domingo, 13 de agosto de 2017
EN UNA CARCEL JAPONESA- 1943-POR J.B.POWELL
¡SÉ LO QUE ES UNA CÁRCEL JAPONESA!
POR J.B.POWELL
FEBRERO DE 1943
LA CRUELDAD de sus carceleros japoneses de Shangai—digna apenas de los bárbaros e insensibles verdugos de la Edad Media—, le hizo perder a J. B. Powell ambos pies casi por completo. Al ingresar enla cárcel,pesaba 68 kilos;,en tres meses, debido a la comida que allí le daban, quedó pesando sólo 36. En junio del año pasado, volvió a los Estados Unidos, con otros repatriados, a bordo del Gripsholm: Actualmente, se halla convaleciendo en un hospital de Nueva York. .
En Shangai, donde se estableció en 1917, J. B. Powell había llegado a ser uno de los periodistas extranjeros más conocedores de China. La inflexible rectitud de los dos periódicos que dirigía—The China Weekly y The China Press—, bien así como los hechos que sacó a luz en ellos, le valieron el odio de los japoneses. En 1941, escapó por un pelo de morir destrozado por la granada de mano con que trataron de asesinarlo.
POR J.B.POWELL
FEBRERO DE 1943
LA CRUELDAD de sus carceleros japoneses de Shangai—digna apenas de los bárbaros e insensibles verdugos de la Edad Media—, le hizo perder a J. B. Powell ambos pies casi por completo. Al ingresar enla cárcel,pesaba 68 kilos;,en tres meses, debido a la comida que allí le daban, quedó pesando sólo 36. En junio del año pasado, volvió a los Estados Unidos, con otros repatriados, a bordo del Gripsholm: Actualmente, se halla convaleciendo en un hospital de Nueva York. .
En Shangai, donde se estableció en 1917, J. B. Powell había llegado a ser uno de los periodistas extranjeros más conocedores de China. La inflexible rectitud de los dos periódicos que dirigía—The China Weekly y The China Press—, bien así como los hechos que sacó a luz en ellos, le valieron el odio de los japoneses. En 1941, escapó por un pelo de morir destrozado por la granada de mano con que trataron de asesinarlo.
EN LA MANANA del 20 de diciembre de 1941, se presentaron en mi cuarto del Hotel Metropole de Shangai seis agentes secretos japoneses. Ello no me sorprendió, porque ya las oficinas de The China Weekly Review y de The China Press habían sido clausuradas por los Nipones.,
Después que los gendarmes hubieron practicado un registro en la habitación y abarrotado una maleta con mis papeles, me pidieron que fuese con ellos a la jefatura de policía para someterme a un interrogatorio. Hacía frío, y de haber yo sabido lo que me esperaba, no hubiera salido con unos calcetines tan finos y un abrigo ligero.
Los gendarmes me llevaron a la Bridge House (la Casa del Puente), una gran casa de pisos que los japoneses habían convertido secretamente en cárcel.
Me vi encerrado en la celda de la que no saldría sino dos meses después, y baldado para toda la vida. Había allí como cuarenta personas amontonadas en un espacio de 5.50 por 3.65 metros. Tenían que sentarse en el suelo en apretadas hileras. Eran, en su gran mayoría, chinos. Entre mis compañeros de encierro se hallaba, sin embargo, Rudolph Mayer, hermano del empresario de películas de Hollywood. Mayer pidió a unos chinos que se apretujaran un poca más y así pude sentarme en un rincón, con la espalda contra la pared, lo cual, era mejor que estar sentado en medio del cuarto, hecho punto menos que un ovillo., Mayer me comunicó que el hueco que me cedieron lo ocupaba la víspera un coreano que había fallecido de septicemia.
No tardaron en llevarme a uno de los pisos altos donde un oficial me hizo preguntas y más preguntas acerca de mi vida, especialmente sobre los veinticinco años que había pasado en China. Aquél fué el primero de los muchos interrogatorios que se sucedieron dos o tres veces por semana, a menudo en las altas horas de la noche.
Una y otra vez se empeñaron los japoneses en probar que yo estaba complicado en las actividades del servicio secreto militar de los Estados Unidos y del de la Gran Bretaña. Me dijeron que se habían hallado documentos que demostraban que el agregado naval norteamericano me había pagado 85.000 peSos chinos, lo cual era absurdo.
Los oficiales investigadores me trataron a menudo con insultante arrogancia, pero tuve la suerte de que no se me apaleara. En comparación con la monotonía e inmundicia que me aguardaban en la celda, aquellas escaramuzas con los oficiales no dejaban de tener su lado agradable,
Había hacinados, en sólo doce celdas, quinientos hombres y mujeres. En mi celda se veía, a lado y lado, una hilera de gruesos postes de madera, colocados de seis en seis centímetros. Una hilera tenía 17 postes; la otra, 25. ¡Si no los conté mil veces, no los conté ninguna!
Día y noche permanecíamos sentados en el duro entarimado. Sentíamos helársenos los pies, en los que solamente llevábamos los calcetines, pues, siguiendo la costumbre japonesa, habíamos tenido que quitarnos Y entregar los zapatos, que estaban afuera, amontonados en el corredor. Para que cupiesen más presos en cada celda, y también para que los guardas pudieran contarlos con más facilidad, nos habían mandado que nos sentáramos con las piernas encogidas. A veces éramos tantos en la celda, que algunos tenían que quedarse de pie.
Cuando uno violaba el reglamento, se nos castigaba a todos haciéndonos permanecer sentados sobre los pies, con la cabeza agachada. Los japoneses están acostumbrados a sentarse así desde niños, pero para los que no lo están resulta una insufrible tortura. Algunos de los de mi celda, después de pasar unas horas así sentados, se quedaban sin poder andar por varios días. Como teníamos que sentarnos cara a Tokio, le dimos a ese castigo el nombre de «postura de rodillas del Nuevo Orden».
Debíamos guardar completo silencio. Como a los chinos les es imposible estarse callados, era frecuente que los guardas los pillaran hablando. Al que sorprendían así, le arreaban una paliza. Menudeaban éstas de tal modo, que rara era la vez que no hubiese un chino recibiendo la suya. Por la noche oíamos los quejidos que lanzaban en las otras celdas los infelices a quienes les había tocado el turno. A un preso chino que gozaba del régimen de favor que les concedían a los de conducta ejemplar, lo sorprendieron metiendo cigarrillos de contrabando. Tal fué la paliza que llevó, que estuvo una semana sin poder tenerse en pie. A poco le dio el beriberi, y murió en nuestra celda. A otro chino, al cual le habían encontrado encima algún dinero, lo golpearon con un garrote hasta que éste quedó hecho astillas en la mano del guarda, y la cara de la víctima convertida en papilla. Presencié la escena, y conté los garrotazos: fueron ochenta y cinco.
A mí no llegaron a pegarme; pero sí me largaron una vez una bofetada soberana.
Los inviernos en Shangai son fríos, y en aquella cárcel no había calefacción. A eso de las nueve de la noche, los guardas traían unas cuantas mantas que todos se disputaban. Dos, y hasta seis presos, apiñándose de un modo inverosímil, lograban cubrirse con una sola manta. A la mañana siguiente nos las quitaban de nuevo. Algunas noches frías, no nos daban ni siquiera una manta.
El arroz del desayuno era bueno, caliente y bien sazonado, pero el que nos daban al mediodía y por la noche estaba frío y apelmazado. Algunas veces encontrábamos en el arroz uno que otro trocito de arenque, casi siempre una cabeza. Nuestro mayor tormento era la sed. Aunque se nos daba un té infernal todos los días, el agua no la probábamos siquiera.
Mas, lo peor de todo lo que teníamos que soportar era la asquerosa inmundicia en que vivíamos. No podíamos lavarnos, salvo en las raras ocasiones en que nos sacaban de la celda. Las condiciones en que teníamos que satisfacer ciertas necesidades corporales se resisten a toda descripción. Para los veinticinco o cuarenta seres humanos que nos apiñábamos en la celda, no había más que una burda caja en un rincón, a la vista de todo el mundo. El hedor era nauseabundo. Otra cosa había a la que nosotros los «extranjeros» no podíamos acostumbrarnos: la indigna y repelente promiscuidad que nos ponía en el caso de salvar el pudor de las mujeres que con nosotros compartían aquel suplicio, formando en torno de la letrina un cerco con nuestras espaldas vueltas hacia ella.
Algunos de los hombres de nuestra celda padecían de enfermedades venéreas en sus formas más repulsivas. Los japoneses les hacían las curas sin pizca de recato a la vista de todo el mundo, lo mismo hombres que mujeres.
A menudo sacaban a las mujeres chinas que había en nuestra celda para interrogarlas. A veces volvían magulladas y sangrando, y se echaban en el frío y sucio suelo a sollozar sordamente.
Me sorprendió ver que había muchos presos japoneses entre nosotros. Unos eran soldados que cumplían arresto por embriaguez; otros, antiguos empleados de empresas extranjeras a quienes las autoridades niponas trataban de arrancar ciertos informes. No se les trataba mejor que a los demás. Yo mismo vi a un gendarme darle de palos a un soldado japonés hasta dejarlo sin sentido.
Uno de mis compañeros de celda era un oficial inglés retirado, que estaba horriblemente cubierto de granos. Todavía me parece estar oyéndole repetir toda la noche el padrenuestro.
Había una verdadera epidemia de diviesos. Por lo común, los japoneses no les hacían maldito caso, aunque de vez en cuando se dejaba caer por allí un practicante que, armado de un par de tenacillas, se hartaba de apretar forúnculos. La asistencia facultativa que recibíamos de los japoneses se reducía a la administración de aspirina y a la aplicación externa del mercurocromo. Fuera lo que fuera la enfermedad que nos aquejara... allá iban las tabletas de aspirina. Una enfermera japonesa se ocupaba en embadurnar con mercurocromo las regiones infectadas y las llagas... cuando uno tenía la buena suerte de detenerla al pasar.
Un dedo se me hinchó descomunalmente a causa de un padrastro que se me había enconado. Después de suplicar durante dos semanas que me curaran, me llevaron a la enfermería. Sin aplicarme anestésico alguno, un médico militar japonés recortó con un par de tijeras la parte infectada y la pintó con mercurocromo. Andando el tiempo se cicatrizó la herida.
No teníamos otra cosa que hacer como no fuera estar sentados o arrodillados, de cara a Tokio... y pensar en nuestras penas, o hablar en voz baja cuando estábamos seguros de que el carcelero no podía oírnos. Alguna que otra vez, alguien iniciaba un juego de palabras, que nunca duraba mucho. No se nos permitía leer nada.
De vez en cuando, quizás una docena de veces durante todo el tiempo que estuve preso, si hacía buen tiempo, nos sacaban al patio para que camináramos un poco, o para que hiciéramos ejercicios de calistenia japonesa. En aquel patio estaban las perreras en que los japoneses encerraban a sus sabuesos adiestrados. Solíamos detenernos ante ellas y hacer fiestas a los animales, que nos daban amistosamente la mano. Parecía que nos querían más que a sus amos.
Después que los gendarmes hubieron practicado un registro en la habitación y abarrotado una maleta con mis papeles, me pidieron que fuese con ellos a la jefatura de policía para someterme a un interrogatorio. Hacía frío, y de haber yo sabido lo que me esperaba, no hubiera salido con unos calcetines tan finos y un abrigo ligero.
Los gendarmes me llevaron a la Bridge House (la Casa del Puente), una gran casa de pisos que los japoneses habían convertido secretamente en cárcel.
Me vi encerrado en la celda de la que no saldría sino dos meses después, y baldado para toda la vida. Había allí como cuarenta personas amontonadas en un espacio de 5.50 por 3.65 metros. Tenían que sentarse en el suelo en apretadas hileras. Eran, en su gran mayoría, chinos. Entre mis compañeros de encierro se hallaba, sin embargo, Rudolph Mayer, hermano del empresario de películas de Hollywood. Mayer pidió a unos chinos que se apretujaran un poca más y así pude sentarme en un rincón, con la espalda contra la pared, lo cual, era mejor que estar sentado en medio del cuarto, hecho punto menos que un ovillo., Mayer me comunicó que el hueco que me cedieron lo ocupaba la víspera un coreano que había fallecido de septicemia.
No tardaron en llevarme a uno de los pisos altos donde un oficial me hizo preguntas y más preguntas acerca de mi vida, especialmente sobre los veinticinco años que había pasado en China. Aquél fué el primero de los muchos interrogatorios que se sucedieron dos o tres veces por semana, a menudo en las altas horas de la noche.
Una y otra vez se empeñaron los japoneses en probar que yo estaba complicado en las actividades del servicio secreto militar de los Estados Unidos y del de la Gran Bretaña. Me dijeron que se habían hallado documentos que demostraban que el agregado naval norteamericano me había pagado 85.000 peSos chinos, lo cual era absurdo.
Los oficiales investigadores me trataron a menudo con insultante arrogancia, pero tuve la suerte de que no se me apaleara. En comparación con la monotonía e inmundicia que me aguardaban en la celda, aquellas escaramuzas con los oficiales no dejaban de tener su lado agradable,
Había hacinados, en sólo doce celdas, quinientos hombres y mujeres. En mi celda se veía, a lado y lado, una hilera de gruesos postes de madera, colocados de seis en seis centímetros. Una hilera tenía 17 postes; la otra, 25. ¡Si no los conté mil veces, no los conté ninguna!
Día y noche permanecíamos sentados en el duro entarimado. Sentíamos helársenos los pies, en los que solamente llevábamos los calcetines, pues, siguiendo la costumbre japonesa, habíamos tenido que quitarnos Y entregar los zapatos, que estaban afuera, amontonados en el corredor. Para que cupiesen más presos en cada celda, y también para que los guardas pudieran contarlos con más facilidad, nos habían mandado que nos sentáramos con las piernas encogidas. A veces éramos tantos en la celda, que algunos tenían que quedarse de pie.
Cuando uno violaba el reglamento, se nos castigaba a todos haciéndonos permanecer sentados sobre los pies, con la cabeza agachada. Los japoneses están acostumbrados a sentarse así desde niños, pero para los que no lo están resulta una insufrible tortura. Algunos de los de mi celda, después de pasar unas horas así sentados, se quedaban sin poder andar por varios días. Como teníamos que sentarnos cara a Tokio, le dimos a ese castigo el nombre de «postura de rodillas del Nuevo Orden».
Debíamos guardar completo silencio. Como a los chinos les es imposible estarse callados, era frecuente que los guardas los pillaran hablando. Al que sorprendían así, le arreaban una paliza. Menudeaban éstas de tal modo, que rara era la vez que no hubiese un chino recibiendo la suya. Por la noche oíamos los quejidos que lanzaban en las otras celdas los infelices a quienes les había tocado el turno. A un preso chino que gozaba del régimen de favor que les concedían a los de conducta ejemplar, lo sorprendieron metiendo cigarrillos de contrabando. Tal fué la paliza que llevó, que estuvo una semana sin poder tenerse en pie. A poco le dio el beriberi, y murió en nuestra celda. A otro chino, al cual le habían encontrado encima algún dinero, lo golpearon con un garrote hasta que éste quedó hecho astillas en la mano del guarda, y la cara de la víctima convertida en papilla. Presencié la escena, y conté los garrotazos: fueron ochenta y cinco.
A mí no llegaron a pegarme; pero sí me largaron una vez una bofetada soberana.
Los inviernos en Shangai son fríos, y en aquella cárcel no había calefacción. A eso de las nueve de la noche, los guardas traían unas cuantas mantas que todos se disputaban. Dos, y hasta seis presos, apiñándose de un modo inverosímil, lograban cubrirse con una sola manta. A la mañana siguiente nos las quitaban de nuevo. Algunas noches frías, no nos daban ni siquiera una manta.
El arroz del desayuno era bueno, caliente y bien sazonado, pero el que nos daban al mediodía y por la noche estaba frío y apelmazado. Algunas veces encontrábamos en el arroz uno que otro trocito de arenque, casi siempre una cabeza. Nuestro mayor tormento era la sed. Aunque se nos daba un té infernal todos los días, el agua no la probábamos siquiera.
Mas, lo peor de todo lo que teníamos que soportar era la asquerosa inmundicia en que vivíamos. No podíamos lavarnos, salvo en las raras ocasiones en que nos sacaban de la celda. Las condiciones en que teníamos que satisfacer ciertas necesidades corporales se resisten a toda descripción. Para los veinticinco o cuarenta seres humanos que nos apiñábamos en la celda, no había más que una burda caja en un rincón, a la vista de todo el mundo. El hedor era nauseabundo. Otra cosa había a la que nosotros los «extranjeros» no podíamos acostumbrarnos: la indigna y repelente promiscuidad que nos ponía en el caso de salvar el pudor de las mujeres que con nosotros compartían aquel suplicio, formando en torno de la letrina un cerco con nuestras espaldas vueltas hacia ella.
Algunos de los hombres de nuestra celda padecían de enfermedades venéreas en sus formas más repulsivas. Los japoneses les hacían las curas sin pizca de recato a la vista de todo el mundo, lo mismo hombres que mujeres.
A menudo sacaban a las mujeres chinas que había en nuestra celda para interrogarlas. A veces volvían magulladas y sangrando, y se echaban en el frío y sucio suelo a sollozar sordamente.
Me sorprendió ver que había muchos presos japoneses entre nosotros. Unos eran soldados que cumplían arresto por embriaguez; otros, antiguos empleados de empresas extranjeras a quienes las autoridades niponas trataban de arrancar ciertos informes. No se les trataba mejor que a los demás. Yo mismo vi a un gendarme darle de palos a un soldado japonés hasta dejarlo sin sentido.
Uno de mis compañeros de celda era un oficial inglés retirado, que estaba horriblemente cubierto de granos. Todavía me parece estar oyéndole repetir toda la noche el padrenuestro.
Había una verdadera epidemia de diviesos. Por lo común, los japoneses no les hacían maldito caso, aunque de vez en cuando se dejaba caer por allí un practicante que, armado de un par de tenacillas, se hartaba de apretar forúnculos. La asistencia facultativa que recibíamos de los japoneses se reducía a la administración de aspirina y a la aplicación externa del mercurocromo. Fuera lo que fuera la enfermedad que nos aquejara... allá iban las tabletas de aspirina. Una enfermera japonesa se ocupaba en embadurnar con mercurocromo las regiones infectadas y las llagas... cuando uno tenía la buena suerte de detenerla al pasar.
Un dedo se me hinchó descomunalmente a causa de un padrastro que se me había enconado. Después de suplicar durante dos semanas que me curaran, me llevaron a la enfermería. Sin aplicarme anestésico alguno, un médico militar japonés recortó con un par de tijeras la parte infectada y la pintó con mercurocromo. Andando el tiempo se cicatrizó la herida.
No teníamos otra cosa que hacer como no fuera estar sentados o arrodillados, de cara a Tokio... y pensar en nuestras penas, o hablar en voz baja cuando estábamos seguros de que el carcelero no podía oírnos. Alguna que otra vez, alguien iniciaba un juego de palabras, que nunca duraba mucho. No se nos permitía leer nada.
De vez en cuando, quizás una docena de veces durante todo el tiempo que estuve preso, si hacía buen tiempo, nos sacaban al patio para que camináramos un poco, o para que hiciéramos ejercicios de calistenia japonesa. En aquel patio estaban las perreras en que los japoneses encerraban a sus sabuesos adiestrados. Solíamos detenernos ante ellas y hacer fiestas a los animales, que nos daban amistosamente la mano. Parecía que nos querían más que a sus amos.
Dije que no teníamos nada que hacer, pero ello no es rigurosamente
cierto, ya que todos nos pasábamos muchas horas del día en la amena
ocupación de dar caza a los piojos que pululaban en nuestra ropa. A
menudo hacíamos apuestas a ver quién atrapaba más. Rudolph Mayer solía
ganarlas, con una anotación de 600 a 100. Como nosotros, los extranjeros, no podíamos comer el arroz frío y apelmazado del mediodía,
lo que hacíamos era cambiarlo con los chinos—que son espulgadores
diestros—a razón de una taza de arroz por cada camiseta limpia de
piojos. Todavía no puedo explicarme cómo no se propagó el tifus en esa
cárcel, como el fuego en un pajar.
A poco de estar en la prisión, los pies empezaron a dolerme, sobre todo
en los talones. El dolor se volvió tan agudo, que se me hizo imposible
ponerme los zapatos cuando nos sacaban a hacer ejercicio, o cuando me
llevaban arriba a ser interrogado. Como no había indicio ni síntoma
visible alguno, el médico japonés se limitó a reírse de mí cuando me
examinó.
El 26 de febrero fuí trasladado junto con otros siete extranjeros, a la
nueva cárcel de Kian Guan. Nos cortaron el pelo y nos afeitaron... por
vez primera en dos meses.
La prisión de Kian Guan se componía de celdas individuales. La mía era
de un metro y medio por tres. No tenía cama, y como no había caiefacción
en el edificio, y el cemento fresco estaba aún húmedo, sufría yo lo
indecible en el fríjido suelo. En lo alto de una pared había un pequeño
tragaluz con barrotes, pero me era imposible llegar a él con los ojos ni
saltar lo bastante alto para asomarme.
Como es de suponer, mi celda tenía unun rincón la consabida caja
maloliente. A la semana de llegado a Kian Guan se me agravó de tal modo
el estado de los pies, que sólo a rastras podía acercarme a la letrina.
Al cabo de unas tres semanas, vinieron a examinarme dos médicos
militares japoneses, y me pusieron una inyección hipodérmica. Los pies
se me habían vuelto amoratados.
A fines de marzo me trasladaron en camilla al Hospital General de Shangai. Se me habían podrido los pies, en el sentido literal de la palabra. La amputación resultó fácil porque ya la enfermedad se había adelantado a la cuchilla del cirujano, desarticulándome una falange por aquí, comiéndome un dedo por allá.
Los japoneses no hacían más que fotografiarme, y, al efecto, me obligaban a cubrirme las manos para que no se viera que eran sólo huesos y pellejo. Yo les pedía que me fotografiasen los pies, amputados casi hasta el talón, pero se negaron a hacerlo.
En junio, gracias a los buenos oficios de amigos y periodistas en los Estados Unidos, se me permitió repatriarme, junto con otros norteamericanos canjeados por japoneses detenidos en los Estados Unidos.
Según mi médico, con diez días más que hubiera pasado en cárceles niponas, no estaría yo aquí para hacer esta crónica de la inmundicia, estupidez e inhumanidad con que los japoneses martirizan a los desgraciados que caen en sus garra
A fines de marzo me trasladaron en camilla al Hospital General de Shangai. Se me habían podrido los pies, en el sentido literal de la palabra. La amputación resultó fácil porque ya la enfermedad se había adelantado a la cuchilla del cirujano, desarticulándome una falange por aquí, comiéndome un dedo por allá.
Los japoneses no hacían más que fotografiarme, y, al efecto, me obligaban a cubrirme las manos para que no se viera que eran sólo huesos y pellejo. Yo les pedía que me fotografiasen los pies, amputados casi hasta el talón, pero se negaron a hacerlo.
En junio, gracias a los buenos oficios de amigos y periodistas en los Estados Unidos, se me permitió repatriarme, junto con otros norteamericanos canjeados por japoneses detenidos en los Estados Unidos.
Según mi médico, con diez días más que hubiera pasado en cárceles niponas, no estaría yo aquí para hacer esta crónica de la inmundicia, estupidez e inhumanidad con que los japoneses martirizan a los desgraciados que caen en sus garra
viernes, 5 de mayo de 2017
ISRAEL, GOG Y EL ANTICRISTO Abraão de Almeida
ISRAEL, GOG Y EL ANTICRISTO
Abraão de Almeida
Abraão de Almeida
EL AUTOR
Pastor, periodista, y maestro de Teologfa en el Seminario Unido de Río
de Janeiro. Fue director de publicaciones de Ia Casa Publicadora de las
Asambleas de Dios en el Brasil, desde 1979 hasta 1984. Profesor de
Teología Contemporanea, de Hermenutica y de Teología Sistematica. En los
Estados Unidos de Norteamerica, donde reside, es pastor de la iglesia
portuguesa de las Asambleas de Dios en Bristol, Rhode Island, director
del Institute Bfblico Calvario en New Bedford, Mass., y profesor del
CUME (Centro de Edueaci6n Ministerial Urbane) del Seminario Teol6gico,
Gordon Cromwell Theological Seminary, de Boston, donde además prosigue
sus estudios.
Como escritor, es autor de mas de una decena de libros, algunos de
los'cuales fueron publicados tambi6n en Europa y en los Estados Unidos.
Desde su publicaci6n en noviembre de 1977, he observado numerosas reacciones de los lectores,de este libro. Algunos enviaron documentos quecomprueban mis afirmaciones, otros simplemente hablaron del despertamiento a que les dieronocasi6n los temas slempre actuales de "Israel,Gog y el Anticristo".
El motivo principal de tan calurosa acogida es,el cumplimlento de la Palabra de Dios con rela6n a Israel. El regreso de los judios a su patriadespu6s de casi dos mil años de destierro y de padecimentos indecibles; su extraordinaria supervivencia como Estado, y el increfble desarrollo que ha alcanzado en todos los Campos de la ciencia y de la producci6n, a pesar de tantas guerras sufridas, de constantes y, crecientes presiones y amenazas internacionales, son hechos que todo cristiano debe considerar a la luz de la infalible profecia bfblica.
Jesús se refiri6 a este pueblo cuando dijo: "De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mateo 24:34). La Historia no registra ningdn caso semejante al del judío. El permanece distinto donde quiera que viva. Decenas de otras naciones surgieron durante ese mismo perfodo, mantuvieron sus caracterfsticas propias durante algun tiempo, pero después se perdieron enteramente en la gran masa de la humanidad. Sin embargo, el pueblo judío conserva hoy día, en, el Asia, en Europa, en Ia. Américas, o en cualquier otra parte del mundo, la misma distinción que poseía hace tres mil años.
Resistió a todos los poderes de la persecuci6n y a todas las influencias que lo impulsan a fusionarse con otras naciones, y permaneció fiel a su linanje,como descendencia de Abraham.
Cuando Federico el Grande le pidió a su capellán una prueba de la existencia de Dios, él le respondió enseguida:
— !E1 pueblo judío, Majestad!
En ese pueblo tan peculiar se cumplen hoy día profecías bfbhcas enunciadas hace cerca de tres mil años, muchas de ellas referentes al renacimiento de Israel, a las guerras Arabe-israelíes y al papel que ese "nuevo" paíss desempeñaría entre las naciones. Por eso es que son de gran actualidad las, palabras de Jesús en Lucas 21-.29-31
: "Mirad la
higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan,
viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. Así
también vosotros, cuando veáis que suceden
estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios."Israel es hoy día la principal higuera entre
centenares de otras que están igualmente al brotar. Plantado en la región más codíciada
del mundo, en el cruce de tres
continentes y junto a las vastísimas reservas
petrolíferas del Medio Oriente, el Estado Judio
ha sido el blanco de les atenciones y
de ]os intereses de todos los pueblos. Hasta las grandes potencias, la Unión Soviética, les Estados
Unidos de América y la China, han girado en torno a ese pequeño ~ israelita.
Israel viene a ser el reloj
divino que sirve para indicarnos lo
adelantados que estamos en la corrida del tiempo. Y
los milagros atestiguados por ese país son una señal de que. el Señor Jesucristo se manifestará en breve a los ojos de las naciones para juzgarlas y para establecer
aquí su Reino.
No tengo la pretensión, en este trabajo, de agotar
un tema tan fértil como lo es el tema de que tratan estas páginas. Tampoco
pretendo dogmatizar. Presento, eso sí, en un lenguaje accesible,un análisis de la tan discutida profecía de Exquiel,
capítulos 38 y 39, y hago ligeros comentarios sobre el anticristo (las señales visibles que anuncian su
próxima manifestación al mundo y la aplicación y significado del misterioso número 666) dándole al lector motivos para que
llave una vida más consagrada al Señor en vista de
la proximidad de su gloriosa venida.
Es mi sincero deseo que el Señor
siga bendiciendo esta obra. Si, después de leer estas páginas, el lector se siente inducido por el Espíritu Santo a
vivir más abundantemente el Evangelio
de Cristo, entonces recomiéndelíe este libro a sus amigos. Si así sucediere, este mensaje habrá cumplido su noble objetivo y el autor se sentirá plenamente
recompensado.
1
LA TRAGEDIA
JUDAICA
`Y a vosotros os esparciré entre las
naciones, y desenvainaré espada en pos
de vosotros; y vuestra tierra estará
asolada, y vuestras ciudades desiertas."
"Jehová te entregará derrotado
delante de tus enemigos."
Levítico 26:33
Deuteronomio 28:25
LA TRAGEDIA
JUDAICA
`Y a vosotros os esparciré entre las
naciones, y desenvainaré espada en pos
de vosotros; y vuestra tierra estará
asolada, y vuestras ciudades desiertas."
"Jehová te entregará derrotado
delante de tus enemigos."
Levítico 26:33
Deuteronomio 28:25
SUMARIO
Se necesitan nervios de acero para acompañar los sufrimientos por los
cuales pasaron los judíos durante los
últimos diecinueve siglos. Víctimas de
la intolerancia de los religiosos fanáticos lamentablemente rotulados "cristianos", sufrieron los desecendientes de Abraham las amarguras de las
expulsiones en masa, carnicerías sin piedad, y toda clase de humillaciones.
Las Cruzadas, el nazi-fascismo
y el comunismo dejaron huellas profundas en las
poblaciones judaicas restantes, que hoy buscan en la profecía
veterotestamentaria la única respuesta plausible para
sus íntimas indagaciones.
En este capítulo, además del
verdadero significado de las advertencias bíblicas, el lector descubrirá el
cumplimiento infalible de las mismas. ¡La Palabra de Dios no
puede fallar¡
Se calcula que había cuatro millones y medio de judíos
residentes entre los 54 millones de habitantes
del Imperio Romano, al comienzo de la Era cristiana. De este total, 700
mil habitaban en Palestina, un millón en Siria, un millón en Egipto y Cirenalca
y un millón ochocientos mil en el
resto del Imperio.
Jerusalén, centro espiritual
de todos los judíos de la Dispersión romana, se llenaba de peregrinos que iban allí anualmente, por centenares de miles,
para participar de las festividades de la Pascua y Pentecostés — fiestas
solemnes del culto judaico. El evangelista Lucas
confirma ese hecho cuando describe la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés: "Moraban
entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones
bajo el cielo... partos, medos, elamitas y los qué habitamos en Mesopotamia,
en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frígia y Panfilia, en Egipto
y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses
y árabes..." (Hechos 2:5,
9-11).
En una atmósfera así cargada de
religiosidad y, por qué no decirlo, Inflamada de un nacionalismo ardiente y enfermizo, tomaron preso a Jesús, y fue juzgado y crucificado. Particularmente porque sus doctrinas
fundamentadas en el amor al prójimo, llenas de sentido espiritual y vacías de
carácter político-nacionalista, decepcionaban y enfurecían a los judíos. Y fue así, en un momento de odio irrefrenable hacia Cristo y su mensaje, que ellos respondieron a Pllato: "Su sangre
caiga sobre nosotros, y sobre nuestros
hijos" (Mateo 27:25). Conscientes o no,
sábado, 4 de marzo de 2017
TRES GENERACIONES- 1907-MIGUEL DE UNAMUNO-
MI RELIGION
MIGUEL DE UNAMUNO
BIBLIOTECA RENACIMIENTO
MADRID
ESPAÑA
1907
TRES GENERACIONES
No hace mucho tuve ocasión de asistir,
en el comedor de la fonda de una villa de mi país vasco, á una escena
profundamente sugerente. Habíanse reunido á comer juntos tres individuos de
tres generaciones de una misma familia: padre, hijo y nieto. El anciano, el
abuelo, era un casero de la montaña, un honrado labriego, sencillo y sin
letras, hablando con dificultad la lengua castellana; su hijo, el hombre maduro,
era un "indiano" que, después de haber amasado una fortuna en
América, adonde partió muy joven y donde se casó y constituyó familia,
regresaba á su tierra natal á ver y abrazar á su anciano padre y darle á
conocer el nieto; éste, el jovencito, nieto del primero é hijo del segundo, era
un mozo lindo, muy pulcro, muy melindroso, muy bien peinado y que comía con
singular limpieza, haciendo todo género de monerías con el tenedor y el
cuchillo.
Al pobre viejo, que acompañaba á la
comida con copiosos tragos de vino, se le caía la baba, como suele decirse, al
verse abuelo de un nieto tan fino y tan señorito y no cesaba de repetirle
enternecido y en no muy buen castellano : "Ya creía que iba á morir sin
conocerte." El "indiano" se encontraba entre su padre y su hijo,
entre sus recuerdos y sus esperanzas, pensando Dios sabe en qué, y el mocito
comía con toda pulcritud, silencioso, frío, y mirando de cuando en cuando, con
aire de aburrimiento á su abuelo.
Os digo que era escena henchida de
significación y no por lo que decían, sino por lo que callaban los actores de
ella.
Al lindo mozo parecía no importarle nada
y no prestaba atención alguna al padre de su padre; diríase que entre ellos mediaba
un abismo. Me parece que no se le ocurría pensar que el bienestar de que gozaba,
la educación que había recibido, todo aquello en que acaso fundaba pretensiones
á una superioridad muy discutible, se lo debía al espíritu honrado, sencillo y
noble que el anciano casero transmitió á su hijo, el esforzado trabajador que
amasó la fortuna.
Recordé al punto una amarga y triste
confesión que oí hace algunos años á un pobre hombre que, habiendo amasado
también una fortuna en América y habiéndose allí casado y criado hijos, se veía
desdeñado por éstos. "Me desprecian — me decía con lágrimas en los ojos —
, me desprecian porque hablo mal y porque no sé las cosas que á ellos les han
enseñado los maestros pagados por mí para que se las enseñen." Tuve luego
ocasión de conocer á uno de sus hijos y os aseguro que sabía más el padre. Lo
que el hijo sabía era hablar de cosas de libros, chapurrear el francés y un
poco de inglés, suspirar por París y echar pestes del pueblo de su padre.
Y era de oirle cuando á cada paso
comparaba este pueblo con aquel otro en que había él visto la luz.
Sus comparaciones eran un portento de
superficialidad. Todo se le volvía hablar del encachado de las calles, de los
ivater-closets, de los tranvías, de los restauranes, de los teatros. Para él la
civilización se reducía á la urbanización y á las comodidades, y fuera de esto,
á ciertas exterioridades en el porte y las maneras. Era estupenda su incomprensión
de lo más íntimo de la cultura. Y era, «obre todo, estupenda su falta de
sentido poético, su penuria de sensibilidad. Me decía que las piedras viejas no
le interesaban.
Sólo la falta de sensibilidad, la
carencia de sentido poético, ó digámoslo más claro, la frialdad de corazón
puede, en efecto, explicar ciertas cosas. Vienen á dar su vuelta por Europa no
pocos americanos hijos de españoles, y los hay de entre ellos que no tienen la
curiosidad, ya que no la piedad, de ir á visitar el pueblo de sus padres, París
les reclama. En el pueblo de su padre, una pobre aldea perdida entre montañas
acaso, no hay bulevares asfaltados ni tranvías eléctricos, y sobre todo, no hay
Moulin Rouge, ni hay ches Maxim. La honda, la penetrante
poesía de una de esas aldehuelas no es
para todos, ciertamente.
¡ Qué hermoso, qué henchido de honda
giedad y de íntima poesía es el relato que el gran poeta oriental. Zorrilla de San Martín, nos hace de su
visita al pueblo de su padre, allá en la montaña de Santander!
Pero es que Zorrilla de San Martín es un
poeta, un verdadero poeta, un alma delicada y noble, que guarda el tesoro de
una cultura secular.
No soy yo de los aduladores de mi
patria; más bien podría reprochárseme cierta acrimonia en la censura de
nuestros defectos. Jamás he ocultado nuestras flaquezas, pero cuando topo con
alguno de esos mozos lindos á quienes todo se les vuelve hacer ascos y melindres
á cuanto por aquí hay, me revuelvo al punto en contra de ellos y en contra de
las excelencias que de su tierra nos vienen á contar. Porque ni lo malo nuestro
es lo que ellos estiman tal, ni es lo mejor suyo lo que ellos por mejor tienen.
Una vez fué á Bilbao, mi pueblo natal,
un vecino de está ciudad de Salamanca en que escribo y resido, y delante del
palacio de la Diputación de Vizcaya, un edificio presuntuoso y pesadote, una
mole de arquitectura indefinida, exclmaba: "¡Si tuviésemos una cosa, así
en Salamanca!" Y lo decía un salmantino que si ha entrado alguna vez en la
hermosísima catedral vieja de esta ciudad habrá sido acompañado á un forastero
que deseaba verla.
De las muchas cartas que al cabo del año
recibo de espontáneos corresponsales y para mí desconocidos lectores
americanos, las más de ellas, la inmensa mayoría, son cartas escritas en un
tono benévolo y simpático, animándome á proseguir en mi labor, ó cuando me
censuran algo, censurándomelo con discreción, buena fe y respeto. Pero no
faltan tampoco, aunque en pequeñísima minoría, cartas — las más de éstas
anónimas — de un tono insidioso y travieso en que se trata de lanzarme pullas,
ó mejor dicho de lanzar pullas á esta mi patria, á sus hombres, á sus cosas. Y
¡ qué necedades se les ocurre á esos desgraciados graciosos ! Hace poco recibí
una en que, á vuelta de emplear el honrosísimo calificativo de gallego en un
sentido mezquino y que rebaja al que en él lo emplea y no á aquel á quien se le
aplica, me preguntaba si ciertos apellidos españoles, Iglesias, de la Iglesia,
etc., proceden ó no de la inclusa, si son apellidos que se daban á los niños
recogidos en el torno de la casa de expósitos.
Si yo fuera un hombre insidioso y de
mala leche, como suele decirse, habríale respondido que sí, que esos apellidos
y otros muchos fueron en su origen de la Inclusa, y entre ellos, los apellidos
de santos, y entre éstos, el apellido de San Martín, tan justamente glorioso en
la República Argentina.
En mi país vasco se ha desarrollado de algún tiempo á esta parte, y á favor de la prosperidad
material que allí reina, un sentimiento lamentabilísimo y censurable, cual es el de un injustificado
desdén hacia aquellos que de otras regiones españolas acuden allá á buscarse la vida
trabajando y acrecentando con su trabajo la riqueza del país. Llamándolos "maquetos",
dicen de ellos que han ido allá á matar el hambre. Sí, y á matar el hambre de los
que así los motejan. Es el tal un razonamiento parecido al del dueño de una fábrica que
asevera muy serio que da de comer á cien ó doscientos obreros, cuando son ellos los
que le dan de comer, y algo más que de comer, á él.
Ese fenómeno del "antimaquetismo", esa mal encubierta hostilidad al forastero ó emigrante
que viene á trabajar es un fenómeno que se produce cuando el colaborador en la producción
se convierte en concurrente para el consumo, cuando de la siembra y la siega se pasa
al reparto de la cosecha. Entonces los hijos de los primeros ocupantes se llaman á engaño
y pretenden tener ciertos privilegios, como si se debiera á ellos la fertilidad del suelo.
Cualquiera creería que el existir ricos veneros de hierro en mis montañas nativas es un
mérito de los que hemos nacido en ellas. Esos "maquetos", esos pobres obreros que han
sudado su vida para extraer mineral de las entrañas de mi tierra ó en otro trabajo y que así
la han enriquecido, son buenos para eso, para trabajar;pero cuando tratan de intervenir en los
cargos públicos ó de ocupar posiciones socialmente ventajosas, se les echa en cara el que
fueron allá á buscarse la comida, es decir, se les echa en cara el que fueron laboriosos.
En cierta ocasión un personaje argentino, ya difunto, buen amigo mío, y á quien le recomendé
un emigrante, me escribió una carta llena de interés en que, entre otras cosas, me decía:
"Disuada usted de que vengan á gente de carrera ; lo que aquí necesitamos son brazos
y capitales, no capacidades ; doctores sobran por acá en América y hasta hay Repúblicas
en las que como no tienen otra cosa que hacer, inventan revoluciones." Me expliqué al punto
lo que me decía mi amigo y tocayo y hasta me di cuenta de muchas cosas que él me
callaba y yo leía entre líneas. Y recordé la amarga odisea de un médico amigo y paisano mío
que tuvo que sufrir no poco por tierras de ultramar y tuvo que sufrir en virtud precisamente de su
ciencia y competencia que eran grandes. Sus distinguidos colegas le ayudaron á pasar tales
trances.
¡ Adonde me ha traído y por qué erráticos caminos la escena aquella de los tres representantes
de tres generaciones de una familia ! Y aún me parece verlos, al viejo, haciendo esfuerzos
para servirse del tenedor y no echar mano á las viandas como haría en su casa, y al jovencito,
cortando la carne con monería y pelando los melocotones con una tan suprema elegancia que
daba que reír. Y entre ellos al rudo forjador de la fortuna, no sé si avergonzándose de tener tal
padre ó de tener tal hijo ó envaneciéndose de una ú otra cosa ó de las dos.Y ¡ qué bien peinado
estaba el mocito ! j qué cabellera tan linda ! ¡ qué cabeza tan artística por de fuera !
Por dentro no sé lo que tendría, pero, de seguro que estaba amueblada con las últimas
novedades de los libros venidos de París de Francia.
El hombre maduro, el indiano fraguador de fortunas, me pareció un mero término de enlace
entre dos generaciones,entre su padre y su hijo. Y me puse á comparar al anciano fuerte y
sencillo con el jovencito delicado y desdeñoso Y aquél, el viejo casero, me pareció mucho más
joven que éste; y no ya joven, sino hasta niño. Conservaba á su edad, que pasaría de los
setenta, entusiasmo é ilusión por su nieto, acaso admiración al verle tan pulcro y tan
pulido mientras que el jovencito parecía haber nacido en aburrimiento y llevar sobre su artística
cabeza el hastío de los supremos desengaños.
Y aquella reunión de tres generaciones de una familia ¿por qué se celebraba en el comedor
indiscreto de una fonda , ante los ojos extraños? ¿Por qué no en la casería del viejo, en el
hogar del indiano? Es que estaba tal vez en lo alto de una montaña adonde había que
subir por un sendero pedregoso, acaso lleno de barro á trechos y ni los delicados pies
del nieto estaban hechos sino para el macadamizado ni sus relucientes botines podían
exponerse á una salpicadura de fango. Aquella casa, además, no ofrecería,
de seguro, las triviales comodidades de una fonda. No era la vivienda de un país civilizado en
concepto del lindo mozo de la bien peinada cabellera, me figuro. Porque estoy casi seguro
de cuál era el concepto que de la civilización tenía el tal jovencito melindroso y despectivo.
Un concepto ridículo y archisuperficial.
Mientras no desaparezca ese concepto de la civilización que la hace consistir primera y
principalmenteencomodidades y facilidades para la vida material, en blanduras y molicies de
civilización, no se ha adelantado del todo en un pueblo. Muy importante es, no ya la higiene,
sino el confort; pero hay que convenir en que en un pueblo de higiene descuidada puede el
espíritu moverse en más altas y más hondas esferas que en otro pueblo que se riega á diario
con agua antiséptica. La higiene misma, con ser cosa indispensable, va convirtiéndose
en monomanía y en superstición.
El aforismo dice: mens sana in corpore sano ,espíritu sano en cuerpo sano, y no corpus sanum
in mente sana; lo primero es lo primero. Entre los dos extremos, pareciéndome los dos
abominables, prefiero á Job en el muladar que no á un caballerete que se baña y perfuma á
diario en la butaca de un club de ociosidad.
Bien sé yo que no todos los nietos de nuestros rudos é ingenuos montañeses sienten como el
lindo mocito mentado; es más, me complazco en creer que los demás de ellos guarden un
culto á su ascendencia y si no visitan el hogar solariego de donde su sangre mana, será
porque no podrán hacerlo ó no más que por pereza. Bien sé todo esto, pero no quiero omitir
mi protesta contra esos mocetes superficiales y vanos que se nos vienen á desdeñar aquello
que son incapaces de sentir, que fundan la superioridad de un pueblo sobre otro en cosas
meramente de corteza y que parecen suponer que los agentes principales de la civilización son el
barrendero, el cocinero, el sastre y la bailarina.
Salamanca , Octubre de 1907 domingo, 29 de octubre de 2017
1909 -ASESINATO EN LA LEGACION ALEMANA EN CHILE
Cómo resolvió un dentista chileno el enigma que traía desconcertados a los diplomáticos y a la policía.
ASESINATO EN LA LEGACION
SELECCIONES 1945
*Condensación de un artículo de Antliony Abbot y otro de Marcella Hurley, este último publicado en Oral higiene, e inspirado en un folleto de la Universidad de Chile.
*Condensación de un artículo de Antliony Abbot y otro de Marcella Hurley, este último publicado en Oral higiene, e inspirado en un folleto de la Universidad de Chile.
LA TARDE del 5 de febrero de 1909, la ciudad de Santiago de Chile escuchó alarmada el toque de incendio dado por la gran campana del cuartel de bombas. Pronto corrió la voz de que la legación alemana era pasto de las llamas.
El edificio quedó completamente destruido antes de las seis de la tarde; pero la horrorosa verdad no se supo hasta el día siguiente, cuando las investigaciones de la policía descubrieron restos humanos entre los humeantes escombros.
Detectives y médicos forenses acudieron a practicar un examen minucioso. El ministro alemán fue llamado al lugar del siniestro. Al ver lo que había pasado, enrojeció de indignación. No se trataba de un simple accidente, sino de un incendio intencional precedido de un asesinato. En efecto, el cráneo medio carbonizado que aparecía entre las cenizas, mostraba un golpe violento inferido por un instrumento romo.
Las profundas y extensas quemaduras impedían identificar el cuerpo. Nadie, sin embargo, puso en duda que aquellos fuesen los despojos del señor Beckert, uno de los secretarios de la legación, que había desaparecido de la ciudad.
El ministro alemán tuvo un arrebato de ira. «¡Nuestro infeliz secretario», gritó, «ha sido víctima de un asesino! Han quemado su cuerpo. Es probable que, además, le hayan robado. ¡Abran la caja de caudales!»
El ministro estaba en lo cierto:,Se habían llevado de la caja una fortuna en dinero y valores negociables.
Los doctores alemanes Westenhoffer y Aichel, profesores de la facultad de Medicina, hicieron la autopsia. Beckert tenía una antigua fractura en la pierna izquierda, pero el fuego había destruido por completo aquella parte del cuerpo. La identificación no pudo hacerse tampoco por la estatura: la de Beckert y la de un mozo chileno de la legación, Ezequiel Tapia, quien había desaparecido también de la ciudad, eran iguales. Los profesores alemanes identificaron el cuerpo, fundándose en algunos restos del traje.
La justicia chilena autorizó el funeral de Beckert que se celebró con pomposa solemnidad y al que asistieron el cuerpo diplomático y altos funcionarios de Chile. El ministro alemán pronunció un elocuente discurso, ensalzando las preclaras virtudes que adornaban al finado, y terminó con ciertas observaciones hirientes sobre la eficacia de la justicia chilena.
El doctor Germán Valenzuela Basterrica, dentista de Santiago que asistía al funeral, montó en cólera al oír las desconsideradas palabras del diplomático. ¡Aquello era insultar a su patria! Sin pérdida de un segundo empezó a hacer investigaciones. Poco antes de la inhumación obtuvo permiso para examinar el cráneo y observó una singular incongruencia. Se había dicho que la víctima del asesinato tenía treinta y ocho años. Y, sin embargo, la dentadura de aquel cráneo era casi perfecta. El doctor Valenzuela salió del laboratorio y fue corriendo a casa de la viuda de Beckert.
— ¿No es verdad, señora—preguntó que su marido tenía varios arreglos en la dentadura?
El edificio quedó completamente destruido antes de las seis de la tarde; pero la horrorosa verdad no se supo hasta el día siguiente, cuando las investigaciones de la policía descubrieron restos humanos entre los humeantes escombros.
Detectives y médicos forenses acudieron a practicar un examen minucioso. El ministro alemán fue llamado al lugar del siniestro. Al ver lo que había pasado, enrojeció de indignación. No se trataba de un simple accidente, sino de un incendio intencional precedido de un asesinato. En efecto, el cráneo medio carbonizado que aparecía entre las cenizas, mostraba un golpe violento inferido por un instrumento romo.
Las profundas y extensas quemaduras impedían identificar el cuerpo. Nadie, sin embargo, puso en duda que aquellos fuesen los despojos del señor Beckert, uno de los secretarios de la legación, que había desaparecido de la ciudad.
El ministro alemán tuvo un arrebato de ira. «¡Nuestro infeliz secretario», gritó, «ha sido víctima de un asesino! Han quemado su cuerpo. Es probable que, además, le hayan robado. ¡Abran la caja de caudales!»
El ministro estaba en lo cierto:,Se habían llevado de la caja una fortuna en dinero y valores negociables.
Los doctores alemanes Westenhoffer y Aichel, profesores de la facultad de Medicina, hicieron la autopsia. Beckert tenía una antigua fractura en la pierna izquierda, pero el fuego había destruido por completo aquella parte del cuerpo. La identificación no pudo hacerse tampoco por la estatura: la de Beckert y la de un mozo chileno de la legación, Ezequiel Tapia, quien había desaparecido también de la ciudad, eran iguales. Los profesores alemanes identificaron el cuerpo, fundándose en algunos restos del traje.
La justicia chilena autorizó el funeral de Beckert que se celebró con pomposa solemnidad y al que asistieron el cuerpo diplomático y altos funcionarios de Chile. El ministro alemán pronunció un elocuente discurso, ensalzando las preclaras virtudes que adornaban al finado, y terminó con ciertas observaciones hirientes sobre la eficacia de la justicia chilena.
El doctor Germán Valenzuela Basterrica, dentista de Santiago que asistía al funeral, montó en cólera al oír las desconsideradas palabras del diplomático. ¡Aquello era insultar a su patria! Sin pérdida de un segundo empezó a hacer investigaciones. Poco antes de la inhumación obtuvo permiso para examinar el cráneo y observó una singular incongruencia. Se había dicho que la víctima del asesinato tenía treinta y ocho años. Y, sin embargo, la dentadura de aquel cráneo era casi perfecta. El doctor Valenzuela salió del laboratorio y fue corriendo a casa de la viuda de Beckert.
— ¿No es verdad, señora—preguntó que su marido tenía varios arreglos en la dentadura?
—Es verdad.
— ¿Puede usted darme el nombre de su dentista ?
En un santiamén, el doctor Valenzuela estaba en la consulta dental, examinando registros e historias clínicas. A Beckert, efectivamente, le habían hecho algunas extracciones y varios arreglos en la dentadura. Pero en el cráneo del asesinado sólo faltaba. una muela.
El doctor Valenzuela se encaminó apresuradamente al hogar de Tapia. La dolorida esposa dio rienda suelta a su indignación. Habían calumniado infamemente a su esposo acusándolo de aquel crimen: «¡Mi marido jamás ha hecho daño a nadie! ¡No fue él quien incendió la casa, ni robó, ni mató! ¡NI¡ marido es incapaz de cometer semejantes atrocidades!»
El doctor Valenzuela consiguió calmarla. Todo lo que él deseaba era saber cómo tenía su esposo los dientes. La buena mujer contestó con orgullo que su marido tenía una dentadura fuerte, limpia y hermosa. En toda su vida, solamente había perdido una muela.
Corrió el doctor Valenzuela al despacho del jefe de policía, quien después de escuchar atentamente al dentista, canceló la orden de detención contra Tapia. La información demostraba que el chileno era la víctima del asesinato y no su autor.
Se inició la busca de Beckert y lo encontraron a los pocos días en los Andes, ya muy cerca de la frontera argentina. Confesó el crimen. Había comenzado por' regalar uno de sus trajes a Tapia, haciendo que se lo probara para ver cómo le quedaba. Cuando tuvo el traje puesto, lo mató y, luego, le quemó la cara y parte
de la pierna con un soplete de joyero, para imposibilitar la identificación. Finalmente robó la caja de caudales, pegó fuego al edificio y huyó ... transformado en un muerto, que éstaba vivo y llevaba una fortuna en las maletas.
Durante breves días tuvo razón para creer en el éxito de su crimen. Los alemanes acusaban del asesinato al asesinado. La supuesta viuda de Beckert cobraría el seguro de vida del finado e iría a reunirse con él en otro país. Pero la sagacidad del dentista chileno deshizo los planes del criminal. Beckert fue conducido a Santiago, donde quedó convicto y sufrió la pena capital.
Algún tiempo después, el presidente de Chile preguntó al doctor Valenzuela qué recompensa deseaba por sus servicios. El doctor, recordando que el pueblo chileno era demasiado pobre para permitirse el lujo de tener todos los dentistas que necesitaba, se limitó a pedir los fondos precisos para construís y equipar un colegio dental moderno.
El doctor Valenzuela presentó el proyecto, y el presidente cumplió su promesa. El colegio se levanta hoy en la ciudad de Santiago, ocupando una manzana entera. Es de magnífica arquitectura, está completamente equipado y tiene capacidad para trescientos estudiantes, la mayoría de los cuales son mujeres. El cráneo y la mandíbula de Tapia ocupan puesto de honor en el edificio, como recuerdo del origen de este colegio moderno, extraña consecuencia benéfica de un crimen brutal, a la vez que monumento vivo al altruismo de un dentista patriota y desinteresado.
— ¿Puede usted darme el nombre de su dentista ?
En un santiamén, el doctor Valenzuela estaba en la consulta dental, examinando registros e historias clínicas. A Beckert, efectivamente, le habían hecho algunas extracciones y varios arreglos en la dentadura. Pero en el cráneo del asesinado sólo faltaba. una muela.
El doctor Valenzuela se encaminó apresuradamente al hogar de Tapia. La dolorida esposa dio rienda suelta a su indignación. Habían calumniado infamemente a su esposo acusándolo de aquel crimen: «¡Mi marido jamás ha hecho daño a nadie! ¡No fue él quien incendió la casa, ni robó, ni mató! ¡NI¡ marido es incapaz de cometer semejantes atrocidades!»
El doctor Valenzuela consiguió calmarla. Todo lo que él deseaba era saber cómo tenía su esposo los dientes. La buena mujer contestó con orgullo que su marido tenía una dentadura fuerte, limpia y hermosa. En toda su vida, solamente había perdido una muela.
Corrió el doctor Valenzuela al despacho del jefe de policía, quien después de escuchar atentamente al dentista, canceló la orden de detención contra Tapia. La información demostraba que el chileno era la víctima del asesinato y no su autor.
Se inició la busca de Beckert y lo encontraron a los pocos días en los Andes, ya muy cerca de la frontera argentina. Confesó el crimen. Había comenzado por' regalar uno de sus trajes a Tapia, haciendo que se lo probara para ver cómo le quedaba. Cuando tuvo el traje puesto, lo mató y, luego, le quemó la cara y parte
de la pierna con un soplete de joyero, para imposibilitar la identificación. Finalmente robó la caja de caudales, pegó fuego al edificio y huyó ... transformado en un muerto, que éstaba vivo y llevaba una fortuna en las maletas.
Durante breves días tuvo razón para creer en el éxito de su crimen. Los alemanes acusaban del asesinato al asesinado. La supuesta viuda de Beckert cobraría el seguro de vida del finado e iría a reunirse con él en otro país. Pero la sagacidad del dentista chileno deshizo los planes del criminal. Beckert fue conducido a Santiago, donde quedó convicto y sufrió la pena capital.
Algún tiempo después, el presidente de Chile preguntó al doctor Valenzuela qué recompensa deseaba por sus servicios. El doctor, recordando que el pueblo chileno era demasiado pobre para permitirse el lujo de tener todos los dentistas que necesitaba, se limitó a pedir los fondos precisos para construís y equipar un colegio dental moderno.
El doctor Valenzuela presentó el proyecto, y el presidente cumplió su promesa. El colegio se levanta hoy en la ciudad de Santiago, ocupando una manzana entera. Es de magnífica arquitectura, está completamente equipado y tiene capacidad para trescientos estudiantes, la mayoría de los cuales son mujeres. El cráneo y la mandíbula de Tapia ocupan puesto de honor en el edificio, como recuerdo del origen de este colegio moderno, extraña consecuencia benéfica de un crimen brutal, a la vez que monumento vivo al altruismo de un dentista patriota y desinteresado.
sábado, 16 de septiembre de 2017
CÓMO SE BATEN LOS FRANCESES-Guerra de Corea-
CÓMO SE
BATEN LOS FRANCESES
Condensado de "The Saturday Evening Post" Por Harold M. Martin
SELECCIONES DEL READER,S DIGEST
Octubre de 1951
En una de de las alturas que dominan a Wonju, el coronel Paul L. Freeman, comandante del regimiento de infantería No. 23, se hallaba de pie sondeando la oscuridad de la noche. Hacia el norte y el oeste, colillas y montañas. Más allá de estas barreras, según informes del servicio de espionaje, un ejército de 80.000 enemigos se disponía al ataque. Freeman no contaba con tantas fuerrzas. A su rededor st, hallaban tendidas unidades de dos regimientos, el 38 con su cuerpo de holandeses fornidos y el 23 con su batallón de franceses.
Octubre de 1951
En una de de las alturas que dominan a Wonju, el coronel Paul L. Freeman, comandante del regimiento de infantería No. 23, se hallaba de pie sondeando la oscuridad de la noche. Hacia el norte y el oeste, colillas y montañas. Más allá de estas barreras, según informes del servicio de espionaje, un ejército de 80.000 enemigos se disponía al ataque. Freeman no contaba con tantas fuerrzas. A su rededor st, hallaban tendidas unidades de dos regimientos, el 38 con su cuerpo de holandeses fornidos y el 23 con su batallón de franceses.
Ninguna luz ni sonido alguno denunclaban el hecho de que cinco batallones se ocultaban tendidos detrás de
la serranía. Todo silencio y oscuridad . . .
salvo en el sector de los franceses donde las llamas de las numerosas• fogatas danzaban alegremente
al compás de los cantos y las risas.
Renegando en voz baja,
Freeman dió vuelta coléricamente a la manija del teléfono.
_Aló en el otro extremo una amable voz
francesa.--¡Ordene a su gente que apague esas hogueras!—rugió el coronel.
—Pero,mon colonel,non son fogatas pequeñas...
—¡Pequeñas
o grandes, hágalas apagar! ¡Ya ustedes han denunciado su posición a todos los rojos en cien klómetros a la redonda!
Después de una pausala voz lejana respondió vivamente:
—¡Ah! mon,, colonel, pero si ellos saben dónde estamos vendran a atacarnos. Entonces los mataremos. Los franceses son guerreros despreocupados mientras no se rompe el fuego.
Su disciplina en marcha es abominable. Con sus negras boinas garbosamente
inclinadas van por los caminos como caravanas de gitanos. Cuando
sus camiones pasan a gran velocidad las
curvas de las montañas van dejando
caer parte del equipaje, y cuando
están de humor detienen todo el convoy en medio de la carretera, hacen café, cantan y obstruyen
el tránsito.
Sin
embargo, figuran entre los mejores hombres de pelea que se han visto en la guerra. Los norteamericanos luchan tozudamente, y a veces
con entusiasmo salvaje. Los franceses pelean
con ardor, con deleite, con temeraria alegría; las penalidades y la
tensión del combate continuo las soportan con
extraordinaria firmeza de ánimo.
El
soldado norteamericano detesta encovarse: excava superficialmente un hueco donde apenas cabe y se acuclilla allí, desalentado y transido de frío. El francés se mete en la tierra como una zorra. Abre un hoyo donde
le quepa el cuerpo, y va luego ahondándolo
y ensanchándolo. Excava así una cámara subterránea de amplitud
suficiente para acostarse cómodamente y
extiende en el suelo una
gruesa alfombra de paja de arroz. En una de las paredes laterales abre una especie de anaquel donde pone
ordenadamente sus granadas y su
munición. Más abajo abre otra abertura
lateral para una hoguera pequeña que
le calienta su cueva en forma de botija y donde cocina sus comidas. Coloca en la parte superior un poncho con un tubo de cartón procedente de la envoltura de las
granadas, el cual le sirve de chimenea. Bien acomodado en esta conejera, toma
las cosas con calma.
Cuando las hordas del
enemigo descienden sobre él gritando en un
ataque nocturno, no sale precipitadamente de su agujero y corre, ni dispara atolondrado y confuso ; espera firmemente
hasta tener al enemigo casi encima, y entonces se suelta a disparar con
fuego mortífero hasta que rechaza
a los chinos o hasta que éstos lo dominan. En tan terrible situación
pelea sin desmayar usando la bayoneta o la
culata del fusil, o con piedras, a puñetazos, a patadas y a mordiscos.
Su disciplina en
el combate es tan rígida como laxa la del
vivac. Si se le ordena atacar, sale de
la tierra y carga como impulsado por
un resorte. Los oficiales de
inferior graduación se atan al rededor de la cabeza bandas de seda roja de paracaídas cuando dirigen uno de esos ataques, a fin de que sus soldados los reconozcan
en cualquier momento. Los chinos notan
también esas bandas rojas y les apuntan de preferencia.
Cuando
el soldado francés no está seguro de dende se hallan
aposlados los fusileros enemigos, camina por
la cumbre de los cerros que formal la línea de modo
que su silueta se destaque sobre el horizonte, hasta que el enemigo no puede resistir más el deseo dé dispararle,
con lo cual revela su posición. Si se trata de un perímetro largo y el batallón
tiene que atender a la
defensa de varios cerros, la tropa francesa cocina, come y conversa a campo abierto en todos hasta que llega la
noche. Entonces se retira con gran cautela a
un cerro que domina a los demás y
desde allí lanza un mortífero fuego de flanco sobre el enemigo cuando
éste ataca los otros cerros vacíos. Los chinos suelen tocar sus cornetas antes del
ataque para aterrar al enemigo. En el feroz asedio de Chipyong-ni, cuando las
trompetas chinas empezaron a tocar, los franceses contestaron festivamente haciendo
bramar una sirena que se habían encontrado
y cuyo estridor aterraba de veras. En cierta batalla, cuando empezó
i llegar una feroz
gritería del lado donde estaba un batallón francés, el oficial encargado de las
operaciones regimentales llamó para preguntar ansiosamente:
«¿ Están ustedes sufriendo un ataque banzai?» «No, mon ami,» contestó el teniente coronel de Cockborne, jefe del estado mayor francés, «somos nosotros quienes estamos haciendo el banzai.»
«¿ Están ustedes sufriendo un ataque banzai?» «No, mon ami,» contestó el teniente coronel de Cockborne, jefe del estado mayor francés, «somos nosotros quienes estamos haciendo el banzai.»
En materia de recompensas por actos de valor, las unidades norteamericanas dan
informes completos sobre la manera cómo un individuo ha realizado una hazaña.
Pasada la batalla de Wonju, en la
cual los franceses se portaron gallardamente, se les pidieron los
nombres de los individuos merecedores de especial galardón. Los datos que
mandaron eran por este estilo:
«Teniente coronel Guy Le Merle de Beaufond—oficial de sangre
fría y de gran
audacia.»
«Cabo segundo, Paul Pouirson soldado agresivo de
notable valor.»
La recomendación más elocuente, tratándose de un soldado raso, dice así: «Herido cuatro veces y aunque no podía ir cuando se lo ordenó, fue.»
La recomendación más elocuente, tratándose de un soldado raso, dice así: «Herido cuatro veces y aunque no podía ir cuando se lo ordenó, fue.»
Los franceses han traído a esta torva guerra sórdida una despreocupación gentil, un
sentimiento de beau
geste, casi un toque
de caballerosidad. Abundan entre ellos los caracteres pintorescos. Por
ejemplo, el teniente coronel André Brunei, médico
del batallón, es pintor y filósofo. En lo más rudo de un combate suele encontrársele de pie en una
altura, trasportando al papel sus impresiones de la escena.
«¡Ah!—dirá bosquejando rápidamente en tanto que caen del aire sobre
los arrozales paracaídas multicolores—las bellas flores que yacen sobre el
cieno.»
Todos los franceses dan descripciones vivaces, con gestos y palabras, de lo
sucedido, después que ha pasado una acción. Pero los norteamericanos se
divierten especialmente cuando Le Mire,
comandante táctico del batallón, de un informe verbal.
«Los chinos venían bajando por la vía del ferrocarril sin sospechar nada,» dice el comandante
trotando de un lado a otro de la tienda de campaña como los chinos que iban
confiadamente por la vía. «Nosotros esperábamos en el más absoluto silencio. (Y el comandante se acuclilla tenso, en la actitud del que maneja
una ametralladora y está viendo acercarse al enemigo.) «Entonces, llegado el momento preciso, se dio la orden
de fuego. Les
mitrailleuses —ta-ta-ta-ta-ta. Les
inortiers— bumbum! Les fusils—¡Pau-pau-pau!»
En
este punto el comandante se incorpora, mira al cielo y estalla entusiasmado: «Pff!*Merveilleíux! Tous les Chinois son í morts!»
De vez en cuando, el recuerdo de antiguas batallas, que sostiene al francés
espiritualmente, es reforzado por la reminiscencia
de viejas tácticas que cuadran a una
situación especial. En el sitio de
Chipyong-ni, el teniente Leroux, oficial del estado mayor, dio una orden que tal vez no se
había oído en medio de la batalla desde los días de Napoleón. Una patrulla francesa se hallaba en peligro de verse
arrojada de sus posiciones por los chinos que se acercaban en masa, cuando Leroux acudió en su apoyo con diez soldados de infantería.
Dándose cuenta en
sreguida de que el fuego graneado de los diez sería ineficaz contra un enemigo
tan numeroso, el teniente gritó: «Feu de salve! (Descarga cerrada) A mon commandement! Un, deux, trois. Feu!» Los
diez fusiles tronaron como uno solo, y a la tercera
descarga los chinos huyeron creyendo que se les
estaba atacando con un arma nueva.
El entusiasmo del batallón francés por la guerra procede de la naturaleza de quienes lo forman. Todos ellos son voluntarios; inas-o menos la mitad son soldados profesionales sacados de guarniciones francesas de diferentes partes del mundo: Africa, Indochina, Madagascar. Los soldados de línea han ido a Corea sencillamente porque su oficio es pelear, y los oficiales porque en Corea esperan hacer un curso superior de métodos que podrán usar en cualquiera otra parte cuando haya pasado la guerra en esa península.
El entusiasmo del batallón francés por la guerra procede de la naturaleza de quienes lo forman. Todos ellos son voluntarios; inas-o menos la mitad son soldados profesionales sacados de guarniciones francesas de diferentes partes del mundo: Africa, Indochina, Madagascar. Los soldados de línea han ido a Corea sencillamente porque su oficio es pelear, y los oficiales porque en Corea esperan hacer un curso superior de métodos que podrán usar en cualquiera otra parte cuando haya pasado la guerra en esa península.
La otra mitad del batallón se compone de
hombres que creyeron deber suyo abandonar su
tarea para ir, a través de medio
mundo, a luchar contra el peligro comunista.
Todos están bajo el mando de una
de las figuras militares más notables
de esta época: el general Magrin-Vernerey,
ex inspector general de la Legión
Extranjera, quien renunció a las
cuatro estrellas de su rango para ir a Corea a luchar con el grado y nombre de
teniente coronel Ralph Monclar.
Tal fue el nombre que asumió cuando en su
carácter de francés libre dirigió las sorpresas contra los alemanes que ocupaban
a Noruega. Con 59 años a sus espaldas y
baldado por siete heridas que recibió
en la primera guerra mundial, el veterano y valeroso
legionario sirve como una especie de super-comandante
y padre de sus tropas.
Durante
las batallas puede verse al viejo soldado cojeando de aquí para allá
apoyado en su bastón, con los anteojos
de armadura de acero en la punta de
la nariz, la negra boina que no alcanza
a taparle la cicatriz sobre la oreja
izquierda; de vez en cuando se detiene a conversar jovialmnente con los soldados de las trincheras
avanzadas. Después de un combate en que ha habido gran confusión recorre las estaciones dle auxilio en busca de los suyos. Con su nariz corva v sus ojos ligeramente saltones
que le dan el aspecto de una tortuga afable,
va metiendo la cabeza en las
tiendas-hospitales para averiguar
si hay allí franceses heridos. Da a cada
cual una palmadita en el hombro y le dice: «Todo va bien
mon enfant, todo
va bien.» ENseguida, enderezando el cuerpo,
hace Sonar los talones y saIuda a los heridos, uno por uno.
Cierta
noche tranquila, cuando los cansados oficiales del regimiento c,uando estaban sentados en
círculo madiciendo
el destino que los había llevado a pelear en esta guerra al parecer sin esperanza,
en una tierra dejada de la mano de Dios, alguno le preguntó a Mondar
qué pensaba él al respecto.
—Caballeros—contestó—tengo
un hijo joven. Cuando yo muera no le dejaré nada de valor material, pero sí heredará de mí una gran tradición. Podrá decir con orgullo que su padre mande
las primeras tropas fraqncesas que
lucharon al servicio dle las Naciones
Unidas. Fa una buena Causa, una causa
digna de morir por ella. Caballeros,
mandar las fuerzas dle Francia en
el primer gran ejército
internacional en guerra contra la maldad es el honor más grande que he conocido nunca.
Se levantó, saludó y se alejó cojeando.
Nadie, durante
un buen rato, acertó a decir una palabra.
sábado, 9 de septiembre de 2017
MARIGUANA-DESTRUCTORA DE IDENTIDADES
DE IDENTIDADES
POR PEGGY MANN
SELECCIONES DEL READERS DIGEST publicó en junio de 1981 dos informes sobre la mariguana. El primero describía sus consecuencias sobre el cerebro y el sistema reproductor; el segundo, sus efectos sobre los pulmones, el corazón y el sistema inmunitario.
Ahora, SELECCIONES analiza las numerosas derivaciones nocivas de la "yerba" sobre las células, y la manera en que arruina los aspectos más preciados de la vida humana, como son la mente, la personalidad, el espíritu.
EN1978, la doctora griega Marietta Issidorides, una de las biólogas de mayor prestigio en Europa, dirigió una investigación con microscopio electrónico en torno a los glóbulos blancos de 40 fumadores consuetudinarios de hachís. "Descubrimos", informó, "que el consumo prolongadó-de la Cannabis indica (planta de la que se obtienen la mariguana y el hachís) deteriora una buena parte de estas células, impidiéndoles proteger convenientemente el organismo contra las infecciones".
Dos años después, el doctor Akira Morishima, de la Universidad de Columbia en la Ciudad de Nueva York, examinó los leucocitos de veinticinco jóvenes de aspecto saludable, pero que llevaban cuatro años fumando mariguana al menos dos veces por semana; y encontró que la tercera parte de las células de estos muchachos contenían sólo de cinco a treinta cromosomas, cuando lo normal es que tengan 46. Los cromosomas son estructuras del núcleo celular que trasmiten la información genética de generación en generación. "En los veinte años que he dedicado a la investigación", declara Morishima, "'jamas he visto una droga tan dañina al ADN ( ácido desoxirribonucleico) como la mariguana".
A principios de este año se comprobó la relación existente entre mariguana y cáncer. El doctor Josel Szepsenwol, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Internacional de Florida, inyectó una vez por semana pequeñas dosis de canabinol o de delta-9-tetrahidrocanabinol ( dos de los 61 canabinoides, sustancias propias de la Cannabis) -disueltas en aceite de ajonjolí, a 216 ratones, más de la mitad de los cuales contrajeron cáncer. En cambio, de otro grupo de roedores a los que sólo inyectó aceite de ajonjolí, únicamente el cuatro por ciento contrajo el mal (porcentaje normal en su especie).
Desgaste vital. Estos datos son apenas unos cuantos botones de muestra del daño que la yerba inflige a los procesos fundamentales de la vida. De 1975 a la fecha, se han divulgado en revistas científicas unas 300 investigaciones acerca de los efectos nocivos de la Cannabis sobre las células humanas y animales. Mencionaremos algunos: división defectuosa, crecimiento lento, núcleos de tamaño anormal, trastornos en la producción de proteínas y daños a espermatozoides, óvulos y células nerviosas y del tejido conectivo.
El doctor Gabriel Nahas, precursor de la investigación sobre la mariguana, afirma: "Los estudios que se han efectuado en torno al daño que la Cannabis causa a las células, nos ayudan a entender los efectos perniciosos de la droga en los pulmones, los órganos sexuales, el cerebro y el sistema inmunitario. Cabría afirmar que el deterioro celular ocasionado a lo largo de los años por la mariguana, es, de hecho, un lento desgaste vital".
De ordinario, los síntomas psicológicos no tardan en aparecer, tanto más si el fumador es joven. Cuantos recurren a la droga y hacen de ella un hábito, tienden a parecerse asombrosamente entre sí, con rasgos comunes bien definidos.
Personalidad "mariguana". "No todos los chicos adictos muestran todos los síntomas", manifiesta el doctor Dean Parmelee, director del Servicio de Internamiento de Adolescentes en el Hospital Charles River, que depende de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, en Massachusetts. "En realidad, hay muchachos talentosos y de carácter extravertido que mantienen durante algunos años las calificaciones y las actividades de siempre; pero poco a poco —tanto los jóvenes como los adultos— van comprometiendo sus aptitudes, sus actividades, su modo de vida ... hasta acabar aplastados por todos, o casi todos, los síntomas de lo que se ha dado en llamar personalidad mariguana".
En los últimos ocho años, el doctor Harold Voth, de la Escuela de Psiquiatría Menninger, de Topeka, Kansas, ha estudiado a fondo la psicopatología de este narcótico. A él pertenece la siguiente descripción de la personalidad mariguana: "El consumo crónico de yerba perjudica, sobre todo, al área del síndrome cerebral orgánico (sco), y se manifiesta en el deterioro de la memoria reciente, en la apatía y en el llamado síndrome de abulia o de abandono, que afecta igualmente a las actividades deportivas, a la escuela y a la familia".
Voth menciona otros indicios propios del sco: "Disminuye la fuerza de voluntad, la claridad mental, la tolerancia ante la frustracuón, la capacidad de concentrarse, de atender problemas abstractos o complejos, se entorpece la capacidad de juicio; se presenta una cierta hostilidad a la autoridad,y una tendencia a rechazar por las pruebas médicas de qué la mariguana arruina tanto física como psíquicamente al fumador".
También señala Voth que hace falta beber intensamente durante varios años para alcanzar el mismo grado de menoscabo psíquico que la mariguana provoca en cuestión de meses, de modo especial en los muy jóvenes.
Graves trastornos. A diferencia del bebedor empedernido, quien por lo general recupera el control de sí mismo cuando está sobrio, la estructura fundamental de la personalidad del fumador crónico de mariguana parece alterarse. El doctor John Meeks, director médico del Instituto Psiquiátrico del Distrito de Montgomery, en Maryland, explica que si alguien fuma dos veces por semana o más, bajo ningún concepto recuperará la sobriedad; y que aun cuando no esté "en onda", permanece en un estado de intoxicación subaguda, las más de las veces sin siquiera reconocerlo".
Mientras que el alcohol, por ser soluble en agua, se elimina del organismo en unas cuantas horas, los canabinoídes, por ser solubles en las grasas, se acumulan en las partes grasosas de la célula y en los órganos grasos ( una tercera parte del cerebro es grasa ). Estas sustancias regresan muy paulatinamente al torrente sanguíneo, único recurso para ser transformadas y expulsadas del cuerpo. Por eso intoxican sutil y constantemente al organismo, como si fueran cápsulas de liberación lenta.
Gracias a los estudios que el neurólogo y psiquiatra Robert Heath ha efectuado en monos Rhesus, conocemos mejor las causas celulares de los síntomas psicológicos. Durante cinco días a la semana y por seis meses, expuso a estos primates al humo de dos o tres cigarrillos de mariguana "en dosis para mono" (o sea, la cuarta parte de un cigarrillo normal). Con ayuda del microscopio electrónico examinó varios millares de células de 42 áreas cerebrales de cada animal. Aunque había alteraciones en todos los sitios inspeccíonados, ninguna región sufrió tantos daños como las relacionadas directamente con la apatía y la indiferencia, síntomas típicos del consumo de mariguana. También había lesiones considerables en las zonas relacionadas con los sentimientos de agresión y temor, síntomas claros de paranoia provocada por la yerba.
"No conozco ninguna otra droga, ni siquiera el alcohol", opina Heath, "que origine una gama tan amplia de alteraciones cerebrales como las que vimos en esas células". ¡Y pensar que, en la actualidad, miles y miles de muchachos fuman a diario cantidades de mariguana mucho mayores en proporción que las que administramos a los monos!"
Síntomas de senilidad. En marzo de 1980, el psicogeriatra Adam Sulskowski publicó el primer informe científico que daba a conocer las semejanzas entre la senilidad y los síntomas psíquicos derivados de la canabinomanía.
En julio de 1981, los doctores Stephen Williams, psicólogo, y Jason Baron, psiquiatra, encontraron también varios síntomas de senilidad en 60 adolescentes que fumaban mariguana a diario. Los médicos les aplicaron pruebas psicológicas antes y después de seis semanas de abstinencia en el hospital.
"Al principio", refiere Williams, "los muchachos daban muestras de preocupación irrazonable por la salud, de tendencias obsesivo-compulsívas y de inflexibilidad mental, indícios todos estos característicos de un anciano. Luego que la droga salió de su organismo, los síntomas disminuyeron notablemente.
"La depresión", continúa, "es quizá el rasgo psíquico más común entre los ancianos. Suele asociarse con los sentimientos de pérdida, bien sea de los seres queridos, de la salud, etcétera. La principal fuente de depresión entre nuestros adolescentes era también una pérdida: la tremenda pérdida de la propia estimación. Un chico de 16 años,apuesto y bien vestido, decía: Soy como un cascarón vacío. Nada queda en mí que me agrade. Y fue por la mariguana".
Otra semejanza es la Inmaduros regresiva. El psiquiatra Mitchell Rosenthal opina: "Precisamente cuando los chicos necesitan madurar más que nunca en el terreno psíquico, el ensimismamiento y el deseo de obtener gratificación inmediata los arrastran hacía el infantilismo. Cuando más necesitan aprender a luchar contra las tormentas emocionales de la adolescencia, claudican y disipan sus problemas en el humo de la mariguana".
Rosenthal predice: "Muchos jóvenes de hoy no madurarán como deberían. Por ello abundarán los adultos inmaduros e ímpreparados, algunos de los cuales no podrán vivir sin asistencia económica, social o clínica".
Riesgo de recaídas. En agosto de 1981, el doctor Mark Gold terminó un estudio de 100 "mariguanos", es decir, de 100 fumadores crónicos que están psíquica, funcional y socialmente incapacitados.
"Nuestra investigación", afirma Gold, "ha demostrado que si un adolescente deja por completo la droga durante un promedio de seis meses, recupera su capacidad de concentración, atención y memoria.
"Pero no ocurre lo mismo con los pacientes de mayor edad, quienes en ocasiones nunca se restablecen del todo en cuanto a la memoria reciente. Por otra parte, como estos casi siempre llevan más tiempo fumando, han sufrido ya en su vida ciertos cambios' sutiles, difíciles de resarcir. Por .ejemplo, buscan empleos que no exigen especial esfuerzo".
SELECCIONES DEL READERS DIGEST publicó en junio de 1981 dos informes sobre la mariguana. El primero describía sus consecuencias sobre el cerebro y el sistema reproductor; el segundo, sus efectos sobre los pulmones, el corazón y el sistema inmunitario.
Ahora, SELECCIONES analiza las numerosas derivaciones nocivas de la "yerba" sobre las células, y la manera en que arruina los aspectos más preciados de la vida humana, como son la mente, la personalidad, el espíritu.
EN1978, la doctora griega Marietta Issidorides, una de las biólogas de mayor prestigio en Europa, dirigió una investigación con microscopio electrónico en torno a los glóbulos blancos de 40 fumadores consuetudinarios de hachís. "Descubrimos", informó, "que el consumo prolongadó-de la Cannabis indica (planta de la que se obtienen la mariguana y el hachís) deteriora una buena parte de estas células, impidiéndoles proteger convenientemente el organismo contra las infecciones".
Dos años después, el doctor Akira Morishima, de la Universidad de Columbia en la Ciudad de Nueva York, examinó los leucocitos de veinticinco jóvenes de aspecto saludable, pero que llevaban cuatro años fumando mariguana al menos dos veces por semana; y encontró que la tercera parte de las células de estos muchachos contenían sólo de cinco a treinta cromosomas, cuando lo normal es que tengan 46. Los cromosomas son estructuras del núcleo celular que trasmiten la información genética de generación en generación. "En los veinte años que he dedicado a la investigación", declara Morishima, "'jamas he visto una droga tan dañina al ADN ( ácido desoxirribonucleico) como la mariguana".
A principios de este año se comprobó la relación existente entre mariguana y cáncer. El doctor Josel Szepsenwol, del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Internacional de Florida, inyectó una vez por semana pequeñas dosis de canabinol o de delta-9-tetrahidrocanabinol ( dos de los 61 canabinoides, sustancias propias de la Cannabis) -disueltas en aceite de ajonjolí, a 216 ratones, más de la mitad de los cuales contrajeron cáncer. En cambio, de otro grupo de roedores a los que sólo inyectó aceite de ajonjolí, únicamente el cuatro por ciento contrajo el mal (porcentaje normal en su especie).
Desgaste vital. Estos datos son apenas unos cuantos botones de muestra del daño que la yerba inflige a los procesos fundamentales de la vida. De 1975 a la fecha, se han divulgado en revistas científicas unas 300 investigaciones acerca de los efectos nocivos de la Cannabis sobre las células humanas y animales. Mencionaremos algunos: división defectuosa, crecimiento lento, núcleos de tamaño anormal, trastornos en la producción de proteínas y daños a espermatozoides, óvulos y células nerviosas y del tejido conectivo.
El doctor Gabriel Nahas, precursor de la investigación sobre la mariguana, afirma: "Los estudios que se han efectuado en torno al daño que la Cannabis causa a las células, nos ayudan a entender los efectos perniciosos de la droga en los pulmones, los órganos sexuales, el cerebro y el sistema inmunitario. Cabría afirmar que el deterioro celular ocasionado a lo largo de los años por la mariguana, es, de hecho, un lento desgaste vital".
De ordinario, los síntomas psicológicos no tardan en aparecer, tanto más si el fumador es joven. Cuantos recurren a la droga y hacen de ella un hábito, tienden a parecerse asombrosamente entre sí, con rasgos comunes bien definidos.
Personalidad "mariguana". "No todos los chicos adictos muestran todos los síntomas", manifiesta el doctor Dean Parmelee, director del Servicio de Internamiento de Adolescentes en el Hospital Charles River, que depende de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, en Massachusetts. "En realidad, hay muchachos talentosos y de carácter extravertido que mantienen durante algunos años las calificaciones y las actividades de siempre; pero poco a poco —tanto los jóvenes como los adultos— van comprometiendo sus aptitudes, sus actividades, su modo de vida ... hasta acabar aplastados por todos, o casi todos, los síntomas de lo que se ha dado en llamar personalidad mariguana".
En los últimos ocho años, el doctor Harold Voth, de la Escuela de Psiquiatría Menninger, de Topeka, Kansas, ha estudiado a fondo la psicopatología de este narcótico. A él pertenece la siguiente descripción de la personalidad mariguana: "El consumo crónico de yerba perjudica, sobre todo, al área del síndrome cerebral orgánico (sco), y se manifiesta en el deterioro de la memoria reciente, en la apatía y en el llamado síndrome de abulia o de abandono, que afecta igualmente a las actividades deportivas, a la escuela y a la familia".
Voth menciona otros indicios propios del sco: "Disminuye la fuerza de voluntad, la claridad mental, la tolerancia ante la frustracuón, la capacidad de concentrarse, de atender problemas abstractos o complejos, se entorpece la capacidad de juicio; se presenta una cierta hostilidad a la autoridad,y una tendencia a rechazar por las pruebas médicas de qué la mariguana arruina tanto física como psíquicamente al fumador".
También señala Voth que hace falta beber intensamente durante varios años para alcanzar el mismo grado de menoscabo psíquico que la mariguana provoca en cuestión de meses, de modo especial en los muy jóvenes.
Graves trastornos. A diferencia del bebedor empedernido, quien por lo general recupera el control de sí mismo cuando está sobrio, la estructura fundamental de la personalidad del fumador crónico de mariguana parece alterarse. El doctor John Meeks, director médico del Instituto Psiquiátrico del Distrito de Montgomery, en Maryland, explica que si alguien fuma dos veces por semana o más, bajo ningún concepto recuperará la sobriedad; y que aun cuando no esté "en onda", permanece en un estado de intoxicación subaguda, las más de las veces sin siquiera reconocerlo".
Mientras que el alcohol, por ser soluble en agua, se elimina del organismo en unas cuantas horas, los canabinoídes, por ser solubles en las grasas, se acumulan en las partes grasosas de la célula y en los órganos grasos ( una tercera parte del cerebro es grasa ). Estas sustancias regresan muy paulatinamente al torrente sanguíneo, único recurso para ser transformadas y expulsadas del cuerpo. Por eso intoxican sutil y constantemente al organismo, como si fueran cápsulas de liberación lenta.
Gracias a los estudios que el neurólogo y psiquiatra Robert Heath ha efectuado en monos Rhesus, conocemos mejor las causas celulares de los síntomas psicológicos. Durante cinco días a la semana y por seis meses, expuso a estos primates al humo de dos o tres cigarrillos de mariguana "en dosis para mono" (o sea, la cuarta parte de un cigarrillo normal). Con ayuda del microscopio electrónico examinó varios millares de células de 42 áreas cerebrales de cada animal. Aunque había alteraciones en todos los sitios inspeccíonados, ninguna región sufrió tantos daños como las relacionadas directamente con la apatía y la indiferencia, síntomas típicos del consumo de mariguana. También había lesiones considerables en las zonas relacionadas con los sentimientos de agresión y temor, síntomas claros de paranoia provocada por la yerba.
"No conozco ninguna otra droga, ni siquiera el alcohol", opina Heath, "que origine una gama tan amplia de alteraciones cerebrales como las que vimos en esas células". ¡Y pensar que, en la actualidad, miles y miles de muchachos fuman a diario cantidades de mariguana mucho mayores en proporción que las que administramos a los monos!"
Síntomas de senilidad. En marzo de 1980, el psicogeriatra Adam Sulskowski publicó el primer informe científico que daba a conocer las semejanzas entre la senilidad y los síntomas psíquicos derivados de la canabinomanía.
En julio de 1981, los doctores Stephen Williams, psicólogo, y Jason Baron, psiquiatra, encontraron también varios síntomas de senilidad en 60 adolescentes que fumaban mariguana a diario. Los médicos les aplicaron pruebas psicológicas antes y después de seis semanas de abstinencia en el hospital.
"Al principio", refiere Williams, "los muchachos daban muestras de preocupación irrazonable por la salud, de tendencias obsesivo-compulsívas y de inflexibilidad mental, indícios todos estos característicos de un anciano. Luego que la droga salió de su organismo, los síntomas disminuyeron notablemente.
"La depresión", continúa, "es quizá el rasgo psíquico más común entre los ancianos. Suele asociarse con los sentimientos de pérdida, bien sea de los seres queridos, de la salud, etcétera. La principal fuente de depresión entre nuestros adolescentes era también una pérdida: la tremenda pérdida de la propia estimación. Un chico de 16 años,apuesto y bien vestido, decía: Soy como un cascarón vacío. Nada queda en mí que me agrade. Y fue por la mariguana".
Otra semejanza es la Inmaduros regresiva. El psiquiatra Mitchell Rosenthal opina: "Precisamente cuando los chicos necesitan madurar más que nunca en el terreno psíquico, el ensimismamiento y el deseo de obtener gratificación inmediata los arrastran hacía el infantilismo. Cuando más necesitan aprender a luchar contra las tormentas emocionales de la adolescencia, claudican y disipan sus problemas en el humo de la mariguana".
Rosenthal predice: "Muchos jóvenes de hoy no madurarán como deberían. Por ello abundarán los adultos inmaduros e ímpreparados, algunos de los cuales no podrán vivir sin asistencia económica, social o clínica".
Riesgo de recaídas. En agosto de 1981, el doctor Mark Gold terminó un estudio de 100 "mariguanos", es decir, de 100 fumadores crónicos que están psíquica, funcional y socialmente incapacitados.
"Nuestra investigación", afirma Gold, "ha demostrado que si un adolescente deja por completo la droga durante un promedio de seis meses, recupera su capacidad de concentración, atención y memoria.
"Pero no ocurre lo mismo con los pacientes de mayor edad, quienes en ocasiones nunca se restablecen del todo en cuanto a la memoria reciente. Por otra parte, como estos casi siempre llevan más tiempo fumando, han sufrido ya en su vida ciertos cambios' sutiles, difíciles de resarcir. Por .ejemplo, buscan empleos que no exigen especial esfuerzo".
Además,
Gold descubrió que, al igual que los alcohólicos, los mariguanos corren
siempre el riesgo de reincidir. "Aunque dejaran la droga durante un
año", explica, "uno o dos cigarrrillos serían suficientes para echar todo por los suelos y volver a las andadas.Lo que es peor aunque hayan necesitado dos años para alcanzar el estado de gravedad anterior, basta que vuelvan a fumar la yerba para regresar a la misma situación".
Lejos de toda duda está que, a menos que los actuales hábitos de consumo de mariguana se reduzcan radicalmente, esta droga acarreará a largo plazo terribles consecuencias para la salud física y mental de nuestros jóvenes y, dada su generalización, para el futuro de nuestra sociedad.
Lejos de toda duda está que, a menos que los actuales hábitos de consumo de mariguana se reduzcan radicalmente, esta droga acarreará a largo plazo terribles consecuencias para la salud física y mental de nuestros jóvenes y, dada su generalización, para el futuro de nuestra sociedad.
SELECCIONES DEL READER'S DIGEST
Noviembre de 1982
El Presidente ríe
DURANTE los trágicos años de la
guerra, Lincoln encontraba alivio a su dolor en su buen humor. «Me río porque no debo llorar», decía.
UNO DE LOS cuentos que más gracia
le hacían era aquel de dos señoras muy piadosas que comparaban a Lincoln con
Jefferson Davis, presidente de la rebelde Confederación.
—Yo creo que Jefferson va a ganar
— decía la una.
—¿Por qué razón?
—Porque es hombre que reza.
—Eso no tiene que ver: Abrahán también reza.
—Sí, pero Nuestro Señor no le
cree ... pensará que le está tomando el pelo. —
DIXON WECTER
UNA 'VEZ le preguntaron cómo se sentía siendo presidente de los Estados Unidos y
Lincoln les respondió con esta graciosa parábola:
« ¿ Saben ustedes el cuento de
aquel hombre a quien, para desterrarlo, lo empecinaron, lo emplumaron y lo
sacaron del pueblo colgado de pies y manos de una vara? Pues bien: cuando uno de los del tumulto le preguntó cómo se sentía, mi
hombre le respondió:
«—Si
no fuera por el honor que me hacen ... hubiera preferido salir andando». — W. O. STODDARD
Candidato honesto y
ejemplar
GANÓ las elecciones por
una decisiva mayoría : 6340 votos en su favor contra 4829 que obtuvo Cartwright. De los 200 dolares que le
dieron sus amigos para los gastos de la campaña electoral, devolvió $199 con 25 centavos. «Hice el
recorrido en mi propio caballo —explicaba—; los festejos se hicieron en
las casas de mis amigos y no me costaron
nada; el único gasto ascendió a 75 centavos para pagar un barril
de cidra con que unos campesinos se empeñaron en que yo les había de
obsequiar».
—Nicolas y Hay
EN EL CONGRESO, Lincoln se opuso a la guerra contra México. Declaró
que quienes pretendían probar que la guerra no era un acto de agresión
procedían lo mismo que aquel granjero de Illinois que dijo una vez: «Yo no
soy codicioso, no tengo ambición de poseer tierras; las únicas que quiero son
las que lindan con la mía'.
_Inteligencee, de Washington.
Siendo ya congresista
le respondió a un sujeto que escribió pidiéndole un autógrafo:
Estimado señor: Recibí su nota en
la cual me pide mi firma «con un pensamiento» y se la habría contestado antes
si no se me hubiera traspapelado. Yo no soy hombre de muchos pensamientos,
pero el mejor que se me ocurre es: que si usted sigue coleccionando firmas de
gentes tan distinguidas como yo, va a formar una enorme lista muy poco
distinguida. De usted con todo respeto, A. Lincoln, Washington, 5 de enero de 1849.
EN 1854 el senador
Douglas presentó al Congreso el proyecto de ley por la cual se permitiría la
esclavitud en los territorios de Kansas y Nebraska.
Lincoln se enardeció y escribió así a su amigo Joshua
Speed: «Me parece que progresamos con bastante rapidez hacia la degeneración.
Como nación empezamos por declarar que todos los
hombres nacen iguales. Esa declaración se interpreta hoy:
todos los hombres nacen iguales guales menos los negros. Y cuando lleguen a
mandar los Know-Nothings* se leerá: todos los hombres nacen iguales, menos los
negros, los extranjeros y los católicos. Si esto sucede, prefiero emigrar a un
país en donde no se haga alarde de amor a la libertad: a Rusia, por ejemplo, donde florece el despotismo puro, sin
la baja mezcla de la hipocresía».
Know-Nothings*
* Partido político de la época
opuesto a la naturalización de los extranjeros.
El Sacerdote que encontró a
Cristo
Yo nací en
Venecia, al norte de Italia, el 22 de marzo 1917. A la edad de diez años, se me
envió a un seminario Católico Romano en Plasencia, y fui ordenado sacerdote
después de doce años de estudio el 22 de octubre, 1939. Dos meses después el
Cardenal R. Rossi, mi superior me envió a América como asistente pastor de la
nueva iglesia italiana, la "Bendita Madre Cabrini" en Chicago, y
después en New York. Nunca me pregunté si mis sermones o instrucciones
estaban en contra de la Biblia. Mi único apuro y ambición era complacer al
Papa. Fue domingo de febrero del año 1944, cuando
accidentalmente puse el radio en contacto con un programa religioso de origen
protestante. El pastor predicaba su radio mensaje. Yo iba a cambiar el programa por que no se me permitía escuchar
sermones protestantes pero (no sé porque) seguí escuchando...
Mi teología fue sacudida por un
texto que oí en el radio. "Cree en el Señor
Jesucristo y serás salvo." De manera que no es pecado
contra el Espíritu Santo creer que uno es salvo. Yo no estaba convertido
todavía pero mi mente estaba llena de dudas tocante a la religión Romana.
Comencé a apurarme más por las enseñanzas de la Biblia que por dogmas y
decretos del Papa. Gente sobre mi estaban dando cada día de 5 a 30 dólares, por
20 minutos de ceremonia, llamada la Misa, porque prometía librar las almas de
sus familiares de la lumbre del purgatorio. Pero cada vez que yo veía el
crucifijo grande sobre el altar me parecía que Cristo me reprendía diciéndome:
Tú estás robando dinero a gente pobre y trabajadora por medio de falsas
promesas. Tú enseñas doctrinas en contra de mis enseñazas. Las almas de los que
creen no van a un lugar de tormento, porque yo he dicho "Bienaventurado los muertos que de aquí mueren en el
Señor. Si, dice el Espíritu, que descansaran de sus trabajos; porque sus obras
le siguen" (Apocalipsis 14:13). No necesito vanas repeticiones
del sacrificio de la cruz, porque mi sacrificio fue completo. Mi obra de
salvación fue perfecta, y Dios la sancionó levantándolo de entre los muertos. "Porque con solo una ofrenda hizo perfectos para siempre
los santificados" (Hebreos 10:14). Si los sacerdotes y el Papa
tienen el poder de libertar almas del purgatorio con Misas e indulgencias,
porqué esperan una ofrenda? Si ustedes ven a un perro quemándose en el fuego no
van a esperar hasta que el dueño les traiga $5.00 para sacar al perro de allí.
Ahora, yo no podría enfrentarme con el Cristo del altar. Cuando yo estaba
predicando que el Papa es el vicario de Cristo, el sucesor de Pedro, la
infalible roca sobre la cual Cristo edificó su Iglesia, una voz parecía
reprenderme y decirme; "Tu viste el Papa en Roma: su enorme y riquísimo
palacio; sus guardias; a los hombres besándole el pie. ¿Crees en verdad que él
me representa? Yo vine a servir a la gente; yo lavé los pies de los hombres no
tuve en donde reclinar mi cabeza. Mírame en la cruz? Cree en verdad que Dios a
edificado su Iglesia sobre un hombre, cuando la Biblia claramente dice que el
vicario de Cristo sobre la tierra es el Espíritu Santo, y no un hombre? (Juan
14:26) Y esa roca fue Cristo. Si la Iglesia Romana está basada sobre un hombre,
entonces no es mi Iglesia." Yo todavía predicaba que la Biblia no es regla
suficiente de Fe, y que necesitamos la tradición y los dogmas de la Iglesia
para comprender las escrituras. Entonces una voz dentro de mí me decía;
"Tú predicas contra las enseñanzas de la Biblia; tú predicas necedades.
¿Si los cristianos necesitan un Papa para comprender la escrituras, que necesitan para comprender al Papa? Yo
he condenado la tradición, porque todos pueden comprender lo que es necesario
para la salvación personal. Estas empero son escritas para que creáis que Jesús
es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su
nombre" (Juan 20:31). Yo enseñaba a mi pueblo que fueran a María y a los
Santos, en vez de ir directamente a Cristo.
Pero una voz dentro de mi me preguntaba: "¿Quién sobre la cruz te
salvó?" "¿Quién pagó tus deudas derramando su sangre? ¿María, los
Santos, o Yo, Jesús? Tú y muchos otros sacerdotes no creen en los
escapularios, las novenas, los rosarios, las estatuas, las velas,
pero los mantienen en sus Iglesias porque dicen que la gente simple necesita
cosas simples para que les recuerden a Dios. Las tienen en sus Iglesias porque
son una buena fuente de dinero, pero yo no quiero ninguna clase de mercadería
en mi Iglesia. Mis creyentes deben de adorarme en Espíritu y verdad. Destruid
estos ídolos; enseñar a mi gente a orar, a venir a mi únicamente."
Dónde mis dudas verdaderamente me
atormentaba fue en confesionario. La gente venia a mi y se me hincaba,
confesándome sus pecados. Y yo con una señal de la cruz, les prometía que tenia
el poder para perdonarles sus pecados. Yo un pecador, un hombre, estaba tomando
lugar de Dios, el derecho de Dios; esa voz terrible me penetraba y decía,
"Te estas robando la gloría de Dios si los pecadores quieren obtener el
perdón de sus pecados tiene que ir a Dios y no a ti. Es la ley de Dios la que
han violado. A Dios pues, deben hacer su confesión; a Dios únicamente deben
orar para perdón. Ningún otro hombre puede perdonar
pecados sino Jesús. Y llamarás su nombre JESÚS, porque el salvará a
su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Porque no
hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos
(Hechos 4:12). Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5).
No pude permanecer en la Iglesia
Católica Romana porque no podía servir a dos Señores: Al Papa y a Cristo. No
podía creer en dos enseñanzas contradictorias: La tradición y la Biblia. Tuve
que escoger entre Cristo y el Papa; entre la tradición y la Biblia; he escogido
a Jesús y a la Biblia. Dejé el Sacerdocio Romano y la religión Romana en 1944,
y ahora he sido dirigido por el Espíritu Santo a evangelizar a los Católicos
Romanos, y a pedir a los creyentes que les testifiquen sin temor.
Joseph Zacchell
(Testimonio publicado en el libro
"Lejos
de Roma, cerca de Dios", Ed. Portavoz,
R.Bennet y M.Buckingham (recopiladores), 2000 (Original "Far From Rome,
Near to God, 1994), Testimonio N° 23, pag. 184-188). El texto expuesto corresponde a
la versión en inglés traducida al español a mediados del año 2000 (fecha desde
la cual está publicado en este sitio web).
484. UNA PARABOLA ARABE
<19B911>Salmo 119:11.
—Hijo mío —dijo el jefe árabe, ve
corriendo al manantial y tráeme una cesta
de agua. El niño fue corriendo y llenó la cesta; pero antes que pudiera
emprender el regreso a la tienda, toda el agua se había escapado.
Entonces dijo a su padre: —Aunque un gran número de veces he llenado la
cesta de agua, toda se sale pronto.
Entonces el padre tomó la cesta y dijo: —Lo que dices, hijo mío, es la verdad.
El agua no se ha quedado; pero mira cuán limpia está la cesta. Así será con tu
corazón:
no podrás recordar todos los preceptos que has oído, pero procura siempre
atesorarlos y harán tu corazón puro y apto para usos celestiales. —La
Antorcha.
de agua. El niño fue corriendo y llenó la cesta; pero antes que pudiera
emprender el regreso a la tienda, toda el agua se había escapado.
Entonces dijo a su padre: —Aunque un gran número de veces he llenado la
cesta de agua, toda se sale pronto.
Entonces el padre tomó la cesta y dijo: —Lo que dices, hijo mío, es la verdad.
El agua no se ha quedado; pero mira cuán limpia está la cesta. Así será con tu
corazón:
no podrás recordar todos los preceptos que has oído, pero procura siempre
atesorarlos y harán tu corazón puro y apto para usos celestiales. —La
Antorcha.
25. LO QUE EL EVANGELIO DE LUCAS
SIGNIFICO PARA EL
<420101>Lucas 1:1-4.
En la población de Yu Yang, en la
China Occidental, un joven compró un
ejemplar del Evangelio según San Lucas, en su dialecto chino. Cuando llegó a
ejemplar del Evangelio según San Lucas, en su dialecto chino. Cuando llegó a
su hogar, durante tres días consecutivos estuvo leyendo ese
Evangelio sin ayuda
de ningún predicador u otra persona cristiana. Lucas se posesionó de su vida
de ningún predicador u otra persona cristiana. Lucas se posesionó de su vida
de tal manera que el joven chino
hizo a un lado todo lo que le estorbaba para
estudiarlo; y entretanto estuvo
esperando alguna indicación de Dios para saber
qué debía hacer. En eso llegó un misionero a la villa y el joven chino
descubrió
con gusto que las gentes de otros países también sabían algo de Jesús.
con gusto que las gentes de otros países también sabían algo de Jesús.
Después, cuando el misionero Hsu
Ming Chih encontró al joven chino
descubrió que éste
había aprendido de memoria el Evangelio de Lucas; y, lomejor de todo, lo había
aprendido de corazón, pues estaba practicándolo. Esto
demuestra lo que puede hacer un solo ejemplar del evangelio. Cada
vez que
doy un evangelio creo que
producirá un buen resultado. — W. E. Schubert.
HISTORIA ECLESIÁSTICA - POR ESUEBIO
AQUELLOS AÑOS...EN
EL DESIERTO
CADA CRISTIANO, CADA HIJO
VERDADERO DE DIOS tendrá que pasar tarde o temprano por su propio desierto. a mi me tocó dolorosamente pasarlo de marzo de 1994 a mayo
de 1998.
Pasajes bíblicos que que viví intensamente (Algunos,..fueron tán innumerables):
8:2 Y te acordarás de todo el
camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el
desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón,
si habías de guardar o no sus mandamientos.
8:15 que te hizo caminar
por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de
escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del
pedernal;
22:8 Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.
Mi corazón fue como
cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas
Derritiéndose en medio de mis entrañas
22:24 Porque no menospreció
ni abominó la aflicción del afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Ni de él escondió su rostro;
Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios. Selah
No hay para él salvación en Dios. Selah
4:7 Tú
diste alegría ( consuelo)a mi corazón
5:4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
Todas las noches inundo de
llanto mi lecho,
Riego mi cama con mis lágrimas.
Riego mi cama con mis lágrimas.
Porque has mantenido mi
derecho y mi causa;
Te has sentado en el trono juzgando con justicia
Te has sentado en el trono juzgando con justicia
Tú que me levantas de las puertas de la muerte
9:18 Porque
no para siempre será olvidado el menesteroso,
11:3 Si fueren destruidos los fundamentos
¿Qué ha de hacer el justo?
¿Qué ha de hacer el justo?
89:14 Justicia y juicio son el cimiento de tu trono;
Misericordia y verdad van delante de tu rostro.
Misericordia y verdad van delante de tu rostro.
Los sueños son el
lenguaje del Espíritu
"CADA DÍA ERA UNA
BATALLA"
En el año 1,994 unos
meses de iniciada mi peor aflicción en mi vida... tuve un sueño.
" Caminaba por
un sendero,...me senté en una piedra que estaba junto al camino... mi alma esta
tan abatida y triste... !Entonces vi que a mi derecha había un campo donde unos
hombres cuidaban unas milpas pequeñas y tiernas...el ambiente era caluroso y
sofocante..era verano y al medio día...los agricultores tenían en la cabeza
unos sombreros de paja que los protegía del sol y estaban inclinados
trabajando,....no les véia el rostro...repito que mi alma estaba tan abatida,
tan agobiada...
De pronto empieza a
caer --aun con ese sol tan brillante,-- una lluvia del cielo , tibía y a la vez
tan fresca sobre mi... sobre el campo,... sobre las milpas tiernas...
! QUE SUEÑO TAN
ESPLENDOROSO Y RECONFORTANTE PARA MI ALMA Y ESPÍRITU...
!BENDITO SEA MI
REDENTOR JESUCRISTO!
ME SENTÍ TAN
RECONFORTADO....
¿Quién
es el autor?
Años
hace que los aficionados a, animales
refieren este cuento de los montes de la región septentrional de los
Estados Unidos; pero,
aunque abundan quienes aseguren haberlo leído, nunca he tropezado
con nadie que pudiera decirme dónde ni cuándo se publicó. ¿Estará
mejor informado alguno de los lectores de esta Revísta.
Tragedia en la selva
Por Rex Beach
Autor de
«Flowing Gold », «Alaskan Adventures »,
«Personal Exposure », y otras obras
«Personal Exposure », y otras obras
1942
PEDRO DOBLEY era un joven trampero
que vivía en los yermos de tierras
remotas, sin más compañía que
Príncipe, su enorme perro de tiro, más lobo que can, de largo y tupido pelo gris. Todos los otoños salía del monte con su
silencioso pero fiel servidor a proveerse de
lo que los dos necesitaban para el invierno, y luego volvían a desaparecer. En la primavera, regresaba con las pieles que había juntado durante la estación
de caza.
Príncipe era
compañero inseparable de su amo, en
cuyas penalidades y peligros nunca dejaba de
participar. En tanto que Pedro, a quien mucho quería, estuviese a su lado, poco le importaba que durmiesen a la intemperie, sin más luz que
la de las estrellas ni más techo que el firmamento,
o, la choza acogedora que les servía de albergue. Sus ojos amarillos miraban a su señor y
amigo con un afecto reverente que poco
distaba de la adoración. Este sentimiento tierno parecía arder de continuo suavemente en el corazón de Príncipe como una lámpara en
un altar, y sólo
cuando el peligro amenazaba a su dios,
reaparecía el lobo feroz en el apacible perro. Entonces erizaba el
pelo, mostraba los colmillos y le brillaban siniestramente los ojos.
Hay perros en
cuyo pecho no cabe más que un
afecto; perros que no pueden querer sino a una persona; mas el corazón de
Príncipe era tan amplio y generoso como su cuerpo era grande y fornido. Así,
cuando Pedro se casó con Margarita, el noble animal la quiso a ella tanto
como a
él. La primavera siguiente, cuando
llegó Pedrito y había tres personas
que cuidar en vez de dos, Príncipe no sólo aceptó con gusto su trabajo y sus nuevas
responsabilidades, sino que se mostró jubiloso
con la aparición del nene, a quien al
punto cobró gran cariño, quizá por ver
en él un objeto especial de su solicitud.
Pero los
dioses Inclemntes de los montes del
Norte se pusieron celosos. Margarita, lejos
de recobrar su salud y sus fuerzas,
las fué perdiendo, y las primeras nieves del otoño cayeron sobre una sepultura recién abierta bajo los pinos solitarios, al lado de la cual
velaban en silencio, un hombre acongojado y un perro
gigantesco cabizbajo.
Pedro se dió sus trazas de hacer
comprender a Príncipe (aunque es probable que Príncipe Ya lo supiera) que en adelante éste no podría servir de centinela en las trampas ni participar en las emociones de la caza; pues era necesario que cuidase del nene mientras el amo iba a buscar
alimento para todos. Desde entonces cuando
Pudro salía, Príncipe se asomaba
a la ventana hasta verlo desaparerr , luego, lanzando un profundo
suspiro , se echaba al lado de Pedrito. Si el chiquillo despertaba o
se desasosegaba, siempre
encontraba una piel suave y tibia en que hundir las manezuelas o apoyar la cabecita, y
sentía las caricias que su
fiel guardián le hacía lamiéndolo afectuosamen te.
Un
día sobrevino una fuerte ventisca cuando Pedro
estaba lejos de la choza. En unos pocos minutos, la nieve
cubrió el
suelo con un manto que ocultó toda la vereda y
aun los árboles que pudieran servir de señales. Brújula en mano, Pedro partió para la choza. Avanzaba lentamente,
pues la marcha se hacía difícil sobre manera, y además, incierta; y al fin lo cogió la noche. Con alguna
intraquilidad, pensó en Pedrito; mas estaba seguro de Príncipe lo
cuidaría bien y no dejaría que pasara frío.
El
huracán cesó al amanecer, y poco después
Pedro salió tambaleando del monte al claro donde estaba la
choza. Al oírlo llegar, Príncipe saltaba siempre a la ventana lleno de, júbilo a
dar la bienvenida a su señor y amigo. Pero esta vez Pedro ni
vió al perro en la ventana ni oyó ruido alguno. Con el corazón helado, se lanzó
a saltos por la nieve, dando gritos roncos,
como para llamar o interrogar al
perro. Al lin llegó a la choza, empujó violentamente la puerta, que con sorpresa encontró a medio abrir, y entró con
precipitación, fuera
de sí, enloquecido.
La camita del nene
estaba desocupada. Las
frazadas estaban teñidas de sangre y el suelo cubierto de
manchas rojas.
Mientras Pedro contemplaba la escena
horrorizado, Príncipe salió arrastrándose de debajo de la
cama. Tenía el hocico ensangrentado, y el pelo del pescuezo salpicado
de rojo. No miró a Pedro ni trató
de acercársele, sino que permaneció tendido
en el suelo, cabizbajo y con ojos vagarosos
que parecían rehuir los del amo.
Con la rapidez del
relámpago, Pedro formó en su imaginación un cuadro cabal de lo
que había ocurrido. «Este bruto
fué lobo,» se dijo a sí mismo,
«v aún lo
es.
El hambre despertó en él los instintos feroces de sus progenitores.» Y lanzando un alarido de ira alzó en
alto el hacha que llevaba en la mano, y con toda su
fuerza la descargó sobre la ancha cabeza del perro.
De
repente oyó un
lloriqueo que parecía salir de detrás del cadáver de Príncipe.
Poniéndose en cuclillas, estiró el brazo
tembloroso y sacó al nene de debajo de la
cama. Pedrito tenía la ropa rasgada y cubierta de sangre, pero estaba perfectamente
ileso. Desconcertado y casi
loco, Pedro escudriñó con los ojos
el resto
del aposento, en que antes no se había fijado, y vió en un
rincón oscuro un lobo muerto con el pescuezo desgarrado y un jirón
sangriento de la piel de
Príncipe entre los dientes.
Cuando Adán transgredió
la ley de Dios, todos los animales aborrecieron al hombre por su
pecado, el perro fue el único que se quedo a su lado, dispuesto a dar hasta la vida por su amo.
EL MARTIR DE LAS CATACUMBAS
Richard L. Roberts
Ayer 16 de Septiembre de 2017, en
los festejos por la independencia de Guatemala, vi en el parque a una muchacha
lata, hermosa, piel blanca, muy bella de rostro, Aprox. 1.77 cms. de
estatura, llevaba una bonita pulsera, botas negras y pantalon azul. Muy
bella.
Indudablemente Aquí en
Huehetenango hay mujeres muy bonitas.
NOCHES
CON LOS ROMANISTAS
POR EL REV. M.H. SEYMOUR.
OBKA TRADUCIDA DEL INGLES Y COMPENDIADA,
POR EL REV. H. B. PRATT.
CAPITULO PRIMERO.
LA CASA DE DOÑA CONSTANZA.
EMMA LESLIE
Traducción libre del frances
Publicado en Madrid 1894
LO QUE PIENSA AMÉRICA DEL PROBLEMA JUDÍO
RUFINO
MARIN
BUENOS AIRES
1944
LA JOVEN QUE AMO LA SVASTICA
-MARIA ANA HIRSCHMANN
De
Norteamérica, con Amor
Pags.. 139-141
Si no hubiera
estado tan cansada, me habría dado cuenta: al irnos aproximando al edificio de
la luz, no se nos cruzó por la mente que la casa no era el casco principal de
una granje alemana. Lo único que sabía era que no podía dar un paso más
cargando esa chica. Además, se le observaba ya una palidez mortecina.
Me arrimé a la puerta y llamé. No hubo respuesta. Empecé entonces a golpear la puerta con mi puño, resuelta a insistir hasta que alguien atendiera. Si la familia del granjero viera a la pequeña, tal vez se apiadarían de ella y nos prestarían ayuda. Lo único que yo buscaba era un lugar apropiado donde ella se pudiera secar.
Inesperadamente la puerta se abrió, y apareció un soldado norteamericano. Yo sabía que era norteamericano porque había visto fotografías de soldados de esa nacionalidad durante la guerra, cuando yo era adoctrinadora nazi. No recordaba bien la enseñanza que había recibido sobre estos hombres, pero sabía dos cosas: que eran unos pistoleros por vivir en ciudades sucias, y que todos masticaban chicle, mala costumbre que dañaba mucho la dentadura.
Me arrimé a la puerta y llamé. No hubo respuesta. Empecé entonces a golpear la puerta con mi puño, resuelta a insistir hasta que alguien atendiera. Si la familia del granjero viera a la pequeña, tal vez se apiadarían de ella y nos prestarían ayuda. Lo único que yo buscaba era un lugar apropiado donde ella se pudiera secar.
Inesperadamente la puerta se abrió, y apareció un soldado norteamericano. Yo sabía que era norteamericano porque había visto fotografías de soldados de esa nacionalidad durante la guerra, cuando yo era adoctrinadora nazi. No recordaba bien la enseñanza que había recibido sobre estos hombres, pero sabía dos cosas: que eran unos pistoleros por vivir en ciudades sucias, y que todos masticaban chicle, mala costumbre que dañaba mucho la dentadura.
Este soldado
era alto, estaba armado ... ¡y mascando! "¿Qué quiere usted?"
preguntó con parsimonia, mientras que pasaba el chicle de un lado de la boca al
otro. Observé cómo
le brillaba la dentadura.
Me quedé como petrificada por el terror, y la expresión de mi rostro debe de haber hablado más fuerte que mi torpe tartamudeo en alemán pidiendo auxilio. No sabía nada de inglés, y era evidente que el soldado no sabía alemán, pues no me entendía. Me echó una mirada inquisidora, y entonces se dio vuelta y llamó a alguien por su nombre. De inmediato se presentó un intérprete, y preguntó en alemán qué era lo que queríamos.
—Acabamos de venir del lado ruso, y encontramos esta chica sola en el bosque —le expliqué—. Tuvimos que cruzar el río, y la criatura se mojó hasta la cabeza. Morirá, a menos que pueda secarse y estar en lugar templado. Y por favor, dígale a ese soldado que no nos mande de vuelta a los rusos. — —La nena había hundido su cabecita en mi hombro y lloriqueaba en silencio.
Nunca, ni aun en sueños, creí que fuera posible lo que sucedió después. ¡La puerta se abrió de par en par, y fuimos invitadas a entrar! Llegaron otros soldados y trajeron una cama y frazada. Me dijeron que le quitara a la chica la ropa mojada y que la envolviera en un frazada. Entonces acostamos ese frío cuerpecito en la cama. Mientras tanto, otro soldado había traído una taza grande de chocolate caliente. Al sostenerle la cabecita, bebió el chocolate con impaciencia y voracidad. Observé entonces cómo sus mejillas iban adquiriendo colorido, mientras sus manitas frías fueron aflojando la presión con que tenían asidos mis dedos. Con todo mi cariño bajé su cabecita, y le dije que se durmiera. Hizo un gesto afirmativo, y entonces me dirigí al rincón donde estaba Micherle, de pie.
Pero algunos soldados empezaron a hablarle a la niña. En un idioma extraño, por supuesto, pero parecía como que le estuvieran hablando en media lengua, al estilo infantil. Parecían payasos, haciéndole caras raras mientras sus ojos les bailaban en sus órbitas. Ella se sentó y empezó a mirarlos. Al rato perdió su timidez y empezó a hablar alegremente con esos muchachotes. Todos se divirtieron mucho, a pesar de no poderse entender.
Yo estaba de pie en mi rincón, toda confusa. ¿Era posible que esto fuera así? En nuestra ignorancia, estábamos ahora a la merced de los soldados norteamericanos, nuestros enemigos, a quienes habíamos recurrido en demanda de ayuda. Nos habían hecho pasar y habían atendido a la nena; y ahora la estaban entreteniendo, riendo y saltando. ¿Qué razón había para que nos trataran tan bien estos pistoleros, que en su odio para con los alemanes habían incluso cruzado el mar para combatirnos? Aunque no lo parecía, esto debía ser una trampa muy grande. ¡ Parecía todo tan natural! ¿Era posible que ahora dudara de que los norteamericanos eran unos pistoleros, y por otro lado, que creyera que se comportaban como seres humanos? Puede ser que yo hubiera estado mal informada. Una vez más tuve la sensación de que había en mí algo que se estaba derrumbando. En efecto, se estaba diluyendo el concepto que tenía de los norteamericanos. Se estaba comprobando, una vez más, que la sucia propaganda de Goebbels era una vil mentira.
Finalmente la chica se durmió y los soldados se quedaron quietos. Algunos se retiraron de puntillas, mientras que no faltaron algunos que permanecieron junto a su cama. Yo me adelanté para observar a la niñita mientras dormía. Ahora bien, habíamos cumplido con lo que nos habíamos propuesto, de modo que ya era hora de que Micherle y yo continuáramos nuestro viaje. La niña parecía quedar en buenas manos. Con una inclinación de cabeza dije tímidamente Danke (gracias) y nos dirigimos a la salida.
Pero antes de llegar a la puerta, un soldado habló. Hizo gestos, y trató de hacerme entender algo. Se restregó los ojos y preguntó: "¿Están cansadas, con sueño ... querrán ustedes dormir también?"
¡Así que era eso lo que quería! Los soldados son todos iguales, pensé. Sacudí mi cabeza con gran disgusto y volví en dirección a la puerta. "Nein, nein Danke" (No, no gracias), dije con aspereza.
El soldado pareció leer mis pensamientos.
Me quedé como petrificada por el terror, y la expresión de mi rostro debe de haber hablado más fuerte que mi torpe tartamudeo en alemán pidiendo auxilio. No sabía nada de inglés, y era evidente que el soldado no sabía alemán, pues no me entendía. Me echó una mirada inquisidora, y entonces se dio vuelta y llamó a alguien por su nombre. De inmediato se presentó un intérprete, y preguntó en alemán qué era lo que queríamos.
—Acabamos de venir del lado ruso, y encontramos esta chica sola en el bosque —le expliqué—. Tuvimos que cruzar el río, y la criatura se mojó hasta la cabeza. Morirá, a menos que pueda secarse y estar en lugar templado. Y por favor, dígale a ese soldado que no nos mande de vuelta a los rusos. — —La nena había hundido su cabecita en mi hombro y lloriqueaba en silencio.
Nunca, ni aun en sueños, creí que fuera posible lo que sucedió después. ¡La puerta se abrió de par en par, y fuimos invitadas a entrar! Llegaron otros soldados y trajeron una cama y frazada. Me dijeron que le quitara a la chica la ropa mojada y que la envolviera en un frazada. Entonces acostamos ese frío cuerpecito en la cama. Mientras tanto, otro soldado había traído una taza grande de chocolate caliente. Al sostenerle la cabecita, bebió el chocolate con impaciencia y voracidad. Observé entonces cómo sus mejillas iban adquiriendo colorido, mientras sus manitas frías fueron aflojando la presión con que tenían asidos mis dedos. Con todo mi cariño bajé su cabecita, y le dije que se durmiera. Hizo un gesto afirmativo, y entonces me dirigí al rincón donde estaba Micherle, de pie.
Pero algunos soldados empezaron a hablarle a la niña. En un idioma extraño, por supuesto, pero parecía como que le estuvieran hablando en media lengua, al estilo infantil. Parecían payasos, haciéndole caras raras mientras sus ojos les bailaban en sus órbitas. Ella se sentó y empezó a mirarlos. Al rato perdió su timidez y empezó a hablar alegremente con esos muchachotes. Todos se divirtieron mucho, a pesar de no poderse entender.
Yo estaba de pie en mi rincón, toda confusa. ¿Era posible que esto fuera así? En nuestra ignorancia, estábamos ahora a la merced de los soldados norteamericanos, nuestros enemigos, a quienes habíamos recurrido en demanda de ayuda. Nos habían hecho pasar y habían atendido a la nena; y ahora la estaban entreteniendo, riendo y saltando. ¿Qué razón había para que nos trataran tan bien estos pistoleros, que en su odio para con los alemanes habían incluso cruzado el mar para combatirnos? Aunque no lo parecía, esto debía ser una trampa muy grande. ¡ Parecía todo tan natural! ¿Era posible que ahora dudara de que los norteamericanos eran unos pistoleros, y por otro lado, que creyera que se comportaban como seres humanos? Puede ser que yo hubiera estado mal informada. Una vez más tuve la sensación de que había en mí algo que se estaba derrumbando. En efecto, se estaba diluyendo el concepto que tenía de los norteamericanos. Se estaba comprobando, una vez más, que la sucia propaganda de Goebbels era una vil mentira.
Finalmente la chica se durmió y los soldados se quedaron quietos. Algunos se retiraron de puntillas, mientras que no faltaron algunos que permanecieron junto a su cama. Yo me adelanté para observar a la niñita mientras dormía. Ahora bien, habíamos cumplido con lo que nos habíamos propuesto, de modo que ya era hora de que Micherle y yo continuáramos nuestro viaje. La niña parecía quedar en buenas manos. Con una inclinación de cabeza dije tímidamente Danke (gracias) y nos dirigimos a la salida.
Pero antes de llegar a la puerta, un soldado habló. Hizo gestos, y trató de hacerme entender algo. Se restregó los ojos y preguntó: "¿Están cansadas, con sueño ... querrán ustedes dormir también?"
¡Así que era eso lo que quería! Los soldados son todos iguales, pensé. Sacudí mi cabeza con gran disgusto y volví en dirección a la puerta. "Nein, nein Danke" (No, no gracias), dije con aspereza.
El soldado pareció leer mis pensamientos.
De Norteamérica, con Amor
Pags.. 142-144
_Vea__dijo con
orgullo señalándose a sí mismo— yo americano.
—Su ancho pecho pareció ampliarse en varios centímetros. Habló pausadamente y
midiendo sus palabras, después de lo cual yo hice una inclinación de cabeza.
Sí, realmente ¡ era un norteamericano!
—Yo no ruso. —Señaló hacia el este y sacudió con fuerza su cabeza.
Hice un nuevo movimiento de cabeza. En realidad, no era un ruso.
—I good man. —Gutter Mann en alemán. Entendí su significado —hombre bueno— por su pronunciación similar en ambos idiomas. Se sonrió y mostró sus dientes blancos y grandes.
Me quedé mirándolo. ¿Era realmente bueno? Cada uno de nosotros entendió lo que el otro pensaba.
Fue hacia una puerta, la abrió, y nos hizo un ademán de entrar. Vimos allí dos camas y frazadas en una pequeña habitación. Debe haber sido una sala de primeros auxilios. Hizo un gesto con la cabeza, y restregó nuevamente sus ojos. "Ustedes con sueño, vayan dormir. Nosotros, hombres buenos".
Nuevamente vacilé. No era razonable confiar, y yo sabía que era preferible huir. Pero ahí había algo que me lo impedía. Esas camas parecían tan buenas, y las frazadas tan secas y calientes, y por otro lado mis ojos estaban muy cargados de sueño. Durante varias semanas venía huyendo de todo. Estaba cansadísima de tanto correr. Después de todo, me arriesgaría. Me acostaría y dormiría mientras todos esos soldados estarían andando a nuestro alrededor. Era una locura ser tan confiada, pero después de todo ya estaba resuelto.
Con una insinuación de sonrisa miré a nuestro anfitrión a los ojos, e hice un lento movimiento de cabeza. Cortésmente mantuvo abierta la puerta hasta que hubimos entrado, la cerró luego cuidadosamente, y se retiró.
Sin más preámbulos nos arrojamos sobre las camas y nos cubrimos con las frazadas. Nos dormimos, entonces, en cuestión de minutos.
No sé cuánto tiempo dormimos, cuando bruscamente sonó un fuerte golpe en la puerta que me hizo pegar un salto. Asustada, exclamé : "¿ Quién es? ¿ Qué quiere?"
De inmediato entró un soldado vestido de blanco que resultó ser un cocinero del ejército. Era de cara redonda, bien rellena, rosada. Muy simpático era, y parecía gozar de excelente salud. Sonrió francachonamente, lo que hizo que su cara apareciera más redonda y más llena aún. Llevaba puesto un gorro de cocinero. También su cuerpo era redondo y bien relleno, parcialmente recubierto por un gran delantal blanco. Entre sus manos sostenía una bandeja cargada de comida. Asentó la bandeja, y haciendo un guiño jovial preguntó: "¿ Quieren comer ?"
Casi sin creer lo que veía y oía, hice un gesto de asentimiento. ¡ Se entendía que nosotras también teníamos derecho a comer! Le echó un vistazo a la bandeja. Estaba cargada de manjares varios. Yo pensaba para mis adentros cuál de ellos podríamos comer nosotras. Era seguro que este hombre comería juntamente con nosotras. Le miré la cara, y la espera de sus instrucciones.
—Coman —dijo al vernos titubear.
—¿Alles? (¿todo?) —pregunté con incredulidad.
—Yo no ruso. —Señaló hacia el este y sacudió con fuerza su cabeza.
Hice un nuevo movimiento de cabeza. En realidad, no era un ruso.
—I good man. —Gutter Mann en alemán. Entendí su significado —hombre bueno— por su pronunciación similar en ambos idiomas. Se sonrió y mostró sus dientes blancos y grandes.
Me quedé mirándolo. ¿Era realmente bueno? Cada uno de nosotros entendió lo que el otro pensaba.
Fue hacia una puerta, la abrió, y nos hizo un ademán de entrar. Vimos allí dos camas y frazadas en una pequeña habitación. Debe haber sido una sala de primeros auxilios. Hizo un gesto con la cabeza, y restregó nuevamente sus ojos. "Ustedes con sueño, vayan dormir. Nosotros, hombres buenos".
Nuevamente vacilé. No era razonable confiar, y yo sabía que era preferible huir. Pero ahí había algo que me lo impedía. Esas camas parecían tan buenas, y las frazadas tan secas y calientes, y por otro lado mis ojos estaban muy cargados de sueño. Durante varias semanas venía huyendo de todo. Estaba cansadísima de tanto correr. Después de todo, me arriesgaría. Me acostaría y dormiría mientras todos esos soldados estarían andando a nuestro alrededor. Era una locura ser tan confiada, pero después de todo ya estaba resuelto.
Con una insinuación de sonrisa miré a nuestro anfitrión a los ojos, e hice un lento movimiento de cabeza. Cortésmente mantuvo abierta la puerta hasta que hubimos entrado, la cerró luego cuidadosamente, y se retiró.
Sin más preámbulos nos arrojamos sobre las camas y nos cubrimos con las frazadas. Nos dormimos, entonces, en cuestión de minutos.
No sé cuánto tiempo dormimos, cuando bruscamente sonó un fuerte golpe en la puerta que me hizo pegar un salto. Asustada, exclamé : "¿ Quién es? ¿ Qué quiere?"
De inmediato entró un soldado vestido de blanco que resultó ser un cocinero del ejército. Era de cara redonda, bien rellena, rosada. Muy simpático era, y parecía gozar de excelente salud. Sonrió francachonamente, lo que hizo que su cara apareciera más redonda y más llena aún. Llevaba puesto un gorro de cocinero. También su cuerpo era redondo y bien relleno, parcialmente recubierto por un gran delantal blanco. Entre sus manos sostenía una bandeja cargada de comida. Asentó la bandeja, y haciendo un guiño jovial preguntó: "¿ Quieren comer ?"
Casi sin creer lo que veía y oía, hice un gesto de asentimiento. ¡ Se entendía que nosotras también teníamos derecho a comer! Le echó un vistazo a la bandeja. Estaba cargada de manjares varios. Yo pensaba para mis adentros cuál de ellos podríamos comer nosotras. Era seguro que este hombre comería juntamente con nosotras. Le miré la cara, y la espera de sus instrucciones.
—Coman —dijo al vernos titubear.
—¿Alles? (¿todo?) —pregunté con incredulidad.
—Sí,
todo. —Parecía que esta situación le divertía mucho.
—¡Danke, Danke!
Sonrió y se retiró de la habitación.
Con impulso vacilante tomábamos los alimentos. Traté de untar el pan con la mantequilla. Nunca antes había visto pan tan extraordinariamente blanco. En mi país comíamos pan negro de centeno, de calidad inferior. Llamábamos Kuchen (tortas) a todos los productos de panadería de color blanco. Lo que yo no entendía era por qué los soldados norteamericanos empezaban el día comiendo tortas con mantequilla y dulce, aparte de todas las otras cosas, algunas de ellas extrañas para nosotras, y todo esto nada más que para el desayuno. Créase o no, hacía muchas semanas que no comíamos algo tan sabroso y bueno como esto; ¡ y en tanta cantidad! Había también cafeteras humeantes con café de gusto diferente, fuerte y amargo. Después de comernos las últimas migajas, nos limpiamos la boca con servilletas de papel. ¡Qué lujo! i Servilletas! Esto era desconocido en la Alemania de posguerra. ¡ Estaríamos viendo visiones, tal vez!
—¡Danke, Danke!
Sonrió y se retiró de la habitación.
Con impulso vacilante tomábamos los alimentos. Traté de untar el pan con la mantequilla. Nunca antes había visto pan tan extraordinariamente blanco. En mi país comíamos pan negro de centeno, de calidad inferior. Llamábamos Kuchen (tortas) a todos los productos de panadería de color blanco. Lo que yo no entendía era por qué los soldados norteamericanos empezaban el día comiendo tortas con mantequilla y dulce, aparte de todas las otras cosas, algunas de ellas extrañas para nosotras, y todo esto nada más que para el desayuno. Créase o no, hacía muchas semanas que no comíamos algo tan sabroso y bueno como esto; ¡ y en tanta cantidad! Había también cafeteras humeantes con café de gusto diferente, fuerte y amargo. Después de comernos las últimas migajas, nos limpiamos la boca con servilletas de papel. ¡Qué lujo! i Servilletas! Esto era desconocido en la Alemania de posguerra. ¡ Estaríamos viendo visiones, tal vez!
INICIO PAG 1
1-3-4
6
FRANCISCO HERRERA TELLO- SACADA PARA CASARSE EN
GUEGUETENANGO EN 1855-
7
MARIA YNES FELICITAS MUÑOS
HIJA DEL CIUD. JOAQUIN MUÑOS Y DE LA CIUD.
BENANCIA BELASQUEZ ( EN PARTIDAS
ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)
MARIA DEL CARMEN PALENCIA-HIJA
DEL C. JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DOLORES ESPINOZA-
(EN PARTIDAS ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES) FUE PADRINO EL
CIUDADANO CORONEL Y COMANDANTE GENERAL DEL ESTADO DE CHIAPAS JOSE
MARTINES-
10
MONICO CANO- SACADA PARA ATITLAN 1851
ESTANISLAO RODRIGUEZ CANO- VISTA PARA TECPAN-GUATEMALA-
12-118
MARIA DE LA VISITACION GARCIA
1832
17
( TIO DE BELISARIO DOMINGUEZ PALENCIA, PERSONAJE DESTACADO DE
COMITÁN. CHIAPAS- LA MADRE DE
DE BELISARIO FUE MARIA DOLORES PALENCIA ESPINOSA, HIJA DE FRANCISCO PALENCIA Y MARIA DOLORES ESPINOSA-)
YDEFONSO YGNACIO FRANCISCO
PALENCIA-ESPAÑOL- REGISTRADA PARA COMITAN EN
1855-HIJO DE C. JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DE LA CIUD. MARIA DOLORES ESPINOSA-FIRMA-
FERNANDO CORRAL-
____________________________________________
19
JOSE ESCOBEDO MATA
22-127
22
BENTURA ESCOBEDO CALDERON
23
ANA FRANCISCA MAZARIEGOS
CASTAÑEDA-SACADA PARA SAN JUAN SACATEPEQUES- 1852
25
MARIA QUINTANILLA MORALES
FRANCISCO LOPES FUENTES
MARIA FRANCISCA DEL PILAR
MERIDA TELLO
26
JOSE FRANCISCO TELLO
MORALES- SACADA PARA CUYOTENANGO AÑO DE 1860-
CLAUDIA LOPEZ- 1850 SACADA PARA PATULUL-
27
UBALDO TORRES- PARA CASARSE
EN GUEGUETENANGO- 1836
AÑO DEL SEÑOR DE 1833
28-135
NICANORA OLIBEROS
31
MANUEL DEL ESPIRITU SANTO LOPEZ LOPEZ
JUANA BAUTISTA GUERRA GALICIA
AÑO DE 1834
MANUELA FRANCISCO TELLO- PARA SAN
PEDRO SACATEPEQUES-1 SEP-DIC 1853
32-40 INICIO
44 (3)
JOSE BALENTIN MUÑOS -HIJO
DE JOAQUIN MUÑOS Y BENANCIA VELASQUEZ-
(EN PARTIDAS ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)PADRINOS JOAQUIN MONT Y
BACILIA ANTONIA OCAÑA
MARIA DEL CARMEN PALENCIA-VISTA PARA CASARSE EN COMITAN 1857- JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DE LA CIUD. MARIA DOLORES ESPINOSA ( EN PARTIDAS
ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)-FUE SU PADRINO EL
CIUDADANO PEBITERO BERNABÉ LEMUS, CURA P. DE
GUEGUETENANGO-
MARIA DE LA SUNCION FERNANDEZ
47
93-francisca LEIBA ARGUETA-
PARA GUEGUETENANGO EN 1860-
49-50
51
JOSE ANTONIO
CRISANTO PALENCIA ESPINOSA-PADRINO EL CIUD. PRESBITERO JOSE YGNACIO SALDAÑA-
54
PABLO FRANCISCO OLIBEROS LOPEZ
56-58-59-
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-252-257 --MARCELO VILLAGUEZ-JUANA MANRIQUE-259 HIJINIO VILLAGUEZ-260 CECILIO NAZARIO-265-265 EFRON BARRIOS
MANRIQUE
583-584-587-589-590 manuel ARRIOLA -591 MANUEL DE PAZ CABALLEROS-HERIDA-
HIJO DE ALTA GRACIA CABALLEROS DE COMITAN
CHIAPAS-592-594 597-sebastian gramajo valdes-598 JOSE DE LEON
REGALIZO-600
650 VASQUEZ ALMENGOR- 656 JESUS
CALDERON HIJA DE LAUREANA CALDERON-657 -659 ZOILA AMERICANA SOTO
DEFUNCIONES SALCAJA CIVIL
1900-1925
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-252-257 --MARCELO VILLAGUEZ-JUANA MANRIQUE-259 HIJINIO VILLAGUEZ-260 CECILIO NAZARIO-265-265 EFRON BARRIOS
MANRIQUE
583-584-587-589-590 manuel ARRIOLA -591 MANUEL DE PAZ
CABALLEROS-HERIDA- HIJO DE ALTA GRACIA
CABALLEROS DE COMITAN CHIAPAS-592-594 597-sebastian gramajo
valdes-598 JOSE DE LEON REGALIZO-600
650 VASQUEZ ALMENGOR- 656 JESUS
CALDERON HIJA DE LAUREANA CALDERON-657 -659 ZOILA AMERICANA SOTO
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-252-257 --MARCELO VILLAGUEZ-JUANA MANRIQUE-259 HIJINIO VILLAGUEZ-260 CECILIO NAZARIO-265-265 EFRON BARRIOS
MANRIQUE
583-584-587-589-590 manuel ARRIOLA -591 MANUEL DE PAZ
CABALLEROS-HERIDA- HIJO DE ALTA GRACIA
CABALLEROS DE COMITAN CHIAPAS-592-594 597-sebastian gramajo
valdes-598 JOSE DE LEON REGALIZO-600
650 VASQUEZ ALMENGOR- 656 JESUS
CALDERON HIJA DE LAUREANA CALDERON-657 -659 ZOILA AMERICANA SOTO
9
parroq huehue
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FRANCISCO HERRERA TELLO- SACADA PARA CASARSE EN
GUEGUETENANGO EN 1855-
7
MARIA YNES FELICITAS MUÑOS
HIJA DEL CIUD. JOAQUIN MUÑOS Y DE LA CIUD.
BENANCIA BELASQUEZ ( EN PARTIDAS
ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)
MARIA DEL CARMEN PALENCIA-HIJA
DEL C. JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DOLORES ESPINOZA-
(EN PARTIDAS ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES) FUE PADRINO EL
CIUDADANO CORONEL Y COMANDANTE GENERAL DEL ESTADO DE CHIAPAS JOSE
MARTINES-
10
MONICO CANO- SACADA PARA ATITLAN 1851
ESTANISLAO RODRIGUEZ CANO- VISTA PARA TECPAN-GUATEMALA-
12-118
MARIA DE LA VISITACION GARCIA
1832
17
( TIO DE BELISARIO DOMINGUEZ PALENCIA, PERSONAJE DESTACADO DE
COMITÁN. CHIAPAS- LA MADRE DE
DE BELISARIO FUE MARIA DOLORES PALENCIA ESPINOSA, HIJA DE FRANCISCO PALENCIA Y MARIA DOLORES ESPINOSA-)
YDEFONSO YGNACIO FRANCISCO
PALENCIA-ESPAÑOL- REGISTRADA PARA COMITAN EN
1855-HIJO DE C. JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DE LA CIUD. MARIA DOLORES ESPINOSA-FIRMA-
FERNANDO CORRAL-
____________________________________________
19
JOSE ESCOBEDO MATA
22-127
22
BENTURA ESCOBEDO CALDERON
23
ANA FRANCISCA MAZARIEGOS
CASTAÑEDA-SACADA PARA SAN JUAN SACATEPEQUES- 1852
25
MARIA QUINTANILLA MORALES
FRANCISCO LOPES FUENTES
MARIA FRANCISCA DEL PILAR
MERIDA TELLO
26
JOSE FRANCISCO TELLO
MORALES- SACADA PARA CUYOTENANGO AÑO DE 1860-
CLAUDIA LOPEZ- 1850 SACADA PARA PATULUL-
27
UBALDO TORRES- PARA CASARSE
EN GUEGUETENANGO- 1836
AÑO DEL SEÑOR DE 1833
28-135
NICANORA OLIBEROS
31
MANUEL DEL ESPIRITU SANTO LOPEZ LOPEZ
JUANA BAUTISTA GUERRA GALICIA
AÑO DE 1834
MANUELA FRANCISCO TELLO- PARA SAN
PEDRO SACATEPEQUES-1 SEP-DIC 1853
32-40 INICIO
44 (3)
JOSE BALENTIN MUÑOS -HIJO
DE JOAQUIN MUÑOS Y BENANCIA VELASQUEZ-
(EN PARTIDAS ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)PADRINOS JOAQUIN MONT Y
BACILIA ANTONIA OCAÑA
MARIA DEL CARMEN PALENCIA-VISTA PARA CASARSE EN COMITAN 1857- JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DE LA CIUD. MARIA DOLORES ESPINOSA ( EN PARTIDAS
ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)-FUE SU PADRINO EL
CIUDADANO PEBITERO BERNABÉ LEMUS, CURA P. DE
GUEGUETENANGO-
MARIA DE LA SUNCION FERNANDEZ
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93-francisca LEIBA ARGUETA-
PARA GUEGUETENANGO EN 1860-
49-50
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JOSE ANTONIO
CRISANTO PALENCIA ESPINOSA-PADRINO EL CIUD. PRESBITERO JOSE YGNACIO SALDAÑA-
54
PABLO FRANCISCO OLIBEROS LOPEZ
56-58-59- 25 12 18
y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y
Samaria, y hasta los confines de la tierra. Hechos 1-8
______________________________
______________________________
DE SEFARAD A
HISPANOAMERICA--
LA GENETICA DE RICARDO ABRAHAM
LOPEZ PALACIOS
Por AbrahamdeArim
2016
Capitulo I
EL CAPITAN SAMUEL BEN
ABRAHAM, LOS FENICIOS Y LOS VIRACOCHAS DEL PERU
950 A.C-
La poderosa
flota (ab) se iba
acercando al puerto de destino. En la cubierta de la principal hallábase
un hombre cuya estaura pasaba más allá de 1.75 (1). Vestía
el traje y la insignia militar corespondiente al poderoso ejército del
rey Salomón. De joven y atractivo rostro (2), Atletica y gallarda presencia.
Sus ojos claros y azules (3) como el mar mediterraneo, largos cabellos rojizos dorados(4) y espesa barba del mismo
color , piel que en su tiernas infancia había sido blanca (5), había
tornádose broncinea por la brisa salada y por el intenso sol de las
tierras visitadas .. su comprensión y nobleza, hacían de él, idoneo
Capitán del contingente marinero de la tribu de Zabulón (a) y de los guerreros infantes de marina de la tribu de Juda que
ofrecian la protección propiamente militar (b) por ordenes del sabio rey(c)
también a los marineros fenicios que tripulaban la flota que tres años antes
había partido a la tierra de Ofir(d)-
Tres años atrás habían levado
anclas desde el puerto de Ezión Geber al que ahora regresaban.
Numerosas y variadas eran las
aventuras que habían vivido en las diferentes tierras visitadas. En la mayoria
de remotas tierras visitada los habitantes les llamaron
"hijos del sol", debido a que una buena parte de la tripulación
fenicia era de cabellos y barbas de color rojizo, la misma razón por la
que eran llamados por los griegos "phoeniki","hombres
rojos". Los gobernantes de la tierra que en la epoca colonial española y
moderna sería llamada Perú. le otorgaron una princesa a un capitán tirio
de quienes nacería una preciosa niña de piel blanca y cabellos rojos como la
flama. De esta princesita a su tiempo se originaria
una dinastía de reyes blancos de cabellos colorados que reclamarían ser hijos
del sol. No nos extrañe que hoy en en el
Perú los arqueólogos y antroplogos desentierren momías reales de
piel blanca, y de cabellos rubios.
En edicion
Referencias
3:8 ¿Quién decretó esto sobre
Tiro, la que repartía coronas, cuyos negociantes
eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra?
23:9 Jehová de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia de toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la tierra.
23:9 Jehová de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia de toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la tierra.
Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer,((2) ni a lo grande de su estatura,(1)
“Mi amado es blanco (5)y rubio,(4)
señalado entre diez mil. Su cabeza como oro finísimo.(4)Cantar de los Cantares
5.10 y 11
Y envió a buscarlo y lo hizo
entrar. Era rubio(4), de ojos hermosos(3) y
bien parecido2). Y el SEÑOR dijo: "Levántate,
úngelo; porque éste es."
17:42 Y cuando el filisteo miró y vio a David,
le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio(4), y de hermoso parecer(2)
Sus nobles fueron
más puros que la nieve (5), mas blancos (5) que la leche(5):
más rubios (4) eran sus cuerpos que el coral…Lamentaciones
4.1 y 8
Zabulón (a) habitará a la orilla del mar; y él será puerto para
naves, y su límite será hasta Sidón
.Gen. 49.3
Y de Zabulón, dijo: Alégrate, Zabulón (a), en tus salidas(b) Deut 33.18
Y por medio de sus
siervos, Hiram
le envió naves (ab) y marinos conocedores del mar; y éstos fueron con los
siervos de Salomón (c)a Ofir(d)., y de allí tomaron cuatrocientos cincuenta talentos de
oro,
que llevaron al rey Salomón. 2 Cro. 8-18
La flota de Hiram que había
traído el oro de Ofir, traía también
de Ofir mucha madera de brasil, y
piedras preciosas. Sagradas Escrikturas
LA JOVEN QUE AMO LA SVASTICA
-MARIA ANA HIRSCHMANN
De
Norteamérica, con Amor
Pags.. 139-141
Si no hubiera
estado tan cansada, me habría dado cuenta: al irnos aproximando al edificio de
la luz, no se nos cruzó por la mente que la casa no era el casco principal de
una granje alemana. Lo único que sabía era que no podía dar un paso más
cargando esa chica. Además, se le observaba ya una palidez mortecina.
Me arrimé a la puerta y llamé. No hubo respuesta. Empecé entonces a golpear la puerta con mi puño, resuelta a insistir hasta que alguien atendiera. Si la familia del granjero viera a la pequeña, tal vez se apiadarían de ella y nos prestarían ayuda. Lo único que yo buscaba era un lugar apropiado donde ella se pudiera secar.
Inesperadamente la puerta se abrió, y apareció un soldado norteamericano. Yo sabía que era norteamericano porque había visto fotografías de soldados de esa nacionalidad durante la guerra, cuando yo era adoctrinadora nazi. No recordaba bien la enseñanza que había recibido sobre estos hombres, pero sabía dos cosas: que eran unos pistoleros por vivir en ciudades sucias, y que todos masticaban chicle, mala costumbre que dañaba mucho la dentadura.
Me arrimé a la puerta y llamé. No hubo respuesta. Empecé entonces a golpear la puerta con mi puño, resuelta a insistir hasta que alguien atendiera. Si la familia del granjero viera a la pequeña, tal vez se apiadarían de ella y nos prestarían ayuda. Lo único que yo buscaba era un lugar apropiado donde ella se pudiera secar.
Inesperadamente la puerta se abrió, y apareció un soldado norteamericano. Yo sabía que era norteamericano porque había visto fotografías de soldados de esa nacionalidad durante la guerra, cuando yo era adoctrinadora nazi. No recordaba bien la enseñanza que había recibido sobre estos hombres, pero sabía dos cosas: que eran unos pistoleros por vivir en ciudades sucias, y que todos masticaban chicle, mala costumbre que dañaba mucho la dentadura.
Este soldado
era alto, estaba armado ... ¡y mascando! "¿Qué quiere usted?"
preguntó con parsimonia, mientras que pasaba el chicle de un lado de la boca al
otro. Observé cómo
le brillaba la dentadura.
Me quedé como petrificada por el terror, y la expresión de mi rostro debe de haber hablado más fuerte que mi torpe tartamudeo en alemán pidiendo auxilio. No sabía nada de inglés, y era evidente que el soldado no sabía alemán, pues no me entendía. Me echó una mirada inquisidora, y entonces se dio vuelta y llamó a alguien por su nombre. De inmediato se presentó un intérprete, y preguntó en alemán qué era lo que queríamos.
—Acabamos de venir del lado ruso, y encontramos esta chica sola en el bosque —le expliqué—. Tuvimos que cruzar el río, y la criatura se mojó hasta la cabeza. Morirá, a menos que pueda secarse y estar en lugar templado. Y por favor, dígale a ese soldado que no nos mande de vuelta a los rusos. — —La nena había hundido su cabecita en mi hombro y lloriqueaba en silencio.
Nunca, ni aun en sueños, creí que fuera posible lo que sucedió después. ¡La puerta se abrió de par en par, y fuimos invitadas a entrar! Llegaron otros soldados y trajeron una cama y frazada. Me dijeron que le quitara a la chica la ropa mojada y que la envolviera en un frazada. Entonces acostamos ese frío cuerpecito en la cama. Mientras tanto, otro soldado había traído una taza grande de chocolate caliente. Al sostenerle la cabecita, bebió el chocolate con impaciencia y voracidad. Observé entonces cómo sus mejillas iban adquiriendo colorido, mientras sus manitas frías fueron aflojando la presión con que tenían asidos mis dedos. Con todo mi cariño bajé su cabecita, y le dije que se durmiera. Hizo un gesto afirmativo, y entonces me dirigí al rincón donde estaba Micherle, de pie.
Pero algunos soldados empezaron a hablarle a la niña. En un idioma extraño, por supuesto, pero parecía como que le estuvieran hablando en media lengua, al estilo infantil. Parecían payasos, haciéndole caras raras mientras sus ojos les bailaban en sus órbitas. Ella se sentó y empezó a mirarlos. Al rato perdió su timidez y empezó a hablar alegremente con esos muchachotes. Todos se divirtieron mucho, a pesar de no poderse entender.
Yo estaba de pie en mi rincón, toda confusa. ¿Era posible que esto fuera así? En nuestra ignorancia, estábamos ahora a la merced de los soldados norteamericanos, nuestros enemigos, a quienes habíamos recurrido en demanda de ayuda. Nos habían hecho pasar y habían atendido a la nena; y ahora la estaban entreteniendo, riendo y saltando. ¿Qué razón había para que nos trataran tan bien estos pistoleros, que en su odio para con los alemanes habían incluso cruzado el mar para combatirnos? Aunque no lo parecía, esto debía ser una trampa muy grande. ¡ Parecía todo tan natural! ¿Era posible que ahora dudara de que los norteamericanos eran unos pistoleros, y por otro lado, que creyera que se comportaban como seres humanos? Puede ser que yo hubiera estado mal informada. Una vez más tuve la sensación de que había en mí algo que se estaba derrumbando. En efecto, se estaba diluyendo el concepto que tenía de los norteamericanos. Se estaba comprobando, una vez más, que la sucia propaganda de Goebbels era una vil mentira.
Finalmente la chica se durmió y los soldados se quedaron quietos. Algunos se retiraron de puntillas, mientras que no faltaron algunos que permanecieron junto a su cama. Yo me adelanté para observar a la niñita mientras dormía. Ahora bien, habíamos cumplido con lo que nos habíamos propuesto, de modo que ya era hora de que Micherle y yo continuáramos nuestro viaje. La niña parecía quedar en buenas manos. Con una inclinación de cabeza dije tímidamente Danke (gracias) y nos dirigimos a la salida.
Pero antes de llegar a la puerta, un soldado habló. Hizo gestos, y trató de hacerme entender algo. Se restregó los ojos y preguntó: "¿Están cansadas, con sueño ... querrán ustedes dormir también?"
¡Así que era eso lo que quería! Los soldados son todos iguales, pensé. Sacudí mi cabeza con gran disgusto y volví en dirección a la puerta. "Nein, nein Danke" (No, no gracias), dije con aspereza.
El soldado pareció leer mis pensamientos.
Me quedé como petrificada por el terror, y la expresión de mi rostro debe de haber hablado más fuerte que mi torpe tartamudeo en alemán pidiendo auxilio. No sabía nada de inglés, y era evidente que el soldado no sabía alemán, pues no me entendía. Me echó una mirada inquisidora, y entonces se dio vuelta y llamó a alguien por su nombre. De inmediato se presentó un intérprete, y preguntó en alemán qué era lo que queríamos.
—Acabamos de venir del lado ruso, y encontramos esta chica sola en el bosque —le expliqué—. Tuvimos que cruzar el río, y la criatura se mojó hasta la cabeza. Morirá, a menos que pueda secarse y estar en lugar templado. Y por favor, dígale a ese soldado que no nos mande de vuelta a los rusos. — —La nena había hundido su cabecita en mi hombro y lloriqueaba en silencio.
Nunca, ni aun en sueños, creí que fuera posible lo que sucedió después. ¡La puerta se abrió de par en par, y fuimos invitadas a entrar! Llegaron otros soldados y trajeron una cama y frazada. Me dijeron que le quitara a la chica la ropa mojada y que la envolviera en un frazada. Entonces acostamos ese frío cuerpecito en la cama. Mientras tanto, otro soldado había traído una taza grande de chocolate caliente. Al sostenerle la cabecita, bebió el chocolate con impaciencia y voracidad. Observé entonces cómo sus mejillas iban adquiriendo colorido, mientras sus manitas frías fueron aflojando la presión con que tenían asidos mis dedos. Con todo mi cariño bajé su cabecita, y le dije que se durmiera. Hizo un gesto afirmativo, y entonces me dirigí al rincón donde estaba Micherle, de pie.
Pero algunos soldados empezaron a hablarle a la niña. En un idioma extraño, por supuesto, pero parecía como que le estuvieran hablando en media lengua, al estilo infantil. Parecían payasos, haciéndole caras raras mientras sus ojos les bailaban en sus órbitas. Ella se sentó y empezó a mirarlos. Al rato perdió su timidez y empezó a hablar alegremente con esos muchachotes. Todos se divirtieron mucho, a pesar de no poderse entender.
Yo estaba de pie en mi rincón, toda confusa. ¿Era posible que esto fuera así? En nuestra ignorancia, estábamos ahora a la merced de los soldados norteamericanos, nuestros enemigos, a quienes habíamos recurrido en demanda de ayuda. Nos habían hecho pasar y habían atendido a la nena; y ahora la estaban entreteniendo, riendo y saltando. ¿Qué razón había para que nos trataran tan bien estos pistoleros, que en su odio para con los alemanes habían incluso cruzado el mar para combatirnos? Aunque no lo parecía, esto debía ser una trampa muy grande. ¡ Parecía todo tan natural! ¿Era posible que ahora dudara de que los norteamericanos eran unos pistoleros, y por otro lado, que creyera que se comportaban como seres humanos? Puede ser que yo hubiera estado mal informada. Una vez más tuve la sensación de que había en mí algo que se estaba derrumbando. En efecto, se estaba diluyendo el concepto que tenía de los norteamericanos. Se estaba comprobando, una vez más, que la sucia propaganda de Goebbels era una vil mentira.
Finalmente la chica se durmió y los soldados se quedaron quietos. Algunos se retiraron de puntillas, mientras que no faltaron algunos que permanecieron junto a su cama. Yo me adelanté para observar a la niñita mientras dormía. Ahora bien, habíamos cumplido con lo que nos habíamos propuesto, de modo que ya era hora de que Micherle y yo continuáramos nuestro viaje. La niña parecía quedar en buenas manos. Con una inclinación de cabeza dije tímidamente Danke (gracias) y nos dirigimos a la salida.
Pero antes de llegar a la puerta, un soldado habló. Hizo gestos, y trató de hacerme entender algo. Se restregó los ojos y preguntó: "¿Están cansadas, con sueño ... querrán ustedes dormir también?"
¡Así que era eso lo que quería! Los soldados son todos iguales, pensé. Sacudí mi cabeza con gran disgusto y volví en dirección a la puerta. "Nein, nein Danke" (No, no gracias), dije con aspereza.
El soldado pareció leer mis pensamientos.
De Norteamérica, con Amor
Pags.. 142-144
_Vea__dijo con
orgullo señalándose a sí mismo— yo americano.
—Su ancho pecho pareció ampliarse en varios centímetros. Habló pausadamente y
midiendo sus palabras, después de lo cual yo hice una inclinación de cabeza.
Sí, realmente ¡ era un norteamericano!
—Yo no ruso. —Señaló hacia el este y sacudió con fuerza su cabeza.
Hice un nuevo movimiento de cabeza. En realidad, no era un ruso.
—I good man. —Gutter Mann en alemán. Entendí su significado —hombre bueno— por su pronunciación similar en ambos idiomas. Se sonrió y mostró sus dientes blancos y grandes.
Me quedé mirándolo. ¿Era realmente bueno? Cada uno de nosotros entendió lo que el otro pensaba.
Fue hacia una puerta, la abrió, y nos hizo un ademán de entrar. Vimos allí dos camas y frazadas en una pequeña habitación. Debe haber sido una sala de primeros auxilios. Hizo un gesto con la cabeza, y restregó nuevamente sus ojos. "Ustedes con sueño, vayan dormir. Nosotros, hombres buenos".
Nuevamente vacilé. No era razonable confiar, y yo sabía que era preferible huir. Pero ahí había algo que me lo impedía. Esas camas parecían tan buenas, y las frazadas tan secas y calientes, y por otro lado mis ojos estaban muy cargados de sueño. Durante varias semanas venía huyendo de todo. Estaba cansadísima de tanto correr. Después de todo, me arriesgaría. Me acostaría y dormiría mientras todos esos soldados estarían andando a nuestro alrededor. Era una locura ser tan confiada, pero después de todo ya estaba resuelto.
Con una insinuación de sonrisa miré a nuestro anfitrión a los ojos, e hice un lento movimiento de cabeza. Cortésmente mantuvo abierta la puerta hasta que hubimos entrado, la cerró luego cuidadosamente, y se retiró.
Sin más preámbulos nos arrojamos sobre las camas y nos cubrimos con las frazadas. Nos dormimos, entonces, en cuestión de minutos.
No sé cuánto tiempo dormimos, cuando bruscamente sonó un fuerte golpe en la puerta que me hizo pegar un salto. Asustada, exclamé : "¿ Quién es? ¿ Qué quiere?"
De inmediato entró un soldado vestido de blanco que resultó ser un cocinero del ejército. Era de cara redonda, bien rellena, rosada. Muy simpático era, y parecía gozar de excelente salud. Sonrió francachonamente, lo que hizo que su cara apareciera más redonda y más llena aún. Llevaba puesto un gorro de cocinero. También su cuerpo era redondo y bien relleno, parcialmente recubierto por un gran delantal blanco. Entre sus manos sostenía una bandeja cargada de comida. Asentó la bandeja, y haciendo un guiño jovial preguntó: "¿ Quieren comer ?"
Casi sin creer lo que veía y oía, hice un gesto de asentimiento. ¡ Se entendía que nosotras también teníamos derecho a comer! Le echó un vistazo a la bandeja. Estaba cargada de manjares varios. Yo pensaba para mis adentros cuál de ellos podríamos comer nosotras. Era seguro que este hombre comería juntamente con nosotras. Le miré la cara, y la espera de sus instrucciones.
—Coman —dijo al vernos titubear.
—¿Alles? (¿todo?) —pregunté con incredulidad.
—Yo no ruso. —Señaló hacia el este y sacudió con fuerza su cabeza.
Hice un nuevo movimiento de cabeza. En realidad, no era un ruso.
—I good man. —Gutter Mann en alemán. Entendí su significado —hombre bueno— por su pronunciación similar en ambos idiomas. Se sonrió y mostró sus dientes blancos y grandes.
Me quedé mirándolo. ¿Era realmente bueno? Cada uno de nosotros entendió lo que el otro pensaba.
Fue hacia una puerta, la abrió, y nos hizo un ademán de entrar. Vimos allí dos camas y frazadas en una pequeña habitación. Debe haber sido una sala de primeros auxilios. Hizo un gesto con la cabeza, y restregó nuevamente sus ojos. "Ustedes con sueño, vayan dormir. Nosotros, hombres buenos".
Nuevamente vacilé. No era razonable confiar, y yo sabía que era preferible huir. Pero ahí había algo que me lo impedía. Esas camas parecían tan buenas, y las frazadas tan secas y calientes, y por otro lado mis ojos estaban muy cargados de sueño. Durante varias semanas venía huyendo de todo. Estaba cansadísima de tanto correr. Después de todo, me arriesgaría. Me acostaría y dormiría mientras todos esos soldados estarían andando a nuestro alrededor. Era una locura ser tan confiada, pero después de todo ya estaba resuelto.
Con una insinuación de sonrisa miré a nuestro anfitrión a los ojos, e hice un lento movimiento de cabeza. Cortésmente mantuvo abierta la puerta hasta que hubimos entrado, la cerró luego cuidadosamente, y se retiró.
Sin más preámbulos nos arrojamos sobre las camas y nos cubrimos con las frazadas. Nos dormimos, entonces, en cuestión de minutos.
No sé cuánto tiempo dormimos, cuando bruscamente sonó un fuerte golpe en la puerta que me hizo pegar un salto. Asustada, exclamé : "¿ Quién es? ¿ Qué quiere?"
De inmediato entró un soldado vestido de blanco que resultó ser un cocinero del ejército. Era de cara redonda, bien rellena, rosada. Muy simpático era, y parecía gozar de excelente salud. Sonrió francachonamente, lo que hizo que su cara apareciera más redonda y más llena aún. Llevaba puesto un gorro de cocinero. También su cuerpo era redondo y bien relleno, parcialmente recubierto por un gran delantal blanco. Entre sus manos sostenía una bandeja cargada de comida. Asentó la bandeja, y haciendo un guiño jovial preguntó: "¿ Quieren comer ?"
Casi sin creer lo que veía y oía, hice un gesto de asentimiento. ¡ Se entendía que nosotras también teníamos derecho a comer! Le echó un vistazo a la bandeja. Estaba cargada de manjares varios. Yo pensaba para mis adentros cuál de ellos podríamos comer nosotras. Era seguro que este hombre comería juntamente con nosotras. Le miré la cara, y la espera de sus instrucciones.
—Coman —dijo al vernos titubear.
—¿Alles? (¿todo?) —pregunté con incredulidad.
—Sí,
todo. —Parecía que esta situación le divertía mucho.
—¡Danke, Danke!
Sonrió y se retiró de la habitación.
Con impulso vacilante tomábamos los alimentos. Traté de untar el pan con la mantequilla. Nunca antes había visto pan tan extraordinariamente blanco. En mi país comíamos pan negro de centeno, de calidad inferior. Llamábamos Kuchen (tortas) a todos los productos de panadería de color blanco. Lo que yo no entendía era por qué los soldados norteamericanos empezaban el día comiendo tortas con mantequilla y dulce, aparte de todas las otras cosas, algunas de ellas extrañas para nosotras, y todo esto nada más que para el desayuno. Créase o no, hacía muchas semanas que no comíamos algo tan sabroso y bueno como esto; ¡ y en tanta cantidad! Había también cafeteras humeantes con café de gusto diferente, fuerte y amargo. Después de comernos las últimas migajas, nos limpiamos la boca con servilletas de papel. ¡Qué lujo! i Servilletas! Esto era desconocido en la Alemania de posguerra. ¡ Estaríamos viendo visiones, tal vez!
—¡Danke, Danke!
Sonrió y se retiró de la habitación.
Con impulso vacilante tomábamos los alimentos. Traté de untar el pan con la mantequilla. Nunca antes había visto pan tan extraordinariamente blanco. En mi país comíamos pan negro de centeno, de calidad inferior. Llamábamos Kuchen (tortas) a todos los productos de panadería de color blanco. Lo que yo no entendía era por qué los soldados norteamericanos empezaban el día comiendo tortas con mantequilla y dulce, aparte de todas las otras cosas, algunas de ellas extrañas para nosotras, y todo esto nada más que para el desayuno. Créase o no, hacía muchas semanas que no comíamos algo tan sabroso y bueno como esto; ¡ y en tanta cantidad! Había también cafeteras humeantes con café de gusto diferente, fuerte y amargo. Después de comernos las últimas migajas, nos limpiamos la boca con servilletas de papel. ¡Qué lujo! i Servilletas! Esto era desconocido en la Alemania de posguerra. ¡ Estaríamos viendo visiones, tal vez!
La Apuesta del Cementerio
(Condensado de «The Saturday
Review of Literature»)
Por Leonard Q. Ross
SELECCIONES DEL READER'S
DIGEST MARZO 1942
-tendría yo de nueve a diez años
cuando leí este cuento, que no he podido olvidar desde entonces, tan
profundamente quedó grabado en mi memoria, por la impresión de espanto que me
produjo. Lo he referido, después, muchas veces a
multitud e personas, sin que ninguna acertara a decirme quién es el autor
del relato ni cuál el origen del mismo.
IVÁN era un hombrecillo sumamente
miedoso; tan miedoso que los vecinos del pueblo en que vivía lo llamaban
«gallina», o, extremando la burla, «Iván el Terrible». Todas las noches pasaba
un rato en la taberna vecina al cementerio, el cual no atravesaba nunca para ir
a su casa, aunque le hubiera ahorrado unos cuantos minutos de camino hacerlo
así, pues vivía precisamente al otro lado. Pero la mansión de los muertos le
infundía un gran respeto. No se hubiera aventurado a cruzarla, ni aun en las
noches en que la bañaba una luna tan clara como el día.
Una de invierno, en que aullaba
el viento, los parroquianos de la taberna empezaron a molestar al hombrecillo
como de costumbre. «Cuando la madre de Iván estaba
encinta de él la asustó un canario», decían unos. «Iván el Terrible
...sí, el terriblemente miedoso»,
apuntaban otros.
Las débiles protestas del que era
víctima de estas pullas sirvieron sólo para envalentonar a los burlones, que
acogieron con ruidosas manifestaciones de entusiasmo la apuesta de un joven teniente de cosacos.
—Eres un gallina, Iván—dijo
éste—. A pesar del frío que está haciendo, serás capaz de helarte dando un
largo rodeo por tal de no cruzar el cementerio para ir a tu casa.
— ¿Y qué?—respondió Iván ya
amostazado—. Cruzar el cementerio no tiene nada de particular, después de todo.
¿No es un sitio como otro cualquiera?
—Sí, ¿eh?—repuso el teniente—.
Pues mira, te daré cinco rublos si
cruzas esta noche el cementerio; óvelo bien, cinco rublos en oro.
Sería tal vez el vodka; puede que
fuera la codicia de los cinco' rublos en oro, el caso fue que Iván, en medio
del asombro general, dijo pasándose la lengua por los labios, húmedos aún de
licor:
—¡Trato hecho, teniente: cruzaré
el cementerio!
El teniente puso fin al murmullo
de incredulidad que acogió estas palabras. —Toma, Iván—dijo desenvainando el
sable y entregándoselo—. Cuando llegues al medio del cementerio, lo clavarás en
tierra, frente a la tumba grande que hay allí. Esa será la prueba de que, en
realidad, te has atrevido a hacer lo que dices. Si lo encontramos allá mañana
por la mañana, te daré los cinco rublos.
Iván tomó el sable, entre las
risotadas de la concurrencia. En seguida, todos hebieron a la salud de Iván el
Terrible, y rieron de nuevo estrepitosamente.
Lúgubres, fantásticos eran los
aullidos del viento cuando Iván salió de la taberna. El frío cortaba como un
cuchillo.
La noche tenía algo de espectral.
Iván, sin embargo, se abotonó el cuello del largo y amplio capote, y dirigió
sus pasos hacia el cementerio. Percibía aún la chacota de los bebedores. Y por
encima de ella, la voz del teniente que gritaba: «¡Cinco rublos... cinco rublos
en oro para Iván, si sale con vida!»
En llegando al cementerio, empujó
la pesada cancela y entró con pie resuelto. Después de todo... ¿acaso no era un
sitio como otro cualquiera? Pero la noche estaba
como boca de lobo ... el viento aullaba de un modo siniestro... «Son
cinco rublos, ¡cinco rublos en oro!», decíase Iván para infundirse ánimo, al
sentir que su mano helada se negaba casi a sostener el sable; que las ráfagas
glaciales del viento lo hacían tiritar de pies a cabeza, no obstante su espeso
y largo capote. Al , fin, tal vez por miedo, tal vez sólo por entrar en calor,
apresuró el paso, avanzó luego a un renqueante trotecillo.
Ahí
estaba la tumba grande frente a la cual debía clavar el sable. Arrodillóse,
transido de frío. Hundió el acero, hasta la empuñadura, en la tierra cubierta
de dura capa de hielo. Vaya era cosa hecha... había estado en el cementerio...
había ganado la apuesta ... eran suyos los cinco rublos en oro! Trató de levantarse, pero no pudo. Lo tenían sujeto ...
era inútil que forcejeara. Empezó entonces a apoderarse de él un miedo creciente,
absurdo, horrible. Quiso gritar, y la voz, ahogándosele en la garganta, se
convertía en lamento inarticulado; trató de huir, pero le era imposible
moverse.
A la siguiente mañana lo
encontraron tendido frente a la tumba ... ¡había muerto de frío, de miedo! Uno de los faldones del grueso capote, sujeto por el sable
del teniente de cosacos, explicaba por qué
no pudo moverse de allí el hombrecillo en cuyas facciones
contraídas se retrataba aún el terror.
LA BIBLIA VERIFICADA
andrew ARCHIBALD
BUSCANDO
MIS ANCESTROS
HIPOLITO
LETONA Y FERNANDA DE LEON
Huehuetenango
12 mayo 2018
Defunciones 1900-1925
SALCAJA
1-8 PREVIAS-11-13 EUSEBIO DE
LEON-AVELINA DE LEON-17-18-24-27-31.32 BALAZO-36-38-40-41-AÑO 1902- 43-JESUS
OSTERBERGER -45-48BEDA LOPEZ- ERNESTINA CASTAÑEDA
DE HUEHUETENANGO-49 REGALIZO-53-56-60-63-64 OBREGON-68-70-73-AURELIA
ALVAREZ- COMITECA--74COMANDANTE CARLOS DE LEON-76-78-79 talavera-81-83-87-90-
92-93JUANA OBREGON DE LEON-94 CLEFOAS RODAS CALDERON HIJO DE ESCLEO RODAS Y DE
SUSANA CALDERON-95 -98-100-102-106-107-110-115-119-120 muerte de cohetero HIDALGO-18 AÑOS - 121-MUERTE DE COHETERO TARACENA DE 17 AÑOS-122-MUERTE DE COHETERO TARACENA 23 AÑOS-123-128SALVADOR
CABALLEROS -130-132 -136-138-142-146 de leon--viudo de juan obregon- ya
revise 150-
Falta revisar 151 a 199-(hoy,22
de mayo 2018 ) avanzo a
200-202-205-210-GREGORIO RIVERA
MUERTE VIOLENTA EN LA COMANDANCIA DE ARMAS-212 YA-
300-301-302-30-308-314-323-326-328
lorenzALMENGOR-333 YA-
400-401-404 LORETA ESTRADA
CALDERON-405 -408MIGUEL ALMENGOR-410 YA-
(22 mayo 2018)480 -481-482-486
CALDERON ESTRADA-488-489 ESCOBAR-490-495 DE LEON TALAVERA-DONATILA CALDERON
ESTRADA-496 OFELIA RODAS CALDERON-497argueta
calderon-500-505-PRINCIPIO-510-512-514-516 SUSANA CALDERON DE
RODAS-521-527-530-533
550-502-503 ADOLFO SOTOMAYOR
MUERTE VIOLENTA SOLDADO-508-511-514YA-
599-600 YA-
BUSCANDO HIPOLITO
LETONA Y FERNANDA DE LEON
Matrimonios 1819-1868
SALCAJÁ
370-371-enero
1852-374-3375-376- 378-380-382-384-385 VALDES CON GONZALES-388-389-390-portadas 394VER LETRA-395ENERO DE 1854.396-399-400SANTIZO
CON VALDES-401-rodas CON VALDES-405 ESTRADA CON CALVILLO-407-410-412-414-415-417-419SANCHES CON OCAÑA-420-422-423 ARRIOLA CON RODAS-425-427-428 RODAS
CON DIAZ-430RODAS CON ALVARADO-ARRIAGA
RODAS-431 HERRERA CON GRAMAJO-434-436 DE LEON CON RIVERA-LOPEZ CON
CALDERON-438-MARGARITO SANTISTEVAN CON LUISA LOPEZ-SECUNDINO SANTISTEVAN
CON TOMASA LOPEZ- 440- AÑO DE 1858- 441-445-447-450-453-456 460-463-467-468- 470 de salcaj-ANGEL GRAMAJO CON BONIFACIA
estrada-471 DE SALCAJA-PAULINO SANTIZO CON SERAPIA CALDERON LOPEZ-DE
SALCAJ .MIGUEL ESTRADA CON GERONIMA ARRIAGA- 472 SANTIZO JEREZ-474-476- 481 estrada CON FLORES-482GONZALES CON
ESTRADA-483-487-BALDONADO CON GRAMAJO-491
DE LEON CON VASQUEZ-495-501-502-506--509 año 1861-
1828-1 340-pag inic-341infor.344 año de 1837-LIBro DE S. CRIST. Y SALCAJA-345garcia VASQUEZ DE SALCA-JOSEFA VASQUEZ GONZALES- 346-347reymunda DE LEON DE SALCA-JOSEFA DE BARRIOS DE SALCA-348JOSEFA DE LEON DE SALCA-MARIA HIDALGO LOPEZ DE SALCA-MAXIMO ARGUETA LOPEZ DE SALCA-JUAREZ DE LEON DE SALCA-350-MANUEL D ELEON DE SALCA-351JOSE VASQUEZ VILLAGRAN DE SALCA-MARIALOPEZ-JOSE ESTRADA LOPEZ-PABLO ESTRADA CALDERON DE SALCA-352JOSE RODRIGUEZ DE LEON DE SALCA-JOSEFA VASQUEZ TOBAR DE SALCA-352MAZARIEGOS SOSA -353-354 pio taracena-355-356MANUEL DE LEON RODRIGUEZ DE SALCA-ARRIAGA VASQUEZ-JOSEFA GRAMAJO SOTO DE SALCA-ANA FERNANDA DE LEON GRAMAJO DE SALCAJA. 30 MAYO 1837-HIJA DE ELUTERIO DE LEON Y DE TEREZA GRAMAJO-MADRINA REMIGIA DE LEON --357JOSE DE RODAS-358JOSEFA --DE LEON DE SALCA-359LUISA GARCIA G-360-361 JUSTA DE LEON ARRIAGA-MARIA ortiz de leon-362 ana de LEON DE SALC-364MARIANO RIVERA LOPEZ-365JUAN DE LEON DE LEON-JOSEFA SANTIZO SOSA-366ANA ARRIAGA-367 jose de leon gonzales-JACINTA OSORIO VASQ7EZ DE SALCA- 369 JOSE YDALGO DE SALCA-ARRIAGA TARACENA - 370-371-373-375JOSE OVALLE-376-377SERAPIA ALVARdo lopez de SIJA-378JOSE MENDOZA VASQUEZ-AÑO DE 1838-380MARIA DE LEON VALDEZ -MARIA DE LEON-381 MARIA PETRONA CALDERON LOPEZ -MARIA estrada-JOSE CIFUENTES-382 jose valdesde LEON-JOSE DE BARRIOS ARRIAGA DE SALCAJA- 384-LEONARDO SOSA AVILA-386--indice-391 principio-gemelos gonzales de salca-392-MARIA VASQUEZ LOPEZ DE SALCA-ESTEFAN GAMBOA DE SALCA-393 JOSE TARacen RODAS DE SALCA-395MARIA ARRIAGA DE SALCA-HERMENEGILDA ARRIAGA DE SALCA-396 JOSEFA VALDES DE LEON DE SALCA-397jOSE ESTRADA DE LEON -398ANTONIA GONZALES DE LEON DE SALC-399 JUANA REYES DE SIJA-Maria de LEON TOBAR DE SALCA-400 jose castañeda valdez-MIGUEL LOPEZ ORDOÑEZ-TRINIDAD DE RODAS-401JOSE DE LEON-JULIAN DE LEON DE SALCA-402-403 VALDEZ-VASQUEZ ARRIAGA DE SALCA-MARIANO DEL CARMEN DE LEON DE RODAS-ALEJO ARGUETA VASQUEZ DE SALCA-TRINIDAD SOSA DE SALCA- CERTI PARA CUYOTENANGO-405 NAZARIO VASQUEZ HERRERA-406 JOSEFA DE LEON LOPEZ DE SALCA-407 JOSE GRAMAJO DE LEON DE SALCA- MARIA ESTRADA DE BARRIOS -408-409 jose estrada franco DE SALCA-JOSE VASQUEZ VILLAGRAN DE SALCAJA-JOSE QUIÑONEZ DE OVALLE DE SALCA-TIKBURCIO DIAZ DE SALCA-410JOSEFA MEJIA CAMACHO DE SALCA-FELOPA GARCIA DE LEON DE SALCA-411MARIA ARGUETA DE LEON DE SALCA- 413PEDRO RAFAEL DE SALCA-PETRONA VALDEZ-414VICENTE YDALGO LOPEZ DE SALCAJ-JOSE LOPEZ DE SALCA-MA. LOPEZ DE SALC-MARIANO DE LEON DE SALCA-415TARACENA JAUREZ DE SALCA-JOSE FELIX REYES -JOSE CASTAÑEDA-JUAN VASQUEZ DE SALCAJA-417-418 MARIA RODAS CIFUENTES-JOSE ESTRADA DE LEON DE SALCAJ-420 MANUEL ESTRADA LOPEZ- 420MANUEL ESTRADA LOPEZ DE SALCA-421 JUAN RIVERA-423-424- 425EUSEBIA DE LEON ARRIAGA -426 JOSEFA DE LEON GRAMAJO -427 MARIA DE LEON DE SALCAJ-GEMELAS DE LEON DE SALCA-428 MARIA CALDERON DE SALCAJA-430 josefa gramajo soto de salcaja - 431TORIBIO REYES ESTRADA-432MERCEDES DE LEON.-JOSE VASQUEZ ESTRADA DE SALCA-MANUEL TARACENA RECINOS DE SALCAJA CERTIFICADA PARA SAN SEBASTIAN GUATEMALA EN 4 DIC 1888-VICENTE GRAMAJO LOPEZ DE SALCAJ-DOLORES VASQUEZ ESTRADA DE SALCAJA-DOLORES RODAS ARRIAGA DE SALCAJ-LEONA ARGUETA ARGUETA D ESALCA-JOSEFA GAMBOA DIOBOY-435JUANA JOSEFA DE ELON DE SALCAJ-MARIA SOMOZA DE LEON-436ANTONIA BARRIOS DE SALCAJ-MARIANO FLORES JUAREZ DE SALCAJ-FERNANDA DE JESUS REYES DE SALCAJA-437-439-FERNANDA DE LEON DE SALCAJA EL 27 JUNIO 1839 HIJA DE TOMASA DE LEON,Padrino SANTIAGO DE LEON 440-442JUANA DE RODAS ARRIAGA -JOSEFA RIVERA LOPEZ DE SALCAJ-ANA DE LEON DE SALC-446- YA VISTA 447-449 450 -451 ANGEL REYES PAZ-452MARIA DEL ROSARIO RODAS CHAVARIA-453JOSE CALISTO LOPEZ DE LEON DE SALCAJA-FLORENCIA ESTRADA AGUILAR-MARIA GONZALES VALDEZ-MANUEL CASTAÑEDA-ylario calderon de leon de salcaj.-456-457MERCEDES DE LEON DE SALC-458 MARIANO QUIÑONEZ DE SALCA-ANA GONZALES DE SALC-DOMINGA DE LEON GRAMAJO DE SIJA-459JOSE SANCHEZ DE SALCAJ-460 GERTRUDIS DE LEON GONZALES-MANUEL GONZALES SOSA-461 SIFORO VASQUEZ DE SALCAJA-JOSE ARGUETA TARACENA DE SALC- 462MARIA RIVERA LOPEZ DE SALCAJA-463 JOSEFA RIVERA NATARENO-465-467 SEFERINA MORALES HERNANDEZ DE SALCA-468JOSE DE LEON ESTRADA-DE SALC-469 ALEJANDRA CALDERON-MARIA LOPEZ SANTOS DE SIJA-470 tomas rodriguez DE LEON- DE SALCA-JOSE REYES DE SIJA-471-FRANCISCO VALDEZ DE LEON DE SALC-HERMENEGILDA SIFUENTES DE SIJA-472-473VICTORIA REYES DE LEON-474- RICARDO ESTRADA GONZALES DE SALC-475 YSIDORA FLORES CIFUENTES DE SALCAJ-PLOLONIO DE LEON RODAS-476JUANA ORDOÑES DE SALC-TIBURCIO SOSA RECINOS DE SALC-MARIA LOPEZ DE SALC-MARIANO MAZARIEGOS SOSA-JOSE MAZARIEGOS-477 MARIA JOSEFA REYES GRAMAJO DE SIJ- 478-480-481 ceistobal perez escobar-juan garcia DE LEON DE SALCAJ-482480-481-JUAN GARCIA DE LEON DE SALCAJA-482 ANSELMO SOTO OSORIO DE SALCAJA-VICTORIANO DE LEON DE SALCAJA-PIA DEL ROSARIO DE LEON VASQUEZ DE SALCA-483 MARIA LOPEZ DE SALCAJ-MARIA MERCEDES ESTRADA BARRIOS DE SALCAJ-484JOSE ARRIAGA-BENANCIA PEREZ REYES- 485 JOSE ANTONIO SIGUENCIA DE SIJA-JUAQUIN HIDALGO LOPEZ DE SALCA-JOSE DE LEON ESTEADA DE SALC-AGAPITO CIFUENTES DERODAS- DE SIJA-486 FRANCISCO CIFUENTES DE SIJA-487 JOSEFA ARRIAGA DE SALCA-MANUEL AGUILAR VALDEZ-488JOSE FLORES DE LEON SALC-BERNABE MARROQUIN RAMOS DE SALC-JOSE DE LEON LOPEZ-489-JOSE VALDES RODAS- 490 -492-PRINCIP-498JOSEFA LOPEZ VASQUEZ-499 1828-1842 SANTIAGO APOSTOL 500YGNACIO REYES HERNANDEZ DE SAN CARLOS SIJA- DOMINGO DE LEON LOPEZ DE SALCAJA-maria santiago de RODAS MARIA OVALLE SOSA 501JOSE DE LEON DE LEON DE SALCAJA MARIa garcia de LEONJOSEFA ARRIAGA DE RODAS DE SALCA JOSEFA DE LEON DIAS DE SALCA 502 JOSEFA LUISA RODAS LOPEZ DE SALCAJ503 504CORNELIO DE LEON ARRIAGA-505-506-507 GAVINA SANTIZO SOSA-508 JOSE VALDEZ HIDALGO-509 GEMELOS VALDEZ NOYOLA-513JOSE VALDEZ DE RODAS-DOMINGA DE RODAS ARRIAGA-514jose rosal sosa-515 515JOSE GRAMAJO DE LEON DE SALC-516-517-518-519 lauro castañeda-520JUAN VALDEZ SANTIZO-ANA TOMASA CALDERON-JUANA YDALGO CIFUENTES DE SIJA-MARIA GARCIA DE SIJA-JUAN REYES DE LEON DE SIJA-521MATILDE MAZARIEGOS REYES DE SIJA-JOSE DE RODAS DE SIJA-RAMONA REYES RUIZ DE SIJA-522SIMONA CIFUENTES GRAMAJO DE SIJA-MARIA GONZALES VALDEZ-523-525 525 MARIANA DE JESUS DE LEON DE SIJA- 526 ANCELMA CIFUENTES DE SIJA-MARIA OVALLE NATARENOS DE SALCAJA -527-528-JOSE CIFUENTES REYES DE SIJA-529 JOSEFA RAMIREZ DE LEON DE SALCA-MARIA RAMIREZ DE LEON DE SALCA-530 JOSE ESTRADA -JOSE LOPEZ DE LEON DE SALC.-JOSE ESTRADA LOPEZ DE SALCA-JOSE MAZARIEGOS DE BARRIOS DE SIJA-531-532-MARIA MANUELA DE LEON VALDEZ DE SALCAJA-JUAN RODAS-533FERNANDO ANTONIO VASQUEZ DE SALC-JOSE DE BARRIOS ARREAGA DE SALC-MARIA CIFUENTES DE LEON DE SIJA-535PAULINA DE LEON DE SALC-535JUANA DE LEON REYES DE SAN CARLOS SIJA-536PETRONA LOPEZ DE LEON DE SALCA-537JOSE PEREZ MAZARIEGOS DE SIJA-538 MARIA CALDERON RODAS-539 ANTONIO CASTAÑEDA-540MARIA SIFUENTES DE LEON DE SIJA-J. APOLONIO CALDERON DE SIJA-541JACOBA FLORES REYES-542 MARIA GRAMAJO NATARENO-JACOBA REYES LOPEZ-545JOSEFA DE LEON RUIZ -DE SALCAJA-546RAMON TOBAR BALDONADO-547JULIAN TOBAR-548JOSEFA RODRIGUEZ DE LEON-549-550Bautismos 1828-1842 550 MICAELA SIFUENTES DE SAN CARLOS SIJA -551 MARIA DEL ROSARIO VALDES-GEROMIMO REYES DE SIJA-552-J. RODAS CHAVARRIA-553 J ALVARADO BECERRA DE SIJA-TEREZA DE RODAS-554-555 RAFAELA DE PAZ DE SALC-556 GABIO GONZALES SOTO-557-560-562 MARIA MANUELA DE JESUS ESTRADA DE LEON-563jose hernandez de sija-564-567-572 VER 573-574maria santizo-575 JOSE SANTIZO-CIRIACA MAZARIEGOS- 576-577MARCELINO MENDIZABAL DE QUETZALTENANGO-JOSE RAMON REYES DE PAZ DE SIJA-PETRONILA SIFUENTES DE SIJA-580-581
1842-1857
1-INICIO-4-5--6 MANUEL DE
LEON-PETRONILA SOSA CALDERON DE SALCAJA-7 SEBASTIANA CASTILLO-NORBERTO
VALDES-8MARGARITA SANTIAGO LOPEZ-MANUELA ESCOBERO HERNANDEZ DE SIJA-ANA ROSALES
SOSA-9LUISA CIFUENTES REYES DE SIJA-JUAN PABLO GARCIA MARISCAL-10 FRANCISCA
COLLADO GRAMAJO DE SIJA-12-13-CLARA SIGUENZA DE SIJA-15
Defunciones 1900-1925
SALCAJA
1-8 PREVIAS-11-13 EUSEBIO DE LEON-AVELINA DE LEON-17-18-24-27-31.32
BALAZO-36-38-40-41-AÑO 1902- 43-JESUS
OSTERBERGER -45-48BEDA LOPEZ- ERNESTINA CASTAÑEDA
DE HUEHUETENANGO-49 REGALIZO-53-56-60-63-64 OBREGON-68-70-73-AURELIA
ALVAREZ- COMITECA--74COMANDANTE CARLOS DE LEON-76-78-79 talavera-81-83-87-90-
92-93JUANA OBREGON DE LEON-94 CLEFOAS RODAS CALDERON HIJO DE ESCLEO RODAS Y DE
SUSANA CALDERON-95 -98-100-102-106-107-110-115-119-120
muerte de cohetero HIDALGO-18 AÑOS -
121-MUERTE DE COHETERO TARACENA DE 17 AÑOS-122-MUERTE DE COHETERO TARACENA 23 AÑOS-123-128SALVADOR
CABALLEROS -130-132 -136-138-142-146 de leon--viudo de juan obregon- ya
revise 150-
Falta revisar 151 a 199-(hoy,22
de mayo 2018 ) avanzo a
151-160-( YA
REVISADAS)170- VENITO
ARRIAGA MUERTE CUANDO MARCHABA CON LAS FUERZAS EXPEDICIONARIAS ,PARTE
TELEGRAFICO DEL SEÑOR CORONEL DON MARCOS R. CALDERON -DAMIANA DE LEON TALAVERA-170-172-173-175 YA-
176-177 FERNANDO CALDERON-178-180-183-184 feliza RIVERA DE
LEON-186-188-190-192-PRINCIP 194-AURORA
LAPARRA-200-202-205-210-GREGORIO RIVERA MUERTE VIOLENTA EN LA
COMANDANCIA DE ARMAS-212 -GREGORIA REYES-214-218PANTALEON TALAVERA-219 nicolsa
HIDALGO SANTIZO-221-MATILDE DE LEON
HIDALGO-223 FRANCISCO CALDERON-226 maria TALAVERA-228-229 FRANCISCA ALMENGOR
MANRIQUE-230 HIJA DE FIDEL DE LEON Y LUZ DE
LEON-
230-232-234-237-239-JUANA VILLEGAS
VALDEZ-CELESTINA DE LEON"YNDIA"(ejemplo
de equivocación)-HIJA DE LADINOS-244
ALBERTA DE LEON CALDERON-ELISEO HERRERA DE LEON-246TRINIDAD ESCOBAR -VIRGILIA
REYES-248 SARA VILLEGAS-250-253-254
CARLOS MANRIQUE ESCOBAR-REGINALDO SOTO MANRIQUE-255 SSOLEDAD HERRERA
GRAMAJO-257 CERAPIA CALDERON LOPEZ-260-261
BANCO DE
REFERENCIAS
DEFUNCIONES SALCAJA
1900-1925
262-AURELIO HUERTAS RODAS-
263-COMPARECIO FABIAN DE LEON Y DIJO---JOSE ANGEL DE LEON LETONA HIJO DE JUAN PABLO DE LEON Y DE SARA LETONA (de León) ( HIJA DE FERNANDA
DE LEON))-264 BRUNO REGALIZO- RUPERTO DE LEON OVALLE- 265 MACARIO
ESTRADA-PEDRO VASQUEZ-266 BARTOLO GRAMAJO-MARIANO RIVERA- 268 ANTONIO VILLEGUEZ
VALDEZ- SIPRIANA DE LEON GALVEZ-FRANCISCO MAZARIEGOS CALDERON-271 NICANORA
REYES-FELIPE ARGUETA- AMELINA OVALLE OVALLE-FLAVIA OVALLE - 272 GILBERTO DE
LEON SOTO-MARIA VASQUEZ-MATIAS OVALLE -273 SANTIAGO ORACIO MANRIQUE
VALDEZ-ALFONSO VALDEZ MAZARIEGOS-ADAN ARGUETA- 274 ALFONSO MANRIQUE SOTO-
LEONCIO TALAVERA- 276 MARIA ARGUETA MANRIQUES-
FALTA 278
BUSCA ENERO DE 1911-280-283-284 lorenza rodriguez mazariegos-285
ARNULFO GRAMAJO MAZARIEGOS-ANGELA GAMBOA-289 -290 -293-298-300-301-302-30-308-314-323-326-328 lorenzALMENGOR-333 -SERAPIA HIJa de fidel de leon y
maria de leon-DESICERIO CAMACHO-337-340-PRINC-344
SANTIAGO HIDALGO -347-350-356-360-361-MARIA SILVESTRE LETONA HIJA DE OFELIA LETONA-365-368 ALBERTO DE LEON
CALDERON-370-374 FLAVIA de LEON TALAVERA-380-383-384 MARTA VILLAGUEZ-386 BLANDINA LOPEZ
MANRIQUE-390 CRISTINA HIJA DE FIDEL DE LEON Y LUZ DE LEON-392 ANGELINA GRAMAJO DE LEON-395 YA
VIST-HIPOLITO
Digitalizado
Fuente:
“Zona
Franca”. Revista De Literatura e Ideas. Págs. 6-14. Número 49, septiembre 1967. Director:
Juan Liscano. Tipografía Vargas. Edificio Llaguno, Avenida
Urdaneta, torre 1, piso10, Apto. 1—A, Caracas.
Venezuela.
PRESENCIA DE
ISRAEL
MUCHO ANTES de que estallara el conflicto entre Israel y los países árabes, César Dávila Andrade trajo desde Mérida, para Zona Franca, el estremecedor texto del rabino Racover. Una vez que lo hubimos leído, acordamos publicarlo en nuestra revista junto con otros materiales que respondieran al mismo espíritu profético y combativo. El drama secular del pueblo judío, cuyo poderoso espíritu impregna hasta los tuétanos la cultura occidental, quedaba plasmado en las imprecaciones y escalofriante fe de aquel hombre a quien ya cercaba la muerte. Desde el fondo de sí mismo, clama e interroga a Dios, mientras las balas nazis le buscan. Nuevo Prometeo, con el alma devorada por la desgracia colectiva cernida sobre su pueblo, invoca el Destino y pregunta a la providencia.
Y la respuesta nace de su propia angustia de solitario—, a quien rodea la historia de una colectividad que ha sido la víctima secular de todos los fanatismos y tentativas hegemónicas de poder, desde los más antiguos tiempos.
La pertinaz negativa de los países árabes a dejar vivir a Israel, otorga particular vigencia a este clamor desesperado. Se han vuelto a oir las amenazas de intolerancia v del racismo v la palabra "extermiminación " ha sido pronunciada una y otra vez, dentro dele contexto de una proposición de "guerra santa". Ninguna conciencia libre y despierta puede aceptar ese reto, esos propósitos de destrucción, esa invitación al genocidio, disfrazados de lucha contra el imperialismo. Son los mismos argumentos de odio mesiánico que fundamentaron las agresiones y los exterminio nacional-socialistas. Independientemente de los ínterses políticos regionales o internacionales que están e juego en el Medio Oriente, se impone una razón irrefutable: tanto derecho tienen a vivir los israelitas como los árabes. Zona Franca, con esta entrega, .rinde un homenaje de solidaridad al pueblo de Israel, en momentos en que su destino s econfunde con el destino de la paz mundial.
MUCHO ANTES de que estallara el conflicto entre Israel y los países árabes, César Dávila Andrade trajo desde Mérida, para Zona Franca, el estremecedor texto del rabino Racover. Una vez que lo hubimos leído, acordamos publicarlo en nuestra revista junto con otros materiales que respondieran al mismo espíritu profético y combativo. El drama secular del pueblo judío, cuyo poderoso espíritu impregna hasta los tuétanos la cultura occidental, quedaba plasmado en las imprecaciones y escalofriante fe de aquel hombre a quien ya cercaba la muerte. Desde el fondo de sí mismo, clama e interroga a Dios, mientras las balas nazis le buscan. Nuevo Prometeo, con el alma devorada por la desgracia colectiva cernida sobre su pueblo, invoca el Destino y pregunta a la providencia.
Y la respuesta nace de su propia angustia de solitario—, a quien rodea la historia de una colectividad que ha sido la víctima secular de todos los fanatismos y tentativas hegemónicas de poder, desde los más antiguos tiempos.
La pertinaz negativa de los países árabes a dejar vivir a Israel, otorga particular vigencia a este clamor desesperado. Se han vuelto a oir las amenazas de intolerancia v del racismo v la palabra "extermiminación " ha sido pronunciada una y otra vez, dentro dele contexto de una proposición de "guerra santa". Ninguna conciencia libre y despierta puede aceptar ese reto, esos propósitos de destrucción, esa invitación al genocidio, disfrazados de lucha contra el imperialismo. Son los mismos argumentos de odio mesiánico que fundamentaron las agresiones y los exterminio nacional-socialistas. Independientemente de los ínterses políticos regionales o internacionales que están e juego en el Medio Oriente, se impone una razón irrefutable: tanto derecho tienen a vivir los israelitas como los árabes. Zona Franca, con esta entrega, .rinde un homenaje de solidaridad al pueblo de Israel, en momentos en que su destino s econfunde con el destino de la paz mundial.
En
1962 un profesor de la Universidad de Mérida__Venezuela__, dignatario de una de las sinagogas más antiguas del
Nuevo Mundo, entregó al autor una copia de esta rara crónica de la resistencia
judía escrita sobre los escombros mismos del “Santo Ghetto” de Varsovia.
Habían hablado
de la Kábala, del Libro de los Esplendores y de diversos y sorprendentes
secretos de la Comunidad judía en el mundo, sobre
todo en sus desconocidas relaciones con el trágico destino de los españoles en
el inmediato devenir de la historia, desde los días en que éstos, con increíble
mezquindad, alquilaban a los hebreos que abandonaban la Península aterrados por
la desolación de sus hogares, las sombras de los arbustos, para guarecerse del
sol.
Habían
evocado los misteriosos y desconocidos hechos del Sínodo Judío, convocado secretamente
a fines de la Guerra civil Española y que lanzara contra España el rayo de la
memoria, tratando de enhebrarlo con los irremisibles acontecimientos del
devenir::porque los perseguidos de todos los pueblos se hallan también
encargados de la reelaboración del tejido de la justicia y de las
indiscernibles compensaciones entre los vencidos. Hablaban
y esperaban. Fue entonces cuando el escritor judío entregó este documento al
autor de esta nota.
Joseph Racover
que lo escribió aprovechando las desgarradoras pausas entre los encarnizados
ataques de la Tropas de Asalto nazis a los bamboleantes escombros del santo
Gheto, usó varios pedazos de papel de estraza provenientes de paquetes de
provisiones, y su mesa fue el último tambor de gasolina que Racover guardaba
para la voladura de su torre__desmantelada ya__ de capitán. Quería unirse a
Dios__al Extremo, al Absoluto__y al primer invasor de su refugio, en un solo
abrazo llameante, comunicando al mundo su
gesto simbólico Y lo consiguió. Poco antes de que se dibujara
bajo el dintel en escombros, el primer caso alemán, el escritor había metido su
mensaje en un viejo tarro de frijoles desocupado, y lo había tirado al mar de
cascotes humeantes del Gheto, en espera de que
alguien lo encontrara un día al remover las ruinas. Y esas páginas
fueron preservadas del fuego en su estuche de hojalata”.
Cesar Dávila
Andrade
Caracas
Noviembre 1966.
INVOCACION A DIOS
Varsovia, 20 de Nisán del año 5703.
Yo, Josef Racóver, nacido en Ternopol, Jasíd del rabí
de Guer y descendiente de los justos, grandes y mártires de las
antiguas familias Racóver y los Méizel, escribe
estas palabras en momentos en que arden las casas
del santo gheto de Varsovia y el edificio en que me hallo
está a punto de ser devorado por las llamas. Hace horas se
lanza contra nosotros un fuego de
artillería terriblemente intenso; las paredes en torno
a mí se agrietan y se hacen polvo bajo el golpe continuo
de los cañones. No pasará mucho tiempo antes—de
que la morada en que me encuentro se convierta en la ardiente tumba de sus defensores.
Los rayos oblicuos y rojizos que
penetran por las hendiduras y troneras
a través de las cuales hemos disparado contra los asesinos durante días y noches interminables, me indican que
el sol marcha ya a su ocaso y es la hora indecisa que precede a su
puesta. El noble sol ignora quizá lo_poco que ya me importa no
volverlo a ver. Cosas feroces han ocurrido
en nuestros pechos: nosotros- los piadosos de Israel, los que odiabamos la sangre y la violencia, los que
tenemos, como yo, quince siglos de santos antepasados que jamás vertieron la sangre ni de las bestias ni de los
hombres, que en los tiempos
amargos de las grandes cruzadas se dejaron degollar sin proferir lamento en las tierras de la Champaña,
hoy nos hemos vuelto sanguinarios e implacables, hemos empuñado las armas de la venganza, porque la humanidad impía nos ha molido
en sus tahonas, agrió nuestra sangre
y ha cuajado en nuestro pecho la antigua leche de la santa ternura. Se han modificado todos nuestros conceptos y se han petrificado nuestros sentimientos. La
muerte lentao
instantánea será nuestra libertadora; hemos vuelto a amar los animales,de la selva y sentimos ya profundo dolor cuando se los
injuria al compararlos con
las bestias podridas que dominan Jafet. No es verdad que el Gran Monstruo Nazista tenga algo de bestial en sí; no ese verdad en modo alguno; es solamente profundo
producto de la Europa cristiana, esta Europa de fieras miserables, cuyo
espíritu infernal al esparcirse por
todas las tierras ha corrompido a la humanidad entera. El Monstruo Nazista es hijo entrañable de la humanidad actual; la humanidad entera lo ha engendrado y
educado y él es el hijo predilecto de sus más íntimos y ocultos deseos.
Perseguido por los esbirros de la policía nazista me
oculté cierta noche en un bosque y hallé
entre un pantano a un pobre perro herido a latigazos, hambriento y
ciego. Ambos sentimos la -igualdad de, nuestra
suerte y nos amamos con la ira con que se aman los perseguidos en la
tierra. Se arrastró a mi lado, lodoso y maloliente,
hundio su cabeza en mi regazo y me lamió
las manos, mis manos llenas de cortaduras por mi lucha con el
verdugo que acababa yo de estrangular. Caí sobre el
cuello del pobre perro y lloré inmensamente. No sé si alguna
vez podría volver a llorar como aquella fría y negra noche.Y envidié, a las bestias su mansedumbre y su
dulzura y me avergoncé con toda mi alma, con
toda mí alma pura y recia, machacada en el yunque de tres mil años
de austero judaísmo, macerada en la adoración del Dios Supremo durante milenios
de terrores infinitos. Y me avergoncé por el hecho de
no ser yo perro, sino hombre;
ante aquel ruin animal me avergonzaba de ser hombre, miembro de esta especie maldita,
nacido en la Europa execrable; a pesar de
tres mil años de intransigente *judaísmo. mil años sometidos a
la justicia y a la Ley, Tres tratando de
no ser como los demás hombres, pero sin poder borrar esa condición
miserable y lamentable que nos hace
inferiores. a la más hedionda de las alimañas. Los hechos inau-ditos perpetrados en Europa contra Israel nos dan la razón de que no hayamos querido ni queramos nunca ser como los demás hombres.
Por eso hemos llegado hoy al fondo del abismo: la vida es una desgracia, la muerte es una redentora, el hombre
es una piltrafa maldita; la bestia es el
ideal; el día produce horror y la noche nos emborracha de rabia
y de venganza.
Millones de hombres que gozan de la luz, que aman y viven en el mundo lejano, que están enamorados del día con su
sol y de la noche con sus
tibias penumbras, que gustan y regustan de la tierra con sus vinos, que ríen ante la carne palpitante del
fuego y bajan al abismo nutricio de las hembras, no tienen noción
alguna, ignoran en absoluto cómo el recuerdo de lo hermoso, cómo el sabor
lejano de la belleza nos ha herido y atormentado. Ignoran
cuánta desdicha y desolación nos trae hoy la luz que en otro tiempo
bendijimos. La santa y saludable claridad del día se ha
transformado en instrumento de suplicio en
manos de los que se han servido de ella para destruir las huellas
sangrientas de los que huían de la tortura.
Cuando me escondí en los bosques junto con mi mujer y mis seis hijos,
la noche, únicamente la noche voluptuosa, nos ocultaba y protegía en su seno
pavoroso. El día, el blanco día, en cambio, nos entregaba envueltos en temblor
a la espada y al corbacho de los que buscaban nuestra sangre para empapar las
rutas de la historia. No he de olvidar jamás aquella aurora iluminada por los
estridores de la Ira, cuando la claridad del día
granizó incansablemente fuego y plomo sobre los millares de fugitivos que
colmaban las rutas polvorosas de Varsovia a Grodno. Eran las bestias
rubias que contempló nuestro profeta, vomitando
su inmensa cobardía sobre el trigo del Señor. Al levantarse el día
se levantaron los aviones férreos y grises y durante un día entero, sin cesar y
sin fallar estuvieron matando y destrozando: las
ráfagas hendían y rasgaban los cuerpos, tajaban las pelvis de las madres,
hacían abortar a las mujeres encinta, degollaban a los niños, trituraban las
filas de ancianos, esparcían en los trigales vecinos trozos de cabezas, pedazos
de piernas, tripas, miembros viriles, manos unidas a manos, colgajos de carnes
y fragmentos de huesos. Las ráfagas hozaban entre pantanos de cadáveres, con
método, con ciencia, con germánica delectación. Allí cayó a mi lado mi mujer,
rajada en dos por una ráfaga maldita; vi su rostro convertido en un trozo de
carne machacada; su cuerpo abierto en dos, en el pecho espumaba entre trozos de
ropa y de pulmones la leche de mi último hijo. Con tremendos estertores de
animal degollado cesó de palpitar sobre un enorme charco de sangre negra y
pegajosa: a su lado mi hijito dE seis meses era un guiñapo incontemplable. De
mis otros cinco hijos, dos desaparecieron para siempre en aquel día nefando.
Eran David y judá, el uno de cuatro años, de seis el otro. Cuando el sol huyó
de aquella ruta miserable, oliente a carne rota y a sangre coagulada, los
heridos y los vivos que quedaban entre aquella masa de ovejas masacradas,
comenzaron a arrastrarse entre las sombras, en dirección a Varsovia. Entonces
salieron de los bosques y trigales manadas de perros hambrientos, de cerdos
famélicos, de gatos escuálidos, hasta escuadrones, de ratas tímidas, de frío
hocico y patas raudas, y empezaron a hartarse de sangre, a roer cadáveres, a
desgarrar a los moribundos. Eran los perros, cerdos, gatos y ratas,
nobles camaradas, que completaban la obra del heroísmo germánico. A lo largo de
kilómetros y kilómetros de piltrafas humanas tropezando con perros gruñentes y
dando golpes a los cerdos golosos , yo y mis tres hijos sobrevivientes
vagábamos buscando sin esperanza a mis hijos perdidos. David! ¡David'
;Judá! ¡Judá! Durante toda la noche nuestros gritos rasgaron como cuchillo el
silencio mortal de los contornos y un eco del bosque, impotente y desgarrador,
contestaba a nuestros gritos con un tono de amargura irredimible. No volví a
ver más a mis dos hijos y en el sueño me fue
ordenado que no volviera a preocuparme por su suerte, pues se encontraban
ya en el eterno descanso de la Muerte, en el seno del Supremo Señor del
Universo.
En el término de un año mis tres hijos restantes fallecieron en medio de las Indesriptibles amarguras que se, cernieron sobre el santo y atormentado gheto de Varsovia. Después de resistir con la mejor carne de sus hombres y mujeres al hierro de la Bestia Nazi, la nación polonesa fue vencida, aplastada y tratada en forma tal que ningún hijo de las llanuras ubérrimas que riegan el Vistula y el Oder podrá olvidar jamás la inexpiable herida que la pezuña germánica abrió en las carnes de la virgen polonesa. Y los hijos de Israel, asesinados ya en masa sobre las tierras de Ashkenaz, sufrieron centuplicados todos los horrores que afligieron a la nación polaca. No hay palabras en lengua alguna de la tierra que puedan describir las torturas atroces, los sufrimientos inauditos que la Bestia Germánica infligió sobre las carnes de Israel. Cuando esto escribo, todo lo que queda de la vieja y floreciente Polonia Judaica son puñados de partisanos que, unidos al ruso, combaten en guerra subterránea en los pantanos más allá del Bug,los ghetos que resisten todavía en algunas ciudades y los que aún combatimos en esta Pascua de sangre, este año execrable de 5703, aquí en este glorioso y santo gheto de Varsovia. Eso es todo lo que ha sobrevivido de aquellas vetustas y venerables comunidades qué florecieron en sabios y en santos varones a lo largo de ocho siglos. Las pavesas sangrantes de Israel fueron cazadas como ratas a lo largo y a lo ancho de las ruinas de Varsovia; se las arrastró desde las márgenes del 'Wartha, desde los campos lituanos, desde las montañas galicias, y se las encerró a morir de hambre y podredumbre entre los muros de este gheto, venerable por las virtudes inflexibles de los hombres y mujeres que en él vivieron a lo largo de los siglos, por la sabiduría de los gloriosos maestros que en él enseñaron, por la santidad de los ,justos que en él murieron glorificando el Nombre. Hombres, mujeres, niños y ancianos de Israel llegaron al gheto eternamente santo, de hoy en día, con las pupilas dilatadas y el alma triturada por el horror de las visiones: sabios rabíes, crucificados y destrozados a latigazos, mientras los verdugos germánicos —pederastas de corsé y monóculo— leían displicentemente a Nietsche o a Rosenberg;toneles de gasolina llenos de ojos humanos extraídos a jóvenes judíos, volcados ante el perro perfumado que se hacía manicuras; montañas de anteojos y de gafas a la entrada de los hornos crematorios; doncellas violadas por regimientos enteros de campesinos sajones; miles de niños entregados al furor de los pederastas prusianos y asfixiados luego en las cámaras de gases; centenares de sinagogas incendiadas; los libros santos tirados a los albañales; órdenes escritas con sangre sobre trozos de piel arrancada a seres humanos, clavadas sobre muros en ruinas; hileras infinitas de ahorcados; centenares y centenares de familias sepultadas vivas en fosas de cal; fábricas de jabón alimentadas con carne israelita. . . Toda la milenaria y tradicional crueldad de la Bestia Alemana ejercida sobre un pueblo inerme, cuya inermidad sabía segura y, por consiguiente, sin castigo inmediato o sin represalias todos los crímenes horrendos que se estaban perpetrando. El viejo y cobarde heroísmo de la Bestia Germánica que huye como un perro apaleado y se oculta temblando en sus fétidos pantanos cuando Roma omnipotente cruza el Rin, pero luego cae sobre Roma y la saquea, cuando ya Roma no es sino el fantasma de sí misma; que ante la espada fulgurante de Carlos el Francés acepta el Nazareno de rodillas y se hace humildemente bautizar, pero cuando ya el Franco se ha marchado a otra parte, entonces asesina a los monjes y quema las iglesias, viola a las vestales nazarenas y destroza todo lo que antes veneró; la raza abyecta y maldecida que lame la bota del gran Napoleón cuando cae como un rayo en Jena y Austerlitz, pero cuando ya no existe ningún Emperador, entonces se ensaña en los vencidos, exige el oro, roba, humilla e implanta sobre Europa una jauría de déspotas sumisos y feroces. Esta es la raza maldita, cobarde y execrable que se cebó en el pueblo de Israel.
En el término de un año mis tres hijos restantes fallecieron en medio de las Indesriptibles amarguras que se, cernieron sobre el santo y atormentado gheto de Varsovia. Después de resistir con la mejor carne de sus hombres y mujeres al hierro de la Bestia Nazi, la nación polonesa fue vencida, aplastada y tratada en forma tal que ningún hijo de las llanuras ubérrimas que riegan el Vistula y el Oder podrá olvidar jamás la inexpiable herida que la pezuña germánica abrió en las carnes de la virgen polonesa. Y los hijos de Israel, asesinados ya en masa sobre las tierras de Ashkenaz, sufrieron centuplicados todos los horrores que afligieron a la nación polaca. No hay palabras en lengua alguna de la tierra que puedan describir las torturas atroces, los sufrimientos inauditos que la Bestia Germánica infligió sobre las carnes de Israel. Cuando esto escribo, todo lo que queda de la vieja y floreciente Polonia Judaica son puñados de partisanos que, unidos al ruso, combaten en guerra subterránea en los pantanos más allá del Bug,los ghetos que resisten todavía en algunas ciudades y los que aún combatimos en esta Pascua de sangre, este año execrable de 5703, aquí en este glorioso y santo gheto de Varsovia. Eso es todo lo que ha sobrevivido de aquellas vetustas y venerables comunidades qué florecieron en sabios y en santos varones a lo largo de ocho siglos. Las pavesas sangrantes de Israel fueron cazadas como ratas a lo largo y a lo ancho de las ruinas de Varsovia; se las arrastró desde las márgenes del 'Wartha, desde los campos lituanos, desde las montañas galicias, y se las encerró a morir de hambre y podredumbre entre los muros de este gheto, venerable por las virtudes inflexibles de los hombres y mujeres que en él vivieron a lo largo de los siglos, por la sabiduría de los gloriosos maestros que en él enseñaron, por la santidad de los ,justos que en él murieron glorificando el Nombre. Hombres, mujeres, niños y ancianos de Israel llegaron al gheto eternamente santo, de hoy en día, con las pupilas dilatadas y el alma triturada por el horror de las visiones: sabios rabíes, crucificados y destrozados a latigazos, mientras los verdugos germánicos —pederastas de corsé y monóculo— leían displicentemente a Nietsche o a Rosenberg;toneles de gasolina llenos de ojos humanos extraídos a jóvenes judíos, volcados ante el perro perfumado que se hacía manicuras; montañas de anteojos y de gafas a la entrada de los hornos crematorios; doncellas violadas por regimientos enteros de campesinos sajones; miles de niños entregados al furor de los pederastas prusianos y asfixiados luego en las cámaras de gases; centenares de sinagogas incendiadas; los libros santos tirados a los albañales; órdenes escritas con sangre sobre trozos de piel arrancada a seres humanos, clavadas sobre muros en ruinas; hileras infinitas de ahorcados; centenares y centenares de familias sepultadas vivas en fosas de cal; fábricas de jabón alimentadas con carne israelita. . . Toda la milenaria y tradicional crueldad de la Bestia Alemana ejercida sobre un pueblo inerme, cuya inermidad sabía segura y, por consiguiente, sin castigo inmediato o sin represalias todos los crímenes horrendos que se estaban perpetrando. El viejo y cobarde heroísmo de la Bestia Germánica que huye como un perro apaleado y se oculta temblando en sus fétidos pantanos cuando Roma omnipotente cruza el Rin, pero luego cae sobre Roma y la saquea, cuando ya Roma no es sino el fantasma de sí misma; que ante la espada fulgurante de Carlos el Francés acepta el Nazareno de rodillas y se hace humildemente bautizar, pero cuando ya el Franco se ha marchado a otra parte, entonces asesina a los monjes y quema las iglesias, viola a las vestales nazarenas y destroza todo lo que antes veneró; la raza abyecta y maldecida que lame la bota del gran Napoleón cuando cae como un rayo en Jena y Austerlitz, pero cuando ya no existe ningún Emperador, entonces se ensaña en los vencidos, exige el oro, roba, humilla e implanta sobre Europa una jauría de déspotas sumisos y feroces. Esta es la raza maldita, cobarde y execrable que se cebó en el pueblo de Israel.
He aquí cómo murieron mis tres hijos en este sitio atroz, en que el poderío
de toda la abyecta nación germana se ha complacido en aplastar a un puñado
glorioso de judíos, que renunciaron para siempre a la mansedumbre y la bondad. Raquel, mi hija de diez años, oyó cierto día que en los recipientes de basuras, al otro lado de la
muralla del gheto, se podían hallar pedazos de pan y restos de comida. Eran,
en realidad, trozos de pan en descomposición y piltrafas de carne semipodrida.
El hambre en el gheto era indescriptible. Los muertos por el hambre
yacían tirados en todas las calles, como trapos sucios. Aquellos cadáveres que
el hambre había reducido a unos montones de huesos forrados con cueros
arrugados, ni siquiera se descomponían y el mal olor que daban era
insignificante. El hambre de que habían muerto los .conservaba sin podrirse.
Los hombres que habían tomado las armas en el gheto estaban dispuestos a morir
de cualquier muerte, menos de hambre. Cuando todas
las ansias espirituales. del hombre son aniquiladas por la persecución
implacable, sólo la voluntad de comer sobrevive. Había hombres en cuya mirada
se adivinaba que serían capaces de atacar a los soldadas nazis, arrancarles un
brazo y devorarlo crudo. Todo, antes de morir de hambre: la más cruel y cobarde
de todas las muertes. Mi pequeña hija
no me comunicó nada de su idea de salir fuera de las murallas
del gheto y huronear entre los recipientes de la basura. En compañía de una
amiga de su misma edad, mi hija Raquel se escurrió fuera de la muralla, por una
grieta. Una ronda nocturna les impidió regresar por la misma grieta y
debieron seguir a lo largo de la murlla, buscando alguna brecha 'accesible para
penetrar otra vez al gheto. Las niñas huyeron, pero los guardias nazis, en
compañía de rufianes polacos al servicio del invasor, ayudados por enormes mastines de presa, se lanzaron en
persecución de las dos niñas de diez años que habían salido del
gheto a buscar comida entre los recipientes de las basuras públicas. Parecía
como si aquellos héroes del germanismo dominador y aquellos eunucos del
servilismo polaco corrieran detrás de dos peligrosos hampones. Daban gritos
descomunal, agitaban las armas, azuzaban
los perros y corrían en una monstruosa masa de uniformes, cascos— metralletas y
perros. Las niñas no resistieron mucho tiempo la carrera por
entre cráteres de bombas y escombros de casas.
Raquel, mi hija, después de correr hasta el último aliento, cayó
agotada a tierra. Un sargento alemán le atravesó la
cabeza con su bayoneta. La compañera
logró correr algunos pasos más, pero cayó también sin fuerzas. Dos soldados alemanes le arrancaron los harapos que la
cubrían, y todo el grupo de perseguidores presenció en medio de grandes carcajadas cómo los enormes
perros destrozaban a la niña. Los
perros, enfurecidos, no obedecían a sus amos, y para
retirarlos de allí fue necesario dejar que se
tragaran algunos trozas de la niña.
Mi quinto hijo, Jacob, un muchacho de trece años, murió de tu- berculosis el día mismo en que llegaba a bar-mitsvá. La muerte fue para él el mejor de los regalos en aquel día solemne. El último de mis hijos, Eva, era una doncella de quince años. En el último roshhashana, mientras en el gheto martirizado se entonaban las oraciones por el comienzo de un nuevo año, los negros guardias de asalto nazis entraron con camiones celulares y se llevaron los últimos muchachos entre diez y quince años y las muchachas entre catorce y diecisiete. Todos los demás niños, menores de esas edades, fueron muertos a tiros en presencia de sus padres. De ese modo, los nazis celebraban el año nuevo en Israel. De los muchachos que se llevaron vivos tuvimos poco después la certeza del destino que habían sufrido. Los tuvieron primero dándoles buena comida en galpones cercanos a los cuarteles de las tropas alemanas. Los entregaron luego a la tradicional pederastia germánica y, finalmente, después de haber servido a los apetitos depravados de la soldadesca, los pasaron a las cámaras de gases. Las muchachas corrieron igual suerte, pero muchas de ellas, antes de ser violadas, prefirieron el suicidio. Entre éstas estuvo mi hija Eva, quien se lanzó de cabeza desde un tercer piso, antes de ser llevada al apartamento de unos oficiales alemanes. La certeza que tuvimos de estos últimos actos de la civilización alemana encendió finalmente la rebelión de este santo gheto, en esta Pascua de sangre y de fuego.
Ahora ha llegado mi hora, y lo mismo que Job, puedo decir de mí mismo —y no soy el único judío que aquí puede decirlo— que desnudo a la tierra, desnudo como el día en que nací. Tengo cuarenta y tres años, y delante de la muerte, cuando hago memoria de toda mi vida, puedo afirmar con seguridad, hasta donde un hombre puede estar seguro de sí mismo, que he vivido una vida pura, que no he hecho mal a nadie, que mi corazón siempre estuvo lleno de amor al prójimo y que he sido siempre fiel cumplidor de la Ley.' Alguna vez fui favorecido con tener dinero, pero jamás me envanecí de ello. Mi riqueza era grande, y un dia, ante los trece testigos de la. Ley, renuncié solemnemente a ella, de tal modo que si alguien me llegaba a hurtar algo era como si tomara cosas que ,no tenían dueño. Jamás pedí a nadie que me -devolviera nada que le hubiese yo dado; nunca cobré interés de nada, ni a judíos ni a gentiles. No jamás un día sin que, uno o varios menesterosos comieran o durmieran en mi casa. Siempre me sentí feliz de que pudiera favorecer de algún modo a mi prójimo, con mi dinero o con mi influencia .Servía al Señor con todo el ardor de mi alma, y lo único que le pedía era que me dejará servirle como está escrito: con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas". Después de todos los horrores que he padecido, mi fe en el Señor no se ha modificado, pero mi actitud ante El si ha cambiado completamente. Antes, en mi prosperidad, mi actitud era como la de aquel que recibe siempre favores y nunca puede retribuirlos. Pero ahora, después de lo que he padecido, es el Señor el que me debe a mí, el que está en deuda conmigo, el que me debe mucho. Y me siento con el derecho y con la fuerza de reclamarselo y con - la fuerza de reclamárselo todo. Pero no diré, como Job,que el Señor me indique con su dedo cuál es mi pecado, cuál mi falta, para que yo sepa por qué ha sobrevenido todo esto. Las desgracias de Job son caricias al lado de las desgracias que en estos años terribles han caído sobre Israel. Con todos los sabios de mi pueblo, éstoy firmemente convencido de que, ahora no se trata de un castigo por pecados o por faltas, sino que está aconteciendo algo más terrible en el mundo: estamos en una época de "ocultación del. rostro". El -Señor ha ocultado su Rostro y los hombres y -los pueblos han regresado a la barbarie. El Señor oculta su Rostro cuando se está produciendo uno de esos terribles y espantosos cambios de la historia. Tiempos totalmente nuevos vendrán después de estos días sin nombre.
Mi quinto hijo, Jacob, un muchacho de trece años, murió de tu- berculosis el día mismo en que llegaba a bar-mitsvá. La muerte fue para él el mejor de los regalos en aquel día solemne. El último de mis hijos, Eva, era una doncella de quince años. En el último roshhashana, mientras en el gheto martirizado se entonaban las oraciones por el comienzo de un nuevo año, los negros guardias de asalto nazis entraron con camiones celulares y se llevaron los últimos muchachos entre diez y quince años y las muchachas entre catorce y diecisiete. Todos los demás niños, menores de esas edades, fueron muertos a tiros en presencia de sus padres. De ese modo, los nazis celebraban el año nuevo en Israel. De los muchachos que se llevaron vivos tuvimos poco después la certeza del destino que habían sufrido. Los tuvieron primero dándoles buena comida en galpones cercanos a los cuarteles de las tropas alemanas. Los entregaron luego a la tradicional pederastia germánica y, finalmente, después de haber servido a los apetitos depravados de la soldadesca, los pasaron a las cámaras de gases. Las muchachas corrieron igual suerte, pero muchas de ellas, antes de ser violadas, prefirieron el suicidio. Entre éstas estuvo mi hija Eva, quien se lanzó de cabeza desde un tercer piso, antes de ser llevada al apartamento de unos oficiales alemanes. La certeza que tuvimos de estos últimos actos de la civilización alemana encendió finalmente la rebelión de este santo gheto, en esta Pascua de sangre y de fuego.
Ahora ha llegado mi hora, y lo mismo que Job, puedo decir de mí mismo —y no soy el único judío que aquí puede decirlo— que desnudo a la tierra, desnudo como el día en que nací. Tengo cuarenta y tres años, y delante de la muerte, cuando hago memoria de toda mi vida, puedo afirmar con seguridad, hasta donde un hombre puede estar seguro de sí mismo, que he vivido una vida pura, que no he hecho mal a nadie, que mi corazón siempre estuvo lleno de amor al prójimo y que he sido siempre fiel cumplidor de la Ley.' Alguna vez fui favorecido con tener dinero, pero jamás me envanecí de ello. Mi riqueza era grande, y un dia, ante los trece testigos de la. Ley, renuncié solemnemente a ella, de tal modo que si alguien me llegaba a hurtar algo era como si tomara cosas que ,no tenían dueño. Jamás pedí a nadie que me -devolviera nada que le hubiese yo dado; nunca cobré interés de nada, ni a judíos ni a gentiles. No jamás un día sin que, uno o varios menesterosos comieran o durmieran en mi casa. Siempre me sentí feliz de que pudiera favorecer de algún modo a mi prójimo, con mi dinero o con mi influencia .Servía al Señor con todo el ardor de mi alma, y lo único que le pedía era que me dejará servirle como está escrito: con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas". Después de todos los horrores que he padecido, mi fe en el Señor no se ha modificado, pero mi actitud ante El si ha cambiado completamente. Antes, en mi prosperidad, mi actitud era como la de aquel que recibe siempre favores y nunca puede retribuirlos. Pero ahora, después de lo que he padecido, es el Señor el que me debe a mí, el que está en deuda conmigo, el que me debe mucho. Y me siento con el derecho y con la fuerza de reclamarselo y con - la fuerza de reclamárselo todo. Pero no diré, como Job,que el Señor me indique con su dedo cuál es mi pecado, cuál mi falta, para que yo sepa por qué ha sobrevenido todo esto. Las desgracias de Job son caricias al lado de las desgracias que en estos años terribles han caído sobre Israel. Con todos los sabios de mi pueblo, éstoy firmemente convencido de que, ahora no se trata de un castigo por pecados o por faltas, sino que está aconteciendo algo más terrible en el mundo: estamos en una época de "ocultación del. rostro". El -Señor ha ocultado su Rostro y los hombres y -los pueblos han regresado a la barbarie. El Señor oculta su Rostro cuando se está produciendo uno de esos terribles y espantosos cambios de la historia. Tiempos totalmente nuevos vendrán después de estos días sin nombre.
Pero siempre en la historia ha sido constante que cuando la marea. de los
instintos bestiales domina al mundo, las víctimas
primeras sean aquellas que representan lo divino y lo puro del hombre. Israel
sabe que éste ha sido y será eternamente su destino. El pueblo que
inventó la Le, Moral y la Justicia para todas las naciones será siempre
odiado y escarnecido por todos los que desprecian la moral y la justicia.
Desde, un punto de vista personal, estos pensamientos no constituyen ningún
consuelo, pero como la suerte de nuestro pueblo no se decide por cálculos
materiales, sino por las leyes del espíritu humano, el hombre de fe debe ver en
tales acontecimientos una parte de la gran aritmética divina, frente a
la cual las tragedias humanas no cuentan nada. El Señor es un Dios de vivos, y
sabemos perfectamente, como lo dijo el sabio, que más vale un perro vivo que un
león muerto. A nosotros no nos consuela la metafísica pagana del nazarenismo.
Sabemos que el único don que el hombre tiene es la vida, como está escrito en
nuestros sabios: "el hombre es 'hombre porque vive",
y sabemos también que la pálida vida de los muertos sólo pervive en el
recuerdo o en la sangre de los vivos. Pero hace cuatro mil años —más tiempo que
ningún otro pueblo vivo de la historia— recordamos a nuestros padres y vivimos
de su espíritu y de su gloria. Bajamos así gozosamente a la muerte, seguros de que no será una nación de salvajes,
enclavada como un cáncer pestilente en el centro de la Europa nazarena, la que podrá acabar con Israel. Sabemos que
siempre habrá en el mundo viva y palpitante la Carne de Israel. Pero al perecer
no justificamos el fallo del Señor que nos condena a no vivir para cumplir las
leyes de la historia. Morimos diciéndole al Señor que si. sentencia puede ser
necesaria, que su fallo puede ser inevitable, pero no es justo ni moral. Porque
si aceptáramos la justicia o la moralidad que nos privan de la vida, de la
carne y de la sangre, blasfemaríamos contra nosotros mismos y profanaríamos el
nombre inefable de Israel. Y al mismo tiempo blasfemaríamos contra el Señor,
pues está escrito: quien blasfema contra sí mismo disminuye al Señor.
En la situación en que me encuentro no espero ningún cambio ni le pido
al Señor que se apiade de mí. Que se comporte conmigo con la misma
indiferencia con que se ha comportado frente a míllones de su pueblo. Yo no soy ningún judío excepcional y no espero ninguna
misericordia del Señor. No intentaré tampoco salvarme y no huiré de aquí..
Tengo todavía en mi poder tres frascos de gasolina y ya he vaciado más de dos
docenas de ellos sobre las cabezas de los asesinos. Han sido los grandes
momentos de mi vida y me he reído tempestuosamente. Jamás me había imaginado
que la muerte de unos miserables nazis, seres inferiores a lo más abyecto de la
creación entera, pudiera llenarme de tan terrible y feroz alegría. La venganza
ha sido y será siempre el último medio de lucha y la más grande de las
satisfacciones espirituales de los oprimidos. Hasta ahora yo no había entendido
nunca aquella expresión de la Guemará que dice: "la venganza es sagrada,
por el Señor es mencionado antes y después de ella, conforme está escrito:
"Dios de venganzas es el Señor". Ahora lo entiendo, ahora lo
comprendo. Ahora sé por qué se alegra tanto mi corazón al comprender por qué
desde hace milenios nuestros padres llamaron Dios de Venganzas al Señor. Y
también ahora empiezo casi a comprender cuál ha sido la gran falta de Israel:
el haber abandonado la Venganza. Desde el día por siempre lamentable en
que cayeron los defensores de Betar superados en uno contra ciento por las
fuerzas que les lanzaron los perros de Roma, desde ese día lamentable, Israel se refugió en la mansedumbre y la humildad. Hace exactamente mil ochocientos afros, Israel renunció a la
fuerza y se refugió en' el
temblor y en el pavor, mientras lo rodeaban y desgarraban por todas partes los
lobos de la cristiandad. Los tigres cristianos han desgarrado durante mil
ochocientos años las carnes del cordero del Señor, las carnes del manso y
paciente Yeshún. Nosotros, entre todos los asesinos y ladrones de la Europa
criminal, por una rara y atroz paradoja, éramos los únicos que cumplíamos las
máximas perniciosas del hombre de Nazaret. Poníamos
la otra mejilla y amábamos a nuestros carniceros. Ese ha sido nuestro gran
pecado: el haber actuado como "cristianos" de corazón entre hordas de cristianos de nombre. Pero los cerdos
nazis han realizado el milagro increíble de hacer que Israel vuelva a empuñar
la espada. Nos trituraron de tal modo que nos
forzaron a abandonar nuestros más queridos idealismos de bondad, de mansedumbre
y caridad. Durante mil ochocientos años fuimos
el pueblo cobarde y oprimido que nunca contestó a los golpes, que
fingíamos todos los credos y colores, todas las castas y naciones para poder
sobrevivir. El mundo había olvidado que éramos el único pueblo de la historia
que, cuando todo el orbe se postró ante Roma, alzó la frente fiera y dijo no
ante los hijos de la Loba. Para vencernos, sin habernos podido destruir, el Imperio de Roma se sangró hasta la muerte. Después de las
guerras judaicas ya no fue el Imperio lo mismo que antes era: desde
allí empezó la entrega en brazos de los bárbaros. Fuimos
un pueblo de guerreros que durante dos mil años se impusieron por la espada.
Pero mil ochocientos años de mansedumbre y de temblores le habían hecho olvidar
al mundo nuestra originaria naturaleza, el pueblo de la dura cerviz, el fuerte
contra el mismo Dios. Pero los tiempos han cambiado. Israel, después de estas horas terribles, volverá a empuñar la espada
y el mundo temblará ante nuestros hombres como en los
viejos tiempos, de los celotas y de los sicarios. Yo no lo veré por que dentro de muy pocas horas moriré envuelto
en llamas y abazado al cuerpo infame de algunos de los cerdos que nos sitian. Pero presiento en el futuro el nuevo Estado de Israel, de
cara al sol, con la espada de la venganza chorrenado
sangre de enmigos !A sangre y fuego cayó Judá, a
sangre y fuego Judá resurgirá.
Ahora estoy en condiciones de contemplar la vida y el mundo en una perspectiva especialmente clara, como sólo en raras ocasiones se le concede a un hombre antes de morir. Ahora veo que la extraña diferencia entre nosotros y los pueblos de Europa es que ellos dicen creer en un "dios de amor", pero en nombre de ese "dios de amor", desde hace mil ochocientos años, se nos mata sin piedad y sin causa, día tras día, con un pretexto o con el otro, en una horrenda orgía de crueldad hipócrita y cobarde. En cambio, nuestro Dios es llamado el Dios de las Venganzas y nuestros Escritos están llenos de amenazas de muerte por las más pequeñas transgresiones, pero cuando morábamos libres en nuestro suelo sagrado, está escrito que bastaba que en sesenta años el Sanedrín Supremo hubiera condenado a muerte a un solo hombre para que al paso de aquellos jueces las gentes gritaran: ¡asesinos!
Ahora estoy en condiciones de contemplar la vida y el mundo en una perspectiva especialmente clara, como sólo en raras ocasiones se le concede a un hombre antes de morir. Ahora veo que la extraña diferencia entre nosotros y los pueblos de Europa es que ellos dicen creer en un "dios de amor", pero en nombre de ese "dios de amor", desde hace mil ochocientos años, se nos mata sin piedad y sin causa, día tras día, con un pretexto o con el otro, en una horrenda orgía de crueldad hipócrita y cobarde. En cambio, nuestro Dios es llamado el Dios de las Venganzas y nuestros Escritos están llenos de amenazas de muerte por las más pequeñas transgresiones, pero cuando morábamos libres en nuestro suelo sagrado, está escrito que bastaba que en sesenta años el Sanedrín Supremo hubiera condenado a muerte a un solo hombre para que al paso de aquellos jueces las gentes gritaran: ¡asesinos!
Así se ha
cumplido otra justicia entre las naciones. La
noble Sefarad, la espléndida España de nuestros sueños, fue solemnemente
máldecida y jamás conocerá la libertad: siempre que su pueblo ha tratado de
levantarse y ser libre, una mano extranjera lo ha vuelto a,sepultar en la
esclavitud. Porque sabemos que fue el propio pueblo ignorante y cruel el que
nos expulsó de aquellas tierras luminosas.
Y esto será por siempre un ejemplo de justicia entre las naciones. La
aristocracia corrompida y rapaz que oprimía a
los pueblos de Moscovia nos odió de muerte y nos sangró con aquellos
terribles pogromos que nunca podremos olvidar. Pero el propio pueblo barrió de
la superficie de la tierra esa aristocracia de malhechores. Y esto ha sido un
nuevo ejemplo de justicia ante la cara de los pueblos. Pero estas grandes venganzas
no s e pueden comparar con la venganza personal, con la venganza de carne y de
hueso. Y aquí en estos días terribles, los judíos que renunciamos a la
mansedumbre hemos tenido el placer de verla y ha resultado muy bueno y muy
venturoso el verla. Yo he sentido una satisfacción tan grande y una alegría tan
inmensa que verdaderamente he nacido de nuevo. Un tanque alemán se había
abierto paso en nuestra calle y desde todas las casas fortificadas se lanzaron
contra él frascos de gasolina ardiendo, pero sin buena puntería, y el maldito
tanque prosiguió su marcha. Yo y los compañeros que estaban conmigo esperamos
silenciosamente hasta que el tanque pasó debajo de nuestras narices. Y
entonces, por la ventanilla semicerrada, le lanzamos dentro los frascos de gasolina.
Se incendió en seguida y los seis cerdos alemanes, envueltos en llamas, fueron
saliendo. Corrían y aullaban. Les lanzamos grandes piedras a las piernas para
hacerlos caer; les echamos más gasolina encima y los vimos arder hasta que los
aullidos cesaron entre un glorioso hedor de carne de puerco asada. Los otros
héroes de la gran cobardía germánica, desde una barricada cercana, los veían
quemarse lentamente y los oían aullar. Pero no se atrevieron a venir a
rescatarlos. Sabían que no éramos sino cuatro
judíos con unos frascos de gasolina en las manos, pero cuatro judíos
que habían renunciado a la mansedumbre. No éramos
como aquellos ancianos, ocho temblorosos ancianos que fueron linchados
por mil valientes perros del pueblo berlinés. Eramos cuatro
judíos que habíamos renunciado a la man. sedumbre y una compañía entera de
cerdos alemanes, armada de todas sus científicas armas, no se atrevió a salir
de sus barricadas para venir siquiera a apagar las llamas que achicharraban a
seis de sus compañeros. Los aullidos de aquellos criminales son como miel para
mis oídos. Ardían, como tantos miles de judíos a quienes ellos habían quemado a
mansalva y sobre seguro, pero aquellos cerdos alemanes gritaban mucho más. El
santo gheto de Varsovia muere luchando, muere disparando, muere peleando, muere
en llamas; pero no muere aullando, gritando y
chillando como los cerdos nazis. Los judíos hemos hecho el
aprendizaje de morir siempre con la cara venerable de la serenidad.
En el momento en que esto escribo bajo la luz ya moribunda de una linterna de mano, todavía tengo en mi mano tres frascos de gasolina. Me son tan preciosos como el vino al borracho. En e
En el momento en que esto escribo bajo la luz ya moribunda de una linterna de mano, todavía tengo en mi mano tres frascos de gasolina. Me son tan preciosos como el vino al borracho. En e
Si ahora_me domina este pensamiento de la venganza es porque nosotros, los
judíos, en estos mil ochocientos años, muy pocas veces hemos tenido el placer
personal de ver una venganza completa y fulgurante. Sí la hemos visto como
pueblo y a lo largo de la historia. El gran imperio de la Loba se hundió bajo
los cascos de los bárbaros, y nosotros sabemos que fueron nuestros hermanos,
que vivían entre aquellos salvajes. quienes los incitaron a marchar contra
Roma. Así se cumplió una justicia entre las naciones. La Zorra Nazarena
que heredó al Imperio hoy es apenas la sombra de una gran prostituta y vive
sólo de los desperdicios mentales de Europa. Ha perecido así, agobiada por el
peso de todos sus crímenes y falsías.
Así se ha cumplido otra justicia entre las naciones. La noble
Sefarad, la espléndida España de nuestros sueños, fue solemnemente máldecida y
jamás conocerá la libertad: siempre que su pueblo ha tratado de levantarse y
ser libre, una mano extranjera lo ha vuelto a,sepultar en la esclavitud. Porque
sabemos que fue el propio pueblo ignorante y cruel el que nos expulsó de
aquellas tierras luminosas. Y esto será por siempre un ejemplo de justicia
entre las naciones. La aristocracia corrompida y rapaz que oprimía a los
pueblos de Moscovia nos odió de muerte y nos sangró con aquellos terribles
pogromos que nunca podremos olvidar. Pero el propio pueblo barrió de la superficie
de la tierra esa aristocracia de malhechores. Y esto ha sido un nuevo ejemplo
de justicia ante la cara de los pueblos. Pero estas grandes venganzas no s e
pueden comparar con la venganza personal, con la venganza de carne y de hueso.
Y aquí en estos días terribles, los judíos que renunciamos a la mansedumbre
hemos tenido el placer de verla y ha resultado muy bueno y muy venturoso el
verla. Yo he sentido una satisfacción tan grande y una alegría tan inmensa que
verdaderamente he nacido de nuevo. Un tanque alemán se había abierto paso en
nuestra calle y desde todas las casas fortificadas se lanzaron contra él
frascos de gasolina ardiendo, pero sin buena puntería, y el maldito tanque
prosiguió su marcha. Yo y los compañeros que estaban conmigo esperamos silenciosamente
hasta que el tanque pasó debajo de nuestras narices. Y entonces, por la
ventanilla semicerrada, le lanzamos dentro los frascos de gasolina. Se incendió
en seguida y los seis cerdos alemanes, envueltos en llamas, fueron saliendo.
Corrían y aullaban. Les lanzamos grandes piedras a las piernas para hacerlos
caer; les echamos más gasolina encima y los vimos arder hasta que los aullidos
cesaron entre un glorioso hedor de carne de puerco asada. Los otros héroes de
la gran cobardía germánica, desde una barricada cercana, los veían quemarse
lentamente y los oían aullar. Pero no se atrevieron a venir a rescatarlos.
Sabían que no éramos sino cuatro judíos con unos frascos de gasolina en las
manos, pero cuatro judíos que habían renunciado a la mansedumbre. No éramos
como aquellos ancianos, ocho temblorosos ancianos 1 que fueron linchados por
mil valientes perros del pueblo berlinés. Eramos cuatro judíos que
habíamos renunciado a la man. sedumbre y una compañía entera de cerdos
alemanes, armada de todas sus científicas armas, no se atrevió a salir de sus
barricadas para venir siquiera a apagar las llamas que achicharraban a seis de
sus compañeros. Los aullidos de aquellos criminales son como miel para mis
oídos. Ardían, como tantos miles de judíos a quienes ellos habían quemado a
mansalva y sobre seguro, pero aquellos cerdos alemanes gritaban mucho más. El
santo gheto de Varsovia muere luchando, muere disparando, muere peleando, muere
en llamas; pero no muere aullando, gritando y chillando como los cerdos nazis.
—Los judíos hemos hecho el aprendizaje de morir siempre con la cara venerable
de la serenidad.
En el momento en que esto escribo bajo la luz ya moribunda de una linterna de mano, todavía tengo en mi mano tres frascos de gasolina. Me son tan preciosos como el vino al borracho. En este receso del ataque quizá acabe de escribir, en esta la vieja lengua sagrada de los profetas, estas palabras que son mi grito de desafío ante el Señor. Meteré estos papeles en uno de los frascos vacíos y lo depositaré en uno de los huecos al fondo de este reducto. Puede que sobrevivan a la general destrucción. No de mejor modo muchos de nuestros escritos fueron preservados a lo largo de la historia. Si algún día alguien los encuentra y los lee, comprenderá el sentímento de un judío —de uno entre millones— que murió abandol-, nado del Señor, en quien tan vigorosamente creía. Dos frascos haré estallar sobre las cabezas de los malvados cuando se me pongan al alcance. El último lo vaciaré sobre mí mismo; me prenderé fuego y me abrazaré con el primer nazi que me esté más próximo. Si quiere zafarse de mi abrazo judaico, tengo aquí en mi bolsillo un pequeño puñal para herirlo en el vientre o cortarle las venas de la ingle. No podrá zafarse ni correr y moriremos ambos quemados en un abrazo que será para mí- más voluptuoso que todas las cópulas del mundo. Así he resuelto morir.
Al principio del levantamiento éramos doce hombres en este reducto y_hemos luchado con los asesinos durante nueve días. Todos mis once compañeros han caído. Hasta la mañana de ayer, cuando los criminales iniciaron un fuego concentrado contra nuestra fortaleza, una de las últimas que quedaban en el gheto, sólo quedaban cinco de mis compañeros, la mayor parte de ellos gravemente heridos. De ayer a hoy cayeron todos muertos, montando guardia y disparando contra los asesinos.
Fuera de los tres frascos de gasolina, no cuento con más municiones. Se dispara todavía un fuego violento desde los tres pisos superiores. Pero ya no pueden enviarme ninguna ayuda, porque, según todas las señales, las escaleras han sido reducidas a escombros por obra del cañoneo y creo que el edificio está a punto de derrumbarse. Estoy tendido en el suelo y escribo estas líneas rodeado de mis compañeros muertos. Observo sus caras yertas y me parece que una ironía tranquila y burlona se derrama sobre ellas, como si me dijeran: "Ten un poco de paciencia, hombre necio; sólo unos minutos más y ya todo será claro para ti también." A mi lado está tirado un mozo de la mitad de mi edad. Isacar, la timidez y la mansedumbre hechas hombre. Quizá por estas "cualidades" casi femeninas, pasó inadvertido, mientras todos los hombres fuertes de su edad eran requisados para trabajar al servicio del criminal nazi. Es casi un niño aquí en el seno podrido de la muerte. Yace a mi derecha y parece como si durmiera, y su boca dibuja un, rictus como de risa y de desdén. Me parece como si se burlara de mí, como si se burlara de que yo todavía esté vivo. Se ríe de mí, que todavía estoy vivo, que siento y pienso todavía como un ser de' carne y de hueso. Y se ríe, evidentemente, con esa risa silenciosa y elocuente, tan penetrante y tan propia de las personas que saben de verdad, cuando hablan con aquella§ otras - que no saben realmente nada, pero que presumen de. saberlo todo. Isacar si lo sabe todo ahora. Para él todo está claro ahora. Hasta sabe por qué nació si debía morir tan temprano y por qué murió si había nacido hacía tan pocos años. Y aunque no lo sepa realmente, al menos sabe que el hecho de no saberlo no tiene ninguna importancia ni sentido a la luz de la majestad de aquel mundo infinito en que el existir o el no existir sólo son el murmullo grotesco de las sombras airadas, el recuerdo olvidado de los murmullos iracundos, como ha escrito uno de nuestros poetas. Dentro de una o dos horas Yo también lo sabré. Sí mi cara no es abrasada por el fuego, quizá repose sobre mi rostro una sonrisa semejante a la de Isacar, pero un poco más vieja. Y eso será todo. Entretanto, quiero hablar al Señor, antes de morir como un hombre vivo como un hombre vivo que ha tenido la honra inmensa de nacer judío,
:::::::::::::::::: (Laguna de cuatro líneas en el original.)::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
::::::::::::::::::y orgulloso entonces moriré de ser judío, no a pesar del comportamiento del mundo con nosotros, sino precisamente en virtud de ese mismo comportamiento. Yo me avergonzaría de pertenecer a esos pueblos asquerosos que han engendrado los monstruos responsables de los actos atroces que se cometen contra nosotros. Pero estoy orgulloso de ser judío, porque el ser judío es un arte: el más noble arte, el arte más difícil que ha sido ofrecido al espíritu de la raza humana. No es ningún arte, el ser inglés,ruso o francés. Es simplemente más fácil, más cómodo, mas útil, ser como cualquiera de los pueblos del mundo. Pero no es más hermoso, de ningún modo. Ser judío es ser un combatiente. Un eterno nadador contra la corriente sucia y criminal de los hombres. El judío es un héroe, un mártir y un santo por definición y por necesidad. Nuestros enemigos, que ignoran totalmente lo que es Israel, sostienen que somos malos o que hacemos el mal. Yo sé que la sustancia de Israel es mejor que la de todos los demás pueblos del mundo. Porque desde hace cuatro mil años se nos ha perseguido y se ha tratado de exterminarnos, y la lógica más simple nos dice que en tan largo tiempo y el puñado de judíos que siempre hemos sido, no podíamos haber dañado a la humanidad de tal modo que si ella hubiera querido no nos hubiese podido exterminar. Luego la impotencia de la humanidad perseguidora entera, durante ,cuatro mil años, es la gran prueba de nuestra inocencia y de nuestra bondad. La prueba suprema de que, si somos perseguidos, es porque cumplimos una misión superior a los designios viles y rastreros del común de los hombres. Por ello me siento feliz de pertenecer al pueblo más desgraciado e infortunado del mundo, cuya Ley representa lo más sublime y lo más bello que el hombre ha logrado columbrar en los horizontes sangrientos de la justicia y de la moralidad. Nuestra Torá ha sido ahora más santificada y eternizada por el hecho de haber sido infringida y profanada por los enemigos del Señor.
Creo profundamente que el ser judío equivale a una virtud innata. Se nace judío del mismo modo que se nace artista y creado. Ningún judío puede librarse de ser judío, y todo el que tiene en sus venas alguna partícula de la sangre de Israel tarde o temprano se sublevará contra la iniquidad, contra la injusticia. contra la prepotencia de los perversos, contra la corrupción y contra la opresión. Esta es una particularidad divina dentro de nosotros. Antes de Israel, el hombre aceptaba la iniquidad sin alzar la cerviz: nosotros nos alzamos contra la prepotencia del Faraón e inauguramos en la historia la era de la resistencia contra la injusticia y la opresión, la Era de la Libertad. Desde ese tiempo y hora, los tiranos no pueden dormir tranquilos en la historia. El hombre, antes de Israel, era un rebaño; después es humanidad. Y ése es el gran secreto. Por eso se nos odia: nos odian los tiranos de todos los tiempos y nos odian los siervos que no tienen en sus entrañas el relámpago de la hombría o cuyo corazón nació para la esclavitud. Los que no entienden esto, los que no captan el sentido profundo de la historia, no entenderán nunca el sentido profundo de nuestro martirologio. Uno de nuestros más grandes sabios dijo una vez:" No hay nada más entero que un corazón quebrantado ,ni Pueblo más elegido que el que es siempre golpeado". Si yo no supiera que Israel fue designado en la historia como el pueblo elegido para enseñar la moral y la justicia a las naciones, creeria.ahora que nuestras desgracias nos han ungido como los grandes elegidos de la historia.
En el momento en que esto escribo bajo la luz ya moribunda de una linterna de mano, todavía tengo en mi mano tres frascos de gasolina. Me son tan preciosos como el vino al borracho. En este receso del ataque quizá acabe de escribir, en esta la vieja lengua sagrada de los profetas, estas palabras que son mi grito de desafío ante el Señor. Meteré estos papeles en uno de los frascos vacíos y lo depositaré en uno de los huecos al fondo de este reducto. Puede que sobrevivan a la general destrucción. No de mejor modo muchos de nuestros escritos fueron preservados a lo largo de la historia. Si algún día alguien los encuentra y los lee, comprenderá el sentímento de un judío —de uno entre millones— que murió abandol-, nado del Señor, en quien tan vigorosamente creía. Dos frascos haré estallar sobre las cabezas de los malvados cuando se me pongan al alcance. El último lo vaciaré sobre mí mismo; me prenderé fuego y me abrazaré con el primer nazi que me esté más próximo. Si quiere zafarse de mi abrazo judaico, tengo aquí en mi bolsillo un pequeño puñal para herirlo en el vientre o cortarle las venas de la ingle. No podrá zafarse ni correr y moriremos ambos quemados en un abrazo que será para mí- más voluptuoso que todas las cópulas del mundo. Así he resuelto morir.
Al principio del levantamiento éramos doce hombres en este reducto y_hemos luchado con los asesinos durante nueve días. Todos mis once compañeros han caído. Hasta la mañana de ayer, cuando los criminales iniciaron un fuego concentrado contra nuestra fortaleza, una de las últimas que quedaban en el gheto, sólo quedaban cinco de mis compañeros, la mayor parte de ellos gravemente heridos. De ayer a hoy cayeron todos muertos, montando guardia y disparando contra los asesinos.
Fuera de los tres frascos de gasolina, no cuento con más municiones. Se dispara todavía un fuego violento desde los tres pisos superiores. Pero ya no pueden enviarme ninguna ayuda, porque, según todas las señales, las escaleras han sido reducidas a escombros por obra del cañoneo y creo que el edificio está a punto de derrumbarse. Estoy tendido en el suelo y escribo estas líneas rodeado de mis compañeros muertos. Observo sus caras yertas y me parece que una ironía tranquila y burlona se derrama sobre ellas, como si me dijeran: "Ten un poco de paciencia, hombre necio; sólo unos minutos más y ya todo será claro para ti también." A mi lado está tirado un mozo de la mitad de mi edad. Isacar, la timidez y la mansedumbre hechas hombre. Quizá por estas "cualidades" casi femeninas, pasó inadvertido, mientras todos los hombres fuertes de su edad eran requisados para trabajar al servicio del criminal nazi. Es casi un niño aquí en el seno podrido de la muerte. Yace a mi derecha y parece como si durmiera, y su boca dibuja un, rictus como de risa y de desdén. Me parece como si se burlara de mí, como si se burlara de que yo todavía esté vivo. Se ríe de mí, que todavía estoy vivo, que siento y pienso todavía como un ser de' carne y de hueso. Y se ríe, evidentemente, con esa risa silenciosa y elocuente, tan penetrante y tan propia de las personas que saben de verdad, cuando hablan con aquella§ otras - que no saben realmente nada, pero que presumen de. saberlo todo. Isacar si lo sabe todo ahora. Para él todo está claro ahora. Hasta sabe por qué nació si debía morir tan temprano y por qué murió si había nacido hacía tan pocos años. Y aunque no lo sepa realmente, al menos sabe que el hecho de no saberlo no tiene ninguna importancia ni sentido a la luz de la majestad de aquel mundo infinito en que el existir o el no existir sólo son el murmullo grotesco de las sombras airadas, el recuerdo olvidado de los murmullos iracundos, como ha escrito uno de nuestros poetas. Dentro de una o dos horas Yo también lo sabré. Sí mi cara no es abrasada por el fuego, quizá repose sobre mi rostro una sonrisa semejante a la de Isacar, pero un poco más vieja. Y eso será todo. Entretanto, quiero hablar al Señor, antes de morir como un hombre vivo como un hombre vivo que ha tenido la honra inmensa de nacer judío,
:::::::::::::::::: (Laguna de cuatro líneas en el original.)::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
::::::::::::::::::y orgulloso entonces moriré de ser judío, no a pesar del comportamiento del mundo con nosotros, sino precisamente en virtud de ese mismo comportamiento. Yo me avergonzaría de pertenecer a esos pueblos asquerosos que han engendrado los monstruos responsables de los actos atroces que se cometen contra nosotros. Pero estoy orgulloso de ser judío, porque el ser judío es un arte: el más noble arte, el arte más difícil que ha sido ofrecido al espíritu de la raza humana. No es ningún arte, el ser inglés,ruso o francés. Es simplemente más fácil, más cómodo, mas útil, ser como cualquiera de los pueblos del mundo. Pero no es más hermoso, de ningún modo. Ser judío es ser un combatiente. Un eterno nadador contra la corriente sucia y criminal de los hombres. El judío es un héroe, un mártir y un santo por definición y por necesidad. Nuestros enemigos, que ignoran totalmente lo que es Israel, sostienen que somos malos o que hacemos el mal. Yo sé que la sustancia de Israel es mejor que la de todos los demás pueblos del mundo. Porque desde hace cuatro mil años se nos ha perseguido y se ha tratado de exterminarnos, y la lógica más simple nos dice que en tan largo tiempo y el puñado de judíos que siempre hemos sido, no podíamos haber dañado a la humanidad de tal modo que si ella hubiera querido no nos hubiese podido exterminar. Luego la impotencia de la humanidad perseguidora entera, durante ,cuatro mil años, es la gran prueba de nuestra inocencia y de nuestra bondad. La prueba suprema de que, si somos perseguidos, es porque cumplimos una misión superior a los designios viles y rastreros del común de los hombres. Por ello me siento feliz de pertenecer al pueblo más desgraciado e infortunado del mundo, cuya Ley representa lo más sublime y lo más bello que el hombre ha logrado columbrar en los horizontes sangrientos de la justicia y de la moralidad. Nuestra Torá ha sido ahora más santificada y eternizada por el hecho de haber sido infringida y profanada por los enemigos del Señor.
Creo profundamente que el ser judío equivale a una virtud innata. Se nace judío del mismo modo que se nace artista y creado. Ningún judío puede librarse de ser judío, y todo el que tiene en sus venas alguna partícula de la sangre de Israel tarde o temprano se sublevará contra la iniquidad, contra la injusticia. contra la prepotencia de los perversos, contra la corrupción y contra la opresión. Esta es una particularidad divina dentro de nosotros. Antes de Israel, el hombre aceptaba la iniquidad sin alzar la cerviz: nosotros nos alzamos contra la prepotencia del Faraón e inauguramos en la historia la era de la resistencia contra la injusticia y la opresión, la Era de la Libertad. Desde ese tiempo y hora, los tiranos no pueden dormir tranquilos en la historia. El hombre, antes de Israel, era un rebaño; después es humanidad. Y ése es el gran secreto. Por eso se nos odia: nos odian los tiranos de todos los tiempos y nos odian los siervos que no tienen en sus entrañas el relámpago de la hombría o cuyo corazón nació para la esclavitud. Los que no entienden esto, los que no captan el sentido profundo de la historia, no entenderán nunca el sentido profundo de nuestro martirologio. Uno de nuestros más grandes sabios dijo una vez:" No hay nada más entero que un corazón quebrantado ,ni Pueblo más elegido que el que es siempre golpeado". Si yo no supiera que Israel fue designado en la historia como el pueblo elegido para enseñar la moral y la justicia a las naciones, creeria.ahora que nuestras desgracias nos han ungido como los grandes elegidos de la historia.
Yo creo en la omnistante e inmanente potencia del Dios de Israel. De
ese Dios supremo y justo que la sangre de nuestro pueblo ha
revelado a las naciones. Y creo en su feurza eterna y actuante en
todos los siglos de la historia, aunque los actos de estos días hayan hecho
todo lo posible para secar mi fe. Yo creo en las leyes del Señor, aunque no
pueda ni quiera justificar sus actos. Mi actitud ante el Señor no es como la de
un esclavo frente a su amo, sino como la de un discípulo frente a su maestro.
Inclino la frente ante la grandeza de los designios inmutables, pero no beso la
mano que injustamente me castiga. Yo amo al Señor, pero amo más su Ley y aunque estoy profundamente dolido de sus
actos actuales, observo y observaré su Ley, porque
ella significa un supremo estilo de vida y de conducta, y cuanto más
morimos por ese estilo de vida, tanto más inmortal hacemos al Señor.
Y por eso, permíteme, Señor, que antes de morir, libre, por
completo de todo miedo y en estado de absoluta tranquilidad y seguridad íntimas, permíteme que
controvierta contigo por última vez en mi vida. Si dices que hemos pecado,
ciertamente que as! es. "La esencia del hombre es el pecado", 'ha
sido dicho. "Nadie vive sin falta y el justo cae siete veces al día."
Estas máximas las repiten hasta los mismos paganos, y hasta los mismos
nazarenos, embrutecidos como están en océanos de sus aberraciones, no tienen
inconveniente en aceptarlas. Entonces, ¿a qué viene todo ello? Se ha dicho que
el salario del pecado es la muerte y, como todos los
hombres mueren, ninguno recibe gratis su salario. Puedo entender
aun, Señor, que se castigue de algún modo al pecado, pues al romper la Ley Moral el hombre pone en movimiento una
cadena implacable que tarde o temprano lo triturará a él o a sus hijos y a los
hijos de sus hijos. Pero yo quiero
saber, Señor, si hay en el mundo algún pecado que merezca un castigo
como el que hemos recibido.
Estoy plenamente convencido de que el pago que recibirán nuestros enemigos será algo tan espantoso como los hombres hasta el presente no han visto ni imaginado. Hace muchos años que nuestros videntes gimen y retuercen sus manos al ver en el horizonte armas de un poder mortífero tan grande como jamás lo presenció la historia y hecatombes humanas tan inmensas como para llenar de cadáveres todas las fauces del océano. Sé que estos castigos están ya en los almacenes del futuro y sé que caerán implacablemente sobre los pueblos que nos han herido, pero todavía dudo si hay algún castigo en el mundo que pueda hacer expiar el crimen inaudito cometido conti;a el pueblo inocente de Israel. Sé que la nación maldita de Ashkenaz está condenada a muerte y en el curso de este siglo será borrada de sobre la faz de la tierra. Y ello se cumplirá en el curso de este siglo de la era nazarena. "El Señor hizo de piedra sus corazones y ha condenado al Tófet todo semen." Pero se dice que ahora sobre Israel no se trata de un pecado o de un castigo. Algunos han llegado a, decir que esas palabras son ya viejas y que los tiempos que vienen tendrán otras nuevas palabras. Se dice que es un estado de Ocultación de Rostro y que Tú, Señor, han abandonado a los hombres a sus instintos originarios. La humanidad de parto sangra en sus más sagradas partes, y Tú, Señor,ocultas tu Rostro poderoso, mientras que nace un nuevo tiempo en la historia. Pero ¿qué más, Señor, debe todavía suceder para que muestres nuevamente tu Rostro al mundo? Quiero decirte, Señor, que ahora. _más que en niguna otra época pretérita de nuestra interminable ruta de padecimientos, nosotros, los afrentados, los atormentados los ahogados los degollados, los quemados vivos, los ofendidos, burlados, los escarnecidos, los ridiculizados, los ultimados a millones, nosotros 'tenemos el derecho de conocer dónde estan los límites de tu paciencia y el derecho de juzgar al mundo con la espada y el fuego . No apartes de nosotros la gloria sangrienta del futuro ni la implacable hoguera de laz. purificaciones. No tires tampoco demasiado la cuerda del suplicio, porque la prueba a que estamos sometidos es tan dificil y tan intolerable que debes perdonar a aquellos de tu pueblo que convirtieron, el acero en corcho y en su desdicha y cólera se apartaron de Ti y de tu Ley. Perdona a aquellos a aquellos de tu pueblo que se apartaron de Ti en su horrible adversidad, pero no perdones jamás a aquellos de tu pueblo que se apartaron de Ti-en su dicha y prosperidad, e ignorantes de su sangre israelita, quisieron ser, como los demás pueblos, adoradores de la mentira, favorecedores del ocio injusto y del lucro sangriento. No perdones jamás a los que se durmieron en los divanes de la prosperidad y engordaron sus nalgas con la sustancia de sus corazones. No perdones, Señor, a los que quisieron ser ellos solos y salvarse ellos solos, con desdén de su pueblo y de sus vínculos eternos. Pues está escrito que no es bueno que el hombre esté solo, y esto se entiende en todos los sentidos, y cada hombre responde coi la humanidad entera. No perdones, Señor, jamás a los hijos de Caín que se negaron a ser guardianes de sus hermanos y que por amor a sus pútridos pellejos vendieron el Pacto de Hermandad y el honor de la suerte común. Maldice, Señor, eternamente a los egoístas que han pretendido ignorar que la Humanidad es Una, como es Uno el, Señor, y que nosotros los judíos no podemos existir sino en el río de la Sangre, en la unidad eterna de Israel,donde cada hombre es guardián dé su hermano y responde por él.
A los aislados, a los que alzaron el culto de sí mismos, maldícelos, Señor, a ellos y a sus hijos hasta la duodécima generación. Pero perdona Señor a los que doblaron sus espinazos bajo el cordel de la desdicha : Has puesto a nuestra vida en un combate de pavor tan grande, que sólo los fuertes de Israel han podido perseverar. Los cobardes lamieron la mano del asesino y huyeron con la piel de sus dientes. No los golpees por ello. No se golpea a los cobardes. Perdona A los débiles de corazón y Tu piedad los hará engendrar hijos con meollo de leones. ...Dudaron de Tu suprema y eterna Paternidad, dudaron de que alguna vez sobre los cielos hubiera existido la palabra PADRE, Perdónalos, Señor.
Estoy plenamente convencido de que el pago que recibirán nuestros enemigos será algo tan espantoso como los hombres hasta el presente no han visto ni imaginado. Hace muchos años que nuestros videntes gimen y retuercen sus manos al ver en el horizonte armas de un poder mortífero tan grande como jamás lo presenció la historia y hecatombes humanas tan inmensas como para llenar de cadáveres todas las fauces del océano. Sé que estos castigos están ya en los almacenes del futuro y sé que caerán implacablemente sobre los pueblos que nos han herido, pero todavía dudo si hay algún castigo en el mundo que pueda hacer expiar el crimen inaudito cometido conti;a el pueblo inocente de Israel. Sé que la nación maldita de Ashkenaz está condenada a muerte y en el curso de este siglo será borrada de sobre la faz de la tierra. Y ello se cumplirá en el curso de este siglo de la era nazarena. "El Señor hizo de piedra sus corazones y ha condenado al Tófet todo semen." Pero se dice que ahora sobre Israel no se trata de un pecado o de un castigo. Algunos han llegado a, decir que esas palabras son ya viejas y que los tiempos que vienen tendrán otras nuevas palabras. Se dice que es un estado de Ocultación de Rostro y que Tú, Señor, han abandonado a los hombres a sus instintos originarios. La humanidad de parto sangra en sus más sagradas partes, y Tú, Señor,ocultas tu Rostro poderoso, mientras que nace un nuevo tiempo en la historia. Pero ¿qué más, Señor, debe todavía suceder para que muestres nuevamente tu Rostro al mundo? Quiero decirte, Señor, que ahora. _más que en niguna otra época pretérita de nuestra interminable ruta de padecimientos, nosotros, los afrentados, los atormentados los ahogados los degollados, los quemados vivos, los ofendidos, burlados, los escarnecidos, los ridiculizados, los ultimados a millones, nosotros 'tenemos el derecho de conocer dónde estan los límites de tu paciencia y el derecho de juzgar al mundo con la espada y el fuego . No apartes de nosotros la gloria sangrienta del futuro ni la implacable hoguera de laz. purificaciones. No tires tampoco demasiado la cuerda del suplicio, porque la prueba a que estamos sometidos es tan dificil y tan intolerable que debes perdonar a aquellos de tu pueblo que convirtieron, el acero en corcho y en su desdicha y cólera se apartaron de Ti y de tu Ley. Perdona a aquellos a aquellos de tu pueblo que se apartaron de Ti en su horrible adversidad, pero no perdones jamás a aquellos de tu pueblo que se apartaron de Ti-en su dicha y prosperidad, e ignorantes de su sangre israelita, quisieron ser, como los demás pueblos, adoradores de la mentira, favorecedores del ocio injusto y del lucro sangriento. No perdones jamás a los que se durmieron en los divanes de la prosperidad y engordaron sus nalgas con la sustancia de sus corazones. No perdones, Señor, a los que quisieron ser ellos solos y salvarse ellos solos, con desdén de su pueblo y de sus vínculos eternos. Pues está escrito que no es bueno que el hombre esté solo, y esto se entiende en todos los sentidos, y cada hombre responde coi la humanidad entera. No perdones, Señor, jamás a los hijos de Caín que se negaron a ser guardianes de sus hermanos y que por amor a sus pútridos pellejos vendieron el Pacto de Hermandad y el honor de la suerte común. Maldice, Señor, eternamente a los egoístas que han pretendido ignorar que la Humanidad es Una, como es Uno el, Señor, y que nosotros los judíos no podemos existir sino en el río de la Sangre, en la unidad eterna de Israel,donde cada hombre es guardián dé su hermano y responde por él.
A los aislados, a los que alzaron el culto de sí mismos, maldícelos, Señor, a ellos y a sus hijos hasta la duodécima generación. Pero perdona Señor a los que doblaron sus espinazos bajo el cordel de la desdicha : Has puesto a nuestra vida en un combate de pavor tan grande, que sólo los fuertes de Israel han podido perseverar. Los cobardes lamieron la mano del asesino y huyeron con la piel de sus dientes. No los golpees por ello. No se golpea a los cobardes. Perdona A los débiles de corazón y Tu piedad los hará engendrar hijos con meollo de leones. ...Dudaron de Tu suprema y eterna Paternidad, dudaron de que alguna vez sobre los cielos hubiera existido la palabra PADRE, Perdónalos, Señor.
Ahora,
cuando siento sobre mis sienes la mano hueca del Ángel de la Muerte, todas estas palabras escribo para Ti. Para que
pervivan en el tiempo ante Ti, Señor de Vivos, como mi grito supremo, como el grito postrimero de un
judío que dentro de muy pocos momentos descenderá entre las sombras
estériles de la Sheol. A Ti Señor de Vivos, esto
escribo porque al borde de la muerte creo en Ti, porque creo en Ti más que
nunca, porque ahora sé que no en vano Israel ha creído en un Dios único de
justicia y de verdad, que no puede, que no podrá ser nunca el dios
metafísico y estúpido de aquellos cuyos actos constituyen la demostración mas
atroz de irreligiosidad y de demencia.
Si Tú no fueras el Dios de Israel, tendrías que ser el
dios de los asesinos, el dios de su horrenda y blasfema mitología, el dios de
esta Europa condenada a muerte, de esta Europa miseranda que hace mil
ochocientos años adora un simulacro de basuras mentales con el cual ha querido
sustituir Tu imagen eterna e inmutable. Si los que
me odian, los que me matan, son tan tenebrosos, tan perversos, tan inhombres,
tan abyectos, ¿qué soy yo apenas sino una partícula de Tu luz, de Tu
bondad?
Pero no te puedo alabar, oh Señor, por los actos que toleras. Sin embargo, te bendigo y te alabo por el hecho mismo de Tu existencia en la mente de los hombres puros, de Tu terrible grandeza concebida en la, mente perdurable de tus profetas, en la,pluma centelleante de tus sabios, en el vientre inexhaurible de las mujeres de Israel. Tu grandeza, que cubre la historia, tan grande e inefable, tan omnistante y tan misma, que aun todo lo que está ocurriendo no te produce ni la más leve conmoción. Pero, Señor, desde lo pequeño de mi pequeñez, hablando hasta lo inmenso de tu inmensidad, por el beneficio mismo de tu Santo Nombre, te digo: cesa ya de aceptar esa grandeza inmutable que permite se hiera al inocente. No es necesario tampoco que hieras a los culpables. Sabemos que en la lógica inmutable de la historia el perverso se hiere a sí mismo cuando hiere a los hijos de Dios. Un mundo entero ha sido asesinado con el asesinato de Israel, y es la idea misma de Dios la que se encuentra cubierta de llagas cuando gime llagado el Santo de Israel. El mundo se devorará a sí mismo, como el león hambriento y cubierto de gusanos, el mundo devorará en su locura sus propios testículos, se ahogará en su propia sangre, se emborrachará con la pus de sus maldades: los mismos asesinos se han dictado su propia sentencia y no podrán escapar de ella jamás ni ellos ni sus hijos hasta la cuarta generación. Pero mira, Señor, con ojos de doncella a las almas humanas de Israel: mira con ojos de blandura a los pequeños de tu pueblo que como hombres, cada uno, solo han probado el acíbar del terror y no verán jamás como hombres cada uno la majestad de tu futuro. Dicta además tu sentencia severa, doblemente cruel e implacable, contra aquellos que han callado ante la iniquidad. Contra aquel pero se alegran de él en sus corazones. Contra aquellos que piensan en sus corazones impuros: "Nos sienta bien que digamos que el tirano es malo, pero hace un trabajo que nos conviene." Contra aquellos, Señor, la lanza de tu furor debe' ser doblemente inflexible. Ellos' son los grandes malvados de la historia. En tu Ley está escrito que el ladrón furtivo debe—ser castigado con más severidad que el asaltante armado, a pesar de que el furtivo no ataca físicamente a la víctima. Porque el asaltante ataca y es visto; lleva armas porque teme a los hombres y arriesga su carne ante el que ataca. Pero el furtivo teme a los hombres y por eso no les da la cara, pero se ríe del Señor y su justicia. Así son todos aquellos que se aprovechan de la maldad y del asesinato y muestran a los ojos del mundo un rostro de compunción y fingimiento. Los prósperos y gordos,_que viven de lasexplotación d ela carne y de la sangre de las víctimas, y se golpean el pecho cuando oyen los alaridos que los engordan. Que al reunirse en sus inmundas asambleas hablan contra el hombre de armas, contra la avilantez de los crueles y torturadores, pero se postran reverentes en la calle cuando encuentran al verdugo que viene de practicar la injusticia, con el alfanje chorreante y el cuerpo sudoroso por el ejercicio de la iniquidad. Contra aquellos que callan ante la maldad y ante la tiranía, que cubren con pávido silencio los actos de los malvados; contra aquéllos, Señor, que caiga el hacha de tu justicia y en ellos y en sus hijos hasta la duodécima generación.
El Angel de la Muerte no puede esperar más y debo ya acabar esta mi carta temblorosa y veraz. Desde los pisos superiores el tiroteo contra el criminal enemigo va decreciendo más y más. Están cayendo ya los últimos defensores de esta fortaleza y con ellos cae y muere la grande, la bella, la piadosa y la santa Varsovia judaica. El sol llega ya a su ocaso. Un resplandor rojizo de incendios penetra por la pequeña abertura y el pedazo de firmamento que alcanzo a ver está cubierto por un oleaje, como una catarata de sangre. A lo más dentro de una hora ya estaré con mi esposa , con mis hijos y con los millones de mi pueblo que han perecido en esta era de la bestialidad desatada. Muero tranquilo, pero no satisfecho; golpeado, pero no esclavizado; lleno de amargura, pero no decepcionado; creyente firme, pero no-suplicante; amante del Señor, pero no ciego aceptador de sus dictámenes. He seguido al Señor hasta cuando El me ha alejado de Su rostro; he cumplido, Sus mandatos hasta cuando me ha herido por hacerlo; Lo he amado y Lo he, seguido amando hasta cuando me ha degradado en el polvo, hasta cuando me ha atormentado mortalmente, hasta cuando me sometido a la vergüenza y al escarnio.
Mi rabí solía siempre narrar él caso de.un judío que había huido de la feroz inquisición española en compañia de su mujer y de un hijo. El pobre perseguido había logrado llegar en una barca a una isla desolada, después de haber atravesado la tempestad de un mar. Al llegar sobre las playas vino un rayo y mató a su mujer, una ola gantesca arrebató a su hijo y lo sumió en los abismos. Sólo, pobre como una piedra, desnudo y descalzo, golpeado por la tempestad y amedrentado por los truenos y los relámpagos, con los cabellos revueltos y las piernas vacilámes, el judío prosiguió ju marcha sobre la isla desierta e invocó al Señor con estas palabras: "Dios de Israel, de Moisés y de Abraham, he huido hasta aquí para poder servirté sin estorbo alguno, para poder observar Tus mandamientos y santificar tu Nombre, pero Tú has hecho todo lo posible para que yo no crea en Ti. Pero Te hago saber, oh -Dios eterno de mis padres y de mi pueblo, que será en vano todo lo que trates de hacer. Puedes ofenderme, puedes golpearme, puedes quitarme lo más querido de mi corazón y los bines más preciados del mundo, puedes atormentarme con todas las artes de la desgració y 'del suplicio, pero yo siempre creeré en Ti, en- Tu inmanencia avásallante, en Tu infinita majjestad. Y Te amaré-hasta el último aliento de mi viga, aún apesar de TI".
Y éstas son también mis últimas palabras a Ti, Señor de Cólera y Espanto: lo has hecho todo para que yo pierda confianza en Tí. para que no crea en la bondad de Tu esencia ni en la eterna actuación de Tu poder sobre los hombres, sobre los seres y los tiempos, sobre las mentes y los corazones. Pero yo muero como he vivido, como creyente inconmovible en Ti.
Alabado sea por toda la eternidad el Dios de los vivos, el Señor de los seres, el Dueño de todos los tiempos, el terrible Dios de las Venganzas, de la Verdad, de la Justicia y del Amor, el que pronto en los tiempos nuevos volverá a mostrar Su Rostro al mundo y sacudirá sus basamentos con su Palabra omnipotente.
¡Oye, Israel! ¡EL SEÑOR, NUESTRO DIOS, ES UNICO!
Pero no te puedo alabar, oh Señor, por los actos que toleras. Sin embargo, te bendigo y te alabo por el hecho mismo de Tu existencia en la mente de los hombres puros, de Tu terrible grandeza concebida en la, mente perdurable de tus profetas, en la,pluma centelleante de tus sabios, en el vientre inexhaurible de las mujeres de Israel. Tu grandeza, que cubre la historia, tan grande e inefable, tan omnistante y tan misma, que aun todo lo que está ocurriendo no te produce ni la más leve conmoción. Pero, Señor, desde lo pequeño de mi pequeñez, hablando hasta lo inmenso de tu inmensidad, por el beneficio mismo de tu Santo Nombre, te digo: cesa ya de aceptar esa grandeza inmutable que permite se hiera al inocente. No es necesario tampoco que hieras a los culpables. Sabemos que en la lógica inmutable de la historia el perverso se hiere a sí mismo cuando hiere a los hijos de Dios. Un mundo entero ha sido asesinado con el asesinato de Israel, y es la idea misma de Dios la que se encuentra cubierta de llagas cuando gime llagado el Santo de Israel. El mundo se devorará a sí mismo, como el león hambriento y cubierto de gusanos, el mundo devorará en su locura sus propios testículos, se ahogará en su propia sangre, se emborrachará con la pus de sus maldades: los mismos asesinos se han dictado su propia sentencia y no podrán escapar de ella jamás ni ellos ni sus hijos hasta la cuarta generación. Pero mira, Señor, con ojos de doncella a las almas humanas de Israel: mira con ojos de blandura a los pequeños de tu pueblo que como hombres, cada uno, solo han probado el acíbar del terror y no verán jamás como hombres cada uno la majestad de tu futuro. Dicta además tu sentencia severa, doblemente cruel e implacable, contra aquellos que han callado ante la iniquidad. Contra aquel pero se alegran de él en sus corazones. Contra aquellos que piensan en sus corazones impuros: "Nos sienta bien que digamos que el tirano es malo, pero hace un trabajo que nos conviene." Contra aquellos, Señor, la lanza de tu furor debe' ser doblemente inflexible. Ellos' son los grandes malvados de la historia. En tu Ley está escrito que el ladrón furtivo debe—ser castigado con más severidad que el asaltante armado, a pesar de que el furtivo no ataca físicamente a la víctima. Porque el asaltante ataca y es visto; lleva armas porque teme a los hombres y arriesga su carne ante el que ataca. Pero el furtivo teme a los hombres y por eso no les da la cara, pero se ríe del Señor y su justicia. Así son todos aquellos que se aprovechan de la maldad y del asesinato y muestran a los ojos del mundo un rostro de compunción y fingimiento. Los prósperos y gordos,_que viven de lasexplotación d ela carne y de la sangre de las víctimas, y se golpean el pecho cuando oyen los alaridos que los engordan. Que al reunirse en sus inmundas asambleas hablan contra el hombre de armas, contra la avilantez de los crueles y torturadores, pero se postran reverentes en la calle cuando encuentran al verdugo que viene de practicar la injusticia, con el alfanje chorreante y el cuerpo sudoroso por el ejercicio de la iniquidad. Contra aquellos que callan ante la maldad y ante la tiranía, que cubren con pávido silencio los actos de los malvados; contra aquéllos, Señor, que caiga el hacha de tu justicia y en ellos y en sus hijos hasta la duodécima generación.
El Angel de la Muerte no puede esperar más y debo ya acabar esta mi carta temblorosa y veraz. Desde los pisos superiores el tiroteo contra el criminal enemigo va decreciendo más y más. Están cayendo ya los últimos defensores de esta fortaleza y con ellos cae y muere la grande, la bella, la piadosa y la santa Varsovia judaica. El sol llega ya a su ocaso. Un resplandor rojizo de incendios penetra por la pequeña abertura y el pedazo de firmamento que alcanzo a ver está cubierto por un oleaje, como una catarata de sangre. A lo más dentro de una hora ya estaré con mi esposa , con mis hijos y con los millones de mi pueblo que han perecido en esta era de la bestialidad desatada. Muero tranquilo, pero no satisfecho; golpeado, pero no esclavizado; lleno de amargura, pero no decepcionado; creyente firme, pero no-suplicante; amante del Señor, pero no ciego aceptador de sus dictámenes. He seguido al Señor hasta cuando El me ha alejado de Su rostro; he cumplido, Sus mandatos hasta cuando me ha herido por hacerlo; Lo he amado y Lo he, seguido amando hasta cuando me ha degradado en el polvo, hasta cuando me ha atormentado mortalmente, hasta cuando me sometido a la vergüenza y al escarnio.
Mi rabí solía siempre narrar él caso de.un judío que había huido de la feroz inquisición española en compañia de su mujer y de un hijo. El pobre perseguido había logrado llegar en una barca a una isla desolada, después de haber atravesado la tempestad de un mar. Al llegar sobre las playas vino un rayo y mató a su mujer, una ola gantesca arrebató a su hijo y lo sumió en los abismos. Sólo, pobre como una piedra, desnudo y descalzo, golpeado por la tempestad y amedrentado por los truenos y los relámpagos, con los cabellos revueltos y las piernas vacilámes, el judío prosiguió ju marcha sobre la isla desierta e invocó al Señor con estas palabras: "Dios de Israel, de Moisés y de Abraham, he huido hasta aquí para poder servirté sin estorbo alguno, para poder observar Tus mandamientos y santificar tu Nombre, pero Tú has hecho todo lo posible para que yo no crea en Ti. Pero Te hago saber, oh -Dios eterno de mis padres y de mi pueblo, que será en vano todo lo que trates de hacer. Puedes ofenderme, puedes golpearme, puedes quitarme lo más querido de mi corazón y los bines más preciados del mundo, puedes atormentarme con todas las artes de la desgració y 'del suplicio, pero yo siempre creeré en Ti, en- Tu inmanencia avásallante, en Tu infinita majjestad. Y Te amaré-hasta el último aliento de mi viga, aún apesar de TI".
Y éstas son también mis últimas palabras a Ti, Señor de Cólera y Espanto: lo has hecho todo para que yo pierda confianza en Tí. para que no crea en la bondad de Tu esencia ni en la eterna actuación de Tu poder sobre los hombres, sobre los seres y los tiempos, sobre las mentes y los corazones. Pero yo muero como he vivido, como creyente inconmovible en Ti.
Alabado sea por toda la eternidad el Dios de los vivos, el Señor de los seres, el Dueño de todos los tiempos, el terrible Dios de las Venganzas, de la Verdad, de la Justicia y del Amor, el que pronto en los tiempos nuevos volverá a mostrar Su Rostro al mundo y sacudirá sus basamentos con su Palabra omnipotente.
¡Oye, Israel! ¡EL SEÑOR, NUESTRO DIOS, ES UNICO!
¡En tu mano, Señor, encomiendo .mi espíritu!
Texto hebraico fijado por Zvi ben Rochman
Texto hebraico fijado por Zvi ben Rochman
Versión en yidish de Eliézer ben Mostee
Versión en sefardí de Michael ben Meshulam
El texto original está escrito en seis hojas grandes
de papel de estraza, escritas a lápiz, en escritura manuscrita
hebraica (poTaquí). Estaban en una lata vacía de frijoles y fueron hallados por
Isaac Guisburgo en el año 5707 en víspera de? Nueve de Ab, al
remover los escombros del santo gheto de Varsovia. En la hoja tercera al pie hay cuatro líneas ilegibles en
el texto hebraico. Esta hoja es la más larga de las seis. Todas son de un
tamaño desigual y recortadas a mano. El texto es fácilmente legible pero
contiene infinidad de abreviaturas.
DEFUNAÑO DE 1916
396-398-ANASTASIO ALMENGOR -399- 400-401-404 LORETA ESTRADA CALDERON-405 -408MIGUEL
ALMENGOR-410 YA-414-420-423 antonio HIJO DE FIDEL DE LEON Y LUZ DE
LEON-425 FERNANDA GRAMAJO -428 MARIA GRAMAJO ARRIAGA-430-LEONA VALDES DE LEON-431 GERMAN SOTOVANDO GRAMAJO-DELIA
VALDES-433 PEDRO DE LEON SANTIZO -435 IGNACIA VALDES DE LEON-MANUEL OVALLE-
436 IGNACIA VALDES DE LEON
-JOSEFINA TALAVERA DE LEON-438-440-443
leoncio HIDALGO de LEON -447AMBROSIO DE LEON HIDALGO-450-451-(HOY ES 14 DE JUNIO 2018 JUEVES) 453 -ZENONA GRAMAJO
SOTO-CANDELARIA ARREOLA -456 ESTER DE LEON GRAMAJO-458 -460-462 LUISA HIDALGO MALDONADO-464 -467-471-- GABRIEL GRAMAJO SOTO -476-480-
(22 mayo 2018)480
-481-482-486 CALDERON ESTRADA-488-489 ESCOBAR-490-495
DE LEON TALAVERA-DONATILA CALDERON ESTRADA-496 OFELIA RODAS CALDERON-497argueta
calderon-500-505-PRINCIPIO-510-512-514-516 SUSANA CALDERON DE RODAS-521-527-530-533
33
LORENZA GOTANA
YSABEL GOTANA
34
MANUEL BAIL CON JOSEPHA PERES
AÑO DE 1707
PASSO EN VISITA EN
ESTE PUEBLO DE
LA CONCEPCION GUEGUETENANGO EN PRIMERO DEL MES DE MARZO DE MIL SETECIENTOS Y
SIETE AÑOS.
COMO CONSTA DEL AUTO GENERAL DE ELLA QUE QUEDA EN EL LIBRO DE BAPTISMOS DE LA YG. PARROCHIAL DEL
PUEBLO DE CHIANTLA A QUE ME REMITO Y PARA QUE CONSTE PONGO AQUI ESTA
RAZON Y LO FIRME DOY FE MANUEL DE LEXANNA PALACIOS SECRE.
35
AÑO DE 1708
AÑO 1710
PADRINOS ANDRES DE OLIVERA Y ANTONIA DE ARRIA
36
PADRINOS ANTONIO DE MERIDA
JUAN DEL BALLE
1714
MANUEL BAIL CON MARIA DE LA CRUZ
SUAREZ PADRINOS JOAN DEL BALLE
444-448
533-535 luisa ARGUETA DE LEON-536
JULIO TARACENA-537-540-541 MARGARITA
VILLAGRAN -CANDIDA LUISA OVALLE-543 MARIA VALDES DE LEON-545 JULIO VILLEGUEZ-548 ROSA LINDA GRAMAJO-550-552-556 -557 CATALINA
GRAMAJO MAZARIEGOS-560 -561-562-565-566 Ysabel REYES-570-574-576 -580-583-586-587-590-591
hija de ALTA GRACIA CABALLEROS DE COMITAN-594-595-583-584-587-589-590 manuel ARRIOLA -591 MANUEL DE PAZ
CABALLEROS-HERIDA- HIJO DE ALTA GRACIA
CABALLEROS DE COMITAN CHIAPAS-592-594 597-sebastian gramajo
valdes-598 JOSE DE LEON REGALIZO-600-602
TRINIDAd lopez de leon-608-610-615-618
nemesio PARDO MEDINA DE ANTIGUA GUATEMALA -619 FIDELINO SANTIZO GAMBOA-620 LADINO-TENIENTE JESUS GRAMAJO CASADO CON
BERNARDA GRAMAJO-621-LADINA ZOILA ISABEL HIDALGO DE SEIS
HORAS DE EDAD HIJA DE TERESO HIDALGO Y DE OFELIA LETONA, LADINOS DE ESTA
VECINDAD.-LADINA JULIA HIDALGO FALLECIÓ A CONSECUENCIA
DE UN BALAZO, DE 42 AÑOS DE EDAD-
624-LADINO RICARDO VALDES-625-ricardo valdes-626 PRUDENCIO VASQUEZ
ALMENGOR- 628 IRENE VILLEGAS-630-631
tachado indigenas, corregido ladinos-633-634 LADINO, COMANDANTE-EMETERIO
RODAS EN SALCAJÁ A OCHO DE JULIO DE MIL NOVECIENTOS VEINTIDOS
,------COMPARECIÓ DON AGUASTÍN CALDERON ,-----Y DIJÓ; QUE HOY A LAS ---FALLECIÓ
DE VILIS A LA EDAD DE SESENTA Y SEIS AÑOS,
EMETERIO RODAS CASADO CON ANDREA RUIZ,
HIJO LEGITIMO DE EUSTAQUIO RODAS Y DE----,COMANDANTE DE INFANTERIA DEL
EJERCITO, PROTESTANTE, LADINO DE ESTE
VECINDARIO----637 ANDREA RUIZ , VIUDA DE DON
EMETERIO RODAS LADINA, PROTESTANTE-640-SOLDADO LADINO JSUTINIANO GRAMAJO. DE UN
BALAZO, TEJEDOR-646 FRANCISCO HIJO DE TERESO HIDALGO Y DE OFELIA DE LEON-647
CANDIDA GRAMAJO-EPIFANIO GRAMAJO-648 JUANA SOSA CALDERON-649 JUAN GRAMAJO-650 VASQUEZ ALMENGOR- 656 JESUS CALDERON HIJA DE
LAUREANA CALDERON-657 -659 ZOILA AMERICANA CALVILLO -ROSALVA VALDES-660 JULIA VALDES -663FRANCISCO CORDOVA -664
ARGELIA ANDRADE -MARIA ESTELA CALDERON SOTO DE UN AÑO YOCHO MESES-(hoy es
24 de julio de 2018. seis de la tarde-miercoles)26- julio 2018-665-668
AMEZQUITA-669 CORONEL VIDAL HERNANDEZ-670-672
LAD IDIGEN-675-GRAMAJO SOTO- 680-682-684-GILBERTO
HIDALGO LETONA HIJO DE TERESO HIDALGO Y DE
OFELIA LETONA- 688-690
ANDREA DE LEON-691 ANSELMO GRAMAJO-693 -695 David gramajo estrada-CLEMENTA HIDALGO
MALDODO- GUADALUPE MALDONADO CIFUENTES- AGUEDO BARRIOS SOTO-JUSTA RUFINA RODAS-
CRISTINO CALDERON DE 92 AÑOS, TENIENTE DEL
EJERCITO,ORIGINARIO DE SIJA, DE PADRES DESCONOCIDOS-CIPRIANO DE LEON OBREGON- 700-703-CANUTA ARREAGA DE MONZON- 705 GUADALUPE REGALIZO-JUANA
ESCOBAR FUENTES-FEDERICO GRAMAJO HIJO DE VICENTE GRAMAJO Y DE ..ORIGINARIOS DE
SIJA-FRANCISCO GRAMAJO-710- 713-FIN
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-
1682771
jlopez72
!QUE SUEÑO EL DE ANOCHE!
Sábado 23 de Junio de 2018
Solo para mí.
Se me olvidaba dejar escrito el
sueño que tuve en la madrugada.
Una mujer con rostro de alquien a quién conozco, se acercó a mí, y
luego de algunos momentos me tomó de las manos. Después me dió tremendos besos
y digo me dió porque fue ella la que me besaba con vehemencia. Yo le
dije.¿Sabes que me gusta de tí? y yo mismo le respondí:_Que puedo
abrazarte plenamente con mis brazos- Le dije esto porque mi mano derecha al
abrazarla llegaba casi a mi hombro izquierdo y mi mano
izquierda llegaba a mi hombro derecho, al menos eso sentía yo, lo cuál daba a entender que su
figura era muy esbelta. En los besos que me dió yo sentía el aroma fragante que exhalaba de su paladar, un
aroma natural y exquisito como a sabor de menta. Luego yo le
pregunté:
_Desde
cuándo sientes esto por mí?
Ella me contestó
En la Ig-----------estamos--------------y
llevamos un-------------
La respuesta que me dió me
dejó pensativo. Luego nos tomamos de la mano y caminamos.
Nueve cartas de amor
y un testamento inesperado. Lo público de la vida privada en la Guatemala
dieciochesca
Mario Humberto Ruz
CEM, IIFL y UACSHUM, CH, UNAM.
___________________________________________________________________________
El ocho de junio de 1750 don
Miguel Francisco Morán de la Vandera, originario de Gijón y avecindado en
Santiago de Guatemala, obtuvo el real decreto que amparaba haber ingresado en la Tesorería los 5800 pesos
fuertes que le allanaban el camino para suceder a don Félix de Elías Zaldívar como alcalde mayor de Huehuetenango y Totonicapan. El 29 de julio el rey Fernando VI firmaba en
el Buen Retiro el título correspondiente y tres días después
"tomaron la razón del real título los contadores de cuentas del Consejo
Real de Las Indias",al tiempo que se le notificaba estarse ordenando al
presidente, y a los oidores de la
expresada Audiencia de las provincias de Guatemala,y a los demás ministros,
juez y justicia de ellas, que como a tal alcalde
mayor os guarden y hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes,
franquezas, libertades, exenciones, preeminencias, inmunidades y
prerrogativas que os tocan, sin limitación alguna, dando la residencia
en mi Real Audiencia de Guatemala, como se ha hecho [hasta] ahora con vuestros
antecesores....
El rico mercader
asturiano inició los
preparativos para retornar a Guatemala después de más de dos años de ausencia.
Sin duda estaría contento. Además de tener afectos que lo esperaban en Santiago
de Los Caballeros, no era poca cosa lo obtenido ni había sido tan sencillo
lograrlo.
Para alguien no muy avispado, la alcaldía mayor de Huehuetenango y Totonicapan podría
parecer plato poco apetecible. Zona
montañosa y fría -con bosques de coníferas, cedrales y roblares demasiado
alejados de la capital como para hacer redituable su corte y
acarreo, páramos desolados apenas
aptos para criar ovejas, y algunos valles intermontanos, fértiles pero pequeños,
donde se apretujaban los cultivos de maíz de su relativamente densa población
india- no era, ni de lejos, tan rica como sus vecinas:
Quetzaltenango o Los Suchitepéquez;
podría incluso considerársele muy pobre si se comparaba con las
alcaldías del Reino donde florecía el añil. De tal opinión era su teniente
general, don Joseph Antonio de Aldama, quien en respuesta a la real cédula del
19 de julio de 1741 informó que en la Alcaldía a su cargo había apenas dos valles de españoles y 48
pueblos de indios, sin "cosa digna de memoria." Hasta los frailes mercedarios se quejaban de que se les hubiese asignado zona tan
miserable y abrupta para doctrinar.
Pero lo que le
faltaba en producción lo suplía en trasiego de comerciantes. Paso
obligado a la alcaldía mayor de Chiapa, y
desde allí a la Audiencia de México por la alcaldía deTabasco, era la ruta
expedita para el puerto de Campeche y otra forma de llegar a Veracruz,
aunque menos práctica que subir por el istmo después de atravesar los terrenos
llanos de Soconusco y el Despoblado de Tonalá. Por
caminos reales y senderos se apretujaban las recuas de muías, compradas en Los
Llanos de Chiapa o en Oaxaca, cargadas de los productos de la región e incluso
de más allá.
Bien lo percibió
Joseph de Olavarrieta, quien en un informe firmado en Huehuetenango el 4 de
junio de 1740, destacaba
cómo entre los 39 1/2 tributarios indios y
los más de 20 vecinos españoles, 25 familias de mestizos y cinco de mulatos de Huehuetenango, varios se
entretenían "en vender cacao y otros frutos", mientras que
en San Pedro Necta (dividido por sólo una calle de Santo Domingo Osumacinta),
"las indias hacen mantas y los indios son tratantes en las provincias de
Chiapa y Soconusco." Por su parte los de Santa Ysabel acudían a la
plaza de San Antonio Suchitepéquez, con gallinas y otros frutos, trayendo al
regreso "cacao y algodón para las mantas que tejen sus mujeres" y los
de San Sebastián Huehuetenango se dedicaban a hacer "mantas que llevan a vender a la ciudad de Guatemala y otras partes."
Pueblos vinculados a la industria
textil eran también Santa Ana Huista, San Cristóbal Totonicapán, famoso por sus
jarguetas y sus trabajos en lana; Malacatán, cuyos indios vendían en la
cabecera el algodón que sus mujeres reducían a hilo; San Gaspar Chajul, donde
las mujeres hilaban "continuamente y lo mandan a la capital",
mientras que los hombres confeccionaban "chiquigüites y otras menudencias
de un bejuco delgado que tienen." Los de Santa María Chiquimula destacaban
en el tejido de frazadas listadas, además de ir "continuamente [...] a la
lisa de San Antonio con sus gallinas de Castilla y
de la tierra, y ocote." Los de San Miguel
Totonicapán, además de sembrar abundante trigo, tejían "jarguetas y otras
cosas que llevan a Guatemala", y habían descollado de tal modo en los
trabajos de carpintería, sillería y cerámica, que tenían gremios de cada una de
esas actividades. Y ni qué decir de los
tejedores de Momostenango, sin duda los más prolíficos y afamados, que
contaban con importantes hatos de muías para comerciar sus tejidos.
La vecina Gobernación
de Soconusco sabía de las continuas visitas de los habitantes de San Andrés
Cuilco, quienes
llevaban allí su panela; los de Colotenango, tratantes de frutas y gallinas, mientras los
de Ostaguacán aparecían a menudo vendiendo las mantas que tejían sus mujeres. Por la alcaldía de
Chiapa era común ver a los de Soloma
compitiendo con los de Coatán por vender el trigo que se cosechaba en ambos
pueblos, y afanándose además en el trato de cacao y algodón.
Al igual que los de San Antonio
Güista [Huixta], los de Purificación Jacaltenango mercadeaban maíz, tabaco y
miel, destacando las colmenas del segundo pueblo "porque tienen muchas, y
buena salida de la miel y la cera"), mientras que las mujeres de Güista, aprovechando el que su pueblo
estuviese en el camino real, hacen totopostes y otras vendimias
para los pasajeros." Chiantla y San
Francisco el Alto coincidían en la factura y venta de cal.
Otros, en cambio, no tenían que competir dada la singularidad de sus productos.
Los de Acatan, por ejemplo, eran únicos en hacer "soyacales de palma, que
es un modo de capa con que los indios caminan cuando hay agua." Hombres y
mujeres de San Francisco Motosinta, pueblo "caliente, seco y fúnebre"
con apenas cuatro tributarios, gozaban de reconocimiento por sus "esteras
coloradas" y el apreciado copal que obtenían de los árboles. Aguacatán se singularizaba por sus "muchas vacas y
ovejas", la panela que fabricaba con caña dulce, y sobre todo por tener
"una mina de yeso que sirve para los pintores y doradores."
Hasta los de Cunén, calificados como "muy
dejativos [pues] aunque tienen buenas tierras sólo se aplican a sembrar
maíz", eran famosos por "hacer escobas
que sirven de barrer."
Lugar especial ocupaban los
poseedores de minas de sal. Así, los de Sacapulas eran reputados como
"grandes tratantes en la provincia de San Antonio [Suchitepéquez],
llevando sal de unas salinas que tienen en la superficie de la tierra, en las
orillas de dicho río", además de fabricar "mucha jarcia", y dado
que su sal, buena para la cocina, se consideraba inservible para los ganados,
"porque tiene poca actividad", no se preocupaban por competir con los
de San Mateo Ixtatán, pueblo 'lluvioso y melancólico", que tenía "dos
pozos grandes de que mana copiosa agua de sal. Ésta, con mucha facilidad, la
ponen al fuego y luego se congela y toma cocimiento." La industria era tan
redituable que se cuidaban celosamente los pozos ("están debajo de tapias
y techo de teja, con sus puertas") y su explotación, pues había tres
llaves de dichos accesos: "que la una tienen los alcaldes, otra los indios
principales y otra los indios maceguales y así, sin que todos concurran, no
pueden abrirse." El agua se repartía a los naturales por semanas, "y de dicha sal sacan mucho dinero, pues no se proveen
de otra este Partido y el de Quezaltenango para el crecido número de ganado
ovejuno que hay, y para los demás ganados de que se componen las haciendas de
campo." No era de extrañar que, a más de algunas ovejas, tuviesen "muchas muías de carga" para
comerciar sal y sus afamados petates blancos de palma. El comercio era tan
floreciente que a él concurrían los de San Juan
Ixcoy, comprando sal en Ixtatán para
venderla en Quetzaltenango y comprar
a cambio cacao y algodón que revendían por los pueblos de la Alcaldía.
Comerciantes eran también los de
Nebaj, los de Uspantán: "aplicados a ser tratantes, vendiendo siempre
cacao, achiote y otros frutos" que
acarreaban en sus numerosas muías, y los de San Andrés Jacaltenango, aunque
éstos ni siquiera se preocupaban por salir de su pueblo: hasta él
acudían los vecinos ávidos por adquirir sus famosos trabajos de jarcia. Ganaderos eran en cambio los españoles, mestizos y algunos
negros que poblaban los valles de Sihá y Sahcahá.
En resumen, en las
70 leguas de longitud y 53 de latitud que componían la jurisdicción, y con la única y temporal excepción
de Todos Santos y San Martín, ambos de apellido Cuchumatán e igualmente
destruidos por severas epidemias, florecía el
comercio, no por dedicado a productos pequeños menos significativo.
Ésa era sin duda la
visión que había alentado a un mercader nato como don Miguel para hacer viaje
hasta España y desembolsar casi 6000 pesos (a más de lo erogado en
el viaje) a cambio de la seguridad de controlar la Alcaldía por un
salario tan raquítico como el de 333 pesos y 2 reales anuales -de
los que habría que deducir por adelantado la media anata "con más el 18%
por la conducción del todo a estos reinos"-una
vez que Elias Zaldívar cesase en su cargo, años más tarde. Ya se encargaría su
probada capacidad de comerciante emprendedor y disciplinado de hacer redituable el desembolso, pese a la prohibición real de que los alcaldes
"contratasen" con los vecinos de la Alcaldía.
Si don Miguel hubiera salido
airoso de la prueba es algo que nunca sabremos. El 14 de noviembre de 1761, en lugar suyo, Tiburcio Angel
de Toledo, juraba ante la Real Audiencia,
por Dios nuestro señor y una
señal de su santa cruz en forma de Derecho, so cargo del cual [juramento]
prometió defender el misterio de la pura y limpia concepción de Nuestra Señora,
usar bien y fielmente el oficio de alcalde
mayor del Partido de Güegüetenango y Totonicapán, administrando
justicia a las partes que la pidieren, observando las leyes del Reino y lo
prevenido y mandado en dicho real título [de alcalde mayor] sin faltar a
ello en manera alguna ni llevar derechos demasiados a las partes; ningunos a su
majestad (que Dios guarde), a los indios ni a los pobres de solemnidad. Y de no tratar ni contratar por sí ni por
interpósitas personas con los vecinos y nativos de su jurisdicción,
guardando las provisiones en esta razón establecidas.
Don Tiburcio tomó
posesión de la Alcaldía por dos imprevistos que ni remotamente imaginaba cuando, a su
vez, compró los derechos a ella hacia 1752. El más inmediato fue la renuncia de Joachín de Montúfar (14 de julio de 1756)
y el más antiguo la muerte de don Miguel Morán,
acaecida en Veracruz la primera semana de junio de 1751, según hizo constar el
cura del puerto, don Miguel Francisco de Herrera, quien -a
solicitud del flamante alcalde mayor- apuntó cómo:
[...] en un libro de papel común,
forrado en badana colorada, en el que se
asientan las partidas de entierros de españoles [...], al folio 23,
se halla la siguiente partida:
"En la ciudad de La Nueva Vera Cruz, en 8 de junio de 1751 años, en la iglesia parroquial, título La Asunción de Nuestra Señora, se le dio sepultura eclesiástica al cuerpo de don Miguel Francisco Morán de La Vandera, español soltero, natural de Asturias, quien testó en Goatthemala.
Recibió los santos sacramentos de penitencia y extremaunción, a cuyo entierro asistí yo, don Manuel Mendes deTholedo, teniente de cura en dicha parroquia, y lo firmé."
"En la ciudad de La Nueva Vera Cruz, en 8 de junio de 1751 años, en la iglesia parroquial, título La Asunción de Nuestra Señora, se le dio sepultura eclesiástica al cuerpo de don Miguel Francisco Morán de La Vandera, español soltero, natural de Asturias, quien testó en Goatthemala.
Recibió los santos sacramentos de penitencia y extremaunción, a cuyo entierro asistí yo, don Manuel Mendes deTholedo, teniente de cura en dicha parroquia, y lo firmé."
No fue don Tiburcio Ángel el
único interesado en demostrar que Morán había muerto; ocho años antes que él lo
hizo el jesuita Juan Miguel de Cartagena,quien, amparado con un nombramiento de
abogado testamentario, se apresuró a hacer válido el poder que años atrás le
había otorgado el mercader para disponer de sus bienes en caso de
fallecimiento. Ni tardo ni perezoso, el religioso se aplicó a la tarea de
transferir buena parte de los cuantiosos caudales a las arcas de la Compañía de
Jesús. En efecto, por las acciones emprendidas ante el Juzgado de Bienes de
Difuntos, nos enteramos que en julio de 1751 Cartagena obtuvo
licencia de su superior eclesiástico para ocuparse del caso,tras lo cual se
presentó ante un escribano en la ciudad de Guatemala a fin de iniciar los
trámites tendientes a cumplir la voluntad del difunto.
En el amplio poder otorgado en
1747, don Miguel apuntaba ser hijo legítimo de don Fernando Morán de la Bandera
y doña Catharina de Baldez Llanos,
ambos ya difuntos, vecinos de la villa de Guijón
en el Principado de Asturias, y estar próximo a realizar un
viaje a la ciudad de México y el puerto de Acapulco "a negociaciones de mi
utilidad y conveniencia. Y temiéndome de la muerte, como cosa natural a toda
criatura viviente, y que no me coja desprevenido de manifestar las expresiones
de mi última voluntad, de que resultarían las inconsecuencias que regularmente
se experimentan de ésta y otras omisiones", había decidido encargar a
Cartagena la distribución de su fortuna.
pañía:
15 8 18
Hoy en la tarde llegaron dos
mujeres de mediana edad al lugar donde trabajo. una de ellas de rostro muy
agraciado me miraba fijamente. Yo note su bello rostro y también la ví
fijamente. Nos miramos intensamente.Fue un momento de mucho magnetismo. 16 8 18
VELORIOS EN IRLANDA
(Condensado de «Esquire»)
Por John McCarthy
SELECCIONES DEL READER'S
DIGEST
Mayo
de 1949
PARTE CONSIDERABLE de la vida
social,de Irlanda gira en torno de los velorios,
fiestas que guardan escasa relación con los funerales cristianos y que
despiertan en la gente interés aún mayor que el cine o la política. En la
rústica comarca del condado de Donegal, por ejemplo, concurren a los velorios aldeas enteras. No bien llega la
noticia del fallecimiento de un pariente, todos los del clan hacen provisión de
comida, licores y cerveza fuerte, en cantidades suficientes para varios días;
se reunen en un lugar apropiado y emprenden la marcha hacia la casa del
difunto. Alli pasan la primera noche entregados a lúgubres lamentaciones.
La lamentación, esto es, el acto
de llorar a gritos a los difuntos, constituye una de esas antiquísimas
costumbres irlandesas anteriores a la era cristiana que han sobrevivido a la
época de la dominación de Roma y a aquélla en que Irlanda recibió el
cristianismo. Agrupados en torno del ataúd, los
parientes lloran y lanzan a coro horripilantes gemidos que conmueven hasta lo
más hondo a cuantos los escuchan. A quien los oiga por vez primera—aun cuando se halle tan lejos de la casa mortuoria como
estaba yo cierta noche de verano—le costará trabajo relacionar esos
lamentos con cosa alguna que haya oído en su vida.
Son tan primitivos, tan tétricos, tan paganos, que momentos hay en que casi
trasportan al oyente a los lejanísimos tiempos en que los druidas celebraban sus ceremonias en lo alto de los
cerros vecinos.
En las noches siguientes visitan
a la familia los amigos del difunto. Todos los vecinos del lugar y los de las
aldeas cercanas se sienten llamados a considerarse como tales. Al entrar en la
casa el visitante va derecho a arrodillarse al lado del ataúd para rezar por
unos minutos. Los deudos más próximos del difunto permanecen alineados a corta
distancia. Luego que concluye de rezar, el recién llegado pasa a darles el
pésame. Hecho esto se retira a una de las habitaciones interiores, toma asiento
y se dispone a gastar la noche en animada tertulia. Los hombres se reunen en
una habitación; las mujeres, en otra.
En Irlanda el varón es todavía
persona privilegiada. Así pues, en la sala de los hombres hay comida, whisky y
cerveza en abundancia; docenas de pipas de barro sin estrenar, y gran cantidad
de tabaco. Después de dedicarle unas frases elogiosas al difunto y de deplorar
pérdida tan sensible, los circunstantes llenan las pipas y empiezan a dar
cuenta de las viandas, del licor, de la cerveza. La conversación va animándose.
¡Ha comenzado el velorio! Discuten acerca de todo lo imaginable; traen a cuento
la vida de cuanto hombre público y simple ciudadano hay en Irlanda para dejar
su reputación hecha una lástima. Sólo cuando amanece se les ocurre que es ya
hora de suspender la murmuración y marcharse a casa. Lo cual hacen, aunque no
de muy buena gana.
Defunciones 1907-1933
SALCAJA
1-5-6-9- ROSAURA GRAMAJO MAZARIEGOS-10-MARIA CRSITNA MANRIQUE ESCOBAR-14-20-22-( 30-31 ) OCTUBRE DE 2018 15.24 P-M-
MIERC-SALCAJAJA 29 DE MAYO DE 1925 ROMANA CASTILLO
DE LOPEZ HIJA DE LUIS CASTILLO Y DE ROSALIA DE CASTILLO, CASADA CON SILVESTRE LOPEZ, AMBOS ORIGINARIOS DE LA CABECERA DE HUEHUETENANGO,
- 26 EMILIO CORDOVA-26-28-LEONEL SOTOVANDO GRAMAJO-29-30-32-38-40-46-48-49
MARIA TERESA CORDOVA ARGUETA-50-52
ROSENDO MARIQUEZ GRAMAJO-55-60-1071-OFELIA
LETONA HIJA DE TERESA LETONA, CASADA CON TERESO HIDALGO-64-66-68 (108)-70-75-79-80-83-90-93-sabado 10 de octubre de 2018-98-100 (158)-101 JUVENTINA MANRIQUEZ-107-110-112-(182)-FALTA
REVISAR -183 Y 184) 113-(186 )-118-OLIMPIA VALDEZ-120-125 sinforoso GRAMAJO-126 FLORENCIO PARDO-130-133-136-NORBERTO DE LEON CALDERON-140-142 AGUSTIN CALDERON-146-147-149 OTILIA
CORDOBA-150- (255)VICENTE LOPEZ HIJO
DE VICENTE LOPEZ Y DE PILAR LOPEZ-lunes 19 nov 2018-156-158 ANTONIO LOBOS
OSORIO-160-YNES VIRGEN ALVARADO-167-169
CRISTINA CALDERON SOTO-170-171-172 (292)-177-180-181
inicio-183-189-190-192-(15)-viernes 23
nov 2018-200-205 LUCILA ANGELICA
GRAMAJO-209-210-211-217-DELIA
-220-CELADA-3 NOV 2018-230-235-237 (93)-240-242-MARIA CALDERON LOPEZ-248-250-(115)
1-3-4
6
FRANCISCO HERRERA TELLO- SACADA PARA CASARSE EN
GUEGUETENANGO EN 1855-
7
MARIA YNES FELICITAS MUÑOS
HIJA DEL CIUD. JOAQUIN MUÑOS Y DE LA CIUD.
BENANCIA BELASQUEZ ( EN PARTIDAS
ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)
MARIA DEL CARMEN PALENCIA-HIJA
DEL C. JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DOLORES ESPINOZA-
(EN PARTIDAS ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES) FUE PADRINO EL
CIUDADANO CORONEL Y COMANDANTE GENERAL DEL ESTADO DE CHIAPAS JOSE
MARTINES-
10
MONICO CANO- SACADA PARA ATITLAN 1851
ESTANISLAO RODRIGUEZ CANO- VISTA PARA TECPAN-GUATEMALA-
12-118
MARIA DE LA VISITACION GARCIA
1832
17
( TIO DE BELISARIO DOMINGUEZ PALENCIA, PERSONAJE DESTACADO DE
COMITÁN. CHIAPAS- LA MADRE DE
DE BELISARIO FUE MARIA DOLORES PALENCIA ESPINOSA, HIJA DE FRANCISCO PALENCIA Y MARIA DOLORES ESPINOSA-)
YDEFONSO YGNACIO FRANCISCO
PALENCIA-ESPAÑOL- REGISTRADA PARA COMITAN EN
1855-HIJO DE C. JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DE LA CIUD. MARIA DOLORES ESPINOSA-FIRMA-
FERNANDO CORRAL-
____________________________________________
19
JOSE ESCOBEDO MATA
22-127
22
BENTURA ESCOBEDO CALDERON
23
ANA FRANCISCA MAZARIEGOS
CASTAÑEDA-SACADA PARA SAN JUAN SACATEPEQUES- 1852
25
MARIA QUINTANILLA MORALES
FRANCISCO LOPES FUENTES
MARIA FRANCISCA DEL PILAR
MERIDA TELLO
26
JOSE FRANCISCO TELLO
MORALES- SACADA PARA CUYOTENANGO AÑO DE 1860-
CLAUDIA LOPEZ- 1850 SACADA PARA PATULUL-
27
UBALDO TORRES- PARA CASARSE
EN GUEGUETENANGO- 1836
AÑO DEL SEÑOR DE 1833
28-135
NICANORA OLIBEROS
31
MANUEL DEL ESPIRITU SANTO LOPEZ LOPEZ
JUANA BAUTISTA GUERRA GALICIA
AÑO DE 1834
MANUELA FRANCISCO TELLO- PARA SAN
PEDRO SACATEPEQUES-1 SEP-DIC 1853
32-40 INICIO
44 (3)
JOSE BALENTIN MUÑOS -HIJO
DE JOAQUIN MUÑOS Y BENANCIA VELASQUEZ-
(EN PARTIDAS ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)PADRINOS JOAQUIN MONT Y
BACILIA ANTONIA OCAÑA
MARIA DEL CARMEN PALENCIA-VISTA PARA CASARSE EN COMITAN 1857- JOSE FRANCISCO PALENCIA Y DE LA CIUD. MARIA DOLORES ESPINOSA ( EN PARTIDAS
ANTERIORES ANOTADOS COMO ESPAÑOLES)-FUE SU PADRINO EL
CIUDADANO PEBITERO BERNABÉ LEMUS, CURA P. DE
GUEGUETENANGO-
MARIA DE LA SUNCION FERNANDEZ
47
93-francisca LEIBA ARGUETA-
PARA GUEGUETENANGO EN 1860-
49-50
51
JOSE ANTONIO
CRISANTO PALENCIA ESPINOSA-PADRINO EL CIUD. PRESBITERO JOSE YGNACIO SALDAÑA-
54
PABLO FRANCISCO OLIBEROS LOPEZ
56-58-59-
Defunciones 1873-1900
SALCAJA
250 -251 FIDEL MAZARIEGOS
GRAMAJO-252-257 --MARCELO VILLAGUEZ-JUANA MANRIQUE-259 HIJINIO VILLAGUEZ-260 CECILIO NAZARIO-265-265 EFRON BARRIOS
MANRIQUE
583-584-587-589-590 manuel ARRIOLA -591 MANUEL DE PAZ
CABALLEROS-HERIDA- HIJO DE ALTA GRACIA
CABALLEROS DE COMITAN CHIAPAS-592-594 597-sebastian gramajo
valdes-598 JOSE DE LEON REGALIZO-600
650 VASQUEZ ALMENGOR- 656 JESUS
CALDERON HIJA DE LAUREANA CALDERON-657 -659 ZOILA AMERICANA SOTO
583-584-587-589-590 manuel ARRIOLA -591 MANUEL DE PAZ
CABALLEROS-HERIDA- HIJO DE ALTA GRACIA
CABALLEROS DE COMITAN CHIAPAS-592-594 597-sebastian gramajo valdes-598
JOSE DE LEON REGALIZO-600
650 VASQUEZ ALMENGOR- 656 JESUS
CALDERON HIJA DE LAUREANA CALDERON-657 -659 ZOILA AMERICANA SOTO
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