse nunca una tregua larga en aquella pelea de Siciliano contra Siciliano.
.Al cumplir los diecinueve años, tenia una músculatura tan desarrollada, que los otros muchachos lo miraban con respeto. Uno de ellos comentó un día: «O me engañan los ojos, o Angelo se parece, como un huevo a otro, a esa estatua del banco de la esquina, que llaman Atlas ». Aquel fué el segundo bautismo del atleta, pues desde entonces se le ha designado con ese nombre.
Cuando Atlas acabó sus estudios de segunda enseñanza, se colocó de portero en una barraca de Coney Island. Ganaba cinco dólares semanales; y entre sus obligaciones figuraba la de echar a la calle a los que molestaran. Una tarde acertó a encontrarse entre la multitud de espectadores un joven escultor que observó complacido el juego muscular de Atlas cuando levantaba a un hombre en cada mano y enderezaba un par de herraduras. Le propuso que le sirviera de modelo. Más adelante lo presentó a la señora de Harry, Payne Whitney y a otros muchos escultores.
Atlas se convirtió muy pronto en uno de los modelos más populares de Norteamérica, profesión en la que llegó a ganar 100 dólares semanales durante algunos años. Hoy en día se ve parcial o totalmente reproducido dondequiera que va, tanto en Nueva York como en las demás ciudades de los Estados Unidos, en estatuas de hombres célebres y otros monumentos artísticos.
Cuando ganó el concurso de la revista Physical Culture, siguiendo el consejo de sus amigos escultores, escribió un curso de educación física e inició su venta por correo. Los años transcurridos apenas han traído alteración a las lecciones. «Dí en el clavo la primera vez», es su comentario. Las reglas fundamentales son dos: mucho ejercicio, y sobriedad racional en todo lo demás. A la cabeza de la lista de ejercicios figuran las inspiraciones profundas para dilatar el diámetro de la caja torácica; viene después un movimiento destinado a fortalecer los músculos externos, consistente en apoyar las manos en los asientos de dos sillas separadas entre sí para que el cuerpo descienda y se eleve entre ellas hasta cansarse. Los ejercicios de oposición intermuscular comienzan por la colocación del puño izquierdo en la palma derecha o viceversa y el subsiguiente forcejeo hasta ver si el puño hace que descienda la mano o si ésta levanta el puño. Dice Atlas que este trabajo fortalece todos los músculos de la cintura para arriba. Para los bíceps, el movimiento consiste en tratar de doblar un brazo mientras la mano opuesta procura impedirlo tirando de él hacia abajo. Tiene Atlas 250.000 alumnos, entre los que se cuentan gentes de lugares tan remotos como la India y las Islas Fiji. Un viajero de tierras lejanas cuenta que ha visto en una aldea de la India un retrato de Atlas ante el cual ardía una lámpara.
Tiene Atlas algunos prejuicios en materia de alimentación. Aconseja abstenerse de productos de pastelería así como también de café, té y alcohol. Recomienda la leche y el agua, una y otra cuidadosamente masticadas.
Si las veintiuna fotografías de Atlas que penden de los muros del vestíbulo no logran impresionar a su visitante, difícilmente se sustraerá éste al respeto que infunde la propia presencia del maestro. El creador de la lucha intermuscular suele comenzar sus entrevistas despojándose de la camisa. Inicia la conversación sentado a su mesa, y semidesnudo.,Sus obligaciones consisten principalmente en contestar el correo. Como ha adoptado una actitud casi religiosa en relación con su trabajo, escribe cartas largas y detalladas a todo el que le pide informes. Entre sus consejos suelen figurar los dos siguientes: «Tírese de la cama tan pronto despierte por la mañana. No se emperece ». «Un buen tónico para los nervios es lanzarse un poco de agua al pecho cuando se levante. Es excelente». Siempre termina sus cartas con este saludo: «Con los mejores deseos y un vigoroso apretón de manos, me reitero su amigo Charles Atlas.»
En traje de calle, Atlas no parece el magnífico ejemplar de fortaleza que es en realidad. Enemigo de reyertas suele hacer cuanto esté a su alcance para evitarlas. A veces, cuando un hombre de temperamento arrebatado trata de buscarle querella, le dice: «Señor, hágame el favor. Soy un hombre tranquilo. ¿Quiere usted dejarme en paz ?, No hace mucho, sin embargo, que en un tren del metropolitano, atestado de gente, se le insolentó un hombre grande y valentón a quien había rogado que cediese su asiento a una señora. Atlas lo cogió por el cuello y los fondillos del pantalón, lo levantó en vilo y lo sacudió vigorosamente. Antes de salir del tren, el hombre reconoció a Atlas y le ofreció sus disculpas. « Se excusó con que estaba malhumorado porque no se sentía bien », cuenta Atlas. «Le hice una larga disertación sobre la conveniencia de hacer ejercicio, y decidió comprarme el curso.»
Atlas tiene sincera simpatía por los débiles. Una vez recibió una carta de Mahatma Gandhi que decía así: «He oído hablar de las maravillas que logra usted en materia de rehabilitación física y me gustaría saber si hay algún modo de conseguir mi fortalecimiento. M. K. Gandhi. » Atlas formuló un régimen alimenticio y recomendó una -serie de ejercicios suaves adecuados para el Mahatma. «No le cobré un centavo », dice. «Me inspiraba mucha pena. El pobre no es más que un costal de huesos.»
domingo, 21 de enero de 2018
LECCIÓN EXITOSA COPIADA POR LOS BRITANICOS
(De la obra «Novela de la Última Cruzada»)Por el Comandante Vivían Gilbert
sábado, 27 de enero de 2018
ESPAÑOLES DE SANTO DOMINGO SACAPULAS- 1810
miércoles, 21 de marzo de 2018
DE SEFARAD A HISPANOAMERICA-HISTORIA DE RICARDO LOPEZ
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y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. Hechos 1-8
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DE SEFARAD A HISPANOAMERICA--
LA GENETICA DE RICARDO ABRAHAM LOPEZ PALACIOS
Capitulo I
EL CAPITAN SAMUEL BEN ABRAHAM, LOS FENICIOS Y LOS VIRACOCHAS DEL PERU
950 A.C-
La poderosa flota (ab) se iba acercando al puerto de destino. En la cubierta de la principal hallábase un hombre cuya estaura pasaba más allá de 1.75 (1). Vestía el traje y la insignia militar corespondiente al poderoso ejército del rey Salomón. De joven y atractivo rostro (2), Atletica y gallarda presencia. Sus ojos claros y azules (3) como el mar mediterraneo, largos cabellos rojizos dorados(4) y espesa barba del mismo color , piel que en su tiernas infancia había sido blanca (5), había tornádose broncinea por la brisa salada y por el intenso sol de las tierras visitadas .. su comprensión y nobleza, hacían de él, idoneo Capitán del contingente marinero de la tribu de Zabulón (a) y de los guerreros infantes de marina de la tribu de Juda que ofrecian la protección propiamente militar (b) por ordenes del sabio rey(c) también a los marineros fenicios que tripulaban la flota que tres años antes había partido a la tierra de Ofir(d)-
Tres años atrás habían levado anclas desde el puerto de Ezión Geber al que ahora regresaban.
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| Imagen de Internet |
Numerosas y variadas eran las aventuras que habían vivido en las diferentes tierras visitadas. En la mayoria de remotas tierras visitada los habitantes les llamaron "hijos del sol", debido a que una buena parte de la tripulación fenicia era de cabellos y barbas de color rojizo, la misma razón por la que eran llamados por los griegos "phoeniki","hombres rojos". Los gobernantes de la tierra que en la epoca colonial española y moderna sería llamada Perú. le otorgaron una princesa a un capitán tirio de quienes nacería una preciosa niña de piel blanca y cabellos rojos como la flama. De esta princesita a su tiempo se originaria una dinastía de reyes blancos de cabellos colorados que reclamarían ser hijos del sol. No nos extrañe que hoy en en el Perú los arqueólogos y antroplogos desentierren momías reales de piel blanca, y de cabellos rubios.
En edicion
FUERON HALLADAS INSCRIPCIONES CHINAS Y HEBREAS EN ...
Referencias
3:8 ¿Quién decretó esto sobre Tiro, la que repartía coronas, cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra?
23:9 Jehová de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia de toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la tierra.
Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer,((2) ni a lo grande de su estatura,(1)
“Mi amado es blanco (5)y rubio,(4) señalado entre diez mil. Su cabeza como oro finísimo.(4)Cantar de los Cantares 5.10 y 11
Y envió a buscarlo y lo hizo entrar. Era rubio(4), de ojos hermosos(3) y bien parecido2). Y el SEÑOR dijo: "Levántate, úngelo; porque éste es."
17:42 Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio(4), y de hermoso parecer(2)
Sus nobles fueron más puros que la nieve (5), mas blancos (5) que la leche(5): más rubios (4) eran sus cuerpos que el coral…Lamentaciones 4.1 y 8
Zabulón (a) habitará a la orilla del mar; y él será puerto para naves, y su límite será hasta Sidón
.Gen. 49.3
Y de Zabulón, dijo: Alégrate, Zabulón (a), en tus salidas(b) Deut 33.18
Y por medio de sus siervos, Hiram le envió naves (ab) y marinos conocedores del mar; y éstos fueron con los siervos de Salomón (c)a Ofir(d)., y de allí tomaron cuatrocientos cincuenta talentos de oro, que llevaron al rey Salomón. 2 Cro. 8-18
La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de brasil, y piedras preciosas. Sagradas Escrikturas
Sagradas Escrituras 1569
martes, 1 de mayo de 2018
CUILCO, SOLOMA, COATAN 81-86-RECORDACION FLORIDA
CORREGIDOR DE HUEHUETENANG
81-86
cañas de azúcar. Su situación en tierra llana está señida de grande serranía, en cuya mole y corpulencia no se producen otras yerbas que no sea un género tan débil y desmedrado como el heno, y esta naturaleza de panino infruéctífero dice la simple y corriente tradición que le proviene á aquellos serros de ser montes minerales; mas de esta certidumbre no podemos dar más relación de que hemos visto sacar de sus vetas, minerales buenas y abundantes porciones -de cobre muy acendrado y muy subido, y de que á poca costa y fácil operación pudiera conseguirse gran provecho. Riega este pueblo un río muy suficiente que llaman de Chapala, y le provee de mucha abundancia de bobos, almejas y espinosos el excelente río, de Culco que se avecina al pueblo á menos distancia de una cuadra, y es su tránsito á la entrada y la salida del lugar por el uso de las canoas. Su templo y su convento muy capaz, es de insigne y maravillosa arquitectura de generosos materiales, y lo que toca á los adornos de altar y lo demás de Sacristía, es muy decente y aseado; si bien no puedo dejar de ponderar que en estas sacristías hay poca cuenta por los Ministros en los adornos que pertenecen al altar; pues aquí en este lugar de Cuílco me ofreció cierto Comendador un cofrecillo tecali con guarniciones de plata que había servido de depósito, más no aceptando yo esta oferta, vi después la propia alhaja en poder de otro caballero, vecino de esta ciudad de Guatemala, que me dijo haberle regalado con él otro religioso que había sido Comendador de este partido. En este pueblo entre otras yerbas y plantas medicinales se cría la higuerilla, que es común á toldos los temperamentos, y se cría abundantísima, sirviendo de remediar muchas dolencias de los, hombres, en especial el dolor de cabeza, aplicadas á ella las hojas tibias al calor natural de las manos, la sana y quita con maravillosa brevedad; por que ó la hace sudar copiosamente, o ella cojiendo en sí el calor de la cabeza, se secan como tostadas al fuego. El aceite que los indios sacan de la simiente, moliéndola y cociéndola en agua, va el óleo subiendo arriba y con una cucharilla lo van sacando, y junto le dan otro hervor para consumirle algo del agua que ha salido con él. En muchos de estos pueblos, en especial en los de la administración de Santo Domingo, la aplican á la luz de las lámparas y ahorran el aceite de olivos para que su Majestad y los encomenderos dan considerable limosna; pero habiendo de decir las facultades de este aceite de híguerillo, le usan los, médicos experimentados del país occidental, en todas las enfermedades que provienen de causa fria, y su unción disuelve los tumores, destruye los flatos, y para el dolor cólico es utilísímo, untando la parte afectada, y bebiendo algunas gotas de él es utilísimo en semejantes dolores. .~ Ut experíentía dídídímus. Untados los artejos contusos y los nervios encojidos los cura y sana y habilita con maravilla. El estómago y vientre obstruidos untados con este aceite los remedia, cura y sana, las úlceras y portillas -de la cabeza, cura y remedia el dolor de los oídos, y los cogollítos tiernos, que son como un caracolillo pequeño soasados al rescoldo y puestos en los oídos quita y remedia la sordera; y experimentada ó examinada por los médicos, quizá podría ser útil á otras muchas enfermedades, como. también ablanda el vientre de los niños untado todo el vientrecillo, y les hace expeler las lombrices;
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Mas procediendo á la descripción de este partido, dista de la cabecera el pueblo de Tetítlán, nueve leguas, cuya etimología es de correo de piedra, de Tet, que es piedra, y títlan mensajero; sito en la sierra en sitio de grande celsitud y mucha destemplanza de frío; el camino no fácil de emprender por la distancia, se hace más trabajoso y casi inaccesible una subida de tres leguas, en cuyo filón está el lugar; á que se agrega el riesgo conocido de dos
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planta se vé y se goza á la raíz de un monte muy eminente y encumbrado que hasta las nueve del día la tiene asombrada é impedida de recibir en sí los rayos solares; por cuya razón los indios casi enfermisos no, cuidan del cultivo, de los campos y viven llenos de hambre y de miseria, sin otra inteligencia más que la de picar los árboles de copal de que abunda el territorio.
CAPITULO XIII
Que continúa la descripción del partido de San Pedro Soloma en el Corregimiento de Totonicapa.
MARGINALES.—Situación del partido de Soloma, — San Pedro Soloma convento de encomienda, cabecera de curato. — Abundancia y feracidad de este país. — Campo que produce copia de rosas. — Apriscos de ganado deste país, de que se mantienen con otras inteligencias. — Vecindad de este pueblo, su temperamento. — Coatlán. —Temperamento de Coatlán. — Vecindad de este pueblo. — Su trato y comercio. — Teomahaes sin valor, ni salida por la malicia de los hombres, — Frutas de este país. — San Miguel Acatlán. — Vecindad de este lugar, — Iztatlán. — Gran trabajo de su camino y su temperamento. — Cría el Corregidor' todos los años dos capitanes y porqué causa, — Situación de Iztatlán. — Vecindad de San Mateo Iztatlán. — Etimología de Iztatlán, — Su iglesia parroquial. — Despuebla el autor el lugar de ASANTIH, metido en tierra de infieles por autoridad de los indios fugitivos, de Iztatlán. — Santa Eulalía, su jornada peligrosa. — Vecindad de este pueblo. — Situación de este pueblo. — San Juan IXCUZ. — Río Poh admirable y sus aguas medicínales. — Situación de San Juan Ixcuz. — Vecindad de este pueblo.
Queda en lo que hemos referido bien asentada la noticia de mucho territorio y apacible, de lo que goza el nuevo orbe en su ancho círculo; pues de él lo más fecundo y delicioso se incluye y se conoce en esta porción setentrional de nuestra nueva España; y ahora en prosecución de nuestras descripciones, asentaremos de la encomienda de Soloma, su territorio, su clima y su temperamento, y su administración espiritual, con lo demás que pertenece á su gobierno y á su trato. Yace esta porción de dilatado país muy entrañado al Norte, sobre la celsitud de grandes montes de lo más, encimado de la sierra, en territorio montuoso y de intrincada breña, y esta encomienda de Nuestra Señora de las Mercedes del partido de San Pedro Soloma, es nuevamente instituida y ahora segregada de la de Jacaltenango, compuesta su doctrina y vicaría de seis de los pueblos que tuvo toda junta, los, más contiguos y setentrionales, Es cabecera del curato el convento de encomienda de San Pedro Soloma; su idioma general de este partido es jacalteco, como también en el de Jacaltenango de donde se deriva. Es su convento y su parroquia muy decente, como su casa de Cabildo cubierta y asegurada de teja; su territorio de este lugar de alegre y gran planicie circunvalada de montes, es fecundísimo y de segura nivelación en el producto de sus frutos, en buenas cosechas de maíz y otras legumbres, como en lo culto de huertas y jardines abundante de frutas y flores de Castilla, y en especial de grande abundancia
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de rosas, en que nos atendiendo así á la providencia como á las cosas naturales, vimos un sitio por la noticia del R. P. Presentado Fr. Alonso Páez, que por más de un cuarto de legua se cubría de ellas sin beneficio de ellas en cultivo, y así en donde se producen en este maravilloso número se pierden y disfrutan sin aprovechamiento. Es útil el país á las crianzas de menor ganado y de buena mulada y escelente raza; adonde se apacentar buenos apriscos, de que y de los hilados y tejidos, viven y se mantienen aquellos indios que componen la vecindad' de ciento y cincuenta tributarios y de seiscientos habitadores que cuerdos y apacibles solo atienden á su anual grangería y al culto y el ornato de aquel templo, que si bien pobre y no ostentoso, adquiere por dones de sus feligreses lo, más posible á su decencia y así se muestra con aseo en buen retablo y ornamentos de altar los necesarios sino ricos; ostenta una lámpara de plata que arde como todas las del reino á las espensas de la Majestad del rey, con buena custodia, vinageras, salvillas, cálices y patenas de plata, y muy buen órgano y tres campanas en su torre; mas sin embargo estos paisanos, gente robusta y alentada y de estimada habilidad, son inclinados á pleitos y á rencillas enconándose por momentáneos principios los unos contra los otros. Hay entre ellos tejedores de lana, herreros, carpinteros, silleros, y curtidores. Es la población abastecida de buenas aguas que le ministran los suficientes ríos.
Mas si el camino que se hace hasta el lugar de Soloma es trabajoso y muy penado, desde este al de Coatlán, cuya signifícación es tierra de culebras, de coat, que es culebra y talí tierra, es casi impertransíble, ó por que siendo su viage de seis cumplidas leguas se esperimentan en él grandes heladas ó continuas lluvias, de un tiempo y otro, o por que esta jornada á gran desigualdad de terreno está compuesta de peligrosas subidas, de grande celsitud y de bajadas muy pendientes empalizadas de maderos por lo resbaladiso de los barriales que las forman, y en las llanuras que dejan libres sus faldas, ciénagas y pantanos que lo hacen voraginoso é impedido. Su situación de este lugar es en sitio llano si bien estrecho y muy ceñido de levantados montes, mas sin embargo es apasible y delicioso; su temple frío y el cielo nebuloso por acercarse su planta á los confines y serranías de Verapaz. La vecindad de aqueste pueblo es moderada, de cien vecinos tributarios de la generación jacalteca, q. de ella misma mantiene cuatrocientos habitadores; cuya parroquia destituida de ornamentos tiene los necesarios y correspondientes á su techumbre pajiza; mas su retablo dorado tiene por grande adorno la estatua de su patrón San Sebastián de insigne y estupenda escultura, de, airosa planta y de admirable simetría. Es el trato que hoy le conserva á aquesta vecindad miserable su congrua y conveniencia, el uso de los hilados y tejidos, mas no ha muchos años que era más opulento -su recibo con la cosecha que en las montañas de sus egidos y pertenencia les tributaban por su naturaleza los árboles de finísima Tecomahaca, que les redituaba al año aun más porción de cuatro mil pesos, más este fruto que tan precioso
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pasaba á España y se difundía y comunicaba por todo el Norte con grande estimación y mucho aprecio; adulterada después con la mistura de copal blanco y las cortezas de los árboles por aumentarle el peso ó por malicia de los propios indios, ó la codicia de algún Corregidor, órden ó maña de los que la traficaron para España, díó tal descrédito -á este género, que ya de Flandes ni otra de las partes del Norte la piden ni apetecen por ningún precio, y así mirada esta goma como inútil y sin provecho la pierden y se disfruta á solo el beneficio del tiempo, y hallándose para el uso de la medicina en este reino muy escasa y parcamente por no, cojerla los indios. Lleva este territorio gran copia de peras pardas, duraznos, ciruelas endrinas y membrillos, con no escasa producción de flores de la Castilla.
Desde ' este que acabamos de referir lugar de San Sebastián Coatlán, se sale á la visita del de San Miguel Acatán, á cuatro leguas de distancia, mas entrañado al Norte; camino difícil de emprender por una subida y bajada trabajosas, compuestas de piedra y grandes lodasales, que se tragina por los Ministros eclesiásticos Mercedarios al beneficio espiritual de cuarenta vecinos indios jacaltecos y de ciento y sesenta habitadores de esta Repúblíca, que mantiene su parroquia de la frágil materia del esparto, con pobres ornamentos, cáliz y vinageras de plata y dos pequeñas campanas en su portada, Pero de los que hemos referido caminos trabajosos y de posición estravíada, es el que vamos á referir de San Maleo, Ystatlán sobre toda esplicación inaudable, por que además de ser la jornada de nueve leguas de distancia desde Acatlán á este lugar, es todo su camino de montes y cuestas de celsitud estupenda, cuya robusta mole está compuesta de pedregales, y donde no de barro muy resbaladíso y en partes de llanura de ciénagas de grande congregación de aguas, por cuya naturaleza de panino se necesita de grandes palizadas que hagan menos molesto su viage; pues situado en lo más eminente de la sierra y muy metido á la parte del Norte, es la región frigidísima, en el invierno procelosa, y en el verano asistido de continuas heladas que cuajan por las llanuras del grueso de cuatro dedos y dejan surtas los arroyos y el agua de los tinajos convertida en carambanos. Es toda la tierra cubierta de montaña escelsa, que se compone -de robustísimos y levantados pinares, por donde apenas se penetra el sol, y sobre toda la gran penalidad de este camino, se hace el viage con inminente riesgo del enemigo Lacandón, que suele saltearle con tropillas de pocos bárbaros flecheros que se penetras. por la montaña al robo y la molestia de nuestros pobres indios; y á esta ocasión y la defensa de nuestros términos crea el Corregidor de este partido dos capitanes; el uno en este lugar -de San Mateo Ystatán y el otro en el de Santa Eulalía, y están sus capitanías bien armadas de arcabuces, chuzos y flechas, Su situación de este Ystatlán es en un ángulo de aquella sierra setentrional, en ancho círculo de breñosa tierra; pero su planta sobre cerrillos que llaman caes, es barrancosa y desigual, tanto que de las unas casas que están en alto se ven los patios y corrales de las que están abajo como sentadas
martes, 13 de febrero de 2018
1-PARABOLA DE LA NACION JUSTA-2011-AbrahamdeArim
19:36 Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. Levítico
25:16 Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace esto, y cualquiera que hace injusticia. Deuteronomio
Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
78:2 Abriré mi boca en proverbios;
Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,
78:3 Las cuales hemos oído y entendido;
Que nuestros padres nos las contaron.
78:4 No las encubriremos a sus hijos,
Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová,
Y su potencia, y las maravillas que hizo.
78:5 El estableció testimonio en Jacob,
Y puso ley en Israel,
La cual mandó a nuestros padres
Que la notificasen a sus hijos;
78:6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;
Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,
78:7 A fin de que pongan en Dios su confianza,
Y no se olviden de las obras de Dios;
Que guarden sus mandamientos,
78:8 Y no sean como sus padres,
Generación contumaz y rebelde;
Generación que no dispuso su corazón,
Ni fue fiel para con Dios su espíritu.
domingo, 24 de julio de 2016
ESPAÑOLES 1813 HUEHUETENANGO Actualización 16
"De Oaxaca-forasteros”
martes, 28 de marzo de 2017
SELECCIONES- Abril de 1958
miércoles, 25 de mayo de 2016
EL AFRICANO QUE SE FUMO EL NUEVO TESTAMENTO
Cierta vez se hallaba un misionero en una calle de una ciudad africana con un Nuevo Testamento en la mano. Un africano se le acercó y le preguntó si le podía dar aquel librito. El misionero estaba dispuesto a hacerlo, pero quiso saber por qué lo quería. “Porque sus páginas tienen la medida perfecta para liar cigarrillos” confesó el hombre.
Quince años más tarde el misionero fue a unos cultos de evangelización donde iba a predicar un evangelista negro. Cuando el evangelista vio al misionero, se le acercó, y le preguntó: “¿No se acuerda usted de mí?”. “No”, respondió el misionero, “¿Nos hemos visto antes?”. “Sí, hace quince años usted me dio un Nuevo Testamento y me hizo prometer que leería cada una de sus páginas antes de usarlas para liar cigarrillos. Me llevó desde el evangelio de Mateo hasta Juan capítulo 13 antes de dejar de fumarme la Palabra y empezar a predicarla. Aquél Nuevo Testamento es la razón por la que estoy predicando aquí esta noche.”
(José L. Martínez, en 503 ilustraciones escogidas
martes, 25 de octubre de 2016
CAMINANTE Por GINO IAFRANCISO
Más o menos 4 o 5 días después de estar en Encarnación esa primera
vez, partí en raid rumbo a Asunción la capital. Mi intención era seguir
de paso al Brasil, pero quería conocer Asunción; además debía retirar en
la embajada colombiana las cartas llegadas a mi nombre. Un belga me
llevó hasta Carmen del Paraná y de allí un joven en un jeep recién
recibido me trajo hasta Asunción. Antes de llegar a la ciudad me
preguntó a qué dirección iba yo a llegar. Le dije que no conocía ninguna
y si por si acaso él no conocía alguna casa de beneficencia donde
pudiera pernoctar de paso algunas noches. Entonces me llevó a la
Misión de Amistad de la denominación Discípulos de Cristo. Allí el
director, don Víctor Vaca, me dijo que podía ocupar la pieza de
huéspedes, al fondo de uno de los edificios, hasta el lunes próximo. Ese
día era sábado. En aquella pieza de huéspedes, el domingo 10 de
octubre del año 1971, me encontré con Jesús Cristo. Me es inolvidable.
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Capítulo 8
El Encuentro
Yo no había pensado demorarme mucho en Asunción; simplemente
quería conocerla y recoger mis cartas de paso hacia el Brasil. Dios, en
cambio, tenía otra cosa preparada para mí. Él había planeado que
tuviera un encuentro que cambiaría definitivamente toda mi vida.
Se me habían dado las llaves de la pieza de huéspedes de la Misión
de Amistad para que la ocupara por ese fin de semana. A la noche
regresaba allí a pernoctar. El permiso, sin embargo, me fue extendido
por un tiempo más. Pero algo me sucedía al llegar por las noches a
dormir. Yo estaba solo y al llegar notaba que se apoderaba de mí un
temor extraño. Era como si en aquel lugar algunas fuerzas malignas
invisibles me oprimían y luchaban contra mí. Como si se opusieran a
que yo pudiera estar tranquilamente a solas para orar, meditar y leer.
Tenía que hacer un gran esfuerzo para poder sobreponerme al temor y
vencer. Cada vez que me acercaba con la llave para abrir la pieza y
entrar, era como si me esperase adentro una gran lucha espiritual, una
agonía. Pero tomaba valor sin dejarme amedrentar y entraba. Cerraba
la puerta y encendía la luz. Entonces procuraba descansar. A veces
apagaba la luz, pero las fuerzas invisibles se acercaban y tenía que
levantarme para arrodillarme en el suelo a orar. Entonces oraba al
Señor intensamente hasta sentirme libre, fuerte y en paz. El Señor me
daba confianza y valor y entonces me entregaba agradecido al
descanso.
Fue en una de aquellas ocasiones de victoria, tras una lucha en la
que había sudado en oración y había vencido, que el cuarto se llenó de
la Presencia del Señor y Su fragancia embargó de tal manera mi corazón
que me postré en el suelo llorando de alegría y gratitud en adoración.
Entonces le ofrecí todo mi ser definitivamente. Él me habló, se me reveló
en el espíritu directamente. Me senté en la cama y abrí la Biblia en el
Evangelio según Juan capítulo 14. Muchas veces yo lo había leído,
también a solas, y me había impresionado, especialmente aquella
porción más adelante donde Jesús ruega al Padre para que seamos uno
en Él y con el Padre. Pero esta vez fue diferente. Ahora, mientras leía,
Jesucristo mismo me decía a mi directamente aquello que estaba allí
escrito. Ya no era la lectura de una historia del pasado; no, sino que Él
mismo resucitado y presente allí en espíritu me decía a mí
personalmente: ”No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed
también en mí”1 y así continuaba todo el capítulo 14, el 15, el 16 y el 17.
Cada palabra, cada versículo, me fue dicho a mí personalmente y lo
supe con tal seguridad que no puedo explicarlo. Entonces vi todo Su
amor; descubrí que Él me amaba a mí en particular; Él mismo me lo dijo;
me dijo que Él estaría en mí y yo en Él y el Padre en Él y en mí y que
seríamos uno. Entonces esas palabras de las cuales yo había meditado,
calculado mentalmente, imaginado, comparado, explicado, discutido,
ahora cobraban su verdadero significado y yo las entendía, y las
entendía porque Él mismo me las decía directamente en el espíritu, y en
el espíritu yo entendía claramente lo que querían decir. Él mismo me
invitaba al seno de Su gloria excelsa e inefable. ¡Qué diferente es
imaginárselo o explicarlo a experimentarlo! Estaba con Él mismo y Él
mismo conmigo y me lo dijo, me lo reveló. Entonces lloré y le adoraba.
Todas las compuertas de mi ser se abrieron y se derramaron a Sus pies
a borbotones. Y Él me amaba y yo le amaba, y era para siempre.
lunes, 7 de noviembre de 2016
A MARGARITA DEBAYLE- RUBEN DARIO
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa
vió una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fué la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
"Fuí a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad."
Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."
Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fuí no sé por qué;
por las olas y en el viento
fuí a la estrella y la corté."
Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
miércoles, 12 de octubre de 2016
PASCUA MARRANA UN RELATO TRADICIONAL SEFARDÍ
Sí, otra vez habrá llegado el día quince de Nisán del primer mes en el calendario que nos dio el Rey del Cielo. No me llamo así por casualidad ya que arrastro apellidos que le fueron impuestos a los cristianos nuevos; el Rojas, que es inversión de las letras de SAJOR (negro, en hebreo) y Mejía que es una derivación de Mesías. Pero esto es un secreto muy oculto y muy privado pues, si se enteran, la desgracia caería sobre mí y sobre mi amada familia. Pertenezco a los llamados marranos por la santa iglesia y, como se me obliga, debo hacer todo lo posible por demostrar mi devoción cristiana.
De hecho, mi hermano Fray Pedro Apóstol Rojas y Mejía es sacristán. Él es quien más se ha sacrificado de todos, ya que no sólo debe vivir una vida de hipocresía y negación de su fe, sino que se ha condenado a sí mismo a ser un tronco sin gajos ni simiente par el honor de su iglesia. Hoy deberé concurrir a misa con todos los míos y allí veré a mi hermano cuando meta la hostia en nuestras bocas, sabiendo que lo hacemos empujados por las circunstancias, ya que en ello nos va la vida. Luego, Pedro vendrá a lomo de burro hasta la finca y juntos, en la ribera del río, golpearemos las aguas con varas de sauce recordando a nuestro patriarca Moisés en el desierto.
No sé bien por qué lo hago pero hay algo muy profundo dentro de mí que me lleva a realizarlo. Quizá será por el respeto que le tengo a mis mayores, pero no. No es eso. Es algo que surge en mi interior que me hace hacerlo más por mí que por ellos. Sí, lo hago por amor propio más que por compromiso.
Tengo una finca donde hago salado y curtido de cueros. Como es mucho el personal que requiero, soy habitual en los remates de esclavos. Allí mi servidor: el mulato Lucas, de quien nadie podría sospechar de tener origen marrano (de hecho no lo tiene), se acerca a revisar a los pobres desdichados y, cuando disimula inspeccionar sus bocas y sus oídos, les dice en voz baja el shemá Israel, (oye Israel) a lo que muchos responden atónitos y embargados por la emoción. Son esclavos que compro para mi hacienda y en especial, aquellos traídos de Portugal y Brasil. La mayoría responden positivamente a la contraseña.
Hoy, noche de Pascua, todos esos esclavos que trabajan conmigo, saben que serán liberados de compromiso alguno, pues después de relatar sobre nuestra esclavitud en Egipto, diremos: ¡Ahora somos libres!, aunque sé que, en realidad, no lo somos aún.. También compro grupos que los piratas venden sin pasar por mercado alguno. Son los sospechosos de “judaizantes” a los que llevan frente al Santo Tribunal de España y a los que los corsarios capturaron en alta mar.
Para poder afrontar estas compras me ayudan miembros de la familia Sacerdote (Cohen) y Viel (inversión de letras de Levi) quienes están en igual condición que yo.
Durante la semana, quemamos mucha harina en los hornos para que nadie sospeche que no comeremos pan. Mi esposa deslizó entre tantas horneadas unas pocas tablas de pan flaco que retiró sin ser vista y guardó celosamente en el sótano de la casa, a fin de tener matzá (pan ázimo) para la noche. Yo me ocupo personalmente de la carneada de corderos para lo cual elijo animales sin defecto alguno, tomo cuchillos sin mella y después de despostar, pongo la carne en agua y en sal sin olvidar salpicar con los cuchillos sangrantes las jambas de las puertas como hacían mis antepasados. ¡Cómo me gustaría acompañar todo esto con las bendiciones apropiadas, pero nunca las supe! Espero que mis ruegos sean oídos igualmente…
Ya se acerca la hora de la cena… Pedro busca en el doble fondo de la capilla un libro muy antiguo que yo no sé leer, pero mi hermano sí y, a su vez, enseñó a mi hijo a hacerlo… Mando a Lucas al aljibe y con el pretexto de echar cal, baja con la hamaca hasta la segunda calzadura donde hay oculta una copa labrada, un chal de oración y pequeños solideos con la estrella de David. También un pedazo de pergamino que hallé en un viejo arcón familiar y, como creo que está escrito en hebreo, lo oculte hasta que me lo traduzcan.
Bajo al sótano… El olor fuerte de los cueros y el charqui me impregna la nariz y la tabla de salar está cubierta por un mantel de lino blanco; la copa refulgente está llena de vino y el pan de la pobreza, frente a la silla de cabecera. Todos tenemos miedos y angustias, mi hermano Pedro está transformado, le brillan los ojos que están llorando…
Mi hijo mayor con un solideo rojo, me mira con amor y temor. . ¡Ay hijo! Si pudiera protegerte del riesgo al que te estoy exponiendo pero sé que no puedo, con lo cual me asalta la culpa que se desvanece al oír palabras que no entiendo, pero con una melodía que despierta en mí recuerdos de experiencias que no viví. Mi hijo se levanta y canta unas pocas frases en lengua extraña para mí y mis invitados. Sin embargo, al oírlas, todos rompemos a llorar…
Mi hermano, hoy sin su crucifijo, parece librado de un yugo opresor, se levanta, me cubre con el viejo chal con franjas que ignoro a quien perteneció pero al envolverme en él, siento una calidez extraña en todo mí ser. Dios Todopoderoso, ¿por qué no podemos sentir esto siempre? ¿Por qué debemos mentir diariamente sobre nuestra fe? ¿Cuántos de nosotros seguiremos tus caminos y cuántos se alejarán para siempre de tu senda?
¡Ojala pudiera ver un futuro poblado de hermanos que se manifiestan libremente como hebreos, hijos de tu pueblo elegido…!
Nos invade el silencio. Todos lloramos en esta Fiesta, que debería ser de alegría por la libertad lograda. Pido a mi hermano el sacristán que me traduzca el viejo pergamino. Lo despliega y con dificultad lee las letras que el tiempo borra. Pero su contenido resalta, y leyendo en altavoz dice: “Avadim ahinu be atá bnei jorim, baruj atah adonay eloheinu, sheejeianu be kimanu be higuianu la zman hazéh” (Esclavos fuimos y ahora somos libres, bendito seas que nos permitiste vivir para llegar y acercarnos a este momento) ...
Y eso es todo... hacer más, sería exponernos demasiado. Quiera Dio’s que en un futuro no lejano, mis hijos y los hijos de ellos puedan celebrarla en libertad pero tan sentida como hoy sentimos aquí nuestra Pascua Marrana...
¿El año que viene en Yerushalayim y libres de verdad? Sólo Dios lo sabe…
Así ha dicho Adonay: si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, DICE ADONAY. Jeremias
sábado, 27 de agosto de 2016
DESFILE DIA DE LA BIBLIA - HUEHUETENANGO- 2016
| PERRO SE RELAJA Y ESCUCHA MUSICA CRISTIANA |
sábado, 27 de agosto de 2016
DESFILE TARDE DEL SABADO -BIBLIA- HUEHUETENANGO 2016
martes, 1 de mayo de 2018
CORAZON DE POETA- ADAPTACIÓN
la voz de un pájaro y
el alma como luna llena
de un mes de abril
calor y frío de invierno
Mi Fortaleza es dura como el
árbol que azota el viento
de niño grande, de hombre-niño
capaz de amar con delirio
capaz de hundirme en la tristeza
pues tengo el corazón de poeta,
Mi piel de nieve se hará fuego
cerca de ELLA.
Soy amigo y amante fiel
de las estrellas
soñando con cosas bellas.
de niño grande, de hombre-niño
capaz de amar con delirio
capaz de hundirme en la tristeza
y así me gusta a mí que sea ELLA
y así me gusta a mí que sea ELLA
que tenga el corazón de Soñadora
domingo, 1 de mayo de 2016
FLORENCIA PALACIOS LOPEZ 23 febrero 1867 Huehuetenango
lunes, 18 de julio de 2016
MONUMENTO BIBLIA HUEHUETENANGO
domingo, 2 de octubre de 2016
TIENE FUERZA DE BUFALO Y DE LEON ERGUIDO
Tiene fuerzas como de búfalo.
23:24 He aquí el pueblo que como león se levantará,
Y como león se erguirá;
Numeros cap. 23
sábado, 10 de diciembre de 2016
CIELO ESPLÉNDIDO HUEHUETENANGO 10-12 2016- FOTOS
lunes, 21 de noviembre de 2016
AL OTRO LADO DEL JORDA- AÑO DE REPOSO "activo"- 2017
Reina Valera 1909
Tú eres mi refugio; me guardarás de angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. (Selah.)
King James Bible
Thou art my hiding place; thou shalt preserve me from trouble; thou shalt compass me about with songs of deliverance. Selah
1:9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
3:6 Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.
3:16 las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó.
3:17 Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.
5:12 Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.
5:13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?
5:14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?
5:15 Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.
9:14 Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos.
domingo, 20 de noviembre de 2016
TOCAD EL SHOFAR EN SION
miércoles, 23 de agosto de 2017
MONUMENTO BIBLIA PARQUE HUEHUETENANGO
sábado, 26 de agosto de 2017
FOTOS DESFILE BIBLIA HUEHUETENANGO 2017
jueves, 7 de septiembre de 2017
TERREMOTO 7.8 CHIAPAS-GUATEMALA 8 SEP 2017
TERREMOTO 7.8 CHIAPAS-GUATEMALA 8 SEP 2017
miércoles, 3 de mayo de 2017
EL MARTIR DE LAS CATACUMBAS- R.R.
espectadores clamaron frenéticamente: "¡Macer, Macer!"
El tigre no tardó en verlo, lanzando un breve pero salvaje rugido que infundía
terror. Macer con serenidad permaneció de pie con su mirada apacible pero fija sobre
la fiera que movía la cola con mayor furia cada vez, dirigiéndose hacia él. Finalmente el
tigre se agazapó, y de esta posición con el impulso característico se lanzó en un salto
feroz sobre su presa. Macer no estaba desprevenido. Como una centella voló hacia la
izquierda, y no bien había caído el tigre en tierra, cuando le aplicó una estocada corta
pero tajante y certera en el mismo corazón. ¡Fue el golpe fatal para la fiera! La enorme
bestia se estremeció de la cabeza a los pies, y encogiéndose para sacar toda la fuerza
de sus entrañas, soltó su postrer bramido que se oyó casi como el clamor de un ser
humano, después de lo cual cayó muerta en la arena.
Nuevamente el aplauso de la multitud se oyó como e1 estrépito del trueno por
todo el derredor.
-¡Maravilloso! -exclamó Marcelo-, ¡jamás he visto habilidad como la de Macer! Su
amigo le contestó reanudando la charla, -¡Sin duda se ha pasado la vida luchando!
Pronto el cuerpo del animal muerto fue arrastrado fuera de la arena, al mismo
tiempo que se oyó el rechinar de las rejas que se abrían nuevamente atrayendo la
atención de todos. Esta vez era un león. Se desplazó lentamente en dirección opuesta,
mirando en derredor suyo al escenario que le rodeaba, en actitud de sorpresa. Era éste
el ejemplar más grande de su especie, todo un gigante en tamaño, habiendo sido largo
tiempo preservado hasta hallarle un adversario adecuado. A simple vista parecía capaz
de hacer frente victoriosamente a dos tigres como el que le había precedido. A su lado
Macer no era sino una débil criatura.
El ayuno de esta fiera había sido prolongado, pero no mostraba la furia del tigre.
Atravesó la arena de uno a otro extremo, y luego a todo el rededor en una especie de
trote, como si buscara una puerta de escape. Mas hallando todo cerrado, finalmente
retrocedió hacia el centro, y pegando el rostro contra el suelo dejó oír profundo bramido
tan alto y prolongado que las enormes piedras del mismo Coliseo vibraron con el
sonido.
Macer permaneció inmóvil. Ni un solo músculo de su rostro cambió en lo más
mínimo. Estaba con la cabeza erguida con la expresión vigilante y característica,
sosteniendo su espada en guardia. Finalmente el león se lanzó sobre él de lleno. El rey
de las fieras y el rey de la creación se mantuvieron frente a frente mirándose a los ojos
el uno al otro. Pero la mirada serena del hombre pareció enardecer la ira propia del
animal. Erecta la cola y todo él, retrocedió; y tirando su melena, se agazapó hasta el
suelo en preparación para saltar.
La enorme multitud se paró embelesada. He aquí una escena que merecía su interés.
La masa obscura del león se lanzó al frente, y otra vez el gladiador en su habitual
maniobra saltó hacia el costado y lanzó su estocada. Empero esta vez la espada
solamente hirió una de las costillas y se le cayó de la mano. El león fue herido
ligeramente, pero el golpe sirvió sólo para levantar su furia hasta el grado supremo.
Macer empero no perdió ni un ápice de su característica calma y frialdad en este
momento tremendo. Perfectamente desarmado en espera del ataque, se plantó delante
de la fiera. Una y otra vez el león lanzó sus feroces ataques, y cada uno fue evadido
por el ágil gladiador, quien con sus hábiles movimientos se cercaba ingeniosamente al
lugar en donde estaba su arma hasta lograr tomarla nuevamente. Y ahora, otra vez armado de su espada protectora, esperaba el zarpazo final de la fiera que respiraba muerte. El león se arrojó como la
vez anterior, pero esta vez Macer acertó en el blanco. La espada le traspasó, el
corazón, la enorme fiera cayó contorsionándose de dolor. Poniéndose en pie se echó a
correr por la arena, y tras Su último rugido agónico cayó muerto junto a las rejas por
donde había salido.
miércoles, 8 de febrero de 2017
LOS AMIGOS Y PROTECTORES DE COLON-
ORIGENES DE LA DOMINACION ESPAÑOLA ENAMERICA
POR DON MANUEL SERRANO Y SANZ
TOMO PRIMERO
MADRID
CASA EDITORIAL BAILEY BALLIERE
1913
LOS AMIGOS Y PROTECTORES ARAGONESES
DE CRISTOBAL COLON
lunes, 10 de octubre de 2016
HUEHUETENANGO PARQUE CENTRAL
Cuando llegué al Parque Central de Huehuetenango a las 6.15 p.m. una jovencita de aproximadamente 17 años me preguntó:
_¿Que actividad es esta?
le contesté:_Es una reunión de cristianos unidos por la causa de Cristo_
Seguidamente le platiqué acerca de las actividades realizadas durante diez dias en la ciudad de Huehuetenago.
Ella me comentó algo de su vida. luego le dije:
_¿Desea que hagamos una oración?-¿Le gustaría invitar a Jesucristo a su vida?
Ella contestó afirmativamente.
Allí mismo le dije que inclinara su cabeza y por mi parte elevé una oración al Padre Eterno.
"Padre Amoroso te encomiendo la vida de esta jovencita, Gracias por que tu la amas...Señor. manda a tus angeles que cuiden de ella...séllala con tu Santo Espíritu"
Le pregunté: -¿Desea recibir a Jesucristo como su Salvador de su vida?
_Sí--
"Padre Eterno,, ahora ella es tu hija..."
Esta señorita dijo que era originaria del Quiché, que vivía con una tia porque su padre se había separado de su madre...y que su tia no le permitía ir a una iglesia evangélica.
Al final le expresé:
_Tenga la completa seguirdad que de ahora en adelante ya no estará sola ni desamparada. Ahora es propiedad del Señor Jesucristo y ángeles de Dios la cuidarán y la acompañarán...
martes, 27 de septiembre de 2016
LADINOS- HUEHUETENANGO 26 ENERO 1,817- 22 MAYO 1,817
jueves, 15 de diciembre de 2016
HUEHUETENANGO-CATECISMO DE GEOGRAFIA-1860
CATECISMO DE GEOGRAFIA-
POR F. GAVARRETE
1860
LECCIÓN XXX. P. En que parte de la República esíá el Departamento de Huehuelenango? R. Al Norte del de San Marcos, y al Oes- te de los de Totonicapam y Verapaz, colindando con los de Chiapas y Tabasco. P. Cual es la cabecera de este Departamento? R. La villa de Huehuetenango, que en len- gua azteca quiere decir lugar de viejos, y dá nombre al Departamento; situada al pió de la Sierra junto al punto llamado los Cucuumatanes, en un estenso valle. P. A cuanto asciende la población de la villa de Huehuetenango? R. A cerca de 9,000 habitantes. P. Cuales son los principales artículos de comercio que produce Huehuetenango? R. Trigo, ganado, manufacturas de lana y de algodón, sombreros^ aguardiente, y Otros de menor importancia que se es- portan para Chiapas. P. Que especie de terreno es el de este De- partamento? R. Quebrado y en lo general árido; pero rico en minas de oro, plata, cobre, hier- ro y plomo. P. Cuales son los principales rios que riegan el Departamento de Huehuetenango? R. El Lacandon ó Usumacinta, que nace dentro de sus límites y le sirve de línea de separación de los inmensos desiertos del Peten, el Selegua y el rio de Cuil- cotodos los cuales después de recor- rer largas distancias, llevan sus aguas al golfo de México. P. Que clima es el de este Departamento? R. Frió y sano. P. Que parlicularidad ofrece el Departamen- to de Huehuetenango? R. Que dentro de sus límites se encuentra la mesa mas elevada de tierra de todo Centro-América, sobre los montes Cu- chumatanes. P. Cuales son las principales poblaciones de Huehuetenango? R. Después de la cabecera, la villa de Chi- antla, donde se celebra anualmente una gran feria, Soloma y Malacatan. P. Cuantas poblaciones hay en todo el De- partamento? R. Dos villas, 84 pueblos y 69. aldeas y lugares. P. Que numero de habitantes se le calcula á Huehuetenango? R. Como 60,000, la mayor parte indios do 'ff la. nación de los Mames.
lunes, 27 de febrero de 2017
MALVINA- 090-091
NOVELA ORIGINAL DE JOHN P. MARQUAND
Resumen de H. M. PULHAM, ESQUIRE
Seleccines del Reader´s Digest
Enero de 1942
—Guillermo me ha dicho—empezó el señor Bullard—que le gustaría a usted trabajar con nosotros. Espero que no se le escape la preposición, con nosotros, no para nosotros—. Aquí todos trabajamos juntos, es un equipo grande y fuerte. ¿No es así, Guillermo?
—Eso es exactamente lo que le estuve explicando anoche—dijo Guillermo—. Un equipo grande y fuerte.
El señor Bullard dio una estocada al aire con su dedo índice.
—Es el equipo espiritual lo que cuenta—dijo—. Estoy haciendo meros juegos de palabras, ¿comprende usted?. El haber estado en el Ejército le permitirá captar este símil. Todos estamos dispuestos a llegar hasta el fin por una idea. ¿Le atrae a usted este programa, señor Pulham?
—No sé—contesté—. Nada conozco del asunto.
El señor Bullard miró unos instantes a través de la ventana.
— Esto es algo que le favorece—observó después—.Se escribe mejor en una página virgen.
—Quiere dejar un buen empleo, solamente para probar esto—apuntó Guillermo.
—Sí—respondió Bullard—. Ya sé, ya sé. ¿Le ha visto ya Gualterio Kaufman? ¿Cuál es la impresión de Gualterio?
—Ahora mismo lo traigo—contestó Guillermo, que volvió al instante con un hombre de cara colorada y corpachón robusto.
—Gualterio—dijo el señor Bullard—. Le presento al señor Pulham.
El señor Kaufman giró sobre los talones y se encaró conmigo. Tenía los ojos de un azul pálido y su boca enseñaba los dientes en una mueca que no acertaba a ser sonrisa.
—¿Qué tal, Pulham?—me dijo.
—Gualterio—preguntó, el señor Bullard, sólo por decir algo—: ¿cuál es su primera e inmediata impresión acerca del señor Pulham?
—¿Quiere usted decir sin pensarlo?—preguntó, a su vez, el señor Kaufman.
—Sí, nada más que un juicio relámpago—contestó el señor Bullard.
—Señor Bullard—dijo Kaufman—, hay en él algo básico.
—No hay nada como una primera impresión—comentó el señor Bullard —. Veamos, hoy es miércoles. Hable usted con el señor Pulham, Gualterio, y que venga el lunes.
—Venga conmigo, Pulham—ordenó el señor Kaufman. Guillermo y yo lo seguimos a un despacho más pequeño. Se sentó y dijo.
—Muy bien. El lunes a las nueve de la mañana.
—¿No quiere usted hacerme alguna pregunta ?—interrogué.
—No. Enséñele usted el departamento de redacción, King.
Guillermo me cogió del brazo y me condujo por un pasillo a la oficina general.
—No pueden tomar empleados de esta manera—comenté.
—¿Cómo que no pueden ?—contestó Guillermo.
Yo estaba confundido y mi admiración por Guillermo aumentaba. Tenía unas maneras seguras,casi benignas, que parecían denotar una situación personal muy por encima de la rutina burocrática corriente.
—En estos despachos—dijo señalándolos—están los representantes que luchan con la clientela.
Más adelante me enteré de que aquellos hombres llevaban la azarosa vida de los favoritos palatinos, porque el peligro de que cualquiera de ellos desapareciese en cualquier momento llevándose el «negocio» los convertía en una amenaza potencial.
—Aquí está la sección intermedia, chicos de Universidad que tratan de hacer méritos. La sección artística está ahí y los proyectistas allá. J. T. paga a toda esta gente.
-~¿A quiénes llamáis proyectistas?
—A los artistas que dan la idea original. No los tomes en cuenta por ahora. Y aquí está la redacción. Aquí trabajamos nosotros. Te aconsejo que no asomes la nariz fuera de nuestra sección como no sea en mi compañía. Lo mejor es que no te des a ver demasiado, por lo menos en una buena temporada.
—Pero ¿qué es lo que voy a hacer?
Guillermo sonrió beatíficamente.
—¿No te lo he dicho? Eres mi ayudante. Vas a seguirme a todas partes llevándome las herramientas. No tienes inconveniente, ¿verdad?
—No, hombre, desde luego, no.
—Es simplemente un modo de empezar, muchacho. La redacción está dividida en pequeños despachos para estimular la actividad cerebral. Es una de las ideas de J. T. Nosotros respondemos de todo ante Bullard y Kaufman. Son los jefes y hay que aguantarlos. Con los demás sé simpático y complaciente pero nada más. Esta es nuestra celda.
Había en el despacho dos mesas cuyas tapas lisas podían volverse hacia atrás dejando al descubierto una máquina de escribir. La mesa junto a la ventana debía ser la de Guillermo porque estaba vacante. La otra ocupaba un ángulo cerca de la puerta. Se inclinaba sobre ella una muchacha que escribía con un lápiz blando en una hoja de papel amarillo. Tenía los tobillos entrelazados bajo la silla giratoria y una de sus zapatillas de tacón alto estaba medio salida, dejandoal descubierto el talón marrón dorado de la media. No sé porque recuerdo esta menudencia del talón medio salido de la zapatilla.
—Bueno—dijo Guillermo—ya estamos aquí. Tienen que traer algo para que te sientes. Gracias a Dios, no queda sitio para nadie más.
La muchacha se enderezó, echó hacia atrás un mechón de cabellos en rebeldía, miró mi uniforme y preguntó a Guillermo.
—¿También vamos a tener aquí infantería de marina?
—Sí—contestó Guillermo —Todo el Ejército y parte de la Armada de los Estados Unidos está acampando aquí.
Nos presentó.
—Enrique Pulham... Malvina Myles.
—¿Es amigo de usted?—preguntó ella—. No lo parece.
—¿No va usted a darle la mano, Malvina?—le dijo Guillermo.
Me alargó la mano. Tenía la boca grande. Cuando sonreía se le marcaban unas arruguitas cerca de los ojos.
—Aquí es todo nuevo para Enrique—explicó Guillermo.
—¡Dios nos asista!—exclamó ella—. ¿Es otra idea de J. T.? ¿Ha visto usted lo que acaba de enviarnos?—. Señaló un cartel impreso que colgaba del muro. Decía así:
Haced de cada palabra, por insignificante que sea, una flecha aguzada en el esmeril del pensamiento y equipada con las alas de la belleza.
—Está clavándolos ese niño bizco de la Universidad de Yale—aclaró Malvina.
Guillermo meneó la cabeza y dijo:
—Pues no está mal, ¿verdad ? Ese pensamiento es mío.
Malvina se levantó, fué a un armario metálico verde y se puso el abrigo.
—Bueno. No puedo aguantar más con el estómago vacío—dijo. Me echó una ojeada y añadió—: Supongo que le veré después.
sábado, 15 de abril de 2017
ASÍ NACIO ISRAEL -Ultimo cápitulo- GARCÍA GRANADOS
Yo no lo veré por que dentro de muy pocas horas moriré ....... Pero presiento en el futuro el nuevo Estado de Israel, de cara al sol,
IMPRESIONANTE INVOCACION A DIOS- RABINO JOSEPH RAC...
ASÍ NACIO ISRAEL
Por
JORGE GARCÍA GRANADOS
CAPÍTULO XXXVI
En numerosas conversaciones privadas realizacas en Lake Success, Nueva York y Washington, ciertos representantes del Departamento de Estado norteamericano ejercieron la mayor presión posible sobre dirigentes judíos, en un esfuerzo por persuadirlos de que no proclamaran el estado. Expresaron veladas amenazas de una posible malquerencia norteamericana, y aun de rigurosas sanciones económicas. Tampoco la Casa Blanca era totalmente ajena a este esfuerzo. Según mis informes, en determinado momento se ofreció el avión personal de Truman, "la Vaca sagradá, a miembros del Comité Ejecutivo de la Agencia Judía que a la sazón se encontraban en los Estados unidos, para trasladarlos a Jerusalén, si accedían a discutir con sus colegas la posible postergación d ela proclamación d ela Independencia. Pero tanto la idea como el avión fueron rechazados.
Informaciones privadas que recibí independencia. Pero tanto la idea como el avión fueron rechazados.
Informaciones privadas que recibí más tarde aseguraban que Mr. Truman había declarado que si no se encontraba otra solución antes del fin del mandato, y se proclamaba el estado judío, el gobierno lo reconocería. Confieso que no di mucho crédito a esta información. Por supuesto que sabía que el Presidente Truman abrigaba buenas intenciones. No se me escapaba que Norteamérica tenía interés en efectuar un pronto reconocimiento, pues con tal paso recuperaría, ante todos los pueblos interesados en conservar la eficacia de las Naciones Unidas, parte del prestigio perdido por sus anteriores vacilaciones.Además sería ella y no la Unión Soviética quien diera la pauta a las naciones, del rriundo para el reconocimiento del nuevo estado.
Pero yo no podía menos de sentir dudas sobre el particular, conocía el poder de las fuerzas que se oponían al estado judío.dentro del propio gobierno norteameamericano. Desgraciaamente, los acontecimientos parecían justificar mis dudas. El 13 de mayo, a pesar de que sólo quedaban 38 horas, el doctor Jessup nos presentó, en la Subcomisión Novena, un proyecto de resolución basado en el memorial de Moe. Si bien dejaba de lado el fideicomiso, contenía tres párrafos sumamente inquietantes. Primero aludía a la resolución del Consejo de Seguridad por la cual se pedía a judíos y árabes que no emprendieran una acción política mientras el problema palestino estuviera a estudio del Consejo. Segundo, hacía referencia al "futuro gobierno" de Palestina, lo cual implicaba que las Naciones Unidas aún podían imponer un régimen gubernamental y que tal régimen podría ser unitario, en franca contradicción con nuestra resolución particionista. Terceró, me alarmaba el nombre sugerido para un representante de las Naciones Unidas, que la delegación norteamericana proponía que se designara como negociador entre judíos y árabes en Palestina. Se le llamaría "Comisionado". Consideré que este título resultaba sumamente impropio, porque podría implicar para el mundo en general que el representante de las Naciones Unidas sería administrador del país; además, para los judíos y los árabes el nombre tendría una connotación particularmente lamentable. El representante del poder extranjero que había regido a judíos y árabes en Palestina durante más de un cuarto de biglo llevaba el título de "Alto Comisionado para Palestina".
Me opuse firmemente a estas tres recomendaciones. Los miembros polaco y soviético de nuestra subcomisión se opusieron en particular a un cuarto párrafo que pedía que la Comisión Palestina suspendiera su labor Esta propuesta no me inquietaba mayormente, porque esperaba que el estado judío naciera por sus propios medios y no merced a los buenos oficios de la Comisión ; pero me opuse tamBíén a _su aprobación en reconocimiento a la lucha valiente y franca en favor de la partición empeñada por los miembros de la Comisión, particularmente por los representantes de Panamá, y de Bolivia, Raúl Diez de Medina.
Discutimos todo el día y finalmente pudimos cambiar el título del representante de las Naciones Unidas. Ahora sería "Mediador". En vez de referirnos a un "futuro gobierno de Palestina", autorizamos al Mediador a "gestionar un arreglo pacífico" de la situación en ese país; y pudimos suprimir toda mención de la decisión del Consejo de Seguridad sobre la acción política. El párrafo que suspendía a la Comisión Palestina fue derrotado por seis votos contra cinco, pero la representación norteamericana se negó a aceptar la derrota y anunció que plantearía nuevamente esta cuestión ante el comité en pleno. Entonces tuve la seguridad de que la Comisión estaba condenada a desaparecer. Los Estados Unidos, la Gran Bretaña y los estados árabes fiscalizaban un número sufíciento de votos como para imponer su voluntad.
El proyecto de resolución que finalmente se presentaría a la Asamblea General, y que, para hablar con franqueza, fué virtualmente lo único que produjo esta Segunda Asamblea Especial, seguía los contornos generales del documento de Moe. El,Mediador emplearía sus buenos oficios ante las dos partes interesadas, dispondría el funcionamiento de los servicios públicos comunes necesarios para la seguridad de la población, y,aseguraría la protección de los Santos Lugares. En realidad con esto nos arrogamos las funciones de la Comisión de Tregua creada previamente por el Consejo de Seguridad, pues ese organismo podría haber elegido un'mediador sin necesidad de contar con la resolución de la Asamblea ea General.
¡Por tan poco se había convocado a la Asamblea General! ¡por tan poco se había gastado más de un millón de dólares! El fracaso de los intentos norteamericanos en esta Segunda Asamblea Especial sobre Palestina demuestra, como le había dicho a mi amigo pocas noches antes, que ningún hombre, ningún poder, ni siquuiera el poder más alto del mundo puede detener o desviar facilmenente, un proceso histórico.
El día siguiente, 14 de Mayo, fué un día predestinado. La Comisión Política se reunió para considerar los trabajos de nuestra Subcomisión, y para tratar una propuesta elaborada por otra subcomisión que recomendaba una administración temporal para Jerusalén. Nuevamente los delegados entonaron extensos discursos. Los eslavos atacaron el régimen provisorio de Jerusalén; querían que se diera validez al proyecto de fideicomiso contemplado en la resolución particionista del 29 de noviembre. Los árabes, como de costumbre, se opusieron a todo.
El doctor Arce, de la Argentina, como presidente inició a las cinco de la tarde en Flushing Meadows la última sesión de la Segunda Asamblea Especial. Faltaba una hora para el fin del mandato. Empezamos a votar. El régimen para Jerusalén resultó derrotado; se aprobó la designación del Mediador, y se estaba votando en particular mientras el mientras el minutero de la historia se acercaba lentamente a la hora culminantante, las seis.
Pocos minutos más tarde la Asamblea General tal se encontraba en la más extrema confusión.
Un periudista me transmitió noticias asombrosas: a las 6 y 11 en punto el secretario del Presidente Truman reunió a los cronistas destacados en la Casa Blanca para anunciarles que los Estados Unidos habían reconocido al Gobierno Provisional de Israel. Ese gobierno, proclamado a las 4, hora palestina, nacería
a la vida a las 12 y 1 p. m. del día 15, esto es a las 6 y 1 p. in. hora de verano en la zona oriental de Norteamérica.
Ya nadie prestó atención a los discursos de la tribuna. Lospresentantes abandonaban sus sitios y circulaban por toda la sala, tratando de confirmar la información; por todas partes había agitadas discusiones; y los rostros de los presentes reflejaban asombro, deleite, amargura, según como les afectaran las noticias.
Los representantes norteamericanos se quedaron sentados en sus puestos, tan sorprendidos como cualquiera de nosotros. No sabían nada, no les había llegado ninguna noticia oficial. El barullo y la conmoción que reinaba en los pasillos exteriores iba en aumento, pero en la enorme sala nosotros seguíamos discutiendo los méritos de la propuesta del Mediador. El asunto no podía seguir ignorado mucho tiempo. Finalmente el doctor Alberto González Fernández, de Colombia, se dirigió a la tribuna y preguntó francamente:
—Deseo que la delegación estadounidense informe sobre la verdad de la información difundida en la sala de prensa con respecto al reconocimiento del Estado de Israel por los Estados Unidos.
El senador Austin no estaba presente en ese momento; en su lugar contestó Frances R. Sayre, de la misma representación:
—Lamento decir que no tenemos información oficial.
A esta altura estábamos seguros de que las novedades eran ciertas. Los árabes estaban coléricos. Belt, de Cuba, no pudo dejar de la palabra para increpar a los delegados norteamericanosla sorprendente medida de su gobierno. Dijo que al parecer la prensa tenía mejores informaciones de Washington que la propia delegación oficial.
Comprendí sus sentimientos. Había hecho el juego a los Estados Unidos, con la esperanza de que el fideicomiso u otra medida favorable a los árabes tendría éxito. Ahora lo dejaban en seco.
Pocos minutos después la noticia adquirió carácter oficial. El doctor Jessup, sin hacer comentarios, leyó la de Mr.Truman: "Este Gobierno ha sido informado que en Paiestina se ha proclamado un Estado Judío, cuyo reconocimiento ha solicitado el Gobierno Provisional d emismo. El Gobierno de los Estados Unidos ha reconocido al Gobierno Provisional como suprema autoridad de facto del nuevo estado de Israel
Pensé que había llegado el momento de anunciar el reconocimiento de mi país..MIentras los representantes árabes, uno tras otro, se dirigían al estrado y lanzaban furiosas declaraciones contra los Estados Unidos, corrí al teléfono e hice un llamado urgente al Ministro de Relaciones Exteriores, en la ciudad de Guatemala.
Pasaban los minutos. Los árabes habían acabado sus breves y acres discursos. Se estaban votando los párrafos finales sobre el Mediador. Tenía que pensar rápidamente. se me había pedido que informara a mi gobierno acerca del momento oportuno para reconocer a Israel. ¿Cuál mejor que éste?. Habíamos demostrado nuestra independencia en las Naciones Unidas durante muchos meses que había durado este problema palestino. Ya habíamos anunciado nuestra intención de reconocer al nuevo estado. Teníamosderecho a actuar en este mismo momento para informar al mundo que dábamos el paso final en un camino que habíamos seguido consecuente y decididamente desde el principio. El buen éxito había coronado por fin el esfuerzo de nuestra representación en esta pugna por lo que considerabamos un gran objetivo.El Uruguay y Guatemala, juntos, habían visto venir e irse a los aliados, hallando a su lado, ya a una, ya a otra d elas grandes potencias, o bien encontándose solos, pero siempre combatiendo juntos por algo que sabían justo y legítimo.
La asamblea Especial llegaba asu término. Vi al presidente Arce arreglar sus papeles y disponerse a pronunciar el discurso de despedida. No pude esperar más. Cargando con toda la resposabilidad sobre mis hombros, pedí la palabra. Ya en la tribuna, dije que mi representación había votado en favor de la resolución referente al Mediador porque no contradecía la resolución particionista del 29 de noviembre,que seguía siendo valida; y que Guatemala había tomado una actitud firme sobre este problema desde su primera presentación en las Naciones Unidas, y que en este momento podía anuncía oficialmente el reconociemiento del estado de Israel por el Gobierno de Guatemala.
Cuándo volví a mi sitio, en la gran sala de sesiones, me sentí satisfecho y consciente de estar en la razón.
Minutos después se realizó mi llamado a la ciudad de Guate.mala. Hablé con el Ministro de Relaciones Exteriores, quien aprobó con entusiasmo mi decisión. Más tarde,
Después me refirieron los motivos del reconocimiento norteamericano. El Presidente Truman comprendió claramente la necesidad del reconocimiento, pero tuvo que imponer toda su autoridad al Departamento de Estado en aquella mañana del 14. Cuando el Presidente tomó su decisión, empezaron a funcionar los engranajes. Se sondeó al representante israelí en Washington. Se le aconsejó escribir una carta solicitando el reconocimiento; así lo hizo; y el reconocimiento fue concedido.
Debo confesar que sentí pena por la representación norteamericana. Sus miembros habían luchado en vano. Su desilusión halló expresión vívida en un diálogo que mantuve con uno de sus consejzros, al encontrarlo en la galería, pocos minutos después de que el doctor Jessup leyera su declaración,,
—Ahora que han dado un paso definido_le dije_, quiza puedan estudiar una nueva medida para salvar a la Comisión Palestina. Yano le asigno mucha importancia, pero puede ser valiosa si se hace algo tendiente a establecer la unión económica de dos estados.
Lo vi visiblemente disgustado.
—No haremnos nada de eso —me replicó, con voz seca y airada;
—Pero —le dije—. después de la declaración que leyó el doctor Jessup...
—¡Ah! —me espetó—, ése es lenguaje de la Casa Blanca, no del Departamento de Estado.
No pude menos que contestarle:
_Yo creia que el Gobierno de los Estados Unidos era uno solo. Quizá me equivoque.
—No se preocupe —le dije—. Lo importante ya está hecho. El resto no vale la pena.
Esa tarde, cuando mi automóvil me condujo desde Flushing Meadows al hotel de Nueva York, al atravesar las calles de la gran ciudad, vi la bandera azul y blanca de Israel, con su Estrella de David, flameando orgullosamente sobre los altos edificios. Una infinidad de pensamientos cruzaron mi cerebro. Nosotros habiamos visto el momento culminante e inevitable de una una singular y extraña historia nacional de los tiempos contemporáneos. Los pesares de un largo exilio marcado por acerbos sufrimientos humanos cederían el lugar a la construcción de la nación más nueva del mundo. Los miembros de las Naciones Unidas, tanto los grandes como los pequeños, habíamos desempeñado nuestro papel, aportando a esa consumación histórica la autoridad del acuerdo internacional. No menospreciaba por ello la labor del propio pueblo judío; debían el éxito a su magnífica resolución, a su paciencia, a su valor, a su disciplina. Con su acción, casi predestinada, habían ejecutado una de las partes principales de nuestro plan para el futuro de la Tierra Santa, aceptado por la mayoría de las naciones del mundo.
No obstante, puede decirse que Israel nació en medio de la agonía de la guerra. Yo estaba convencido de que esta guerra no tenía por qué haber sido, y que no se habría desatado si las potencias hubieran permanecido fieles a sus obligaciones como miembros de las Naciones Unidas. Sin embargo, comenzaba el derramamiento de sangre, y debíamos admitir las realidades dé la situación. A pesar de esta tragedia inútil, nosotros, que habíamos examinado las necesidades y los problemas de Palestina y de sus pueblos,sabíamos que Israel viviria. ¡Debía vivír!Su existencia era el primer paso que se daba hacia la seguridad, la paz y un nuevo despertar en las tierras del Medio Oriente.
¡Cuán lejos está Guatemala de Israel... y, sin embargo, cuán cerca! En un mundo de muchos pueblos, la lucha era una sola.'
viernes, 1 de abril de 2016
LA CULTURA LADINA DE GUATEMALA XII
jueves, 24 de noviembre de 2016
COMPARTIENDO MIS LECTURAS BIBLICAS- EL DILUVIO
COMPARTIENDO MIS LECTURAS BIBLICAS GENESIS CAPITU...
CONTINUACIÓN
5:32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet.
6:1 Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,
6:2 que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.
6:4 Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.
7:9 de dos en dos entraron
7:16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta.
7:11 , a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo,
8:2 Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida.
8:4 Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes
5:32 engendró a Sem, a Cam y a Jafet.-Probablemente Sem Cam y Jafet fuesen trillizos.
6:2 las hijas de los hombres eran hermosas,-- Los seres celestiales que tomaron mujeres fueron cuidadosos y selectivos, escogiendo entre todas las demasiado hermosas.
6:4 Había gigantes que probablemente no eran humanos de la linea de Adan y eva.
Estos gigantes seguían existiendo muchos años después.
Los seres celestiales escogieron de las más bellas mujeres de la humanidad y les engendraron
hijos, estos fueron varones que destacaron por su valentia y hazañas-(Hercules...)
7:9 de dos en dos entraron- los animales por la puerta al arca.
7:16 Macho y hembra de toda especie. ( En ninguna manera macho y macho, o , hembra y hembra) para preservación de especie.
EL GRANDE ABISMO
7:11fueron rotas todas las fuentes del grande abismo,
8:2 Y se cerraron las fuentes del abismo
En las profundidades de la tierra existe un inmenso oceano que al momento está sellado y que al en aquellos días del diluvio contribuyó a inundar la tierra.
miércoles, 8 de marzo de 2017
MALVINA- 104-106
NOVELA ORIGINAL DE JOHN P. MARQUAND
Resumen de H. M. PULHAM, ESQUIRE
Seleccines del Reader´s Digest
Enero de 1942
—Hay una chica que quiere conocerte—me dijo—. Se llama Ema Kane. ¿Has oído hablar de ella ?
— ¿Qué le pasa ?—pregunté.
—Nada—contestó Gerardo—. Es una de las muchachas más tentadoras que has visto en tu vida. Ven. '
Tiró de mí unos pasos a través del salón y detuvo a una pareja que venía hacia nosotros.
—Aquí lo tiene usted, Ema Kane... Enrique Pulham—dijo presentándonos.
Era nueva en el Club. Pertenecía a las familias que habían llegado durante los años de la guerra.
—Lo he visto en la playa. Está usted rmuy guapo en traje de baño.
Su manera de hablar revelaba que no era una muchacha de la sociedad que yo había dejado al marchar a la guerra. Ninguna de ellas se hubiera permitido opinar sobre mi aspecto en traje de baño. Vacilé al rodearle la cintura con el brazo.
—¿Que le ocurre?—me preguntó.
—Nada—repuse.
—Apuesto a que tiene usted un estilo estupendo. Me gustaría que me ciñese más. Bailo mejor así y resulta delicioso.
—Muy bien—asentí..
—Se conduce usted como un jovencito. ,¿Es ése su estilo?
Por fuerza, yo era bastantes años mayor que ella. Había estado en la guerra y asistido en ella a espectáculos increíbles. Lo más azorante era que se trataba de una señorita de mi propia clase social.
- ¿Ha traído usted coche ?—me preguntó—. Vámonos a correr unos kilómetros.
-Sería muy agradable, si está bien Visto—contesté. '
No ténía yo noticia de que las conveniencias sociales autorizasen a llevarse una señorita del salón de baile para pasearla en auto y cuando salíamos creí adivinar los comentarios de las gentes si nos observaban. Todavía me parece escuchar la música que acompañaba al ruido de nuestros pasos en el cascajo. La orquesta tocaba la Madelón.
traído usted algo de beber?— preguntó Ema—. Siempre me da sed.
— ¿Quiere usted decir whisky ?—pregunté a mi vez. Se echó a reír.
—Tiene usted el estilo más lindo que he visto—me contestó—. Será mejor que vayamos en mi coche. Tengo algo que beber en la bolsa de la portezuela.
Su coche era un Cadillac abierto. del último modelo. Me pidió que condujera yo y se sentó a mi lado, ligeramente inclinada sobre mi hombro.
—¿A dónde vamos ?—pregunté.
—Por ahí, a donde podamos estar tranquilos. Por la orilla del mar. Usted es hermano de María, ¿no? María tiene un estilo lindo.
«Estilo lindo», era una expresión nueva para mí tal como. Ema la empleaba. Me hubiera gustado estar, más familiarizado con aquella situación y saber lo que debía hacer. Recuerdo haber pensado que Guillermo King lo sabría. íbamos a lo. largo de la costa y ella empezó a canturrear en voz baja.
—Cantemos—propuso luego; y cantamos la Madelón.
—Quedémonos aquí—dijo, y cuando detuve el coche se inclinó .y paró el motor. Será mejor que apaguemos las luces para no agotar la batería—coritinuó. Luego introdujo la mano en la bolsa de la portezuela y exclamó—: Aquí está.
Desatornilló el tapón de un frasco de plata que me pasó tras de beber un trago.
— ¿En qué está usted pensando ?—me preguntó.
—Estaba pensando en que nunca he hecho nada parecido a esto.
La oí reír en la oscuridad.
—Siga adelante—dijo—, pero no me despeine.
Me puso el brazo en el hombro y vi que su cara se volvía hacia mí, blanca y velada en la oscuridad. La besé y sentí que sus brazos me ceñían el cuello.
—Querido—susurró—. Yo volví a besarla.
—Desde que te he visto en la playa he estado pensando en cómo serias... ¿Te gusto ?
—Dime—le pregunté—. ¿Es que todos se portan así ahora?
Se separó de mí y me miró.
—¿De qué todos estás hablando?
—No lo sé—repuse—. Deben de haber ocurrido muchas cosas aquí desde que yo falto.
—Me parece que será mejor que regresemos—dijo.
—De ningún modo—contesté, aesatornillando el tapón del frasco y tomando otro trago puesto que parecía ser lo indicado. Intenté volver a besarla.
—No, no—me dijo—. Obra usted...— se le quebró la voz—como si...
— ¿Cómo si qué ?
—Como si yo fuese inmoral.
—No he tenido la menor intención de obrar así. Lo siento enormemente.
—Es mejor que regresemos—sollozó—. No, no me toque.
—Haga el favor de escucharme. No sé lo que he hecho pero le pido perdón...
—Por favor, Ema—insistí.
—¡Oh, cállese!—murmuró mientras que seguía sollozando—. Lo ha echado usted a perder todo.
Con bastante frecuencia he pensado en todas las cosas que podía haberle dicho mientras volvíamos. Supongo que todo el mundo ha tenido en la vida un mal momento, cuyo punzante recuerdo le atormenta a través de los años, y eso fué aquella excursión de regreso. Mentalmente, hallaba razones para explicarle mi conducta a aquella muchacha de un modo convincente, pero sólo acerté a decir:
—En realidad no soy tan malo como usted se figura.
No pasaba de ahí, y lo cierto era que todo se había echado a perder.
PAPÁ ESTABA SENTADO en el salón, cabeceando sobre el periódico. Cuando entré, levantó la cabeza de un movimiento rápido.
—¡Ya estás aquí! ¿Lo has pasado bien ? —dijo.
Yo hubiera querido que no siguieran haciéndome la misma pregunta.
—Sí. Me he divertido mucho.
—Eso de que vas a regresar mañana, no es en serio, ¿verdad?
—Sí, lo es. Necesito estar de vuelta el lunes por la mañana.
Papá lanzó el periódico al suelo.
—Papá. De nada servirá que disputemos.
Nunca he olvidado como me miró. La expresión de sus ojos era dura e incrédula;
luego se hizo más suave. Me pareció más viejo que nunca.
—Muy bien—dijo—. No volvamos sobre ello pero maldito si lo entiendo—. Se detuvo y apartó de mí los ojos mientras yo esperaba a que terminara—. Maldito si entiendo lo que le está pasando a todo el mundo— continuó—. Yo quería que hablaras con Frank Wilding para .que volvieras a trabajar en su agencia de bolsa.
Se levantó de la silla y vino hacia mí.
—Tal vez cambies de idea para Octubre. Si estás de vuelta para entonces tal vez podamos ir a cazar perdices. Cuando naciste pensé que andando el tiempo vendrías de caza conmigo. Es extraño. Nada ocurre en la vida como uno espera.
—Me gustaría que no dijera eso, señor,—contesté.
—Pues es la pura verdad—insistió—. Todo lo que uno da por hecho... viene y se va. Tú viniste y ahora te has ido.
—Me gustaría que no dijera eso. Me hace sentir...
—No puedo influir en cómo sientes, ni tú en cómo siento yo. Creo que ni tú ni yo somos muy inteligentes, después de todo, Enrique. Bastante haremos con vivir atormentándonos lo menos posible... Buenas noches.
—¿No está usted enfadado conmigo?—le pregunté.
—No... Pero ¿para qué hablar? Nunca he sabido hablar—. Me tendió la mano y se la estreché.
Ahora sé por qué fracasó todo en aquella excursión a North Harbor. Yo no quería estar allí porque estaba enamorado de Malvina Myles.
Cuando os ama la muchacha que amáis
martes, 25 de octubre de 2016
CAMINANTE Por GINO LAFRANCESCO- 2
Por GINO LAFRANCESCO
De tales lecturas comencé a comprender cómo era la iglesia
primitiva del Nuevo Testamento en sus primeros días. Entonces anhelé
esa iglesia, días como esos, una iglesia como aquella. Debía haberla en
algún lugar. Era cuestión de buscarla o de hacerla. Recuerdo que
cuando eran mis días de mocedad en mi primaria en el colegio Santo
Tomás de Aquino, se nos enseñaba la historia sagrada. Recuerdo cómo
encendía mi alma el relato de los primeros cristianos y de los mártires
primitivos, tales como San Lorenzo a quien quemaron vivo sobre una
parrilla y él permanecía imperturbable. Pero me entristecía cuando la
historia cambiaba y desde Constantino el emperador en adelante
comenzaron a aparecer cierto tipo de arzobispos, cardenales, papas y
esa jerarquía rodeada de lujos. Yo amaba aquella parte primitiva de la
historia de la Iglesia, pero algo dentro de mí se entristecía de la historia
posterior. El profesor nos enseñaba que aquel había sido el triunfo del
cristianismo, pero mi espíritu intuía ya de niño que no había sido tal;
que el verdadero triunfo había sido el de los mártires. Yo prefería
aquella pureza original. Fue aquello lo que me había hecho desear
siendo joven el ser un santo, un mártir como aquellos.
Después me habían enseñado que al papa, Dios le hablaba
directamente. Entonces de niño quise ser un sacerdote católico, esa era
mi vocación, para poder llegar a ser obispo, y entonces papa, para
poder hablar con Dios. Lo que me importaba era hablar con Dios. En
mis juegos con mis compañeritos yo era el sacerdote que decía la misa
y bautizaba las muñecas. Un universitario, Bernardo Márquez, que
moraba en casa alquilando una pieza, me preguntaba que para qué yo
quería ser sacerdote, si para tomar vino en la misa o para qué. Yo le
decía que para poder ser papa y poder hablar con Dios. Hasta el
segundo año de bachillerato había albergado el deseo de ser un santo;
pero desde el tercer año de bachillerato hasta mis años de universidad
me había apartado de la fe y militado en el hippismo existencialista
nietzscheano y freudiano. Pero entonces abandoné la universidad en
busca de la verdad más plena, y en el camino encontré a Jesús Cristo.
Ahora me encontraba en el Parque Forestal de Santiago indagando
en la Biblia la doctrina cristiana y apostólica, y regresaba a mí en una
forma ahora más definida la visión de aquella iglesia primitiva. De las
epístolas paulinas y de la experiencia de soledad y necesidad de amistad
descubierta al rojo vivo durante el viaje, comprendí que yo no era un
ente solitario, sino parte de un cuerpo, y ese cuerpo era la Iglesia, y la
Iglesia eran aquellos cristianos como los primitivos, los nacidos de
nuevo según el Nuevo Testamento. Era necesario buscar entonces esa
Iglesia. Esa fue la conclusión a la que comencé a llegar desde Santiago
en adelante.
Tomé mis pocas cosas y salí a las afueras de la ciudad con rumbo a
Valparaíso y Viña del Mar. Empecé a caminar por la ruta y el paisaje me
hablaba de la proximidad de Dios. Una indecible sed de Dios se apoderó
de mí en aquella caminata. Miraba al cielo y al horizonte como
queriendo encontrarle y abrazarme a Él para siempre. Era un anhelo
como si quisiese nacer en ese mundo donde estaba el Señor. Yo no
sabía orar; no sabía hablar con Dios en profundidad. Todo lo que había
aprendido en el yoga eran simplemente técnicas de relajación y de
meditación en sí mismo como para lograr un autodominio. Pero lo que
yo necesitaba era ser amigo de, amar a, y ser amado por el Dios
trascendental. Caminé mucho como balbuceando una especie de
oración que se quería formar desde las vivencias de mis anhelos
unes, 27 de marzo de 2017
MALVINA- 108-109
NOVELA ORIGINAL DE JOHN P. MARQUAND
Resumen de H. M. PULHAM, ESQUIRE
Seleccines del Reader´s Digest
Enero de 1942
llard—. ¿ Qué es un original sino palabras ? Cada palabra en perfecto equilibrio con las demás.
—¡Por todos los Santos! Acabe de una vez, J.T No está usted tratando de vender nada a nadie.
—¿Cuál es la palabra, señorita Myles?—preguntó Bullard.
—La palabra es «exquisitez» —dijo Malyina.
—Esperen—exclamó Bullard—. Esperen, no vuelvan a hablar. Que nadie diga una palabra más—. Todos guardamos silencio. ——Exquisitez entre tanto Bullard en voz baja—. No me interrumpan... Arrobamiento. Puro y encendido arrobamiento. Arrebol. Desvanecimiento. Crepúsculo. Simón. No me interrumpan.
El señor Kaufinan permaneció en pie, mirando obstinadamente por la ventana, la cara roja y encendida, la camisa empapada y fláccida. Miré a Malvina. También estaba en pie, mirando hacia adelante, como una enfermera en la sala de operaciones.
—Exquisitez—repitió el señor Bullard—. Perfectamente. Empléela en todos los anuncios femeninos. Y, en lo sucesivo, la publicidad para damas correrá a cargo de la señorita Myles. Yo la dirigiré personalmente.
—Muy bien—repuso rígidamente Kaufman. No dijeron más pero aquello significaba que Malvina no dependía ya del señor Kaufman.
Eran más de las cinco cuando volvimos a la habitación en que trabajábamos. Malvina puso un momento su mano en la mía.
—¡Dios mio, vaya que día! Todo ha ocurrido... todo. Tengo que irme a casa y tomar un baño. ¿Viste lo que pasó? Kaufman le dijo a Bullard que se dejase de tonterías... Puede ser que dimita.
—Malvina... —comencé.
—Querido, has aprendido a dar a cada cosa lo suyo. Vete a casa, vístete de frac y ven por mí a las siete. Iremos al Plaza y beberemos champaña. Anda, vete a casa y arréglate. Estamos horrorosos.
CUANDO Fuí en busca de Malvina, supuse que ella bajaría a mi encuentro, pero no fué así. A mi llamada se abrió la puerta general y subí tres pisos hasta llegar al departamento amueblado que tenía en subarriendo: una alcoba, un saloncito y una cocinita. La puerta estaba abierta y Malvina me dijo desde la alcoba que la esperase.
—Tengo un vestido nuevo—alzó la voz—. Espera ahí para que me lo veas puesto.
Me senté en el saloncillo, mirando los estantes de libros. Malvina había leído mucho más que yo y la mayor parte de aquellos libros me eran desconocidos. Pero, entonces, me parecieron míos, simplemente porque eran de ella. Oí crugir la seda de su vestido y se abrió la puerta de la alcoba. No puedo decir como era el vestido porque nunca recuerdo como son las ropas, pero Malvina estaba preciosa.
—Dame un beso—pidió—. Lo he estado esperando todo el día—. Después se echó hacia atrás, teniéndome de los hombros.
—Ya has vuelto a dejártelo—me dijo
—El cabello de atrás. Te cepillas muy bien por delante pero siempre dejas sin peinar estos mechones de'atrás. Espera un minuto.
. Fué a la alcoba y volvió con un cepillo de cabeza.
—Ahora ponte derecho y no te muevas.
Quise hacerle ver que aquello me parecía cómico, pero ella sabía por fuerzaque estaba complacido. Le gustaron las orquídeas que le compré, no del matiz purpúreo corriente sino con unas florecillas de un marrón dorado.
El maitre del Plaza nos colocó en una buena mesa. Me divertía un poco ver cuanto le importaban a Malvina muchas cosas que yo tenía olvidadas.

—Querido—dijo— ¿no es maravilloso ? —Sí—contesté—es la primera vez que gozo de todo ello aquí.
—Ahora, dime cuándo te gusté la primera vez—insinuó.
Empezamos a hablar, supongo que como lo hace todo el mundo, de lo que
dije yo y de lo que contestó ella y de como-la miré y como ella devolvió
la mirada.
Empecé luego a pensar lo que diría a mi familia cuando se la presentara. —Malvina—le pregunté— ¿cuándo quieres que nos casemos?
—Pero... ¿de veras, quieres que nos casemos ?
—Claro que sí, muchacha.
Me miró a través de la mesa, sonrien do.
—Estaba pensando que era lo que te inquietaba—dijo—. No me mires así.
Sin duda, yo también lo deseo. Pero debemos considerar las
circunstancias.
—¿Qué circunstancias?
Todas... tú y yo... y todo lo demás. Yo lo quiero así... —Pasó el brazo por sobre la mesa y me tomó la mano.
—Quiero que desees hacerme tu mujer con tal empeño que ninguna otra cosa
te importe... ninguna. Por una vez en tu vida, querido, trata de
divertirte. Trata de encontrarlo todo natural. Voy a hacer cuanto esté
en mi poder para que lo consigas, así me cueste la vida.
—Malvina—empecé... y no supe seguir.
—Continúa—me dijo.
— ¿Tú no quieres decir, Malvina, lo que yo pienso al oírte hablar de ese modo?
—Por supuesto. Quiero decir lo que estás pensando. Quiero que seamos
felices, mi amor. Quiero que seas feliz una vez en la vida. ¿Lo has sido
alguna vez de veras?
— ¿Feliz?
—Di la verdad. ¿Has sido alguna vez feliz de veras?
—No; creo que nunca lo he sido.
—Bueno, `pues de ahora en adelante vas a serlo.
Me acuerdo de Malvina Myles
LA MAÑANA siguiente la muchachaque ocupaba la mesa de información en las
oficinas de 1. T. Bullard, no pareció observar nada anormal en mí.
—Buenos días—me dijo—. Llega usted temprano, señor Pulham.
Guillermo estaba en su sitio. Con las manos en los bolsillos y la silla
echada hacia atrás, miraba por la ventana. Malvina no había llegado.
Temía yo que no viniera porque mi vista se le hiciera insoportable. Creí
que, por fuerza, Guillermo notaría algo, pero se limitó a hacerme un
lánguido saludo con la mano.
—Hola, Guillermo—le dije—. ¿Qué has estado haciendo en Chicago?
—El negocio del tejido elástico. Lo hemos conseguido. ¿Cómo has encontrado a los de casa ?
—Muy bien—contesté.
— ¿Ha querido sacarte de aquí la familia ?
—Sí, pero no te preocupes por ello, Guillermo.
—No se lo permitas. No te reconocerás a ti mismo cuando lo olvides. ¿Dónde está Malvina? Se ha retrasado.
—No lo sé—dije.
SELECCIONES
DICIEMBRE DE 1941


