sábado, 2 de enero de 2021

ARCH HISPANOAMERICANOS VILLA HUEHUETENANGO 1871

 

jueves, 31 de mayo de 2018

HISPANOAMERICANOS DE LA VILLA DE HUEHUETENANGO-1871

HISPANOAMERICANOS DE LA VILLA DE HUEHUETENANGO
GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO
Investigado por AbrahamdeArim

566
VIRGINIA DEL SOCORRO LOPEZ LOPEZ
570
INDICE
AÑO DE 1871
573
575
576
INDICE
578
JUANA MONZON
579
PETRONILIA CARDONA MONZON
MARCELINI HERRERA  CASTILLO
PETRONILIO MERIDA CALDERON HIJO DE FRANCISCO MERIDA Y SOLEDAD CALDERON, MADRINA PIA HERRERA
580
LUZ DE JESUS HIDALGO MARTIN
FERNANDO CASTILLO
581
MAXIMO LOPEZ LOPEZ
FELICIANO MOLINA CALDERON HIO DE  RAFAEL MOLINA Y DE FELICITA CLADERON PADRINO MARIANO CASTILLO
BASILIA MORALES
BASILIO VASQUEZ HERNANDEZ
ELICEA MERIDA PADRINO ANTONIO HERRERA
582
MANUEL MORALES SAMAYOA  LADINO DE SAN LORENZO
LUISA MORALES  SAMAYOA
GUILLERMO LOPEZ MORALES
583
JUANA BAUTISTA  GUTIERREZ LOPEZ
GUILLERMO MORALES LOPEZ
LADISLAO LOPEZ MARTIN
LADISLAO SAMAYOA  VILLATORO JOAQUIN MONT
584
EMILIANA PALACIOS CASTILLO MADRINA SATURNINA PALACIOS
LUIS HERRERA
DIMINGO DE JESUS ARGUETA ARGUETA PADRINO JOSE ANTONIO ARGUETA
YSABEL CASTILLO PADRINO DON MARIANO FERNANDEZ DURAN
PABLO SAMAYOA 
FRANCISCA LOPEZ BARILLAS DE MALACATAN
585

martes, 12 de junio de 2018

601-605 ALGUNOS LADINOS VILLA HUEHUETENANGO

 601-605 ALGUNOS LADINOS VILLA HUEHUETENANGO
AÑO DE 1871
601
MIGUEL VILLATORO
602
MARCOS LOPEZ GOMEZ, PADRINOS DON BELISARIO CIFUENTES Y DOÑA SALOMÉ ARGUETA
603
CARLOTA AVILA
CALIXTO MORALES
604
EDUBIGES LOPEZ HERRERA
665
CRISANTA RIVAS LOPEZ
RAFAEL ARGUETA ALFARO
LORENZA DE JESUS LOPEZ  SAMAYOA
ANA GALINDO RIOS
VICENTE PALACIOS GUTIERREZ

miércoles, 13 de junio de 2018

606-613 ALGUNOS LADINOS VILLA HUEHUETENANGO 1871

 ALGUNOS LADINOS VILLA HUEHUETENANGO 1871
 GUATEMALA
AMERICA DEL CENTRO
606
SIMON ARGUETA HERRERA
ADELINA CHAVES CASTAÑEDA
SALOME ARGUETA JUAREZ
607
NARZZIZO VILLATORO MATIAS
MARIA SALAZAR PALACIOS
PORFIRIO DE JESUS MONZON
608
MARTIN DE LEON ARGUETA
MODESTO HERNANDEZ LOPEZ
609
CARLOS MARIA CASTILLO
MAXIMA CASTILLO RECINOS, MADRINA LUCIANA MAURICIO
610
YSABEL D ELEON MORALES
JUANA DE JESUS PALACIOS
CLEMENTE HERNANDEZ SAMAYOA
JUAN JOSE DE LA CRUZ HERRERA CIFUENTES PADRINO VICENTE CASTAÑEDA
FELICITO MONZON MONZON HIJO DE MARCELO MONZON Y DE MARIA MONZON
 DOMINGA DE JESUS ANDRES CASTILLO HIJA DE GORDIANO ANDRÉS Y DE  APOLINARIA  CASTILLO
ANDREA MARIA DE JESUS AGUIRRE PANAMA MADRINA ROSA PORRES
612
613
BALTAZAR  CASTILLO HERRERA  PADRINO EXEQUIEL AGUIRRE 
PETRONA RECINOS GOMEZ

lunes, 4 de junio de 2018

43-50 777 CIENTIFICOS CREYENTES EN DIOS

43 . 
René DESCARTES 
(1596 -1650) 
“Padre de la geometría 
analítica” 
Pionero del método deductivo 
Geometría analítica 
Óptica 
Epistemología 
Filosofía de la ciencia 
Sus obras filosóficas; especialmente “Meditaciones 
Metafísicas”, “Principios de Filosofía” y “Discurso del 
método” 
Su correspondencia profesional y personal. 

44. 
Rev. William DERHAN 
(1657-1735) 
Miembro de la Royal Society 
Trinity College, Oxford 
Aerodinámicay óptica 
Metereología 
Acústica (calculó la 
velocidad exacta del 
sonido) 
Aerodinámica 
Horología 
Su actividad religiosa como clérigo y sus escritos con 
argumentos científicos teleológicos y filosóficos: 
“Físico-teología, o Demostración del Ser v Atributos 
de Dios de sus obras en la Creación”, “Astro- 
teología”, “Cristo-teología, o Demostración de la 
Autoridad divina de la Religión cristiana” , “Artificial 
Clockmaker”, y “A Defence of the Church’s Right in 
Dinámica de fluidos 
Teología 
Teología Natural 
Leasehold Estates.45. 
Olaf DEVIK 
(1886-1987) 
Miembro de la Academia 
Noruega de las Ciencias y Letras 
Física 
Geofísica 
Metereología 
Como cristiano, fue delegado del Ministerio Noruego 
de Iglesia v Educación, presidió la Asociación de 
Estudiantes Cristianos Noruegos. 

46. 
Rev. Thomas DICK 
(1774 -1857) 
Astronomía 
Filosofía práctica 
Teología 
Como ministro cristiano, publicó su obra “Philosophy 
of a Future State” y “The Christian Philosopher, or 
the Connection of Science with Religión” donde 
defendía la armonía entre la ciencia y el cristianismo. 

47. 
Paul DIRAC 
(1902-1984) 
Premio Nobel de la Física 
(1933) 
Física cuántica 
Electrodinámica 
cuántica 
Mecánica cuántica 
Física teórica 
Teoría atómica 
Relatividad general 
Magnetismo 
En 1927 se mostró ateo, sin embargo, hacia 1963, en 
un artículo de Scientific American describió a Dios 
como un gran matemático que usó ciencia avanzada 
para crear el universo. 
En una conferencia en 1971 se mostró escéptico de 
que la vida haya resultado por casualidad y dijo que 
“sería necesario asumir la existencia de un Dios” |1_) 
en relación a las leyes de la física cuántica. 

48. 
Humphry DITTON 
(1675-1715) 
Matemáticas 
Teología 
Su actividad como ministro religioso disidente en 
Tonbridge, v su obra “Discourse on the Resurrection of 
Jesús Christ” donde habla de la “las pruebas del hecho 
de la resurrección de nuestro Salvador. 
49. 

Charles M. DUKE 
(1935-) 
Miembro de la Misión Apolo 16 
de la N.A.S.A. 
Astronáutica 
Ingeniería física 
Aeronáutica 
Duke se convirtió al cristanismo y desde entonces ha 
estado activo en la evangelización dentro de las 
cárceles (Ver 1). Escribió un artículo titulado “The 
Moon Is Not Enough” 

50. 
Freeman DYSON 
(1923-) 
Medalla Max Planck (1969) 
Premio Harvey (1977) 
Premio Templeton (2000) 
Física teórica 
Electrodinámica 
cuántica 
Física del estado 
sólido 
Física nuclear 
En su discurso de aceptación del Premio Templeton, 
se define como cristiano no-denominacional. Sus 
declaraciones sobre la relación de la ciencia y la 
religión, y sus conferencias Gifford. 

jueves, 31 de mayo de 2018

SIGNIFICADO NOMBRES BIBLICOS. 1-

SIGNIFICADO NOMBRES BIBLICOS. 1- Hitchcock's Nuevo y completo Análisis de La Santa Biblia Publicado a finales de 1800. Contiende más de 2,500 nombres propios  y sus usos (manejos)    Aarón Maestro, Alto o excelso, Montaña de Fuerza, Iluminado Abadón El Destructor Abba Padre Abda Servidumbre, Sirviente Abdi Mi sirviente Abdías Sirviente, Adorador de YHWH Abdón Servil, Servicio o Nube del Juicio Abed-Nego Sirviente de Luz, Brillante Abel Exhalación o Aliento, Prado, Vanidad Abez Un huevo. Embarrado Abi Mi Padre Abiam Padre del Mar Abías El Señores mi Padre Abiasaf Reunión, Padre consumidor Abiatar Padre del remanente o Padre excelente Abib Fruto verde. Espiga Abidán Padre de Juicio Abiel Sirviente de Dios o Dios es mi Padre Abiezer Padre de Ayuda Abigail Mi Padre es regocijo Abihail El Padre de Fuerza Abimael Un Padre enviado por Dios Abimelec Padre del Rey Abinadab Padre de una promesa Abinoam Padre de belleza Abiram Padre alto o Padre de engaño Abisag MI padre se descarrió Abisal La ofrenda de mi Padre Abisalom Padre de Paz Abisúa Padre de Salvación Abisur Padre del muro, Padre de rectitud Abital Padre del rocío o Padre de la sombra Abitob Padre de Bondad Abiú El es mi padre Abiud Padre de Alabanza, Confesión Abner Padre de Luz Abraham Padre de una gran multitud Abram Gran Padre Absalón Padre de Paz Acab Tío Acaz Uno que toma o Acbor Machucado Acsa Adornada Acub Suplantación, Lascivia, Corrupción

 

jueves, 17 de mayo de 2018

MARIA -JORGE ISAACS kl

MARIA
POR JORGE ISAACS
 
En la tarde del mismo dia se despedía de nosotros el 
doctor después de haber restablecido casi comple- 
taáiente á María y de haberla prescrito un régimen para 
evitar la repetición del acceso, aunque prometió visitar 
á la enferma con frecuencia. Yo sentia un alivió indeci- 
ble al oirle asegurar que no habia peligro alguno, y por 
el doble cariño del que hasta entonces le habia profe- 
sado, solamente porque tan pronta reposición pronosti- 
caba á María. Entré á la habitación de ésta, luego que 
el médico y mi padre, que iba á acompañarle en una 
legua de camino, se pusieron en marcha. Estaba aca- 
bando de trenzarse los cabellos, viéndose en un espejo 
que mi hermana sostenía sobre los almohadones. Apar- 
tando ruborizada el mueble, me dijo : 
— Estas no son ocupaciones de enferma, ¿ no es ver- 
dad? pero yo ya estoy buena. Espero no volver á oca- 
sionarte un viaje tan peligroso como el de anoche. 
— En este viaje no ha habido peligros, la respondí. 
— El rio, sí, el rio ! yo pensé en eso y en tantas cosas 
que podian sucederte por causa mia : 
^¿Un viaje de tres leguas ? Eso llamas....? 
— Ese viaje en que has podido ahogarte, según refirió 
aquí el doctor, tan sorprendido que aun no me habia 
pulsado y ya hablaba de eso. Tú' y él al regreso ha- 
béis tenido que aguardar dos horas para que bajase 
el rio. 
— El doctor á caballo es una maula ; y su muía pa- 
cienzuda no es lo mismo que un buen caballo. 
— El hombre que vive en la casita del paso, me inter- 
rumpió María, al reconocer esta mañana tu caballo ne- 
gro, se admiró no se hubiese ahogado el jinete que 
anoche se botó al rio á tiempo que él le gritaba que no 
habia vado. ¡ Ay ! nó, nó ; yo no quiero volver á enfer- 
marme. y sola- 
mente pasados dos mas podrá 
el señor A*** emprender su viaje á Europa, y es con él con quien debes tú irte. Esa demora, hasta cierto punto, nada significa, tanto porque es justo, y muy grato para nosotros tenerte á nuestro lado después de seis años de ausencia á que han de seguir otros, como por que observo con placer que aun aquí, es el estudio uno de tus goces predilectos. No puedo ocultarte, ni debo hacerlo, que he concebido grandes esperanzas por tu carácter y aptitudes, de que coronarás lucidamente la carrera que vas á seguir. No ignoras que pronto la familia necesitará de tu apoyo, con mayor razón después de la muerte de tu hermano. Luego, haciendo una pausa, prosiguió : ---Hay algo en tu conducta que es preciso decirte no está bien: tú tienes solo veinte años, y á esa edad un amor fomentado inconsideradamente podria hacer ilu- sorias todas las esperanzas de que acabo de hablarte. Tú amas á María, y hace muchos dias que lo sé, como es natural. María es casi mi hija, y yo no tendría nada que observar, si tu edad y posición nos permitieran pensar en un matrimonio; pero no lo permiten, y María es muy joven. No solamente son estos los obstáculos que se presentan ; hay uno quizás insuperable, y es de mi deber hablarte de él. María puede arrastrarte y arras- trarnos contigo á una desgracia lamentable dfe que está amenazada. El doctor Mayn se atreve casi á asegurar que ella morirá joven del mismo mal á que sucumbió su madre : lo que sufrió ayer es un síncope epiléptico, que tomando incremento en cada acceso, terminará por una epilepsia del peor carácter conocido: eso dice el doc- tor. Responde tú ahora, meditando mucho lo que vas á decir, á una sola pregunta; responde como hombre racio- nal y caballero que eres; y que no sea lo que vas á decir dictado por una exaltación estraña á tu carácter, tratán- dose de tu porvenir y el de los tuyos. Sabes la opinión del médico, opinión que merece respeto por ser Mayn quien la dá; te es conocida la suerte de la esposa de Sa- lomón : — ¿si nosotros consintiéramos en ello, te casarlas hoy con María? Sí, señor, le respondí. — ¿ Lo arrostrarías todo ? — Todo, todo.

 

viernes, 4 de mayo de 2018

MARIA CAPÍTULO XIII.

 MARIA
JORGE ISAACS  
CAPÍTULO XIII. 

Las pajinas de Chateaubriand iban lentamente dando tintas 
ala imajinaoion de María. Ella, tan cristiana y tan llena de 
fé, se regocijaba al encontrar bellezas por ella presentidas en 
el culto católico. Su alma tomaba de la paleta que yo la 
ofrecía, los mas preciosos colores para hermosearlo todo ; y el 
fuego poético, don del cielo que hace admirables á los hombres 
que lo poseen y diviniza a las mujeres que á su pesar lo revelan, 
daba á su semblante encantes desconocidos para mí hasta 
entonces en el rostro humano. Los pensamientos del poeta, 
acojidos en el alma de aquella mujer tan seductora en medio 
de su inocencia, volvian á mí como eco de una armonía le- 
jana y conocida cuyas notas apaga la distancia y se pierden en 
la soledad. 
Una tarde, tarde como las de mi pais, engalanada con nubes 
de color de violeta y lampos de oro pálido, bella como María, 
bella y transitoria como fué esta para mi, ella, mi hermana y 
yo, sentados sobre la ancha piedra de la pendiente, desde 
donde velamos á la derecha en la honda vega rodar las cor- 
rientes bulliciosas del rio, y teniendo á nuestros pies el valle 
majestuoso y callado, leia yo el episodio de Átala, y las dos, 
admirables en su inmovilidad y abandono, oian brotar de mis 
labios toda aquella melancolía aglomerada por el poeta para 
«hacer llorar al mundo». Mi hermana, apoyado el brazo 
 37 
derecho en uno de mis hombros, la cabeza casi unida á la 
mia, seguía con los ojos las líneas que yo iba leyendo. Ma- 
ría, medio arrodillada, cerca de nií, no separaba sus miradas 
de mi rostro, miradas húmedas ya. 
El sol se había ocultado cuando con voz alterada leí las 
últimas pajinas del poema. La cabeza pálida de Emma des- 
cansaba sobre mí hombro. María se ocultaba el rostro con 
entrambas manos. Luego que leí aquella desgarradora des- 
pedida de Chatas sobre el sepulcro de su amada, despedida 
que tantas veces ha arrancado un sollozo á mi pecho : Duer- 
me en paz en extranjera tierra, hija desventurada! En recom- 
pensa de tu amor, de tus sacrificios y de tu muerte, quedas 
abandonada basta del mismo Chatas,» María, dejando de oír mí 
voz, se descubrió la faz, y por ella rodaban gruesas lágrimas. 
Era tan bella como la creación del poeta, y yo la amaba con 
el amor que él imajinó. Nos dirijimos en silencio y lenta- 
mente hacia la casa. Ay ! mi alma y la de María no solo esta- 
ban conmovidas por esa lectura, estaban abrumadas por el 
presentimiento. 
 CAPÍTULO XIV. 
Pasados tres días, una tarde que bajaba yo de la montaña, 
me pareció notar alguna alarma en los semblantes de los cria- 
dos con quienes tropecé en los corredores interiores. Mi her- 
mana me refirió luego que Maria había sufrido un ataque 
nervioso ; y al agregar que estaba aun sin sentido, procuró 
calmar cuanto le fué posible mi dolorosa ansiedad. 
Olvidado de toda precaución, entré á la alcoba donde es- 
taba Maria, y dominando el frenesí que me hubiera hecho 
estrecharla contra mi corazón para volverla á la vida, me 
acerqué desconcertado á su lecho. A los pies de éste se ha- 
llaba sentado mi padre : fijó en mí una de sus miradas in- 
38 MABIA. 
tensas, y volviéndola después sobre María, parecía quererme 
hacer una reconvención al moslrárarmela. Mi madre estaba 
allí; pero no levantó la vista para buscarme, porque, sabe- 
dora de mi amor, me compadecía, como sabe compadecer 
una buena madre en la mujer amada por su hijo, á su hijo 
mismo. 
Permanecí inmóvil contemplando á María, sin atreverme á 
averiguar cuál era su mal. Estaba como dormida: su rostro, 
cubierto de una palidez mortal, se veia medio oculto por la 
cabellera descompuesta, en la cual se descubrían estrujadas 
las flores que yo la habia dado en la mañana: la frente con- 
traída revelaba un sufrimiento insoportable, y un lijero sudor 
le humedecía las sienes: de los ojos cerrados habían tratado 
do brotar lágrimas que brillaban detenidas en las pestañas. 
Comprendiendo mi padre todo mi sufrimiento, se puso en 
pié para retirarsé ; mas amtes de salir, se acerco al lecho, y 
tomando el pulso á María, dijo : 
— Todo ha pasado. Pobre niña! Es exactamente el mismo 
mal que sufría su madre. 
El pecho de María se elevó lentamente como para formar 
un sollozo, pero al volver á su natural estado exhaló solo un 
suspiro. Salido que hubo mi padre, coloquéme á la cabecera 
del lecho, y olvidado de mi madre y de Emma, que permane- 
cían silenciosas, tomé de sobre el almohadón una de las ma 
nos de María, y la bañé en el torrente do mis lágrimas hasta 
entonces contenido. Habia yo medido toda mi desgracia: 
era el mismo mal de su madre, y su madre habia muerto 
muy joven atacada de una epilepsia incurable. Esta idea se 
adueñó de todo mi ser, para quebrantarlo. 
Sentí algún movimiento en esa mano yerta á la que mí 
aliento no podía volver el calor. María empezaba ya á res- 
pirar con mas libertad, y sus labios parecían esforzarse en 
pronunciar alguna palabra. Movió la cabeza de un lado á 
otro cual si tratara de deshacerse de un peso abrumador. 
MARÍA. 39 
Pasado ud momento de reposo, exhaló palabras inintelijíbles, 
pero al ñn se percibió entre eilas claramente mi nombre. En 
pié yo, devorándola mis miradas, lal vez oprimí demasiado 
entre mis manos las suyas, quizá mis labios la llamaron. 
Abrió lentamente los ojos como heridos por una luz intensa 
y los fijó en mí haciendo un esfuerzo para reconocerme. Me- 
dio incorporándose un instante después, ¿ « qué es » ? me dijo 
apartándome; ¿«que me ha sucedido»? continuó dirijiéndose 
á mi madre. Traítmos de tranquilizarla, y con un acento en 
que habia algo de reconvención que por entonces no pude 
explicarme, agregó : «ya ves? yo lo temia ». 
Quedó después del acceso adolorida y profundamente triste. 
Volví por la noche a verla, cuando y como la etiqueta esta- 
blecida en tales casos por mi padre lo permitió. Al despe- 
dirme de ella, reteniéndome un instante la mano, «hasta 
mañana, » me dijo, y acentuó esta última palabra como solia 
hacerlo siempre que interrumpida nuestra conversación en 
alguna velada, quedaba deseando el dia siguiente para que la 
concluyésemos. 

martes, 1 de mayo de 2018

CORAZON DE POETA- ADAPTACIÓN




 CORAZON DE POETA
Canta: Jeanette
Autores: MANUEL ALEJANDRO Y ANA MAGDALENA (España) 
Adaptación 

Tengo la  expresión de una flor
la voz de un pájaro y
el alma como luna llena
de un mes de abril
tienen mis palabras
calor y frío de invierno
  Mi Fortaleza  es dura como el
árbol que azota el viento
y tengo  el corazón de poeta,
de niño grande, de hombre-niño
capaz de amar con delirio
capaz de hundirme en la tristeza

pues tengo el corazón de poeta,
  Mi piel de nieve se hará fuego
cerca de  ELLA.

  Soy  amigo y amante fiel
de las estrellas

caminaré junto a ELLA
soñando con cosas bellas.
y tiengo  el corazón de poeta,
de niño grande, de hombre-niño
capaz de amar con delirio

capaz de hundirme  en la tristeza
pues tengo  el corazón de poeta,
 y así me gusta a mí que sea ELLA
y así la he conocido
y así me gusta a mí que sea ELLA
que tenga el corazón de Soñadora

 

miércoles, 30 de mayo de 2018

CLÁSICO MUNDIALÇ EL PEREGRINO-JUAN BUNYAN-CAP-1

EL PEREGRINO
JUAN BUNYAN
 VIAJE DE CRISTIANO A LA CIUDAD CELESTIAL 
 CAPÍTULO PRIMERO 
Principia el sueño del autor. Cristiano, convencido de 
pecado, huye de la ira venidera, y es dirigido por 
Evangelista a Cristo. 
Caminando iba yo por el desierto de este mundo, cuando 
me encontré en un paraje donde había una cueva; busqué 
refugio en ella fatigado, y habiéndome quedado dormido, 
tuve el siguiente sueño: Vi un hombre en pie, cubierto de 
andrajos, vuelto de espaldas a su casa, con una pesada carga 
sobre sus hombros y un libro en sus manos. Fijando en él mi 
atención, vi que abrió el libro y leía en él y según iba 
leyendo, lloraba y se estremecía, hasta que, no pudiendo ya 
contenerse más, lanzó un doloroso quejido y exclamó: — 
¿Qué es lo que debo hacer? 
En este estado regresó a su casa, procurando reprimirse 
todo lo posible para que su mujer y sus hijos no se 
apercibiesen de su dolor. Mas no pudiendo por más tiempo 
disimularlo, porque su mal iba en aumento, se descubrió a 
ellos y les dijo: — Queridísima esposa mía, y vosotros, hijos 
de mi corazón; yo, vuestro amante amigo, me veo perdido 
por razón de esta carga que me abruma. Además, sé 
ciertamente que nuestra ciudad va a ser abrasada por el fuego 
del cielo, y todos seremos envueltos en catástrofe tan terrible 
si no hallamos un remedio para escapar, lo que hasta ahora 
no he encontrado. 
Grande fue la sorpresa que estas palabras produjeron en 
todos sus parientes, no porque las creyesen verdaderas, sino 
porque las miraban como resultado de algún delirio. Y como 
1 
la noche estaba ya muy próxima, se apresuraron a llevarle a 
su cama, en la esperanza de que el sueño y el reposo 
calmarán su cerebro. Pero la noche le era tan molesta como 
el día.; sus párpados no se cerraron para el descanso, y la 
pasó en lágrimas y suspiros. 
Interrogado por la mañana de cómo se encontraba, — Me 
siento peor — contestó — y mi mal crece a cada instante. — Y 
como principiase de nuevo a repetir las lamentaciones de la 
tarde anterior, se endurecieron contra él, en lugar de 
compadecerle. Intentaron entonces recabar con aspereza lo 
que los medios de la dulzura no habían conseguido; se 
burlaban unas veces, le reñían otras, y otras le dejaban 
completamente abandonado. No le quedaba, pues, otro 
recurso que encerrarse en su cuarto para orar y llorar, tanto, 
por ellos como por su propia desventura, o salirse al campo y 
desahogar en su espaciosa soledad la pena de su corazón. 
En una de estas salidas le vi muy decaído de ánimo y 
sobremanera desconsolado, leyendo en su libro, según su 
costumbre; y según leía le oí de nuevo exclamar: — ¿Qué he 
de hacer para ser salvo? — Sus miradas inquietas se dirigían 
a una y otra parte, como buscando un camino por donde huir; 
mas permanecía inmóvil, porque no le hallaba, a tiempo que 
vi venir hacia él un hombre llamado Evangelista, y oí el 
siguiente diálogo: 
EVANGELISTA. —¿Por qué lloras? 
CRISTIANO (tal era su nombre). — Este libro me dice 
que estoy condenado a morir; y que después he de ser 
juzgado, y yo no quiero morir ni estoy dispuesto para el 
juicio. 
EVANG. — ¿Por qué no has de querer morir, cuando tu 
vida está llena de tantos males? 
CRIST. — Porque temo que esta carga que sobre mí 
llevo me ha de sumir más hondo que el sepulcro, y que he de 
caer en Tofet (lugar de fuego). Y si no estoy dispuesto para ir 
2 
a la cárcel, lo estoy menos para el juicio, y muchísimo menos 
para el suplicio. ¿No quieres, pues, que llore y que me 
estremezca? 
EVANG. — Entonces, ¿por qué no tomas una 
resolución? Toma, lee. 
CRIST. (Recibiendo un rollo de pergamino y leyendo.) 
— "¡Huye de la ira venidera!". ¿Adonde y por dónde he de 
huir? 
EVANG. (Señalando a un campo muy espacioso.) — 
¿Ves esa puerta angosta? 
CRIST. —No. 
EVANG. — ¿Ves allá, lejos, el resplandor de una luz? 
CRIST — ¡Ah!, sí 
EVANG. — No la pierdas de vista; ve derecho hacia 
ella, y hallarás la puerta; llama, y allí te dirán lo que has de 
hacer. 

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