RECORDACIÓN FLORIDA
CAPITÁN ANTONIO DE FUENTES
LIBRO OCTAVO
CAPITULO I
como Utatlán y otros de su inmediata anexidad; por que al principio de la guerra del Pinar, se mantuvieron con suma bizarría*y gran valor, hasta que rotos en la memorable batalla de Palahunoh, donde fué muerto su rey Tecum, en el sitio de Pakajá, se retiraron á el gran castillo de Xelahuh. Pero esta fortaleza, que pareció al principio inespugnable, puéstole sitio á su cordón, fué entrado por -nuestros españoles con grande batería; en que gastó nuestra constancia más de diez días de desacomodado y áspero asedio, respecto á su alojamiento en la descubierta campaña y mantenida con grandes lluvias de proceloso invierno; pero muertos en el castillo la mitad de sus defensores, según su autor, (1) con menos fuerza á su defensa, abiertas brechas por sus muros, y entrado por ellas y por asalto á sus costados, franqueadas de repente las puertas por los propios defensores, se huyeron muchos Ahaos al Quiché, y otros quedaron prisioneros dentro de la plaza del castillo; pero desesperados y furiosos juraban (aun viéndose en la red) la venganza de la muerte de sus hermanos y parientes, y en especial mas se irritaban y enfurecían con la memoria de su rey Tecum Umán, muerto á lanzadas; mas sin embargo de su furor y su esquivez por verse entre estrangeros y gente enemiga, la gran sagacidad de Don Pedro de Alvarado, por una parte, y por otra Hernando de Chávez, Gómez de Alvarado, y Gaspar Arias, acariciándolos y dándoles á entender los eclesiásticos por los intérpretes el fin de su venida á estas tierras, y los misterios más principales de nuestra Santa fé, domesticaron su furor y pertinacia, quedando desde entonces Totonicapa y su inmediato Quezaltenango muy quietos y verdaderos amigos de nuestros españoles, y no muy arruinados en su planta material, si bien, Totonicapa, á donde sin duda llegó mucho furor de aquella guerra, por más tenaces y rebeldes sus moradores, quedó casi desmantelado y, destruido y con mucha necesidad de su reparo. Pero al paso que fueron de impedimento y embarazo en el principio de la guerra, fueron después de grande alivio estos Totonicapas y los vecinos quezaltecos á la conquista, de Utatlán; porque empezando á servir desde la toma del castillo de Xelahuh, descubriendo sus traiciones y alevosías de los de Utatlán, y ayudando en mucho modo á sujetarlos, fueron en breve de los primeros cristianos de esta nación de los indios, que hubo en este reino, tomando también los principales caciques los apellidos de aquellos capitanes que los apadrinaron en el bautismo: Portocarrero, Chávez, Mendoza, Mexías y otros, y así se conservan hoy muchas estirpes ó linages de los Ahaos de estos lugares Totonicapa y Quezaltenango, de quienes afirma su escritor haber visto y esperimentado la confusión y los trabajos de estos Ahaos y su acción en el, progreso de la conqu'sta; por que ya tenía once años y que pudo tener entera y particular noticia de los sucesos de aquel tiempo, así por su edad, como por que su padre era cacique y era señor del Coxturri ó castillo de Xequique, y era en Olintepeque.
Mas como quiera que este escritor de los indios no olvide su nobleza y la de otros del grande pueblo de Totonicapa, quiere que estén eslabonados no solo con los Quichés, Chiquimula, Quezaltenango, Momostenango, Ostuncalco y Ahpacihá, sino que afirma y asegura que los indios más principales que vinieron de México y Tlascala, en compañía de los españoles, para ayudarlos
(1) Don Francisco García Calel Tezunipan. —folio 4.
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en la guerra y catequisar á los de esta parte, se les dieron por amigos y por parientes y se volvieron á eslabonar con ellos por casamiento, y que en señal de más seguro y amistad les dieron un testimonio de sus armas, que testifica haberlas conferido la gran liberalidad del Emperador á los -indios que vinieron. de Tlascala, por lo que se señalaron en la conquista á favor de las armas españolas, y las figura en este modo :
Y dice que desde entonces unos y otros tienen igual derecho en los asientos y en la obción prominente de los gobiernos y oficios de república en que alternan y se seña'an unos linages y otros, sin contradicción ni embarazo; y que así en esto como en la observancia de la ley católica viven sin decaecer ni pervertirse, debiendo este beneficio y buena obra á la venida de los españoles y á la enseñanza de los ministros eclesiásticos que arrancaron de ellos las brujerías é idolatría, y el mal hábito y estilo de quemar copal. Y hojalá si esto era así ahora 125 años, por el de 1568, que esto se escribió por Don Juan de Torres, hijo del rey Chignahuiveelut, sucediera en este que escr'bímos, en que lamenta la nuestra piedad el ver á la miseria y rusticidad de esta estirpe, tan enredada y ciega en estos vicios y abusos, como lo prueba la grande v'gilancia y santo celo del R, Obispo de Chiapa, Don Fray Francisco Núñez de la Vega, del orden de Predicadores, en el distrito de su Obispado, y 'a incomparable atención de los dos misioneros Apostólicos de la regular observancia, Fray Melchor López y Fray Antonio Margil, que tanta abominación de ídolos han sacado de los indios de Soconuzco, de este partido de Totonícapa de que vamos discurriendo, del de Quezaltenango é Yzquintepeque y muchos más; y con mas admiración por su cercanía é inmediación á esta Corte de Goatlieniala, con más trato y correspondencia con españoles, de los indios del Corregimiento del valle, en que de todos, fuera de la gran multitud de los ídolos, han descubierto otras muchas supersticiones de brujerías,
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en culebrillas de chuchumite, Calendarios y chalchihuites, y otras muchísimas inmundicias, en que parece ,que hasta ahora, después de tantos años de cultivo, y de trabajar y hacer en ellos se están en sus primeros y principales errores, en cuya lástima y dolor me incito á describir sus ignorancias aun no arrostrando mi natural y compasión á publicar vicios de otros, Mas la verdad que anima á las historias y el justo celo de vasallo y de católico, conduce mi obligación á relatarlas, y por si alguna vez la Majestad del Rey que es mi Señor, y me ha mandado que esto escriba, hiciese que le llegue á sus oídos la narración de estos sucesos, nos, con este propósito advertido, hemos gustado de referirlos, deseando se ejecute su remedio. Registrando los bosques y arcabucos en donde existía tal maldad, y en especial en el potrero de Comalapa y la gran sierra de Parraxquin, antiguo propugnáculo de esta gente de Occidente,
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